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Liga del Foro


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    El viento gélido de aquel lugar aullaba arrastrando los copos de nieve contra su piel desnuda, como si se tratasen de diminutas estacas de hielo enfurecidas, dispuestas a desgastarla, a erosionarla como lo haría un mar revuelto con una roca solitaria en mitad del océano. El único ruido que contrastaba con aquello era el castañeo de sus dientes y el sonido del acero chocando contra el acero. Los pies de Eileen comenzaban a no sentir nada al estar en contacto perpetuo contra el frío invernal en forma de una capa helada, cubriendo la superficie del lago sobre el cual se encontraba. El resto de su piel se encontraba también al descubierto, a excepción de un par de zonas refugiadas en telas maltrechas. Se hallaba enrojecida y magullada por las caídas sufridas contra la capa sólida de hielo bajo ella, sus largas orejas comenzaban a estar amoratadas en sus extremos, al igual que sus dedos. Cada bocanada de aire eran un millar de agujas perforando sus pulmones desde el interior, conquistando el calor de su interior como si un ejército helado se dispusiera a doblegarla. Cassian estaba a poco más de un metro de ella, sosteniendo una espada en cada mano mientras la rodeaba como un lobo lo hace con su presa, a la espera del momento oportuno para abrir sus fauces. Él sí que iba vestido, protegido contra el frío que amenazaba con llevarse la poca cordura que le restaba a Eileen. Se estaba volviendo loca solo de verle: llevaba unas gruesas botas de piel de oso, recubiertas por dentro, unos pantalones forrados, no muy delgados pero tampoco demasiado gruesos, lo suficiente como para otorgarle movilidad y protegerlo del clima, su chaqueta de un marrón oscuro le escalaba hasta el cuello, ocultando el vaho que sus labios desprendían al soltar el aire, y sus manos enguantadas no se veían castigadas ni agarrotadas por el frío al sostener el arma. Seguía dando vueltas a su alrededor. Ella seguía sus movimientos, ambos trazaban círculos que de poder verse el rastro, seguramente se sobrepondrían los unos con los otros, casi formando una espiral interminable. Eileen sabía que Cassian la quería poner a prueba, quería que sus pies no pudiesen más con el contacto del hielo, que sus dedos no respondiesen aferrados a la empuñadura congelada de sus dagas, que su respiración se descontrolase, presa del frío y la hipotermia; pero no iba a permitirlo. Se mantenía centrada en la mirada de ojos castaños de su amante, de su maestro; y de vez en cuando se atrevía a mirar sus pies por si arremetía contra ella de nuevo. Y entonces llegó, un pie se adelantó y luego el otro, y tan pronto como pudo haber ocurrido un pestañeo las armas de ambos chocaron a la altura de la cintura, y luego otra vez a la altura del hombro, Cassian trató de barrerla con un ágil movimiento del pie izquierdo pero ella saltó y lo esquivó, entonces contraatacó; buscó un golpe en su brazo, pero Cassian lo bloqueó con soltura, luego intentó golpearle en el muslo con una de las dagas, pero tampoco dio resultado. Antes de que pudiese darse cuenta, la rodilla de Cassian había tenido un encuentro con su rostro y la había hecho caer de costado. Se llevó las manos a la nariz y pudo comprobar que sangraba, el hielo teñido de rojo bajo ella lo confirmó. Escupió y se puso en pie de nuevo, o lo intentó, resbalando varias veces en el proceso, con magulladuras nuevas en los codos y en su hombro izquierdo, algunas de ellas comenzaban a sangrar. Cassian la observó, sin compasión. - Tu exigiste este entrenamiento. Levanta, no seré clemente contigo.- Indicó con dureza. - No he pedido tal clemencia… - Escupió de nuevo y terminó por ponerse en pié. - Bien, pues no habrás de esperar tal cosa de tus enemigos.- Enunció poco antes de lanzar un ataque contra ella, haciendo descender la hoja de la espada en dirección al hombro de la chica. Fue desviado por una de las dagas, pero sin querer darle tiempo Cassian trató de atacar de nuevo; dos veces su hoja fue bloqueada por las dagas de Eileen en la guardia alta, y una en la baja, más no pudo bloquear un corte poco profundo en el costado. La espada de Cassian se tiñó de rojo. Ella no gritó.- Te confías demasiado rápido, cuando has bloqueado un par de golpes crees que todos serán igual de rápidos, que todos tendrán la misma fuerza. - Cierra el pico y sigue atacando.- Espetó Eileen, temblando, tiritando, congelada… pero con la mirada ardiente. - ¿Estás segura de eso? Eileen asintió. El vaho escapó del cuello alto de Cassian en lo que seguramente fue un suspiro, asintió y tan pronto como la nube de vapor que había generado se hubo evaporado reanudó sus ataques. Golpes horizontales y verticales trataron de romper la guardia de Eileen, siendo bloqueados o desviados la mayoría de ellos, recibiendo un par de cortes en el hombro y otro a la altura del pecho, en una de sus costillas. Sin detenerse, Cassian lanzó algunas estocadas, buscando que Eileen retrocediera; y lo logró. Luego volvió a acometer con varios golpes, más ninguno de ellos parecía tan fuerte ni certero como los anteriores, Eileen se dio cuenta, pese a ello seguía retrocediendo con cada choque de aceros, adentrándose más en el lago. Finalmente, Cassian tras romper la guardia de Eileen hizo un arco en el aire con la espada y terminó por hacerle un corte en el muslo, provocando la caída de la elfa. Sin embargo, el grosor del hielo esta vez no era como el de la orilla, se habían internado más en el lago. Eileen vio a Cassian retroceder con gráciles y cuidadosos movimientos cuando ella se desplomó, y se preguntó el motivo. Poco antes de plantearse siquiera lo que iba a acontecer… ocurrió, el hielo se quebró bajo sus piernas flexionadas y cayó a lo que parecía ser un abismo oscuro y más frío que la muerte misma. Sentía como si docenas de manos la apresaran de las extremidades y la arrastrasen hacia el fondo, provocándole punzadas de dolor que a duras penas conseguía ignorar. Aleteaba torpemente en un círculo imperfecto que se había formado a su alrededor, tratando de aferrarse a algo. Clavó las uñas en el hielo mientras tomaba bocanadas de aire que no hacían más que apuñalarle el pecho cada vez que respiraba. Cassian no la ayudó. Tras unos pocos minutos logró subir al hielo y tumbarse boca arriba, con la respiración descontrolada, su pecho subía y bajaba a un ritmo preocupantemente alto, con temblores en todo su amoratado cuerpo. Cassian la miró, se le había desprendido la tela que cubría su pecho, no pareció importarle y ella no parecía haberse dado cuenta. - Te dejas llevar por la rabia, la ira. Eso te vuelve débil, predecible, errática. Apenas podía moverse, no sentía los dedos de las manos y apenas sentía los pies, su mundo se vio reducido a ese lago sobre el que se encontraba, y fue en ese momento en el que entendió que el color de la muerte, es el blanco. Quizá fuera la brisa marina que el viento arrastraba con crueldad a través de la ventana entreabierta, quizá fuera el frío que había reclamado cada ápice del pequeño cuarto del Barril en el que se encontraba Eileen, o quizá fuera la imagen de Cassian recogiendo su cuerpo al borde de la inconsciencia tendido en el hielo lo que la hizo abrir los ojos y tomar aire de forma abrupta. Se incorporó con la misma velocidad a la que una serpiente embiste para sentenciar una vida y se llevó una mano al pecho; estaba seca, sin embargo sentía el agua calando a través de su piel hasta sus huesos, aún sentía la nieve en sus pestañas y sus mejillas congeladas. Tres largos años se interponían entre aquél invierno y esa noche. Tres largos años que parecían disfrazarse de milenios. ¿Cómo podría alguien estar muerto si su recuerdo seguía estando tan presente? ¿Cómo podía haberse apagado aquella mirada si cada vez que la recordaba le ardía el pecho? Dejó escapar un pesado suspiro cargado de melancolía, puso los pies desnudos sobre el suelo de madera y se dirigió hacia la ventana para cerrarla. A través del cristal podía contemplar la noche; la luna aún reinaba sobre el cielo junto a un millar de estrellas henchidas que ponían su belleza y esplendor a disposición de cualquiera dispuesto a alzar la mirada, y no podía evitar preguntarse si él estaría allí, acompañado del resto que hacía largo tiempo habían partido. El cristal se empañó tras otro suspiro antes de que se alejara. Empuñó la espada rota de Cassian, que reposaba sobre el escritorio y se sentó en la cama son ella en su regazo. Observó los grabados de la hoja y la frase ahora incompleta que una vez hubo adornado la espada en todo su esplendor. Le costó mucho aceptar su pérdida cuando recibió la noticia. Ni siquiera pudo despedirse de él como es debido. Kaz había sido para ella un apoyo desde que se reencontraron, la seguía tratando como a una hermana, de algún modo seguían unidos por un vínculo que Cassian había forjado. Cassian había hecho tantas cosas… no podía evitar sentirse perdida cuando pensaba en él, en lo fácil que sería todo si siguiera con vida. - ¿Sabes? Dicen que todos morimos dos veces.- Le habiá dicho Kaz una noche-. Una cuando dejamos escapar nuestro último aliento, y otra; cuando la última persona que nos recuerda pronuncia nuestro nombre por última vez. Ella atesoraba aquellas palabras como algo más valioso que el oro o la información, pues en cierto modo la reconfortaban, le hacían creer que sus seres queridos aún seguían con ella; como una rosa en un campo de lodo, lleno de caballos al galope. No pudo volver a dormir, las voces de su cabeza siseaban inquietas, y la imagen que se vislumbraba a través de la ventana la atraía más que volver a sumirse en otro de sus sueños o pesadillas, siendo las segundas las más abundantes. Dejó de nuevo la espada en su lugar y se vistió con unos calcetines simples y ropa cómoda; unos pantalones largos que le iban algo grandes y una camisa holgada que había pertenecido a Kaz. Se puso su calzado, abrió la puerta con cuidado de que las bisagras no se quejasen demasiado y atravesó el pasillo de habitaciones. La mayoría de los Despojos dormían en los pisos inferiores, a nivel de calle, sin embargo el piso superior de aquél edificio estaba reservado para ciertos miembros; Eileen ocupaba la habitación con mejores vistas a la mar, Kaz se la había cedido tras su retorno hacía ya un un tiempo a pesar de que ella apenas le daba uso; él se había quedado con la habitación contigua. Al llegar a las escaleras subió en dirección a la azotea, palpando las paredes con las manos a causa de la oscuridad, tocó la puerta y al intentar abrirla pudo comprobar que estaba cerrada. Un pequeño gruñido escapó de su garganta y a tientas se quitó un par de horquillas y maniobró para forzar la cerradura. A Kaz no le gustaba que nadie saliese a la azotea, algunos de los Despojos tenían enemigos y otros simplemente armaban demasiado jaleo, así que solía mantenerla cerrada casi siempre. Finalmente la cerradura cedió y la puerta le permitió el paso. La azotea en sí no era demasiado grande, un cuadrado de unos 10 metros de ancho y otros 10 de largo con una barandilla a su alrededor. Las vistas daban al puerto y a las calles por la parte derecha, conectaba con un edificio a varios metros de distancia en la parte trasera e izquierda y de cara podía verse una imagen limpia del mar y el cielo. Cerró con delicadeza la puerta y se dirigió hacia el frente, apoyándose sobre la barandilla con los codos, cruzando los antebrazos y relajando los hombros. La brisa pese a ser fría era refrescante, y sin duda prefería pasar frío al aire libre que encerrada entre cuatro paredes. Suspiró y contempló como una nube de vapor se elevaba por encima de sus labios, esparciéndose en el infinito. Las estrellas brillaban con intensidad y las constelaciones eran más que visibles desde allí, se acomodó la trenza a la espalda y alzó la mirada para deslizarla entre todas ellas, desde el herrero, pasando por el bardo hasta la de los amantes. Eileen apretó los puños, recordando las historias que su padre narraba cada noche antes de acostarla; aún recordaba su voz, o eso creía, había pasado tanto tiempo… No podía evitar preguntarse cómo sería su vida si nada de aquello hubiese ocurrido. Ese tipo de pensamientos la atosigaban más veces de lo que le gustaría admitir. ¿Habría decidido estudiar magia como sus padres, sería hoy una gran aprendiz de maga? ¿Habría seguido los pasos de su tía y se habría convertido en forestal? ¿En una gran bailarina? ¿En mercader? Pensar en aquello no hacía más que alimentar a las voces más oscuras, y lamentó no haberse llevado consigo su petaca y su medicación. Permaneció varios minutos allí, respirando el aire húmedo del lugar e intentando conciliar su mente más revuelta que la mar. Llevaba varias noches sin poder dormir y demasiadas cosas dando vueltas alrededor de su cabeza, quizá no había sido tan buena idea tratar de reflexionar, siempre que lo intentaba terminaba sucumbiendo ante las dudas y la melancolía. Se dio la vuelta para volver a su cuarto, tal vez intentar dormir un par de horas más era mejor idea que perder el tiempo con preguntas absurdas que nadie iba a responder; sin embargo al girarse un frío similar al de aquél invierno arremetió contra ella, endureció el gesto y apretó la mandíbula antes de volver a mirar hacia la mar y las estrellas. - No eres real…- Dijo, esforzándose por tragar saliva, su boca se había quedado seca en cuestión de segundos.- Lárgate… te ignoraré como al resto-. Llevaba varios meses sufriendo de alucinaciones; ella lo había atribuído a la falta de sueño y efectos secundarios de las drogas y la medicación que solía tomar con frecuencia para calmar su mente. - Soy tan real como tú me lo permitas-. Pronunció en Thalassiano una voz femenina. El labio de Eileen tembló, amenazando con quebrarla. Su corazón parecía estar aferrado por un puño que no estaba dispuesto a liberarlo. - M-mamá…- Pronunció en el mismo idioma, con algo de dificultad para mantener el tono firme. - Mi pequeña flor-. Murmuró Elana, acercándose a ella para posar con delicadeza una de sus manos sobre la de Eileen. - ¿Por qué? - Preguntó, sintiendo el tacto y negándose a mirarla de nuevo.- ¿Por qué me haces esto? - Tú me has puesto aquí, cielo.- Sonrió, Eileen no la veía pero sabía que lo hacía.- Quizá sea por el frío. Eileen trató de centrar sus pensamientos que vagaban de un lado para otro, casi tan descontrolados como su respiración. Quizá hubiese sido el frío, quizá… Su madre fue una gran criomante antaño, de pequeña solía jugar con ella lanzando bolas de nieve en verano, en el jardín trasero de la casa, su padre siempre aparecía para emboscarla cuando menos lo esperaba y poco después acudía su hermano al rescate. Aquellos instantes de felicidad en familia los guardaba bajo llave en lo más profundo de su memoria, donde ninguna voz pudiese corromperlos. - Quizá.- Endureció más el gesto.- ¿Cuánto tiempo llevas ahí? - Mi niña, siempre estoy ahí.- Murmuró con la más dulce de las voces y haciendo girar el rostro de Eileen con una de sus manos para que la mirase.- Porque siempre me has llevado aquí.- Puso un dedo sobre el pecho de su hija y luego lo deslizó hacia su frente.- Y aquí. Eileen no opuso resistencia, la observó y la mano que aprisionaba su corazón lo hizo ahora con más fuerza. Su rostro era como lo recordaba, eran tan parecidas… De pequeña siempre le dijeron que era el vivo retrato de su madre, no se equivocaban. - Dudo que te haya traído para filosofar.- Dijo mientras se le escapaba una pequeña risa que buscaba enmascarar la lágrima que rodaba ahora por su mejilla. - ¿Y por qué me has traído? - Volvió a deslizar las manos hasta posarlas sobre las de Eileen, aunque su zurda tomó un desvío para acariciarle la trenza.- Te ha crecido mucho el pelo-. Añadió. Por algún motivo aquellas palabras no hicieron más que aumentar la presión sobre su pecho. Se suponía que ella estaba destinada a seguir los pasos de su madre, siempre soñó con ser una bailarina y danzar con la misma majestuosidad que ella. A menudo solía practicar a solas en su cuarto, cuando cumplió los seis años le regalaron un surtido de vestidos como los de su madre y decoraron una parte del salón para asemejarlo a un escenario y que les hiciera una actuación a los tres. Poco después había hecho un pacto con su madre, una suerte de juego que consistía en ver cuál de las dos lograba tener el pelo más largo. - Hicimos una apuesta, ¿recuerdas? - Como si fuera ayer. Eileen chasqueó la lengua y apartó ligeramente la mirada. - Esto es inútil, estoy hablando conmigo misma. - Estás evadiendo mi pregunta, pequeña. Aquello provocó que emitiera un gruñido mudo. - No lo sé, mamá, no sé por qué te he traído. No sé por qué traje a papá o a Cassian, a Jesper o a los muchos otros a los que he tenido que ignorar durante este tiempo.- Respodió, hastiada.- No lo sé… - Calma, está bien no saber las cosas, no tienes que entenderlo todo, cielo. - No, no está bien, mamá.- Buscó su mirada.- No está bien porque me estoy volviendo loca; más aún. Elana le acarició la trenza unos instantes más antes de ponerle la zurda sobre el hombro. - ¿Qué es lo que te atormenta? Esa pregunta casi provocó que se riese con amargura. - No lo sé… ¿todo? - Dejó escapar un bufido, negando.- Estoy intentando juntar los fragmentos que quedaron de nuestra familia, buscando a tus parientes y a los de papá y cruzando los dedos porque nada malo les haya ocurrido, entrenando y cuidando a Arthur y rezando a todos los astros por que no cometa una estupidez, tratando de seguir con el legado de Cassian, luchando contra una mafia que me viene grande, sobreviviendo e intentando llevar una vida medianamente decente-. Su respiración se había acelerado y agitado a medida que pronunciaba aquellas frases.- Estoy aterrada, mamá.- Confesó tras una breve pausa. Su madre pareció sonreír con ternura y deslizó la mano por el brazo de Eileen hasta llegar al encuentro con la suya. - Mi dulce estrella, ¿recuerdas qué hicimos tu padre y yo cuando dijiste que querías ser maga? Eileen apretó los labios, dibujando una línea tan delgada como tensa. - Me regalásteis una varita y un par de libros. - ¿Y cuando decías que querías ser una forestal? - Me hicisteis un arco y colgasteis dianas del jardín… se me daba de pena. - ¿Y cuando te dio por querer ser una acróbata? - Papá puso una cuerda entre dos árboles y una red bajo ella. - ¿Hace falta que siga con más ejemplos? De pequeña cambiabas de idea más que de calcetines. - N-no… pero no sé a dónde quieres llegar con esto. - ¿Qué es lo que te decíamos cuando preguntabas si podías ser una cosa u otra? - No lo sé. - Piensa. Eileen chasqueó la lengua. - Decíais que podía ser lo que quisiera… - Exacto, porque solo tú eres dueña de tu destino, mi vida. Deja que el miedo y la duda guíen tus pasos y serán ellos quienes los den por tí. - ¿Y… qué hago? - Me temo que ya conoces la respuesta a esa pregunta. Suspiró y desvió la mirada hacia el mar, la oscuridad de la noche hacía parecer que el propio cielo se fusionaba con el océano en el horizonte, creando una bella estampa con el efecto del oleaje y las estrellas sobre él. - Conozco la respuesta, pero… no sé si soy capaz.- Musitó, buscando algo de consuelo en aquél paisaje. - Si tú no eres capaz, entonces nadie lo será.- Le acarició la mano.- Siempre has tenido elección, pudiste haberte rendido tantas veces… y mira lo lejos que has llegado. - ¿Y de qué sirve… si todos a los que he amado no viven para verlo? - Mi niña, no puedes cargar con la muerte de todos, es un peso que no te corresponde. Eileen apretó los puños alrededor de la barandilla con tanta fuerza que se volvieron blancos y un nudo se apoderó de su garganta. - T-te echo de menos… Elana sonrió. - Estoy orgullosa de tí, mi vida. Aquellas palabras aliviaron toda la presión que había sobre su pecho, la liberaron. El nudo de su garganta se deshizo tan solo para dar rienda suelta a todas las lágrimas que había estado conteniendo, y caían por sus mejillas como estrellas que descendían a la mar. Sentía las caricias de su madre en la mano y un brazo rodeándola, sintió paz pese a llorar de tristeza, alegría y añoranza al mismo tiempo. - No hay cerradura que te detenga, ¿verdad? - Entonó una voz, pero aquella no era la de su madre, no. Era la de Kaz.- ¿Con quién hablas? - Preguntó mientras cruzaba la puerta y oteaba la azotea, en busca de otra persona. Eileen se enjugó las lágrimas de forma torpe y apresurada. - Con nadie, tan solo... - se giró un mero instante para ver a Kaz, percatándose también de la ausencia de la figura que hacía escasos segundos la había estado abrazando. Hubiese jurado que aún sentía el calor donde antes la había acariciado.- tan solo divagaba a solas. Kaz afiló la mirada. - ¿Estás llorando? - No.- Negó rápidamente mientras le daba nuevamente la espalda y se secaba las mejillas con las mangas de la camisa.- El… el viento debe de haber arrastrado algo y se me ha metido en el ojo. - Ya… ¿en los dos? - En los dos. - ¿Y esa cosa que se te ha metido en los dos ojos, se ha ido ya, o necesitas ayuda? Eileen se tomó unos segundos para llenar los pulmones de aire y dejar escapar un suspiro mientras dirigía la mirada a aquella preciosa estampa una vez más. - Se ha ido ya…
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  3. 4 puntos
    Oye que guapos tus dibujos! (Tarde a la fiesta) XD ¿Que tipo de referencia usas para las poses? He visto varias ahi que me gustan y no es nada mi fuerte Intercambiemos notas :3
  4. 2 puntos
    @Nymleth Pues ando "estudiando" el libro de Michael Hampton: Figure drawing, y muchas posturas me las "invento", sin coger referencias, como la lucha contra la bruja, o el último que subi. Pero luego para otros, como el de la pandilla arcana, si que miro posturas en pinterest y las tomo de ejemplo :3
  5. 2 puntos
    Sven y la extenuación (Su querido aliado). [DL] Como bien ha dicho Becka, la nueva manera de medir el tiempo es PL y DL, además de nuestro querido FR. PL-> Pre Lyon DL-> Despues de Lyon FR-> Fuera de rol. Todo lo que haya pasado antes de que nuestro querido Lyon haya sido apuñalado cruelmente sería PL, y todo lo siguiente DL. FR se explica por si mismo. No hay de qué y un besito <3.
  6. 2 puntos
    "La pandilla Arcana de los 80" [FR]
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    Pelea en la mansión encantada [DL]
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    Hacía pocas horas que la noche había engullido la luz y una luna creciente había coronado el cielo. Aquel embarcadero se encontraba vigilado, Eileen había contado un total de cinco guardias con pintas de ensartar primero y preguntar después. La rama de un álamo le proporcionaba la altura suficiente como para poder tener una buena perspectiva de la zona, además de un denso follaje tras el que ocultarse. Dos de aquellos hombres se encontraban en el nacimiento del embarcadero, el cual se adentraba varios metros en el mar antes de torcer y ofrecer una pasarela con suficiente espacio para dos barcos pequeños o uno mediano. El objetivo era el cargamento de aquél barco mercante que ocupaba gran parte de la plataforma. El plan había sido trazado varios días atrás, cuando uno de los contactos de Eileen le había conseguido un contrato de sabotaje. Al parecer un mercader ricachón quería ganar terreno en el mercado y le ofrecían una generosa cantidad a Eileen por influir de forma negativa en aquél cargamento con el objetivo de ahuyentar clientela y diezmar la reputación de la competencia. Arthur, su aprendiz más reciente, la acompañaba en aquella misión; se encontraba agazapado entre la maleza, no muy lejos del embarcadero, a pocos metros del dúo de guardias que vigilaban la entrada mientras los demás ayudaban a cargar la mercancía. Eileen aguardaba la señal de su pupilo. Pudo oír murmullos entre los guardias y como debatían sobre algo antes de alarmarse por una pequeña bomba lumínica que Arthur había lanzado hacia el lado opuesto. La potencia de la misma era mínima, lo suficiente como para emitir un ligero resplandor, que sumado al ruido del recipiente al romperse fue suficiente para atraer la atención del par, que espada en mano se adentraron en la maleza, apartando plantas y tratando de averiguar qué había sido aquello. Eileen no tardó demasiado en vislumbrar un tenue haz de luz que se reflejaba en el diminuto espejo que le había entregado a Arthur, aquella era la señal. El chico se había colocado en posición, había logrado llegar al embarcadero y quedarse bajo la pasarela, en una zona poco profunda que apenas le llegaba a la rodilla. Eileen, por su parte, aprovechó y descendió con agilidad del álamo, deslizándose de rama en rama como una sombra, pues ni siquiera las hojas se alteraron frente la ligereza de sus pasos y la sutileza de su presencia. Logró acercarse a su aprendiz, y sin mediar palabra prosiguió, ambos tenían claro cuál era su papel, no eran necesarias las palabras. Nadó en silencio y con cautela, enmascarando el sonido de sus pequeñas brazadas con el de los guardias moviendo el cargamento hasta que se hubo situado junto al barco. Lo rodeó y se encaramó a la madera para comenzar a escalar. Se apresuró en el ascenso y cuando estuvo a la altura de la barandilla de cubierta, asomó ligeramente su mirada para observar a los guardias; se encontraban descendiendo por una plataforma de madera que unía el barco con el embarcadero, en busca de más barriles y cajas que cargar. Dos muchachos se encontraban a la espera. Uno de ellos colocaba la mercancía y el otro la llevaba a la bodega, haciendo uso de un sistema de poleas que rechinaba y conectaba el nivel inferior con la cubierta en una suerte de elevador. No pasó mucho hasta que subieron un cargamento lo suficientemente grande como para mantener ocupado a uno de los mozos mientras el otro se disponía a preparar el descenso de la mercancía en el elevador. Eileen esperó al momento oportuno antes de subir y deslizarse hacia el cúmulo de cajas y barriles que no tardaron en ser descendidos. Se había situado tras ellos cuando el chico había apartado la mirada para preparar el mecanismo, enviando a Eileen a la bodega junto a él. No se percató de la presencia de la asesina, que había usado el cobijo de las sombras para ocultarse mientras esperaba a que la plataforma hubiese quedado descargada. A los pocos minutos el chico hizo subir de nuevo el mecanismo, dejando la bodega en completa oscuridad. Eileen tomó uno de sus viales luminiscentes y lo agitó para generar algo de luz. Paseó con calma por el lugar, sabía que tenía unos quince minutos de margen hasta que la plataforma hubiese sido cargada por completo, pues no había personal para acelerar el proceso. Dedujo que el capitán del navío estaría durmiendo, esperando a que sus mozos terminaran el trabajo duro o algo similar, dado que ni siquiera se había dignado a mostrarse en cubierta. El barco se balanceaba de forma leve, algunas maderas se quejaban y la humedad era la dueña de aquél lugar. No tardó en dar con las cajas de la mercancía en cuestión. Se colocó el vial entre los dientes mientras sujetaba las herramientas para abrir una de las cajas; tenía varios viales de un veneno leve para sabotear aquél cargamento, tan solo para causar ligeros problemas estomacales y digestivos a quienes lo ingiriesen. Sin embargo, cuando la caja se abrió un aroma peculiar inundó las fosas nasales de Eileen. Una densa nube de perfume con un intenso olor a azúcar y melaza. De pronto, volvió a estar en aquel burdel, con una gruesa y áspera mano sujetándole la muñeca, exigente, autoritaria. A Eileen se le habia dado bien prever cuándo podía atraparla un recuerdo para huír de él, pero en esa ocasión no estaba preparada, aquello la había golpeado por sorpresa. El recuerdo acudió a ella con la misma insistencia con la que el oleaje mecía el barco o el viento agitaba las velas plegadas, dispersándole la mente. Aunque el hombre olía a vainilla, a dulce, bajo aquél aroma podía oler el ajo y el alcohol. Sintió la seda que se deslizaba a su alrededor, como si la propia cama y las sábanas fueran un objeto viviente, animado. Eileen no los recordaba a todos. Multitud de noches en aquél lugar se habían fusionado, congregado en una maraña de horror; ella misma había mejorado y perfeccionado a la hora de abstraerse, de desvanecerse de una forma tan completa que casi no le importaba lo que le hicieran al cuerpo que dejaba atrás. Aprendió que los hombres que acudían allí nunca miraban con demasiada atención, nunca hacían demasiadas preguntas. Querían una ilusión, una fantasía, y pagarían e ignorarían cualquier cosa con tal de conservarla durante el tiempo que les durase. Había llorado la primera noche. Madame Helen había usado el látigo con ella, y tras ello la vara que era tan temida por todas, y después la asfixió hasta que se desmayó, hundiendo con suma violencia su rostro en un balde a rebosar de agua. Las siguientes veces, el miedo de Eileen fue más grande y pesaba más que su dolor. Aprendió a sonreír, a susurrar, a arquear la espalda y a producir los sonidos que requerían los clientes. Seguía llorando, pero las lágrimas nunca se derramaban. Llenaban un lugar vacío en su interior, un pozo de tristeza donde cada noche se hundía como una piedra. Los clientes eran hombres jóvenes, mayores, guapos, feos. Estaba el hombre que lloró y le pegó cuando no pudo cumplir. El hombre que quería que fingiera que era su noche de bodas y le diera lo que quería. El hombre con los dientes tan afilados como un gato que le había mordido los pechos hasta que sangraron. Madame Helen añadió a su deuda las sábanas manchadas de sangre y los días que Eileen perdió por culpa de clientes similares. Pero él no había sido el peor. El peor había sido un gilneano que la había escogido en el vestíbulo, el hombre que olía a vainilla y a dulce. Solo cuando estuvieron en la habitación entre las sedas púrpuras y el incienso, dijo: - Te he visto antes, ¿sabes? Eileen se había reído, pensando que aquello era parte del juego, de la fantasía que quería para él aquella noche, y le sirvió una copa de una botella de vino. - Lo dudo mucho. - Hace unos años, en uno de los antros de juego de bahía. El vino se derramó por el lateral de la copa, creando un pequeño charco que oscureció parte de la mesita. - Creo que me confundes con otra.- Se apresuró a decir. - No.- Insistió él.- Estoy convencido. Te vi sirviendo copas en una ropa no muy distinta a esta. Quizá con menos clase.- Añadió.- Pero pude observar cómo con una sonrisa amable distraías a la clientela lo suficiente como para arrebatarles lo que llevaran encima.- Movió los dedos en el aire, como imitando una nevada.- Los hacías desvanecerse entre tus dedos, ni siquiera yo pude seguir el rastro de algunos relojes de bolsillo o adornos. Eileen trató de calmar sus manos temblorosas, su pulso creciente, la bilis que parecía acumularse en su garganta. Aquello había sido poco después de ser raptada, cuando aún era muy jóven para ser entregada a Madame Helen. Había servido como camarera y en aquél lugar la habían instruído para saber satisfacer a un hombre. - Hacías que pareciera demasiado fácil.- Prosiguió él.- Engañar a la vista con un par de movimientos rápidos y medidos. Casi como si pudieses tejer la realidad misma con tus propios dedos. Aquella había sido sin duda la peor noche, porque cuando el hombre que olía a vainilla, a dulce, a azúcar y melaza había comenzado a besarle el cuello y quitarle las sedas, ella había sido incapaz de dejar su cuerpo atrás. Se había quedado clavada bajo él. Había llorado, pero a él no había parecido importarle. Eileen podía oír ahora el sonido del mecanismo chirriando y la luz que bañaba de nuevo la bodega. Había perdido la noción del tiempo, sumergida en aquél recuerdo. Ocultó el vial bajo sus ropas y se agazapó tras las cajas, tratando de digerir aquello que acababa de rememorar. Las voces de su cabeza se volvieron inquietas, intranquilas, querían salir de allí. Eileen trató de concentrarse, de ignorarlas, de calmarlas, pero fue en vano. Un sudor frío se había apoderado de ella y aquellas paredes de madera que crujían de vez en cuando parecían estrecharse más y más. Quería gritar, sentía la necesidad de salir corriendo, de empuñar sus armas y degollar a toda esa gente para hallar algo de paz en el sufrimiento, en el miedo y el terror que se reflejaría en los ojos de aquellos hombres. Sin embargo uno de sus dedos, en su inquietud, se topó con el anillo familiar que llevaba puesto, y como si aquello fuese la cornisa del más alto de los edificios, una cuerda floja tendida frente a un abismo oscuro, se aferró a él, calmando su respiración. Tan pronto como la luz se desvaneció y las poleas se quejaron nuevamente, Eileen se incorporó y se lanzó contra uno de los barriles vacíos que reposaban contra la pared para vomitar. Hacía mucho tiempo que no le ocurría algo así, salvo cuando tenía alguna pesadilla por las noches. Aquello era un peligro, un riesgo, no podía permitirse que algo así la arrastrase a los confines más oscuros de su memoria durante una infiltración. Tragó saliva y dio un par de tragos a su petaca para quitarse el sabor a bilis de la boca. Luego recuperó su vial lumínico y tuvo que contener la respiración mientras vertía el veneno en el cargamento. Más adelante empapó un pañuelo en ron para ponérselo en el rostro y evitar oler de nuevo aquello. Tardó más de lo esperado, mucho más de lo que le habría gustado, pero terminó con todas las cajas, al parecer habían terminado de cargar la mercancía y ya no bajaban más cargamentos. Tuvo un momento de paz en el que trató de recomponerse de nuevo antes de salir. Sin embargo, una voz se elevó con discreción a través de la oscuridad de la bodega: - ¿Maestra? - ¿Arthur? - Preguntó Eileen, alzando el vial para alumbrar más, divisando la figura de su aprendiz tras unos barriles que por el etiquetado debían de ser de vino.- ¿Qué narices haces aquí? - Tranquila, nadie me ha visto.- Aseguró el semielfo, no mucho más joven que ella, acercándose. Eileen gruñó por lo bajo. - ¿Por qué has venido? - No regresabas, creía que había ocurrido algo. - No… tan solo había muchas cajas. ¿Cómo has entrado? - Observó el elevador, que permanecía subido y cerrado. - Encontré unas escaleras que conducían a la bodega.- Señaló hacia atrás con el pulgar. - ¿Y los guardias? - Se han ido. - ¿El timón? - Inutilizado, tardarán un tiempo en dar con el problema y solventarlo. - Bien hecho.- Le dio una palmada en el hombro y se quitó el pañuelo del rostro. Arthur era un buen chico, de los pocos que habían quedado tras los duros entrenamientos a los que les había expuesto. Durante la etapa final se había asignado a un aprendiz a cada uno de los cinco miembros que iban a ejercer como maestros. Eileen había elegido a Arthur, quizá no fuese el mejor duelista, ni el más fuerte o diestro. Pero tenía cualidades que Eileen valoraba mucho, y otras cosas que le despertaban inquietud; pues ese chico pecaba de mucho de lo que ella misma hubo pecado cuando era una novata. Arthur no tenía nada que perder, y como tal actuaba de forma temeraria y poco precisa, se dejaba llevar por la ira en demasiadas ocasiones y no le importaba fallar durante el camino si al final lograba su objetivo, y eso era un error que Eileen debía de corregir en él, entre otros muchos. Quizá en un principio tuviese miedo, pero Eileen sabía que había tomado la decisión correcta al entrenarle, pues la evolución de su aprendiz era favorable, estaba dispuesto a escuchar y a aprender, a mejorar. Si algo le enseñó Cassian en su día, fue que si el vínculo que se establece entre maestro y aprendiz es fuerte, pocas cosas pueden llegar a quebrarlo. Es lo más parecido a hacerse cargo de un hermano menor, a mostrarle cómo valerse por sí mismo. Quizá en un futuro, Arthur la recordase a ella como ella lo hacía con Cassian, en cuanto a maestro se refería. Eileen tuvo que aprender a separar su vida amorosa de los entrenamientos con Cassian, y soportar la dureza y severidad de alguien que le dio las herramientas para labrarse un futuro, una reputación, una vida. El vínculo entre Arthur y ella aún era débil, pero poco a poco iba cobrando fuerza, y era algo que sentía de algún modo en lo más profundo de su ser. Salir de allí fue más sencillo que entrar. El personal estaba ocupado tratando de arreglar el problema con el timón, y la guardia que hubo escoltado el cargamento había cumplido su contrato y se habían esfumado, como así lo debían de hacer ellos, como sombras, como espectros. Se deslizaron como uno solo por la cubierta, aprovechando el cobijo que la noche les tendía y descendieron con sigilo hasta el agua, en la cara opuesta al embarcadero. Nadar hasta la orilla y abandonar la escena no fue más que un mero protocolo, nadie les había visto entrar o salir. Eileen sentía el agua más fría que cuando había nadado hacia el barco, aún seguía con parte de su cabeza situada en el pasado, su trenza la seguía por el agua, ondeando como una serpiente blanca, inmensa sobre la superficie del mar. Llegaron a la costa y se ocultaron entre las hierbas altas hasta alejarse lo suficiente de aquél lugar e internarse en el bosque. El silencio era únicamente interrumpido por el sonido del agua goteando por sus ropas o algunas hojas y pequeñas ramas al quebrarse bajo el peso de los cuerpos de ambos. La luna seguía coronando el cielo y el cántico de los grillos y algunos búhos le rendían homenaje. - Esta vez no has cometido errores.- Dijo Eileen, sin detener el paso. - Gracias, maestra. Las últimas lecciones fueron duras pero creo que han dado resultado.- Se acomodó algunos mechones negros pegados a su frente por el agua.- Al menos no ha sido necesario reducir a nadie o usar tus agujas. - No me recuerdes el estropicio que armaste en el almacén de Greta… - Ya, respecto a aquello... lo lamento. - Me es indiferente que lo lamentes. Quiero que aprendas de tus errores, eres demasiado descuidado.- Le miró por encima del hombro.- No te traigo como un adorno, te traigo para que aprendas a desenvolverte más allá de la teoría o lo que pueda enseñarte en un entorno protegido. Arthur se mordió el labio y asintió. - Lo sé, maestra, y te agradezco la oportunidad. Eileen agitó la mano mientras avanzaba por el bosque, no necesitaba agradecimientos, no quería las gracias, quería verlo mejorar. - Aunque has hecho algo que podría habernos costado la misión, Arthur. Cuando has venido a buscarme te has saltado mis órdenes, has ignorado el protocolo que te enseñé y puesto en peligro tanto a ti como a mi.- Su tono no era dulce, no era agradable, sabía que tenía que ser severa con ese tipo de actos.- ¿Qué hubiese pasado si te llegan a ver? ¿O si entras en la bodega y yo ya no estoy allí? ¿Has pensado siquiera en eso? - Buscó su mirada de nuevo.- Eres mi responsabilidad, y si salgo y no te encuentro en el lugar que habíamos acordado, puedo asumir que algo ha ido mal. Y el precio de tu insensatez podría haber costado varias vidas de ser el caso. Arthur endureció el gesto, y la escasa luz de la luna que el follaje del bosque permitía pasar iluminó los músculos en tensión de su mandíbula. Así como sus puños tan apretados que los nudillos se habían vuelto blancos. - Lo siento, maestra.- Dijo, apartando la mirada, con rabia en la voz, no hacia Eileen, sino hacia sí mismo. - Tan solo tenlo en mente para la próxima vez, Arthur. No quiero tener que llevar el cadáver de un aprendiz ante Kaz. No quiero tener que incinerarte. La gente como nosotros no tiene bellos funerales repletos de gente derramando lágrimas y lluvias de pétalos que guíen el camino del ataúd hacia su lugar. No tendremos cánticos ni una lápida bonita con nuestro nombre grabado en mármol y una familia que cambie el ramo de flores cada fin de semana. Morimos… - ...y vivimos en la sombra.- Prosiguió Arthur.- Lo sé, Maestra, compensaré mis errores y los corregiré, lo prometo. Eileen suspiró y asintió, sin pronunciarse más. Esa era una lección que había aprendido por las malas, había perdido a multitud de amigos, de hermanos y hermanas de armas, a Cassian… y ninguno había tenido una tumba, algunos ni siquiera pudieron ser incinerados, pues sus cuerpos se perdieron o no pudieron ser recuperados. Eileen recordaba todos y cada uno de los nombres de aquellos que había perdido, en especial su familia y Cassian; a menudo cuando no podía dormir se pasaba horas mirando al cielo, susurrando sus nombres a la noche y buscándoles entre las estrellas, con la esperanza de encontrarles allí, velando por ella. No quería tener que sumar el nombre de Arthur a aquellas plegarias.
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    Buenas a todos, MW: Para mí es un inmenso honor presentarles mi cover de "Me dediqué a perderte", una pieza clásica de la balada pop romántica latina, que me he atrevido a grabar hace ya casi dos meses pero que estuve preparando para hacer pública. aquí se los dejo para que me den su opinión y me apoyen, si les ha gustado, compartiéndolo con sus amigos o todo el que quieran.... ¡Gracias de antemano por escuchar! (por aquí iré colgando otros proyectos que tengo en la caldera, pero para eso hace falta un poquito más de tiempo) (sí, el de las fotos soy yo, por si alguien se lo pregunta xD)
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    Sven y Elisabeth en el baile de clausura del torneo del ciervo blanco [PL]
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    Elisabeth Lavender y Sven Renard después del ataque en su hogar. [DL]
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    No sé por qué todavía no lo había puesto por aquí, aunque ya muchos de mis amigos aquí saben de su existencia, pero les presento mi tema promocional llamado "Vale la Pena" (Letra y música por un servidor, arreglos por Armando Lovera y producción audiovisual por Gabriel Martínez de Geometrixproducciones) espero que lo disfruten, en España está sonando bastante en una pequeña radio llamada StudioRadioLC, si alguno quiere volverlo a escuchar, puede solicitarlo por ahí en twitter. Espero que lo disfruten, pues todo lo que hago como músico lo hago con muchísimo cariño para todos ustedes.
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    -Para ir al post de tu interés, da click al nombre bajo el icono de clase de tu elección- Solo los veteranos más curtidos de Azeroth poseen la fortaleza necesaria para blandir artefactos legendarios contra la Legión Ardiente. Escrito sobre Artilugios Malditos -Ulthalesh, La Falce del Paso de la Muerte- -El Cráneo del Man'ari- -El Cetro de Sargeras- Tratado sobre los Muertos -Fauce del Maldito- -Hojas del Príncipe Caído- -Apocalipsis- Historias de la Caza -Furia Titánica- -Thas'dorah, Legado de los Brisaveloz- -Garra Feroz, Lanza de los Dioses Salvajes- Escrito de Secretos Viles -Hojas Gemelas del Impostor- -Hojas de Guerra Aldrachi- Palabras de Viento y Tierra -El Puño de Ra Den- -Martillo Maldito- -Sharas'dal, Cetro de las Mareas- Tomo de los Ancianos -Guadaña de Elune- -Colmillos de Crinceniza- -Garras de Ursoc- -G'hanir, el Árbol Madre- Saga de los Valarjar -Strom'kar, la Belígera- -Espadas de Guerra de los Valarjar- -Escama del Guardián de la Tierra- Archivo de la Guardia de Tirisfal -Aluneth- -Felo'melorn- -Ébano Glacial- La Crónica de los Tiempos -Fu Zan, el Compañero del Errante- -Sheilun, Bastón de la Niebla- -Puños de los Cielos- Tratado de los Antiguos Reyes -La Mano de Plata- -Veraguardia- -Crematoria- Libro de Sangre -Las Matarreyes- -Las Hojas Pérfidas- -Colmillos del Devorador- Palabra del Cónclave -Cólera de la Luz- -T'uure, Guía de los Naaru- -Xal'atath, Daga del Imperio Negro-
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