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Cemotucu

Primeras Civilizaciones Trols

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A continuación encontrarás la historia de los trols, desde hace 16.000 años hasta la Segunda Guerra. Desde sus comienzos como señores de Kalimdor hasta la devastación del Cataclismo, y la aparición y caída de los Imperios Gurubashi y Amani, los trols comparten una historia salpicada de sangre.​


El Surgimiento de la Civilización Trol

Los primeros trols conocidos pertenecían a la tribu Zandalar y de ellos descienden el resto. En general, los Zandalari valoran el conocimiento sobre todas las cosas, pero a su vez una parte significativa de la tribu tenía sed de conquistas. Estos trols desafectos con el tiempo se separaron del grupo principal y formaron tribus individuales. A medida que el tiempo pasaba, lo que quedaba de la tribu Zandalar pasó a ser considerado como una casta trol de sacerdotes con aires de superioridad. Los Zandalari trabajaron sin descanso para grabar y preservar la historia y las tradiciones trols, y estos inteligentes trols actuaron para favorecer los fines de la sociedad trol en conjunto. Aunque el resto de los trols les tenían gran respeto, los Zandalari no se implicaron en la política diaria de su pueblo.

Hace alrededor de 16.000 años, los trols dominaban la mayoría del antiguo Kalimdor, el único continente de Azeroth en aquella época. De las tribus que se habían separado de los Zandalari emergieron dos imperios trols: el Imperio Gurubashi de las selvas del sureste y el Imperio Amani de las tierras forestales del medio.



Varias tribus trol de menor tamaño también decidieron abandonar las tierras civilizadas y aventurarse hacia el extremo norte. Se establecieron en la región que después se conocería como Rasganorte. Estas tribus fundaron una pequeña nación conocida como Zul'Drak. Sin embargo, este reino nunca alcanzó el tamaño de los imperios Gurubashi y Amani.



Estos imperios no se profesaban gran aprecio, pero sus conflictos rara vez escalaban hasta la guerra. En aquella época, el enemigo común más importante era un tercer imperio: la civilización de Azj’Aqir. Los aqir eran insectoides inteligentes que gobernaban las tierras del extremo occidental. Estos ingeniosos insectoides tenían grandes ansias de expansión y eran de naturaleza increíblemente malvada. Los aqir estaban obsesionados con erradicar todas las formas de vida no insectoide de los campos de Kalimdor.



Los trols se enfrentaron a los aqir durante miles de años, pero nunca lograron una victoria real. Con el tiempo, gracias a la persistencia de los trols, el reino aqiri se dividió en dos. Sus ciudadanos huyeron a colonias separadas en las regiones del lejano norte y sur del continente. Surgieron dos ciudades-estado aqiri: Azjol-Nerub en los baldíos del norte y Ahn’Qiraj en el desértico sur. Aunque los trols sospechaban de la existencia de otras colonias bajo Kalimdor esto nunca se confirmó.

Con el exilio forzado de los insectoides, los dos imperios trols siguieron con su rutina. Ninguno de los dos amplió demasiado sus fronteras originales.

Nuevos Enemigos: Los Kaldorei

Los elfos de la noche se desarrollaron a lo largo de las orillas del Pozo de la Eternidad y se beneficiaron de la fuerza de sus energías. A pesar de los intentos de los trols por evitar que esta nueva raza reclamara más territorios, los elfos de la noche erigieron un poderoso imperio que se expandió rápidamente por Kalimdor. En posesión de violentas magias nunca antes imaginadas, los elfos de la noche pronto se convirtieron en una amenaza para los dos grandes imperios del mundo.

Los elfos de la noche desmantelaban sistemáticamente las defensas y las cadenas de suministros de los trols. Incapaces de hacer frente a las magias destructivas de los elfos, los trols cayeron ante el feroz ataque. Los territorios de los imperios Gurubashi y Amani se fragmentaron en pocos años y la sorprendentemente rápida victoria de los elfos de la noche provocó el odio eterno de los trols.



Al final los elfos de la noche ardieron en la magia Arcana que ansiaron controlar: el uso imprudente que los elfos hicieron de la magia atrajo a la Legión Ardiente hasta el mundo de Azeroth. Los demonios aplastaron gran parte de la civilización de los elfos de la noche. No queda constancia de que la Legión atacase a ninguna de las civilizaciones trols, pero parece plausible que las batallas tuvieran lugar por todo lo ancho del continente.

Tras este terrible conflicto, conocido hoy como la Guerra de los Ancestros, el Pozo de la Eternidad hizo implosión. La consiguiente onda expansiva destrozó el antiguo Kalimdor en varias masas terrestres y desplazó el centro del continente al fondo del mar. Grandes extensiones de tierra que una vez pertenecieron a los imperios Amani y Gurubashi aún existen en lo que es hoy territorio tanto de Quel’Thalas como de Tuercespina.

Un Dios Feroz

Los largos siglos que siguieron al Gran Cataclismo fueron difíciles para la raza trol. Los intrépidos trols reconstruyeron sus ciudades devastadas y se dispusieron a reclamar algo de su antiguo poder. Aún así, la hambruna y el terror se convirtieron en algo habitual en los reinos devastados. Los trols de selva, contra las cuerdas, recurrieron a antiguas fuerzas místicas en busca de ayuda. Ambos imperios trols compartían una creencia principal en un gran panteón de dioses primitivos, pero solo el imperio Gurubashi cayó bajo el dominio del más oscuro.

Hakkar el Cazador de Almas respondió a las plegarias de los trols. Hakkar compartió sus secretos de sangre con los trols y los ayudó a extender su civilización a través de casi toda la Vega de Tuercespina y algunas islas en los Mares del Sur. Otorgó gran poder a los trols de selva, pero a cambio este dios sediento de sangre exigió sacrificios.



Sus exigencias aumentaron rápidamente y cada vez era más impaciente con sus leales sacerdotes, los Hakkari. Les pidió que buscasen una forma de invocarle físicamente al mundo para que pudiese drenar la sangre de sus víctimas directamente. Tan vasta era su hambre que soñaba con devorar las vidas de todas las criaturas mortales. La mayoría de los Hakkari se hacían ya una idea de su insaciable apetito y estaban horrorizados ante la perspectiva del daño que podría causar y del poder que podría ganar si le otorgasen la habilidad de alimentarse a su antojo. No obstante, los Atal'ai, una pequeña facción extremista de los Hakkari, decidió cumplir los deseos de Hakkar.

Guerra Civil entre los Trols de la Selva

Antes de que los Atal'ai pudiesen completar la invocación, los otros trols de selva, incluyendo a los Hakkari, se levantaron en una revuelta contra el cruel dios. Incluso la tribu de los Zandalar se vio envuelta en el conflicto, ya que vieron que Hakkar representaba una seria amenaza para el mundo entero. Las magias desatadas azotaban Zul'Gurub, pero justo cuando la batalla parecía desesperada, los trols lograron destruir el avatar de Hakkar. Expulsados de las selvas, los Atal'ai fueron perseguidos casi hasta su extinción. Solo un pequeño grupo de Atal'ai escapó al Pantano de las Penas, donde construyeron un importante templo a su dios en secreto: el Templo de Atal'Hakkar.

Los Hakkari habían luchado contra los fanáticos Atal'ai, así que esperaban que su papel como ejecutores de los sacrificios para Hakkar no fuese castigado. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que no sería así. Cuando la amenaza más inmediata de los Atal'ai fue eliminada, los trols de selva también se enfrentaron a los Hakkari. Muchos antiguos sacerdotes fueron torturados y ejecutados en truculentos espectáculos públicos. Otros resultaron destrozados por la violencia de las masas. Los Hakkari con mejor suerte fueron simplemente despojados de sus posesiones y expulsados de Zul'Gurub. Si volvían, sabían que les esperaba la muerte.



Resentidos y desesperados, los supervivientes Hakkari llegaron a una terrible conclusión. Averiguaron el paradero de sus antiguos enemigos, los Atal'ai, y se ofrecieron a ayudarles a invocar a Hakkar a este mundo. Complacidos por el sufrimiento que los Hakkari habían sufrido sin duda, los Atal'ai estaban convencidos de que habían aprendido de su error y, por lo tanto, les abrieron las puertas del templo. Los Atal'ai y los Hakkari siguieron adorando a su dios allí, preparándose para su llegada física a este mundo. El Dragón Aspecto verde, Ysera la Soñadora, enseguida se enteró de los planes de los malvados sacerdotes y aplastó el templo bajo las marismas. A día de hoy, las ruinas están custodiadas por majestuosos dragones verdes.



Los miembros restantes del Imperio Gurubashi se separaron y reivindicaron territorios en las vastas selvas de la Vega de Tuercespina. Estas dispersas tribus comenzaron a luchar entre ellas y finalmente la tribu Lanza Negra, de menor tamaño que las otras, fue expulsada del continente completamente y se adentró en el océano. Esperando evitar así conflictos futuros, se instalaron en una isla desierta.

Una frágil paz se instauró en el imperio destrozado. No obstante, los trols hablaban de una profecía que contaba que Hakkar algún día renacería en este mundo y que entonces lo consumiría por completo.

La Caída del Imperio Amani

Tanto la Guerra de los Ancestros como el Cataclismo tuvieron lugar porque los elfos de la noche abusaron de la magia Arcana. Así y todo, la casta más alta de los elfos de la noche, los Altonatos, se negaron a renunciar a la magia Arcana. Por lo tanto, fueron exiliados de Kalimdor y tras navegar por el mar llegaron a Lordaeron. Estos exiliados se dieron a sí mismos el nombre de elfos nobles.

La sangrienta contienda entre los elfos nobles y los trols de selva, que controlaban la mayoría del territorio de norte de Lordaeron, se agravaba a medida que los primeros se adentraban en el territorio. Finalmente los agotados elfos alcanzaron una región arbolada que les recordaba a su distante tierra natal en Kalimdor. Los elfos nobles expulsaron a los trols que allí habitaban y establecieron el reino de Quel’Thalas.



Los magos elfos tallaron monolitos de piedra rúnica a lo largo de los límites de Quel’Thalas. Estas enormes piedras daban energía a un escudo mágico utilizado para enmascarar la magia de los elfos de amenazas extradimensionales y proteger la tierra de invasiones. Durante un tiempo las piedras rúnicas también ahuyentaron a los supersticiosos trols.



La paz de Quel'Thalas, que tan cara había costado, duró unos cuatro mil años. Fue entonces cuando los trols de selva se reunieron y planearon una despiadada campaña para destruir a los intrusos elfos para siempre. Los elfos nobles se encontraban en auténtica inferioridad numérica. El Rey Anasterian Caminante del Sol de Quel'Thalas buscaba aliados desesperadamente para ayudarle en esta guerra, y así fue como el rey se alió con la nación humana de Arathor.



Los elfos enseñaron a un pequeño grupo de humanos a usar la magia. Con esos nuevos magos y los ejércitos de Arathor, los elfos nobles lograron destruir la zona de influencia de los trols. El Imperio Amani no lograría nunca recuperarse por completo de su derrota.

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Below you can read the history of the trolls, beginning from 16,000 years ago and continuing up to the Second War. From their beginnings as lords of Kalimdor to the devestation of the Sundering and the rise and fall of the Gurubashi and Amani Empires, the trolls share a blood-stained history.


The Rise of Troll Civilization

The earliest known trolls belonged to the Zandalar tribe, from which all other trolls are descended. On the whole, the Zandalari valued knowledge above all else, but a significant portion of the tribe hungered for conquest instead. These disaffected trolls eventually departed to form tribes of their own. As time went on, what remained of the Zandalar tribe came to be regarded as an overarching priest caste for all trolls. The Zandalari worked tirelessly to record and preserve troll history and traditions, and these wise trolls acted to further the goals of troll society as a whole. Greatly respected by all other trolls, the Zandalari nevertheless remained apart from the day-to-day politics of their people.

About 16,000 years ago, trolls lorded over much of ancient Kalimdor, which was the only continent on Azeroth at the time. Out of the tribes that had split off from the Zandalari, two troll empires had emerged: the Gurubashi empire of the southeastern jungles and the Amani empire of the middle forestlands.

Several smaller troll tribes were also driven out of civilized lands and into the far north, where they settled in the region that would later be known as Northrend. These tribes founded a small nation known as Zul'Drak, but this kingdom never achieved the size or prosperity of the southern empires.

The Gurubashi and Amani empires had little love for one another, but their conflict rarely escalated into war. At the time, their greatest common enemy was a third empire: the civilization of Azj’Aqir. The aqir were intelligent insectoids who ruled the lands of the far west. These clever insectoids were greatly expansionistic and incredibly evil. The aqir were obsessed with eradicating all non-insect life from the fields of Kalimdor.

The trolls fought the aqir for thousands of years, but never succeeded in winning a true victory. Eventually, due to the trolls' persistence, the aqiri kingdom split in half. Its citizens fled to separate colonies in the far northern and southern regions of the continent. Two aqiri city-states emerged: Azjol-Nerub in the northern wastes, and Ahn’Qiraj in the southern desert. Although the trolls suspected that there were other aqiri colonies beneath Kalimdor, their existence was never verified.

With the insectoids driven into exile, the two troll empires returned to business as usual. Neither civilization expanded much farther than its original boundaries.

Newer Foes: The Kaldorei

The night elves developed along the shores of the Well of Eternity, and so they were strengthened by its energies. Despite the trolls’ attempts to keep this new race from claiming further territories, the night elves built up a mighty empire that expanded rapidly across Kalimdor. Wielding fierce magics never before imagined by the trolls, the night elves soon threatened the two greatest empires in the world.

The night elves systematically dismantled the troll’s defenses and supply chains. Unable to counter the elves’ destructive magics, the trolls buckled under the onslaught. The territories of the Gurubashi and Amani empires fragmented within only a few years, and the night elves' shockingly quick victory incurred the trolls' eternal hatred.

Eventually the night elves were burned by the arcane fires they had sought to control: the elves' reckless use of magic lured the Burning Legion to the world of Azeroth. The demons crushed much of the night elves’ civilization. There are no records to indicate that the Legion attacked either troll civilization, but it is likely that battles took place across the breadth of the continent.

At the end of this terrible conflict, known today as the War of the Ancients, the Well of Eternity imploded. The resulting shockwave shattered ancient Kalimdor into several landmasses and drove the center of the continent far beneath the sea. Large tracts of land that once belonged to the Amani and Gurubashi empires still exist in the present-day lands of Quel’Thalas and Stranglethorn, respectively.

A Savage God

The long centuries following the Great Sundering were difficult ones for the troll race. The dauntless trolls rebuilt their ravaged cities and set about reclaiming some of their former power. Even so, famine and terror became commonplace within the broken kingdoms. The jungle trolls, driven to desperate ends, sought aid from ancient mystical forces. Both troll empires shared a central belief in a great pantheon of primitive gods, but the Gurubashi empire alone would fall under the sway of the darkest one.

Hakkar the Soulflayer answered the jungle trolls’ plea. Hakkar gave the trolls his secrets of blood and helped them extend their civilization across most of Stranglethorn Vale and certain islands in the South Seas. He brought the jungle trolls great power, but in return the bloodthirsty god required that souls be sacrificed to him.

His demands quickly escalated, and he grew impatient with his loyal priests, the Hakkari. He told them to find a way to summon him physically into the world, so that he might directly drain the blood of his victims. So vast was his hunger that he dreamed of devouring the lives of all mortal creatures. Most of the Hakkari had already begun to guess at his insatiable appetite, and they were horrified at the prospect of the damage he might wreak and the power he might gain if given the ability to feed unchecked. Nonetheless, the Atal'ai, a small extremist faction of the Hakkari, decided to do as Hakkar wished.

Civil War Among the Jungle Trolls

Before the Atal'ai could complete the summoning, the other jungle trolls, including the Hakkari, rose up in open revolt against the cruel god. Even the Zandalar tribe was drawn into the conflict, for they saw that Hakkar presented a deadly threat to the entire world. The magics that were unleashed laid waste to Zul'Gurub, but just as the battle seemed most hopeless, the trolls succeeded in destroying Hakkar’s avatar. Driven from the jungles, the Atal'ai were hunted nearly to extinction. Only a small group of Atal'ai escaped into the Swamp of Sorrows, where they secretly built a great temple to their god: the Temple of Atal'Hakkar.

Having helped fight the fanatical Atal'ai, the Hakkari hoped their role in carrying out sacrifices for Hakkar would go unpunished. They soon discovered otherwise. Once the more immediate threat of the Atal'ai had been eliminated, the jungle trolls turned on the Hakkari as well. Many former priests were tortured and executed in grisly public spectacles. Others were torn apart in mob violence. The luckiest Hakkari were simply stripped of all their possessions and forcibly ejected from Zul'Gurub. They were warned not to return on pain of death.

Bitter and desperate, the surviving Hakkari reached a terrible decision. They tracked down their former enemies, the Atal'ai, and offered to help them summon Hakkar into the world. Pleased by the suffering that the Hakkari had clearly undergone, the Atal'ai were convinced of the Hakkari's change of heart, and accordingly welcomed them into the temple. The Atal'ai and Hakkari continued to do their god's work there, preparing for his arrival into the physical world. The green Dragon Aspect, Ysera the Dreamer, soon learned of the evil priests' plans and smashed the temple beneath the marshes. To this day, the temple's ruins are guarded by mighty green dragons.

The remnants of the Gurubashi empire went their separate ways, claiming territories in the vast jungles of Stranglethorn Vale. These scattered tribes began fighting one another, and at length the Darkspear tribe, which was smaller than most of the other tribes, was driven off the continent altogether and took to the ocean. Hoping to avoid further conflict, they settled on a remote desert island.

A fragile peace settled over the broken empire. Nevertheless, trolls spoke of a prophecy that Hakkar would one day be reborn into the world, and on that day, he would consume it whole.

Defeat of the Amani Empire

The War of the Ancients and the Sundering both came about because the night elves had abused arcane magic. Still, the highest caste of night elves, the Highborne, refused to relinquish arcane magic. As a result, they were exiled from Kalimdor, and they sailed across the sea and landed in Lordaeron. These exiles renamed themselves the high elves.

As they pressed further inland, the high elves developed a blood feud with the forest trolls, who controlled most of the northern reaches of Lordaeron. Finally the weary elves reached a forested region that reminded them of their distant homeland in Kalimdor. Driving out the resident trolls, the high elves established the kingdom of Quel’Thalas.

Elven magi crafted monolithic Runestones along the borders of Quel’Thalas. These massive stones powered a magical shield intended to mask the elves' magic from extra-dimensional threats and protect the land from invasion. The Runestones also frightened away the superstitious trolls for a time.

The hard-won peace of Quel'Thalas endured for roughly four thousand years, at which point the forest trolls gathered together and staged a vicious campaign to destroy the elven intruders forever. The high elves were hopelessly outnumbered. King Anasterian Sunstrider of Quel'Thalas desperately sought allies to aid him in the war, and so it came to pass that the king struck a partnership with the human nation of Arathor.

The elves taught a small number of humans how to wield magic. With these new magi and the armies of Arathor, the high elves succeeded in destroying the trolls’ power base. The Amani empire would never fully recover from its defeat.

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