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Liga del Foro


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Showing content with the highest reputation on 21/05/18 en todas las areas

  1. 5 puntos
    Coincido con @Nihail, tampoco veo lo de aplicar tema moleculas a eso, aunque hayan similitudes con cosas del mundo real, no se puede entender tampoco que en un mundo fantastico las reglas son exactamente las mismas, podemos tomar contextos para asimilar efectos de la magia, pero entender que estas manejando energias inventadas que pueden hacer cosas que en el mundo real jamas podran existir y menos ser explicados bajo reglas reales. Cambiar el tiempo, petrificar a alguien y luego poder revertir eso, ademas la petrificacion estaria ligada las esencias naturales y los patrones de las lineas ley, para llegar a hacer ese hechizo, mas que a temas cientificos reales. Y como dice @Sorin, si bien tenemos cierto margen a veces para inventar efectos, o hechizos, siempre hay que vigilar de no fliparnos en exceso o hacer cosas que no esteb muy amparadas en el Lore, pq por poder habria logica q los magos fueramos putos dioses q podrias matar a medio mundo solo haciendo hechizos basicos muy mamarrachos, rizando el rizo, y obviamente el staff no nos permite, sino nuestro poder seria demasiado ilimitado xDD
  2. 5 puntos
    Como me dijeron en su momento, aunque la magia no tiene limites, hay que ajustarse a los que hemos visto en el wow. Por ejemplo un Piromante por mucho que pueda controlar el fuego o convocarlo en un punto lejano, no podria ahcelro con tal precision como para quemar unicamente los globos oculares de una persona De igual forma un transmutador no podria transladar una granada a dentro del cuerpod e alguien, ni cualquier otro objeto Los hechizos utilizan el sistema de Ofensivo, defensivo u efecto dependiendo de lo que hagan en si mismo, no tanto luego como se usen. Por poner otros ejemplos: Crear un muro de fuego es en si mismo defensivo, creas una pared/muro de fuego estatico, ¿en que se diferencia de una bola de fuego? La bola se debe de lanzar, el lanzamiento es parte del hechizo. Ahora bien, si alguien esta cayendo / corriendo y en mediod e su trayecto creas un murod e fuego...algo que sera daño directo si no lo esquiva... ¿sigue siendo Defensivo? Asi es, si, aunque la intencionalidad detras del hechizo sea dañar a la persona el hechizo es defensivo. Otro ejemplo seria encantar un objeto para moverlo de forma telequinetica, por asi llamarlo, usar ese hechizo es de efecto, aunque luego lo uses para subir o bajar algod e un estante, detener un golpe o tratar de atravesar a alguien con dicho objeto. Si vamos por ejemplo al tema druidico, con hechizos de efecto podrias crear un montond e arbustos, si los usas para que ralenticen el avance de un enemigo sigue siendo de fecto, ahora bien si lo que quieres es que detengan un ataque o un objeto grande seria hechizod efensivo, y si las plantas tratasen de enredar/atar a los que estan sobre ellas seria de ofensivo.
  3. 4 puntos
    En mi opinión, directamente deberías evitar aplicar reglas atómicas a la transmutación porque intentar explicar el sistema mágico del WoW, que no es precisamente 100tifiko y estricto, simplemente conllevará a más dudas obviamente inconsteables que sólo hará la idea menos atractiva y creíble. Tan simple como eso. Respecto de la transmutación, entiendo que sí podrías hacerlo. Petrificar a alguien, tal vez, sea un nivel avanzado de transmutación (De hecho muy seguro de que es posible y transmutación). Sin embargo, si le aplicas el nivel molecular surgen más dudas y escepticismo que las que resuelve (Petrificarle la piel a alguien, de primeras te lleva pensar en su muerte dependiende que dermis afectas y más factores, pero como dije se convierte en una concatenación de procesos explicativos que al final no son exigibles). Suerte.
  4. 4 puntos
    No, realmente no. No es la intencion, pero siempre vi que se categorizaba así. Ofensivos son hechizos de daño directo. Digo que no va en funcion de la intencion, porque imagina que yo me hago invisible y le pego con un remo a alguien, el hechizo no se convierte en ofensivo porque mi intencion de ponerme la invisibilidad sea darle con un remo a alguien xDD seguiria siendo un hechizo de efecto. Hay ejemplos que son más complicados de discernir, pero es más por la funcion base del hechizo, que la intencion del mago en su uso. Yo podria estar usando tambien un hechizo de ralentización, para evitar que se me eche encima alguien y en ese caso, seguiria siendo un conjuro de efecto, no se convertiria en defensivo, porque no es un hechizo defensivo en su funcion basica, como sí es defensivo un resguardo de frio o un escudo magico. Con la magia es un poco lioso al categorizarse por escuelas y ser tan polivalente el uso de casa hechizo xddd
  5. 4 puntos
    Si paralizas a alguien es hechizo de efecto, igual que un transmutador hace una ralentizacion o petrificación. Si lanzas un objeto dirigido, usando telequinesis es Ofensivo, ya que estás haciendo lo mismo que un misil, estas conduciendo algo mediante magia hacia un adversario, de forma directa. Y para ello debería el Mago Adivinador, colocarse H.Ofensivos de Adivinación. Es decir no servirian H.Ofensivos de Conjuración, hay que diferenciar según la Escuela. Así es como lo entiendo yo. Si estoy errada, me rectifiquen, pero así lo he roleado yo con mi pj hasta ahora >_< (aunque en mi caso no tiene manejo de ofensivo apenas, por lo que esa duda casi ni me afecta, mi maga es más de manipulacion y efecto, las ofensivas se las suele dejar a los que estan especializados en eso, Cojuradores, bla bla)
  6. 2 puntos
    ANTES QUE NADA: gracias a quienes lo habéis pedido y mostrado interés y perdón a quienes he hecho esperar. De algún modo aún hay cosas que no me dejan totalmente a gusto con el relato, entre otras cosas, que me ha salido demasiado largo, pero es que quería abarcar toda la conversación que tuvieron los personajes. Si realmente vais a leerlo todo (?), a quienes lo hagáis, acompañad la lectura con esto: [OST del lugar en el que se roleó] La noche había sido intensa para ella. Las horas que llevaba en Villadorada habían sido empleadas para recibir varias charlas y lidiar con el pésimo estado que Oliver parecía haber cultivado en bastante poco tiempo. Después de hablar con el enano, que parecía decirle «lo que tienes que hacer es esto, pero tú haz lo que quieras», Ruthie entró a la posada y, tras saludar a los presentes, reparó en el mal estado del arquero. Se le acercó, le escondió la botella de ron que acaparaba y le insistió en que saliera a tomar el aire. Sus malas compañías de la infancia le habían dejado el recuerdo de cómo debía tratar con borrachos, así que, por suerte, consiguió convencerle y se lo llevó de la taberna. El rubio, para sorpresa de la mensajera, aparte de la borrachera tenía una depresión tremenda. Y mayor aún fue la sorpresa cuando comprobó que también tenía confianza suficiente para contarle qué le pasaba. Baethal, el joven elfo que atraía en demasía la atención de la joven, había llegado a la misma zona, pero no era él precisamente quien ayudaba a animar al arquero, sino que más bien se llevó varias regañinas por parte de la chica por no animarle como ella pensaba que sería más correcto. No fueron demasiadas riñas, después de todo, pues Oliver no tardó en marchar. Tampoco Baethal estuvo mucho más tiempo allí, el suficiente como para saludar a la enana Kianna y a Ivano, paisano de Ruthie, que habían llegado poco después. Fue esa misma noche cuando la muchacha humana se enteró finalmente de si Baethal iba a ir o no a la fiesta organizada por los nobles de la casa Tudor, y ante la negativa del elfo, la humana quedó algo desanimada, descartando así su propia asistencia. Por supuesto los presentes lo notaron, y fue Kianna, que ya tenía algo de confianza con ella, la que comenzó a regañarla. Nadie parecía aprobar las relaciones entre humanos y elfos, pero tampoco parecían entender que Ruthie solo se sentía atraída por su físico y que lo que quería realmente era honrar el recuerdo de sus padres casándose con alguien de alta cuna. Por último llegó Zafiro, aquella elfa a la que la enana había encargado un vestido justamente para estar guapa en la verbena. —No lo entendéis… es que no quiero una relación con él —insistía la muchacha. Sin embargo fue una frase de Kianna, repitiendo sus propias palabras, la que la hizo llorar: —«Ni si quiera sé lo que quiero» —le dijo, girando la cabeza hacia Ruthie como si le echara en cara tal verdad. La tuvieron llorando un rato más mientras seguían aconsejándole de una forma que la chica consideraba algo agresiva. Fue finalmente Ivano, quien había sido mucho más suave con ella, el que la salvó de la situación invitándola a un paseo. Ruthie sabía que quería seguir con aquella charla a solas, pero igualmente aceptó y se levantó del banco en el que reposaba con la enana. Antes de alejarse con él, se acercó y agachó hacia la pequeña mujer, dándole un fuerte abrazo y susurrándole un sincero «gracias», para acto seguido levantarse, dedicarle una cálida sonrisa y despedirse con la mano de Zafiro, con quien se quedó la enana. Se pusieron rumbo a Ventormenta, estando gran parte del camino en silencio. Parecía que Ivano quisiera dejar a propósito aquel lapso para que la chica se calmara. Por suerte no fueron silencios largos ni incómodos. Tuvieron alguna cháchara casual acerca de los enanos y los elfos, de lo curiosas que eran las relaciones de cualquier tipo con ellos, que eran humanos, lo que hizo sonreír levemente a Ruthie en alguna ocasión. No hasta que llegaron a donde el varón quería llevarla volvió a sacar temas incómodos. —¿Sabes qué es lo que nos diferencia como pueblo de los demás, Ruthie? —le preguntó dejando de lado las formalidades, con aquella voz profunda y grave. Ella movió la cabeza de lado a lado, haciéndole responder—: Nosotros no olvidamos de dónde venimos. Los gilneanos somos diferentes de todos los otros reinos porque amamos demasiado nuestra tierra. ¿No es así? La chica de pelo castaño le miraba en silencio mientras él hablaba, hasta que el otro calló y ella suspiró. —Echo de menos mi hogar… —murmuró bajando la cabeza, de modo que el corto cabello caoba le cayó frente a la cara, tapándole levemente la cara. —Nosotros amamos nuestra tierra, nuestra familia y nuestras tradiciones, el respeto que le tenemos a los nuestros no lo tiene ningún otro reino. Eso es lo que les cuesta entender a los extranjeros —de nuevo hablaba el que años atrás fue granjero. Esa vez sonreía levemente mientras la miraba. —Es lo que me hace pensar que no pueden entender… por eso quiero honrar a mis padres. Tú puedes entenderme mejor que nadie. —Y lo haré siempre que pueda, Ruthie. ¿Sabes qué querían que hiciera mis padres? —la nombrada negó con la cabeza, esperando que lo revelara— El día que mi hermano se unió a las fuerzas, mi padre, Pietro, vino conmigo y tuvo una charla especial. —Dichosas charlas… —murmuró ella aún cabizbaja, sonriendo de medio lado mientras recordaba a Dunnabar y Lysanthir, y después también a Kianna, Zafiro e Ivano mismo. —«Ivano», me dijo. «Ahora que tu hermano sirve a nuestra gran nación, te toca a ti conservar el buen trabajo de los Fabinson». Era apenas un crío, y mi padre me decía que yo tomaría su lugar cuando él ya no estuviera. Era mi trabajo seguir con la granja Fabinson —pudo ver que Ruthie arrugaba las cejas, levantando finalmente la cabeza y ladeando ésta a la vez que le dedicaba una mirada de intriga: quería saber más—. Creo haber escuchado que tus padres también tenían planes para ti. —Así es —confirmó la joven—. Muy diferentes. —Pero planes al fin y al cabo, ¿no es así? —Sí… A medida que hablaban, seguían paseando por la ciudad de Ventormenta, a la que habían llegado tras largo rato de camino por los bosques de Elwynn, paseo relativamente silencioso y ameno que Ruthie necesitaba de verdad. La compañía no podía ser menos excelente en sus circunstancias. Sin embargo Ivano volvió a quedar en silencio en cierta ocasión mientras caminaban. Esa vez sí fue un silencio algo incómodo para ella, aunque no hizo mucho para remediarlo, pues entendió que su acompañante quería mantenerse en silencio y no era porque no supiera qué decir. Resultó que realmente le estaba dando la palabra para que le explicase aquello, había entendido aquel silencio mal y se dio cuenta un poco tarde. Mientras tanto se dirigían al puerto. —Teníamos un comercio de correo y criábamos caballos… —comenzó, redundando con sus palabras—: Criaron a mi hermana para que heredase el comercio y a mí me enseñaron desde pequeña cómo ser una buena esposa. Querían que me casara con un burgués o un noble. De ese modo no tendría que trabajar, como mi hermana mayor. Hubo otro silencio. Cuando llegaron al destino elegido por el varón, el belvedere conocido como Reposo del León, Ivano colocó ambas manos sobre el bajo muro, mirando al abismo que se dibujaba hasta el puerto. La que le seguía se quedó un poco más apartada. —¿Sabes qué otra cosa tenemos los gilneanos que a otras personas les cuesta entender? —preguntó el mayor, mirándola a los ojos, recibiendo de vuelta una confiada mirada de la castaña, que negó con la cabeza—. Nosotros tenemos que luchar por ganarnos un lugar, Ruthie. Nuestro hogar ha desaparecido por el momento y, lastimosamente, poco podemos hacer al respecto —le explicó tomándole una mano con la intención de darle apoyo mediante su contacto físico. La chica tragó saliva y hundió los hombros, bajando la mirada hacia el océano, pensativa—. Para nosotros no hay un matrimonio al que esperar, o una granja de la que debamos encargarnos, no de momento. Por eso lo que debemos hacer es plantarnos bien fuerte en el suelo y fijar nuestro curso hacia donde queremos dirigirnos, y luchar con todo para conseguirlo. ¿Entiendes lo que trato de decir, Ruthie? —preguntó al verla tan silenciosa, mirándola con pesar en el rostro. —No me enseñaron a luchar por mí misma… —murmuró la aludida con voz temblorosa, alzando sus ojos, de nuevo húmedos, hacia los de color miel del varón—. Yo… aprendí a pelear cuando me escapaba de casa… cuando huía de la exquisitez de mi familia y jugaba con los niños de las cloacas —tragó saliva antes de continuar, fijándose esa vez en las manos de ambos, aún sujetas, de las que la pequeña y fina temblaba más incluso que su voz— Eran ladrones. Y… fue gracias a ellos por lo que mi hermana y mi madre sobrevivieron un poco más de tiempo. Ellos me enseñaron los recovecos de la ciudad y cómo llegar aquí y allá desde las alcantarillas. Desde que llegaron aquellos no-muertos y mi padre murió, fui yo quien guió a mi hermana y a mi madre. Después de eso… ya no fui capaz de luchar contra los otros monstruos que llegaron… —el temblor de sus manos aumentó al referirse a los huargen. Apartó la mirada bajándola finalmente al suelo y respirando hondo—. Por ellos me dan tanto miedo los lobos —añadió en un último comentario en el que se le quebró la voz. Ivano era uno de aquellos seres a los que la gilneana llamaba monstruos, pero lejos de ofenderse, le mantuvo su realidad oculta con tal de no asustarla, y se le acercó con intención de abrazarla, tímidamente en un principio. Él entendía muy bien a Ruthie, pocas personas podrían tener hacia su historia tanta empatía como la de aquel joven. El fraternal y cariñoso abrazo que le dio no habría sido el mismo en ninguna circunstancia. Era, sin duda, el gesto más acertado en aquel instante. Y ella, cómo no, aceptó el abrazo, apoyando la frente sobre el hombro derecho de Ivano. El silencio momentáneo solo se rompió con un leve sollozo de la muchacha. —Ruthie, en este mundo trastornado… lo único que tenemos son las relaciones que hacemos —la castaña podía notar que, con aquellas palabras, la voz de él poco a poco se tornaba dolida. El abrazó tomó un poco más de fuerza, envolviéndola el varón con su cuerpo de forma que la hizo sentir protegida y cubierta. La gilneana no notó las lágrimas que se iban formando en los ojos ambarinos—. Somos supervivientes, no vale la pena mirar el pasado —Ivano tuvo que tragar saliva en ese momento para calmar la voz y que no se le quebrase—. Tenemos que plantarnos como un roble y ver directo hacia el futuro. No podemos dudar… La joven no tardó demasiado en echarse a llorar otra vez con sus palabras, aunque procuraba no dejarle lágrimas en el hombro. Sabía que era eso lo que tenía que hacer, era también lo que ella deseaba, sin embargo, había viajado a Ventormenta con el pensamiento de que, si dejaba a los elfos atrás, olvidaría el pasado que la atormentaba. No tenía la fortaleza necesaria para plantar cara al pasado, mucho menos al futuro. —Pero yo no sé cómo será mi futuro. No sé… no sé nada… —murmuró con la voz llorosa, negando con la cabeza y apretando un poco más el abrazo, rodeándole la cintura hasta donde sus brazos abarcaban. —Un paso a la vez, Ruthie. Un paso a la vez —calmó el mayor de los dos, haciendo acopio de sus fuerzas para no derrumbarse frente a ella—. Juntos, como pueblo, podemos lograr lo que sea, lo que nos propongamos. Solo necesitamos determinación —trataba de mirarla a la cara aunque la otra intentaba evitarlo, pues no quería que la viese llorando. Mientras él seguía hablando, Ruthie se apartó de su hombro y descolgó el abrazo al que correspondía, secándose la cara sin apartarse del todo—. Recuerda: incluso si ahora no lo sabes, puedes tomar el camino que desees. Sin embargo eso es algo que debes encontrar por ti misma. —Les echo tanto de menos… —gimoteó la pobre chica. —¿Puedo contarte algo personal, Ruthie? —preguntó el varón, comenzando a sentir que no soportaría mucho más tiempo las lágrimas. Quien le escuchaba asintió con la cabeza, respirando hondo e intentando calmarse, viéndose totalmente incapaz de hablar—. El día que me alisté fue el primer día de felicidad que sentí en mucho tiempo. Mi meta, la razón por la que había venido aquí, comenzaba a lograrse. Ya no era más un sueño, se estaba volviendo una realidad. Tenía amigos que celebraron conmigo ese logro, pero… —en ese momento no pudo aguantarlas más, sin que lo quisiera se desbordaron aquellos bonitos ojos del color del sol, aunque la entereza que mostró el guerrero fue realmente admirable: su rostro no cambió ni un ápice, lloraba sereno— ...no era lo que mis padres habrían querido, yo debía vivir y morir siendo granjero. Pero incluso yo sabía que mis padres celebrarían ese logro conmigo. —Vine para intentar olvidar todo… pero no consigo quitarme nada de la cabeza —replicó la castaña sonriendo con tristeza, aunque al verle llorar se quedó seria mirándole, bloqueada. El antiguo granjero continuó: —Mi padre y mi hermano me darían un fuerte apretón y mi madre un gran abrazo. ¿Sabes qué fue lo más duro? El saber que nunca los vería hacer eso y que jamás tendría sus felicitaciones —las lágrimas de la muchacha volvieron a salir cuando le escuchó imaginar cómo le felicitarían de haber seguido vivos. Sintió que le temblaba la mandíbula y volvió a bajar la mirada, escuchándole—. Les escribí una carta agradeciendo sus enhorabuenas y diciendo que daría lo mejor, no por mí, sino por ellos. Sería mi manera de honrarlos —explicó, mirándola finalmente con una triste sonrisa—. Quizás pueda servirte de algo el dar honor a tu apellido, aunque sea lo único que quede de tu familia. Convierte la piedra del olvido en una armadura de orgullo y aférrate a ella, Ruthie —en ese momento Ivano se pasó una mano por los ojos para secarse las lágrimas y giró la cabeza hacia el océano. —No sé hacer eso. En realidad… —respiró hondo, recordando las palabras que siempre le decían—: En realidad no soy más que una niña… —murmuró. —Somos supervivientes, Ruthie. Tú y yo. ¿Crees que una niña habría podido con todo lo que hemos vivido? —¿Pero por qué yo? —preguntó la joven negando— ¿Por qué todo esto, yo sola, sin alguien que me guíe o me diga qué he de hacer? —No estás sola, Ruthie —sentenció el otro con firmeza—. Me tienes a mí —Ruthie le miró con algo de sorpresa, en silencio, sin saber del todo cómo interpretarle—. Debemos estar unidos, como nación, como pueblo, como familia. Y siempre que me necesites, estaré ahí para ti —dijo por último, observándola con detenimiento por primera vez y fijándose bien en sus facciones. La humana volvió a sentir una vez más cómo las lágrimas brotaban de sus ojos. Dio un leve sollozo y esta vez inició ella el abrazo, con fuerza. El ancho varón correspondió con la misma fuerza. Pensaba añadir algo más, pero decidió que un acto valía más que mil palabras. La chica respiró hondo varias veces aún abrazándole antes de apartarse despacio y con suavidad. —Gracias… —gimió con voz de llanto—. Gracias por todo, Ivano Fabinson. —No ha sido nada, Ruthie Maddison —dijo él limpiándole un poco las lágrimas, sonriendo antes de pronunciar su nombre completo del mismo modo que había hecho ella. Aquello sacó otra leve sonrisa de los suaves labios femeninos. Ruthie acarició la mano de él con su mejilla con cierto cariño, como haría un gato en busca de mimos, y luego la sujetó con las suyas más pequeñas, bajándola y envolviéndola. —Haré todo lo posible por ayudarte también. Cuenta conmigo siempre que necesites algo. —Y nada de llorar por elfos —comentó el humano con una sonrisa, intentando cambiar los ánimos de la charla. —Que no me gusta… —insistió una vez más la aludida, riendo por lo bajo y apartando la mirada para secarse ella misma las lágrimas de la cara y los ojos. —Bueno, nunca está de más advertir —se excusó el barbudo, apoyándose contra el muro y echando un vistazo más al muelle. Ruthie se le quedó mirando unos instantes mientras el viento les volaba el cabello a ambos, tras lo que miró hacia donde miraba él, imitándole en postura para acomodarse. Tras unos momentos más de silencio y relajación, preguntó: —¿Cómo puedo saber… quién es el adecuado? —El tipo adecuado te lo haría saber desde el primer segundo, anteponiendo tus intereses antes que los suyos, y demostrándote su amor y afecto sin si quiera decir palabra —explicó él sonriendo con nostalgia—. O eso solía decir mi madre. —Mi madre decía que ella diría quién es el adecuado… —respondió la huérfana sonriendo de medio lado tras mirarle de nuevo, ladeando la cabeza, para después volver a mirar al agua allá a lo lejos. —Bueno, entonces debes honrarla tomando una buena decisión por tu cuenta. Aunque aún te queda bastante para encontrar al indicado, eres joven y linda, tampoco es como que tengas problema —añadió con una sonrisa. —Nunca me dijo cómo ha de ser un buen hombre —dijo respirando hondo y alzando la vista al cielo. Luego la tornó hacia él algo sonrojada cuando le escuchó decirle joven y linda, volviendo a bajar los ojos hacia el muelle—. ¿Sabes…? Creo que sigue viva en algún sitio… —La esperanza es lo último que muere, Ruthie. Si crees que sigue viva, entonces también lo creo. Y deseo de corazón que puedas encontrarla algún día. —Yo… no sé si querría verla… —confesó la melancólica muchacha, esa vez poniéndose más seria. —¿Por qué lo dices? —preguntó el otro realmente extrañado. —La última vez que la vi estaba intentando devorar a mi hermanan muerta. Era uno de aquellos monstruos… —relató tras morderse los labios como hacía a menudo, cerrando los párpados y respirando hondo. Su voz se tornó cada vez más baja. —No tienes que contarlo —quien la escuchaba hizo una mueca de incomodidad, intentando que no lo notase. —Eres el único que conoce a estas alturas toda mi historia… —dijo la otra encogiéndose de hombros. —Entiendo que no es algo que uno vaya contando por ahí a menudo. Además… puedo decir lo mismo contigo, Ruthie. —Mi hermana desapareció un día mientras vivíamos en las cloacas. No volvimos a verla. Tiempo después desapareció también mi madre. Y durante uno de los últimos casos de Gilneas, mientras intentaba huir… la vi. —¿La viste? —¿Sabes…? Antes de desaparecer, mi madre me dijo que nunca dejara de correr… —dijo asintiendo a el gilneano y mirándole. Ladeó la cabeza con aire cansado pero relajado, como si se hubiera quitado un gigantesco peso de encima—. Primero vi a mi hermana tumbada en el suelo, pero cuando me iba a acercar a ella, vi que… no estaba viva, precisamente… —se llevó una mano al vientre y puso una mueca de asco, sintiendo náuseas solo con recordarlo—. Luego llegó uno de aquellos huargen. Vestía las ropas que vi a mi madre la última vez —en esa ocasión Ivano estaba verdaderamente sorprendido y se le notaba en la expresión: sabía bien lo que significaba todo aquello—. Y bueno… le hice caso. No dejé de correr —añadió Ruthie encogiéndose de hombros ligeramente—. No hasta que los elfos de la noche vinieron. —Y viviste para ver otro día. —Siempre fui obediente —asintió a su comentario—. ¿Y sabes qué hice una vez llegamos a Darnassus? —Ivano enarcó una ceja, haciéndose una idea, pero dejando que ella respondiera—. Seguí corriendo —se respondió ella sola, sonriendo levemente, divertida—. Siempre he sido rápida, y mi tamaño pequeño me hace liviana, lo que me facilita aún más la velocidad. Fui mensajera en Darnassus. —No recuerdo haberte visto nunca por ahí. Y eso que tuve que trabajar duro para conseguir mi pasaje. —Siempre andaba escondida. Los mismos elfos me recordaban a aquellos seres y a todo lo acontecido. Por eso quise venir aquí, como dije antes: para olvidar. —Aquí has podido empezar de nuevo, como todos, Ruthie. En ese sentido, la Alianza ha hecho mucho por nosotros. Ruthie ladeó la cabeza pensativa un momento, asintiendo luego. Alzó una vez más la mirada hacia él y vio un tenue brillo en el horizonte. —Está amaneciendo… —Parece que nos hemos tomado nuestro tiempo… —dijo el varón riendo por lo bajo. Ella le dedicó una sonrisa, asintiendo y observando en silencio al hombre mirar el horizonte. Él también estaba callado, quería disfrutar aquel momento. Ruthie cerró los ojos unos segundos, inspirando hondo el aroma del mar y, finalmente los abrió y volvió a mirar a Ivano un poco más antes de colocar una mano en su brazo con suavidad, murmurando con voz dulce: —Deberíamos ir a descansar.
  7. 2 puntos
    subqué? expliquese para los mortales, nadie nacio cientifico, gracias xD
  8. 1 puntos
    IX Las caravanas de desplazados se extendían por toda la campiña, al otro lado del bosque. Los carromatos, cargados con enseres y bienes preciados de todos los tipos, seguían senderos recién abiertos entre las hierbas altas. Una procesión cuyo final la vista no alcanzaba a diferenciar. Venían del sur del Reino, con la esperanza de que las criaturas orcas no alcanzasen la tierra a la que ahora huían. Entre oportunistas que hacían lo posible por vender los pocos bienes que llevaban consigo y familias enteras que lo habían perdido todo, Ethmund pasaba desapercibido. No había soldados franqueando aquella comitiva, ni tampoco milicias o voluntarios. El paso de los hombres estaba totalmente dejado a su suerte, mientras los jóvenes luchaban la guerra a leguas de allí. A Ethmund no le quedaba prácticamente nada de aquello que el anciano hombre le había dado en el bosque pero, su suerte lo hizo toparse con aquella caravana en la que nadie parecía hacer ascos a compartir guisos y sopas con el resto de viajeros, sin hacer demasiadas preguntas. Durante unas horas había seguido el sendero en el bosque, con la intención de encontrar la cabaña que aquel anciano había mencionado y agradecer la comida que le había dado. No obstante, pasado el tiempo, su mente cambó y decidió caminar en otra dirección. Viajó solo unos días más por la espesura de aquel bosque hasta que el trajín de las caravanas llamó su atención en los campos y salió a su encuentro, mezclandose entre los transeuntes, sabedor de que sus recursos pronto tocarían a su fin. Por varios días pudo disfrutar de la compañía de otras gentes y de su hospitalidad. Las caravanas hacían alto cada noche para establecer un breve campamento. Allí se compartía comida, bebida y noticias, como plato fuerte. Ethmund había dejado atrás su espada reglamentaria, en sus últimos días en el bosque, temeroso de que arma tan reconocible delatara su situación. Descubrió que varios otros hombres y mujeres que caminaban con la caravana también tenían una historia turbia, y que muy probablemente unos cuantos de ellos habían abandonado espada y escudo en algún bosque del camino como él lo había hecho. No obstante, los días de calma no duraron demasiado. El campamento aquella noche se había establecido en un claro no muy alejado del camino que llevaba a Vega del Amparo, lugar al que todos los desplazados se dirigían. Los cielos estaban despejados y corría una leve brisa que avivaba los fuegos de las hogueras. El ambiente era apacible ante todo, y Ethmund compartía un estofado con un grupo de tres carpinteros de Andorhal que habían decidido desplazarse por la guerra. Era un grupo variopinto, pues aunque uno de ellos era un lordaeriense, el segundo humano clamaba que había nacido en Alterac, y el tercero no era si no un enano de Forjaz que vivía en Andorhal desde hacía años. Ethmund había vuelto a divertirse con aquel trío. Eran presonas afables y mundanas, con sueños sencillos y ambiciones cortas. Borgulf, el enano, incluso le estaba enseñando el oficio en el tiempo que el viaje les permitía. - No, así no. Mira. – El enano arrebató el pedazo de madera a Ethmund, con una sonrisa paternal, y comenzó a retirar sobrantes con su propia herramienta, de forma exquisita. Orgulloso, mostró el acabado al muchacho -. ¿Eh? ¿Lo ves? Tienes que hacerlo con más cuidado, y más natural. Ethmund tomó la madera de nuevo, de manos del enano y sonrío a este, asintiendo a sus palabras. - Aún no tienes manos de carpintero. – El enano rió sonoramente, tomando una de las manos del chico en la suya, notablemente más pequeñas -. Pero te saldrán, descuida. La práctica lo es todo, y vas por muy buen camino. - Vas a hacer de él todo un tallador, Borgulf. – comentó jocosamente el lordaeriense, sentado al otro lado de la hoguera -. - Hacemos lo que podemos, Lucius. – la respuesta del enano fue en el mismo tono alegre, mientras miraba al humano -. Si el chico puede dejar esta caravana con algo aprendido, eso que se lleva. Y nosotros nos llevamos una buena amistad, ¿no es así Ethmund? El muchacho asintió al enano y volvió a la tarea que se le había encomendado. Golpeteaba el pedazo de madera con la herramienta, concentrado. Aquella tarea le estaba ayudando a dejar su mente en blanco y olvidar acciones pasadas. Un trabajo mundando y sencillo como aquel le hacía sentir libre y realizado, más incluso, le hacía sentir que estaba limpiando sus malas decisiones. Algunas voces disconformes se alzaron en el campamento, de aquí y allá. No eran gritos, pero eran algunas discusiones. Los dos humanos comenzaron a mirar alrededor, intrigados, mientras Borgulf ocupaba con cuidado que el estofado no se quemase. Unos cuantos pasos, pesados, se acercaban a la posición del grupo, indiscutiblemente. Ambos humanos se levantaron de sus improvisados asientos. Cinco soldados ataviados con armadura y armas llegaron al lugar, observando al pintoresco grupo. El enano dejó de cuidar de la cena y se giró también a la escuadra, adelantando unos pasos hasta situarse a la altura de sus dos compañeros. Ethmund quedó clavado en el sitio y tragó saliva. Nunca en los últimos meses había sentido la presión que se estaba apoderando del mismo en aquellos momentos. Sintió el impulso de correr, pero habría sido en vano. Reconoció en sus adentros que su única oportunidad en aquella situación era jugarlo todo, de nuevo, a la suerte y esperar que aquellos soldados no estuviesen allí por él. - Buenas noches. – dijo el que parecía el superior del grupo. Su voz era extraña, como la de aquella persona que reprime un impulso. Algo no natural. Su mirada se clavó en la de los humanos presentes, observándolos -. Estamos en busca de desertores de las filas. - No hay soldados aquí, oficial. – Borgulf respondió mientras cruzaba sus brazos, observando por el rabillo del ojo como Ethmund había detenido completamente su tarea en la madera ante aquellas palabras. - Solo carpinteros, venimos de Andorhal. - No hay soldados. – repitió el oficial, avanzando dos pasos hasta la pareja de hombres que estaban con Borgulf, pareció ignorar la presencia de Ethmund, como si no fuese lo que buscaba -. Nombre, edad, oficio y lugar de nacimiento. - Lucius de Rem, 32 veranos, carpintero, Costasur. – enumeró, observando al oficial sin temor alguno en los ojos -. - ¡Tu también chico! – gritó el oficial hacia el muchacho, de improvisto, mientras señalaba al alteraqui -. Tú. Ethmund dió un respingo y su cuerpo se tensó completamente. De nuevo su instinto lo instó a correr, a huir de allí. No obstante, pudo sentir como la mirada de Borgulf estaba puesta sobre él, y se levantó, acercándose a la posición del enano mientras el alteraqui respondía a la pregunta. - Dillon Verus, 30 inviernos, carpintero, Alterac .- enumeró también el hombre, igual de calmado que su compañero -. Tras del oficial, los otros cuatro soldados giraron la cabeza para mirar a Dillon instintivamente, al unísono. El propio oficial hizo lo propio y se acercó lentamente a apenas dos pasos de Dillon, observándolo tras del yelmo. - Alterac. - Si, señor. – reafirmó Dillon -. De Alterac. Tanto Ethmund como Borgulf observaron entonces a Dillon y los soldados. Una calma chicha se apoderó del ambiente. Nadie dijo nada, ni un sonido. Entonces, el oficial al mando echó la cabeza apenas un palmo para atrás y golpeó la frente de Dillon fuertemente con la cabeza, forrada en el yelmo. El alteraqui gritó de dolor y se llevó las manos a la frente, dando varios pasos para atrás mientras se doblaba sobre si mismo. Lucius corrió a socorrerlo, inclinandose a su lado mientras lo tomaba de los hombros. - ¡Que diablos crees que estás haciendo! – Borgulf se separó de Ethmund e interpuso entre los dos hombres y los soldados, señalando con su gruesa mano al oficial. - Ya te hemos dicho que somos carpinteros. - Apartate enano, esto no va contigo. – El hombre hizo un gesto con la mano a sus inquietos soldados, que avanzaron junto a él, hacia la posición de Dillon-. - Y una mala cabra que me aparto. – Lejos de hacer caso a la orden del soldado, Borgulf se plantó en el sitio con gesto pétreo-. Uno de los soldados golpeó con el dorso del guantelete al enano, a su paso, haciendo recular a este. El barbabronce, lejos de achantarse, se avalanzó sobre el soldado con un grito de malas pulgas. Hubo una pequeña trifulca en el momento a la que se sumó también Lucius. Ethmund observaba sin palabras mientras su instinto lo obligaba a ir reculando, alejándose de la situación. Cuando la trifulca terminó, Borgulf miraba sorpendido el rostro semioculto tras su yelmo de uno de los soldados. Su espada reglamentaria, undida en el bazo del enano, comenzó a relucir en rojo cuando el grueso cuerpo se deslizó hacia atrás y cayó de espaldas al suelo. Los soldados miraron a su semejante con la misma sorpresa, pero nada hicieron para reducirlo o juzgarlo. Ethmund, arrancado de súbito de su plan de huida observó estupefacto como Borgulf se retorcía sin fuerzas en el suelo. Lucius, amoratado y sangrando de nariz y labio, trastablillo temeroso fuera del lugar, para no volver a ser visto, mientras Dillon observaba a los soldados completamente mareado. Ethmund corrió hasta la posición del enano y tomó sus manos. Su corazón latiendo a centenas de revoluciones. Los cansados ojos del enano lo miraron y una leve sonrisa se dibujó en su boca para musitar la palabra "vete". El muchacho miró trás de si a los soldados, que en retorno lo estaban mirando a él también en aquellos indecisos instantes. No lo dudó y echó a correr fuera del lugar. Dos tímidos pasos metálicos hicieron el amago de seguirlo, pero era demasiado tarde. Se había pasado la vida corriendo, era lo único que sabía hacer en condiciones, ningún perro o chacal lo podrían seguir, ningún soldado. En su mente solo se dibujo una cosa. Una cabaña desconocida en el linde de un bosque.
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