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La Nigromancia – Sexta Escuela de la Magia

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La Nigromancia - Séptima Escuela de la Magia

- Historia y Nigromantes -

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La Séptima Escuela - Nigromancia

La Nigromancia es el estudio de la magia con los muertos. Se trata de una práctica ilegal que debe evitarse a toda costa. Si se menciona la nigromancia es solo porque es nuestra obligación tener un conocimiento básicos de la magia empleada por el enemigo - y no nos engañemo, cualquiera que practique ésta magia será considerado un enemigo. Los Nigromantes y sus seguidores son enemigos de todo lo vivo. Hay que evitar su influencia a cualquier precio.

La magia nigromántica tiene muchas funciones más allá de resucitar a los muertos. Los maestros de esta rama maldita de la magia pueden provocar terribles enfermedades, dominar las sombras para crear rayos de energía incendiaria y congelar a los vivos con el poder de la muerte. La Nigromancia también se utiliza para reunificar las carnes de criaturas no-muertas, permitiendo a esos espantosos monstruos volver a recuperar su funcionalidad después de ser destruidos.

El antiguo Archimago Kel'Thuzad es, quizás, el ejemplo más notable de Nigromante moderno. Contribuyó enormemente al contagio inicial de La Plaga y a la caída de Lordaeron. Ahora Kel'thuzad reina como exánime desde la ciudadela flotante de Naxxramas. Su presencia supone una amenaza inminente para todos.


Una de las artes más oscuras y poco comprendidas de la magia arcana es la nigromancia. Con el surgimiento de la terrible plaga de la no-muerte en el norteño reino de Lordaeron, y el surgimiento de esta devastadora fuerza conocida como el Azote, es absolutamente necesario detenerse y hacer un enfoque de esta particular y peligrosa forma de la magia.

Básicamente, la nigromancia permite a su practicante (nigromante), mediante una serie de conjuros secretos, la capacidad de levantar y controlar los cadáveres de muertos recientes. No está del todo claro cuáles son los orígenes de esta terrible práctica. Estudiosos miembros que pertenecieron algunas vez al Kirin Tor, los cuales lograron escapar de la destrucción de la mágica ciudad de Dalaran, han logrado hacernos llegar algunos textos acerca de este oscuro arte, aunque la mayoría de la información se ha perdido luego de ser arrasada aquella ciudad.

La Historia de la Nigromancia

Aunque se cree que es tan antigua como la existencia misma del mundo, los primeros rastros de la nigromancia en Azeroth se remontan a la Guerra de los Ancestros, con los experimentos realizados por los Nathrezim con el propósito de levantar guerreros muertos vivientes de los cadáveres de los elfos caídos en batalla. La Primera Guerra contra la Horda, en la cual Ventormenta cayó bajo el asedio de la Horda, marca el inicia de la nigromancia formal en Azeroth. Manejada por una secta selecta de fanáticos seguidores conocida como los Necrólitos, la nigromancia se volvió una herramienta útil, la cual permitía animar temporalmente el cuerpo de un guerrero caído y lanzarlo nuevamente a la batalla, libre esta vez de prejuicios morales y sin experimentar ningún temor o remordimiento, lo cual permitía que el guerrero obedeciera de manera absolutamente devota y ciega la voluntad del nigromante.

No está del todo claro qué hace la nigromancia para hacer funcionar un cuerpo, pero algunos magos sostienen que el cuerpo del difunto es ocupado por otro ente que habita en los inconmensurables laberintos del limbo, los cuales desean, ante todo, escapar de esa infinita zona de muerte perpetua y oscuridad. Se cree que solamente los espíritus de los caídos en situaciones de violencia extrema pueden ser invocados nuevamente a la no-vida, pues sus almas, atormentadas por el dolor de ser separadas bruscamente de su existencia, se resisten a pasar al más allá. Es por esto que las almas de personas justas que han muerto pacíficamente, o de grandes personajes que hicieron el bien y fueron beatos y fieles en los caminos de la Luz, no pueden ser vivificados por la nigromancia (como en el caso de los Paladines, por ejemplo). Estos espíritus pasan a un plano astral superior que no puede ser accedido por los poderes del nigromante.

Durante la Segunda Guerra, la nigromancia volvió a aparecer en manos de unos terribles espectros que aún se recuerdan con mucho terror y que, con el advenimiento del Azote, han vuelto a tomar un papel protagónico: los Caballeros de la Muerte. Estos temibles seres fueron creados a partir de la unión de la energía nigromántica de algunos orcos caídos en batalla, y la esencia de varios miembros de lo que se conoció entre los orcos como el Concejo de la Sombra. Este Concejo era una especie de senado oculto, en los cuales, los iniciados accedían a un vasto conocimiento en las magias de la brujería, y que, secretamente, controlaba a la Horda desde el interior.

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Las viles energías fueron redirigidas a los cuerpos putrefactos de algunos caballeros de Ventormenta caídos en la batalla, dando lugar a un jinete oscuro que se constituiría en el guerrero más tenebroso que Azeroth observara antes del advenimiento del Azote.

Estos Caballeros de la Muerte, a su vez, habían desarrollado el poder de animar a otros guerreros muertos durante la batalla, lo que les daba gran ventaja a la hora de enfrentarse con las tropas de la Alianza. Por cada muerto, un nuevo guerrero se levantaba, el cual, a su vez, no podía ser destruido por la simple ofensiva de las armas físicas, ya que, al no funcionar ninguno de sus órganos vitales, no se le podían hacer heridas mortales.

A lo largo de las guerras, se llegó a descubrir que la única forma de asesinar a estos entes malignos, era dañarles directamente en la cabeza, ya sea cortándola o penetrándola profundamente. Esto ha llevado a la conclusión de que, aunque sea en un rango mínimo, el cerebro continúa funcionando en estas criaturas.

Muchos sostienen que es imposible que estos monstruos piensen, y que solamente son títeres al servicio de sus amos, que finalmente terminan deshaciéndose por el simple hecho de ser incompatibles con la naturaleza, pero los recientes hechos ocurridos en Lordaeron, donde una banda de zombis se rebeló contra el Azote y empezó una astuta guerra de guerrillas contra ellos, hacen pensar que talvez estos seres conserven alguna capacidad de raciocinio.

Finalmente, durante la Tercera Guerra, un nuevo tipo de nigromante apareció. Se cree que, cuando el Rey Lich empezó a expandir su influencia hacia los continentes del sur desde el helado norte para invadir la nación de Lordaeron, llamó a una serie de jóvenes y sombrías mentes de muchos de los aspirantes a magos de Dalaran, atrayéndolos hacia su sombra. Estos hombres y mujeres mortales sacrificaron sus propias almas a cambio del poder, y esto fue realmente lo que recibieron. Estos nuevos nigromantes no se encontraban limitados por la aparente debilidad de su magia de crear exclusivamente muertos vivientes, sino que podían usar sus poderes arcanos para controlar y manipular la Plaga del Grano, una terrible enfermedad que funcionaba como un agente casi mágico que en pocos minutos podía hacer decaer cuerpo y alma una vez infectado, y de una vez, levantar el cuerpo del muerto como un zombi. Fue, sin embargo, Kel’thuzad el verdadero artífice de la nigromancia entre los reinos humanos. Iniciándose con experimentos con ratas y pequeños engendros e inspirado por los asombrosos poderes que los necrólitas orcos habían mostrado en las guerras, había logrado resultados dispares hasta que el Rey Lich entró en contacto telepático con él y le condujo a Northrend, donde se volvió su aprendiz y primer discípulo.

La Plaga del Grano

Esta enfermedad es tanto de naturaleza mágica como mundana. El individuo la contrae y la sufre igual que muchas enfermedades normales del mundo, tanto por contacto físico como por ingestión, sin embargo, es única por su potente efecto ulterior.

Almacenada en unos artefactos especialmente diseñados llamados calderos de despojos, el Culto de los Malditos, la pérfida secta responsable del esparcimiento de la plaga, trajo las energías de la misma hasta Lordaeron. Rápida y fácilmente la esparcieron entre los campos de grano de las regiones del norte de Lordaeron, especialmente el distribuido por la ciudad y silo real de Andorhal. Una vez que el grano fue distribuido entre la población, la nación entera cayó rápidamente de rodillas.

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El primer objetivo de la Plaga es destruir toda forma de vida, por lo que no solamente los humanos, sino todas las razas de Azeroth están en riesgo, pues cualquier entidad biológica que entre en contacto con ella o en su área de efecto, eventualmente enfermará y morirá. Nada, ni siquiera plantas o animales, pueden escapar de la destrucción causada por la Plaga, y es por esta razón – el azote de la tierra – por la que el ejército del Rey Lich toma ese nombre. Las energías vitales que la tierra almacena en su suelo, al contacto con la Plaga, tienden a desaparecer, y transformar en suelo en un aceite ponzoñoso que puede retener los efectos de la Plaga por algún tiempo.

Sin embargo, más que matar simplemente animales o individuos específicos, la Plaga es también un método espléndido para reclutar nuevos conscriptos para los ejércitos del Azote. Cualquier ser vivo que contraiga la enfermedad y sucumba ante ella, será transformado en un muerto viviente, que caerá automáticamente ante el poder mental del Rey Lich. Este tipo de zombi generalmente retiene su memoria e inteligencia de su anterior vida, sin embargo, bajo el control mental del Rey Lich, esta puede ser más un tormento que un beneficio.

El papel del Nigromante dentro del Azote

Los nigromantes son, quizás, los miembros más valiosos del Azote debido al control que poseen sobre la Plaga. Usando sus conocimientos y poderes dados por el Rey Lich, los nigromantes son capaces de controlar y expandir la Plaga como ellos prefieran. Entre otras cosas, también sirven como estrategas para el Azote, liderando escuadrones de muertos vivientes en el combate, permitiendo a los más limitados necrófagos una mente brillante detrás de sus tácticas. Más que eso, son los responsables de crear nuevos tipos de muertos vivientes, como las abominaciones, enormes y potentes criaturas formadas de varios cuerpos de soldados caídos. Se constituyen en los verdaderos cerebros detrás del ejército del Rey Lich, y sin ellos, el Azote nunca hubiera sido lo que es hoy.

Sin los nigromantes, el Azote sería una fracción de lo que es actualmente su poder y diversidad. Tan pronto como los nigromantes conserven su existencia, nuevas formas de muertos vivientes aparecerán en cada momento sin advertencia, y enormes ejércitos reemplazarán a los caídos en batalla en poco tiempo, mientras existan suficientes cuerpos disponibles. La fuerza del Azote en el campo de batalla a largo plazo dependerá enteramente de la dedicación de sus nigromantes. El reto está allí, esperando por todos los valientes guerreros que osen enfrentarse a su poder.


Información de: Wowpedia y Todowow

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