Jump to content
MundoWarcraft

Liga del Foro


Contenido Popular

Showing content with the highest reputation since 21/05/20 en todas las areas

  1. 14 puntos
    Consecuencias Nazgrel permaneció sentado frente a la hoguera con las estrellas y las dos lunas como única compañía, pues a tan altas horas de la noche apenas había actividad en el campamento con la excepción de algunos kor’kron, los cuales en más de una ocasión dirigían miradas inquisitivas al antiguo consejero de Thrall. El resto de sus lobo gélido seguían durmiendo y cual líder de manada, él se hallaba vigilante ante cualquier amenaza, pues por primera vez se sentía inseguro incluso entre hermanos. Definitivamente, esta no era la Horda que había dejado atrás cuando cruzo el Portal Oscuro para comandar la expedición que luego otorgaría pasaje a los mag’har, de entre los cuales el próximo jefe de guerra llegaría a desatar todo esto. Uno de los troncos de la hoguera se quebró, ocasionando que unas cuantas ascuas se elevaran, forzando al orco a girar un poco el rostro. Como muchos, él había viajado a Terrallende con la intención de descubrir los restos del viejo mundo que habitaron los suyos y cuando descubrieron a los mag’har, el pecho de Nazgrel se había hinchado de orgullo. Sin embargo, ahora se preguntaba si es que todas esas historias sobre esclavitud y como la magia vil los había corrompido, no habían elidido una parte importante de la historia; que esta sed de sangre y conquista de los orcos no nació de los demonios, sino que siempre estuvo allí, latente y acechando en la oscuridad. Garrosh no llevaba las cicatrices de esa corrupción en su cuerpo; no tenia la piel verde como su padre, pero actuaba igual que él y por un momento la pregunta se formó por si sola en su cabeza: ¿nos hará caer en la oscuridad, igual que su padre? El orco resopló y agito su cabeza, negándose a creer que la historia podría volver a repetirse, pero la duda ya había anidado en su cabeza. Garrosh se había ocupado de eso: ya no solo lo movía la sed de conquista, sino que se creía superior a los propios espíritus. Entre sus filas tenia a esos chamanes oscuros que, aunque no eran brujos, tampoco contaban con la bendición de los elementos. Nuevamente, uno de los troncos se quebró y la hoguera chisporroteo sus ascuas, y en ese único instante el lobo gélido se pregunto a si mismo si es que el espíritu del fuego no estaba tratando de decirle algo. “Si tan solo mi espíritu fuera tan fuerte como mi hacha, seguramente podría escucharte…” – Murmuró Nazgrel, quien luego levanto su mirada para observar las distintas tiendas levantadas en el patio de armas del Fuerte del Norte. – “Me pregunto si hay otros que piensan como yo…” Los ojos del almirante Taylor se abrieron inmediatamente después del segundo golpe en la puerta de su habitación. El humano tenia el sueño ligero, como cualquier otro hombre acostumbrado a la guerra, pero de todas formas masculló una maldición a quien lo había despertado. Sin otra alternativa, Taylor se puso de pie, camino a la puerta y la abrió. “¿Qué?” – Preguntó con un tono más duro y tajante del que le habría gustado utilizar. El soldado se cuadro al instante, aunque su mirada nerviosa delato que no se había imaginado ni por asomo esa reacción por parte del almirante. “Mis disculpas, almirante Taylor.” – Se excuso el soldado. – “La gran almirante y el Rey os han hecho llamar a la sala de guerra. Han ordenado que fuera de inmediato.” El sueño abandono rápidamente a Taylor, quien asintió casi con la misma rapidez con la cual cerro la puerta, se vistió y salió de su habitación. Las antorchas iluminaban los pasillos de su barraca y en las calles de la Ciudad de Ventormenta las únicas almas que se hallaban en ellas eran los de los soldados con labores de guardia nocturna. Taylor camino presuroso desde el Casco Antiguo hasta el castillo de su Majestad, donde, tras reconocerlo, los guardias reales alzaron el rastrillo para dejarlo entrar y luego escoltarlo a la sala de guerra. Las preguntas surgían en la mente de Taylor surgían más rápido de lo que él era capaz de adivinar. Su imaginación volaba con la misma velocidad del viento en una tormenta en altamar y cada posible razón del porque lo habían hecho llamar en medio de la noche lo hizo suponer que no se trataría de nada bueno, de eso estaba más que seguro. Los guardias reales abrieron la puerta del salón de guerra y Taylor pudo notar la expresión inquisitiva del Rey Varían, cuyas facciones a la luz de las velas lucían aún más siniestras producto de sus cicatrices. Entre los soldados se decía que en la Horda lo conocían como Lo’gosh y los huargens decían que el espíritu de Goldrinn, un espíritu lupino de los elfos de la noche, habitaba en su corazón. Para el almirante todo eso no eran más que simples historias, no muy diferentes a las tantas que todo marino suele contar en una taberna, pero en esos momentos le resultó difícil no comparar al rey con un lobo calculando los próximos movimientos antes de cazar a su presa. “Almirante Taylor.” – La gran almirante Jes-Tereth asintió con un gesto marcial al verlo entrar. Inmediatamente el humano se cuadro ante su oficial superior, quien se hallaba a la izquierda del rey, con las manos detrás de su espalda. “Mi rey.” – Saludo inicialmente el marino. – “Gran almirante.” “La Horda ha atacado el Fuerte del Norte.” – Dijo el Rey Varían con un tono endurecido y yendo directamente al grano. – “Lanzaron su ataque desde Trinquete.” Taylor parpadeó con sorpresa y por unos segundos fue incapaz de articular palabra alguna. Ahora podía entender porque el rey tenía dicho semblante. “… Así que la Horda ha declarado la guerra a Theramore.” – Logro decir el almirante tras unos instantes, para luego añadir al recordar el detalle de Trinquete. – “¿Los goblins se les han unido?” “Eso no lo sabemos.” – Contesto la gran almirante con un tono templado. – “Pero que la Horda lanzara su ataque desde aguas neutrales dice mucho…” “Pondré a la Vanguardia al mando de otras dos naves de guerra, almirante.” – Agregó entonces su majestad. – “Te quiero en el mar lo antes posible.” “¿Dónde debo de zarpar, su majestad?” – Preguntó Taylor con tanta sorpresa, como confusión. “A la Bahía del Botín.” – Contesto tajantemente el Rey Varían. – “No quiero que ninguna nave deje ese puerto hasta que los goblins respondan por lo ocurrido.” Jes-Tereth miro al rey por un instante, de reojo, con un pequeño atisbo de duda en su mirada que no paso desapercibido para Taylor. El Cartel Bonvapor debía de responder por lo que ocurrido, no cabía duda de ello, pero bloquear su puerto podía tomarse como una declaración de guerra y si los goblins eran conscientes de lo ocurrido, seguramente no dudarían en abrir fuego contra sus naves. Taylor pensó en abrir la boca para intentar convencer al rey de otro curso de acción, pero la intensa e inquisitiva mirada de Lo’gosh le hizo pensárselo dos veces. “Debo advertirte que lo que sugieres es un acto de traición, mi señor.” – Advirtió con un tono taimado el gran magister de Lunargenta. “¿Me tomo eso como que no estas de acuerdo, entonces, Rommath?” – Preguntó Lor’themar con un tono inquisitivo, viéndolo fijamente con su único ojo. Ambos elfos se hallaban en la Aguja Furia del Sol, pero en vez de estar en la sala del trono, el señor regente se encontraba en el despacho del gran magister. Fuera un gesto de humildad por parte del señor regente de Lunargenta o no, Rommath se sintió halagado de que, por una vez, no fuera él quien estuviera sentado en el puesto del visitante. “Sabéis bien lo que pienso de esas bestias.” – Respondió el mago con tono calmado. – “Pero algo como esto podría poner en riesgo nuestra alianza con ellos y ya estamos en guerra, aunque el resto del mundo aún no se de por aludido.” “Estoy consciente de ello, pero cuando nos unimos a la Horda, su jefe de guerra buscó la paz a pesar de que su nombre sugiere lo opuesto.” – El señor regente se puso de pie, dejando escapar su ofuscación por un momento. – “Sabes tan bien como yo, Rommath, que Lunargenta no puede sobrevivir otra guerra. Si somos invadidos, no creo que podamos contar con el apoyo de Vol’jin y seguramente Vereesa Brisaveloz se aparezca en la frontera en nombre de la Alianza.” El gran magister se puso de pie también y volvió su mirada hacia la mesita contigua al balcón que se encontraba a su espalda, donde había una jarra repleta de vino y un par de copas. Con un simple movimiento de sus dedos y unas palabras mudas, los objetos sobre la mesita levitaron y fueron al encuentro de ambos elfos. El vino se sirvió por si solo y Rommath cogió su copa en el aire, mientras que la otra se aproximo a Lor’themar, aguardando a que este la tomara también. “Soy el señor regente de Lunargenta y mi primera obligación es velar por los intereses de nuestro pueblo.” – Dijo Lor’themar con un tono marcial. – “Como tú, no me importa Aethas, ni nuestro viejo asiento en Dalaran, pero quizá con su ayuda podamos forzar un armisticio. No todos estamos de acuerdo con Garrosh y la Alianza ha sufrido sus bajas también, todos necesitamos tiempo para recuperarnos. Él está apostándolo todo a su triunfo en Theramore, pero si falla, estoy seguro que tendrá que ceder a lo que el resto de lideres pensamos sobre todo esto.” Rommath observó fijamente a Lor’themar por unos momentos, guardando silencio. Sin emitir palabra alguna, llevo la copa a sus labios y saboreo el vino en su paladar, mientras la copa frente al señor regente descendía por si sola hasta quedar sobre el escritorio. Era obvio que el elfo frente a ella no tenia pensado beber su contenido. “En momentos como estos entiendo porque Kael’thas decidió nombrarte señor regente, en vez de a cualquier otro errante.” – Contesto el gran magister, finalmente. – “Me ocupare personalmente de lo que quieres hacer, mi señor.” El señor regente de Lunargenta asintió a las palabras del gran magister y luego camino fuera de su despacho. Rommath le siguió con la mirada, esbozando una pequeña sonrisa divertida, pues por mucho que Lor’themar se afanara en señalar que antes de todo él era y seria un errante, a diferencia de Halduron, era obvio que había aprendido a ver que el honor y la política a menudo no se llevaban de la mano, y estaba dispuesto a asumir los riesgos que eso significaba con tal de obtener resultados.
  2. 13 puntos
    ACTO II Cubiertos de Gloria El sol abrasador de los Baldíos bañaba la costa este del Fuerte del Norte y la marea teñida de rojo bañaba la playa, sobre cuya arena se hallaban cadáveres humanos, enanos, goblins y de elfos de sangre. La batalla por el Fuerte del Norte había concluido hace ya unos cuantos minutos, pero para muchos se sentía como si está todavía estuviera en marcha. El almirante Aubrey corría tan rápido como podía, detrás de algunos de sus sobrevivientes quienes también se habían dado a la fuga. El puerto se hallaba en manos de la Horda, por lo que no tenían otra alternativa más que correr por sus vidas de vuelta a Theramore, avanzando por la costa para luego seguir por el peligroso pantano del Marjal Revolcafango. “¡Sigan corriendo!” – Ordeno el almirante con una voz jadeante. – “¡Tenemos que alcanzar el pantano!” Los soldados continuaron corriendo desesperadamente, pero sus piernas empezaron a ralentizar su paso irremediablemente debido a la fatiga producida por la batalla. Aún con toda la adrenalina, sus cuerpos habían llegado a su limite. Por un instante, Aubrey sopeso la idea de descansar, pero el silbido de las flechas surcando el aire para luego impactar sobre la arena y un par de sus hombres le hizo pensar lo contrario. Inmediatamente el almirante miro tras de si, alcanzando a ver por el rabillo del ojo a un par de orcos sobre huargos. “¡Malditas bestias!” – Masculló entre dientes el almirante y volvió su vista al frente. – “¡Sigan corriendo!” Una nueva salva sobrevoló las cabezas de los soldados y más de ellos murieron en el acto. Aubrey cayó al suelo tan pronto una de las flechas impacto sobre su hombro. Rápidamente, el hombre se puso de pie, escuchando detrás de si los jadeos de los lobos, cada vez más cerca de ellos. Su esperanza de adelantar a los jinetes ya era casi inexistente tan pronto los había visto, pero ahora la realidad había acabado con cualquier rastro de ella. Miro a su alrededor con desesperación, viendo solo los muertos en la playa y rogó a la Luz que sus enemigos le dieran una muerte rápida. El almirante dejo caer su cabeza sobre la arena y sintió como el agua bañaba repentinamente su rostro, adentrándose en su boca para luego correr por su garganta, forzándolo a toser con fuerza, como si las mareas trataran de negarle el deseo de morir y entonces, antes de poder darse cuenta siquiera, hizo lo primero que se le vino a la mente: se puso de pie y se zambullo en las aguas. Sus perseguidores volvieron a disparar flechas, esta vez al mar. Aunque Aubrey braceaba con todas sus fuerzas y el impacto de las flechas era amortiguado por la densidad de las aguas, una de ellas alcanzo su pierna derecha. El terrible dolor, acrecentado por el agua salada, lo forzó a salir a la superficie para no ahogarse, siendo recibido por una ola que inmediatamente lo engulló y lo hizo girar varias veces debajo de ella. Lo ultimo que el marino logro ver en esos instantes, fue la espuma producida por la ola sobre su cabeza, el sol brillando sobre la superficie y una piedra a la cual se acercaba vertiginosamente antes de golpearse el rostro contra ella, sumiéndolo en la oscuridad. “¿Esta muerto?” – Preguntó uno de los jinetes orcos, tras haber visto que la ola había quebrado sobre el humano. “Eso parece.” – Respondió su compañero, al no ver al almirante salir a flote nuevamente. – “Volvamos al fuerte.”
  3. 11 puntos
    Acto I : Odios Antiguos Resoluciones Los Secretos de la Síma Ignea El Príncipe Negro Gracias a Izquierda, quien desvelo la conspiración entre el Culto del Martillo Crepuscular, las Empresas Donais y un supuesto grupo de la Alianza, el Garad'kra descubrió la existencia de un hombre que se hace llamar el Príncipe Negro. Según la orca, él no tiene interés alguno en el conflicto; su mirada va más allá de este, a pesar de que su intervención favoreció claramente a la Horda. Conspiración bajo Orgrimmar La incursión en la Síma Ignea rindió sus frutos: remanentes del Culto del Martillo Crepuscular se hallaban bajo Orgrimmar. No obstante, la evidencia hallada en su campamento no era concluyente como para destacar si realmente la Alianza estaba apoyando a los cultistas para desestabilizar a la Horda desde dentro o no. Los chamanes oscuros Lejos de presentar batalla, Xorenth acabo con la vida de Korantal y se entrego a la Horda junto al resto de sus chamanes oscuros, dispuestos a aceptar el juicio del Jefe de Guerra, fuera cual fuera. La Manada Perdida El silencio Lobo Gélido A pesar de haberse reunido con más dudas que certezas, la Expedición Hierroescarcha logró descubrir la verdad detras del silencio del Clan Lobo Gélido: lejos de revelarse contra el Jefe de Guerra, los enanos del Clan Pico Tormenta los habían estado asediando desde que habían sido expulsados de las Laderas de Trabalomas. Paz sellada en sangre El costo fue alto, pero la Expedición Hierroescarcha logró recuperar la mitad sur del Valle de Alterac, reinstaurando el control de los Lobo Gélido sobre este. Luego de sus perdidas, es evidente que al Clan Pico Tormenta le tomara tiempo volver a pensar en una nueva ofensiva. Una frágil y tensa paz se establece en el Valle de Alterac. ¿Refuerzos? El Gran Señor de la Guerra Cromush ha dejado algunos de sus guerreros para ayudar al Clan Lobo Gélido a mantener su lado del Valle de Alterac, en caso de que los enanos decidan atacar. Sin embargo, tal y como el capitán Galvangar señalo, esa medida suena también como una forma de vigilar, controlar y forzar al clan a respetar la voluntad del Jefe de Guerra. La Devastación del Fuerte del Norte La Gran Puerta Habiendo permanecido cerrada desde su construcción, la Gran Puerta que impedía la entrada de la Alianza en Mulgore, finalmente se ha abierto. Gracias al esfuerzo combinado de trols y tauren, los merodeadores del Fuerte del Norte fueron derrotados y sus sobrevivientes huyeron despavoridos; un destino piadoso, según algunos, considerando lo ocurrido con Taurajo. Devastación La victoria de la Horda sobre el Fuerte del Norte ha sido absoluta, de eso no hay duda alguna. Sin embargo, lejos de ser ejecutados, Xorenth y sus chamanes oscuros han sido enlistados para servir a la Horda, y Garrosh no ha tenido tapujos en utilizar su poder para destruir a sus enemigos. Lo que debería de ser conocido como la primera de muchas victorias, pasa a ser recordado como "la Devastación del Fuerte del Norte" por aliados y enemigos. Solo el principio... Con su campaña en marcha, el Jefe de Guerra no ha temido en desvelar sus planes al ejército de la Horda: el Fuerte del Norte es solo el principio y su ojos están puestos sobre Theramore, su próximo objetivo. Aunque no es el único que tiene en mira... Tensión en el campamento Al igual que en la reunión de lideres, el jefe de guerra y el gran jefe de las tribus tauren han vuelto a chocar en opinión con respecto a las intenciones, y métodos, que Garrosh esta dispuesto a utilizar para triunfar en su campaña. Pese a que ambos lideres supieron mantener la cabeza fría, la tensión impera en el campamento.
  4. 10 puntos
    Aún no lo acabo, pero un adelanto de tu regalo: Feliz cumple
  5. 8 puntos
    Muchas gracias a todos por sus buenos deseos. El día fue muy bien y esto aportó un granito para que fuese mejor. Un saludo y nuevamente gracias a todos!
  6. 7 puntos
    Fuerte del Norte Ficha de Combate Destreza 3 Percepción 2 Agilidad 3 Resistencia 2 Armas de Filo de una mano: 5 (+3 des) Armas de Fuego: 4 (+2 per) Percepción sensorial: 6 (+2 per) Defensa fisica: 5 (+3 agi / +2 res) Ficha de Combate Destreza 2 Percepción 2 Conocimiento: 4 Agilidad 1 Combate sin armas: 3 (+2 des) Hechizos ofensivos: 7 (+4 con) Percepción sensorial: 4 (+2 per) Percepción extrasensorial: 4 (+2 per) Defensa fisica: 3 (+1 agi) Ficha de Combate Destreza 4 Percepción 2 Agilidad 1 Resistencia 3 Armas de Filo de una mano: 5 (+4 des) Percepción sensorial: 3 (+2 per) Defensa fisica: 4 (+1 agi / +3 res) Ficha de Combate Destreza 2 Percepción 4 Agilidad 3 Resistencia 1 Armas de Filo de una mano: 3 (+2 des) Armas de Fuego: 4 (+4 per) Percepción sensorial: 3 (+4 per) Defensa fisica: 2 (+3 agi / +1 res)
  7. 6 puntos
    @Mistleave El lado positivo de palmar en Theramore, te ahorras el trauma
  8. 6 puntos
    ¡Feliz cumpleaños, Galdoreth! *Te viste con un gorro de cumpleaños, lanza confeti para la ocasión y coloca un colorido pastel frente a ti* ¡Que disfrutes de tu día y cumplas muchos más, melenudo! @Galdoreth
  9. 6 puntos
    Bueno, bueno... Creo que no puedo competir contra el regalo de @Nymleth, pero... Aún así, te entrego el mío con musho cariño, porque eres mi bro, y los bros se quieren mucho, bro!
  10. 5 puntos
    Ese meme no me inspira confianza... xDDD
  11. 5 puntos
    XIV A su alrededor, allá donde le alcanzaba la vista, se extendían interminables campos de siembra. Entre las parcelas plagadas de distintos sembrados de cereales serpenteaba una acequia de agua enclavada en la tierra, dándole ciertos nodos de frescura a aquel mar amarillo. Un poco más allá, en el límite de los cultivos, se alcanzaba a distinguir la compacta figura de un bosque de pequeño tamaño que aún quedaba enclavado en las tierras del monasterio. Todos aquellos terrenos eran rodeados por un murete de piedra rojiza, de unos dos metros de altura, que partía siguiendo una de las grandes paredes de la iglesia y rodeaba aquellas extensas hectáreas de cultivos, incluido el bosque, para luego regresar a la imponente figura del monasterio y cerrar así el recinto. Desde que había recuperado el vigor gustaba de recorrer aquel remanso de paz. Lo hacía en solitario las más veces, aunque en los últimos días Cecilia, la novicia que le había asistido, había insistido en acompañarle. Ambos habían entablado una buena relación desde que Ethmund llegase herido a aquel monasterio y ella se hubiese ocupado de sus heridas. No debían tener más de uno o dos años de diferencia, pero era evidente que provenían de caminos completamente distintos. Pocos eran los detalles sobre su pasado que aquella mujer de cabellos oscuros dejaba escapar en sus conversaciones. Casi parecía que toda su vida hubiese sido una repetición de aquellos metódicos y constantes días en el monasterio. A pesar de aquello, no era una persona arisca. Habitualmente tenía palabras buenas y pensamientos cargados de optimismo para el futuro de todos, incluido el de Ethmund. Accedía a compartir con él algunas de las reflexiones de la vida monacal, de la recién terminada guerra y el resultado de esta. Todo aquello le había ayudado a continuar estabilizando su caótica vida. Desde que recalara en la cabaña forestal del viejo Ethmund había dejado atrás muchos de sus errores y métodos que no le había sino empujado a un pozo del que le había sido muy difícil salir. Y aun cuando vio la luz al final del túnel, esta se cobró el elevado precio de la muerte una vez más. A pesar de todo aquello, la guerra había terminado y aquel muchacho se veía libre. Libre de forma terrenal, sin grilletes ni amenazas sobre si, pero preso aún de los actos que había cometido en el pasado y que aún le perseguían. Cecilia no sabía nada de aquello, no sabía que se había llevado a sangre fría la vida de Keveth el strómico o que había desertado del ejército. Ella lo veía, sin duda, como un desdichado de buen corazón, que se había enfrentado a un orco que arremetía contra un populacho enfurecido. Ethmund, por alguna razón, no la había hecho saber nada de aquello. No la había hablado de sus episodios más bajos ni del agujero de desdichas del que había salido a pesar de pensar que nunca lograría hacerlo. Era reacio a que sus antiguas acciones y derroteros sembrasen una semilla de desconfianza en aquella recién adquirida amistad, si es que así se podía llamar. Ambos caminaban por la campiña hablando de cosas mundanas, dos conocidos que se hablaban como completos desconocidos y que parecían reacios a revelar nada de importancia al otro. A pesar de aquello, se entendían. Emprendían ya el camino de regreso al monasterio, dejando atrás los campos de cereal y enfilando un sendero que bordeaba el pequeño bosque monacal. Era un camino que no tomaban habitualmente, pero tampoco les era desconocido o extraño. El bosque era, a pesar de su reducido tamaño, denso y oscuro en su interior, compacto. Las copas de los árboles se mecían con el suave viento de la tarde. Era sin duda un día tranquilo más. Toda aquella calma, aquel silencio, se vio roto cuando Ethmund y Cecilia estaban a punto de dejar atrás el bosque. Entre aquel silencio insondable propio de los terrenos que recorría, la repentina desbandada y piar de una bandada de aves que abandonó a prisa el bosque se hizo notar. Ethumnd se detuvo y siguió el vuelo de las aves con la mirada. Cecilia se detuvo también, aunque no pareció darle la extrema importancia que su acompañante le había otorgado. En ese momento la mujer captó algo por el rabillo del ojo, en el interior del bosque. Sus ojos se centraron en el interior de la árboleda y Ethmund ya se había acercado a ella para observar también hacia el interior. Una pareja de ojos pequeños los miraba fijamente. Eran los ojos de un infante, de un niño, sin lugar a dudas. Cecilia rápidamente había extendido su mano y dado dos pasos hacia el interior del bosque, buscando acercarse a la criatura. Entonces la mano firme de Ethmund rodeó la muñeca de ella y la obligó a detenerse. Otra pareja de ojos, rojos y más grandes, los observaba también unos pasos más allá. El rostro melancólico y magullado de aquella mujer orca no imprimía amenaza alguna, ni si quiera la fiereza a la que Ethmund se había acostumbrado. Aquella mujer verde imploraba misericordia a aquellos dos humanos que la habían encontrado a ella y a su retoño. Cecilia se quedó de piedra, observando con la boca abierta, tal vez por la visión de una de aquellas criaturas que tanto dolor habían causado, o quizás por haberse dado cuenta de que aquellos demonios también tenían cachorros indefensos. Ethmund miraba a la orca con tensión, conocedor de lo que tanto varones como hembras eran capaces de perpetrar. No tenía arma con la que defenderse, pero aquella orca no obstante no parecía agresiva. Todo lo contrario. El sonido taladrante del campanario llegó hasta su posición desde el monasterio. Ambos miraron en aquella dirección un mísero instante antes de darse cuenta de que, reaccionando al mismo sonido, aquella mujer orca había rodeado a su cachorro en sus brazos y se había ocultado más en el bosque. Ambos la miraron ocultarse como un animal herido. —Corre a avisar a alguien —dijo Ethmund, mirando a Cecilia—. Yo me quedaré aquí. La mujer lo miró y asintió en un mar de dudas, apretando el paso entonces por el sendero que llevaba al monasterio. Ethmund no quitaba los ojos de la figura de aquella orca. Era desconcertante ver como aquella imponente mujer se cobijaba por la presencia de dos escuálidos humanos. Mientras, su retoño lo miraba con curiosidad, sin miedo. Había dedicado tanto tiempo a cultivar su odio justificado a aquella raza que nunca se le había pasado por la cabeza una imagen así. Una madre asustada con un hijo en brazos. Verdes, si, pero madre e hijo igualmente. Comenzaron a escucharse pasos. Muchos. El tintineo de las mallas de metal acompañaba a aquella comitiva. Ethmund pudo ver un grupo de hombres de armas siendo guiados a aquella dirección por el abad del monasterio y por una Cecilia que lo miraba a él fijamente. De dónde habían salido aquellos hombres lo desconocía por completo; en el monasterio no había soldados. Ethmund creyó captar en ojos azules de Cecilia una súplica, una plegaria. Estaban ya muy cerca, el abad alzó la voz. —Apártate muchacho, deja que estos hombres saquen a la bestia. El nutrido grupo de hombres pasó junto a Ethmund y al interior del bosque sin dudar un instante. Tanto el abad como Cecilia aguardaron en el exterior, junto al que parecía el cabecilla de aquel grupo que había aparecido de improvisto. Ethmund miró inquisitivo a Cecilia, mirada que fue interceptada por aquel hombre de aspecto adusto. —Nosotros nos ocuparemos de esa bestia, chico —su voz era agria y parsimoniosa, hartas sus palabras de egocentrismo —. La seguíamos desde hace días hasta aquí y la novicia ha tenido a bien toparse con nosotros. —¿Habéis visto a la bestia aquí muchacho? —inquirió el abad, observando al interior del pequeño bosque donde se escuchaban las pisadas de los hombres—. Ethmund miró a Cecilia que, ante aquellas palabras, bajaba la cabeza. No parecía del todo conforme con lo que aquel hombre había expuesto. Asintió firmemente a las palabras del abad y aguardó en silencio sepulcral a partir de ese momento. Uno de los hombres en el interior de la arboleda dio una voz, una orden, y pudieron escuchar pasos apresurados que parecían converger en un punto. Entonces escucharon un gruñido rabioso que se ahogó en cuestión de segundos. Al cabo de unos instantes, los pasos de los hombres que regresaban sirvieron de preludio para la imagen que les siguió. La orca salió precedida de uno de aquellos hombres, presa, con un cepo de madera alrededor de su cuello y sus brazos. Tras ella fueron apareciendo el resto de los hombres hasta llegar al último, que asía del pie la pequeña figura del cachorro orco, suspendida en el aire. Una carcajada se desató en la garganta del cabecilla de aquel grupo. —¡Una cría! —su voz se volvió estridente, jocosa, cargada de desprecio—. No puede ser, hemos cazado una madre con su cría. Algunos de sus hombres sonrieron ante el comentario de su líder y el que llevaba al crio lo observo de cerca, agitándolo con el brazo, orgullo de ser él quien había atrapado la pierna de aquel renacuajo. Por las risas y la exclamación, era evidente que aquellos hombres habían perseguido a la orca desconocedores de que cargaba con ella un cachorro. —¡Nos vamos! —de nuevo la voz de aquel hombre, que ya había dejado de reir — Buen trabajo. Si el abad nos lo permite, haremos noche aquí antes de continuar con nuestro viaje. ¡Está anocheciendo! El abad del monasterio cedió sin problemas a la solicitud de aquel hombre y el grupo enfiló el sendero que regresaba al monasterio, instigando a aquella orca a caminar. A su paso junto a los dos muchachos, aquella mujer derrotada los miró con una mezcla de rabia e impotencia. Escupió a los pies de Cecilia y bufo, tras lo cual recibió un golpe en el rostro, que uno de los hombres le propinó con el dorso de la mano antes de continuar caminando. Cecilia se sentó en el suelo rodeando las rodillas con sus brazos y observando los cultivos con impotencia. Ethmund se sentía igualmente consternado. Había arrebatado la vida a algunas de aquellas bestias en la guerra, pero esto había sido distinto. Aquellas eran bestias viles, descontroladas y asesinas a cuyas espaldas nunca había imaginado que habría retoños y quizás familias. Posó una mano en el hombro de Cecilia y se acuclilló junto a ella, intentando reconfortarla. —Son carceleros. Carceleros de campos de prisioneros donde los llevan —mientras hablaba, alzó la mirada hacia Ethmund—. Estaban buscándolos, estaban hablando con el abad. Yo no supe que hacer… Él asintió a sus palabras, comprendiendo entonces de donde habían salido aquellos hombres y la situación complicada en la que ella se había encontrado. El destino parecía haber tomado ya una decisión sobre aquellos fugitivos. Quizás si aquellos hombres no hubiesen aparecido, el abad habría tenido a bien dejarlos marchar, u otra solución que no sellase el destino de aquellas dos criaturas. —Hiciste lo correcto —y dio una breve palmada en su hombro y a pesar de que sus palabras eran sinceras, a pesar de que creía en lo que decía, no pudo evitar cuestionarse—. Hicimos lo correcto. Hubo un breve silencio entre ambos. Cecilia arrancó a negar y unas gruesas lágrimas corrieron por su rostro. Las dudas surcaban su rostro otrora jovial. Ethmund se puso en pie y ofreció su mano, que ella tomó con agradecimiento. Emprendieron el camino de regreso al monasterio como dos almas en pena. Nunca Ethmund había pensado que llegaría a sentir empatía por una de aquellas criaturas.
  12. 5 puntos
    Es más a manera de coña la respuesta a este post, pero debo decir el ritmo me es relajante... o quizás sea Cromi que hace sea difícil dejar de verla.
  13. 5 puntos
  14. 5 puntos
    Música ambiental ¿Qué es la vida si no una sucesión de años sobre el cuerpo y el atesoramiento de recuerdos en nuestra mente? Recuerdos que no siempre tienen que ser amables, para nuestra desgracia… O quizá para nuestro beneficio, pues de cualquier vivencia se saca un aprendizaje, y es bien sabido que sin un equilibro en todas las cosas el mundo, quizá, dejaría de ser tal como lo conocemos. El primer recuerdo de aquella pequeña quel’dorei de cabellos dorados, cuerpo menudo, y ojos de un suave celeste, es el perfume del éter en la enfermería del hospicio; ese aroma desagradable y picante que a ella le parecía lo más curioso del mundo, de ese pequeño mundo infantil suyo que sólo había conocido los muros de piedra de aquel hospicio y el cariño de las buenas gentes que en él trabajaban voluntariamente. Pero no había dolor ni drama en aquello, la infancia de Elyrien había sido feliz. A ella le gustaba pulular por aquellos corredores e ir a la enfermería, donde se colaba siempre que podía y miraba el quehacer de las sanadoras que prestaban allí servicio. - ¿Pero ya estás aquí otra vez, criatura? – tropezó con ella una elfa enjuta y de rostro algo severo - ¿Por qué no vas fuera, con los demás, a que te dé un poco el sol? - Porque me aburro – respondió decidida la pequeña. - ¿Cómo qué te aburres? ¿Prefieres estar aquí estorbando? ¿No ves que con los utensilios que hay en la enfermería podrías hacerte daño? - ¿Qué ocurre? – preguntó al pasar otra gentil de cabellos blanqueados por la edad y la bondad reflejada en una sonrisa tenue, observando primero a la adulta y luego a la menor - Lady Nïniel esta chiquilla se empeña en usar la enfermería como campo de juego La dama de cabellos níveos bajó los ojos violáceos hasta la pequeña y luego se inclinó ligeramente hacia ella para quedar relativamente a su altura. - ¿Cómo te llamas, pequeña? – sonó de nuevo aquella voz delicada y amable. - Elyrien - ¿Y por qué no estás fuera con los demás? Hoy hace un bonito día de primavera, con todos los colores y los perfumes de esta época que se muestran sólo para ti. - Yo no quiero jugar, señora, quiero aprender a curar a la gente, como hacen aquí – señaló la niña hacia el interior de la enfermería. La dama se incorporó alzando las cejas por la determinación mostrada por aquella criatura a tan tierna edad. - Yo me encargo, hermana – asintió entonces a la otra quel’dorei Y a partir de aquel momento, lady Nïniel, una dama de alta cuna que renunció a sus posesiones, su título, e incluso a formar su propia familia en favor de la de otros, se convirtió en la mentora de aquella niña curiosa y resuelta. La dama le enseñó el conocimiento del cuerpo humano, el arte de la sanación a través de los instrumentos que la Naturaleza otorga, e incluso le enseñó a tocar algunos instrumentos. En definitiva, la educó para que, aunque no fuera una dama por nacimiento, sí pudiera mostrar las formas y maneras de una noble gentil, complementando así los otros saberes que había adquirido en el orfanato: leer, escribir, coser, cocinar…. - La educación es el mayor tesoro que tendrás en esta vida, mi pequeña Elyrien. Aprende a ser cortés con los demás pues una palabra amable la agracederá el noble de nacimiento pero aún más el moribundo al que consolarás en su último tránsito. La vida transcurría tranquila en el hospicio, Nïniel le había dado un hogar a la joven elfa pero había tenido cuidado, a pesar de mostrarse amable y protectora con ella, de que la relación entre ambas no fuera más allá de tutora y pupila pues la dama sabía que eran muchos años ya los que había sobre sus espaldas y el fin no habría de andar muy lejos; no quería que el disgusto para la joven fuera mayor del necesario. - ¿Sabes que en esta época es cuando los pajarillos echan a volar y marchan de sus nidos? – comentó un día mientras paseaban. Elyrien la miró, comprendiendo lo que quería decirle, y del mismo modo que ella la había entendido, la dama pareció adivinar sus pensamientos – No, no me molestas en absoluto, pero quiero que seas una dama fuerte e independiente, Elyrien, y no lo serás si siempre llevas un lastre contigo. - Pero tú no eres ningún lastre, Nïnny, eres mi Maestra. La risa suave y taimada de la elfa de cabellos plateados ascendió cual ave entre la fronda de los altos árboles que les rodeaban. - Ay pequeña… Lo sé, ¿pero entiendes lo que quiero decir? - Creo que sí – Asintió ella - Me alegro, porque te mudas mañana – Elyrien abrió los ojos como platos – Te he conseguido una casita pequeña en las lindes de la ciudad. - Pero si no tienes…. - Ah, querida, puede que ya no posea fortuna pero aún tengo quien me debe favores – le guiñó un ojo. - Eso está mal –puntualizó la jovencita. - Está mal si te cobras los favores de forma ilícita, pero no es mi caso, el dueño de la casa la tenía abandonada y me la cedió gustoso cuando le comenté que mi pupila buscaba un sitio para iniciar su vida de manera independiente. Y de este modo, la joven Elyrien comenzó su andadura en solitario. A medida que pasaba el tiempo la joven ganaba reconocimiento por su buena labor y su carácter amable, y aparte de su voluntariado en el hospicio se ganaba la vida como aprendiz de uno de los apotecarios de la ciudad; además, las visitas a su pequeña casa para pedir remedios herbales a dolencias leves era un incesante goteo que muchas veces la tenía despierta hasta la madrugada. Pero ella disfrutaba con todo aquello, ayudando a los demás, siempre lo había tenido claro, siempre había sabido que aquella era la vida que quería vivir, así que podía decir que seguía siendo feliz. Aquella tarde había salido algo más tarde a recolectar hierbas, sabía que a aquellas horas no era recomendable transitar por aquella zona del bosque, pero no tenía más remedio que hacerlo pues necesitaba los ingredientes para hacer un preparado que necesitaba, al menos, de tres noches de maceración. Tenía la costumbre de que, al tiempo que recogía con mimo y dedicación las plantas, entonaba alguna canción a modo de personal agradecimiento a la Naturaleza y a la propia planta por el servicio que iba a ofrecerle; también se entretenía en anotar en su libretilla de campo todo aquello que le iba viniendo a la mente sobre las hierbas que recolectaba, o los descubrimientos fortuitos que hacía sobre el terreno. Y estando en estos menesteres vio que la noche ya se había cernido sobre el bosque, así que recogió con premura sus útiles de recolección y guardó cuidadosamente las plantas en el cestillo de mimbre que había traído, y al incorporarse le pareció escuchar algo, pudiera haber sido el crujir de unas pisadas sobre la hojarasca del bosque, quizá algún animal, y apeló al Sol y a la Luna, pues ella creía en la dualidad de las cosas, para que no fuera un animal peligroso. Comenzó a caminar con premura, no había vereda, pero ella conocía la senda, llevaba años recorriendo aquellos mismos caminos trazados en su mente, donde sabía que las plantas que necesitaba crecían. Y a medida que pasaba por entre los árboles, de tanto en tanto, miraba atrás pues las pisadas ahora parecían más cercanas: eran lentas, como el arrastrar de unos pies cansados, y reverberaban en el bosque no dejando claro de dónde provenían. Estando con el rostro vuelto hacia atrás para comprobar que nadie la estuviera siguiendo, sintió que unas manos la aferraban por los hombros y la detenían. Con un grito aterrado volvió la vista al frente para comprobar cómo el dueño de aquellas manos soltaba su presa y caía a sus pies. - Ayudadme…. mi señora…. Os lo ruego…. – imploró el joven de caras y ensangrentadas ropas que se había desplomado ante ella. Como buenamente pudo lo ayudó a incorporarse y, a pesar de estar malherido, lograron llegar hasta la casita que la gentil llamaba hogar, sin embargo las heridas ya se habían infectado. La aprendiz de galeno limpió y suturó cuidadosamente cada laceración y las trató para que no volvieran a contaminarse pero la fiebre tuvo al joven sin nombre durante varios días delirando palabras ininteligibles. Elyrien envió una misiva a su Maestra para informarle de que estaría ausente de su tarea en el hospicio durante el periodo de convalecencia del elfo, y de igual modo envió otra carta al apotecario para excusarse por los días que no acudiría a atender la botica. Mientras los días pasaban, el desconocido parecía ir recuperando poco a poco la salud perdida y entre tanto, Elyrien no estaba ociosa; la gente visitaba ahora más asiduamente su casa para que atendiera sus dolencias o, muchas veces, simplemente para hablar, pues la joven, paciente y amable, escuchaba los problemas o aflicciones de aquellas personas que llegaban a ella para desahogarse, incluso algunos días leía cuentos a un pequeño grupo de niños que ya parecían ser habituales por la casa. - ¿Por qué hacéis eso? – preguntó el joven cuando ella fue a atender su estado aquel día. - ¿Hacer qué? - inquirió ella mientras cambiaba el vendaje del pecho por uno limpio tras comprobar que las heridas cicatrizaban de manera correcta. - Escuchar a esa gente. No vienen a curar heridas ni a pedir tratamientos – preguntó sin maldad o egoísmo en sus palabras, simplemente por pura necesidad de entendimiento puesto que la mayoría de la gente se movía por interés en aquella ciudad. - A veces el escuchar tiene unos efectos curativos mejores que la mejor de las medicinas – respondió ella con una sonrisa cálida mientras volvía a colocarle el sencillo jubón de cama con el que lo había vestido. El joven la miró, observando cada detalle del bello rostro de la aprendiz y preguntándose qué la movería entonces a ese altruismo extraño. - Me llamo Eltharion. - Yo soy Elyrien – respondió con aquella voz suave, mirándole a los ojos y manteniendo la sonrisa que parecía acompañar siempre a sus palabras. La joven se ofreció a ir a buscar a la familia del muchacho, pero él le rogó encarecidamente que no lo hiciera, contándole que estaba inmerso en un conflicto de intereses por parte de sus padres, quiénes lo querían prometer con la primogénita de una notable casa de la ciudad para que el apellido Crimsonlight medrara en política igual que lo había hecho en riquezas. A los pocos días, Elyrien retomó su día a día puesto que el muchacho ya estaba lo suficientemente restablecido como para valerse por sí mismo aunque aún estuviera convaleciente; iba a la apoteca, echaba una mano en el hospicio, pasaba por la biblioteca y regresaba a casa. Aquel era su itinerario la mayoría de días, y el poco tiempo libre del que disponía lo dedicaba a las personas que la visitaban. Nïnny le había dicho que debía de guardar tiempo para ella, por mucho que le pareciera que el mirar por los demás la llenaba por completo. - Hay un tiempo para los demás y un tiempo propio, uno para pensar en ti, en las cosas que te gustan y que no tienen que ver con el prójimo ni con la ayuda que prestas, Elyrien. Créeme, sé de qué hablo, querida. Al principio piensas que toda esa satisfacción personal llenará tu día a día, pero cuando te das cuenta, estás en una casa vacía con el tiempo en tu contra. - Pensé que tu elegiste este camino – la observó con aquellos serenos ojos azules. - Y lo hice, y estoy orgullosa de las cosas que he hecho – respondió la dama, con un deje nostálgico en la voz, perdiendo la mirada en el horizonte de aquel precioso atardecer - pero si pudiera volver atrás elegiría otro camino, uno no muy diferente, uno con un esposo y quizá un hijo…. – Un suspiro quedo puso punto final a aquella conversación y ninguna de las dos sintió la necesidad de continuarla pues ambas sabían lo que la otra pensaba. Finalmente Eltharion regresó a su hogar, donde le esperaba una vez más la presión de su apellido. Cuando lo hizo, llevó a Elyrien consigo y la presentó a sus padres, quiénes de manera bastante poco considerada le dieron las gracias ofreciéndole una abultada bolsa en pago a sus cuidados y la instaron a marcharse. La aprendiz de galeno no pareció tomarse a mal aquel comportamiento y, al contario, sonrió agradecida pero se negó a aceptar el pago, diciendo que en su lugar, donaran aquel dinero al hospicio. - Lo siento – se disculpó Eltharion cuando la acompañó a la puerta. - ¿Por qué? Si no ha pasado nada – restó importancia ella a lo ocurrido al ver la rabia contenida en los ojos azules del gentil y su mandíbula tensa – Cuidaos, y no volváis a salir al bosque en las mismas circunstancias en que lo hicisteis esta vez, la ira no es buena consejera y embota los sentidos – recomendó, amable, para luego salir. A pesar de la advertencia de sus progenitores, Eltharion siguió viendo a la joven apotecaria, yendo a buscarla cuando salía de la botica, visitándola en el hospicio, intercambiando miradas y sonrisas furtivas cuando él estaba acompañando y se encontraban en algún lugar… Compartían pequeños ratos siempre que podían y se contaban al uno al otro todo de sí, hasta darse cuenta de que, de aquellas partes del todo que forman el Universo, dos pequeñas piezas habían vuelto a unirse, y aunque la relación había de ser del todo clandestina, a ellos no les importaba mientras pudieran saber que se tenían el uno al otro. El tiempo pasó deprisa, todo lo deprisa que pueden pasar los años para los que viven centurias. La joven sanadora continuaba sus estudios al tiempo que el primogénito y único hijo de la casa Crimsonlight seguía su guerra personal contra los suyos y, de nuevo a espaldas de su familia, aprendía el noble oficio de la herrería. Como cada noche, Elyrien había cerrado ya la puerta de su casa, que solía estar abierta para que quienes acudían a ella en busca de ayuda pudieran entrar libremente. Un par de golpes secos sobre la madera de la puerta llamaron su atención, pensó que sería alguna urgencia y acudió a abrir. Ante ella estaba el rostro altivo de la madre de Eltharion, quien le sonrió y le pidió permiso para entrar. - Buenas noches, querida, perdonad que os moleste a estas horas pero necesito de vuestra ayuda. - Claro, mi señora, lo que necesitéis – asintió ella – Iba a preparar té, ¿os apetece? - Sois muy gentil, pero he de declinar vuestra oferta pues no dispongo de mucho tiempo. Veréis, sé que os seguís viendo con mi hijo – Ante aquellas palabras la sonrisa se desdibujó del rostro de Elyrien, quien se sentía como una niña pequeña a quién le hubieran pillado haciendo una trastada – Sé que le amáis realmente y precisamente por eso estoy aquí – Un pequeño rayo de esperanza pareció iluminar los ojos de la aprendiz quien pensó que quizá los padres del muchacho habían entrado en razón – Si realmente le queréis, no querréis ser culpable de que su futuro se trunque, ¿verdad? Eltharion tiene ante sí una carrera política que podría ser más que notable, pero si abandona todo eso ahora ¿qué le espera? ¿Deslomarse arando un campo? ¿Trabajar de sol a sol por un sueldo miserable? Sé que le queréis, pero a veces, querida, el amor no es suficiente. - Pero… - Sí, ya sé que sois una buena persona, que sois voluntaria en el hospicio y que la gente de por aquí habla maravillas de vos, pero decidme ¿qué podéis ofrecerle? Os hablo de un futuro prometedor, una vida llena de éxitos, y todo eso se irá al traste si renuncia a ello en favor de una vida humilde – la quel’dorei tomó las manos de Elyrien y la miró a los ojos – Quizá no lo entendáis porque no sois madre aún pero cualquier madre desea lo mejor para sus hijos, y eso es lo que quiero para Eltharion, querida. Apelo a vuestra razón y a la generosidad de vuestro corazón, que sabrá hacer lo correcto. Tras la conversación con Lady Crimsonlight, Elyrien no volvió a ver a Eltharion. Por mucho que él trataba de buscarla en los sitios que solía frecuentar, ella variaba sus rutinas para no coincidir, hasta que un día volvieron a encontrarse, y aunque al principio ella no soltaba palabra e inventaba excusas difusas finalmente tuvo que claudicar y contar la verdad. Ese mismo día, y tras una fuerte e irreconciliable discusión con sus padres que culminó con la amenaza de ser desheredado si continuaba en su empeño de no seguir los planes designados para él, Eltharion se mudó a la pequeña casa de la aprendiz. - Me hubiera gustado darte esto en otras circunstancias – dijo él con aire afligido mientras tomaba una caja alargada de entre las pocas cosas que había traído y se la entregaba. Al abrirla, Elyrien encontró un precioso y delicado vestido de color blanco y dorado bordado en hilo de oro. - Es…. lo más bonito que he tenido nunca – sonrió con los ojos algo empañados por la emoción pues no era alguien de darse muchos caprichos y, aunque la ropa era una de sus pasiones y había aprendido a coser para hacerse la suya propia, su salario no le permitía hacer grandes desembolsos para estos menesteres. - Te equivocas, lo más bonito que tienes, siempre estará aquí – respondió él poniéndole la mano sobre el corazón. La apoteca estaba a punto de cerrar, Elyrien barría el suelo para dejar todo listo para abrir a la mañana siguiente cuando se escuchó un griterío afuera. - ¿Qué ocurre, Elyrien? – preguntó el boticario asomándose desde la trastienda - ¿Es algún altercado? - No lo sé – dijo abriendo la puerta y saliendo fuera para comprobarlo in situ. Al hacerlo vio a algunas personas correr calle arriba diciendo cosas inconexas, hasta que preguntó a un quel’dorei que pasó junto a la botica. - ¿Qué es lo que ocurre? - Dicen que la defensa de los monolitos se ha roto – contó con apremio el elfo. - Pero eso es imposible – dijo el boticario, que acababa de salir para enterarse de la noticia, negando con gesto incrédulo. Entonces se oyó un siseo en el cielo, y una estrella fugaz de color negro dejó una parábola bruna a su paso. Los ojos de los tres quel’dorei que estaban hablando siguieron el recorrido de aquel meteoro y observaron horrorizados cómo lo que parecía ser una concatenación de cadáveres descompuestos y unidos entre sí por algún tipo de magia oscura se estrellaba contra una de las torres de la biblioteca dejando tras de sí un agujero que hizo que la construcción se estremeciera. Entonces... se desató la vorágine. La gente de Lunargenta, confundida, se echó a la calle para comprobar cómo un sinfín de proyectiles oscurecían la tarde. Nadie sabía a ciencia cierta qué es lo que estaba pasando pero el caos se desató en poco tiempo en la ciudadela a medida que las construcciones y las calles iban quedando reducidas poco menos que a escombros salpicados de los restos putrefactos de los cadáveres con los que estaban siendo bombardeados. El boticario cogió por el brazo a Elyrien y tiró de ella hacia dentro del establecimiento pero entonces un joven elfo llegó gritando el nombre de la gentil. - Lady Elyrien – la llamó por el título de cortesía por el que solían referirse a ella en actitud de respeto y gratitud por el trabajo que desempeñaba cuidado de su prójimo – tenéis que venir conmigo a la sala de curas, aquello es un caos, hay muchos heridos, los sanadores no dan abasto –apremió con gesto angustiado. - Ni hablar, no es seguro, lo mejor es encerrarse y esperar – negó el apotecario. - Tampoco es seguro encerrarse, mi señor – dijo con la cortesía largo tiempo aprendida con la que solía tratar a todo el mundo – y además mi sitio está con los que me necesitan – y asintió al elfo, quien echó a correr alejándose seguido por ella. El panorama en la sala de curas era espeluznante, los heridos no paraban de llegar y se amontonaban en las tres salas disponibles mientras los sacerdotes trataban indiscriminadamente a los que iban llegando viéndose sobrepasados por la situación. Por todos lados se escuchaban gritos de angustia y dolor, y peticiones de auxilio. Elyrien caminaba por entre quel’dorei malheridos, muertos, y mutilados mientras el sonido de los derrumbes y los gritos de terror se filtraban por todas partes. El suelo temblaba de tanto en tanto bajo sus pies y cuando pasó junto a una cama alguien le agarró de la manga del vestido y dio un tirón seco, desgarrándole las costuras del hombro. - A…Ayudadme…. por piedad… – pidió un quel’dorei mirándola suplicante. Elyrien bajó la mirada hasta su vientre, totalmente desgarrado y cuyos intestinos eran una masa sanguinolenta más fuera que dentro de su cuerpo. - Tranquilo – le dijo agarrándole con afecto la mano empapada en sangre que el elfo aún tenía aferrada a su manga – Haré que el dolor desaparezca – le sonrió cálida, y rápidamente fue hacia una vitrina de dónde sacó una jeringa y un pequeño frasco con un líquido violáceo. Llenó la cánula con el fluido del frasco y buscó una vena en el macilento brazo del elfo – Ahora dormid, por la mañana os sentiréis mejor – mintió con entereza a sabiendas de que lo que le había inyectado lo dormiría para siempre, y cuando el quel’dorei cerró los ojos ella miró alrededor contemplando la descoordinación reinante que hacía que se atendieran heridas leves y se dejara en espera a los heridos verdaderamente graves. Caminó hacia un elfo con el que había compartido multitud de horas en el estudio de la medicina y le habló con firmeza. - Debemos de separar por gravedad a los heridos, los sacerdotes no pueden curar heridas que no sean realmente de vida o muerte, si no morirá mucha más gente de la que ya va a perecer de por sí. Tenemos que ayudarles– Miró alrededor y vio un escritorio, se dirigió a él entre el tumulto y regresó con dos frascos de tinta, uno negro y otro rojo – Toma, haz una marca en la frente, si está ensangrentada límpiala primero para que la marca se vea con claridad, roja a los graves, negra a los que ya no se pueda hacer nada por ellos. - ¿Vas… vas a dejar morir a la gente, Elyrien? – la miró el elfo como si fuera una hereje. - En situación normal sabes que no daría a nadie por perdido, Phaeron, pero estamos ante una situación extrema. - Yo… yo no puedo hacer eso… no puedo decidir quién vive o quien muere – negó mientras recibía en sus manos los dos frascos de tinta. - Tú no decidirás nada, otros ya lo han hecho por ti. No te sientas culpable, estarás haciendo lo correcto, podremos salvar más vidas si priorizamos – puso su mano sobre la de él y la apretó suavemente para infundirle valor, asintiendo - Di a alguien que te ayude a agrupar a los heridos por las marcas, los que no sean graves que los pasen a esta sala y les trataremos aquí, los que estén graves que los pasen a la sala de al lado, yo avisaré ahora a los sacerdotes y habilitaré una sala para los desahuciados – y sin decir más se marchó para comenzar con su parte de la labor La tarde agonizaba entre gritos, dolor y muerte, y las noticias que iban llegando eran cada vez más funestas. Se decía que la Plaga recorría los bosques de Quel’Thalas, que la general Sylvanas había caído, y que la organización de forestales y magos no sería ya suficiente para detener al ejército cuyo objetivo, al parecer, era la Fuente del Sol. Elyrien operaba de urgencia a una quel’dorei embarazada para poder salvar al bebé ya que el corazón de la madre apenas si latía. Entonces el suelo tembló de nuevo, y una grieta en el techo avanzó como un rayo negro dibujado sobre firmamento blanco. - ¡Cuidado, el techo va a caer! – advirtió alguien, pero la quel’dorei hizo caso omiso y continuó con su tarea, ya faltaba poco, sólo tenía que cortar la bolsa y sacaría al pequeño. - Ya casi está – se dijo a sí misma en un susurro, pero cuando iba a deslizar el bisturí sintió cómo alguien la agarraba por los hombros y tiraba de ella hacia atrás cayendo ambos al suelo justo a tiempo para que los escombros que cedieron del techo al hundirse parcialmente no la aplastaran – ¡¡¡No, no, no!!! – gritó al comprobar cómo los cascotes habían cubierto casi por completo a la parturienta a su nonata progenie. - ¡Elyrien, ya no puedes hacer nada, tenemos que salir de aquí, el edificio amenaza con derrumbarse! – le dijo Phaeron con premura, a lo que ella se levantó y caminó desesperada por entre las camillas y las gentes agonizantes. Las paredes de casi todas las salas tenían grietas que las recorrían como venas oscuras que con cada pulso se hacían más extensas, Elyrien entró en la estancia donde habían colocado a los cadáveres y se apoyó en la pared dejándose resbalar hasta que se sentó en el suelo llevándose las manos a la cara, y por primera vez se permitió el lujo de desfallecer sollozando desesperada hasta que poco a poco recobró la compostura y sacudió la cabeza negando, se pasó las manos por las mejillas, ensangrentándolas, para retirar las lágrimas y se puso en pie, carraspeando ligeramente para volver a sacar fuerzas de flaqueza y dirigirse una vez más a la enfermería. - ¡Hay que evacuar!, ¡han entrado en la ciudad! – se oyó a alguien decir mientras entraba como un vendaval en el dispensario, pero no bien hubo dicho estas palabras cuando un siseo se abalanzó sobre el edificio y ante la explosión de sombras negras las paredes terminaron por ceder. Cuando recobró la conciencia el sonido sereno de la que había sido una ciudad tranquila y asombrosamente bella era ahora una amalgama de explosiones, gritos de pánico, y un zumbido incesante. Las columnas de humo negro se alzaban por doquier y una bruma verdosa avanzaba por entre las desdibujadas calles de la ciudadela. La quel’dorei se puso en pie y una terrible punzada de dolor le impactó como un dardo haciéndole llevarse las manos a la cabeza. Miró a su alrededor… Sólo había escombros y muerte, y avanzó como pudo para salir de lo que quedaba de la enfermería decidida a encontrar a gente aún con vida para ayudarles a salir de allí. - ¡Elyrien, gracias al Sol! – escuchó una voz familiar que se le acercaba, y sintió un abrazo afectuoso y reconfortante entre todo aquel caos. Eltharion la separó de sí y la observó, con la urgencia de la situación - ¿Estás bien? - Sí… sí… Voy a buscar a la gente que…. - No hay tiempo para eso – negó él, rotundo. - Pero Eltharion la gente nos necesita – le miró incrédula al escuchar de su boca aquellas palabras. - No hay nada que hacer ya, Elyrien, la ciudad se muere entre cenizas y ponzoña, ¿quieres quedarte y perecer con ella o prefieres ver otro amanecer y poder salvar la vida de otros el día de mañana? – apeló el elfo, conociéndola bien, a lo único que sabía que le haría entrar en razón en aquellos momentos. - ¡Ninny! – trató de soltarse del agarre de él, quien la retuvo por el brazo y negó una vez más. - Es tarde para ella, al no encontrarte en la botica ni en casa fui a la suya… – contó con gesto circunspecto – … Parte del techo y la pared había cedido y yacía bajo los escombros. - ¿Pero comprobaste si….? - … Elyrien – le puso las manos sobre las mejillas y la miró a los ojos; no necesitó decir más, ella sabía que si afirmaba aquello era porque lo había comprobado. Eltharion no era de los que huían sin más. Asintió, bajando la mirada y comenzando a llorar amargamente, él le dio un beso fugaz en los labios y ambos echaron a correr, cogidos de la mano, entre muerte y desolación, tratando de alcanzar una de las salidas de la ciudad que aún no habían sido tomadas mientras el cielo nocturno, que siempre había mostrado la tranquilidad de un cielo estrellado, era ahora pasto del humo y el reflejo del fuego y la ponzoña que devoraba la Joya del Norte. . . . - Elyrien…. Elyrien… despierta – una voz masculina y susurrante le hizo abrir los ojos despacio, respiraba agitada – ¿De nuevo esa pesadilla? – la quel’dorei asintió – Vamos, tenemos que prepararnos para partir, Ventormenta dista mucho de aquí – sonrió, le hizo una afectuosa caricia con el dorso de los dedos sobre la mejilla y luego le besó en la contraria, incorporándose del lecho donde estaba sentado junto a ella. Y de aquel modo, la pareja abandonaba la seguridad que les había brindado aquel maravilloso lugar llamado Quel’Danil para enfrentarse, una vez más, a la incertidumbre que despierta el dirigirse a iniciar una nueva vida a un lugar desconocido.
  15. 5 puntos
    Felicidades al Cazador de Leyendas y elfo más intencito de Elwynn : D File photo
  16. 4 puntos
    Llego un poco tarde a la fiesta, pero aún así... ¡muy feliz cumpleaños, Galdoreth (a.k.a. Lyon II)! Espero que hayas tenido un excelente día y lo disfrutaras como corresponde e_e
  17. 4 puntos
    Felicidades Galdoreth, pasalo bien mi pana.
  18. 4 puntos
    Felicidades!!!! Que los vientos te sean propicios!! Disfruta de tu día y espero que sean muchos más aqui!
  19. 4 puntos
  20. 4 puntos
    ¡Felicidades Cazador de Leyendas!
  21. 4 puntos
    Feliz cumpleaños wapisimo [emoji3590][emoji3059][emoji2537] Enviat des del meu LG-H870 usant Tapatalk
  22. 4 puntos
    Feliz cumpleaños señor! Que disfrutes mucho del día, de los regalos y de la compañía! Enviado desde mi Redmi 6 mediante Tapatalk
  23. 4 puntos
  24. 4 puntos
    ¡Feliz Cumpleaños, bro! ¿Qué decir? Agradecido con haberte conocido y aún más con el buen apoyo que me has brindado en varias ocasiones. ¡Espero que cumplas muchos más, SKÖL!
  25. 3 puntos
  26. 3 puntos
  27. 3 puntos
    Esooo! A pasarla bien! felicidades cazador!
  28. 3 puntos
    ¡Feliz cumpleaños, señor legendario! O como decimos en mi tierra, ¡ZORIONAK! Disfruta del día como el que más, que para eso está
  29. 3 puntos
    Feliz cumpleaños, mi estimado amigo @Galdoreth Imagen de rutina:
  30. 3 puntos
  31. 2 puntos
  32. 2 puntos
  33. 2 puntos
    Feliz cumple Lyon! Que tengas la celebración vikinga que te mereces!
  34. 2 puntos
    ¡Feliz cumpleaños, Galdoreth! *Trae muchos regalos y a sus gatitos para la fiesta*
  35. 2 puntos
  36. 2 puntos
    Yo buscando imágenes para el pj que ya envié : (
  37. 2 puntos
    Gracias a todos!!! Ya ire subiendo otros que tengo por aqui guardados... como este por ejemplo...
  38. 2 puntos
    Buenas a todos, MW: Para mí es un inmenso honor presentarles mi cover de "Me dediqué a perderte", una pieza clásica de la balada pop romántica latina, que me he atrevido a grabar hace ya casi dos meses pero que estuve preparando para hacer pública. aquí se los dejo para que me den su opinión y me apoyen, si les ha gustado, compartiéndolo con sus amigos o todo el que quieran.... ¡Gracias de antemano por escuchar! (por aquí iré colgando otros proyectos que tengo en la caldera, pero para eso hace falta un poquito más de tiempo) (sí, el de las fotos soy yo, por si alguien se lo pregunta xD)
  39. 1 puntos
    Acá recordando los buenos tiempos de cuando seguías en emisión u.u
  40. 1 puntos
  41. 1 puntos
  42. 1 puntos
    Fatiga en Combate El siguiente sistema es una idea que busca aplicar mayor logica al cansancio y el efecto que las heridas tienen sobre el cuerpo de nuestros personajes, al ser golpeados o recibir alguna clase de daño. La fatiga gira en torno al excedente de daño que queda tras una tirada defensiva fallida. Es decir, cuando alguien realiza una tirada ofensiva y la enfrenta contra la tirada defensiva de otra persona, si el atacante supera al defensor, es el valor restante lo que se considera excedente. Por ejemplo: un guerrero ataca a un mago y obtiene un 18 en total para su tirada. El mago trata de defenderse, pero solo logra un 16 en total de su tirada. Evidentemente el guerrero ha tenido éxito, dado que su tirada ha superado en 2 a la del defensor. Ese 2 es el excedente en cuestión. Este excedente ira acumulándose a lo largo de la sesión de rol y según vaya aumentando, la fatiga ira incrementandose de acuerdo a una tabla similar a la de dificultades: Fatiga en Combate Etapa Daño acumulado Penalizador No hay fatiga 1 Nada Fatiga leve 5 -1 Fatiga moderada 10 -2 Fatiga severa 15 -3 Fatiga grave 20 -4 No hay fatiga: Significa que aunque el personaje que recibe un golpe perderá una vida, aún es capaz de mantenerse en pie sin resentirse producto de sus heridas físicas o mentales. Fatiga leve: Significa que producto de sus heridas, el personaje se resiente ligeramente, a pesar de aún ser capaz de mantenerse en pie. Esto se traduce en un simple -1 a sus tiradas ya sean ofensivas, defensivas o incluso en pruebas de atributos. Fatiga moderada: Debido a las heridas sufridas, el personaje empieza a sentir como el resentimiento de estas afecta su capacidad y efectividad en combate. Se aplica un -2 a todas sus tiradas, ya sean ofensivas, defensivas o incluso en pruebas de atributos. Fatiga severa: El dolor de las heridas empieza a hacer mella en el personaje, por lo que su efectividad y eficiencia se ve mermada con notoriedad. Se aplica un -3 a todas sus tiradas, ya sean ofensivas, defensivas o incluso en pruebas de atributos. Fatiga grave: Ignorar el dolor de las heridas y el resentimiento de las mismas en el cuerpo del personaje es prácticamente imposible. Se aplica un -4 a todas sus tiradas, ya sean ofensivas, defensivas o incluso en pruebas de atributos. En resumen, según un combate se prolongue y un personaje vaya sufriendo daño, el excedente de las tiradas enfrentadas ira acumulándose. Por lo que en base al primer ejemplo, podríamos decir que el mago, aunque ha recibido un golpe, aún no alcanza un 5 en total de fatiga, por lo cual no sufre penalización alguna. No obstante, ese 2 seguira presente por el resto del combate y lo que dure la sesión de rol, y se sumara al excedente de daño que vaya obteniéndose de otras rondas de combate. Tiradas criticas En caso de obtener una tirada critica exitosa durante el ataque, el defensor sumara +1 al total del excedente de daño recibido. Por ejemplo: El guerrero obtiene una tirada critica de 20 sobre el 16 defensivo del mago. El excedente es 4, pero al haber sido una tirada critica exitosa, ha de sumar +1, quedando en un total de 5 de fatiga, por lo que el mago en futuras tiradas tendrá un -1 a sus tiradas. Sanación Cuando un personaje sanador cura las heridas de otro, esta sanación tendra como efecto secundario la reducción del daño acumulado de quien esta siendo tratado. La reducción del daño acumulado girara en torno al resultado total de la tirada, cuyo efecto se vera medido a traves de la siguiente tabla: Tabla de Sanación Total tirada Restauración de daño acumulado 1 - 10 No reduce daño acumulado. 11 - 15 -1 punto de daño acumulado 16 - 20 -2 puntos de daño acumulado 21 - 25 -3 puntos de daño acumulado 26 - 30 -4 puntos de daño acumulado *En el caso particular de una tirada critica, se sumara un punto al total de la reducción. Por ejemplo: si un sacerdote obtiene una tirada critica de 20 y suma 10 al total de esta, obtiene un total de 30 en su tirada. Quien recibe la sanación vera reducido en 5 sus puntos de daño acumulado (-4 puntos por el total de la tirada (30) y -1 por haber sido un critico).
  43. 1 puntos
  44. 1 puntos
    Recién sacados del horno @Añil @starforje
  45. 1 puntos
  46. 1 puntos
    Resolución de los festines Alianza Oda a los héroes El Rey Varian y los representantes de la Alianza han honrado a aquellos que arriesgaron la vida para poder derrotar a Alamuerte y poner fin al cataclismo. Habiendo sido reconocidos por su entrega y su valor, la Alianza festeja a sus héroes, cuyos rostros y/o nombres ya no son desconocidas para algunas figuras de renombre dentro de su propio pueblo o facción. Recompensa monetaria El pago prometido en el llamado a voluntarios y mercenarios ha sido entregado a aquellos que corresponde. Una bolsa con una cuantiosa suma de doscientas monedas de plata en total ha sido entregada a quienes pusieron su acero al servicio de la Alianza. Horda Honor y gloria de los campeones El Jefe de Guerra ha celebrado un festín en honor a los miembros de la Horda que respondieron a su llamado, y que colaboraron en la caída de Alamuerte. Sus nombres ahora son conocidos para Grito Infernal, así como para sus consejeros e invitados que acudieron al Fuerte Grommash. La deuda de Grito Infernal El Jefe de Guerra ha reconocido estar en deuda con los valientes campeones que fueron a su rescate durante el Asedio al Templo del Reposo del Dragón, cuando el Martillo de Orgrim fue derribado. Los Ojos de Grito Infernal El Jefe de Guerra ha anunciado el inicio no solo de la Era de los Mortales, sino también de una nueva era de sangre y gloria para la Horda. Malkorok y los Kor'kron han puesto especial atención en todos aquellos que no se mostraron afines a esa idea.
  47. 1 puntos
    Introducción al Bestiario Propicios días tengáis. Me he tomado la osadía de plasmar este pequeño bestiario; un anexo donde espero recoger a un gran grupo de criaturas y npc donde poder postear sus fichas ¿Cuál es el objetivo de esto? Hacer la vida más fácil para el que quiera usarlo. Si a alguien no le gusta o le parece mal no pasa nada, esto no es un absolutismo; en MI forma de ver los diversos peligros y aliados que te puedes encontrar en Azeroth y otros mundos. Si os decidís a usarlo ¡Genial! Y gracias por el apoyo ^^ ¿Cómo usarlo? Pues muy sencillo: debajo del Nombre e Ilustración de cada enemigo se ponen los datos más básicos a la hora de ponerlos en el juego. - Desafío Inicial: El nivel equivalente del bicho comparado con un Personaje Jugador. Ojo, se toma la base de que un PJ es más fuerte de la media, por lo que tendrá ventaja contra una criatura o npc de su misma División (aunque no demasiada) dependiendo de la criatura. - Ambiente: Dónde se puede encontrar normalmente a la criatura en cuestión. Eso no significa que sólo estén ahí, puede haber diversas razones para encontrarla durante vuestras travesías en los lugares más insospechados. - Organización: En qué números puedes encontrarte normalmente a estas criaturas. De nuevo, es sólo orientativo. - Spoiler: Dentro encontrarás las Ficha de la criatura, que no creo necesaria explicar salvo por X puntos... - Común, Heroico y Legendario: En la Tabla verás que tanto los Atributos como las Habilidades están repartidas según esta consideración; mientras que el Común tiene las estadísticas apropiadas para un miembro normal de la especie, el Heroico y el Legendario representan especímenes más poderosos (concretamente, 1 o 2 Divisiones por encima). - Vidas: Las vidas las he asignado siguiendo dos medidas: Tamaño y Armadura. Una criatura Pequeña tiene 2 Vidas, una Mediana (tamaño jugador) 3 y una Grande 4. Algunas pueden tener más o menos, como un Gato que tendrá 1 (Menudo) o un Kodo 6 (Enorme). La Armadura influye en las vidas de la forma habitual. RECOMENDACIÓN DEL AUTOR: Si buscas combates más rápidos y no cargantes, divide las Vidas de los enemigos aquí expuestos a la MITAD. Puedes dejar el cómputo real de Vidas para combates de mayor relevancia. Bestias Humanoides Elementales No Muertos Dragonantes Demonios Alianza Bruto Desafío Inicial: Bronce Ambiente: Norte de Kalimdor, Orgrimmar, En el frente Organización: Solitarios (raro) o parejas (en ciudades), grandes grupos (batalla) Explorador Desafío Inicial: Bronce Ambiente: Norte de Kalimdor, Orgrimmar, Explorando u hostigando al rival Organización: Solitarios (raro) o parejas (normalmente), pequeños grupos (batalla) Tirador Desafío Inicial: Bronce Ambiente: Norte de Kalimdor, Orgrimmar, Explorando u hostigando al rival Organización: Grandes Grupos (Batalla) El Martillo Crepuscular Personajes del Lore ¡Y eso es todo por el momento! Gracias al que se tome la molestia de usarlo, y espero que le sea útil. Iré actualizándolo y corrigiendo las muchas erratas que seguro que habrá. ¡Un saludo!
  48. 1 puntos
    Consejos para Usar el Bestiario Algunas cosas son muy obvias, pero nunca está de más decirlas ¿No? ^^ Lo Poco Gusta, Lo Mucho Cansa Los combates pueden alargarse demasiado, y a nadie le gustan los combates excesivamente largos ¡Al menos sin una buena razón! Vale más la aumentar la División de los enemigos y disminuir sus vidas, aumentando así la dificultad y causando tensión en los jugadores pero al mismo tiempo haciéndolo más soportable: si roleáis un combate a gran escala no vais a poner 3 Vidas a cada soldado... Eso sería eterno. ¡Juzgar bien en cada caso! Combates Porque Sí Ciertamente los caminos son peligrosos en Azeroth, y muchos jugadores prefieren algo de acción con la que llenar caminatas y demás. Seamos sinceros, a la mayoría nos gusta que ocurra algo durante nuestros viajes y no quede totalmente liso ¡Estamos en un juego! Pero tened buena mano; es mejor plantear un desafío que no sólo se base en el combate, sino que también deje brillar otro tipo de recursos. Por ejemplo, si un grupo de aventureros ven mientras van por el camino que atraviesa un pantano un raptor con su feroz espolón sobre un desdichado gnomo que pide auxilio... ¡Ya estás dando una motivación más allá de defenderse meramente! Y si el raptor huye al verse abrumado con la mochila del gnomo enganchada en la pata y este quiere recuperarla... ¡Ya tienes una misión de rastreo, combate y sentido común! Hasta con recompensa. ¿Qué más se puede pedir? Consecuencias y Justa Medida Aunque nuestros personajes son individuos por encima de la media eso no significa que puedan luchar contra un oso o un demonio sin que ello les pase factura. No abuséis de crear combates fáciles, hay cosas que sencillamente no se pueden lograr en ciertas etapas del desarrollo. Cualquiera puede derrotar a un Infernal si le pone una ficha sin Stats, pero eso no tendría ningún valor. Del mismo modo un personaje veterano puede lucir una cicatriz nueva al luchar contra un jabalí que le carga por sorpresa en el bosque. ¡Humildad! La Tabla de Dificultad ¿Pero de qué me hablas, esto existe? Pues sí, en nuestro sistema se contempla una tabla que marca dificultades para diferentes acciones dependiendo de qué arduas sean. Muchos la olvidan, mas no deberían. DIFICULTAD TIRADA A SUPERAR RUTINARIA 1 FÁCIL 5 MEDIA 10 DIFÍCIL 15 INSÓLITO 20 IMPOSIBLE - Se puede encontrar aquí: casi al final del todo. ¡Pues Usadla! No sabéis la cantidad de gente que se queda atorada al no haber una tirada a la que enfrentarse, o que se indigna cuando otro intenta por ejemplo sanar a alguien y lo hace sin tirar siquiera. ¿Quieres trepar por una pared con relieves? Pues podría ser Difícil (Dif 15). ¿Quieres sanar un corte de nada en el dedo de un niño que no para de llorar? Eso podría ser Rutinario (Dif 1) ¿Hacer equilibrio sobre una valla de madera para no caer? Pues depende del grosor puede ser Medio (Dif 10) o Difícil (Dif 15) y más será la dificultad si intentas hacerlo mientras corres. ¿Abrir una cerradura sencilla con un plátano? Pues seguramente sea Imposible (No se puede) Tampoco será igual de difícil para alguien que tiene experiencia realizando una tarea en concreto que a otro que no. Muchos problemas se arreglarían sólo con esto, tenedlo en cuenta. ¿Quejarse del sistema? Insólito (Dif 20) ¡Todos para uno! Defenderse de varios contrincantes no es esperar que vengan uno a uno a por ti; esto NO es assasins creed. Aquí los enemigos tienen una IA bastante mejor que no les incita al suicidio, y se ven unos cuantos menos bugs. No trates a varios enemigos como si fuesen unos peleles que van de uno en uno. Nuestro valiente Duke es un poderoso guerrero que ha demostrado su ferocidad en muchas batallas ¡Todos queremos a Duke! Cuando se ve rodeado por tres maleantes con aviesas intenciones es capaz de mantener la cabeza fría, la espada en alto y controlar la situación. Sabe que permitir que le ataquen los tres a la vez y por direcciones distintas significa morir en un combate. Pero por otro lado está Dimwit. Mientras Duke entrenaba Dimwit se dedicaba a poner pensamientos malvados entre paréntesis para hacer sentir mal al resto y metaroleaba un poco para salirse con la suya ¿Qué mal nos cae Dimwit, verdad? Pues cuando se ve rodeado por tres enemigos no tiene ni idea de cómo proceder, y al poco los tres comienzan a rodearle y machacarle. ¿Qué se puede hacer ante esto? - Si crees que tu personaje sería capaz de mantener la situación en orden y enfrentarse más o menos bien contra tus oponentes, sigue el procedimiento normal. - Si crees que no podría o que la situación es muy complicada, junta las tiradas de ataque de los enemigos contra la tuya. Sí, va a ser muy fácil que te hieran de este modo, pero se acerca más al realismo. ¡Y recordad niños, no seáis como Dimwit!
This leaderboard is set to Madrid/GMT+02:00

Sobre Nosotros

Somos una Comunidad dedicada exclusivamente al Rol en World of Warcraft. Proporcionamos un punto de encuentro para compartir nuestra afición por el Rol en Warcraft.

×
×
  • Create New...

Información Importante

Hemos colocado cookies en su dispositivo para ayudar a mejorar este sitio web. Puedes ajustar la configuración de tus cookies, si sigues adelante daremos por hecho que estás bien para continuar.