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  1. El Ultimo de los Halcones. Parte I: Desde las sombras. El camino hacia las afueras de la ciudad, estaba poco transitado solo unas pocas personas lo recorrían, el sol en las tierras elficas iba ocultándose poco a poco y solo un par seguía de largo en aquel camino de piedra adornado a los lados con la típica belleza de los bosques dorados de quel’thalas, valandil iba pensativo sobre algunas cosas y no podía disimular los pocos nervios que le llegaban al cuerpo a medida que iba caminando, miraba de reojo a la elfa de cabellos dorados enrulados que le seguía, para luego mirar al frente y negar con la cabeza, solo para que un pensamiento fugaz pasara por su mente…(Lo volviste a hacer, Deja de prometer cosas que no cumplirás, prometerle cobijo y comida fue ir demasiado lejos…), Pero poco pudo hacer, toda esa aventura en aquel barco de esclavistas goblin fue una locura de la cual salió ileso y con un buen botín, obviando el método pues el fin justifica los medios. Su aspecto era totalmente diferente al del elfo que entro a un maloliente calabozo hace dos años, marcado y con un fuerte sentimiento de venganza en su interior, siguió caminando ahora su atuendo no era el rojo que solían usar a diario sus paisanos, ahora mezclaba su atuendo entre negro y morado, había gastado el botín en ropa y algunos suministros, tanto para el como para su ahora protegida K’tlyne, a medida que iba acercándose a las cercanías de las tierras de los anar’thori, le atormentaba el hecho de tener que humillarse ante la familia de su esposa, pero era un medio para un fin, todo estos pensamientos se desvanecieron al llegar a la entrada de la casa de los anar’thori, un amplio jardín le esperaba antes de llegar a la entrada principal a la mansión, le extraño no verla con algún guardia, esto demostraba la decadencia en la que había caído la casa nobiliaria, un joven elfo de cabellos oscuros y complexión bastante delgada que atendía el jardín le atendió –¿ Mi señor, se hace tarde tiene algún asunto con la casa?. Valandil lo miro y asintió, y con un tono bastante neutro le pidió al que creía jardinero—Llévame ante la matriarca de los Anar’thori, Pero su atuendo y la marca de su rostro, le delataban con aquel jardinero, para el no lucia más que como un bandido o algo similar. Tras verle fijamente por unos instantes, el jardinero asintió y se apresuró a abrir la verja que los separaba—La señora dijo que alguien vendría, y dada la hora…pase mi señor. Dudo unos instantes sobre las indicaciones recibidas, pero no cumplirlas sería peor para él limitándose a ver a ambos elfos pasar y cerrar la verja tras ellos, volviendo al jardín. Sin darle mucha importancia se abrió paso, hacia la puerta principal aún se podían apreciar algunas marcas de batalla en la puerta y sin tiempo que perder con ambas manos empujo la gran puerta e hizo acto de entrada, la mansión anar’thori ahora muy rebajada en comparación a su estado anterior, se mantenía en pie gracias a la alianzas que aun poseía, sinónimo de dependencia. Al entrar noto algo desolado el lugar, repasando la arquitectura del lugar, conocía aquella mansión, pues había estado allí muchas veces antes aquello que el pisaba no era más que la sala principal, donde daban las escaleras al segundo piso y un largo pasillo derecho del cual provenían voces, estaba seguro de que provenían de la sala del concejo familiar. Al entrar había cierto número de personas, los miembros de los anar’thori y por supuesto, la bienhallada esposa de valandil, y sus hijas degustando algo de té con galletas, mientras los adultos debatían asuntos concernientes a sus alianzas y tratos, estaban en la su gran mayoría sentados en una sala con una arquitectura esférica con los típicos adornos y arreglos alusivos al alto reino. Al entrar y alzar la mirada, vio claramente a la matriarca de los anar’thori, la madre de tiraya la cual se puso de pie, con algo de dificultad y alzo su mano, con lo que las voces cesaron y valandil sintió como todas las miradas le atravesaban, tiraya derramo él te que se estaba sirviendo y fue hacia sus dos pequeñas, manteniéndolas juntas con ambos brazos. La voz de la matriarca se escuchó en la ahora silenciosa sala del concejo—Bienvenido seas Sunhawks. Esbozo una leve sonrisa, y estallaron las voces en la sala, tiraya quedo perpleja con el cambio que había obtenido su esposo, tras dos años sin verle prácticamente le había dado por muerto y ahora aparecía de la nada. Un elfo de atuendos elegantes y con una copa de vino en su mano derecha con una voz bastante melodiosa rompió el alboroto dejando una interrogante— ¿Qué significa esto? Que hace este criminal en nuestra sala… Tras aclararse la garganta, alzo la mirada y se encontró con la de tiraya, y esbozo una leve sonrisa, para mirar de reojo al noble que había dejado la pregunta abierta—Yo soy Valandil Sunhawks, y he venido a ocupar el puesto que me corresponde al lado de mi esposa Tiraya. Aquella simple oración fue un balde de agua fría para aquel orgulloso noble, su gesto facial transmitió a todos la sorpresa y el descontento que sintió, valandil pudo verlo y deleitarse con él, como las palabras lo habían desarmado. La sesión de hoy ha acabado, seguiremos mañana en horas de la tarde— asevero la matriarca, la cual vio la necesidad de cortar la comunicación entre los dos elfos, Lord Efhrys Proudleef tenía tiempo tras tiraya y con la ambición de poseer lo poco que les quedaba a los anar’thori que se topara con valandil no era casualidad, las maquinaciones de la matriarca daban frutos a muy tempranas horas. Tras un breve silencio, las personas fueron abandonando la sala de forma silenciosa el único que se hizo notar más que el resto fue Efhrys al tropezar su hombro con el de valandil muy a propósito, y seguir de largo como si nada, cosa que el mago supo apreciar por su habilidad casi innata de hacer enemigos a primera vista. (Ese sujeto será un problema)—Pensó el elfo, mientras los miraba marchar y al repasar la mirada nuevamente por el lugar, K’tlyne se había puesto cómoda con algo de té y galletas, puesto que no habían degustado nada desde temprano era normal que estuviera hambrienta y no la juzgo por ello, después de todo él también tenía hambre, al escuchar como bajaban por los escalones se giró y solo alcanzo a ver el reflejo de sus dos pequeñas abalanzándose sobre él, no pudo evitar abrazarlas con fuerza y ponerse al mismo nivel que ellas, verlas nuevamente avivo algo en el corazón de valandil, algo que él consideraba muerto y de repente muchas cosas pasaron por su mente, pero lo que más le carcomía era cierto arrepentimiento, (Desearía haber hecho más, más por ustedes…) aquel instante aunque breve fue como si el tiempo se detuviese para él, pudo notar como los ojillos de sus dos pequeñas estaban bastante humedecidos y alcanzo a darle un beso en la frente a cada una , hasta que la voz cercana de tiraya le interrumpió. Hay mucho de lo que debemos hablar, pero no será aquí—Alego tajante Tiranya, mientras su madre la matriarca bajaba las escaleras con la velocidad que se podía esperar de una persona en edad ya de venerable, miro al par de elfos y negó con la cabeza, antes de posar su mano sobre el hombro de Eileen—Cariño, ve con tu hermana a tu habitación, vuestro padre debe descansar por hoy, ya mañana le veréis ¿vale? La voz de la matriarca era dulce y acompañada de una sonrisa era difícil de negarse a una simple petición, Eileen le miro y tras asentir levemente se separó de su padre y lo mismo hizo su hermana pequeña— Pero abuela… Alcanzo a decir y su mirada busco a la de su padre, quizás buscando apoyo pero valandil poso su mano sobre el hombro de Alessa y asintió—Hazle caso a tu abuela, mañana iremos de paseo, cerro la oración con una leve sonrisa— ¿Lo prometes? ¡Te esperare a primera hora!, Dijo Alessa mientras tomaba la mano de su hermana e iban subiendo los escalones hacia sus respectivos aposentos—Estos desvelos no son o no deberían ser propios de alguien de mi edad, os veré en la mañana joven Sunhawks, alcanzo a decir en voz alta mientras subía los escalones, haciendo un gesto con la mano de despedida dándole la espalda a ambos. Valandil simplemente asintió, y la vio subir cuando la venerable elfa subió el último escalón una bofetada fue a parar directo hacia su mejilla izquierda dejándole de lado el rostro, y la mejilla enrojecida, justo quedo mirando hacia donde estaba K’tlyne y entendió quizás el porqué de la bofetada— ¡Te apareces después de dos años, y tienes el descaro de hacerlo con otra elfa! Tras escucharle, negó con la cabeza—Me acompaña porque no tiene a nadie más, hace semanas no era más que una esclava, pero además de eso, no tenemos ninguna otra relación, K’tlyne algo apenada se acercó al elfo y a una distancia prudente le mostro a tiraya la marca del hierro en su piel, la cual tras observarla por unos instantes asintió y se acercó a ella, y le dio instrucciones al oído a lo cual K’tlyne gustosa accedió, y subió rápidamente a la segunda planta para no volver, al menos esa noche—¿Qué es lo que buscas aquí? ¿Porque ahora?, Valandil rompió el silencio tras la pregunta con una respuesta simple—No tenía a donde ir, Pensé que podría venir a visitaros al menos por unos días La noche en aquella sala, era silenciosa solo las voces de aquellos elfos se escuchaba en toda la mansión—Mientes, tu no sueles pensar mucho tales cosas te pudiste haber quedado en cualquier taberna, y olvidarte de nosotras, cosa que te es mucho más conveniente, Tiraya era tajante y evitaba hacer contacto visual con su marido, Valandil le conocía desde que era una adolecente y podía notarla confundida, pudo fijar la tristeza en su rostro e hizo lo único que se le ocurrió, se acercó a ella la agarro, la abrazo con fuerza esperando una respuesta violenta, pero Tiraya no hizo nada para evitarlo, recostó su cabeza en el pecho del elfo y rompió a llorar, con su voz quebradiza alcanzo a decir algo, algo que el elfo escucho claramente—quiero saber si tu amor no murió si en verdad lo llevas dentro…, Valandil no sabía realmente que responder pero una frase le paso por la mente, una de cuando era el novio de Lady Tiraya y no su marido—Tu amor será en el Invierno el único abrigo que me puede salvar, Tiraya lo escucho claramente y su memoria se remontó a ese dulce momento, donde después de aquella frase dicha por primera vez, beso a aquel elfo pelirrojo que tiempo después se volvería su esposo y no se limitó, aunque ahora muchos años después ambos habían cambiado tanto, en el fondo seguían siendo aquellos dos jóvenes que se morían el uno por el otro, y se decidió a besarle, en una fracción de segundo beso a su marido, fue algo corto pero para ella tardo una eternidad, el último beso que compartieron fue hace dos años, y lo recordaba exactamente igual, tras aquello ambos elfos se quedaron charlando gran parte de la noche hasta que valandil quedo dormido en uno de los muebles de la sala, y tiraya subió a su habitación

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