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Liga del Foro


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Showing content with the highest reputation since 23/09/19 en todas las areas

  1. 16 puntos
    Ha pasado mucho tiempo desde la ùltima vez que se viò por estos lares a un valiente guerrero de noble corazòn... Un guerrero... que se aventurò a lo desconocido junto a sus dos primos cabrones (que ya no estàn con el, por cierto)... Aquel valiente, cuyo nombre es tan èpico como la tan esperada salida del Cyberpunk, cumpliò su cometido al traer risas y personajes muy cool a la comunidad, que posteriormente tuvo que abandonar... Ese grande... ese màquina... ESE MASTODON-.... *Carraspea* Se me ha escapado de las manos, perdonen... Estoooo, pos nah, he vuelto amigos. Para muchos por aquì no es secreto ni sopresa que habìa estado reuniendo para comprarme un Ordenador decente y poder volver a este mundo que tanto me encanta y del que he aprendido un montòn de cosas maravillosas, al igual que muchos de sus integrantes. Espero que podamos quedar pronto In-game. Y sin mas nada qué decir... He llegado. He volvido. Enbeses kisieran k nunka me haiga fuido.
  2. 11 puntos
    El Asedio al Reposo del Dragón Epilogo Las mareas se agitaban, las olas se movían de forma errática, de un lado a otro, sin seguir la dirección del viento. El cielo estaba cubierto de nubes negras que de vez en cuando se iluminaban y luego se trizaban, cuando descargaban sus truenos y relámpagos. Alamuerte había muerto, los elementos se regocijaban y la Hora del Crepúsculo había sido evitada. En ese instante, las cadenas que retenían al Corruptor en las profundidades se sentían mucho más pesadas de lo habitual y el agua comenzó a burbujear descontroladamente, cuando la temperatura de esta empezó a subir drásticamente, cual reflejo de la rabia e ira que se había apoderado de la criatura. Su ultima oportunidad se había agotado y sus fuerzas estaban diezmadas. El tenia el tiempo a su lado, no obstante, podía esperar por otro momento, ese siempre había sido su juego, pero ahora el mundo comenzaría a sanar y sus habitantes permanecerían mucho más atentos a los actos de sus seguidores. Hiciera lo que hiciera, N’zoth habría de ser incluso más precavido de antes. “Oh, ¿acaso lloras la muerte de tu mascota?” – Se escucho decir a una voz femenina varios metros por encima de su prisión, con un tono condescendiente y hasta divertido. Como si saboreara el momento. – “Tantos planes, tanto caos… solo para perder la ventaja.” La oscuridad de las profundidades se manifestó y ascendió al encuentro de la retorcida mujer que le observaba desde el mirador de su prisión, en forma de tentáculos sombríos y que, a pesar de las corrientes, lograban tener forma y hasta cierta consistencia. Azshara mantuvo una sonrisa orgullosa y altiva, aún cuando el empezó a rodearle con su sombra, evidentemente dispuesto a acabar el trabajo de los mortales. “No tienes que preocuparte.” – Dijo la reina de los naga en ese momento, con un tono más suave, llegando a acercar su mano a uno de los tentáculos sombríos y etéreos, dándole una caricia de lo más cariñosa a su superficie. – “Ese dragón SÍ sirvió a su propósito y yo soy la reina de las mareas ahora. A pesar del revés inicial, Neptulon ha perdido su trono. Ten paciencia, mi querido dios de las profundidades y déjame mostrarte lo que se hacer mejor…” Las sombras siguieron cerrándose en torno a Azshara, pero nunca dieron el paso final. En silencio, tal y como llegaron, estas se marcharon y el Corruptor libero a la reina de entre sus garras. Los mortales tenían ojos en todas partes, excepto en las profundidades y los únicos que podían hacerlo, ahora que Alamuerte estaba muerto, estarían ocupados de sanar las heridas dejadas por el cataclismo. El tendría que esperar, pero el Vacío mostraba siempre otros caminos y este era uno de ellos. Consecuencias La Era de los Mortales El Ocaso de los Aspectos Los dragones aspecto han sacrificado su poder e inmortalidad para poder acabar con Alamuerte, convirtiendose en seres mortales como el resto de los habitantes de Azeroth. El amanecer de una nueva era Con los dragones convertidos en seres mortales, Azeroth ha perdido sus guardianes eternos. Una nueva era comienza para el mundo, en la cual los habitantes de este son sus verdaderos protectores y quienes decidiran su destino en los años venideros. Vuelos de Dragón Vuelo Negro Sin su líder, y gracias a las bajas obtenidas durante el asedio al Templo del Reposo del Dragón, así como también las acciones previas de Wrathion, los dragones negros están casi al borde de la extinción. Vuelo Crepúscular Aunque la mayoría del Vuelo Crepuscular ha sido erradicado como consecuencia de la invasión a las Tierras Altas Crepusculares y las bajas posteriores a ataque al Templo del Reposo del Dragón, algunos pocos dragones han escapado y se han refugiado en distintos rincones de Azeroth. Vuelo Rojo Pese a que Alexstrasza ha dejado de ser el Aspecto de la Vida, ella continua como su líder y estos siguen actuando como los protectores de las distintas especies que habitan Azeroth. Vuelo Verde Ysera ha dejado de ser el Aspecto del Sueño Esmeralda. No obstante, los dragones verdes continúan velando por la protección de dicho lugar. Sin embargo, esta vez colaboran estrechamente con el Circulo Cenarion para tales labores. Vuelo Azul Aunque Kalecgos ha perdido su poder como Aspecto de la Magia, él continua como líder del Vuelo Azul. No obstante, el numero de dragones azules es bastante menor dados los ultimos conflictos que han sacudido a este grupo, tales como la Guerra del Nexo y el reciente asedio al Templo del Reposo del Dragón. Asimismo, algunos dragones comienzan a abandonar el Nexo, con o sin el beneplacito de su líder, distanciandose de los suyos y buscando su lugar en el mundo. Vuelo de Bronce Nozdormu el Atemporal ha dejado de ser el Aspecto del Tiempo y aunque es incapaz de tener control sobre las distintas líneas temporales junto al resto de sus dragones, estos continuan velando por la estabilidad del tiempo. Artefactos El Alma de Dragón Tan pronto Alamuerte fue destruido y Nozdormu perdio su poder como Aspecto del Tiempo, el Alma de Dragón ha regresado a su periodo temporal. Objetos traidos del pasado y futuro Todos los objetos traidos de la Guerra de los Ancestros y del Fin de los Días, al igual que el Alma de Dragón, han regresado a sus líneas temporales respectivamente. En su lugar no ha quedado más que un puñado de arena dorada sin poder en ella. El Iris de Enfoque Fiel a su palabra, el Kirin Tor ha regresado el Iris de Enfoque al Vuelo Azul tan pronto el asedio al Templo del Reposo del Dragón concluyo. Este ahora se encuentra de vuelta en el Nexo. Facciones mortales Kirin Tor Aunque su rol como vigilantes de la magia arcana en Azeroth tras la Guerra del Nexo, el fin de la existencia del Aspecto de la Magia ha reafirmado el papel de este grupo en el mundo y su autoridad en los asuntos arcanos del mundo. Circulo Cenarion Con el Vuelo Verde sin el poder de su aspecto, el Circulo Cenarion se ha convertido en el nuevo grupo encargado no solo de mantener el balance natural en Azeroth, sino que también cuidar del Sueño Esmeralda en estrecha colaboración con los dragones verdes. El Anillo de la Tierra Con Alamuerte muerto y el Cataclismo finalmente concluido, Muln Earthfury ha cedido el liderazgo del Anillo de la Tierra a Thrall, el nuevo Guardián de la Tierra. Paralelamente, los chamanes han decidido concentrarse en sanar el mundo y restaurar el balance elemental. El Culto del Martillo Crepuscular El Culto del Martillo Crepuscular ha perdido a sus líderes y su numero se ha visto drásticamente reducido. Su derrota ha sido absoluta, pero todavía quedan pequeñas sectas activas. No obstante, estos pequeños grupos de sobrevivientes han vuelto a las sombras una vez más, optando por un perfil bajo con tal de no atraer la ira de sus enemigos, mientras vuelven a conspirar con el fin de hacer valer la voluntad del Dios de las Profundidades. Los Caminantes del Tiempo Buscando poder seguir realizando sus labores, el Vuelo de Bronce ha formado un grupo conocido como los Caminantes del Tiempo, el cual se halla compuesto de seres mortales que previamente ya han interactuado con sus vigilantes. Sueño Esmeralda La Pesadilla resurge La Pesadilla Esmeralda ha comenzado a mostrar actividad al interior de la Falla de Aln una vez más. Aunque no tiene la misma fuerza que en el pasado, su amenaza vuelve a estar latente dentro del Sueño Esmeralda. Planos Elementales Caos en las Tierras de Fuego Con la muerte de Ragnaros, las Tierras del Fuego permanecen sin un señor elemental a la cabeza. El plano ígneo se ha vuelto un caos, dividiendose en distintos grupos, los cuales luchan entre si con tal de que su líder se convierta en el nuevo Señor del Fuego. Vacío de Poder en el Muro Celeste Sin Al'Akir en el Trono de los Cuatro Vientos, el Muro Celeste ha quedado sin líder y los elementales permanecen a la deriva ante la ausencia de una figura unificadora. La Reina de las Mareas A pesar de que Neptulon continua como el señor elemental del agua, la Reina Azshara y sus naga se han alzado con la ventaja en su conflicto con el Cazamareas, llegando a convertirse en una fuerza dominante en los océanos de Azeroth, El Pilar del Mundo restaurado En Infralar, el Pilar del Mundo se encuentra restaurado y Therazane, la Madre Petrea, ha restaurado el orden en su dominio. Puertas a los planos elementales Aunque el Cataclismo ha terminado, el mundo ha cambiado para siempre. Las puertas abiertas por Alamuerte, tales como la Brecha Abisal, la Aguja de Sulfuron, el portal en la Voragine o las torres nubosas sobre la costa sur de Uldum, permanecen presentes como parte del nuevo paisaje y consecuencia fisica del Cataclismo. Guerra entre la Horda y la Alianza Periodo de paz Aunque oficialmente la guerra entre la Horda y la Alianza continua, la tregua no verbal alcanzada por ambas facciones durante la caída de Alamuerte se ha perpetuado tras su muerte. Sin embargo, es evidente que en cualquier momento la guerra total entre ambos bandos puede estallar, pues nada más hace falta una chispa para encender los fuegos de la guerra... Escaramuzas y/o incursiones aisladas A pesar de la paz, las fuerzas de ambas facciones se mantienen vigilantes a las acciones de su contraparte. Los ejércitos no marchan en masa, pero pequeñas escaramuzas o incursiones ocasionales siguen ocurriendo en frentes tales como Vallefresno, los Baldios del Sur, las Tierras Altas de Arathi o las Tierras Altas Crepúsculares.
  3. 7 puntos
    Un empujón de energía para alcanzar el fin de semana
  4. 7 puntos
    ¡ F E L I C I D A D E S E V A N ! Un añito más de los muchos que me quedan por vivir a tu lado. Disfruta del día, de la compañía, de los regalitos, y de las cosas buenas que te quedan por vivir y aún están por llegar. Porque cuatro años al lado de tan mamadísimo señor son pocos y los comparas con todos los que tendrás que aguantarme. Así que ya sabes... aunque seas fanboy de Arthas y yo de Illidan... *Cute witch moment on* Te quiero ^^ *Cute witch moment off* @Reapgrawr
  5. 7 puntos
    Estaba en un tiempo muerto en mi horario de prácticas y he hecho este dibujillo a prisa y algo sucio de Umber mirando mal a alguien (suponemos que a un sucio orco): Sé que no es gran cosa, pero me ha hecho ilusión y se me ha ocurrido iniciar este tema para ir posteando las cosillas que haga cuando tenga más tiempo. ¡Espero que os guste!
  6. 5 puntos
    *Agrandar imagen para poder leerlo*
  7. 4 puntos
    Dejo por aquí esto: Y una versión de la canción:
  8. 4 puntos
    Muchas gracias a todos por su cálida y bien recibida bienvenida. Espero poder quedar pronto con todos para nuevos roles, ¡Saludos y un abrazo psicológico! @Becka me robo el meme 1000/10 xD
  9. 4 puntos
    Felicidades, compañero de cubo.
  10. 4 puntos
  11. 3 puntos
    Hoy me levanté sonriendo porque recordé que era un día especial, ya que en éste mismo día, pero hace un año, estuve pasando por un momento bastante triste, difícil, y mi papá me recordó todas las promesas que me hice de pequeño y esos sueños que debía completar. El se sentó a mi lado ese día, me dijo que me levantara y me llevó al PC para ponerme esta canción: Mi papá me sonrió y me dijo que siempre estaría ahí para mí sin importar la distancia. El y yo éramos fanáticos de Naruto y nos sentimos muy mal cuando terminó, y éste día quiero comenzarlo con esta publicación al ser tan especial para mí, como ya había dicho. Espero guste, a pesar de ser japonés.
  12. 3 puntos
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  14. 3 puntos
    ¡Muy feliz cumpleaños, Evan! A disfrutar del día y celebrar como es debido e_e
  15. 3 puntos
    Muchas felicidades Evan! A pasarlo bien!!!
  16. 3 puntos
    Muchas Felicidades!! Que lo pases genial en tu día y cumplas muchos más en este antro de locura y depravación! :3
  17. 3 puntos
    Epa, felicidades, Evan! estás mamadisimo!
  18. 3 puntos
    ¡¡ Feliz cumpleaños ser de cuerpo esculturar forjado por dioses y ojos lustrosos cual lunas llenas proyectando su luz en la fina hierba !! Grrr ewê Que te tiren mucho de las orejas,que te pongas gordo con tarta y te regalen muchas cajas.
  19. 3 puntos
    HASHIRAMAAAAAAAAAAAAAAA! Feliz cumpleaños señor, pásela estupendamente bien
  20. 3 puntos
    ¡MUCHAS FELICIDADES, ABUELO! Disfruta de tu día, pero no te alteres demasiado que a esa edad el corazón ya puede fallar. Espero sigamos disfrutando de muchas mas horas de rol juntos
  21. 3 puntos
    Llegaras a tiempo para apuntarte con Mariel a nuevas aventuras también e.e
  22. 3 puntos
    Todavía me cuesta trabajo superar la muerte de Chester -_-
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    Vierneeeeeeeees de Country :3
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    Per molts anys, @Reapgrawr :3 <ardilla confeti>
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    Siiii !! Bienvenido de regreso lobitooo!
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    `Bienvenidísimo, Rocco. Esta siempre será tu casa
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    No se necesita decir mas
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    Felices 18 señor mamadísimo. Te dejo por aquí algo que me pediste hace ya mil. Un año más de amistad, casi parece que fuese ayer cuando nos conocimos, se te quiere :3 (La constelación del mamadísimo) Y dejo esto también por aquí... por la tradición... e.e
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    - Añadidas las "Normativas Internas de la aldea Hijos de la Tierra." Para residentes y visitantes en sus respectivas connotaciones, puestas solo a conocimiento de los habitantes y gente a las que se les dijera onrol textualmente. Nadie fuera de la aldea las sabria si no se las indican. "
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    IX Las caravanas de desplazados se extendían por toda la campiña, al otro lado del bosque. Los carromatos, cargados con enseres y bienes preciados de todos los tipos, seguían senderos recién abiertos entre las hierbas altas. Una procesión cuyo final la vista no alcanzaba a diferenciar. Venían del sur del Reino, con la esperanza de que las criaturas orcas no alcanzasen la tierra a la que ahora huían. Entre oportunistas que hacían lo posible por vender los pocos bienes que llevaban consigo y familias enteras que lo habían perdido todo, Ethmund pasaba desapercibido. No había soldados franqueando aquella comitiva, ni tampoco milicias o voluntarios. El paso de los hombres estaba totalmente dejado a su suerte, mientras los jóvenes luchaban la guerra a leguas de allí. A Ethmund no le quedaba prácticamente nada de aquello que el anciano hombre le había dado en el bosque pero, su suerte lo hizo toparse con aquella caravana en la que nadie parecía hacer ascos a compartir guisos y sopas con el resto de viajeros, sin hacer demasiadas preguntas. Durante unas horas había seguido el sendero en el bosque, con la intención de encontrar la cabaña que aquel anciano había mencionado y agradecer la comida que le había dado. No obstante, pasado el tiempo, su mente cambó y decidió caminar en otra dirección. Viajó solo unos días más por la espesura de aquel bosque hasta que el trajín de las caravanas llamó su atención en los campos y salió a su encuentro, mezclandose entre los transeuntes, sabedor de que sus recursos pronto tocarían a su fin. Por varios días pudo disfrutar de la compañía de otras gentes y de su hospitalidad. Las caravanas hacían alto cada noche para establecer un breve campamento. Allí se compartía comida, bebida y noticias, como plato fuerte. Ethmund había dejado atrás su espada reglamentaria, en sus últimos días en el bosque, temeroso de que arma tan reconocible delatara su situación. Descubrió que varios otros hombres y mujeres que caminaban con la caravana también tenían una historia turbia, y que muy probablemente unos cuantos de ellos habían abandonado espada y escudo en algún bosque del camino como él lo había hecho. No obstante, los días de calma no duraron demasiado. El campamento aquella noche se había establecido en un claro no muy alejado del camino que llevaba a Vega del Amparo, lugar al que todos los desplazados se dirigían. Los cielos estaban despejados y corría una leve brisa que avivaba los fuegos de las hogueras. El ambiente era apacible ante todo, y Ethmund compartía un estofado con un grupo de tres carpinteros de Andorhal que habían decidido desplazarse por la guerra. Era un grupo variopinto, pues aunque uno de ellos era un lordaeriense, el segundo humano clamaba que había nacido en Alterac, y el tercero no era si no un enano de Forjaz que vivía en Andorhal desde hacía años. Ethmund había vuelto a divertirse con aquel trío. Eran presonas afables y mundanas, con sueños sencillos y ambiciones cortas. Borgulf, el enano, incluso le estaba enseñando el oficio en el tiempo que el viaje les permitía. - No, así no. Mira. – El enano arrebató el pedazo de madera a Ethmund, con una sonrisa paternal, y comenzó a retirar sobrantes con su propia herramienta, de forma exquisita. Orgulloso, mostró el acabado al muchacho -. ¿Eh? ¿Lo ves? Tienes que hacerlo con más cuidado, y más natural. Ethmund tomó la madera de nuevo, de manos del enano y sonrío a este, asintiendo a sus palabras. - Aún no tienes manos de carpintero. – El enano rió sonoramente, tomando una de las manos del chico en la suya, notablemente más pequeñas -. Pero te saldrán, descuida. La práctica lo es todo, y vas por muy buen camino. - Vas a hacer de él todo un tallador, Borgulf. – comentó jocosamente el lordaeriense, sentado al otro lado de la hoguera -. - Hacemos lo que podemos, Lucius. – la respuesta del enano fue en el mismo tono alegre, mientras miraba al humano -. Si el chico puede dejar esta caravana con algo aprendido, eso que se lleva. Y nosotros nos llevamos una buena amistad, ¿no es así Ethmund? El muchacho asintió al enano y volvió a la tarea que se le había encomendado. Golpeteaba el pedazo de madera con la herramienta, concentrado. Aquella tarea le estaba ayudando a dejar su mente en blanco y olvidar acciones pasadas. Un trabajo mundando y sencillo como aquel le hacía sentir libre y realizado, más incluso, le hacía sentir que estaba limpiando sus malas decisiones. Algunas voces disconformes se alzaron en el campamento, de aquí y allá. No eran gritos, pero eran algunas discusiones. Los dos humanos comenzaron a mirar alrededor, intrigados, mientras Borgulf ocupaba con cuidado que el estofado no se quemase. Unos cuantos pasos, pesados, se acercaban a la posición del grupo, indiscutiblemente. Ambos humanos se levantaron de sus improvisados asientos. Cinco soldados ataviados con armadura y armas llegaron al lugar, observando al pintoresco grupo. El enano dejó de cuidar de la cena y se giró también a la escuadra, adelantando unos pasos hasta situarse a la altura de sus dos compañeros. Ethmund quedó clavado en el sitio y tragó saliva. Nunca en los últimos meses había sentido la presión que se estaba apoderando del mismo en aquellos momentos. Sintió el impulso de correr, pero habría sido en vano. Reconoció en sus adentros que su única oportunidad en aquella situación era jugarlo todo, de nuevo, a la suerte y esperar que aquellos soldados no estuviesen allí por él. - Buenas noches. – dijo el que parecía el superior del grupo. Su voz era extraña, como la de aquella persona que reprime un impulso. Algo no natural. Su mirada se clavó en la de los humanos presentes, observándolos -. Estamos en busca de desertores de las filas. - No hay soldados aquí, oficial. – Borgulf respondió mientras cruzaba sus brazos, observando por el rabillo del ojo como Ethmund había detenido completamente su tarea en la madera ante aquellas palabras. - Solo carpinteros, venimos de Andorhal. - No hay soldados. – repitió el oficial, avanzando dos pasos hasta la pareja de hombres que estaban con Borgulf, pareció ignorar la presencia de Ethmund, como si no fuese lo que buscaba -. Nombre, edad, oficio y lugar de nacimiento. - Lucius de Rem, 32 veranos, carpintero, Costasur. – enumeró, observando al oficial sin temor alguno en los ojos -. - ¡Tu también chico! – gritó el oficial hacia el muchacho, de improvisto, mientras señalaba al alteraqui -. Tú. Ethmund dió un respingo y su cuerpo se tensó completamente. De nuevo su instinto lo instó a correr, a huir de allí. No obstante, pudo sentir como la mirada de Borgulf estaba puesta sobre él, y se levantó, acercándose a la posición del enano mientras el alteraqui respondía a la pregunta. - Dillon Verus, 30 inviernos, carpintero, Alterac .- enumeró también el hombre, igual de calmado que su compañero -. Tras del oficial, los otros cuatro soldados giraron la cabeza para mirar a Dillon instintivamente, al unísono. El propio oficial hizo lo propio y se acercó lentamente a apenas dos pasos de Dillon, observándolo tras del yelmo. - Alterac. - Si, señor. – reafirmó Dillon -. De Alterac. Tanto Ethmund como Borgulf observaron entonces a Dillon y los soldados. Una calma chicha se apoderó del ambiente. Nadie dijo nada, ni un sonido. Entonces, el oficial al mando echó la cabeza apenas un palmo para atrás y golpeó la frente de Dillon fuertemente con la cabeza, forrada en el yelmo. El alteraqui gritó de dolor y se llevó las manos a la frente, dando varios pasos para atrás mientras se doblaba sobre si mismo. Lucius corrió a socorrerlo, inclinandose a su lado mientras lo tomaba de los hombros. - ¡Que diablos crees que estás haciendo! – Borgulf se separó de Ethmund e interpuso entre los dos hombres y los soldados, señalando con su gruesa mano al oficial. - Ya te hemos dicho que somos carpinteros. - Apartate enano, esto no va contigo. – El hombre hizo un gesto con la mano a sus inquietos soldados, que avanzaron junto a él, hacia la posición de Dillon-. - Y una mala cabra que me aparto. – Lejos de hacer caso a la orden del soldado, Borgulf se plantó en el sitio con gesto pétreo-. Uno de los soldados golpeó con el dorso del guantelete al enano, a su paso, haciendo recular a este. El barbabronce, lejos de achantarse, se avalanzó sobre el soldado con un grito de malas pulgas. Hubo una pequeña trifulca en el momento a la que se sumó también Lucius. Ethmund observaba sin palabras mientras su instinto lo obligaba a ir reculando, alejándose de la situación. Cuando la trifulca terminó, Borgulf miraba sorpendido el rostro semioculto tras su yelmo de uno de los soldados. Su espada reglamentaria, undida en el bazo del enano, comenzó a relucir en rojo cuando el grueso cuerpo se deslizó hacia atrás y cayó de espaldas al suelo. Los soldados miraron a su semejante con la misma sorpresa, pero nada hicieron para reducirlo o juzgarlo. Ethmund, arrancado de súbito de su plan de huida observó estupefacto como Borgulf se retorcía sin fuerzas en el suelo. Lucius, amoratado y sangrando de nariz y labio, trastablillo temeroso fuera del lugar, para no volver a ser visto, mientras Dillon observaba a los soldados completamente mareado. Ethmund corrió hasta la posición del enano y tomó sus manos. Su corazón latiendo a centenas de revoluciones. Los cansados ojos del enano lo miraron y una leve sonrisa se dibujó en su boca para musitar la palabra "vete". El muchacho miró trás de si a los soldados, que en retorno lo estaban mirando a él también en aquellos indecisos instantes. No lo dudó y echó a correr fuera del lugar. Dos tímidos pasos metálicos hicieron el amago de seguirlo, pero era demasiado tarde. Se había pasado la vida corriendo, era lo único que sabía hacer en condiciones, ningún perro o chacal lo podrían seguir, ningún soldado. En su mente solo se dibujo una cosa. Una cabaña desconocida en el linde de un bosque.
  39. 2 puntos
    V Los primeros rayos de luz se colaron entre las grietas del tejadillo de madera. Ethmund se removió en el catre y acabó postrado de espaldas, mirando con ojos somnolientos esos detestables hijos del sol. Se llevó la mano al rostro mientras se desperezaba. Alguien fuera de allí hizo el toque de diana y a su alrededor los gruñidos de sus camaradas comenzaron a hacer rebosar el barracón de alegría mañanera. El trompeta repitió el toque de diana una segunda vez, logrando arrancar los primeros berridos de desagrado y amenazas de muerte de entre los soldados. Terminaba de calzarse las botas cuando Keveth se lo acercó, ya uniformado y preparado para lo que el día fuese a traer. Este le ofreció su mano para levantar del camastro, la cual tomó con firmeza fraternal una vez terminó de ajustar la bota. Ambos salieron al exterior del barracón, hacia la fría mañana de Lordaeron. Cuatro barracones como aquel del que acababan de salir se cerraban en semicírculo sobre una pequeña plaza circular de tierra batida. En el centro aguardaba un hombre de rostro robusto y alargado, de pelo oscuro extremadamente corto y embutido en una armadura completa de la que pendía un tabardo de fondo azul, con la silueta frontal de un león dorado bordado. El sargento Chad, superviviente de Ventormenta. Desde hacía meses sus días eran un durísima consecución de instrucción, entrenamiento e introducción a la disciplina militar que el Reino de Lordaeron había comenzado a imponer a aquellos reclusos que pululaban sus mazmorras. Ladrones, bandidos, timadores, y semejante tipo de personalidades de la más alta capa de la sociedad habían pasado de desgastar sus huesos en la piedra de las mazmorras a dormir en barracones militares y pasar el día preparándose para algo inminente. El enfrentamiento con los “orcos” que ahora poblaban el sur del continente. Ethmund no era una excepción, y tampoco Keveth. Desde que fuesen reducidos durante el famoso motín de reclusos de Costa Sur, ambos habían dado tumbos entre las prisiones de Trabalomas y Lordaeron hasta que se decidió poner una espada y un escudo en manos de todo aquel hombre y mujer válido para defender la tierra en la que vivían. Su condena, fueron informados, había pasado a ser una leva forzada para cooperar en la defensa de los Reinos humanos. Ethmund apenas había alcanzado la adultez para entonces y se encontró con un entorno totalmente ajeno a todo cuanto había conocido. Fue vapuleado en los entrenamientos, fue agotado hasta la saciedad en marchas forzadas por todo Trisfal, Trabalomas y Alterac. A pesar de haber vivido la mayor parte de su vida entre ladrones y pillastres, jamás se había visto en un entorno tan hostil y pronto cerró bandas en torno a si mismo. Se volvió arisco, distante y maldijo el día en que fue hecho prisionero cada mañana. Solo en Keveth encontraba cierto alivio cuando, tras cada golpe recibido, tras cada tropiezo, herida o decepción, una mano amiga que no portaba una vara de entrenamiento le palmeaba el hombro y lo ayudaba a levantar. El stromico jamás se sintió tan asfixiado en ese entorno y casi parecía disfrutarlo. Llegó a ganarse el afecto de algunos de los oficiales a cargo del entrenamiento y esto permitió a ambos raciones de comidas más abundantes o trabajos de mantenimiento más suaves. No obstante, no todos los oficiales formaban parte de esa buena relación con Keveth. El Sargento Chad, que había sobrevivido a la caída de Ventormenta, era un hombre reacio y con un código de disciplina, conducta y honor grabado a fuego en su personalidad. Curiosamente, este mismo sargento fue el elegido para supervisar la correcta instrucción de un numeroso grupo de reos forzados a servir en las filas. Toda una ironía para el veterano sargento que, aunque acepto sin trabas, no tomó con gran alegría. Una vez la totalidad de los reclutas estaba formando en la plaza de los barracones, el sargento alzó la voz con determinación: - La guerra ha comenzado,…soldados. Su compañía se pondrá en movimiento mañana en dirección a las Laderas de Trabalomas, donde se espera que los efectivos orcos intenten establecer una cabeza de playa para su desembarco. El murmullo que se extendió entre los allí convocados fue inmediato y aumentó en intensidad en escasos segundos. - ¡Basta de cuchicheo! ¿Alguno pensaba que había sido sacado de su mazmorra para pasar el resto de su vida cómodo en estos barracones? Si alguno aún lo piensa, será un placer hacer el del padre que nunca tuvo y cruzarle la cara de un guantazo. – dijo el sargento sin mover un ápice su posición, únicamente adquiriendo un tono más regio -. Es esta guerra la que os ha salvado de pudriros en una mazmorra, y es por ello que la vais a honrar como se merece, dejando vuestra alma en sus campos de batalla. El cuchicheo se había interrumpido por completo y todos los reclutas miraban fijamente al sargento. Cuando el sargento comenzó a dar órdenes en un tono más neutral a los oficiales presentes, entonces y solo entonces, Ethmund bajó la mirada al suelo mientras a su alrededor sus compañeros comenzaban a comentar las nuevas. - Todo irá bien chico. Tengo tu espalda aquí y allí fuera, ¿eh? – Keveth puso la mano en el hombro al muchacho y lo observo con firmeza -. Enfrentarse a esas bestias no será lo mismo que robar monederos o huir de la guardia, por eso debemos de permanecer juntos. Codo con codo saldremos de esta, aun te queda toda una vida por delante. Ethmund observó al stromico. Tomó el antebrazo de este con el suyo y asintió a sus palabras. Ambos se miraron como lo hacen dos hermanos, aunque no sea sangre lo que tengan en común. - ¡Eso será todo! Este será su último día en estos barracones. Pongan sus cosas en orden si es que hay alguien que aún recuerde quienes sois. – El Sargento finalizó su intervención en la plaza y la abandonó, seguido de los oficiales con los que había estado hablando -. Pronto todos los soldados comenzaron a rondar por los barracones y el exterior de los mismos. Jugando partidas de cartas y acabando con las últimas reservas de cerveza y comida. El ambiente enrarecido rápidamente escaló a uno de alegría y diversión a pesar de que sería su último día allí y, para muchos, uno de sus últimos días en ese mundo. Ethmund y Keveth terminaron bebiendo cerveza sentados en un grupo de banquetas en torno a una pequeña hoguera en la que se cocinaban dos truchas, junto con tres hombres más. - ¿Cómo es la guerra Keveth? - Caótica, sucia…oscura, apesta. Literalmente, apesta. Los campamentos de guerra son pocilgas y los campos de batalla, te lo puedes imaginar. De nada sirve comer si no tienes un estómago fuerte, acabas vomitando por el hedor. - Dicen que esto es peor aún. – Uno de los otros comensales intervino en la conversación, observando los por sobre su pichel -. Dicen que estos orcos son bestias imparables, que pocos son capaces de mantener las filas cuando cargan, por miedo. Keveth, Ethmund, y los otros dos allí presentes observaron al hombre, y el ambiente se ensombreció un poco. Los cinco bebieron. - No creo que sean muy diferentes a los trols. Salvajes, enormes, fuertes. – Keveth intentaba restar hierro a la situación -. Con un par de hombres fuertes es fácil sobrepasar a uno, no se lo esperan y no están organizados. Los sureños vienen con miedo, han perdido una guerra, es normal que exageren la situación. - No, no lo creo. – el hombre insistió -. Se pueden perder guerras en un día, pero, ¿Reinos enteros en tan poco tiempo? Estas bestias son distintas a todo lo que hayamos visto antes. Y nosotros seremos la carne de cañón, seremos los primeros en mirarlos a los ojos y despedirnos de este mundo. Ethmund tenía la mirada clavada en el hombre, absorto en sus palabras. Apretó sus manos alrededor del pichel. Nunca había tenido miedo a ser agarrado por la guardia, encerrado o golpeado. La privación de su libertado creaba rabia en su interior, pero no lo temía. Solo temía la muerte, solo temía encontrar la muerte temprana y que todos sus sacrificios hubiesen sido en vano. Cada palabra de aquel hombre era como un martillazo que poco a poco hundía más aquella tachuela en su ataúd. - ¿Crees que seremos la vanguardia? – preguntó, sin dejar de mirarlo. Keveth lo observaba a él no obstante, como si lo hubiese estado haciendo desde hace rato. - No lo creo, lo sé. Dime chico, ¿crees que pondrán a sus nobles hijos a caballo delante de nosotros? ¿o a los honorables limpiabotas que tomaron el servicio por voluntad propia? No. Seremos nosotros, los prescindibles. Keveth removió una de las truchas de la placa de pizarra en que se estaban cocinando, a fuego lento. - Si cuidamos unos de otros saldremos de esta. Sobreviviremos a los orcos, a la guerra y a quienes nos la han impuesto – Keveth sentenció, ofreciendo la trucha a Ethmund. Este lo miró asintiendo levemente, mientras tomada el pescado y daba un bocado.
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    Spellman no Teníamos todavía muchos planes por hacer Espero que todo te vaya genial y que algún día puedas volver por aquí. Se te echará de menos.
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    MADARAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! De un hombre de cultura a otro, es un placer volver a tenerte por aquí @Rocco
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    Es escuchar esto y tener unas ganas brutales de volverlo a jugar. Como hecho de menos unos buenos juegos de rol
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    Con esto mientras ando frente a la PC pasando datos a un smartphone nuevo, haciendo configuraciones varias al mismo y, quizás, bajo riesgo de que toque algo que no deba.
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    - Primera compra que fue de la aldea: -- 10 Gallinas ponedoras.- 2 platas y 50 cobres . -- 1 Vaca.- 9 platas + 1 queso curado entero [Obtenido por rol]. -- 1 Carro modesto. - 25 platas + una botella de whisky de buena calidad `[Obtenida por rol]. -- 2 Burras - 20 platas . -- 3 Espadas [2ª mano] - 21 platas. -- 4 Hachuelas [ 2ª mano ] - 7 platas y 50 cobres. -- 4 Ballestas [ 2ª mano ] - 21 platas. -- Equipo de arado/cultivacion- 10 platas. Total de la compra: 1 dorada, 16 plata. [ Inversion de Haimi, 1 dorada/oro de rol GM, 10 platas de sus ahorros mesuales y por trabajos. 6 platas puestas por las otras 5 personas que trabajan en trabajos externos a la aldea,pertenecientes a la misma (Alba,Kathery,Jordan, Johanna, Zazara) ]
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    - Compra: -- Semillas de Calabaza - Cantidad equivalente al valor de 50 cobres. -- Semillas de Sandia - Cantidad equivalente al valor de 50 cobres. -- Semillas diversas ( Zanahorias,lechuga,coliflor,patatas ) cantidad equivalente a 2 platas. Coste total: 3 platas [ 2 platas sobrantes de la anterior compra mas 1 plata por asistencia al reconocimiento.] [Inversion del dinero obtenido de la informacion dada a la guardia total en la aldea. 11 platas= todo. ] - Añadida la lista de Fallecidos de la Aldea con los fallecidos hasta ahora.
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    Actualizacion de la aldea Hijos de la Tierra. - Colocada pestaña de " Habitantes " con los actuales. - Colocada pestaña de " OTS " de manera de ambientacion. - Añadidos los edificios con los que cuenta.
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    Compra de: - 20 gallinas ponedoras. ( 25 cobres la unidad = 5 platas) - 4 gallos. ( 50 cobres la unidad = 2 platas) - 4 kilos de harina. - 6 kilos de trigo. ( 10 cobres el kilos = 1 plata) Coste total 8 platas de las 10 platas que recibio Haimi por parte del ejercito a cambio de informacion. Inversion total para la aldea, platas restantes: 2 platas.
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Somos una Comunidad dedicada exclusivamente al Rol en World of Warcraft. Proporcionamos un punto de encuentro para compartir nuestra afición por el Rol en Warcraft.

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