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  1. 15 puntos
    Acto III Un ciclo de odio La puerta del despacho del archimago Aethas se abrió sin previo aviso y desde el umbral, el sin’dorei pudo ver al señor regente de Quel’thalas caminar directamente hacia él, con una expresión severa y su mano derecha enroscada en torno al mango de su espada, como si estuviera listo para desenvainarla en cualquier momento. Detrás de él, uno de los criados de la aguja atracasol caminaba apresuradamente con la vana esperanza de adelantar a Lor’themar y anunciar su llegada. No obstante, era evidente que no lograría hacerlo y Aethas agitó su mano izquierda, obligándolo a marchar poco antes de volver a ver al elfo de sangre, quien ya se encontraba de pie frente a su escritorio en ese mismo momento. “Lord Theron, no sabía que vos…” – Empezó a hablar el archimago con un tono de voz templado. “Ahórrate la palabrería, Aethas.” – Le interrumpió Lor’themar con un tono tajante. – “Estoy aquí por respuestas y para demandar la entrega de Thalen.” El líder de los Atracasol parpadeó con evidente sorpresa ante el tono del señor regente, así como también las razones del por qué de su visita. Aun sentado, intento sopesar las palabras de Lor’themar, mientras ocasionalmente alternaba su mirada entre la madera de su escritorio y la cada vez más amenazante figura del sin’dorei, cuya postura parecía más la del líder militar que era antes de poseer su titulo actual, a que la de un político enfurecido. “Me temo que no se donde se encuentra el archimago Songweaver en estos momentos, mi señor.” – Respondió con un tono cauteloso el mago. – “Pero si pudierais explicarme el por qué de vuestras demandas, quizá podría entender y ayudaros mejor…” “Mis fuerzas han vuelto de Kalimdor y me han informado que vuestro archimago estuvo haciendo de espía para Garrosh todo este tiempo.” – Acusó el señor regente con la mirada acerada sobre Aethas. – “Él saboteó la defensa de Theramore y ambos sabemos como terminaron las cosas allí. Él no estaba a mis ordenes, sino a las vuestras…” Aethas frunció marcadamente el ceño y negó efusivamente. “Lo que decís es grave, mi señor.” – El archimago se puso de pie, manteniendo la mirada del señor regente. – “¿Tenéis pruebas de estas acusaciones?” “Eso depende…” – Contesto el señor regente, flexionando los dedos sobre el mango de su espada. – “¿Dónde está Thalen?” “No se donde esta. Después de regresar, se ausento de sus labores y considerando por lo que paso en Theramore, y como están las cosas aquí, no quise…” – Aethas se detuvo y se llevo una mano al rostro. Se froto la cuenca de sus ojos con los dedos de la mano derecha, pensando entonces en las acusaciones de Lord Theron y como los hechos no hacían nada por jugar a favor del archimago Thalen. “Lo dejaste escapar.” – Gruño furibundo el señor regente de Quel’thalas, cuya mirada inquisitiva se mantuvo fija en el mago. “Os lo juro, mi señor, si hubiera tenido la más mínima sospecha de que Thalen era un espía, nada de esto habría ocurrido.” – Se apresuro en señalar el archimago, percatándose del matiz en el único ojo de Lor’themar. “… Eso espero.” – Contesto Lor’themar con un tono severo tras permanecer unos segundos en silencio. – “Y ahora que sabes la verdad, espero que esta vez si seas lo suficientemente capaz como para tener los ojos abiertos, en caso de que aparezca. Como también espero que sepas tener la boca cerrada sobre este asunto para con el Kirin Tor.” Aethas parpadeó con obvia confusión, aunque no por lo que Lor’themar señalaba, sino porque tales ordenes iban en contra de lo que su deber con el Consejo de los Seis significaba. Si Thalen realmente era un traidor, significaba que él había jugado un papel en la caída de Theramore y la muerte de Rhonin. Peor aún, él podría haber sabido todo este tiempo sobre la bomba de maná… El archimago se hallaba ante una encrucijada; informar al Kirin Tor daría argumentos para aquellos que aún protestaban por la presencia de los sin’dorei en el Consejo, incluso podría sumar adherentes. Esconder algo así, por otro lado, implicaría faltar a su deber y si la verdad llegaba a oídos de alguien ajeno a los Atracasol, surgirían los cuestionamientos hacia él y su gente. ¿Cómo has podido hacer esto, Thalen…? “¿He sido claro, archimago?” – Preguntó con tono demandante el señor regente. “… Sí, mi señor.” – Contesto finalmente el sin’dorei. Thalen Songweaver se apareció frente a las puertas de hierro de la ciudad de Orgrimmar e instantáneamente dejo escapar un suspiro de resignación, consciente de que, le gustara o no, ese lugar poco decoroso para los estándares de vida a los cuales él estaba acostumbrado seria su refugio mientras las aguas por lo ocurrido en Theramore se calmaban. Sin otra opción, se adentró en la ciudad, cruzando su muralla para ser recibido por el sofocante calor del cañón en el cual se encontraba construida la capital de la Horda y sin ninguna otra opción, camino por el Valle de la Fuerza hasta quedar a los pies del Fuerte Grommash. “Deseo hablar con el jefe de guerra.” – Dijo el sin’dorei, dirigiendo su mirada a uno de los kor’kron. El orco no emitió respuesta alguna, mucho menos profirió alguna reacción, tan solo escuchó y entro al fuerte para volver solo unos minutos después, acompañado de la figura de un siniestro orco rocanegra bastante familiar. “Tenia que verlo con mis propios ojos.” – Comento Malkorok, viendo al elfo de pies a cabeza antes de hacer un gesto indicándole que podía entrar. – “El jefe de guerra te recibirá.” El sin’dorei levanto una ceja ante las palabras de Malkorok, pero se limito a asentir y camino detrás del rocanegra hacia el interior del fuerte. Lo primero que llamó la atención del elfo de sangre era lo vacío que estaba; con la excepción de sus kor’kron y un par de consejeros orcos, la sala donde yacía el trono del jefe de guerra de la Horda no tenia el numero de ocupantes que él había visto en sus visitas anteriores, aunque a Garrosh, quien se encontraba sentado con una sonrisa orgullosa sobre su trono, no parecía importarle. “Thalen Songweaver.” – Pronunció su nombre el mag’har. – “Es bueno ver que has sobrevivido a la bomba.” “Para seros honesto: jamás pensé que tendría que sobrevivir a mi propia creación.” – El elfo de sangre hizo una mueca. “Sugerí sacarte de ahí al resto de oficiales en mi ejército, pero tu pueblo decidió que era mejor dejarte a tu suerte.” – Garrosh se encogió de hombros y se puso de pie, para luego caminar hacia el sin’dorei. – “Pero yo no olvido a quienes han ayudado a la Horda.” El orco apoyó su mano izquierda sobre el hombro de Thalen y asintió varias veces frente a él, en un gesto que el elfo de sangre considero innecesariamente paternalista; como si un padre quisiera decirle a un niño lo orgulloso que estaba de él. Aunque lo que realmente le molestaba, era la noción de que, si los oficiales sin’dorei habían decidido dejarlo a su suerte, era porque no estaban de acuerdo con lo ocurrido y probablemente, eso significaría que sus acciones llegarían a oídos de Lor’themar y luego, Aethas. El segundo estaría en una posición complicada y seguramente cedería ante la presión, pero él no podía prever que haría el señor regente de Quel’thalas y si la postura de sus oficiales era un augurio, era evidente que buscarían detenerlo. “Y es por eso que estoy aquí, jefe de guerra.” – Dijo el elfo de sangre con un tono templado, disimulando su orgullo herido. – “Dalaran ha perdido a su líder y pensé que podría quedarme en Orgrimmar, mientras las cosas se calmaban. Aunque por lo que decís, parece ser que mi estadía tendrá que ser más prolongada de lo que esperaba…” “Como dije: yo no olvido a quienes han ayudado a la Horda.” – Repitió un orgulloso Garrosh. – “Puedes quedarte en Orgrimmar cuanto tiempo quieras. Tendrás el trato que un verdadero héroe merece.” “Sois demasiado amable, jefe de guerra, gracias.” – Respondió Thalen con una modesta sonrisa, mientras que en su cabeza pensaba despectivamente en lo que para un orco seria tratar a alguien de acuerdo con su estatus. “Y llegas en buen momento, también.” – Agrego el orco. – “Justo para celebrar nuestra victoria en Theramore, pero primero, comamos y bebamos en tu honor. Quiero saber todo lo relacionado a nuestra victoria.” “Sera un placer, jefe de guerra.” – Contesto de manera condescendiente el sin’dorei. Mientras Garrosh rugió sus ordenes para tratar a su invitado con el llamado honor que debían de darle a un héroe, Eitrigg observaba con una expresión de decepción al fondo de la sala. En su mano sostenía un pellejo enrollado sobre el cual había escrito algunas palabras dirigidas a Thrall. El anciano había consultado a Garrosh por lo ocurrido, en especial por todas las cosas que había oído y consciente de lo que eso significaba, en especial cuando él corroboro algunas de las acusaciones, este sugirió informar personalmente a Thrall en pos de que la noticia no le tomara por sorpresa y no sufriera una nueva emboscada, como la que había sufrido en el pasado. “Haz lo que quieras, anciano.” Era lo que había contestado el joven guerrero y Eitrigg había acatado, pues con ese permiso, nadie cuestionaría, ni se atrevería a leer un mensaje con el sello del jefe de guerra. Nadie, ni siquiera sus kor’kron, sabrían que entre las palabras ahí escritas, el viejo guerrero rocanegra informaba a Thrall del camino al que Garrosh estaba llevando a la Horda y le solicitaba interceder para aportar algo de razón al mag’har antes de que todo aquello por lo que habían luchado tanto, quedara hecho añicos igual que Theramore.
  2. 14 puntos
    Acto II : Cubiertos de Gloria Resoluciones Es solo un buen negocio Aguas de la Horda Con el Fuerte del Norte destruido, Garrosh Grito Infernal, jefe de guerra de la Horda, ha reconocido la neutralidad del Cartel Bonvapor. Sin embargo, ha dejado claro a Gazlowe, barón de Trinquete, que su puerto se halla próximo a las aguas de la Horda y no tolerara que la Alianza se atreva a utilizar su neutralidad para amenazar sus dominios. Calmando al león. El Alto Rey Varian Wrynn de Ventormenta ha puesto en entredicho la neutralidad del Cartel Bonvapor y despachó una pequeña flota a la Bahía del Botín, exigiendo una compensación por lo ocurrido en Kalimdor. Tras una inicialmente tensa negociación, el Cartel Bonvapor accedió a entregarle suministros para el ejército que iria en ayuda de Theramore, además de ofrecerle cartas maritimas con sus rutas comerciales para facilitar la evacuación de civiles. La gloria del sol eterno El voto decisivo. A pedido del señor regente, el gran magister Rommath organizo una delegación de nobles para presionar diplomaticamente al archimago Aethas Sunreaver con la intención de que el Kirin Tor intercediera en el inminente conflicto a favor de Theramore. Producto de ello, el archimago sin'dorei votó, para sorpresa de varios en el Consejo de los Seis, a favor de ayudar a la ciudad blanca. Rehenes políticos. Suponiendo las razones detras del voto de Aethas, el archimago Rhonin extendión una "invitación" a la delegación sin'dorei para apoyar al Kirin Tor en su tarea de ayudar en la defensa de Theramore. Sus intenciones eran evidentes y sus miembros aceptaron acudir en compañia del archimago Thalen Songweaver, quien fue sugerido por el propio archimago Sunreaver. Camino al oeste Evacuación de civiles. Poco después de la llegada de la 7ma flota a Theramore, el alto mando decidió evacuar a los civiles de Theramore. Habiendo confiado la operación a la maestra Merúliel Giovanni, la travesía no estuvo excenta de peligros. No obstante, los civiles llegaron a salvo a las costas del Reino de Ventormenta. Piratería en la ruta Bonvapor. Un grupo de piratas intento hacer de las suyas contra la flotilla que evacuaba a los civiles a Ventormenta. Gracias a un trato, los ciudadanos de Theramore lograron llegar sanos y salvos, mientras que la ruta que el Cartel Bonvapor facilito a la Alianza para la debida evacuación es ahora conocida por los piratas que transitan los mares del sur. Una flota a espera de ordenes. Con más dudas que certezas sobre el por qué la Horda mantenía su flota en los limites maritimos de Theramore, el alto mando confió una tarea de infiltración a Eileen Reveck. La quel'dorei logro infiltrarse en la nave insignia y descubrir que la flota había recibido ordenes de permanecer allí hasta que se les indicara lo contrario. El Poblado Pezuñanegra. No dejando nada al azar, el alto mando de la Alianza en Theramore decidió ofrecer un salvoconducto para que los tauren tótem siniestro del Poblado Pezuñanegra dejaran el Marjal Revolcafango con tal de no darles oportunidad de unirse a la Horda. Durante las negociaciones, el capitán Kethrian Dawnblade, el sargento Máximo Hate y el cabo Nathaniel Riley no solo descubrieron una vieja alianza entre sus aliados y los tótem siniestro, sino también que estos tenian algunos prisioneros de Theramore, a quienes mataron a sangre fría. Sin otra alternativa, la Alianza y los tótem siniestro chocaron a las afueras del poblado, el cual quedo abandonado tras la derrota de sus antiguos ocupantes. El Asalto al Fuerte Triunfo Devueltos a Orgrimmar. Para sorpresa de varios, el jefe de guerra ordeno a Xorenth dejar a un par de sus chamanes oscuros en el Fuerte del Norte, como parte de la guarnición del nuevo puesto de la Horda, y regresar con el resto a Orgrimmar, impidiendoles acompañarles durante el resto de la campaña. Un dragón azul en Kalimdor. Durante su marcha al Fuerte Triunfo, el ejército de la Horda avisto a un dragón azul sobrevolando los cielos de Kalimdor por razones desconocidas para ellos, despertando preguntas tales como el qué estaría haciendo una criatura así tan lejos de su guarida. Refuerzos del Bastión de la Desolación. Por orden del jefe de guerra, el Bastión de la Desolación sumo sus mejores guerreros al ejército de la Horda en visperas del ataque contra el Fuerte Triunfo y el eventual asedio a Theramore. Retirada. La Horda ha sorprendido a las fuerzas del Fuerte Triunfo en plena retirada, razón por la cual su numero era menor y al verse rapidamente superados, no dudaron en rendirse. Los sobrevivientes fueron tomados como prisioneros y trasladados a Orgrimmar. Un espía en filas enemigas. El jefe de guerra compartió sus planes de batalla con el resto de lideres y oficiales de su ejército, desvelando no solo que el Kirin Tor opto por sumarse a la defensa de Theramore, sino que también contaban con un espia sin'dorei dentro de sus filas, el cual sabotearía sus esfuerzos desde dentro. Garrosh dejo la decisión de rescatarlo, una vez cumpliera su labor, en manos de los oficiales sin'dorei, quienes optaron por dejarlo a su suerte. Elección que fue apoyada por el resto de lideres. La Caída de Theramore Theramore destruida. Para la sorpresa y horror de muchos, la batalla de Theramore culmino con la absoluta destrucción de la ciudad. El iris de enfoque, el artefacto que había sido robado a los dragones azules, fue utilizado como parte de un explosivo para aniquilar toda resistencia que se hallara en la ciudad, la cual yace en ruinas. Anomalías arcanas. El manto de la realidad en las ruinas de Theramore es debil, gracias a la bomba de maná, razón por la cual en el espacio aereo de la antigua ciudad pueden verse luces similares a las auroras boreales de Rasganorte. Paralelamente, ocasionales descargas de energía arcana, en forma de relampagos de diversos colores, brotan de la nada. Por ahora, las ruinas son un lugar magicamente inestable y solo con el tiempo pasaran sus efectos. Un ejército diezmado. Las fuerzas de la Alianza han sufrido bajas significativas en la defensa de Theramore, producto de la bomba de maná. Algunos de sus mejores oficiales han muerto en la ciudad, junto a cientos de soldados. Nada más un puñado de personas han logrado sobrevivir a la catástrofe. La confesión del Gran jefe. Cuando Garrosh habló de la victoria en Theramore y fue cuestionado por haber escondido detalles de sus planes a sus mandos, el jefe de guerra fue enfático al señalar que sus motivos se debían a la presencia de traidores entre sus filas. El orco acuso a Baine de haber informado a Theramore de sus planes y el gran jefe admitió haberlo hecho, pues tenia una deuda de honor con Lady Jaina. A pesar de ello, el jefe de guerra decidió perdonar la vida del gran jefe. Una Horda dividida. Lejos de celebrar la victoria, varios miembros de la Horda han mostrado su descontento con la forma en que el jefe de guerra opto por llevar a cabo su campaña contra Theramore. Mientras los orcos se disponen a celebrar en Orgrimmar - salvo los Lobo Gélido y otros pocos que han desaprobado lo ocurrido -, los lideres restantes han optado por regresar a sus hogares al considerar que no hay nada para conmemorar. El Consejo de los Cinco. Rhonin, archimago y líder del Kirin Tor, sacrifico su vida para garantizar que algunos magos y miembros del grupo de los Atracasol pudieran escapar de la explosión, además de atraer la bomba hacia la torre central de Theramore con la esperanza de poder contener parte de la explosión y sus catastróficos efectos. Dalaran llora no solo la perdida de algunos de sus más renombrados magos, sino también la perdida de quien los lidero en sus horas más oscuras tras la Tercera Guerra. El Iris en Manos del Kirin Tor. Habiendo sobrevivido a la detonación de la bomba de maná, el Iris de Enfoque ha sido trasladado a Dalaran por Jaina y Vereesa Brisaveloz, confiando que el artefacto estará seguro en las bovedas del Kirin Tor.
  3. 14 puntos
    La amenaza de Pezuñanegra Las hogueras de la aldea Pezuñanegra estaban apagadas esa noche, algo que se había vuelto habitual en los últimos días. Los avizores tótem siniestro se paseaban por el interior del asentamiento y al mismo tiempo, los vigías a las afueras de este observaban atentos sus alrededores, siendo ellos los únicos que portaban antorchas. Hace tiempo que habían oído ya sobre los movimientos de la Horda más allá del Marjal Revolcafango y aunque el corazón de Baine Pezuña de Sangre no era vengativo, el de Garrosh Grito Infernal era todo lo contrario. Había sido su líder quien le había manipulado para acabar con la vida de Cairne de la forma más cobarde y deshonrosa posible, algo que ningún orco, en especial el jefe de guerra, olvidaría con facilidad. Era evidente que la Horda tenia sus ojos puestos sobre la Alianza, pero para Grundig Nubeoscura, ellos también podrían convertirse en un objetivo si no permanecían escondidos. El cielo se oscurecio y las nubes escondieron a Mu’sha detrás de un manto gris. Pequeñas gotas comenzaron a caer del cielo, al principio de forma gentil, pero luego de forma más pronunciada y por ultimo, todos los alrededores se iluminaron. En esa fracción de segundo, los ojos marrones de Nubeoscura notaron las tres figuras de sus exploradores, quienes escoltaban a cuatro siluetas más pequeñas y delgadas que ellos. Grundig camino al encuentro de sus tótem siniestro. “¿Quiénes son ellos?” – Pregunto el tauren de manera inquisitiva, poco antes de que un trueno inminente ensordeciera los alrededores con su estruendo. “Humanos.” – Contesto el líder de la partida de exploradores. – “Los encontramos rondando por el pantano, muy cerca del campamento.” El cielo se ilumino una vez más y luego, este rugió furioso. Nubeoscura noto la mirada nerviosa de uno de los humanos sobre él. “Tú.” – El tauren señalo al humano nervioso. – “¿Qué hacían por este lado del pantano?” “Solo explorábamos…” – Respondió apresuradamente el prisionero. – “Lo juro. Solo estábamos explorando… Queríamos estar seguros de que la Horda no había enviado exploradores.” “¿Y bien?” – Preguntó de inmediato Nubeoscura. El soldado miro con expresión confusa a Grundig, seguramente habiendo esperado otro tipo de palabras por parte del tauren. Nuevamente, el silencio se vio interrumpido por un trueno y Nubeoscura camino hacia el humano, cogiéndolo por los brazos y lo levanto, para enfrentarlo con la mirada. “Te he hecho una pregunta, humano.” – Bramo Nubeoscura. – “¿Hallaron algo?” “N-no…” – Contesto asustado el humano, notando como el tauren lo oprimía con más fuerza. – “¡No, no encontramos nada!” Grundig asintió y dejo caer al humano al suelo, quien cayo sobre el barro a los pies de su captor. El soldado se limpio el rostro y levanto la mirada, notando los ojos inquisitivos de Nubeoscura, quien parecía estar sopesando que hacer con él y el resto de su patrulla. “Llevenselos.” – Ordeno el tauren al resto de sus guerreros. – “Pero redoblen la guardia. La Alianza vendrá a por estos y quizá podamos hacer un trato, como lo hicimos en la Sierra Espolón.”
  4. 12 puntos
    La Caída de Theramore “Temed, temed, a la hija del mar. Al hombre oí decir. La voz viajó, con la espuma y la sal. Y en el mar, halló su fin.” Las lagrimas continuaban surcando sus mejillas como una marea incontrolable, siquiera sus manos eran capaces de contener el llanto desesperado que se había apoderado de ella. Allí, recogida sobre si misma en una cama de la seda más exquisita, la ahora antigua dama de Theramore se encontraba completamente destrozada. Siquiera el saber que los civiles de la ciudad habían escapado al horrendo destino de los soldados era suficiente calmar su espíritu, el cual estaba hecho añicos. Dos veces. En dos ocasiones la guerra había llegado a Theramore y en ambas situaciones sus adoquines se habían manchado con la sangre de los valientes, solo que esta vez siquiera quedaban los cimientos de la ciudad que con tanto esfuerzo había ayudado a construir. Por años, Theramore había sido un faro de luz y esperanza que se alzaba sobre un mar de guerra incesante. Una y otra vez, el ancla dorada había sido el símbolo de la resilencia de Jaina Proudmoore, señora de Theramore, aquella que buscaba la paz entre la Horda y la Alianza. Aquella dama inocente que, en pos de sus convicciones, había permitido que la Horda entrara en su ciudad y diera muerte a su padre. Sin embargo, el solo pensar en ello no había más que arrojarla en un ya de por si interminable abismo de dolor y culpa; todos esos años, todos esos insultos que tuvo que soportar, los sacrificios que tuvo que hacer, para que al final acabaran en nada. Marcus Jonathan, Tiras’alan, Rhonin, Tervosh, Dolida, Kinndy… No solo los nombres, sino también sus rostros, en especial el de aquellos más cercanos a ella, ahora eran solo recuerdos que temía olvidar a pesar de lo doloroso que fuera el pensar en ellos. Todos ellos y muchos más habían dado todo lo que tenían por defender su ciudad. Ella les había pedido estar allí y por ella, ahora eran solo fantasmas. Aunque en medio del dolor, un nombre surgió: Thrall o Go’el, como se hacia llamar ahora. Él fue quien había decidido nombrar a Garrosh como nuevo jefe de guerra de la Horda y como a muchos otros, ella le había pedido su ayuda para mediar con el nuevo líder de la Horda, para evitar una catástrofe, pues como ella – o eso creía -, el chamán también creía que la paz era el camino indicado tras años de conflicto entre la Horda y la Alianza. Lamentablemente, el chamán del mundo, quien fuera su amigo, solo se había hecho a un lado y en un modo, ella consideraba que él también era responsable de lo ocurrido. En medio del dolor y la rabia, con las lagrimas aún enjuagando sus ojos, Jaina Proudmoore solo fue capaz de llegar a una conclusión: no tenia sentido seguir buscando la paz, cuando bestias como Garrosh Grito Infernal solo ansiaban un baño de sangre y en tanto él siguiera respirando, ella le haría pagar por cada vida que había arrebatado en su ciudad, pues los fantasmas de Theramore clamaban por venganza y ya fuera por un extraño sentido del deber, o el simple sentimiento de culpa, ella sentía que debía de retribuirles, pues si nadie se atrevía a detenerlo, su ciudad solo seria la primera de tantas en sufrir el mismo destino.
  5. 9 puntos
    Retribución El luto por lo ocurrido en Theramore no solo se había apoderado de las capitales en los Reinos del Este, sino que también se había establecido en Darnassus y seguramente, según Rell Nightwhisper, el Exodar tampoco seria la excepción. A simple vista, la vida nocturna en la ciudad construida sobre las ramas de Teldrassil continuaba siendo la misma de siempre, pero para los ojos inquisitivos del elfo de la noche, era más que evidente que la preocupación por lo ocurrido con la ciudad blanca había afectado a sus congéneres. Había algo en las expresiones y la forma en que los kaldorei actuaban, incluso para realizar sus tareas más cotidianas, que indicaba que se encontraban tan alerta como la cazadora que estaba escoltándolo hacia el interior del templo de Elune. Como el resto de los habitantes, las sacerdotisas también se encontraban ocupadas con sus tareas afines a lo ocurrido; varias de ellas, independientemente de su rango dentro de la hermandad, habían colocado lirios violeta de pistilos plateados sobre las aguas de la fuente sobre la que se alzaba la estatua dedicada a Haidene, la primera de las sacerdotisas dedicada a la adoración de la Diosa. Junto a las ofrendas, las hermanas también entonaban dulces cantos con la esperanza de que Elune pudiera guiar a los caídos en Theramore a un eterno descanso en las estrellas, acompañados del resto de sus ancestros y por un solo momento, Rell sintió el deseo de aproximarse a las aguas, realizar una ofrenda y sumarse a las suplicas. No obstante, el tiempo apremiaba y Grito Infernal había dejado claro que no iba a esperar a que su enemigo reaccionada, no esta vez. El kaldorei camino detrás de la cazadora en todo momento, quien le escoltó hasta los niveles superiores del templo, a las dependencias privadas de la suma sacerdotisa Susurravientos, cuya voz ya podía escucharse desde el umbral de la puerta. La roca no le facilito a Rell el saber que estaba diciendo, pero si pudo percatarse de que no se encontraba sola, pues luego escuchó una voz masculina y templada, la cual solo pudo suponer que seria la del archidruida Tempestira. No obstante, para cuando finalmente llegaron a la entrada y la cazadora anunció su llegada, esta delato la presencia de una tercera persona en la cámara: la general Shandris Plumaluna. Rell entró en la habitación tan pronto lo anunciaron y se inclino de manera reverente ante las tres figuras, cortesía que luego fue retribuida por las mismas antes de que la suma sacerdotisa despachara a su escolta con un sencillo asentimiento. “¿Qué noticias traes de Ventormenta, Rell Nightwind?” – Preguntó la suma sacerdotisa con un tono de voz suave, pero demandante. “La inteligencia de la Alianza ha identificado a la flota de la Horda.” – Contesto el kaldorei, cuadrándose instantáneamente. – “Varias naves orcas, seguramente las que sobrevivieron a la batalla en Theramore, están navegando en dirección al sur.” “Que extraño… El único puerto y flota que hay al sur de Kalimdor, es Gadgetzan y esos goblins dicen ser neutrales.” – Señalo un confundido Malfurion, dando voz a los primeros pensamientos que surgieron en su cabeza al escuchar las palabras de Nightwind. “Tal vez se atrevan a repostar en Gadgetzan, pero sospechó que ese no es su destino final…” – Mencionó Rell antes de ser interrumpido por la general Plumaluna. “Su objetivo es el Fuerte Plumaluna.” – Señaló la elfa de la noche sin el más mínimo atisbo de duda. – “Después de Theramore, esa es la única fortaleza que nos queda al sur de Vallefresno.” Rell asintió a las palabras de Shandris, confirmando su versión. “¿Hay centinelas suficientes como para defender el fuerte?” – Preguntó instantáneamente la suma sacerdotisa, quien dirigió su atención a Shandris. Shandris resopló y tras un leve silencio, contestó: “No.” – La general negó con la cabeza. – “Antes de tomar un regimiento de centinelas y llevarlas conmigo a Theramore, descubrimos a una patrulla de ogros. No eran gordunni y por entonces solo supuse que la Horda estaba tratando de medir nuestra fuerza, y capacidad de respuesta. Ahora creo entender por qué lo hicieron… Nos van a atacar con todo lo que tienen.” “El Alto Rey Wrynn esta planeando lanzar un ataque contra la Horda pronto, pero esta dispuesto a enviaros ayuda.” – Señaló Rell al notar las miradas preocupadas del resto de elfos. Tyrande negó con la cabeza. “Incluso si solicitáramos ayuda, lo haríamos a expensas de su seguridad. No deseo convertir Ventormenta en la nueva Theramore…” – Replicó la suma sacerdotisa viendo a Rell, para luego volver su atención a Shandris. Cual madre con su hija, Tyrande se acercó a ella y reposo una mano sobre su mejilla, a la cual dio una suave caricia acompañado de una sonrisa que buscaba brindarle valor. – “Malfurion y yo protegeremos Vallefresno. Tu lleva nuestra flota a Feralas; no dudo del valor de las centinelas que has dejado allí, pero lucharan mejor con su líder a la cabeza y necesitaran toda la ayuda que necesiten.” Shandris esbozó una sonrisa y asintió a Tyrande, apoyando una de sus manos sobre aquella que aún estaba sobre su mejilla. “Así lo hare, pero si me lo permites, utilizare la flota para arrancarnos una espina que ha estado en nuestro costado por mucho tiempo.” – Shandris observó de forma determinada a su madre adoptiva, quien asintió de acuerdo con sus intenciones, casi como si las supusiera. – “No cambiara lo ocurrido en Theramore, pero tengo que vengar a Dolida y al resto de mis hermanas.”
  6. 9 puntos
    Regocijo Carros repletos de jabalíes y toneles de grog se encontraban cruzando la puerta de Orgrimmar, solo para luego ser escoltados por los brutos hacia distintos rincones del Valle de la Fuerza. Garrosh Grito Infernal seguía con la mirada a cada uno de los peones que tiraba de dichos carros, esbozando una sonrisa orgullosa al pensar en la inminente celebración de su victoria sobre Theramore. Sus seguidores y sus guerreros se embriagarían con el fruto de su triunfo sobre la Alianza, y los haría ansiar más, pues esto solo era el principio de todo. Azeroth pronto pertenecería a la Horda, a su Horda y con ese pensamiento en mente, él se giro y volvió a adentrarse en el Fuerte Grommash. El orco caminó tranquilamente por el interior del edificio, notando desinteresadamente como la sala del trono se hallaba vacía, incluso con los kor’kron vigilando cada esquina. Garrosh siguió caminando, pero una voz familiar lo forzó a detenerse cuando estaba pasando a un costado de su trono. “Jefe de guerra, ¿un momento?” – La voz rasposa de Eitrigg resonó dentro del salón. Garrosh oprimió sus colmillos, pensando en diversas maneras de quitarse al anciano de encima. Sin embargo, no podía hacerlo a un lado. Era un orco, después de todo, y un guerrero con gran experiencia y sabiduría, a pesar de no siempre estar de acuerdo con sus miradas. El orco aflojo la tensión de su mandíbula y suspiro con resignación, maldiciendo su astucia al buscar el momento en que podría acercarse a él sin que Malkorok o sus kor’kron pudieran impedirle acercarse. “¿Qué ocurre, anciano?” – Garrosh se giro para ver a Eitrigg. Eitrigg extendió sus brazos, como si quisiera abarcar toda la sala. “Esto ocurre, jefe de guerra.” – Señaló el anciano. – “Tu salón esta vacío. Donde debería de haber ruido, ahora solo hay silencio.” “Yo puedo escuchar tu voz haciendo ruido.” – Respondió con sarcasmo el jefe de guerra. “Mi voz no es el único ruido que deberías de poder escuchar en esta sala.” – Señaló el anciano, ignorando la burla del jefe de guerra. El mag’har oprimió sus colmillos y emitió un gruñido severo, dejando entrever a su consejero que su paciencia estaba agotándose. “Estamos en guerra, jefe de guerra.” – Agrego Eitrigg sin amedrentarse lo más mínimo y siempre hablando con un tono de voz templado. – “Tu has conocido la victoria en Rasganorte y ahora, la has vuelto a probar como líder de la Horda, pero estas olvidando algo: esas victorias no fueron solo tuyas. Varios guerreros dieron la vida para que eso ocurriera y no eran solo orcos, habían renegados, elfos de sangre, tauren y trols. El ruido que deberías poder oír en este lugar no es mi voz, sino la de tus aliados y ninguno de ellos están aquí.” “Ve al punto, anciano.” – Le espetó tajante el jefe de guerra. “Utiliza esta ocasión no solo para celebrar, sino también para saber con que aliados cuentas aún, jefe de guerra.” – Sugirió su consejero. – “Ambos sabemos que la victoria en Theramore es solo el primer paso para un plan más grande, pero después de lo ocurrido allí, tienes que saber si cuentas con la misma fuerza y si no lo haces, crear puentes para que así sea. Incluso tus predecesores supieron ver la necesidad de contar con aliados para poder llevar a cabo sus planes.” Los ojos fieros e inquisitivos de Grito Infernal miraron fijamente a los del anciano rocanegra, para luego observar una vez más la sala donde se encontraba su trono de hueso, cuero y hierro. El lugar era una fortaleza, del mismo modo que la ciudad de Orgrimmar lo era también, pero Eitrigg tenia un punto. Incluso si no creía necesitar aliados, necesitaba a sus guerreros y para saber eso, tendría que moverse cuidadosamente. Sin otra alternativa, el jefe de guerra volvió a ver su consejero y asintió, aceptando utilizar la celebración no solo para conmemorar y honrar la victoria en Theramore, sino también averiguar que tan ciertas fueron las palabras dichas en el Poblado Murohelecho poco después de haber destruido la ciudad humana.
  7. 8 puntos
    El merecido descanso Había sido un duro día para Ulf Rackham. Estaba en su límite, jadeaba y media camisa se encontraba manchada por el sudor, sin embargo, el árbol cayó causando un estruendoso ruido, cuyo eco resonó por todo el valle. Suspiró con pesadez, moviendo sus hombros hacia delante y hacia atrás en un movimiento rotatorio, descargando así la pesadez del trabajo diario al que se había estado sometiendo desde el amanecer. Alzó la mirada, ante la puesta de sol, sonriente. Recogió las herramientas y se alejó por el sendero del bosque. No le costó avanzar por los innumerables árboles gigantescos, los cuales conocía de hace años, guiado por marcas y señales dejadas por él a modo de recordatorio, atravesando con fluidez el laberinto cuyas hojas se tornaban marrones por la llegada del otoño. Suspiró, había llegado por fin a casa, tras una larga jornada de trabajo por fin podría descansar, cenar junto a su amada esposa y acurrucarse junto a ella en el lecho. La luz del interior de la cabaña se hacía cada vez más notoria conforme se acercaba y la tenue luz del sol se escondía. Una débil humareda escapaba por la chimenea, la cual delataba su posición claramente, y, haciéndose de nuevas energías tras la carrera hasta el lugar, se adentró en el hogar. “Cynthia, he llegado.” Paseó sus ojos por la humilde casa, la mesa estaba puesta y se oía el canto dulce de una mujer provenir desde la cocina. Ulf se dirigió a su habitación y tomó unas ropas limpias, las cuales desprendían un delicioso aroma a cereza. Tras acomodarse, descendió por las escaleras y se sentó en el lugar que le correspondía. El canto de Cynthia había cesado, sin embargo su silueta hizo presencia en el comedor sosteniendo una olla que desprendía un apetitoso aroma a carne estofada. Ulf sonrió y dirigió una mirada por la silueta curva de su esposa. Pasó a juguetear con los cubiertos mientras ella, con delicadeza, depositaba el recipiente junto a él. Rackham dejó los cubiertos en su lugar correspondiente y alargó la mano para destapar la olla. “Hm, huele bien, qué ha…” El hombre titubeó, frunciendo ambas cejas. Sin creer lo que veía, se incorporó en el asiento, y, acercando la mirada hacia el recipiente, no pudo hacer más que contener un grito, mientras una cabeza humana, a medio descomponer, se salía a flote entre las zanahorias y patatas en el interior del estofado que su amada esposa había preparado con tanto esmero. “Por qué, Ulf…”. Musitó la cabeza, mientras que su único ojo lo miraba entristecido. Se levantó y dio un salto hacia atrás, aterrado, sin comprender qué sucedía, y tratando de controlar el miedo, abrió la boca. “Quié-... qué... “ Ulf profirió un grito, horrorizado ante la escena. Dirigió su mirada hasta Cynthia, que se mantenía de pie junto a la mesa, junto a la olla. Incrédulo, un segundo grito, mucho más fuerte salió de la boca de Ulf. Cynthia seguía ahí, pero su rostro se encontraba afectado por la podredumbre y la herida de una dentadura se marcaba en todo su cuello del cual emanaba pus y sangre. “Creías que morir ahí solucionaría algo, ¿eh, Ulf?”. La mujer rió sin cesar. Sus carcajadas no hacían más que acosar y adentrarse hasta los tímpanos de Rackham, quien, horrorizado se tapaba los oídos y mantenía los ojos cerrados. “No quería esto, Cynthia… yo…” La risa paró repentinamente, pero muy débilmente, el quejido de la cabeza del estofado proseguía. “Abre los ojos, Ulf Rackham, o ellos se ofenderán” Ulf abrió los ojos, desconcertado. Su desasosiego se acrecentó conforme su ropa empezaba a ser tirada hacia atrás y hacia abajo. Los ojos se le abrieron de par en par observando como una pila de cadáveres luchaba por tirar de él. Eran muchos, tantos que no los podía contar de un vistazo. Unos pocos lograban tirar, inútilmente, de las ropas de Rackham, incapaz de encontrar fuerzas para alejarse de ellos. “¿Mi familia vive, Rackham?” “¿Y mis hijos?” “Yo tenía que escapar de ahí… no tú…” Cerró nuevamente los ojos y apretó los párpados con fuerza. Las lágrimas empezaron a brotar entre sus pestañas, mientras gritaba, tratando de acallar los quejidos de los patéticos cadáveres que luchaban por tirar de él para llamar su atención. “Lo siento…” “Por qué… Ulf…”. Los alaridos atravesaban sus manos y se introducían en lo más recóndito de su cerebro, torturándolo en lo más profundo de su ser. Las huesudas manos se volvían cada vez más numerosas y lo atraían hacia la pared, hundiéndolo junto a ellos. Ulf no se movía, observaba el desencajado rostro de Cynthia; esta lo observaba desde la mesa, inmóvil, con la olla en las manos. “No…” “Yo no…” “No… no…” ¡¡¡NO!!! Se movió hacia adelante y cayó con todo su peso sobre el suelo. Rápidamente, el dolor de la batalla de los días previos lo alcanzaron en la mente como si un golpe contundente se tratase y profirió un débil y patético quejido. Se incorporó como pudo, tomando el arma junto a la que había estado durmiendo toda la madrugada. Al tiempo, se apoyó en el saliente del barco que le había servido de cama y dirigió su mirada hacia el amanecer. Los pocos marineros que paseaban por la cubierta apartaron sus miradas una vez vieron que despertaba, riendo en voz baja para sí mismos. Ulf se secó las lágrimas con la palma de la mano y apretó los dientes conteniendo una fría rabia, cuyo objetivo no era otro que sí mismo. Seguía vivo un día más, sin embargo, solamente sentía se sentía más patético que antes. No había conseguido nada, y junto a esto, la culpa lo atormentaba más que nunca. Estaba en su límite, y a pesar de ello, no podía permitirse descansar. No hasta que las pesadillas cesasen y todos los fantasmas descansaran satisfechos.
  8. 8 puntos
    La Batalla de Theramore Horda Ficha de combate Fuerza 3 Agilidad 2 Resistencia 3 Voluntad 2 Hacha de dos manos 15 (+3) Combate sin armas 8 (+3) Defensa fisica 12 (+3 / +2) Voluntad mental 10 (+2) Ficha de combate Fuerza 3 Agilidad 2 Resistencia 3 Voluntad 2 Hacha de dos manos 8 (+3) Combate sin armas 8 (+3) Defensa fisica 8 (+3 / +2) Voluntad mental 8 (+2) Ficha de combate Fuerza 3 Agilidad 2 Resistencia 3 Voluntad 2 Hacha de dos manos 6 (+3) Combate sin armas 5 (+3) Defensa fisica 6 (+3 / +2) Voluntad mental 4 (+2) Ficha de combate Fuerza 4 Agilidad 3 Resistencia 3 Hacha de dos manos 5 (+3) Combate sin armas 2 (+3) Defensa fisica 5 (+3 / +2) Ficha de combate Destreza 3 Agilidad 2 Percepción 3 Voluntad 2 Armas de filo de una mano 12 (+3) Armas de tiro 10 (+3) Defensa fisica 10 (+2) Percepción sensorial 5 (+3) Percepción extrasensorial 5 (+3) Voluntad mental 3 (+2) Ficha de combate Fuerza 2 Destreza 3 Agilidad 2 Percepción 3 Hacha de una mano 4 (+2 / +3) Defensa fisica 4 (+2) Percepción sensorial 4 (+3) Ficha de combate Fuerza 3 Agilidad 2 Percepción 3 Resistencia 2 Mazas de dos manos 15 (+3) Combate sin armas 10 (+3) Defensa fisica 10 (+2) Percepción sensorial 10 (+3) Ficha de combate Fuerza 4 Agilidad 2 Resistencia 4 Hachas de dos manos 6 (+4) Defensa fisica 6 (+2 / +4) Ficha de combate Destreza 2 Percepción 3 Agilidad 3 Resistencia 2 Armas de tiro 4 (+3) Armas de filo de una mano 4 (+2) Defensa fisica 4 (+3 / +2) Ficha de combate Destreza 2 Percepción 3 Conocimiento 3 Resistencia 2 Armas de filo de una mano 4 (+2) Defensa fisica 3 (+2) Percepción extrasensorial 2 (+3) Hechizos ofensivos 3 (+3) Ficha de combate Destreza 2 Voluntad 3 Agilidad 3 Resistencia 2 Armas de filo de una mano (+2) Defensa fisica (+3 / +2) Voluntad (+3) Ficha de combate Destreza 2 Percepción 3 Agilidad 3 Resistencia 2 Armas de tiro 4 (+3) Armas de filo de una mano 4 (+2) Defensa fisica 4 (+3 / +2) Alianza Ficha de combate Conocimiento 3 Voluntad 3 Agilidad 2 Percepción 2 Hechizos ofensivos 10 (+3) Hechizos defensivos 10 (+3) Hechizos con efecto 10 (+3) Percepción extrasensorial 10 (+2) Defensa fisica 5 (+2) Ficha de combate Fuerza 3 Resistencia 2 Voluntad 3 Percepción 2 Mazas de dos manos 8 (+3) Defensa fisica 8 (+2) Hechizos defensivos 8 (+3) Percepción extrasensorial 8 (+2) Ficha de combate Fuerza 3 Resistencia 3 Voluntad 2 Percepción 2 Maza de una mano 10 (+3) Defensa fisica 10 (+3) Voluntad mental 6 (+2) Percepción sensorial 5 (+2) Ficha de combate Destreza 3 Percepción 3 Agilidad 2 Resistencia 2 Armas de tiro 10 (+3) Armas de filo de una mano 8 (+3) Resistencia fisica 6 (+2) Percepción sensorial 7 (+3) Ficha de combate Destreza 4 Percepción 2 Agilidad 1 Resistencia 3 Armas de Filo de una mano: 5 (+4) Percepción sensorial: 3 (+2 ) Defensa fisica: 4 (+1 / +3 ) Ficha de combate Destreza 2 Percepción 3 Agilidad 3 Resistencia 2 Armas de tiro 4 (+3) Armas de filo de una mano 4 (+2) Defensa fisica 4 (+3 / +2) Ficha de combate Fuerza 4 Resistencia 3 Agilidad 3 Maza de una mano 6 (+4) Defensa fisica 6 (+3) Ficha de combate Destreza 2 Percepción 4 Agilidad 3 Resistencia 1 Armas de Filo de una mano: 3 (+2) Armas de Fuego: 4 (+4) Percepción sensorial: 3 (+4 ) Defensa fisica: 2 (+3 / +1) Ficha de combate Fuerza 3 Destreza 2 Percepción 2 Resistencia 3 Hachas de una mano 3 (+3) Combates sin armas 3 (+2) Defensa física 3 (+3) Percepción sensorial 3 (+2) Dalaran Ficha de combate Conocimiento 3 Voluntad 3 Agilidad 2 Percepción 2 Hechizos ofensivos 10 (+3) Hechizos defensivos 10 (+3) Hechizos con efecto 10 (+3) Percepción extrasensorial 10 (+2) Defensa fisica 5 (+2) Vuelo Azul
  9. 7 puntos
    Poblado Pezuña Negra Ficha de Combate Fuerza 3 Agilidad 2 Percepción 2 Resistencia 3 Hacha de dos manos 7 (+3) Combate sin armas 6 (+3) Lanzar 3 (+2) Defensa fisica 5 (+3 / +2) Ficha de Combate Fuerza 4 Agilidad 2 Resistencia 4 Martillo de dos manos 5 (+4) Combate sin armas 3 (+3) Defensa fisica 4 (+4 / +2)
  10. 5 puntos
    Conocimiento olvidado Thalen Songweaver abandonó el Fuerte Grommash poco después del resto, cruzándose en la salida con el general Nazgrim, quien había sido llamado por el jefe de guerra para organizar la defensa de Orgrimmar. Las calles del Valle de la Fuerza seguían repletas de orcos borrachos, algunos de los cuales ocasionalmente se peleaban entre si, aunque quienes se llevaban la peor parte eran los esclavos humanos que habían sido tomados como prisioneros de guerra tras la victoria de la Horda en el Fuerte Triunfo. Mientras que los más afortunados aún tenían que empujar los carros con toneles de grogs, los más desafortunados eran forzados a combatir entre ellos solo para entretener a sus captores. Por un instante, el elfo de sangre sintió lastima por el maltrato que sufrían, aunque poco podía hacer por ellos y sin darse cuenta, sus pasos se volvieron más acelerados cuando comenzó a dirigirse hacia sus aposentos. El sin’dorei camino por las calles de Orgrimmar, abriéndose paso entre las multitudes de guerreros y otros tantos habitantes que celebraban la victoria en Orgrimmar. Sus pasos lo llevaron hacia la muralla que dividía el Valle del Honor con el resto de la ciudad, pero mientras se aproximaba al umbral de la entrada, una mano más grande que su cabeza lo sujeto de su brazo izquierdo y tiro de él contra la pared. Su espalda se resintió producto del fuerte golpe contra el metal y solo tras recomponerse, elevo su mirada para encontrarse con Eitrigg, cuya mirada severa reflejaba el fuego que aún ardía en el corazón guerrero del anciano. “¿Qué demonios es esto?” – Demandó saber el elfo de sangre, disimulando su sorpresa y temor. “Quiero respuestas.” – Contesto el orco con su reconocible voz rasposa. – “Tu ayudaste a Garrosh a hacerse con esa bomba que destruyó Theramore y ahora, vuelves a susurrar en su oído… ¿qué es ese hechizo del que hablaban?” Thalen esbozo una sonrisa divertida. “Podría tratar de explicarte, anciano, pero dudo que semejante conocimiento este a tu altura.” – Intento burlarse el elfo de sangre. Eitrigg emitió un gruñido y con su otra mano, tomo al elfo de sangre por el cuello y lo oprimió un poco. Lo suficiente para que un orco entendiera la amenaza, pero que para un cuello tan delgado como el de un sin’dorei, era como si fueran a pulverizarlo. Desesperado, Thalen dio varias palmadas a la firme muñeca del anciano, quien instantáneamente aflojo la presión. “¡¿Estas loco?! ¡¿Sabes lo que Garrosh te haría si me matas?!” – Le espetó el sin’dorei al orco tras recuperar el aire, pero el simple tacto de los dedos del anciano sobre su cuello dejó claro lo que pensaba sobre el riesgo que supuestamente correría. “Habla.” – Ordeno Eitrigg. “Es un hechizo de conjuración antiguo.” – Desveló el elfo de sangre. – “Uno que sospecho que podría ayudarnos a invocar criaturas marinas y someterlas al control del jefe de guerra.” “¿Criaturas marinas?” – El anciano gruño severamente entre dientes. – “¿Piensan seguir el juego de los chamanes oscuros?” Thalen hizo una mueca de desagrado. “¿Chamanes oscuros? ¡Por favor, esto es más complicado que eso!” – El sin’dorei sintió un escalofrío en su espalda, cuando noto que Eitrigg lo observaba de manera inquisitiva. Aparentemente, tampoco estaba de animo para soportar su altanería. – “… Es similar, pero no involucra elementales. No te preocupes, no corremos el riesgo de ocasionar un segundo cataclismo.” Volviendo a enseñarle sus colmillos, Eitrigg tiro de Thalen una vez más y lo empujo de vuelta las multitudes. El elfo de sangre trastabillo y quedando en medio de varios orcos que transitaban hacia el Valle del Honor, se vio forzado a caminar, perdiendo vista al anciano, quien aprovecho ese instante para perderse entre las calles de la ciudad.
  11. 5 puntos
    Aquella mañana hacía más frío que de costumbre. La brisa marina acarició la capa de aquel chico quel’dorei, haciendo que durante unos breves momentos danzara al son del viento. Al joven elfo no pareció importarle, pues se encontraba demasiado absorto en su lectura. Pasó una página más de aquel diario que, ya por costumbre, portaba siempre consigo. Contenía gran cantidad de apuntes sobre runas, patrones y métodos para el correcto uso de la energía arcana, más por razones que no llegaba a comprender no le estaba resultando fácil concentrarse. Las campanas del puerto de Ventormenta empezaron a resonar. Kiran alzó la vista, pudiendo avistar como los primeros navíos de la Alianza se aproximaban al puerto. Cerró su diario con premura, casi dejándolo caer, confiando en que el cinto lo mantendría bien sujeto. Dio un leve salto para bajar de aquella barandilla donde se había encontrado sentado y se encaminó hacia el muelle, donde aguardo con impaciencia. El primero de los navíos tomó puerto en pocos minutos, y en unos pocos más ya estaban desembarcando los soldados y voluntarios que Ventormenta había enviado. Los rostros de las tropas mostraban preocupación, tristeza y desilusión. Aquello no era buena señal. Cuando parecía que en aquel navío no iba a hallar aquello que buscaba, se encaminó hacia otro más. Le parecía extraño la poca cantidad de soldados que desembarcaban. ¿Tan pocas tropas había enviado Ventormenta para auxiliar a Theramore? Aquel navío tampoco era el que buscaba. Pasó una gran cantidad de tiempo antes no se diera por vencido y decidiera marchar a casa de su padre. Quizás simplemente no se habían cruzado. ¿Qué había ocurrido? La Alianza no podía haber perdido la batalla, de ser así en los barcos habría habido una gran cantidad de refugiados, tal y como ocurrió tras la derrota de Ventormenta en la primera guerra. Tan sumido iba en sus pensamientos, que no se percató de la presencia de alguien justo enfrente del hogar de su padre. El corazón le dio un vuelco, pues el primer pensamiento que le vino a la mente fue que era su padre. Lo despachó con rapidez. Aquel hombre ni siquiera era elfo. Con un elegante movimiento, el humano giró para encarar a Kiran. Llevaba un sombrero de copa alta, de donde se escapaba un cabello cano que caía por los laterales de su rostro. Su nariz era afilada, y sobre esta reposaban unas gafas redondeadas que dejaban entrever unos ojos atentos y calculadores. Tomó el sombrero con una de sus manos, llevándolo hasta la altura de la cintura, y tras unos leves segundos inclino levemente la cabeza a modo de saludo. - Buenas tardes. Soy el señor Rutherford. ¿Es usted el señor Kiran Lightwood? Tenemos asuntos que tratar. – Pese a que las palabras del hombre eran corteses, había algo detrás de ellas que resultaba desagradable. Aquello le sorprendió. Generalmente, cuando llegaban hombres así a su casa a quien buscaban era a su padre. Estaba más que acostumbrado a ese tipo de visitas. Solían venir en busca de algún pedido fuera de lo ofrecido en el catálogo de la Joyería. Viendo que Kiran no contestaba, el hombre volvió a hacerlo. - ¿Podemos pasar al interior? Hay asuntos importantes que tratar. Asintió, sacando las llaves con premura y encaminándose hacia el portal. Se hizo a un lado, permitiendo al hombre pasar. Kiran calculaba que aquel hombre debía tener unos 60 años, pero pese a ello, se movía con pasos enérgicos. El señor Rutherford colgó su abrigo y aguardó a que Kiran le ofreciera tomar asiento. Una vez se encontraban ambos lo suficientemente cómodos, habló. - Bien, señor Lightwood. Como le decía soy el señor Rutherford. Quería venir a verle cuanto antes para poder ultimar los detalles de cómo va a seguir pagando las deudas. Se quedó perplejo. ¿Deudas? ¿Desde cuando él tenía deudas? - Disculpe pero, no sé de qué me está hablando. ¿De qué deudas habla? – Preguntó Kiran. El hombre le estudio con ojo analítico, quizás buscando indicios de que Kiran mentía. Tras unos leves segundos, alzó un poco las cejas, pues no había sido capaz de encontrar engaño alguno. - ¿No ha pasado el notario por aquí? Creía que… tras el fallecimiento de su padre… Aquellas palabras le golpearon como un jarró de agua fría. ¿Fallecimiento de su padre? Sintió como la sangre abandonaba su rostro. No. No podía ser. Su padre no podía haber muerto. Los navíos habían llegado hoy. ¿Cómo iba a saber nada aquel hombre? Sus pensamientos le abrumaban, hasta el punto que las palabras de Rutherford apenas llegaban hasta sus oídos. - Tendrá que disculparme. Creí que ya estaría al tanto de lo sucedido en Theramore. La destrucción de la ciudad fue tan catastrófica que nadie, salvó aquellos que se encontraban fuera de está, sobrevivieron. Será mejor que me retiré por ahora, ya habrá tiempo de hablar sobre estos… asuntos. Tenga usted mi más sincero pésame. De haber alzado la mirada, Kiran habría podido ver como aquel hombre sonreía de pura maldad. Rutherford se levantó, y con una leve inclinación, marchó de la casa, dejando al joven quel’dorei sumido en sus terribles pensamientos. Su dolor era tan grande que apenas era capaz de respirar. Tras unos minutos, la tristeza dio paso a un profundo odio. Ya en el pasado los orcos habían matado a sus abuelos, más lo había dejado pasar puesto que les dominaba la sed de sangre. Había dejado pasar que los Renegados destruyeran Quel’thalas y asesinaran a su madre, pues comprendía que no fueron más que marionetas del Rey Exánime. Mas ahora no podía perdonar. La Horda acababa de matar al último familiar que le quedaba. Estaba solo. La desesperación trataba de adueñarse de él. Junto a esta rezumó el resentimiento hacia Ventormenta y la propia Torre de magos. ¿Por qué no habían movilizado a los magos? ¿De que servía todo aquel poder si a la hora de la verdad no podían utilizarlo para proteger a aquellos a quienes amaban? De haber estado estos allí todo podría haber sido distinto. Las lágrimas bañaron su rostro. Ya era tarde. Su padre había muerto. Estaba solo en este mundo, y lo único que deseaba era que la Horda pagara por sus crímenes.
  12. 3 puntos
  13. 2 puntos
    Y por ahí llega Lucien. He echado de menos su sombrerito.
  14. 2 puntos
    Añadido nuevo compañero animal: Plaga, la ratoncita valiente :3
  15. 2 puntos
  16. 1 puntos
    Conforme Liam se iba adentrando en el bosque, su fascinación por las criaturas que lo habitan fue en aumento. Al principio se limitaba a observarlas, a aprender como se movían, conocer sus olores y los rastros que dejaban. Mas con el tiempo aquello no le resultó suficiente, decidiéndose por hacer una recopilación de todos los animales que se encontraba. Por ello, empezó a escribir y dibujar aquello que él veía. Sus fuentes no eran libros ni grandes bibliotecas, sino el propio bosque. Todo lo que encontrareis en estas paginas son observaciones hechas por él mismo. Puede que los eruditos de las academias se burlen de aquellos garabatos o datos recolectados por Liam, mas a él le es completamente indiferente, puesto que este diario nunca llegará a manos de la sociedad.
  17. 1 puntos
  18. 1 puntos
    El Asalto al Fuerte Triunfo El general Trenzado camino decidido a la cima de la colina en el mando de vanguardia, seguido de uno de los jinetes de grifos martillo salvaje que había traído desde Bael Modan. Los soldados se cuadraron y lo saludaron según lo vieron llegar, aunque cuando alcanzo la tienda de mando del general Hawthorne, el humano simplemente desvió su mirada de los mapas para asentir como saludo al enano. Luego, tan solo miro los mapas nuevamente, esperando que fuera el propio Trenzado quien diera paso a la conversación. “Mis jinetes están listos para bombardear Taurajo, general Hawthorne.” – Dijo con voz atronadora el enano. “Bien, que vuestros jinetes despeguen y sobrevuelen nuestro ejército.” – Contesto con un tono templado el humano, volviendo a ver al enano. – “Dejaremos un flanco abierto para que los civiles de Taurajo puedan escapar.” El enano levanto una ceja con evidente incredulidad. “¿Un flanco?” – Trenzado frunció el ceño. – “¿Estas loco, Hawthorne? Cada tauren que dejes escapar, será un nuevo guerrero o cazador mañana, viniendo a por nuestras cabezas.” “Tal vez.” – Admitió con fría honestidad el humano. – “Pero no voy a masacrar civiles, mucho menos por cosas que puede que hagan, o no, en el futuro.” “Lady Jaina te puso al mando de esto, así que tu sabrás.” – Rezongó el general enano. – “Pero ya veras lo equivocado que estas, cuando los que dejaste escapar vuelvan para buscar venganza.” Trenzado observó el Fuerte Triunfo con el ceño severamente fruncido, pues aunque los muros habían terminado de ser construidos en su mayoría, las torres seguían en plena construcción, con andamios aún apoyados a los costados y ni hablar de la barraca; siquiera habían llegado a colocar los cimientos. Era un milagro que hubieran logrado resistir los embates de la Horda, cada vez que algunas de sus armas de asedio lograba posicionarse en la tierra de nadie que separaba ambas bases, y disparar contra el fuerte. “¡Vosotros ahí arriba!” – Alzo la voz el enano, mirando a los albañiles. – “¡Bajen de ahí y cojan un arma! ¡Si no acabaron esas torres, no van a hacerlo para cuando la Horda llegue aquí!” Aunque con claras miradas confusas, los albañiles acataron las ordenes y dejaron sus herramientas a un lado para ir a por las armas. Paralelamente, el general enano comenzó a caminar por el interior del fuerte, gritando distintas ordenes, poniendo en alerta máxima a la guarnición local. Hacia no mucho habían llegado noticias sobre el ejército de la Horda, compuesto por trols y taurens. Estos últimos habían abierto la Gran Puerta y era evidente que seguirían su marcha contra el Fuerte del Norte o el Fuerte Triunfo, después de todo, ya habían cobrado venganza con Bael Dun y entre las victimas de ese desastre, estaba su hijo, Marley. Sin darle la más mínima importancia a las expresiones o a algunas de las quejas de sus hombres, Trenzado logro que los soldados tomaran sus posiciones y además, movieran las armas de asedio para estar listas en caso de ser necesarias. Así pasaron un par de días desde que supo lo ocurrido en la entrada de Mulgore, pero la Horda nunca se mostro en el horizonte. Sin embargo, cuando el sol ya se ponía sobre las colinas doradas de los Baldíos del Sur, los vigías alzaron la voz al reconocer algunas figuras en el horizonte y al instante todos tomaron posiciones de batalla. No obstante, tan pronto uno de ellos se percato que las siluetas del horizonte no eran más que humanos y enanos, estos se acercaron a ellos a la orden del general. Trenzado observo a los pocos soldados exhaustos entrar al Fuerte Triunfo y tras llevarlos a una de las torres, y ofrecerles comida y agua, el general finalmente decidió interrogarlos. “¿De donde vienen? ¿El Fuerte del Norte necesita ayuda?” – Preguntó el enano de manera expectante a sus respuestas. Uno de los soldados humanos dejo escapar un vago intento de risa de manera despectiva y luego negó con la cabeza. “El Fuerte del Norte ha caído, general.” – Respondió uno de los fusileros enanos. – “La Horda nos rodeo y desato unas bestias de lava sobre nosotros.” El general suspiro con resignación y se limito a negar con la cabeza. Seguidamente ordeno a los soldados descansar y recomponerse, pues los sumaria a la guarnición local. Era evidente que, tarde o temprano, ellos serian los siguientes y mientras abandonaba el interior de la torre a medio construir, el enano recordó su ultima conversación con el general Hawthorne, aquel que los tauren titularon como el carnicero de Taurajo. “Te lo adverti ese día, Hawthorne.” Pensó con desdén el enano. “Los que sobrevivieran vendrían a por nosotros. Fueron a por mi hijo y ahora, vendrán a por tus hombres. Tu estas muerto, así que no lo veras, pero me encantaría que lo hicieras… Así entenderías porque no había que dejar a nadie vivo ese día y en vez de castigar a mis jinetes de grifos, los habrías condecorado.” “Pero no lo hiciste… y aquí estamos ahora, esperando a ser los siguientes.”
  19. 1 puntos
    Es más a manera de coña la respuesta a este post, pero debo decir el ritmo me es relajante... o quizás sea Cromi que hace sea difícil dejar de verla.
  20. 1 puntos
  21. 1 puntos
    Música ambiental ¿Qué es la vida si no una sucesión de años sobre el cuerpo y el atesoramiento de recuerdos en nuestra mente? Recuerdos que no siempre tienen que ser amables, para nuestra desgracia… O quizá para nuestro beneficio, pues de cualquier vivencia se saca un aprendizaje, y es bien sabido que sin un equilibro en todas las cosas el mundo, quizá, dejaría de ser tal como lo conocemos. El primer recuerdo de aquella pequeña quel’dorei de cabellos dorados, cuerpo menudo, y ojos de un suave celeste, es el perfume del éter en la enfermería del hospicio; ese aroma desagradable y picante que a ella le parecía lo más curioso del mundo, de ese pequeño mundo infantil suyo que sólo había conocido los muros de piedra de aquel hospicio y el cariño de las buenas gentes que en él trabajaban voluntariamente. Pero no había dolor ni drama en aquello, la infancia de Elyrien había sido feliz. A ella le gustaba pulular por aquellos corredores e ir a la enfermería, donde se colaba siempre que podía y miraba el quehacer de las sanadoras que prestaban allí servicio. - ¿Pero ya estás aquí otra vez, criatura? – tropezó con ella una elfa enjuta y de rostro algo severo - ¿Por qué no vas fuera, con los demás, a que te dé un poco el sol? - Porque me aburro – respondió decidida la pequeña. - ¿Cómo qué te aburres? ¿Prefieres estar aquí estorbando? ¿No ves que con los utensilios que hay en la enfermería podrías hacerte daño? - ¿Qué ocurre? – preguntó al pasar otra gentil de cabellos blanqueados por la edad y la bondad reflejada en una sonrisa tenue, observando primero a la adulta y luego a la menor - Lady Nïniel esta chiquilla se empeña en usar la enfermería como campo de juego La dama de cabellos níveos bajó los ojos violáceos hasta la pequeña y luego se inclinó ligeramente hacia ella para quedar relativamente a su altura. - ¿Cómo te llamas, pequeña? – sonó de nuevo aquella voz delicada y amable. - Elyrien - ¿Y por qué no estás fuera con los demás? Hoy hace un bonito día de primavera, con todos los colores y los perfumes de esta época que se muestran sólo para ti. - Yo no quiero jugar, señora, quiero aprender a curar a la gente, como hacen aquí – señaló la niña hacia el interior de la enfermería. La dama se incorporó alzando las cejas por la determinación mostrada por aquella criatura a tan tierna edad. - Yo me encargo, hermana – asintió entonces a la otra quel’dorei Y a partir de aquel momento, lady Nïniel, una dama de alta cuna que renunció a sus posesiones, su título, e incluso a formar su propia familia en favor de la de otros, se convirtió en la mentora de aquella niña curiosa y resuelta. La dama le enseñó el conocimiento del cuerpo humano, el arte de la sanación a través de los instrumentos que la Naturaleza otorga, e incluso le enseñó a tocar algunos instrumentos. En definitiva, la educó para que, aunque no fuera una dama por nacimiento, sí pudiera mostrar las formas y maneras de una noble gentil, complementando así los otros saberes que había adquirido en el orfanato: leer, escribir, coser, cocinar…. - La educación es el mayor tesoro que tendrás en esta vida, mi pequeña Elyrien. Aprende a ser cortés con los demás pues una palabra amable la agracederá el noble de nacimiento pero aún más el moribundo al que consolarás en su último tránsito. La vida transcurría tranquila en el hospicio, Nïniel le había dado un hogar a la joven elfa pero había tenido cuidado, a pesar de mostrarse amable y protectora con ella, de que la relación entre ambas no fuera más allá de tutora y pupila pues la dama sabía que eran muchos años ya los que había sobre sus espaldas y el fin no habría de andar muy lejos; no quería que el disgusto para la joven fuera mayor del necesario. - ¿Sabes que en esta época es cuando los pajarillos echan a volar y marchan de sus nidos? – comentó un día mientras paseaban. Elyrien la miró, comprendiendo lo que quería decirle, y del mismo modo que ella la había entendido, la dama pareció adivinar sus pensamientos – No, no me molestas en absoluto, pero quiero que seas una dama fuerte e independiente, Elyrien, y no lo serás si siempre llevas un lastre contigo. - Pero tú no eres ningún lastre, Nïnny, eres mi Maestra. La risa suave y taimada de la elfa de cabellos plateados ascendió cual ave entre la fronda de los altos árboles que les rodeaban. - Ay pequeña… Lo sé, ¿pero entiendes lo que quiero decir? - Creo que sí – Asintió ella - Me alegro, porque te mudas mañana – Elyrien abrió los ojos como platos – Te he conseguido una casita pequeña en las lindes de la ciudad. - Pero si no tienes…. - Ah, querida, puede que ya no posea fortuna pero aún tengo quien me debe favores – le guiñó un ojo. - Eso está mal –puntualizó la jovencita. - Está mal si te cobras los favores de forma ilícita, pero no es mi caso, el dueño de la casa la tenía abandonada y me la cedió gustoso cuando le comenté que mi pupila buscaba un sitio para iniciar su vida de manera independiente. Y de este modo, la joven Elyrien comenzó su andadura en solitario. A medida que pasaba el tiempo la joven ganaba reconocimiento por su buena labor y su carácter amable, y aparte de su voluntariado en el hospicio se ganaba la vida como aprendiz de uno de los apotecarios de la ciudad; además, las visitas a su pequeña casa para pedir remedios herbales a dolencias leves era un incesante goteo que muchas veces la tenía despierta hasta la madrugada. Pero ella disfrutaba con todo aquello, ayudando a los demás, siempre lo había tenido claro, siempre había sabido que aquella era la vida que quería vivir, así que podía decir que seguía siendo feliz. Aquella tarde había salido algo más tarde a recolectar hierbas, sabía que a aquellas horas no era recomendable transitar por aquella zona del bosque, pero no tenía más remedio que hacerlo pues necesitaba los ingredientes para hacer un preparado que necesitaba, al menos, de tres noches de maceración. Tenía la costumbre de que, al tiempo que recogía con mimo y dedicación las plantas, entonaba alguna canción a modo de personal agradecimiento a la Naturaleza y a la propia planta por el servicio que iba a ofrecerle; también se entretenía en anotar en su libretilla de campo todo aquello que le iba viniendo a la mente sobre las hierbas que recolectaba, o los descubrimientos fortuitos que hacía sobre el terreno. Y estando en estos menesteres vio que la noche ya se había cernido sobre el bosque, así que recogió con premura sus útiles de recolección y guardó cuidadosamente las plantas en el cestillo de mimbre que había traído, y al incorporarse le pareció escuchar algo, pudiera haber sido el crujir de unas pisadas sobre la hojarasca del bosque, quizá algún animal, y apeló al Sol y a la Luna, pues ella creía en la dualidad de las cosas, para que no fuera un animal peligroso. Comenzó a caminar con premura, no había vereda, pero ella conocía la senda, llevaba años recorriendo aquellos mismos caminos trazados en su mente, donde sabía que las plantas que necesitaba crecían. Y a medida que pasaba por entre los árboles, de tanto en tanto, miraba atrás pues las pisadas ahora parecían más cercanas: eran lentas, como el arrastrar de unos pies cansados, y reverberaban en el bosque no dejando claro de dónde provenían. Estando con el rostro vuelto hacia atrás para comprobar que nadie la estuviera siguiendo, sintió que unas manos la aferraban por los hombros y la detenían. Con un grito aterrado volvió la vista al frente para comprobar cómo el dueño de aquellas manos soltaba su presa y caía a sus pies. - Ayudadme…. mi señora…. Os lo ruego…. – imploró el joven de caras y ensangrentadas ropas que se había desplomado ante ella. Como buenamente pudo lo ayudó a incorporarse y, a pesar de estar malherido, lograron llegar hasta la casita que la gentil llamaba hogar, sin embargo las heridas ya se habían infectado. La aprendiz de galeno limpió y suturó cuidadosamente cada laceración y las trató para que no volvieran a contaminarse pero la fiebre tuvo al joven sin nombre durante varios días delirando palabras ininteligibles. Elyrien envió una misiva a su Maestra para informarle de que estaría ausente de su tarea en el hospicio durante el periodo de convalecencia del elfo, y de igual modo envió otra carta al apotecario para excusarse por los días que no acudiría a atender la botica. Mientras los días pasaban, el desconocido parecía ir recuperando poco a poco la salud perdida y entre tanto, Elyrien no estaba ociosa; la gente visitaba ahora más asiduamente su casa para que atendiera sus dolencias o, muchas veces, simplemente para hablar, pues la joven, paciente y amable, escuchaba los problemas o aflicciones de aquellas personas que llegaban a ella para desahogarse, incluso algunos días leía cuentos a un pequeño grupo de niños que ya parecían ser habituales por la casa. - ¿Por qué hacéis eso? – preguntó el joven cuando ella fue a atender su estado aquel día. - ¿Hacer qué? - inquirió ella mientras cambiaba el vendaje del pecho por uno limpio tras comprobar que las heridas cicatrizaban de manera correcta. - Escuchar a esa gente. No vienen a curar heridas ni a pedir tratamientos – preguntó sin maldad o egoísmo en sus palabras, simplemente por pura necesidad de entendimiento puesto que la mayoría de la gente se movía por interés en aquella ciudad. - A veces el escuchar tiene unos efectos curativos mejores que la mejor de las medicinas – respondió ella con una sonrisa cálida mientras volvía a colocarle el sencillo jubón de cama con el que lo había vestido. El joven la miró, observando cada detalle del bello rostro de la aprendiz y preguntándose qué la movería entonces a ese altruismo extraño. - Me llamo Eltharion. - Yo soy Elyrien – respondió con aquella voz suave, mirándole a los ojos y manteniendo la sonrisa que parecía acompañar siempre a sus palabras. La joven se ofreció a ir a buscar a la familia del muchacho, pero él le rogó encarecidamente que no lo hiciera, contándole que estaba inmerso en un conflicto de intereses por parte de sus padres, quiénes lo querían prometer con la primogénita de una notable casa de la ciudad para que el apellido Crimsonlight medrara en política igual que lo había hecho en riquezas. A los pocos días, Elyrien retomó su día a día puesto que el muchacho ya estaba lo suficientemente restablecido como para valerse por sí mismo aunque aún estuviera convaleciente; iba a la apoteca, echaba una mano en el hospicio, pasaba por la biblioteca y regresaba a casa. Aquel era su itinerario la mayoría de días, y el poco tiempo libre del que disponía lo dedicaba a las personas que la visitaban. Nïnny le había dicho que debía de guardar tiempo para ella, por mucho que le pareciera que el mirar por los demás la llenaba por completo. - Hay un tiempo para los demás y un tiempo propio, uno para pensar en ti, en las cosas que te gustan y que no tienen que ver con el prójimo ni con la ayuda que prestas, Elyrien. Créeme, sé de qué hablo, querida. Al principio piensas que toda esa satisfacción personal llenará tu día a día, pero cuando te das cuenta, estás en una casa vacía con el tiempo en tu contra. - Pensé que tu elegiste este camino – la observó con aquellos serenos ojos azules. - Y lo hice, y estoy orgullosa de las cosas que he hecho – respondió la dama, con un deje nostálgico en la voz, perdiendo la mirada en el horizonte de aquel precioso atardecer - pero si pudiera volver atrás elegiría otro camino, uno no muy diferente, uno con un esposo y quizá un hijo…. – Un suspiro quedo puso punto final a aquella conversación y ninguna de las dos sintió la necesidad de continuarla pues ambas sabían lo que la otra pensaba. Finalmente Eltharion regresó a su hogar, donde le esperaba una vez más la presión de su apellido. Cuando lo hizo, llevó a Elyrien consigo y la presentó a sus padres, quiénes de manera bastante poco considerada le dieron las gracias ofreciéndole una abultada bolsa en pago a sus cuidados y la instaron a marcharse. La aprendiz de galeno no pareció tomarse a mal aquel comportamiento y, al contario, sonrió agradecida pero se negó a aceptar el pago, diciendo que en su lugar, donaran aquel dinero al hospicio. - Lo siento – se disculpó Eltharion cuando la acompañó a la puerta. - ¿Por qué? Si no ha pasado nada – restó importancia ella a lo ocurrido al ver la rabia contenida en los ojos azules del gentil y su mandíbula tensa – Cuidaos, y no volváis a salir al bosque en las mismas circunstancias en que lo hicisteis esta vez, la ira no es buena consejera y embota los sentidos – recomendó, amable, para luego salir. A pesar de la advertencia de sus progenitores, Eltharion siguió viendo a la joven apotecaria, yendo a buscarla cuando salía de la botica, visitándola en el hospicio, intercambiando miradas y sonrisas furtivas cuando él estaba acompañando y se encontraban en algún lugar… Compartían pequeños ratos siempre que podían y se contaban al uno al otro todo de sí, hasta darse cuenta de que, de aquellas partes del todo que forman el Universo, dos pequeñas piezas habían vuelto a unirse, y aunque la relación había de ser del todo clandestina, a ellos no les importaba mientras pudieran saber que se tenían el uno al otro. El tiempo pasó deprisa, todo lo deprisa que pueden pasar los años para los que viven centurias. La joven sanadora continuaba sus estudios al tiempo que el primogénito y único hijo de la casa Crimsonlight seguía su guerra personal contra los suyos y, de nuevo a espaldas de su familia, aprendía el noble oficio de la herrería. Como cada noche, Elyrien había cerrado ya la puerta de su casa, que solía estar abierta para que quienes acudían a ella en busca de ayuda pudieran entrar libremente. Un par de golpes secos sobre la madera de la puerta llamaron su atención, pensó que sería alguna urgencia y acudió a abrir. Ante ella estaba el rostro altivo de la madre de Eltharion, quien le sonrió y le pidió permiso para entrar. - Buenas noches, querida, perdonad que os moleste a estas horas pero necesito de vuestra ayuda. - Claro, mi señora, lo que necesitéis – asintió ella – Iba a preparar té, ¿os apetece? - Sois muy gentil, pero he de declinar vuestra oferta pues no dispongo de mucho tiempo. Veréis, sé que os seguís viendo con mi hijo – Ante aquellas palabras la sonrisa se desdibujó del rostro de Elyrien, quien se sentía como una niña pequeña a quién le hubieran pillado haciendo una trastada – Sé que le amáis realmente y precisamente por eso estoy aquí – Un pequeño rayo de esperanza pareció iluminar los ojos de la aprendiz quien pensó que quizá los padres del muchacho habían entrado en razón – Si realmente le queréis, no querréis ser culpable de que su futuro se trunque, ¿verdad? Eltharion tiene ante sí una carrera política que podría ser más que notable, pero si abandona todo eso ahora ¿qué le espera? ¿Deslomarse arando un campo? ¿Trabajar de sol a sol por un sueldo miserable? Sé que le queréis, pero a veces, querida, el amor no es suficiente. - Pero… - Sí, ya sé que sois una buena persona, que sois voluntaria en el hospicio y que la gente de por aquí habla maravillas de vos, pero decidme ¿qué podéis ofrecerle? Os hablo de un futuro prometedor, una vida llena de éxitos, y todo eso se irá al traste si renuncia a ello en favor de una vida humilde – la quel’dorei tomó las manos de Elyrien y la miró a los ojos – Quizá no lo entendáis porque no sois madre aún pero cualquier madre desea lo mejor para sus hijos, y eso es lo que quiero para Eltharion, querida. Apelo a vuestra razón y a la generosidad de vuestro corazón, que sabrá hacer lo correcto. Tras la conversación con Lady Crimsonlight, Elyrien no volvió a ver a Eltharion. Por mucho que él trataba de buscarla en los sitios que solía frecuentar, ella variaba sus rutinas para no coincidir, hasta que un día volvieron a encontrarse, y aunque al principio ella no soltaba palabra e inventaba excusas difusas finalmente tuvo que claudicar y contar la verdad. Ese mismo día, y tras una fuerte e irreconciliable discusión con sus padres que culminó con la amenaza de ser desheredado si continuaba en su empeño de no seguir los planes designados para él, Eltharion se mudó a la pequeña casa de la aprendiz. - Me hubiera gustado darte esto en otras circunstancias – dijo él con aire afligido mientras tomaba una caja alargada de entre las pocas cosas que había traído y se la entregaba. Al abrirla, Elyrien encontró un precioso y delicado vestido de color blanco y dorado bordado en hilo de oro. - Es…. lo más bonito que he tenido nunca – sonrió con los ojos algo empañados por la emoción pues no era alguien de darse muchos caprichos y, aunque la ropa era una de sus pasiones y había aprendido a coser para hacerse la suya propia, su salario no le permitía hacer grandes desembolsos para estos menesteres. - Te equivocas, lo más bonito que tienes, siempre estará aquí – respondió él poniéndole la mano sobre el corazón. La apoteca estaba a punto de cerrar, Elyrien barría el suelo para dejar todo listo para abrir a la mañana siguiente cuando se escuchó un griterío afuera. - ¿Qué ocurre, Elyrien? – preguntó el boticario asomándose desde la trastienda - ¿Es algún altercado? - No lo sé – dijo abriendo la puerta y saliendo fuera para comprobarlo in situ. Al hacerlo vio a algunas personas correr calle arriba diciendo cosas inconexas, hasta que preguntó a un quel’dorei que pasó junto a la botica. - ¿Qué es lo que ocurre? - Dicen que la defensa de los monolitos se ha roto – contó con apremio el elfo. - Pero eso es imposible – dijo el boticario, que acababa de salir para enterarse de la noticia, negando con gesto incrédulo. Entonces se oyó un siseo en el cielo, y una estrella fugaz de color negro dejó una parábola bruna a su paso. Los ojos de los tres quel’dorei que estaban hablando siguieron el recorrido de aquel meteoro y observaron horrorizados cómo lo que parecía ser una concatenación de cadáveres descompuestos y unidos entre sí por algún tipo de magia oscura se estrellaba contra una de las torres de la biblioteca dejando tras de sí un agujero que hizo que la construcción se estremeciera. Entonces... se desató la vorágine. La gente de Lunargenta, confundida, se echó a la calle para comprobar cómo un sinfín de proyectiles oscurecían la tarde. Nadie sabía a ciencia cierta qué es lo que estaba pasando pero el caos se desató en poco tiempo en la ciudadela a medida que las construcciones y las calles iban quedando reducidas poco menos que a escombros salpicados de los restos putrefactos de los cadáveres con los que estaban siendo bombardeados. El boticario cogió por el brazo a Elyrien y tiró de ella hacia dentro del establecimiento pero entonces un joven elfo llegó gritando el nombre de la gentil. - Lady Elyrien – la llamó por el título de cortesía por el que solían referirse a ella en actitud de respeto y gratitud por el trabajo que desempeñaba cuidado de su prójimo – tenéis que venir conmigo a la sala de curas, aquello es un caos, hay muchos heridos, los sanadores no dan abasto –apremió con gesto angustiado. - Ni hablar, no es seguro, lo mejor es encerrarse y esperar – negó el apotecario. - Tampoco es seguro encerrarse, mi señor – dijo con la cortesía largo tiempo aprendida con la que solía tratar a todo el mundo – y además mi sitio está con los que me necesitan – y asintió al elfo, quien echó a correr alejándose seguido por ella. El panorama en la sala de curas era espeluznante, los heridos no paraban de llegar y se amontonaban en las tres salas disponibles mientras los sacerdotes trataban indiscriminadamente a los que iban llegando viéndose sobrepasados por la situación. Por todos lados se escuchaban gritos de angustia y dolor, y peticiones de auxilio. Elyrien caminaba por entre quel’dorei malheridos, muertos, y mutilados mientras el sonido de los derrumbes y los gritos de terror se filtraban por todas partes. El suelo temblaba de tanto en tanto bajo sus pies y cuando pasó junto a una cama alguien le agarró de la manga del vestido y dio un tirón seco, desgarrándole las costuras del hombro. - A…Ayudadme…. por piedad… – pidió un quel’dorei mirándola suplicante. Elyrien bajó la mirada hasta su vientre, totalmente desgarrado y cuyos intestinos eran una masa sanguinolenta más fuera que dentro de su cuerpo. - Tranquilo – le dijo agarrándole con afecto la mano empapada en sangre que el elfo aún tenía aferrada a su manga – Haré que el dolor desaparezca – le sonrió cálida, y rápidamente fue hacia una vitrina de dónde sacó una jeringa y un pequeño frasco con un líquido violáceo. Llenó la cánula con el fluido del frasco y buscó una vena en el macilento brazo del elfo – Ahora dormid, por la mañana os sentiréis mejor – mintió con entereza a sabiendas de que lo que le había inyectado lo dormiría para siempre, y cuando el quel’dorei cerró los ojos ella miró alrededor contemplando la descoordinación reinante que hacía que se atendieran heridas leves y se dejara en espera a los heridos verdaderamente graves. Caminó hacia un elfo con el que había compartido multitud de horas en el estudio de la medicina y le habló con firmeza. - Debemos de separar por gravedad a los heridos, los sacerdotes no pueden curar heridas que no sean realmente de vida o muerte, si no morirá mucha más gente de la que ya va a perecer de por sí. Tenemos que ayudarles– Miró alrededor y vio un escritorio, se dirigió a él entre el tumulto y regresó con dos frascos de tinta, uno negro y otro rojo – Toma, haz una marca en la frente, si está ensangrentada límpiala primero para que la marca se vea con claridad, roja a los graves, negra a los que ya no se pueda hacer nada por ellos. - ¿Vas… vas a dejar morir a la gente, Elyrien? – la miró el elfo como si fuera una hereje. - En situación normal sabes que no daría a nadie por perdido, Phaeron, pero estamos ante una situación extrema. - Yo… yo no puedo hacer eso… no puedo decidir quién vive o quien muere – negó mientras recibía en sus manos los dos frascos de tinta. - Tú no decidirás nada, otros ya lo han hecho por ti. No te sientas culpable, estarás haciendo lo correcto, podremos salvar más vidas si priorizamos – puso su mano sobre la de él y la apretó suavemente para infundirle valor, asintiendo - Di a alguien que te ayude a agrupar a los heridos por las marcas, los que no sean graves que los pasen a esta sala y les trataremos aquí, los que estén graves que los pasen a la sala de al lado, yo avisaré ahora a los sacerdotes y habilitaré una sala para los desahuciados – y sin decir más se marchó para comenzar con su parte de la labor La tarde agonizaba entre gritos, dolor y muerte, y las noticias que iban llegando eran cada vez más funestas. Se decía que la Plaga recorría los bosques de Quel’Thalas, que la general Sylvanas había caído, y que la organización de forestales y magos no sería ya suficiente para detener al ejército cuyo objetivo, al parecer, era la Fuente del Sol. Elyrien operaba de urgencia a una quel’dorei embarazada para poder salvar al bebé ya que el corazón de la madre apenas si latía. Entonces el suelo tembló de nuevo, y una grieta en el techo avanzó como un rayo negro dibujado sobre firmamento blanco. - ¡Cuidado, el techo va a caer! – advirtió alguien, pero la quel’dorei hizo caso omiso y continuó con su tarea, ya faltaba poco, sólo tenía que cortar la bolsa y sacaría al pequeño. - Ya casi está – se dijo a sí misma en un susurro, pero cuando iba a deslizar el bisturí sintió cómo alguien la agarraba por los hombros y tiraba de ella hacia atrás cayendo ambos al suelo justo a tiempo para que los escombros que cedieron del techo al hundirse parcialmente no la aplastaran – ¡¡¡No, no, no!!! – gritó al comprobar cómo los cascotes habían cubierto casi por completo a la parturienta a su nonata progenie. - ¡Elyrien, ya no puedes hacer nada, tenemos que salir de aquí, el edificio amenaza con derrumbarse! – le dijo Phaeron con premura, a lo que ella se levantó y caminó desesperada por entre las camillas y las gentes agonizantes. Las paredes de casi todas las salas tenían grietas que las recorrían como venas oscuras que con cada pulso se hacían más extensas, Elyrien entró en la estancia donde habían colocado a los cadáveres y se apoyó en la pared dejándose resbalar hasta que se sentó en el suelo llevándose las manos a la cara, y por primera vez se permitió el lujo de desfallecer sollozando desesperada hasta que poco a poco recobró la compostura y sacudió la cabeza negando, se pasó las manos por las mejillas, ensangrentándolas, para retirar las lágrimas y se puso en pie, carraspeando ligeramente para volver a sacar fuerzas de flaqueza y dirigirse una vez más a la enfermería. - ¡Hay que evacuar!, ¡han entrado en la ciudad! – se oyó a alguien decir mientras entraba como un vendaval en el dispensario, pero no bien hubo dicho estas palabras cuando un siseo se abalanzó sobre el edificio y ante la explosión de sombras negras las paredes terminaron por ceder. Cuando recobró la conciencia el sonido sereno de la que había sido una ciudad tranquila y asombrosamente bella era ahora una amalgama de explosiones, gritos de pánico, y un zumbido incesante. Las columnas de humo negro se alzaban por doquier y una bruma verdosa avanzaba por entre las desdibujadas calles de la ciudadela. La quel’dorei se puso en pie y una terrible punzada de dolor le impactó como un dardo haciéndole llevarse las manos a la cabeza. Miró a su alrededor… Sólo había escombros y muerte, y avanzó como pudo para salir de lo que quedaba de la enfermería decidida a encontrar a gente aún con vida para ayudarles a salir de allí. - ¡Elyrien, gracias al Sol! – escuchó una voz familiar que se le acercaba, y sintió un abrazo afectuoso y reconfortante entre todo aquel caos. Eltharion la separó de sí y la observó, con la urgencia de la situación - ¿Estás bien? - Sí… sí… Voy a buscar a la gente que…. - No hay tiempo para eso – negó él, rotundo. - Pero Eltharion la gente nos necesita – le miró incrédula al escuchar de su boca aquellas palabras. - No hay nada que hacer ya, Elyrien, la ciudad se muere entre cenizas y ponzoña, ¿quieres quedarte y perecer con ella o prefieres ver otro amanecer y poder salvar la vida de otros el día de mañana? – apeló el elfo, conociéndola bien, a lo único que sabía que le haría entrar en razón en aquellos momentos. - ¡Ninny! – trató de soltarse del agarre de él, quien la retuvo por el brazo y negó una vez más. - Es tarde para ella, al no encontrarte en la botica ni en casa fui a la suya… – contó con gesto circunspecto – … Parte del techo y la pared había cedido y yacía bajo los escombros. - ¿Pero comprobaste si….? - … Elyrien – le puso las manos sobre las mejillas y la miró a los ojos; no necesitó decir más, ella sabía que si afirmaba aquello era porque lo había comprobado. Eltharion no era de los que huían sin más. Asintió, bajando la mirada y comenzando a llorar amargamente, él le dio un beso fugaz en los labios y ambos echaron a correr, cogidos de la mano, entre muerte y desolación, tratando de alcanzar una de las salidas de la ciudad que aún no habían sido tomadas mientras el cielo nocturno, que siempre había mostrado la tranquilidad de un cielo estrellado, era ahora pasto del humo y el reflejo del fuego y la ponzoña que devoraba la Joya del Norte. . . . - Elyrien…. Elyrien… despierta – una voz masculina y susurrante le hizo abrir los ojos despacio, respiraba agitada – ¿De nuevo esa pesadilla? – la quel’dorei asintió – Vamos, tenemos que prepararnos para partir, Ventormenta dista mucho de aquí – sonrió, le hizo una afectuosa caricia con el dorso de los dedos sobre la mejilla y luego le besó en la contraria, incorporándose del lecho donde estaba sentado junto a ella. Y de aquel modo, la pareja abandonaba la seguridad que les había brindado aquel maravilloso lugar llamado Quel’Danil para enfrentarse, una vez más, a la incertidumbre que despierta el dirigirse a iniciar una nueva vida a un lugar desconocido.
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    Gracias a todos!!! Ya ire subiendo otros que tengo por aqui guardados... como este por ejemplo...
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    - ¡Pescado fresco! El mejor pescado de toda Ventormenta! Con una leve sonrisa, Kiran avanzó por el mercado de la ciudad. Aquella mañana se sentía especialmente bien. Aunque habían tenido todas las cartas en contra, habían logrado rescatar a todos sus amigos. Tenía ganas de ver a la maestra Merúliel, pues era infinito el agradecimiento que sentía por haber rescatado a Eli. Más aquello debería esperar. Conforme avanzaba por las calles de la ciudad, esquivaba a los atareados humanos que con tanta prisa se movían. Se incomodaba cada vez que alguno de ellos le miraba durante unos cuantos segundos de más. Aquellas miradas reflejaban curiosidad, a veces incluso rechazo, y pese a que llevaba años recibiéndolas todavía no se había acostumbrado. Pasó junto a un grupo de chicas de su edad, las cuales no despegaban sus redondeados ojos de él. Sintió como el calor se le subía hasta la punta de sus orejas, y casi por instinto desvió la mirada hacia otro lado. Las leves risillas de las chicas le acompañaron hasta el final de la calle. Avanzó en silencio por el barrio de magos hasta dar con su casa. No, ahora solamente era el hogar de su padre. Ya hacía tiempo que se había marchado a vivir a la residencia de la academia, acostumbrándose a una vida sin las presiones familiares. Visitaba a menudo a su padre, pues era el único familiar que le quedaba con vida. Aunque Elragos Lightwood trabajaba mucho, siempre intentaba sacar algo de tiempo para las visitas de su hijo. Y aquella era una visita especial. Kiran lo sabía, aunque no estaba seguro de porqué. Aquella mañana, nada más llegar a la residencia, le habían entregado una carta de su padre, que le pedía que le visitara con premura. Kiran no se hizo de rogar, y nada más terminó todos los asuntos del día marchó hacía allí. Llamó con delicadeza. Sus orejas fueron capaces de captar el tintineo metálico de algo al otro lado de la puerta. Sonrió. Su padre había pedido hacía ya años que se encantara gran parte de su hogar. Tras unos segundos, la puerta se abrió, pudiendo vislumbrarse el semblante severo de su padre por unos leves momentos, antes de cambiar a una sonrisa. - No esperaba que pudieras venir tan pronto. Adelante, hijo mío. Me alegra que estés aquí. Se hizo a un lado, dándole paso. Nada más adentrarse en el hogar pudo sentir como la alfombra bajo sus pies se movía levemente, limpiándole las suelas de los zapatos para que no dejará polvo. Se desabrocho la capa y la dejó a un lado para que no molestara. Frente a él, con gráciles movimientos, pasó una elegante escoba. Barría con meticulosidad, deteniéndose únicamente cuando el recogedor se acercaba hacía ella para recoger la suciedad. - Kiran, hijo, ven a sentarte. Tenemos mucho de lo que hablar. Como de costumbre, su padre no perdía el tiempo con palabras vacías. Siempre había ido al grano con todos los asuntos, y aquella vez no sería una excepción. Tras tomar asiento, su padre siguió hablando. - El otro día fui a ver a un viejo cliente del barrio Medialuna. Me informó que había estado hablando con un amigo suyo al cual le habían fascinado nuestras joyas. Aquel hombre deseaba hacer tratos con nosotros para poder llegar a vender las joyas en Theramore. Pronto partiré hacía allí para terminar de negociar con él. Permaneció en silencio durante unos segundos, sonriendo. Kiran asintió sin demasiado entusiasmo. - ¿Cuánto tiempo estarás fuera, Ann’da? – Preguntó. - No creo que más de uno o dos meses – Respondió Elragos -Una vez esté todo listo volveré. Esta es una oportunidad que uno no puede dejar pasar. Asintió con pesadez. No le agradaba la idea de que su padre se fuera durante tanto tiempo. Aunque Kiran podía desaparecer fácilmente durante unos cuantos meses, no era lo mismo. Él sabía que su padre estaba allí, y que de requerirlo podría ir a visitarle. Ahora que tenía tantos problemas encima no veía con buenos ojos que se marchara, aunque lo aceptaba. - Pero eso no significa que haya olvidado tu cumpleaños. – Sonrío un poco, tomando a Kiran del hombro – Aunque no podré estar aquí para tu decimoséptimo cumpleaños, sí que tengo algo para ti. En cuanto apartó la mano del hombro de Kiran, las runas arcanas empezaron a danzar alrededor de está. De súbito, una lejana mesa se acercó flotando hasta ellos. Encima de esta reposaba un enorme paquete que había sido cuidadosamente envuelto en papel de regalo. Le alegría se apoderó de Kiran al percatarse de que, como de costumbre, su padre había pensado en todo. Se alegraba de que no se hubiera olvidado de su cumpleaños, que justamente habría caído en las fechas en que él estaría fuera. - Venga, ábrelo – Se río su padre, viendo el semblante de su hijo. Kiran se acercó al regalo. ¡Aquel paquete era enorme! ¿Qué podría ser? Empezó a desenvolver con cuidado. Lo último que deseaba era dañar su contenido. Sin el papel de regalo, la caja seguía sin dar pistas de su contenido. La abrió poco a poco, hasta que una multitud de confetis de colores salieron disparados hacia el techo, convirtiendo la estancia en un ambiente festivo. Kiran, encantado con el encantamiento mágico, volvió a bajar su mirada hacía el contenido del paquete. Con cuidado tomo las telas. Eran duras al tacto, aunque ligeras. Fue entonces cuando se dio cuenta de que se trataba. - Había pensado que –Dijo Elragos, mostrando una leve sonrisa - ya que siempre te estás metiendo en cada lío que te encuentras, el mínimo que podía hacer era asegurarme de que estés lo mejor protegido posible. Es una armadura de cuero élfica. Ligera como una pluma, pero de gran resistencia. Con ella no tendrás problemas para conjurar hechizos. Kiran no salía de su estupor. Contempló los colores azulados de la armadura, palpando la tela. - Es increíble, Ann’da. ¡Gracias! – Dejó la armadura a un lado, y se lanzó a abrazar a su padre. Tras unos segundos, Elragos lo apartó. - Eso no es todo. – Y con otro movimiento de manos, las luces de la estancia se apagaron. Dos pequeñas llamas se acercaron hacía ellos, flotando, hasta que estuvieron lo suficientemente cerca como para contemplar una bonita tarta de aniversario. – Feliz Cumpleaños, Kiran.
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    ~ Reseña: En las altas montañas del Bosque de Elwynn,a pie de un punto de estas,se encuentra una aldea compuesta por 6 granjas,las cuales, fueron heredaras los hijos de los granjeros,por la epoca del ataque defias a ese tipo de terrenos. Remodelandolas por el abandono y volviendo a acerlas funcionales,se ha creado una aldea,muy pequeña,en la cual llevan sus vidad jovenes sin techo,para poder tener uno,y asi pues,aportar a sus vidas y tener una segunda oportunidad de trabajo. Los herederos, trabajan en diversas materias,como sastre,camarera,cocinera,bibliotecaria,herrera y guardaespaldas, desviando parte de sus ganancias hacia la inversion de cierta aldea. Los restantes que no logren obtener un trabajo externo,mientras asi sea,no pediran en la calle,se quedaran en las granjas,labrando tierra,cosechando, recolectando, haciendo tarear de granjero,para el mantenimiento de los mismos. La aldea se compone de las seis granjas,haciendo casi una agrupacion que mantiene una zona central libre,vallada alrededor de estar para marcar sus limites,una modesta valla,echa con los materiales que han ido consiguiendo recopilar y trabajar. Sus metodos se defensa y caza,en cuanto a armas,son compuestos por espadas,hachas y ballestas de baja calidad, siendo recaudadas o compradas de segunda / tercera mano. ~ La aldea cuenta actualmente con: - Dos burros de carga. - 2 Vacas. - Un carro modesto. - 100 gallinas ponedoras. - 10 Gallos - Equipo de arado. [Aumentado en cantidad.] - Zona de cultivos. - Reservas de extrema urgencia,de alimentos y bebidas. [ Mas extras por compras.] - 4 granjas pequeñas totalmente reformadas. - 2 granjas grandes totalmente reformadas. - 2 cobertizos totalmente reformados. - Barricadas en la parte externa de los limites en formas de grandes troncos con la punta afilada. ~ Armeria comunal: - Seis espadas de baja calidad. - Cuatro hachas de baja calidad. - Seis ballestas de baja calidad. - Diez cuchillos de caza. - Dos arcos normales. - Dos hachuelas. - Diez dagas. - Cantidad de municion [ Normal ] ~ Poblacion actual: 19 personas (sin contar a Haimi). Terneros furiosos [2]. Jabalies Hambrientos [7]. Ciervos acechadores [6 + Haimi]. Cuervos silenciosos [4] ~ Edades transcurridas: Entre los 17 y 19 años. [Concepto visual] - Habitantes: - Fallecidos: - OST: - Produccion diaria/semanal/mensual: - Sueldos fijos: - Normativa interna de Hijos de la Aldea: - Offrol [El post se ira actualizando conforme las compras de vayan realizando mediante los pagos mensuales,recompensas de aventuras/eventos u otros tratos.]
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    Buenas a todos, MW: Para mí es un inmenso honor presentarles mi cover de "Me dediqué a perderte", una pieza clásica de la balada pop romántica latina, que me he atrevido a grabar hace ya casi dos meses pero que estuve preparando para hacer pública. aquí se los dejo para que me den su opinión y me apoyen, si les ha gustado, compartiéndolo con sus amigos o todo el que quieran.... ¡Gracias de antemano por escuchar! (por aquí iré colgando otros proyectos que tengo en la caldera, pero para eso hace falta un poquito más de tiempo) (sí, el de las fotos soy yo, por si alguien se lo pregunta xD)
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    Eso es Kiran dentro unos años, casado ya con Sven :3
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    Me voy a animar a colgar a Kiran :3
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    Oh, vaya! Sólo puedo decir una cosa de este topic. Kawaii! Y con ustedes... Allerin. Me encanta! La voy a poner en mi perfil.
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    Pues van algunos Rous sin tatuajes :c Zafiro La bella Altana que poco uso Y por último Farlen Por cierto, otro creador de personajes de este estilo que recomiendo es http://www.rinmarugames.com/playgame.php?game_link=mega-anime-avatar-creator que tiene mayor variedad de accesorios, color de piel (No-racist) y hasta orejitas elficas. Por ejemplo:
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    Me encantan todos vuestros avatares, son preciosos ^Q^ Dejo por aquí una Ciaran n.n
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    Debo decir que las chicas salen 10.000 veces mejor y más cute, pero aquí me hallo con Vann y Sven <3 Vannarel Sven
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    Se veía genial y quería probarlo y compartirlo con ustedes. Aquiles va: Anna: Anadalor: Yope (más o menos): Dicho esto! *Se esfuma en su ausencia*
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    Una Lucero japo :3 sólo que la piel es muy clara ^^
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    Vino una yo. Y luego vino una Rebe.
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    Una versión de Evan ANIMU. (He echado en falta ponerle barba TwT)
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    Dejo por aqui a Haimi y Mithay . ~
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    Ay me encanta Merúliel Ahí va una Eileen salvaje
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    A ver que tal me ha salido una Meruliel
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    ¡Buenas a todos, roleros! venimos hoy anunciando que estrenamos un Servidor de Discord para uso de toda la Comunidad. Para aquellos que no conozcan sobre qué es Discord, la respuesta es sencilla, resulta como una mezcla de Skype + TeamSpeak, pero mucho más liviano, fácil de usar y donde puedes crear tus propios grupos, llamadas de amigos y sumarte a Servidores. Para ingresar al Discord, tenéis que registrar una Cuenta desde su página y es necesario loguear con la misma, igual que se hace con Skype o programas similares. Una vez tengáis la cuenta es recomendable instalar el programa de Discord, el cual está para Windows, Mac y Linux, aunque también se puede acceder a Discord vía web, pero es mucho mejor el programa además de liviano, no causa ralentización como el Skype y otros. Una vez tengáis cuenta y el programa, podéis agregar a amigos como en Skype, crear llamadas y grupos privados con ellos, pero además nosotros hemos creado un Servidor Discord de MundoWarcraft en el cual os podréis juntar para charlar y rolear, además de conocer otros miembros de la Comunidad. Para ingresar al Discord de MundoWarcraft, podéis usar esta invitación: https://discord.gg/sPFkN3Q También se puede acceder a la invitación haciendo clic en la siguiente imagen o desde el Widget que hay en la columna derecha del foro, donde se ven los usuarios conectados a nuestro Discord. Comentar por que los usuarios on-line que marca la imagen o el widget quedan en Caché del navegador, por lo que si se quiere ver en tiempo real quienes están, hay que refrescar el Caché del navegador usando CTRL+F5 (sólo pulsando F5 no funciona, hay que usar la combinación del CTRL). Con ello se obliga al navegador a refrescar el Caché y mostrará los online actuales. Y por último decir unas pocas normas y directrices del Discord: Se entiende que al ser un Chat de Voz, a parte de los canales de texto que hay, lo más atractivo es usar los canales de voz, y por tanto las conversaciones por voz pueden abarcar más fluidez y temas de conversación variados. Recordamos con ello que las Normas de la Comunidad también quedan sujetas al Discord, así que siempre habrá que ser respetuoso en los temas que se traten en el Discord. Mantener siempre una actitud amigable y respetuosa, evitando temas controvertidos. Dicho esto, esperamos que el Servidor de Discord os sea un útil punto de encuentro y charla amena. ¡Saludos!
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    El Ilusionismo – La Ciencia de la magia (por Redyan Lrudre) El Ilusionista Un Ilusionista es un lanzador de conjuros que se especializa en el uso de la Escuela de Magia de la Ilusión, que consiste principalmente en engañar los sentidos de los demás convocando, transformando y manipulando los fenómenos fantasmales, las ciencias ambientales, las ciencias de la lógica, la mente y la percepción de los sentidos. La Ilusión es el arte de engañar la realidad misma. La niebla de la ilusión puede hacer a un mago invisible o inaudible para el mundo o girar la imagen de un lugar en algo totalmente diferente. Las Ilusiones pueden ser utilizadas para la manipulación. La Escuela de Adivinación también otorga nociones del Ilusionismo y para aprender a detectarlas. Conceptos de la mente La esencia del estudio de la magia Ilusoria se basa en unos principios básicos teóricos y científicos. Sin conocer la ciencia teórica, la creación de Ilusiones no sería factible. El primer concepto teórico relevante es la asimilación de que la magia ilusoria se basa en la manipulación de la mente. Todo lo que vemos, la conciencia y el subconsciente. Por ello es una base fundamental estudiar el funcionamiento de la mente, el raciocinio de la misma. Concepto consciente: aquello que la mente toma por lógica en el razonamiento, es la primera capa de la mente, la más rápida. Concepto subconsciente: aquello que la mente asimila de forma subconsciente, sin una orden de control directa del ser, basado en patrones pre-establecidos, como el respirar. Concepto abstracto: los sueños. Las ilusiones no pueden contradecir esos principios básicos, pues son fundamentales para que la propia mente sea capaz de asimilar una creación, sin quebrantar la lógica, tanto consciente, subconsciente o abstracta, del funcionamiento mental. Al quebrantarse dichas bases, la mente sería capaz de no aceptar el concepto de la creación, desecharla y esta siquiera sería asimilada. Los sentidos Una vez partiendo de esa base y habiendo estudiado acuradamente los conceptos de la mente, podemos proceder a la segunda etapa: los sentidos. Estudiar el funcionamiento más general de los cinco sentidos, es fundamental para el desarrollo de muchos hechizos ilusorios, pues son aquellas reglas que queremos manipular, transformar, cambiar y dar vuelta, el límite es la imaginación. Los cinco sentidos y sus principios básicos alterables: La visión: alteración del entorno visual, colores, formas, desde objetos específicos hasta todo un entorno al completo alrededor. El límite lo hace el conocimiento y poder del mago. La audición: alteración de los sonidos ambientales, entorno, personas, voces, sonidos animales, objetos y/o cosas. El olfato: alteración de los olores que pueden ser percibidos en el entorno, personas, objetos, animales, comida, lugares, zonas específicas. Las alteraciones del olfato suelen ir unidas a ilusiones que alteran otros estados de sentidos. Por ejemplo alterar la visión para hacer ver una comida y asociar el olor. El gusto: alteración del sabor de cualquier cosa, incluso cualquier cosa también realizada mediante una alteración de visión u olfato. Por ejemplo, asignar un sabor a una visión de comida donde previamente también ha sido asignado u alterado su olor. Los sabores que el paladar básico reconoce son: Amargo, ácido, dulce, salado, picante y astringente. El tacto: alteración de lo palpable, personas, objetos, superficies. En la creación de Ilusiones, la alteración de alguno o todos estos sentidos es una base fundamental. El conocer las lógicas que rigen sus principios, desde el estudio mental hasta su asimilación final, puede llegar a ser un reto ilimitado, su fin solo depende del conocimiento y poder que el mago haya adquirido. El uso de componentes, artefactos u objetos, suele ser un requisito indispensable para realizar muchos hechizos ilusorios que requieren la alteración de los sentidos, pueden ayudar al mago a realizar adecuadamente aquello que espera. Algunos objetos o componentes que suelen ser usados en casos: cristales, superficies, beneficios del entorno, instrumentos mágicos, runas, etcétera. Disciplinas del Ilusionismo Se suele clasificar el ilusionismo según diferentes conceptos en función de la distancia desde la que se encuentra el mago de la persona o personas que se verán influidas por el conjuro, su número, localización de la presentación del hechizo, si se utilizan componentes o tipos de efectos. En función del entorno: Disciplina cercana: efectos hechos a corta distancia y con un número reducido de influidos. Pueden ser desde distorsiones visuales, alteración de superficies, objetos cercanos, alteraciones del taumaturgo y/o alteraciones de sentidos que pueden ser percibidos solo estando muy cerca de la ilusión. Para esta disciplina, suelen utilizarse alteraciones visuales perceptibles de cerca, alteraciones del olor o del tacto. Disciplina escénica: efectos a escala perimetral, grandes ilusiones que permiten influir a un gran número de personas, alterando los sentidos que se perciben de un entorno medio-grande. El mago debe estar dentro del perímetro de la Ilusión para poder realizarla. Los hechizos de esta disciplina suelen ser de conocimiento avanzado, el mago debe tener un alto conocimiento de la magia ilusoria, para llegar a alterar detalles de todo un entorno, zona y lugar. Algunos magos han llegado a realizar obras magnificas que comprenden hasta el más mínimo detalle de todo un entorno. En función de los componentes: Disciplina rúnica: efectos hechos mediante el uso de la magia rúnica. Posibilidad de crear ilusiones complementando conocimientos rúnicos. Estas ilusiones pueden utilizar los beneficios conocidos por los patrones rúnicos en las Líneas Ley y sus propiedades, para formular ilusiones. Es posible realizar algunas de dichas alteraciones mediante otros conocimientos no-rúnicos, pero la magia rúnica abre un abanico muy poderoso en la creación de hechizos. Los patrones rúnicos son: conciencia, bestia, llama, escarcha, curación, movimiento, restauración, blindaje, piedra, tormenta y llamativo. Disciplina con objetos: efectos hechos mediante el uso de objetos variados, armas, polvos mágicos, cristales y cualquier utensilio que un mago puede adquirir. Existe un sinfín de objetos mágicos capaces de ser usados para la creación de ilusiones. Disciplina elemental: efectos hechos mediante el uso de factores ambientales elementales, existentes en el lugar donde se creará la ilusión. Agua, fuego, humo, hielo, viento, niebla, luz artificial, solar o lunar. Es posible alterar o utilizar a beneficio propio dichos factores para manipular la mente, o mejor dicho, la asimilación básica de lo que se quiere mostrar en la ilusión. Cambiar principios básicos asimilados por la mente, como por ejemplo, un fuego existente que se propague alrededor o por una zona concreta, ventiscas o estancamiento del aire, dando una sensación de claustrofobia. Los hechizos pueden ser muy variados, pero el factor fundamental de esta disciplina es que el principio del efecto elemental, debe existir en el entorno y ser visto por la persona o personas que van a ser influidas por la ilusión. Es posible crear elementos sin su existencia, pero eso compete a otra disciplina más avanzada, que se explica más abajo. En función de los tipos de efectos: Disciplina sensorial: esta disciplina comprende aquellas ilusiones que afectan la parte emocional de la persona o personas influidas bajo el hechizo. Su creación base dependerá de un conocimiento de la persona o personas a las que se les influirá. Puede ser desde infundir temor mediante la audición de un sonido, infundir risa, tristeza, belleza, amargura, desesperación. No es una disciplina que guste a los maestros enseñar, pues es fácil caer en el mal uso de esta, pero es una disciplina necesaria para realizar inclusive conjuros perimetrales de distintos tipos y otros más sencillos e inofensivos, después de todo, casi cualquier ilusión que se cree, se espera que cause alguna sensación, sea agradable o desagradable, para el “espectador” de la misma. Disciplina de celeridad: comprende ilusiones que se basan en efectos de movimiento, normalmente movimientos acelerados o rápidos. Pueden ser agitar manos, infundir el creer ver el desplazamiento de un objeto o persona. Es posible incluso crear sensación de terremotos, movimientos violentos del aire. Disciplina mental: es la disciplina en la que se utiliza más los conocimientos de la mente y psicología, ya mencionados antes. Infundir visiones creadas por el mago, efectos de telequinesis, alteración de la realidad visual, formas, distorsión. Dentro de esta disciplina entra la maestría abstracta. Disciplina de escapismo: efectos los cuales su principal objetivo es escapar. Soltarse de algún objeto, juego de luces, espejos, sombras, desapariciones. Pueden utilizarse en base a objetos, entornos perimetrales o en base al mismo mago para desaparecer o hacerse invisible a ojos de los demás. Tipos de efectos En esencia se puede afirmar que existen los siguientes tipos de efectos básicos en la creación de ilusiones: Efectos de producción: aparecer algo o alguien de la nada. Efectos de desaparición: desvanecer algo, alguien, un entorno, zona o uno mismo. Efectos de transformación: transformar algo en otra cosa, deformación, distorsión. No necesariamente el objeto o persona, también puede ser un color, la forma. Efectos de Restauración: restaurar algo roto o dañado. Efectos de teletransportación: transportar u mover algo de un lugar a otro, de una forma imposible. Efectos de levitación: suspender algo en el aire, simular ausencia de gravedad. Efectos de penetración: atravesar un objeto, algo o alguien, con otro, con posibilidad de que se restaure de una forma imposible. No hay que olvidar que otras ramas de magia son capaces de hacer dichos efectos pero en base real, con las ilusiones tratamos de crear un efecto que manipula la asimilación de la realidad y los crea, a pesar de no ser reales en sí mismos. Hechizos y Conjuros Hechizos conocidos: Invisibilidad (Nivel Medio-Alto): El hechizo de Invisibilidad es un conjuro mágico ilusorio de la Rama Arcana, utilizado por los magos en la actualidad. Esta habilidad es capaz de nublar la percepción de los demás para que no reconozcan la existencia física del taumaturgo. El individuo que se vuelve invisible, no puede realizar ninguna tarea como atacar, manipular algo o conjurar otro hechizo mientras mantiene la Invisibilidad en sí mismo. En caso de que el taumaturgo interactúe con su entorno en cualquier modo más agresivo que el simple movimiento, la Invisibilidad será disipada y su forma física será revelada. Esta regla no se aplica si se hace invisible un objeto u algo estático. Tecnicismo: Crea un campo mágico alrededor de uno mismo o una persona que impida el paso de la luz. Por lo tanto, la gente simplemente verá directamente a través de la persona invisible. Sin embargo, cualquier intento de atacar o lanzar otros hechizos, mientras se está invisible, hará que la invisibilidad se disipe. Lore: En la historia de su creación, originalmente fue un hechizo creado y empleado por los clérigos. Antaño se utilizaba como una herramienta para hacer la confesión de los secretos que pesaba sobre las almas de los infieles. Los clérigos de la Abadía de Villanorte encontraron muy útil esta habilidad para ayudar a los ejércitos del Rey Llane para librar a Azeroth de los Orcos. Conjuro originalmente obtenido de los tomos sagrados rescatados de los escombros de la Abadía de Villanorte. Este hechizo ilusorio ha vuelto al uso generalizado desde los días de la Segunda Guerra. Reflejo exacto (Nivel Alto): El hechizo de Reflejo exacto es un conjuro mágico ilusorio de la Rama Arcana, que permite emular en un alto control y maestría de las disciplinas, efectos, conceptos y sentidos, para simular una o varias copias del taumaturgo que lo conjura. Es posible emular objetos y otros seres, pero el hechizo más elevado y potencial es el de emular la propia persona, con posibilidad de llegar a crear más de una copia de uno mismo, realísticamente con el mismo aspecto, olor, movimiento y básicas capacidades. Magos de prestigio y alto nivel son capaces de realizar este conjuro emulando dos o más imágenes de sí mismos que también son capaces de conjurar hechizos ofensivos de forma simultánea. Mientras el mago mantiene las imágenes reflejo en acción, no puede conjurar otro hechizo defensivo ni ofensivo, pero sí puede hacer que lo hagan las propias imágenes de sí mismo. Magos Ilusionistas Magos conocidos en el uso de la Escuela de Ilusionismo: Myranda la Fada Jandice Barov Notas Finales Estos textos comprenden las bases esenciales para el mago que desea aprender la Escuela del Ilusionismo. Mediante dichas bases se puede profundizar, crear y manipular hasta límites insospechables. Es sabido que el límite de la magia ilusoria es la propia imaginación creativa del mago utilizando estas bases como partida de inicio, el resto lo pone el alcance de su conocimiento y adquisición de poder. Hay que matizar también que es una Escuela de Magia de índole muy analítica, estudiosa, observadora y no especialmente ofensiva, aunque eso último puede depender del uso que se le dé. El factor más principal que la define, es el estudio de las propias ciencias de la física, fenómeno, psíquica, y las fuentes de torrentes mágicos. <<Compendio escrito por Redyan Lyrudre>> Algunas Notas Off-Rol: Lok'lira la Vieja Bruja es una Illustionista Vrykull de Las Cumbres Tormentosas, Rasganorte, que usa la Magia Rúnica para crear sus ilusiones. Los Ropajes del Ilusionista es un Set de armadura para los magos hecho a mano por los Trols de la Tribu Zandalar. Algunos magos Zandalari se conocen como ilusionistas. Este texto, composición y escrito ha sido recopilado y redactado por mí, no doy consentimiento de que sea usado fuera de MundoWarcraft... Referencias varias de: Magic schools - Wowpedia - Your wiki guide to the World of Warcraft The Schools of Arcane Magic - Illusion - Wowpedia - Your wiki guide to the World of Warcraft Ilusionismo - Wikipedia, la enciclopedia libre Invisibility - Wowpedia - Your wiki guide to the World of Warcraft Mirror Image - Wowpedia - Your wiki guide to the World of Warcraft Otras Guías de interés: Guía - El Mago (Guía Oficial del Servidor)
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