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Liga del Foro


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Showing content with the highest reputation since 16/11/19 en todas las areas

  1. 8 puntos
    ¡MUY FELIZ CUMPLEAÑOS NATEA! Porque hoy es tu día bonica y mereces ser celebrada por ello. Muchisimas gracias por estar ahí y aguantar mis ponyadas (y el robo de comida). Eres una persona magnifica y siempre me sacas alguna sonrisa. ¡Muchisimas felicidades @Natea! n_n
  2. 8 puntos
    Ya sabéis, para que no se canse de tanto estar de pie. -Badum tss- EL CASO... ¡Hola a quienes ya me conocían y a quienes no me conocen! Espero que estéis todos bien, aunque quizás algunos no me reconozcan. Eso lo hará más divertido. Con todo ésto, no tengo mucho que decir. Os va a tocar volver a aguantar mi presencia y mi humor exquisito con grandes dosis de rol intenso de por medio, eso desde luego. Me muero de ganas por volver a rolear con multitud de gente y ver qué tal han avanzado vuestros personajes. Y cómo no, aprovechar y conocer a los nuevos. ¿Qué más decir? Creo que las palabras sobran. ¡Nos vemos dentro!
  3. 7 puntos
    Bueno, antes que nada, algo sencillito ya que estas cosas no van mucho conmigo, soy mas de pasar desapercibido jejejeje. Hace algún tiempo, meses, un año ya (creo) que había dejado de rolear y dejado todo de lado, cosas personales, etc... El caso es que me ha picao la vena rolera de nuevo e influenciado por el buen @Rocco he decido probar de nuevo el rol, a ver si esta vez duro algo mas de tiempo. Con algunos nuevos proyectos y esperando ser bien recibido, saludos para todos. Ya nos veremos mas a menudo!
  4. 5 puntos
    Muchas gracias a todos por vuestros mensajes y ser tan bonicos
  5. 5 puntos
    El viento aullaba a través de la ventana abierta, meciendo las cortinas cual espectros al amparo de la oscura noche sin luna que teñía la cúpula celeste de luto, reclamando las vidas que iban a ser segadas. La cama, en la pared opuesta a la ventana, se encontraba deshecha, las sábanas estaban parcialmente por el suelo junto a una almohada ligeramente desplumada, manchada por el charco de vino sobre el cual se encontraba. Una copa volcada yacía junto a la mesita de noche del lado diestro de la cama, agrietada en uno de sus extremos, y el contenido se mezclaba más adelante junto a la sangre del cadáver de una mujer desnuda, cuyos hilos de sangre provenientes de nariz, ojos, boca y orejas, creaban delgados ríos carmesí que se dispersaban a pocos metros del cuerpo. El hombre jadeaba y sollozaba, confuso, atónito, aterrorizado mientras el frío filo de la daga presionaba peligrosamente contra su cuello. Los muslos del hombre chorreaban; se lo había hecho encima cuando tras la confusión de la repentina muerte de su amante, dos ojos azules habían resplandecido en la oscuridad de la habitación, delatando la posición de la asesina, quien ahora se encontraba frente a él, presionándole contra la pared y obligándole a mirar la máscara que portaba. - ¿P-por qué? - Alcanzó a decir él, que apenas se atrevía a tragar saliva por si el afilado filo del arma penetraba en su piel. - ¿Por qué? - Sonrió ella, acercándose al oído para acariciarlo con su aliento.- Porque el mundo no es justo. La vida no es justa...-dijo.- Juria te manda recuerdos...- Susurró entonces con una frialdad equiparable a la del acero que no tardó en rebanar el cuello del individuo. Él abrió con fuerza los ojos, comprendiendo. La observó con pavor mientras se llevaba ambas manos a su cuello, tratando de aferrarse a la vida que se le escapaba a raudales a través de aquella herida… pronto cayó al suelo y las convulsiones se fueron apagando, al igual que sus jadeos ahogados en sangre, muriendo a los pies de Eileen; como muchos otros lo habían hecho antes… como muchos otros lo harían después. Se arrodilló y limpió la sangre de la daga en la almohada manchada de vino envenenado, luego observó a la mujer. Ella no tenía culpa de nada, tan solo de haber aparecido en el lugar equivocado en el momento equivocado, de juntarse con quién no debía. Eileen le cerró los ojos que aún permanecían abiertos, con las venas marcadas en una mirada vacía que se perdía en las enrevesadas sombras de la noche, aquellas que habían presenciado su muerte y que ahora acunaban su cuerpo. Ricfrid había sido su objetivo desde hacía dos semanas. Tiempo en el que estuvo estudiando a su víctima desde que salía el sol hasta que se ponía. Lo había seguido a todas partes, había sido su sombra, un espectro. Había estudiado su comportamiento, los lugares que frecuentaba, la gente con la que socializaba y lo más importante: sus hábitos. Ridfric era un putero adinerado que había perdido a su mujer hacía una década, el hombre rondaría los cincuenta y pocos años y era un habitual en el prostíbulo del puerto de Ventormenta, estaba cerca de su negocio e iba siempre que terminaba su jornada. Eileen había tenido que infiltrarse como una de las cortesanas para seguirle y buscar una oportunidad para conseguir lo que quería. Fue en el prostíbulo donde se percató de que el hombre detestaba el vino, pero que sin embargo siempre invitaba a sus “compañeras de cama” a un par de copas antes de proceder al acto, todo un caballero. Y allí fue donde ataviada en sedas, tropezó y derramó una bebida sobre la camisa del hombre para desviar su atención, y quitarle la llave de su casa de la parte interior de la chaqueta: El lugar donde le había visto guardarla cada mañana al salir de su casa. Aguardó una semana antes de introducirse en la vivienda. Una semana en la que le dio tiempo al hombre a olvidarse de que había perdido la llave seguramente en algún lugar de la ciudad, y que nadie sabría qué puerta abria. Cuán equivocado estaba de pensar aquello. Esa noche se había traído compañía a casa, como cada día libre que tenía. Cuando no trabajaba prefería la intimidad de su casa y una noche pagada al completo con una cortesana de lujo. A sabiendas de aquello, Eileen había comprado una de las botellas de vino que usaba Ricfrid, y la hubo intercambiado aquella misma mañana, cuando el hombre había salido a jugar a los dados con su grupo habitual. Había aguardado hasta llegada la noche y esperado a que el veneno eliminase al estorbo que iba a suponer la mujer. Ella no merecía morir por el acero de sus dagas. Eileen observó los cadáveres y la sangre que teñía el suelo de rojo. Tomó aire y se quitó la máscara para que el viento que atravesaba la ventana acariciase su rostro al completo. No sentía lástima por ellos, ni siquiera por la mujer. No merecía morir, aquello era innegable, sin embargo cada quién se busca su propia suerte, o eso creía Eileen, y sin saberlo, la mujer había pasado a ser el peón en un tablero en el que no había lugar para ella. El juego había terminado. Puso rumbo a la ventana, evitando pisar los charcos de sangre cuyos brazos eran cada vez más extensos. Se encaramó a la misma y respaldada por las sombras trepó bajo la negrura de la noche, en silencio hasta llegar al tejado. Se acomodó la capucha y tomó asiento en el borde, dejando sus piernas caer y meciéndolas con calma mientras observaba el mar y el ruido de las olas romperse contra los muros del puerto, siendo la única fuente de sonido. La brisa marina era agradable y la humedad más que palpable, sin embargo una voz rompió aquella calma. - Eres más rápida de lo que recuerdo. Eileen no se tensó, tampoco se sorprendió. - ¿No tenías mejores cosas que hacer, Kaz?- Preguntó, sin desviar la mirada del horizonte, donde las estrellas se fusionaban con la mar. - Esta noche tenía poco de lo que ocuparme.- Indicó, acercándose y tomando asiento junto a ella, tratando de seguirle la mirada hacia la lejanía.- Y Donovan me había comentado acerca de lo que estabas tramando, quería ver cuánto habías mejorado. - ¿Satisfecho? - Es posible…- Dijo mientras se dibujaba una carismática sonrisa en su rostro.- ¿Por qué él?- Preguntó, curioso. Ella dejó escapar un pequeño suspiro y apoyó las palmas de las manos sobre las tejas, reclinándose un poco hacia atrás, lo suficiente como para poder ver a Kaz a su izquierda. - Era una persona deleznable... - La caridad nunca ha sido una de tus virtudes. - No fue la caridad lo que me impulsó a aceptar el trabajo. - ¿Una buena paga? - La miró. - No…- Meditó esa respuesta un par de segundos.- En parte, pero no. - ¿Entonces? - Su hija.- Indicó tras un suspiro.- Las maltrataba a ella y a su madre cuando era una infante, y cosas peores. Iba a cambiar el testamento. Cuando me contrató…-Dijo, mientras sacaba la llave que había robado hacía ya una semana, mostrando seis dígitos impresos en ella.- me dijo que su padre era muy olvidadizo, y tenía la combinación de su caja fuerte grabada en su llave. - ¿Y había algo más de interés aparte del nuevo testamento? - Libros de contabilidad de su negocio y una dorada.- Explicó, dando un leve toque a una bolsita que colgaba de su cinto. Luego le observó con más detenimiento.- No has venido a ver si había mejorado, ¿verdad? - En absoluto. - ¿Qué ocurre? Kaz subió uno de los pies al tejado y dejó el otro colgando, apoyó su antebrazo en la rodilla y paseó la mirada por las calles vacías. - Me gustaría que volvieras a ser mi araña. Eileen crispó los labios durante un mero instante. Su araña… Lo fue en un pasado, era una forma elegante de camuflar las palabras “espía” y “asesina” en una sola. - Tienes a Miryam y a un montón de candidatos que seguro que matarían por ese puesto… - Eileen, sé que tienes mucho encima con lo de los Jefferson, yo también estoy moviendo hilos, ya lo sabes.- Indicó, dirigiendo la mirada hacia ella.- Fuiste un efectivo muy importante para nosotros. Muchos no comprendieron los motivos de tu marcha tras lo ocurrido, pero no te odian, aún sienten respeto… han pasado unos años y algunos aún hablan de ti, ¿sabes? Ella suspiró de forma pesada y se pasó ambas manos por el rostro, inclinándose de nuevo. - ¿Y qué es lo que quieres que haga, Kaz?- Lo miró, arrugando parcialmente el gesto. - Mírate…- La señaló vagamente con un gesto de la mano que reposaba sobre su rodilla.- Surgiste de la nada, Eileen. Pasaste de ser noble a esclava, de esclava a mendiga, de mendiga a ladrona… y ahora eres una de las más reputadas en tu campo. Y lo has hecho sola. - No lo hice sola.- Replicó frunciendo el entrecejo.- Cassian y tu… Kaz la interrumpió. - Nosotros te dimos los medios… pero tú forjaste tu propio camino. Cualquiera puede recibir una espada y que le enseñen a usarla… Pero no todos son capaces de hacerse un nombre por ello, la mayoría acaban como meros mercenarios o simples soldados a las órdenes de otros, sin cuestionarse para qué utilizan esa espada.- Hizo una breve pausa, observando la hoja quebrada que Eileen llevaba en el cinto, la espada que había pertenecido a Cassian, su hermano.- Tengo entendido que incluso partiste hacia el norte, a la caída del Destructor. He oído las cosas que hiciste, y no soy el único… la gente te necesita, Eileen. Eileen no pudo evitar dejar escapar una risa seca, apagada. - ¿Y qué les enseño, Kaz? ¿A dormir con un cuchillo bajo la almohada todas las noches? ¿A instalar siete cerraduras en la puerta de sus casas por si una mafia viene a matarles? ¿A cómo despertarse cada noche por las pesadillas de la gente que van a perder? - Chasqueó la lengua, negando.- ¿Cuántos aprendices novatos tienes, Kaz? ¿Diez, quince, veinte quizá? La mitad habrán muerto antes de terminar los entrenamientos y tras las primeras misiones. - No todos valen para esta vida, Eileen, lo sabes perfectamente. Nadie les obliga a ello y están avisados de los riesgos. Tu, sin ir más lejos estuviste al borde de la muerte en varias ocasiones, incluso llegaste a morir una vez. - No me lo recuerdes… - Olvidar nunca te hará ningún bien. Es esencial recordar tu pasado, tus fracasos, tus derrotas y tus victorias… y aprender de ellas. - Ya no eres mi maestro… no me des la vara con lecciones filosóficas. - Te guste o no, siempre seré tu maestro. No olvides quién eres ni de dónde vienes. Eileen no pudo evitar desviar la mirada hacia su anillo familiar. - Lo tengo más que presente, Kaz. - ¿Sabes qué diría Cassian en estas circunstancias? - ¿Qué? - Que no conviene quedarse tanto tiempo cerca de la escena de un crimen.- Bromeó. Los labios de Eileen se curvaron ligeramente en una sutil sonrisa, y Kaz prosiguió.- Pero lo segundo que diría… es que confía en ti. Y yo también.- Estiró el brazo para colocarlo sobre los hombros de Eileen, de forma casi fraternal.- Sé que duermes con ese cuchillo bajo la almohada para sentirte segura, pero te aseguro que tus enemigos, además de eso, duermen con un ojo abierto y el frío aliento de la muerte erizando el vello de sus nucas. Te temen, Eileen, temen al monstruo que han creado y que ahora no pueden detener… no les devuelvas el favor. Ella frunció los labios, apretándolos y dibujando una delgada y tensa línea entre ellos. - Eres un cabrón al que siempre se le ha dado demasiado bien convencerme de las cosas, ¿lo sabías? Kaz dejó escapar algo similar a una risa. - Por supuesto que lo sé. Y más te vale aceptar mi oferta… tengo a casi una veintena de novatos con la promesa de que “el Espectro” en persona les iba a entrenar.- Se encogió de hombros. Eileen lo fulminó con la mirada. - ¿Y qué ocurriría si me niego? - Me temo que nunca lo sabremos.- Le dio un par de palmadas en el hombro antes de ponerse en pie.- Te veo mañana por la mañana. - ¿Por la mañana?- Alzó la mirada hacia él.- Odio madrugar, ¿recuerdas por qué me quitaste todos los turnos de guardia hace años? Un escalofrío recorrió el cuerpo de Kaz. - Cierto… Con tenerte de un humor de perros una vez al mes me era suficiente. Al atardecer pues.- Indicó, paseando por el tejado y acercándose al borde que daba al patio trasero.- Intenta no matar a nadie durante la primera sesión. - No prometo nada.- Respondió, girándose para ello y no encontrando a nadie allí. Se había esfumado. Negó con la cabeza y se puso en pie, divisando una vez más el horizonte antes de abandonar también el tejado de aquella casa. No tardó demasiado en alejarse del lugar y llegar al conglomerado de edificios, el cual atravesó por los tejados, como era habitual en ella. Varias dudas orbitaban alrededor de su cabeza, no era la primera vez que tenía aprendices, en el pasado había entrenado a algunas personas, y actualmente se encontraba entrenando a Kiran y Runa… Sin embargo acababa de aceptar algo más que ser la maestra de un puñado de novatos, estaba ocupando el lugar que antaño le había correspondido a Cassian, su legado… La espada rota que portaba a la cintura parecía pesar más que nunca mientras se deslizaba de tejado en tejado, ¿daría la talla? ¿sería una buena maestra para tantos novatos? ¿estaría a la altura de lo que Cassian fue en su día? Las preguntas la asaltaban de forma constante, angustiante incluso. Hacía años ella había sido una de esos aprendices, había tenido que aprender a sostener un arma entre sus manos hasta que sus dedos se llenaron de callos. Había tenido que aprender a dormir por turnos de pocos minutos para entrenar el subconsciente y despertarse con el más mínimo sonido para estar alerta, a moverse sin ser vista, a robar, a matar y a engañar, a ser eficaz y letal. Ya había sido la Araña de Kaz en el pasado, sin embargo, ahora era algo a una escala mucho mayor. Se detuvo en uno de los tejados, sintiendo una presión en el pecho que casi amenazaba con expulsar su corazón, las voces de su cabeza se hallaban inquietas, intranquilas. Algunas de ellas con dudas, otras orgullosas, felices y tristes… era un vendaval de emociones, demasiadas al mismo tiempo. Con la mano algo temblorosa se llevó su petaca a los labios y dio tres largos tragos al contenido de la misma, secándose después con la manga. Había convivido con esas voces desde que tenía uso de razón, no era algo que la atormentase, sin embargo no podía evitar preguntarse por qué sentía miedo, ella era Eileen, el Espectro, entrenada bajo las condiciones más duras y superviviente de múltiples encuentros, había conocido a la muerte y había partido hacia el fin del mundo… esto no era nada. Agitó la cabeza y guardó la petaca, sin embargo, en el proceso sus dedos rozaron la empuñadura de la espada de Cassian, todo pareció calmarse en cuestión de meros segundos. La empuñó, deslizó los dedos con delicadeza por la hoja, ofreciéndole una caricia desde el nacimiento hasta la zona astillada donde se había quebrado. Sus ojos se dirigieron a la gema engarzada en la empuñadura, roja y casi con vida propia, podía sentir el fuego latente dentro de ella, un fuego que le insuflaba valor, coraje y esperanza. Acercó la empuñadura a sus labios y besó con ternura aquella gema, colocando después la espada contra su pecho mientras cerraba los ojos. - Tu legado vivirá conmigo…- Susurró al viento, a la noche, a la luna y las estrellas… a su amado.
  6. 4 puntos
  7. 4 puntos
    verga, mamaguevo... a ti hay que picarte torta pa´ que aparezcas -.- pon pa´ la vaca. .i. déjame darle matarile a alejandro, cdtm xDDD (bienvenido nuevamente, papu)
  8. 4 puntos
    welcome primito de rocco :3 Ya nos veremos ingame ^^
  9. 4 puntos
  10. 3 puntos
    Feliz cumpleaños, Natea! Espero lo pases genial con todos tus seres queridos y que disfrutes de un año mas de vida! A Aqui un perrete mono todo emocionado por tu cumple xD
  11. 3 puntos
  12. 3 puntos
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  14. 3 puntos
    Me costo descubrirlo, pero realmente me alegra que estes de regreso! Uno de los primeros Partners de Garlan, que tiempos! jeje Ya nos veremos en Azeroth!
  15. 2 puntos
    japi berdei Naty! que sigas cumpliendo muchos más y que estemos aquí para verlo. ¡GRACIAS POR TU AMISTAD! tu regalo:
  16. 2 puntos
    ¡Feliz cumpleaños! ¡Pásalo en grande, que hoy es el día!
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  21. 2 puntos
    Muchas felicidades!! A pasarla bien en tu día!!!
  22. 2 puntos
    Espero cumplas muchos más wapa y gracias por todos esos buenos consejos me has brindando. ¡Pásala genial en tu día!
  23. 2 puntos
    Bienvenido :^]
  24. 2 puntos
    Heey! Bienvenido! Espero que disfrutes mucho esto del rol, se hace muy entretenido a medida que recorres el camino jeje
  25. 2 puntos
    Waaaasuuuup!!!! Bienvenido seas, espero que te la pases genial y que disfrutes aprendiendo del rol y de Warcraft. ¡Nos vemos In-game!
  26. 2 puntos
    Bienvenido seas! Aqui estamos todos para ayudarte en lo que requieras, y no te preocupes, la mayoria de nosotros por aqui empezamos sin saber nada y poquito a poquito se le va tomando forma a todo. Lo importante es disfrutar del viaje
  27. 2 puntos
    Bienvenido te ayudaré en todo lo que necesites uwu I love u~
  28. 2 puntos
  29. 2 puntos
  30. 2 puntos
    Ha empezado fuerte con los chistes... Mmmmadre mía. XD
  31. 1 puntos
    Miralos, que guapos, joder! Incluso se siente la presencia de Terry en el dibujo XDDD
  32. 1 puntos
    Elisabeth Lavender y Sven Renard después del ataque en su hogar. [DL]
  33. 1 puntos
    Lo cierto es que tu nick me suena mucho, muchísimo Pero no recuerdo exactamente de qué comunidad, por lo tanto... ¿pimienta? Sea como sea, mis más humildes bienvenidas, exijo un buen par de memes frescos a cambio. (?)
  34. 1 puntos
    Memes ar uelcom. Bienvenido seas, Proto!
  35. 1 puntos
    Otro maguete e__e BIENVENIDO SEAS
  36. 1 puntos
  37. 1 puntos
    Bienvenido Proto! Espero que te la pases genial, este es muy buen lugar para rolear! Si vas a ser un magucho de la academia seguramente nos veremos seguido! jejejej (mage empire for the wiiiinnn *_*)
  38. 1 puntos
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  40. 1 puntos
    Al perrete le vas a querer muuuuuucho... *nótese el sarcasmo*
  41. 1 puntos
    Gracias, @Garrakuda! Traigo cosas en mente, sep~ ^^ Gracias también a ti, @Zyan. Aunque ya me puse al día antes de decidir si volver. Es lo primero que hago siempre antes si quiera de saludar o asomar la nariz por algún sitio nuevo.
  42. 1 puntos
    Estás nominado... I'm waiting. YOU'RE NEXT. @Senkarudai
  43. 1 puntos
    La pobre de Ruthie, las que ha pasado y las que le quedan todavía por pasar... XD Y sí que traigo sorpresitas, síp. Ya iréis viendo~
  44. 1 puntos
  45. 1 puntos
    En realidad sabemos que el verdadero dibujo era este.... xD Bromas aparte, una pasada de dibujo, ya me gustaría a mi tener ese talento. #NvidiaAti #EnvidiaInsana
  46. 1 puntos
    El buen Evan, super mamadisimo, como ya bien todos sabemos.
  47. 1 puntos
    Y por ultimo dejo otro dibujo guarro de Vann a cuerpo entero. Ya estuvo bien por hoy.
  48. 1 puntos
    También he hecho a Dunnabar. Andaba ocioso today. A lapiz, bastante guarrete, pero bueno, así no tardo mil horas en hacer dibus :3
  49. 1 puntos
    ¡Bocetillo rápido de Vannarel!
  50. 1 puntos
    IX Las caravanas de desplazados se extendían por toda la campiña, al otro lado del bosque. Los carromatos, cargados con enseres y bienes preciados de todos los tipos, seguían senderos recién abiertos entre las hierbas altas. Una procesión cuyo final la vista no alcanzaba a diferenciar. Venían del sur del Reino, con la esperanza de que las criaturas orcas no alcanzasen la tierra a la que ahora huían. Entre oportunistas que hacían lo posible por vender los pocos bienes que llevaban consigo y familias enteras que lo habían perdido todo, Ethmund pasaba desapercibido. No había soldados franqueando aquella comitiva, ni tampoco milicias o voluntarios. El paso de los hombres estaba totalmente dejado a su suerte, mientras los jóvenes luchaban la guerra a leguas de allí. A Ethmund no le quedaba prácticamente nada de aquello que el anciano hombre le había dado en el bosque pero, su suerte lo hizo toparse con aquella caravana en la que nadie parecía hacer ascos a compartir guisos y sopas con el resto de viajeros, sin hacer demasiadas preguntas. Durante unas horas había seguido el sendero en el bosque, con la intención de encontrar la cabaña que aquel anciano había mencionado y agradecer la comida que le había dado. No obstante, pasado el tiempo, su mente cambó y decidió caminar en otra dirección. Viajó solo unos días más por la espesura de aquel bosque hasta que el trajín de las caravanas llamó su atención en los campos y salió a su encuentro, mezclandose entre los transeuntes, sabedor de que sus recursos pronto tocarían a su fin. Por varios días pudo disfrutar de la compañía de otras gentes y de su hospitalidad. Las caravanas hacían alto cada noche para establecer un breve campamento. Allí se compartía comida, bebida y noticias, como plato fuerte. Ethmund había dejado atrás su espada reglamentaria, en sus últimos días en el bosque, temeroso de que arma tan reconocible delatara su situación. Descubrió que varios otros hombres y mujeres que caminaban con la caravana también tenían una historia turbia, y que muy probablemente unos cuantos de ellos habían abandonado espada y escudo en algún bosque del camino como él lo había hecho. No obstante, los días de calma no duraron demasiado. El campamento aquella noche se había establecido en un claro no muy alejado del camino que llevaba a Vega del Amparo, lugar al que todos los desplazados se dirigían. Los cielos estaban despejados y corría una leve brisa que avivaba los fuegos de las hogueras. El ambiente era apacible ante todo, y Ethmund compartía un estofado con un grupo de tres carpinteros de Andorhal que habían decidido desplazarse por la guerra. Era un grupo variopinto, pues aunque uno de ellos era un lordaeriense, el segundo humano clamaba que había nacido en Alterac, y el tercero no era si no un enano de Forjaz que vivía en Andorhal desde hacía años. Ethmund había vuelto a divertirse con aquel trío. Eran presonas afables y mundanas, con sueños sencillos y ambiciones cortas. Borgulf, el enano, incluso le estaba enseñando el oficio en el tiempo que el viaje les permitía. - No, así no. Mira. – El enano arrebató el pedazo de madera a Ethmund, con una sonrisa paternal, y comenzó a retirar sobrantes con su propia herramienta, de forma exquisita. Orgulloso, mostró el acabado al muchacho -. ¿Eh? ¿Lo ves? Tienes que hacerlo con más cuidado, y más natural. Ethmund tomó la madera de nuevo, de manos del enano y sonrío a este, asintiendo a sus palabras. - Aún no tienes manos de carpintero. – El enano rió sonoramente, tomando una de las manos del chico en la suya, notablemente más pequeñas -. Pero te saldrán, descuida. La práctica lo es todo, y vas por muy buen camino. - Vas a hacer de él todo un tallador, Borgulf. – comentó jocosamente el lordaeriense, sentado al otro lado de la hoguera -. - Hacemos lo que podemos, Lucius. – la respuesta del enano fue en el mismo tono alegre, mientras miraba al humano -. Si el chico puede dejar esta caravana con algo aprendido, eso que se lleva. Y nosotros nos llevamos una buena amistad, ¿no es así Ethmund? El muchacho asintió al enano y volvió a la tarea que se le había encomendado. Golpeteaba el pedazo de madera con la herramienta, concentrado. Aquella tarea le estaba ayudando a dejar su mente en blanco y olvidar acciones pasadas. Un trabajo mundando y sencillo como aquel le hacía sentir libre y realizado, más incluso, le hacía sentir que estaba limpiando sus malas decisiones. Algunas voces disconformes se alzaron en el campamento, de aquí y allá. No eran gritos, pero eran algunas discusiones. Los dos humanos comenzaron a mirar alrededor, intrigados, mientras Borgulf ocupaba con cuidado que el estofado no se quemase. Unos cuantos pasos, pesados, se acercaban a la posición del grupo, indiscutiblemente. Ambos humanos se levantaron de sus improvisados asientos. Cinco soldados ataviados con armadura y armas llegaron al lugar, observando al pintoresco grupo. El enano dejó de cuidar de la cena y se giró también a la escuadra, adelantando unos pasos hasta situarse a la altura de sus dos compañeros. Ethmund quedó clavado en el sitio y tragó saliva. Nunca en los últimos meses había sentido la presión que se estaba apoderando del mismo en aquellos momentos. Sintió el impulso de correr, pero habría sido en vano. Reconoció en sus adentros que su única oportunidad en aquella situación era jugarlo todo, de nuevo, a la suerte y esperar que aquellos soldados no estuviesen allí por él. - Buenas noches. – dijo el que parecía el superior del grupo. Su voz era extraña, como la de aquella persona que reprime un impulso. Algo no natural. Su mirada se clavó en la de los humanos presentes, observándolos -. Estamos en busca de desertores de las filas. - No hay soldados aquí, oficial. – Borgulf respondió mientras cruzaba sus brazos, observando por el rabillo del ojo como Ethmund había detenido completamente su tarea en la madera ante aquellas palabras. - Solo carpinteros, venimos de Andorhal. - No hay soldados. – repitió el oficial, avanzando dos pasos hasta la pareja de hombres que estaban con Borgulf, pareció ignorar la presencia de Ethmund, como si no fuese lo que buscaba -. Nombre, edad, oficio y lugar de nacimiento. - Lucius de Rem, 32 veranos, carpintero, Costasur. – enumeró, observando al oficial sin temor alguno en los ojos -. - ¡Tu también chico! – gritó el oficial hacia el muchacho, de improvisto, mientras señalaba al alteraqui -. Tú. Ethmund dió un respingo y su cuerpo se tensó completamente. De nuevo su instinto lo instó a correr, a huir de allí. No obstante, pudo sentir como la mirada de Borgulf estaba puesta sobre él, y se levantó, acercándose a la posición del enano mientras el alteraqui respondía a la pregunta. - Dillon Verus, 30 inviernos, carpintero, Alterac .- enumeró también el hombre, igual de calmado que su compañero -. Tras del oficial, los otros cuatro soldados giraron la cabeza para mirar a Dillon instintivamente, al unísono. El propio oficial hizo lo propio y se acercó lentamente a apenas dos pasos de Dillon, observándolo tras del yelmo. - Alterac. - Si, señor. – reafirmó Dillon -. De Alterac. Tanto Ethmund como Borgulf observaron entonces a Dillon y los soldados. Una calma chicha se apoderó del ambiente. Nadie dijo nada, ni un sonido. Entonces, el oficial al mando echó la cabeza apenas un palmo para atrás y golpeó la frente de Dillon fuertemente con la cabeza, forrada en el yelmo. El alteraqui gritó de dolor y se llevó las manos a la frente, dando varios pasos para atrás mientras se doblaba sobre si mismo. Lucius corrió a socorrerlo, inclinandose a su lado mientras lo tomaba de los hombros. - ¡Que diablos crees que estás haciendo! – Borgulf se separó de Ethmund e interpuso entre los dos hombres y los soldados, señalando con su gruesa mano al oficial. - Ya te hemos dicho que somos carpinteros. - Apartate enano, esto no va contigo. – El hombre hizo un gesto con la mano a sus inquietos soldados, que avanzaron junto a él, hacia la posición de Dillon-. - Y una mala cabra que me aparto. – Lejos de hacer caso a la orden del soldado, Borgulf se plantó en el sitio con gesto pétreo-. Uno de los soldados golpeó con el dorso del guantelete al enano, a su paso, haciendo recular a este. El barbabronce, lejos de achantarse, se avalanzó sobre el soldado con un grito de malas pulgas. Hubo una pequeña trifulca en el momento a la que se sumó también Lucius. Ethmund observaba sin palabras mientras su instinto lo obligaba a ir reculando, alejándose de la situación. Cuando la trifulca terminó, Borgulf miraba sorpendido el rostro semioculto tras su yelmo de uno de los soldados. Su espada reglamentaria, undida en el bazo del enano, comenzó a relucir en rojo cuando el grueso cuerpo se deslizó hacia atrás y cayó de espaldas al suelo. Los soldados miraron a su semejante con la misma sorpresa, pero nada hicieron para reducirlo o juzgarlo. Ethmund, arrancado de súbito de su plan de huida observó estupefacto como Borgulf se retorcía sin fuerzas en el suelo. Lucius, amoratado y sangrando de nariz y labio, trastablillo temeroso fuera del lugar, para no volver a ser visto, mientras Dillon observaba a los soldados completamente mareado. Ethmund corrió hasta la posición del enano y tomó sus manos. Su corazón latiendo a centenas de revoluciones. Los cansados ojos del enano lo miraron y una leve sonrisa se dibujó en su boca para musitar la palabra "vete". El muchacho miró trás de si a los soldados, que en retorno lo estaban mirando a él también en aquellos indecisos instantes. No lo dudó y echó a correr fuera del lugar. Dos tímidos pasos metálicos hicieron el amago de seguirlo, pero era demasiado tarde. Se había pasado la vida corriendo, era lo único que sabía hacer en condiciones, ningún perro o chacal lo podrían seguir, ningún soldado. En su mente solo se dibujo una cosa. Una cabaña desconocida en el linde de un bosque.
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