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Morrison104

El Octavo Rayo del Sol Negro

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--Regreso al Norte--

El frio viento del Norte golpeaba nuevamente contra su rostro, levemente resguardado con una bufanda, y sus cabellos se movían en dirección de este. Entrecerró sus ojos resintiéndose del frio que venía azotándole desde el primer momento que puso un pie en tierras de la Cruzada Argenta. Cada vez que tenia oportunidad se hacia la misma pregunta una y otra vez. --¿Por qué mierda estoy de nuevo aquí?—Solo para volver a considerar las razones del por qué se encontraba verdaderamente allí. Era, ni más ni menos, un perro del Gobierno de Quel’thalas. ¿Por qué debía de arrastrarse por aquellos que no le dieron nada?

No había forma de negarse o resistirse debido a su situación. Era una escoria traidora para el pueblo que alguna vez amo. Y que hoy pese a haberle hecho sufrir tantas cosas seguía reclamándole de forma vanidosa que diera todo de si a cambio de más desprecio. ¿Era ella quien le debía a Quel’thalas o esta quien le debía a ella?

Por culpa de quienes tiraban de su correa se vio metida en nuevamente en aquellas tierras heladas. A cada paso, a cada dialogo, en cada rostro que observaba no podía evitar sentir una leve sensación de desagrado (Pocos eran los momentos en que se distraía de sus pensamientos). Las absurdas palabras de los soldados Sin’dorei provocaban en ella una sensación de amargura y desprecio. Ella había sido Soldado, había tenido que tragarse ordenes y cerrar el hocico. Y el asco se mesclaba con incredulidad ante aquello que veía en los soldados.

Todo aquello le transportaba de alguna forma a tiempos pasados. Trayéndole recuerdos poco gratos y cada tanto buenos momentos en aquel lugar detestable. Las charlas entre compañeros, muchos de ellos quienes se perdieron en absurdas batallas, aquella vez que habían conseguido un botella de licor a escondidas y la reprimenda que recibieron cuando los descubrieron, entre otras cosas buenas que no eran más que detalles ante un panorama no tan alentador.

Encontrar el fragmento de aquella espada fue la cúspide del asunto. Al momento de encontrar el fragmento de esta, casi instantáneamente, una sensación de rechazo le invadió al recordar todo aquello que representaba esta espada y que no era. La legendaria Quel’delar… aquella reliquia en la que todos depositaban su esperanza y había fallado. Había demostrado no ser más que un trozo de metal inservible a los ojos de ella. Más repugnancia le causaba recordar a quien la portaba la última vez que la vio. Casi se sintió alegre al recordar que aquella persona había confiado en el poder de la espada ciegamente y así fue como encontró su final o al menos eso pensó en aquel momento.

Ahora estaba allí, embarcada en una aventura por re-forjar aquella reliquia y salvar el mundo. Todo sonaba muy bonito y ahora resultaba que las divinidades de Azeroth también depositaban su confianza en la Quel’delar. – Esto de la espada es una mierda… pero estoy segura que para los mamones de la Regencia es oro puro—. Era el más rígido pensamiento que le motivaba a seguir en el asunto. Resignarse a mover la cola y ser una buena chica para que le lancen un hueso.

Lo cierto es que ahora se encontraba abordada por los descubrimientos y conclusiones que había sacado en esta “Aventura”. Sabia levemente cual fue el destino de aquellos que quedaron en aquellas heladas tierras y en la aberración que se habían convertido. Aun más desagradable fue para ella saber que Lana’thel seguía con “vida”.

No pudo evitar en ese momento volver a resentirse del viento helado que corría mientras observaba de forma distraída las luces del Norte en el cielo. Pronto se movilizarían para hallar el último fragmento de la espada. Cerró los ojos por un breve instante, mientras el frio viento arremetía nuevamente, y finalmente se dio la vuelta volviendo hacia la calidez de recinto de los dragones.

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-Tratos comerciales poco convencionales-

Aparecio de la nada, le habia visto en el Norte mientras se congelaba el culo, aquel elfo algo raro Iann Quel'sundae. Ahora habia contactado con la adorable florista Sun'anarien. A Eithel realmente le extraño pero aun asi ¿Habia algo mejor?. Fue durante su reunion ese medio dia en su tienda. Habia olvidado lo bien que se veia y ahora estaba alli explicandole con todo tipo de documentos y graficos su tan grandiosa aventura economica. Habia caido de la nada a ofrecerle la posibilidad de hacer dinero ¿Por que iba a negarse ella? Si decidia quedarse donde estaba no pasaria mucho tiempo hasta que se terminara pudriendo en la miseria a la sombra de la aclamada Regencia.

Alquimia, quimica, armas, explosivos, y tratos comerciales ¿Habia algo mejor? Luego de aquella charla ambos cerraron el trato. No perdia mucho con aceptar ayudar al muchacho. Se le veia bastante entuciasmado y ella le imitaba con tal de mover aquel emprendimiento y ver que podia sacar de él. Aunque en cierta forma lo sabia ¿Que hacia ella haciendo tratos comerciales con un muchacho? Él claramente no sabia con quien se metia. A ella tampoco le importo el saber que estaba sometiendo a Quel'sundae a un sin fin de posibles peligros al relacionarse con él. Todo iria bien mientras las ratas gordas de la Regencia no se sintieran amenazadas por la florista.

Su primer movimiento seria viajar a Kalimdor y establecer relacion con viejos contactos de Quel'sundae. Todo muy bonito y eso. A ella le sonaba a unas perfectas vacaciones lejos de Quel'thalas. Procuro excusar su viaje a sus amos con suma prudencia. Ellos sabian de antemano que alguien tan jodido como ella no se arriesgaria a escapar de su mano controladora. Al menos no mientras ellos tuviera aquel fragmento de su alma.

Asombrosamente luego de un largo viaje y al poco tiempo de haber llegado a Trinquete en sus andanzas con el joven ingeniero se dio cuenta que se habia metido en un lio. Al menos algo no tan tranquilo como lo que esperaba. Despues de todo se trataba de Goblins. Aun asi alli estaba ella. Ambos se las rebuscaron para intentar salir lo mejor beneficiados posible y cerrar el trato con sus contactos.

Y asi seria. Ambos luego de andar de aventuras, al momento de volver al Alto reino, cerraron el trato con los goblins.

Sus primeros movimiento estaban hechos y ahora vendria la parte mas complicada.

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