Jump to content

Liga del Foro


Contenido Popular

Showing content with the highest reputation since 09/12/19 en todas las areas

  1. 8 puntos
    ¡MUY FELIZ CUMPLEAÑOS NATEA! Porque hoy es tu día bonica y mereces ser celebrada por ello. Muchisimas gracias por estar ahí y aguantar mis ponyadas (y el robo de comida). Eres una persona magnifica y siempre me sacas alguna sonrisa. ¡Muchisimas felicidades @Natea! n_n
  2. 5 puntos
    Muchas gracias a todos por vuestros mensajes y ser tan bonicos
  3. 3 puntos
    ¡Feliz cumpleaños, Natea! *Golpea el borde de su taza de té y aparece una ardilla de #el-parque, quien lleva una tarta hasta ti* ¡Que disfrutes de tu día y cumplas muchos más, guapísima!
  4. 3 puntos
    Feliz cumpleaños, Natea! Espero lo pases genial con todos tus seres queridos y que disfrutes de un año mas de vida! A Aqui un perrete mono todo emocionado por tu cumple xD
  5. 2 puntos
    ¡Feliz cumpleañoooos! De mi para tu Pasalo hermoso este día ^^
  6. 2 puntos
    ¡¡ F e l i z C u m p l e a ñ o s !! ¡¡ N A T E A !! Llegué a tiempo! >.< Espero lo hayas pasado muy bien en este tu día!!!!
  7. 2 puntos
    japi berdei Naty! que sigas cumpliendo muchos más y que estemos aquí para verlo. ¡GRACIAS POR TU AMISTAD! tu regalo:
  8. 2 puntos
    ¡Feliz cumpleaños! ¡Pásalo en grande, que hoy es el día!
  9. 2 puntos
  10. 2 puntos
  11. 2 puntos
  12. 2 puntos
  13. 2 puntos
    Muchas felicidades!! A pasarla bien en tu día!!!
  14. 2 puntos
    Espero cumplas muchos más wapa y gracias por todos esos buenos consejos me has brindando. ¡Pásala genial en tu día!
  15. 1 puntos
    Miralos, que guapos, joder! Incluso se siente la presencia de Terry en el dibujo XDDD
  16. 1 puntos
    Elisabeth Lavender y Sven Renard después del ataque en su hogar. [DL]
  17. 1 puntos
    Lo cierto es que tu nick me suena mucho, muchísimo Pero no recuerdo exactamente de qué comunidad, por lo tanto... ¿pimienta? Sea como sea, mis más humildes bienvenidas, exijo un buen par de memes frescos a cambio. (?)
  18. 1 puntos
  19. 1 puntos
    Bienvenido. Chequea las normas y la guia para conexion ^^ http://www.mundowarcraft.com/servidor/reglamento/normas-juego/ Un saludo
  20. 1 puntos
    Memes ar uelcom. Bienvenido seas, Proto!
  21. 1 puntos
    Otro maguete e__e BIENVENIDO SEAS
  22. 1 puntos
  23. 1 puntos
    Bienvenido Proto! Espero que te la pases genial, este es muy buen lugar para rolear! Si vas a ser un magucho de la academia seguramente nos veremos seguido! jejejej (mage empire for the wiiiinnn *_*)
  24. 1 puntos
    ¡Bienvenido, bienvenido! Cualquier duda tú pregunta y alguno por aquí encantado te ayudará a resolverla, ¡Buena suerte y ya nos veremos in-game!
  25. 1 puntos
    Bienvenido por estos lares ^^
  26. 1 puntos
    Bienvenido :^]
  27. 1 puntos
    Bienvenido seas a la familia
  28. 1 puntos
    Heey! Bienvenido! Espero que disfrutes mucho esto del rol, se hace muy entretenido a medida que recorres el camino jeje
  29. 1 puntos
    Waaaasuuuup!!!! Bienvenido seas, espero que te la pases genial y que disfrutes aprendiendo del rol y de Warcraft. ¡Nos vemos In-game!
  30. 1 puntos
    Bienvenido seas! Aqui estamos todos para ayudarte en lo que requieras, y no te preocupes, la mayoria de nosotros por aqui empezamos sin saber nada y poquito a poquito se le va tomando forma a todo. Lo importante es disfrutar del viaje
  31. 1 puntos
    Bienvenido te ayudaré en todo lo que necesites uwu I love u~
  32. 1 puntos
    X Se retiró el sudor de la frente y miró alrededor mientras retomaba el aire. El hazadón pesaba en su mano tanto o más que una espada, pero era muy distinto. Bajó la mirada a la zanja que estaba cavando y sonrió para si mismo. Era trabajo honesto, simple, que no implicaba herir a nadie por el camino ni correr riesgos inecesarios. Era un trabajo que no había conocido nunca y que ahora apreciaba más de lo que se imaginaba Por primera vez se sentía realmente libre, más de lo que fue incluso cuando recorría las calles de la ciudad. Nadie le había empujado allí. Habían pasado ya varios dias desde que Ethmund llegara a la cabaña en el bosque. El tiempo pasaba despacio en la compañía del viejo ermitaño. Era un hombre de pocas palabras mas siempre iban cargadas de significado y relevancia. Cuando el muchacho llamó a su puerta, desubicado y visiblemente extenuado, cansado de huir y estar siempre alerta, de la vida en el camiono, el viejo le dio a elegir; quedarse allí con él y trabajar en las tareas que le fuesen encomendadas o abandonar la cabaña. Gracias al trabajo manual Ethmund estaba siendo capaz de dejar atrás su pasado hasta aquel momento, viendose a si mismo sumido en una nueva vida que no lo consumía. No miraba al futuro pues no le interesaba. No había día marcado como fin de su condena, fin de la campaña. No había nada, solo trabajo que hacer. El viejo lo observaba desde el porche de la cabaña como quien ve a un hijo dar sus primeros pasos; - ¿Que sientes, Ethmund? Salió de su ensimismamiento y miró hacia la casa. Era, tal vez, la primera vez que el viejo lo llamaba por su nombre. Sabia la respuesta, no le hacía falta pararse a pensarla. - Paz...señor. - pareció dudar un instante, pensando en como corresponder a la muestra de confianza que le acababan de demostrar -. - Señor… - una ajada sonrisa se dibujó en el rostro del anciano quizás sorpresivo producto de haber escuchado esa palabra salir del muchacho -. Ambos se miraron durante algunos segundos. Una mirada recíproca que parecía hacer germinar en ambos la flor de una relación que los dos, en su interior, estaban buscando. A partir de ese día la relación tomó otro matiz. Muchas de las horas ocupadas en la manutención del huerto se convirtieron a la vez en extensas conversaciones aparentemente carentes de mayor relevancia que el simple hecho de hacer el trabajo más ameno. No obstante, con el paso de los días Ethmund comenzó a darse cuenta de que el viejo parecía analizarlo en cada conversación, y no solo eso; ante cada respuesta del muchacho el anciano comenzó a ofrecer su punto de vista particular del asunto y a explicarselo. La confianza entre ambos comenzó a fluir en aquel entorno seguro. Ethmund, que después de haber sorteado inumerables situaciones caóticas en su vida y haber vivido al filo de la muerte durante años creía haber aprendido a dejar de confiar en nadie, se vió a sí mismo confiando plenamente en aquel eremita. Una sensación de seguridad que jamás había tenido lo invadía cada mañana, cuando el viejo iniciaba alguna conversación imprevisible. El muchacho narró su vida o al menos parte de ella en varias ocasiones. El viejo lo escuchó sin hacer juicios de valor, sin aventurarse a criticar las decisiones que el muchacho habia tomado o la dirección que seguía su vida. Simplemente se mantenía allí, observándolo, y haciendo más preguntas. Ambos regresaban de un riachuelo cercano, cargando cubos de agua por un intrincado sendero del bosque, hablando del devenir de la guerra, de que es justo o injusto, cuando el viejo preguntó: - ¿Cuáles son tus principios Ethmund? ¿Cuál es tu máximo en la vida? El muchacho bajó la mirada, reflexionando ante aquella pregunta y fue en aquel preciso instante en el que se dió cuenta de que su único máximo en la vida hasta ese punto había sido sobrevivir. Sobrevivir a toda costa. Trago saliva y respondió al viejo, expectante, incapaz de darle una respuesta que faltase a la verdad; - Sobrevivir, señor. Caminaron unos instantes más, en silencio, tras aquella respuesta hasta que el propio viejo volvió a hablar; - ¿A toda costa? ¿Sobrevivir ante todo? - Si, señor. Así es. La conversación tomo otra pausa. Cuando la cabaña comenzó a aparecer ante sus ojos el viejo se detuvo, y Ethmund con el. El viejo alzó de nuevo la voz con calma, suavidad, mientras se sentaba en una roca de bosque y posaba el cubo de agua. - Durante nuestra vida nos enfrentamos a muchos acontecimientos, infinidad de ellos, sobre los que tenemos poco o nulo control. Dependiendo de nuestros principios tomaremos unas decisiones u otras y estas nos llevarán a consecuencias. El viejo lo miró, ofreciendo un breve silencio para asegurarse de que el muchacho comprendía. Prosiguió entonces, cruzando las manos sobre una de sus rodillas. - Solo hay una cosa entonces que está completamente bajo nuestro control; nuestros principios. Nuestros principios dictan nuestras acciones y, habitualmente, elegimos u obtenemos unos principios que nos gustaría que tuviese todo el mundo. Ethmund miro a su compañante mientras sopesaba sus palabras, primero sin comprender el significado de las mismas, luego creyendo entenderlas. - ¿Te gustaría vivir en un mundo en el que todas sus gentes tuviesen como máximo sobrevivir a toda costa, sin importar el precio? - cuestionó el viejo, mirando al muchacho -. El muchacho no respondió, visiblemente intentando con todo su ser digerir las primeras palabras juiciosas del anciano. Lo había hecho de tal manera, había juzgado su pasado de tal forma, que no había replica o desagrado posible. Ethmund sabía que ninguna de aquellas palabras narraban una mentira, que ni a él en sus momentos más bajos le habría gustado vivir en un mundo en el que cada cual mira por si mismo. Continuaron el camino a la cabaña y una vez allí, antes de entrar, el viejo se detuvo y lo miró a los ojos, reposando una mano en el hombro del muchacho. - Mañana debo caminar hasta una aldea cercana. Quiero que vengas conmigo. Ethmund no se negó, apenas pudo articular palabra. Asintió, dejando atrás sus miedos pasados, su temor a las consecuencias de sus actos, a ser encontrado. Ethmund decidió entonces dejar de correr.
  33. 1 puntos
    IX Las caravanas de desplazados se extendían por toda la campiña, al otro lado del bosque. Los carromatos, cargados con enseres y bienes preciados de todos los tipos, seguían senderos recién abiertos entre las hierbas altas. Una procesión cuyo final la vista no alcanzaba a diferenciar. Venían del sur del Reino, con la esperanza de que las criaturas orcas no alcanzasen la tierra a la que ahora huían. Entre oportunistas que hacían lo posible por vender los pocos bienes que llevaban consigo y familias enteras que lo habían perdido todo, Ethmund pasaba desapercibido. No había soldados franqueando aquella comitiva, ni tampoco milicias o voluntarios. El paso de los hombres estaba totalmente dejado a su suerte, mientras los jóvenes luchaban la guerra a leguas de allí. A Ethmund no le quedaba prácticamente nada de aquello que el anciano hombre le había dado en el bosque pero, su suerte lo hizo toparse con aquella caravana en la que nadie parecía hacer ascos a compartir guisos y sopas con el resto de viajeros, sin hacer demasiadas preguntas. Durante unas horas había seguido el sendero en el bosque, con la intención de encontrar la cabaña que aquel anciano había mencionado y agradecer la comida que le había dado. No obstante, pasado el tiempo, su mente cambó y decidió caminar en otra dirección. Viajó solo unos días más por la espesura de aquel bosque hasta que el trajín de las caravanas llamó su atención en los campos y salió a su encuentro, mezclandose entre los transeuntes, sabedor de que sus recursos pronto tocarían a su fin. Por varios días pudo disfrutar de la compañía de otras gentes y de su hospitalidad. Las caravanas hacían alto cada noche para establecer un breve campamento. Allí se compartía comida, bebida y noticias, como plato fuerte. Ethmund había dejado atrás su espada reglamentaria, en sus últimos días en el bosque, temeroso de que arma tan reconocible delatara su situación. Descubrió que varios otros hombres y mujeres que caminaban con la caravana también tenían una historia turbia, y que muy probablemente unos cuantos de ellos habían abandonado espada y escudo en algún bosque del camino como él lo había hecho. No obstante, los días de calma no duraron demasiado. El campamento aquella noche se había establecido en un claro no muy alejado del camino que llevaba a Vega del Amparo, lugar al que todos los desplazados se dirigían. Los cielos estaban despejados y corría una leve brisa que avivaba los fuegos de las hogueras. El ambiente era apacible ante todo, y Ethmund compartía un estofado con un grupo de tres carpinteros de Andorhal que habían decidido desplazarse por la guerra. Era un grupo variopinto, pues aunque uno de ellos era un lordaeriense, el segundo humano clamaba que había nacido en Alterac, y el tercero no era si no un enano de Forjaz que vivía en Andorhal desde hacía años. Ethmund había vuelto a divertirse con aquel trío. Eran presonas afables y mundanas, con sueños sencillos y ambiciones cortas. Borgulf, el enano, incluso le estaba enseñando el oficio en el tiempo que el viaje les permitía. - No, así no. Mira. – El enano arrebató el pedazo de madera a Ethmund, con una sonrisa paternal, y comenzó a retirar sobrantes con su propia herramienta, de forma exquisita. Orgulloso, mostró el acabado al muchacho -. ¿Eh? ¿Lo ves? Tienes que hacerlo con más cuidado, y más natural. Ethmund tomó la madera de nuevo, de manos del enano y sonrío a este, asintiendo a sus palabras. - Aún no tienes manos de carpintero. – El enano rió sonoramente, tomando una de las manos del chico en la suya, notablemente más pequeñas -. Pero te saldrán, descuida. La práctica lo es todo, y vas por muy buen camino. - Vas a hacer de él todo un tallador, Borgulf. – comentó jocosamente el lordaeriense, sentado al otro lado de la hoguera -. - Hacemos lo que podemos, Lucius. – la respuesta del enano fue en el mismo tono alegre, mientras miraba al humano -. Si el chico puede dejar esta caravana con algo aprendido, eso que se lleva. Y nosotros nos llevamos una buena amistad, ¿no es así Ethmund? El muchacho asintió al enano y volvió a la tarea que se le había encomendado. Golpeteaba el pedazo de madera con la herramienta, concentrado. Aquella tarea le estaba ayudando a dejar su mente en blanco y olvidar acciones pasadas. Un trabajo mundando y sencillo como aquel le hacía sentir libre y realizado, más incluso, le hacía sentir que estaba limpiando sus malas decisiones. Algunas voces disconformes se alzaron en el campamento, de aquí y allá. No eran gritos, pero eran algunas discusiones. Los dos humanos comenzaron a mirar alrededor, intrigados, mientras Borgulf ocupaba con cuidado que el estofado no se quemase. Unos cuantos pasos, pesados, se acercaban a la posición del grupo, indiscutiblemente. Ambos humanos se levantaron de sus improvisados asientos. Cinco soldados ataviados con armadura y armas llegaron al lugar, observando al pintoresco grupo. El enano dejó de cuidar de la cena y se giró también a la escuadra, adelantando unos pasos hasta situarse a la altura de sus dos compañeros. Ethmund quedó clavado en el sitio y tragó saliva. Nunca en los últimos meses había sentido la presión que se estaba apoderando del mismo en aquellos momentos. Sintió el impulso de correr, pero habría sido en vano. Reconoció en sus adentros que su única oportunidad en aquella situación era jugarlo todo, de nuevo, a la suerte y esperar que aquellos soldados no estuviesen allí por él. - Buenas noches. – dijo el que parecía el superior del grupo. Su voz era extraña, como la de aquella persona que reprime un impulso. Algo no natural. Su mirada se clavó en la de los humanos presentes, observándolos -. Estamos en busca de desertores de las filas. - No hay soldados aquí, oficial. – Borgulf respondió mientras cruzaba sus brazos, observando por el rabillo del ojo como Ethmund había detenido completamente su tarea en la madera ante aquellas palabras. - Solo carpinteros, venimos de Andorhal. - No hay soldados. – repitió el oficial, avanzando dos pasos hasta la pareja de hombres que estaban con Borgulf, pareció ignorar la presencia de Ethmund, como si no fuese lo que buscaba -. Nombre, edad, oficio y lugar de nacimiento. - Lucius de Rem, 32 veranos, carpintero, Costasur. – enumeró, observando al oficial sin temor alguno en los ojos -. - ¡Tu también chico! – gritó el oficial hacia el muchacho, de improvisto, mientras señalaba al alteraqui -. Tú. Ethmund dió un respingo y su cuerpo se tensó completamente. De nuevo su instinto lo instó a correr, a huir de allí. No obstante, pudo sentir como la mirada de Borgulf estaba puesta sobre él, y se levantó, acercándose a la posición del enano mientras el alteraqui respondía a la pregunta. - Dillon Verus, 30 inviernos, carpintero, Alterac .- enumeró también el hombre, igual de calmado que su compañero -. Tras del oficial, los otros cuatro soldados giraron la cabeza para mirar a Dillon instintivamente, al unísono. El propio oficial hizo lo propio y se acercó lentamente a apenas dos pasos de Dillon, observándolo tras del yelmo. - Alterac. - Si, señor. – reafirmó Dillon -. De Alterac. Tanto Ethmund como Borgulf observaron entonces a Dillon y los soldados. Una calma chicha se apoderó del ambiente. Nadie dijo nada, ni un sonido. Entonces, el oficial al mando echó la cabeza apenas un palmo para atrás y golpeó la frente de Dillon fuertemente con la cabeza, forrada en el yelmo. El alteraqui gritó de dolor y se llevó las manos a la frente, dando varios pasos para atrás mientras se doblaba sobre si mismo. Lucius corrió a socorrerlo, inclinandose a su lado mientras lo tomaba de los hombros. - ¡Que diablos crees que estás haciendo! – Borgulf se separó de Ethmund e interpuso entre los dos hombres y los soldados, señalando con su gruesa mano al oficial. - Ya te hemos dicho que somos carpinteros. - Apartate enano, esto no va contigo. – El hombre hizo un gesto con la mano a sus inquietos soldados, que avanzaron junto a él, hacia la posición de Dillon-. - Y una mala cabra que me aparto. – Lejos de hacer caso a la orden del soldado, Borgulf se plantó en el sitio con gesto pétreo-. Uno de los soldados golpeó con el dorso del guantelete al enano, a su paso, haciendo recular a este. El barbabronce, lejos de achantarse, se avalanzó sobre el soldado con un grito de malas pulgas. Hubo una pequeña trifulca en el momento a la que se sumó también Lucius. Ethmund observaba sin palabras mientras su instinto lo obligaba a ir reculando, alejándose de la situación. Cuando la trifulca terminó, Borgulf miraba sorpendido el rostro semioculto tras su yelmo de uno de los soldados. Su espada reglamentaria, undida en el bazo del enano, comenzó a relucir en rojo cuando el grueso cuerpo se deslizó hacia atrás y cayó de espaldas al suelo. Los soldados miraron a su semejante con la misma sorpresa, pero nada hicieron para reducirlo o juzgarlo. Ethmund, arrancado de súbito de su plan de huida observó estupefacto como Borgulf se retorcía sin fuerzas en el suelo. Lucius, amoratado y sangrando de nariz y labio, trastablillo temeroso fuera del lugar, para no volver a ser visto, mientras Dillon observaba a los soldados completamente mareado. Ethmund corrió hasta la posición del enano y tomó sus manos. Su corazón latiendo a centenas de revoluciones. Los cansados ojos del enano lo miraron y una leve sonrisa se dibujó en su boca para musitar la palabra "vete". El muchacho miró trás de si a los soldados, que en retorno lo estaban mirando a él también en aquellos indecisos instantes. No lo dudó y echó a correr fuera del lugar. Dos tímidos pasos metálicos hicieron el amago de seguirlo, pero era demasiado tarde. Se había pasado la vida corriendo, era lo único que sabía hacer en condiciones, ningún perro o chacal lo podrían seguir, ningún soldado. En su mente solo se dibujo una cosa. Una cabaña desconocida en el linde de un bosque.
This leaderboard is set to Madrid/GMT+01:00

Sobre Nosotros

Somos una Comunidad dedicada exclusivamente al Rol en World of Warcraft. Proporcionamos un punto de encuentro para compartir nuestra afición por el Rol en Warcraft.

×
×
  • Create New...

Información Importante

Hemos colocado cookies en su dispositivo para ayudar a mejorar este sitio web. Puedes ajustar la configuración de tus cookies, si sigues adelante daremos por hecho que estás bien para continuar.