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Kyrie Eleison

I Concurso de Arte Milardo Davinci

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¡Tuercas, arandelas y tornillos! Mi nombre es Milardo Davinci, creador del mejor arte que los mismísimos Titanes han podido cotillear. Algunos podrán decir de mí que me falta un hervor, otros que me pasé de cocción… ¡Pura envidia! Así que, para demostrar al mundo que no sólo pienso en mí, os doy la bienvenida al primer y maravichupinoso Concurso de Arte en Mundo Warcraft, sí has leído bien.

Busco a los más diestros pintores, escritores y creadores de contenido audiovisual de todo Azeroth para cubrirlos de oro y gloria. Quizás haya entre vosotros un Pablo Picasol, un Lhéo Tolsthoi o un Quen’thien Taranthino. Y para eso estoy yo aquí, para descubrir a esos artistas que lleváis dentro.

Para que mi intuición de Headhunter chisporrotee necesito que cada artista escoja la categoría que más le guste de las que presentaré a continuación para participar en mi Concurso, el Milardo Davinci. Una vez elegido el arte en el que creáis destacar, tan sólo tendréis que darle alas a vuestra imaginación (curiosamente como el eslogan de la famosa bebida Red Cow).

¡Y después qué! Pues que activaré mi O.J.O. Criticón y DESTRUIRÉ TODAS LAS OBRAS Q-.

Dibujo y pintura

Afilad vuestros lápices y sacar vuestras cajas de plastidecor, pues os presento ¡La categoría de dibujo y pintura! Donde solo los más hábiles con la goma y el ratón, podrán obtener la victoria en una competencia tan ambiciosa como lo puede ser esta. Yo mismo puedo presumir de grandes piezas de la pintura universal de Azeroth, como la "Gnoma Lisa" o "La Tuercus" de Tornilleli; no os pido que alcancéis mi nivel, pues temo que sea imposible mis queridos amiguitos, pero bueno… ¡Solo los valientes conseguirán un primer puesto!

Escritura

¡Oh! ¡La bella escritura! ¿Cuántas historias de amor y batalla habéis utilizado para encandilar a la gnoma más bonita de tu distrito? (Podéis mandármelas a mi correo, [email protected], ¡urge!) ¡Pues ya va siendo hora de que toméis papel y lápiz, y saquéis al literato que lleváis dentro! Con suerte, quizás vuestra pieza se publique como ganadora de este apartado del concurso.

Arte audiovisual

¡Luces! ¡CÁMARAS! Y… ¡Mi bocata! Armaos de valor, futuros directores de cine (Y de comida, pues me da que vais a pasar hambre) Pues el apartado de arte audiovisual se presenta como última división del Concurso de Arte multidisciplinar de Mundo Warcraft. Quizás no hallan muchas actrices tan guapas como la conocidísima Scarlett Gnomanson, o el atractivo Brad Click, pero seguro que con vuestra creatividad de oro, sois capaces de hacer algo que no me haga dormirme encima de las palomitas.

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Sí, ya sé que esta es la mejor parte pero ¡detente! Primero tendrás que ser lo suficientemente bueno como para merecer uno de estos... jugosos bienes. ¡Uno, dos y tres! Serán los que ganen en cada categoría y los que se merezcan brillar como las pulidas monedas de oro.

Así que, artista de Mundo Warcraft, lee atentamente las mieles de la gloria que quizás paladearás:

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Primer premio:
6
habilidades visuales
, a elegir por el artista ganador para uno de sus personajes, para endulzar la interpretación de sus destrezas.

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Segundo premio:
4
habilidades visuales
, a elegir por el artista ganador para uno de sus personajes, para endulzar la interpretación de sus destrezas.

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Tercer premio:
2
habilidades visuales
, a elegir por el artista ganador para uno de sus personajes, para endulzar la interpretación de sus destrezas.

¡Te deseo toda la suerte de Azeroth y espero que seas el ganador de mi primer Concurso de Arte!

Arrivederci~


¡DA COMIENZO EL PRIMER EVENTO DE ARTES MULTIDICIPLINAR DE MUNDO WARCRAFT!

La celebración de un aniversario es un momento de alegría para todos los miembros del Equipo, y por ello, queremos celebrarlo contigo… ¡si, contigo! ¿Cómo puedes hacer para participar? ¡Pues muy sencillo! Tan solo debes enviar el siguiente formulario con tu pieza a presentar por MP a la administradora @Kyrie Eleison y rezar para que seas elegido campeón. (¡El e-mail de arriba era simple ambientación!)

Usuario:

Categoría:

Pieza a Presentar:

Tenéis de tiempo para presentar vuestros trabajos hasta el día 15 de septiembre tiempo suficiente para que podáis exprimir hasta la última gota de vuestra creatividad y entregar auténticas obras de arte. Una vez pasada la fecha límite, el Equipo examinará todos los trabajos en el plazo de una semana y tras ello, se harán públicos los ganadores de cada categoría.

¿Y cuales son las reglas del concurso? Pensaréis… Pues muy sencillas:

1.-
Se puede participar si eres jugador del Servidor de Rol y tienes un personaje como mínimo... Y además ¡Puedes participar en todas las categorías simultáneamente! (Buena noticia, ¿eh?)

2.-
Debes realizar un trabajo (dentro de la categoría de dibujo, escritura o edición de vídeo) basada en el Universo de Warcraft y la ambientación del Servidor.

3.-
El trabajo presentado debe encajar dentro de la
Time Line (Línea de Tiempo)
establecida en el servidor, sin poder adelantarte a momentos temporales posteriores al vivido (¡Somos rápidos, pero no tanto!).

4.
- Pueden tomarse como fuentes de inspiración elementos del propio Lore de Warcraft o del rol del mismo servidor, pero no contarán ambientaciones de comunidades ajenas, o similares.

5.-
En el caso de los participantes que quieran inscribirse en la categoría de literatura, deberán elaborar una pieza que no exceda las tres páginas de Word y NO puede contener un relato exclusivamente basado en tus propios personajes. Lo ideal es que sea algo de la ambientación del Servidor, o Loristico o cualquier situación del Universo de Warcraft que os inspire. (Relatos de algún PNJ del Lore, Ambientación de algún lugar, Un suceso inquietante, etcétera...)

6.-
Si hablamos de los vídeos, no podrán exceder un máximo de tres minutos (¡que ya es decir, ojo!) y deben tener un contenido promocional sobre la ambientación, rol u características que posee el Servidor de MundoWarcraft.

7.-
Los vídeos deberán ser subidos a una plataforma pública. (Youtube, Vimeo, ...).

8.-
En el apartado de dibujo, se aceptarán como válidos tanto piezas nacidas de las artes gráficas, como trabajos realizados de la manera más tradicional… ¡La única frontera es vuestra creatividad!

¡Y eso es todo! Esperamos vuestra participación y poder deleitarnos con las fantásticas ideas que os guardáis en el tintero.

¡Feliz aniversario y mucha suerte a los participantes!

El Equipo de Mundo Warcraft.

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Candidatos del Concurso

Categoría de Dibujo y Pintura

  • Participante: @manucaos
  • Pieza presentada:

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  • Participante: @Sacro
  • Pieza presentada:

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  • Participante: @Azalea
  • Pieza presentada:

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  • Participante: @Rem
  • Pieza presentada:

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  • Participante: @Nymleth
  • Pieza presentada:

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  • Participante: [MENTION=960]jano77[/MENTION]
  • Pieza presentada:

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Categoría de Escritura

  • Participante: @Rem
  • Pieza presentada:

[TABLE=class: grid, width: 700, align: center]

[TR]

[TD]

~ Faltan 3 ~

Los dedos del clavicordista danzaban por el teclado como arañas inquietas, entonando una veloz melodía capaz de volar por la estancia e inundar cada rincón. Apenas a unas yardas conversaban con tranquilidad dos hombres ancianos ataviados con trajes negros cuyos sombreros de copa, signos de su nobleza, descansaban ahora lejos de sus cabezas pues en aquella reunión las pretensiones dejaban de ser necesarias.

-Deberíamos concentrarnos en nuestros asuntos ahora –comentaba con tranquilidad uno de ellos mientas llevaba una taza de porcelana hacia sus labios arrugados, con delicadeza.

-Coincido, Lord Hawthorne –respondió el otro con un puro en la boca, tejiendo hebras de humo en el viciado aire de las oscuras dependencias- Slate, podéis retiraros ahora.

El joven del clavicordio se puso en pie algo nervioso, hizo una reverencia apresurada y cerró la puerta con él tratando de no hacer ruido. Lord Hawthorne cruzó los dedos con un malévolo misticismo y posó su mirada en los cetrinos ojos de su anfitrión con cierta inquina, el cual ahora ahogaba los brasas de su veguero en un cenicero de plata.

-Barón Banastor –comenzó a decir, bajando la voz con un tono ronco- ¿Tenéis los fragmentos para el ritual?

-Han sido tediosos de conseguir, pero he conseguido reunir unos cuatro.

-¿Tan solo? –el Lord bufó con un desdeñoso ademán de su mano- Realmente esperaba más de vos.

El Barón por su parte no esperó a que terminara la frase antes de ponerse en pie y descolgar su abrigo del perchero. Recorrieron los laberínticos pasillos de la mansión en silencio y tras bajar la escalinata se subieron a la diligencia que había sido dispuesta en los jardines lánguidos. Luego se acomodaron en los de cuero negro mientras el cochero arreaba los caballos.

-¿En qué dirección? –inquirió este último.

Banastor volteó los ojos mientras su acompañante sonreía con malicia, divertido por aquella incompetencia.

-Anoche os lo dije, iremos a Rémol –aclaró el señor.

-Si mi Lord –respondió el mayoral con escaso aliento, fruto de sus nervios contenidos.

El carruaje se tambaleaba al pasar sobre los viejos adoquines de piedra. La oscura noche se había ceñido ya sobre los viajeros con su impenetrable manto de oscuridad… tan solo los rumores del canto de los Búhos atestiguaban la presencia del tenebroso bosque que les rodeaba. Hawthorne observaba a través de la pequeña ventanita de vidrio, distraído, como sus ojos pudieran penetrar la densidad de las sombras… El Barón en cambio parecía mirarle a él con una sonrisa, apoyando su mano enguantada en el cinturón.

-Pronto –musitó.

Apenas hubo pronunciado estas palabras cuando la lluvia empezó a arriendar sobre la berlina.

- Dicen que este desazonado clima es fruto de la maldición del tal Arugal –comentó el Lord, aún abstraído en sus propios pensamientos.

- Un mal presagio, desde luego –respondió con un enigmático gesto. Son tiempos difíciles, y más con los rumores de una guerra en el sur.

-Sandeces –replicó Hawthorne, frunciendo el ceño- realmente subestimáis las perretas de Crowley…. Si bien me extraña que vos no penséis actuar de modo similar, pues vuestras tierras también serán amputadas del reino por medio de ese dichoso muro. –Luego hizo una pausa y se volvió hacia su compañero. Lo he estado pensando y aún necesitaremos otros tres fragmentos para completar los preparativos, espero que sepáis donde obtenerlos.

-Oh, algo tengo pensado –contestó mientras, de su cinturón, extraía con lentitud una pistola y la levantaba en dirección al desprevenido cochero.

El disparo atravesó la madera con estruendo, y el ruido del sirviente al golpear el suelo encharcado se camufló bajo el aleteo de las bandadas de cuervos que alzaban el vuelo atemorizadas. Los caballos se detuvieron, y por unos instantes todo quedó en silencio.

-Banastor –comenzó a decir con lentitud- podríais haber obtenido un fragmento de él ¡Qué desperdicio!

-Quería un momento de intimidad –sonrió el barón, apuntando ahora a Hawthorne con el cañón. Veréis, lo cierto es que no tengo ni un solo cristal de alma pues me he dado cuenta de que podía conseguir una más valiosa que los siete prometidos. No me fío de vos, ni de Aubrecht… el ritual tendrá lugar aquí y ahora.

El rehén bajó del carruaje con cuidado y se arrodillo frente a un torrente de agua, nacido de la cuantiosa lluvia. El cruel Barón sujetaba su arma con pulso firme mientras con la otra se despejaba los empapados cabellos canosos que intentaban deslizarse en sus ojos enrojecidos.

-Anach kyree –comenzó a susurrar, cual ponzoñosa serpiente- shaza-kiel!

Entonces una nueva bala golpeó el pecho de aquel sacrificio, directa a su malogrado corazón, y ello le hizo caer sobre el barro. El clamor del viento azotando los árboles encontró un rival en la creciente y triunfal carcajada del brujo traidor. Bajo Hawthorne crecía un charco de sangre y lágrimas que conforme se extendía por el barro iba dibujando pequeñas pero brillantes filigranas violáceas…

* * *

Por primera vez en muchos días el sol se asomaba tímidamente sobre las nubes grises, y un comerciante había aprovechado la ocasión para dirigirse hacia Ciudad Capital desde Molino Ámbar en busca de bienes que revender. El camino era peligroso y más desde que aquellos huargen acechaban en las sombras: “¡Cuentos de niños y viejas!” se decía a sí mismo, reuniendo valor para continuar su peligroso viaje. Aquella era la primera vez que se aventuraba tan lejos de la seguridad del pueblo pero su familia estaba demasiado hambrienta, y más ahora que se habían cortado las rutas comerciales con Gilneas.

A pesar de todo le empezaba a resultar difícil apartar los malos pensamientos pues a cada paso que daba la bruma se tornaba más densa a su alrededor, cubriendo con su manto blanco el bosque, y aunque el sol seguía brillando su luz cada vez ignoraba más al solitario comerciante. Fue por ello por lo que no se percató de un obstáculo en su travesía hasta que este le hizo tropezar y precipitarse contra el suelo… Tan pronto como se incorporó trató de ubicarse y continuar su camino, pero de nuevo se vio impedido. Observando la escena había una mujer que parecía haber nacido de la misma bruma: blancos eran sus cabellos, blanca era su piel, e igual de blanca era el traslúcido velo que la cubría.

-Mujer –balbuceó- ¿Qué haces aquí tú sola? ¿No ves que el bosque es peligroso?

La joven no respondió más que con su profunda mirada del color del zafiro, más ello no llamó la atención del viajero tanto como las delicadas formas que el vestido hacía intuir.

-¿Te has perdido? –preguntó, observando su cuerpo sin gran disimulo.

Entonces ella asintió con levedad y extendió sus brazos delgados, y el hombre correspondió el gesto con la mente vacía. La mujer de bruma tomó su rostro y con delicadeza le imprimió un beso, sus labios rojos como la sangre le hicieron sentir tan dichoso como indefenso, y conforme las lenguas bailaban su cuerpo iba consumiéndose con pasmosa lentitud… poco a poco sus fuerzas de vieron sorbidas hasta que los cadáveres sobre el barro fueron cuatro.[/TD]

[/TR]

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  • Participante: @Sacro
  • Pieza presentada:

[TABLE=class: grid, width: 700, align: center]

[TR]

[TD=bgcolor: #66ffcc, align: center]-Tribulaciones de un Posadero-

200px-0,258,48,177-Brog_Hamfist.jpg[/TD]

[/TR]

[TR]

[TD=bgcolor: #ffffcc]

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Eran quizás altas horas de la noche; Villadorada a aquellas horas tenía un clima delicioso que no se podía comparar con nada en este mundo: La Neblina bajaba de las montañas y acariciaba desde las copas de los árboles hasta los pastos de Elwynn, haciendo que se iluminase el reverdecer gracias a las luciérnagas, que parecían igualmente disfrutar de las bendiciones de la naturaleza y casualmente salían al caer la neblina.

Sin embargo la tranquilidad del bosque era brevemente interrumpida por el clamor de la más famosa de las posadas de todo el reino; El Orgullo del León. Mientras que en los alrededores el silencio era claro, en la posada a esas horas los parroquianos se reunían para beber y charlar sobre las vanalidades del día a día y ¿cómo no? Enterarse las últimas noticias de la boca del buen Brog Patosar, quien era quizás uno de los más icónicos personajes de todo el pueblo… sin embargo, aquella noche el campechano, avaro, amigo de todos y buen Brog, se encontraba ensimismado en sus pensamientos, pues algo en lo más profundo de su corazón le aquejaba.

-gracias maese Patosar, como siempre- levantó su tarro aquél muchacho, de mirada apacible pero rasgos varoniles y duros, que acostumbrara beber el zumo y compartir algunas palabras con él siempre que asistía al establecimiento para beber, sin embargo se hallaba hoy poco conversador-¿largo y duro día, no es así?-

-larga vida, diría yo- contestó el posadero, mientras limpiaba con su trapo el interior de uno de los tarros con parsimonia y gesto meditabundo- y a veces me pregunto, si ha sido así como quería vivirla-

-¿a qué te refieres? – contestó el joven, mientras se mesaba la barbilla meditativo, con cierta intriga quizás, pues Brog sabía de todos, pero nadie sabía mucho de él.

- No siempre fui posadero, Sir…- observó al joven por un momento dudando si hablar, pero su corazón ya no le permitía seguir guardando dentro de sí sus inquietudes… poco a poco comenzó a soltar la lengua, regresando a quince años atrás, en el año doce de nuestra era…


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La lluvia caía sobre su cabeza como baldes de agua fría, mientras aquél muchacho de hombros anchos montaba un viejo caballo que hacía esfuerzos increíbles por no desfallecer esa noche… tenía bien sabido aquél chico que en el puerto a las últimas horas de la noche saldría un barco expedicionario hacia tierras desconocidas. Y Blackhorse no tenía intenciones de dejar atrás la oportunidad de conocer nuevos lares… Ventormenta había sido todo lo que había visto desde su juventud… incluso había luchado en guerrillas durante la primera y segunda guerra a favor de la patria y a pesar de que no fue el mejor de todos los defensores de los reductos que quedaban de Ventormenta en los pueblos más huraños del bosque, había hecho lo suyo a favor de su país.

Sin embargo su sangre había sido derramada lo suficiente por Ventormenta, por tanto, ahora correspondía derramarla por el amor propio… detuvo por un momento al corcel, cuando escuchó un llano cercano en la profundidad del bosque a pesar de la lluvia. Si algo le caracterizaba era su buen oído y sus ágiles reflejos…

El joven decidió amarrar al viejo Stuart y se inmiscuyó en la profundidad del matorral buscando la razón del curioso llanto… y ahí la encontró. Una joven de piel morena, alta y de buenas curvas, escondida entre las raíces de uno de los grandes árboles del bosque.

-¡eh, chica! ¿Qué haces ahí?- exclamó mientras bajaba su capucha… su cabello era largo en aquél entonces, así como su piel morena contrastaba un poco con el rojizo cabello que tenía atado a coleta, una barba tupida pero cuidada acompañaba su rostro, que poseía unos ojos café claro que dejaron por un momento anonadada a la joven… la cual agitó la cabeza y negó varias veces con la cabeza, haciendo gestos que él no pudo comprender, por lo que se acercó más- ¡está lloviendo muy fuerte, tienes que ir a un lugar seguro!-

La mujer nuevamente le hizo gestos de que se largara… pero Blackhorse no estuvo dispuesto a hacerlo… y en ese momento dos grandes hombres embutidos de armaduras de cuero y pañuelos rojos en sus rostros aparecieron detrás del árbol… ahí fue cuando el joven comprendió lo que sucedía.

-así que un bastardo ha metido las narices donde no le convenía hacerlo, ¿no?- dijo uno de ellos, desenfundado la espada mientras el segundo cogía a la chica de entre las raíces… Blackhorse comenzó a retroceder mientras fruncía el ceño- digamos que es nuestro día de suerte, ¿no es así, hermano?-

El segundo sonrió de forma macabra bajo su arpillera roja cuando escuchó aquella frase… cogió de las greñas a la muchacha morena y miró hacia atrás.

-dinero y fornicio- dijo, con voz ronca mientras manoseaba de forma descarada a la muchacha- y todo sin trabajar- las risas fueron estridentes y antes de lo que Blackhorse hubiese deseado el que le miraba cargó contra él con su espada en ristre, de forma atropellada y brusca… sin embargo Blackhorse se apartó con rapidez y un rápido giro… apartando su chamarra para poder moverse mejor. Sacó una espada de su vaina y se postró en posición de esgrima… un breve duelo y choque de espadas entre ambos fue suficiente como para que el joven moreno encontrase un punto flaco en la defensa de aquél y le hincase la espada en el bajo costado, matándolo en el acto...

El segundo bandido entró en pánico… y puso una daga al cuello de la joven. Blackhorse notó aquél nerviosismo enseguida y comenzó a mofarse.

-¿te sientes con suerte?-

-¡no te acerques!- la apretó contra él- ¡o la mataré!-

- ¿te sientes… con suerte?- repitió, mientras llevaba su mano otra vez al cinto, con gesto severo…

-¡más que la que tendrá ella si te acercas!-

- me temo que el azar no es más que el juego de la ruleta… no sabes donde vas a caer. ¡la suerte no existe!- y se atrevió a lanzar su daga directo al cráneo de aquél bandido, que sorprendido su gesto quedó al entrar la misma en su frente y cegarle la vida… ella se lastimó el cuello con un leve corte, pero corrió hacia él y lo abrazó. Ambos decidieron correr hacia el viejo Stuart a la oscuridad de la noche y huir de aquél lugar. Si era cierto lo que decían de esos bandidos de arpilleras rojas, las consecuencias serían nefastas.


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Aquella noche parecía monótona en la villa, sin embargo un torrencial chaparrón comenzaba a arreciar Elwynn y muchas personas se habían congregado en el naciente negocio de Farley, el propietario de Orgullo del León. Pero todo cambiaría cuando un extraño llegó al establecimiento tembloroso y cansado, así como pálido y desorientado, acompañado de una joven señorita, ambos venían mojados del largo viaje… y Farley se detuvo en su labor para atenderlos… el joven pidió una habitación y acompañó a la muchacha a la misma… Farley se acercó a ellos, pues su abrupta llegada y la herida de la chica le hicieron sospechar… y fue cuando Blackhorse se vio en la obligación de contarle todo al posadero. Farley decidió dejarles aquella noche la habitación gratis… y ese día, fue cuando Brog Patosar tomó la decisión que definiría el qué haría durante el resto de su vida.

Para nadie era un secreto que esa muchacha le había prendado… sin embargo estar con ella sería sin duda difícil, pues a pesar de que le invitó a partir hacia la aventura, la joven no estaba dispuesta a abandonar su amado Elwynn a pesar del peligro que corría tras sus hombros.

Tras verla dormir, el buen Brog bajó las escaleras… y se acercó al dueño.

-¿tienes trabajo que dar?- dijo, mientras sorprendido el buen Farley dejaba de asear la barra.

- tengo dos vacantes, chico… pero no es conveniente que tengáis problemas con bandidos, no para mi negocio-

-se defenderme bien- aseguró él, mientras con seguridad veía al posadero.

Farley no estaba demasiado seguro, pero en parte ver a ese muchacho le hizo recordar a él parte de su pasado… en cierta forma se vio en su juventud.

-hay demasiado trabajo, este es un negocio en crecimiento y no es cualquier cosa-

-puedo hacer lo que sea… y ella también-

- no lo se, chico-

-por favor, ella lo necesita… y yo también… seré el mejor camarero de todo el reino- sus ojos se iluminaron un poco, pues su determinación parecía clara.

-Está bien, ella trabajará en la cocina… y tú serás mi camarero asistente- sin embargo Farley sentencio- si llego a tener problemas por ti y tu chica, estaréis fuera de mi negocio-

- os lo aseguro, no habrá problema alguno-

Y desde ese día, aquél posadero formaría parte de la mejor destilería cervecera de todo Azeroth. Con la joven Drucilda, quien sería su mujer en el futuro…


- … ¿y qué es lo que te aqueja?- preguntó el joven Paladín con un gesto ciertamente impresionado ante aquella historia.

- en si fue la decisión correcta haber dejado mi sueño atrás… por ella-

El joven paladín palmeó por un momento el hombro de un ya acabado Brog Patosar, marcado por las arrugas y el inclemente tiempo, pues ya su larga cabellera no existía y sus rasgos varoniles ya habían quedado atrás por la vejez.

-dicen que el futuro es incierto, Brog- comentó el joven, mientras echaba un trago al tarro y el posadero suspiraba mirándolo- sin embargo, también se dice que el destino está escrito-

-¿y tú, paladín, en qué crees?- dijo, como buscando una respuesta a sus tribulaciones.

- digo que el destino está escrito, Brog- acabó el tarro, mientras posaba el mismo vacío en la barra y dejaba una propina al camarero, que le observaba confundido- si no, juzga por ti mismo- señaló a su alrededor, a lo que Brog siguió con la mirada…

Aquella posada estaba llena de gente a la que había querido y de la que conocía todas sus historias y sus desventuras, algunos al verlo alzaron sus tarros en su honor… y el olor a pan recién horneado de la cocina entró por sus fosas nasales… de súbito, vio como aquella mujer, ahora pasada de peso, pero por quien había decidido quedarse salía de la cocina con su cabello cubierto por una pañoleta y su vestido manchado en harina y manteca… lo miró de forma severa, pero luego le sonrió y él la miró de forma fugaz con ojos enamorados. El buen Brog Patosar observó al Paladín, antes de sonreír una vez más.

-No cambiaría nada de esto por mil aventuras-

-y es por eso que brindaré a vuestra salud- contestó el joven Sir.


“El Destino está escrito, pues a pesar de todas las cosas que han pasado, estamos aquí” - feliz aniversario Mundo Warcraft.

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  • Participante: @Kroos
  • Pieza presentada:

El Blanco

Eran ya altas horas de la noche, el candelabro iluminaba la pequeña casa que había al final de la colina, una luz alrededor de la frondosa oscuridad del lugar. Sobre una silla yacía sentado un hombre veterano con melena blanca y frondosa barba del color de la nieve. Sus ojos, unos ojos grises que junto al color de su cabello y barba le daban un aire místico. Permanecía quieto observando un bonito colgante con una esmeralda en la palma de su mano, sumido en los pensamientos que inundaban su mente agarraba con fuerza la cadena del abalorio.

Entre el absoluto silencio que solo era enturbiado por el sonido de la lluvia, sonó la puerta de la casa con dos golpes secos contra la madera, el hombre alzó la vista hacia la puerta mientras guardaba el colgante en su bolso. Tras unos segundos se puso en pie, era un hombre alto y fuerte que había servido en la Mano de Plata hasta la caída de Lordaeron, aquel terrible día que aún le hacía tener pesadillas por las noches las cuales le impedían descansar. Abrió la puerta con tranquilidad y observó a quien llamaba en silencio, era un chico joven que apenas alcanzaba los veinte años, este portaba una lámpara la cual emitía cada vez una luz menos fuerte debido al agua.

- Sariel, ha habido otro asesinato, los hombres lobo han vuelto a matar a otro granjero - dijo entre jadeos el muchacho.

- ¿Quién ha sido la víctima? - la voz grave del hombre se hacía eco entre el sonido de la fuerte lluvia.

- Peter Zaul - llegó a decir el muchacho, acto seguido el hombre frunció el ceño, conocía a ese granjero, era quien le había ayudado a conseguir la pequeña casa de la colina cuando llegó de aquellas tierras del norte.

El hombre se giró y recogió su viejo martillo de guerra, otrora un arma reluciente que blandía el paladín Sariel “El Blanco”.

Las gotas de lluvia caían sobre los dos mientras se dirigían al lugar del asesinato, tan solo la lámpara del muchacho junto a las piedras del camino les indicaban la dirección a seguir. Tardaron varios minutos hasta llegar a la zona, allí algunos campesinos se arremolinaban en el lugar mientras observaban con terror el cadáver de Peter Zaul.

Sariel observó el cuerpo del fallecido y pudo ver lo mismo que ya había visto anteriormente en las recientes muertes del pequeño pueblo, mordidas de lobo. Desde hacía ya una semana cada noche alguien era presa de aquellas bestias. El hombre gruñó por lo bajo y se giró hacia el chico que le había llevado hasta donde se encontraba ahora.

- Al amanecer parte hacia Villa Oscura y avisa a la guardia, no pueden volver a pasar por alto más muertes…

Una voz entre los campesinos se alzó.

- ¡No nos ayudarán, nos han abandonado a nuestra suerte en esta tierra maldita!

- ¡La Luz nos ha abandonado! - exclamó otra voz distinta.

Sariel contempló a las personas que tenía frente a él, sus caras estaban llenas de desesperanza y terror pero él no podía hacer nada, no desde el día que llegó huyendo de lo que la Plaga había provocado en su verdadero hogar. Pero él nunca dejó de creer en la Luz.

Ya no había nada que hacer en ese lugar, la familia del fallecido se había hecho cargo del cadáver y los demás se habían ido a sus casas aterrados. Sariel ya estaba empapado por la lluvia cuando decidió volver a casa, el muchacho que le había llamado se había ido a su casa pero le había dejado la lámpara.

Caminó durante varios minutos por la oscuridad del camino venciendo a la noche con la lámpara, un relámpago iluminó en el bosque a la derecha del camino a una figura canina que caminaba sobre sus dos patas, sus ojos eran rojos como la sangre. Tras el trueno la lluvia se intensificó y la lámpara acabó consumiendose, la figura ya comenzaba a correr hacia él con velocidad.

Interpuso el mango de su martillo ante el ataque pero la figura le tiró al suelo, solo escasos centímetros le separaban de una boca babeante y llena de afilados dientes. Con todas sus fuerzas empujó a la criatura y pudo librarse de su atacante, se levantó con rapidez pero la lluvia era muy fuerte y le dificultaba ver a la bestia. Alzó su martillo y golpeó el torso de la bestia haciéndola caer de espaldas, durante unos segundos la miró a los ojos y una sensación le recorrió el cuerpo, esos ojos ya los había visto.

La criatura se alzó y corrió hacia la oscuridad del bosque, perdiéndose entre los árboles.

Sariel se quedó en el sitio, jadeando mientras posaba una mano en su hombro derecho, allí tenía una herida, un mordisco más bien. Apartó la vista del bosque y volvió a emprender su camino, cuando abrió la puerta dejó su martillo a un lado y se echó sobre la cama, el sueño no tardó mucho en vencerle.

La lluvia ya había cedido en la noche cuando Sariel se levantó jadeando y sudoroso, había tenido una pesadilla. Una semana antes de que los asesinatos comenzasen, el hombre se dirigía hacia Villa Oscura cuando oyó gritos de una mujer, salió del camino y corrió hacia donde los gritos se escuchaban. Cuando llegó al lugar no había nadie, por un momento pensó que era el recuerdo de los gritos de su mujer aquel día que falleció pero ella ya había partido hacía mucho al más allá. Una bestia saltó sobre él, mordiéndole el hombro con fuerza, cuando quiso quitársela de encima la bestia ya no estaba pero sí su herida en el hombro. Miró hacia todos lados, buscando a su atacante pero en la espesura solo pudo ver dos ojos, rojos como la sangre. ¡Eran los mismos ojos!

La bestia buscaba acabar con su presa, la cual se le resistía. Sariel no pudo dormir más aquella noche y su cuerpo no había descansado bien desde hacía dos semanas, quizás la cama no fuese demasiado buena.

A la mañana el muchacho que Sariel había mandado a Villa Oscura llamó a su puerta.

- Sariel, hubo un testigo del asesinato de Peter, él nos puede decir que ocurrió de verdad.

El antiguo paladín no dudo en ir en busca de esa persona. Estaba en un granero escondida, en una esquina en el sitio menos vistoso del lugar, acurrucado no paraba de balbucear.

- Una bestia de ojos grises y pelaje blanco, una bestia de ojos grises y pelaje blanco, una bestia de ojos grises y pelaje blanco…

Sariel entró en el granero mientras el muchacho se quedó a la entrada. Con suavidad el hombre se acercó al aterrado muchacho que no paraba de balbucear. Cuando el muchacho lo miró a los ojos, comenzó a llorar y suplicar por su vida. El antiguo paladín observó la acción del muchacho mientras una duda le nublaba la mente, ¿era él la bestia de los asesinatos?

La duda cobró más sentido cuando sintió un dolor en su hombro y recordó que hacía muchas noches que no descansaba en condiciones.

Salió del granero y se dirigió al joven que le había avisado.

- Debo comprobar una cosa muchacho, quédate aquí - posó una mano sobre su hombro y después emprendió la marcha dirección a su casa.

Cuando llegó a su hogar, cogió un montón de tablas y comenzó a tapiar su casa completamente, ventanas, puerta… y esperó a la noche.

El sonido de los pájaros al amanecer lo despertó, se encontraba sobre su cama con el cuerpo dolorido, otra noche más que no había descansado bien. Cuando abrió completamente los ojos vio su casa completamente destrozada, la mesa volcada, la silla partida en dos… incluso la cama había sufrido daños. Observó la entrada, aún tapiada pero llena de arañazos y comprendió. Él era el culpable pero una pregunta inundó su mente, ¿por qué él? ¿Acaso la Luz le había abandonado ya? Él que tuvo que enfrentarse al decrépito cuerpo de su mujer alzado por la Plaga, él que había sufrido tanto dolor y que había superado todas las pruebas que se le habían presentado…

Pero aún faltaba lo más importante para confirmar sus peores pesadillas, salió de su casa y se dirigió al pueblo, todo estaba bien dentro de la normalidad de aquel pueblo, no había habido otra muerte más la noche anterior. Volvió tras sus pasos con gran pesar y tan solo cogió dos cosas de su casa, su martillo y el colgante de su mujer.

Se alejó de aquel pueblo, pues bastante dolor les había provocado a sus gentes y se perdió entre los bosques, sin rumbo.


  • Participante: @Seta
  • Pieza presentada:

Tentación

Sin ser vista y como una sombra se filtró por las rendijas de la ventana y llegó a mi lecho. Me encontraba en duermevela sin conciliar el sueño cuando observé su silueta recortada por la luz del candelabro a un extremo de mi cama. La iluminación solo me permitía observar el contorno de su delirante figura, más sus ojos sanguíneos irradiaban su propio albor. Se acercó reptando sobre la cama y su rostro se matizó con la luz amarilla que desprendían las velas, anclándome en un pavor indescriptible al observar horrorizado cómo dos cuernos ascendían de su frente, enredándose en las hebras de su cabello azabache que se fundían en las tinieblas. Intenté gritar, pero ella calló el sonido posándome el dedo índice sobre mis labios al instante que su voz, como una suave letanía rasgaba el silencio indemne.

— ¿Qué tan fuerte es la voluntad humana?

Su mano izquierda buscó entre las sábanas mi pierna para tiernamente acariciarla, inclinándose visible por encima de mi muslo y sumergiéndome en el gusto lascivo por la carne. Cerré los ojos ante el contacto ardiente con la piel, e intenté recordar las enseñanzas en la abadía sobre la resistencia de los placeres conspicuos, más no podía resistirme a su mandato; ella era una demoniza, una súcubo invocada por las artes oscuras para ser la más fiel opositora a mi voluntad. Se mordió el labio inferior con deseo y acercó lentamente su rostro hacia el mío, hasta hacerlo próximo y sentir cómo nacía el fragante aroma a jazmines de su cuello. Sonrió una vez más y levantando el dedo de mi boca lo acercó a sus labios purpúreos, sosteniéndose con la punta de la uña sus carnes y rasgándolas. El sello escarlata se imprimió con premura en su piel, y deslizó una gota de sangre que cayó a mis labios. — Bebe—, me susurró más no accedí, y dejé que descendiera rodeando mi barbilla hasta el filo de la cama. Se incorporó, y como la sombra que era retrocedió hasta la ventana, desplegó sus alas y se lanzó hacia el vacío surcando los cielos.

Pasaron largas noches sin olvidarme de la misteriosa señora, pero el tiempo es el máximo aliado del olvido, y su sangre se convirtió apenas en un murmurar nocturno. Es verdad, en el día mi mente se concentraba en oraciones a la Luz Sagrada, pero en las noches era amante de su recuerdo, No podía ligar mi alma a nada que no fuese mi fe devota, más ella… ella se había apoderado de mí.

Llegó una noche tan silenciosa como la primera. Similar a la vez anterior se halló al extremo de mi cama y la recorrió con sutileza metiéndose dentro de las sábanas, posó sus labios cerca de los míos y entreabrió la boca. Laceró nuevamente su carne mordiéndose con los agudos colmillos y en medio de un silbido me ordenó: —Bebe—. Volteé la faz para desprenderme de su mirada y sentí su cálida saliva perforar mi oído, estiré mi brazo para prenderme del barandal de la cama mientras que en mi mente solo acertaba repetir una oración para no caer esclavo del deseo. Musité resistiéndome al placer las palabras sagradas y cerré los ojos. Mi corazón latía fuertemente, y la sangre rugía dentro de mí como un brioso mar en busca del cielo. Al dirigir la vista hacia la dama no había más que la oscuridad del techo.

— Fantasía. — Pensé.

Los días pasaron y la presencia oscura no volvió a visitar mi cama.

Luego pasaron meses, meses dolorosos y solitarios hasta que un día visitó las puertas de la abadía de Villanorte una Quel’dorei de belleza sublime. La palidez de su rostro contrastaba con el rojo profundo de sus labios, y sus ojos azules inundaban a cualquier criatura que osara contemplarnos en la ensoñación. Sus cabellos largos y finos descendían como un dorado manto sobre sus hombros y su boca cual loto de fuego cantaba la gloriosa oda de su voz. Al inicio nos vimos como amigos cercanos, muy próximos al alma del otro, sin embargo no tardó en emerger una pasión reposada a la cual decidimos llamar como amor.

Ella fue mi ángel, y yo su adorador.

Me visitaba a diario; y al contrario de aquella demoniza, era constante y amorosa. El tiempo pareció esfumarse y cuando nuestras razones se juntaron, estábamos tan cerca el uno del otro que nos parecía imposible la idea de separarnos. Los meses corrieron e incluso los años llegaron a volar. La abadía del norte conoció la más sincera y discreta de las pasiones; un cariño tan férreo que jamás llegó a necesitar la consumación corporal para definirse, donde hacíamos el amor con solo mirarnos a los ojos.

Pasamos tanto tiempo juntos que incluso empezamos a responder nuestras inquietudes sin que salieran de nuestros labios. Nos comunicábamos con miradas, después con pensamientos… y al final tan solo dejamos de hacerlo. El ángel perdía su brillo, y un silbido secreto, que aguardaba desde lo profundo de mi corazón, aprendía a despreciar su cariño. El sueño me cercaba con más prontitud; el día acortaba sus pasos. Mi amada, mi profunda amada me apretaba de la mano hasta que el ocaso sonreía, y emprendía camino cuando la noche despertaba; se iba, desaparecía, no volvía más, hasta el siguiente amanecer, pues los ángeles no soportan la oscuridad.

Sentía las noches más largas que siempre, que nunca, y recaí en la enfermedad de pensar en aquella sombra que en mis días mozos me visitaba furtiva y coqueta. Aunque mi corazón le sonreía a mi amada, los pensamientos brotaban cuando se trataba de aquella ave nocturna, y mi único consuelo nuevamente fue encerrarme en la oración.

Era feliz con la señora de mis latidos, y sin embargo la imagen de la doncella noctámbula me recordó aquella gota primigenia que, al rechazar, cayó al filo de mi cama. No podía apartarla de mi mente, y enfermo en el deseo trémulo que alguna vez se arraigó en mi pecho busqué la prueba, el pétalo rojizo de su sangre para finalmente beberla.

— Fantasía. — Dije al no hallarla, y frustrado me acosté.

Me despertó con un beso en la mejilla enjugado en deseo aquella mujer que daba por treta de mi imaginación. Cuando abrí los ojos sus labios cárdenos sonreían muy cerca de los míos. Sus manos sujetaban fuertemente mis manos y sus piernas se entrelazaban con las mías; nuestra respiración se aceleraba cada vez más al punto de suspirar el uno por el otro. Como amante la veía, mujer abisal, pero no era más que un súcubo coqueto que se deleitaba con la mirada divagante de mis ojos.

Como sortilegio de su amo las velas parecieron destellar todo su furor, y la luz que antiguamente se debilitaba por las ráfagas de viento, estremecía la habitación con su perpetuo destello. La observé, estaba completamente desnuda, postrada ante mí, como el más delicioso de los banquetes o la bebida más delirante y exquisita de todas. Aquella dama que mis noches la consagraba en mis pensamientos desfilaba ante mí, como a una tentación frente al espíritu más débil. Cerré los ojos, con la esperanza que se evaporara como una noche lo hizo, más sus piernas y manos seguían aferradas a las mías. Reposó su cabeza en mi pecho y susurró:

— Vengo en las noches porque mi alba es el ocaso, y a la luz partiré —.

Mi corazón se debatía entre el duelo carnal de poseerla o liberarla, más ¿quién era el preso? Decisión suya era si mi cuerpo le perteneciera o si fuese otro espejismo de la vida. Acercó sus labios a los míos y me hizo un ademán de beberlos, más lo que antiguamente negué por ignorancia, en aquel momento lo negué por amor. Ella pareció advertirlo, soltó su mano derecha de la mía y me apretó con furia el rostro; sentí que mi carne se laceraba por la presión insondable de sus uñas, pero más que dolor me provocaba un gozo exquisito. Juntó su pelvis a la mía y levantó mi torso, sentándose encima de mí.

— Bebe. — Me ordenó, pero tercamente volví a rechazarla.

Enjugó sus labios en saliva y se dispuso a besarme; estaba indefenso, y la única mano que disponía de libertad se entretenía acariciándole la cadera. Me besó años, me besó siglos y milenios; fuimos uno en lo eterno alumbrados por el relámpago.

Como si se tratase de una metamorfosis, su cuerpo empezó a irradiar una luz mágica, cegadora… sublime, y de sus alas negras como la sombra empezó a brotar el manto rubio de sus cabellos, y de sus labios húmedos y purpúreos el rubor carmesí les cubrió con delicadeza. Sus ojos despejaron aquel granate enloquecedor y se convirtieron en zafiros puros. Aquella súcubo se transformó en mi querido amor.

Me miró con nostalgia y sonrió, posó sus ojos sobre los míos y dijo:

— Soy tu ángel… ¿beberás?—.

— Los ángeles no soportan la oscuridad, — Respondí.


El Engaño Riecráneos

Desde el punto más alto de la Ciudad de Farahlon, la Vindicadora Jarema observaba hacia el extremo sur de las costas de las planicies verdosas de la isla del territorio, notando la inmensa marea de fuego que consumía el puerto draenei del área, cuyas lenguas de fuego parecían enormes garras anaranjadas que se extendían hacia las estrellas. Llevaban casi ocho años desde que la llamada “guerra orco-draenei” comenzara con una serie de confusas escaramuzas de los nativos contra su pueblo sin razón alguna y hasta la fecha, ningún intento de diplomacia había funcionado. Cerca de ocho años llevaba oyendo los distintos ataques contra su pueblo, algunos incluso en las áreas cercanas a la ciudad, pero a diferencia de las noticias que oía provenir de otros asentamientos donde se distinguían los clanes orcos involucrados en las matanzas, el Clan Riecráneos se había mantenido “neutral”. Sin embargo, Jarema no era capaz de creer en el sentido de tal palabra, no con los orcos, no después de lo que ocurría; en su mente era difícil creer que ante una aparente causa racial, un clan entero se haría a un lado y muy en su interior temía que el repentino ataque al puerto era obra suya.

- Prepara tu elekk, te necesito en el puerto. – Jarema parpadeo con sorpresa y volvió su mirada incrédula al Exarca Naan, un draenei de piel color alabastro y cabello igual de blanco. Uno de los exiliados iniciales que aún vivía hasta la fecha.

Jarema se apartó del enorme arco que llevaba hacia el balcón del edificio con una curiosa forma de cono, con distintas aberturas a sus costados. Confusa, cogió su martillo y volvió su atención hacia el exarca, notando esa resolución que indicaba que no cambiaría de opinión, tras el destello celestino de sus ojos.

-¿Y si es una trampa, Exarca Naan? Los Rangari no han reportado movimiento orco en los alrededores desde hace días. Tampoco hemos recibido ningún enviado del puerto pidiendo ayuda. – Los ojos celestinos de Jarema se volvieron hacia el puerto en llamas a la distancia, entrecerrándolos en un vano intento de poder vislumbrar aunque fuera la más pequeña figura o señal de vida en el sitio, ya fuera amigo o enemigo.

- ¿Y si es lo contrario, Jarema? – Contesto con marcialidad el exarca. – Los orcos han atacado por sorpresa más de una vez. Nuestros Rangari no son infalibles y no podemos dejar a los habitantes del puerto en manos del destino. Tú y un pequeño grupo de 14 jinetes más marcharan allí y buscaran sobrevivientes.

-Pero si nos lo hay, ¿qué será… - Cuando su mirada se encontró con el severo semblante del exarca, el cual señalaba que la conversación no había de continuar, acallo su voz y se limitó a asentir.

La vindicadora descendió tan rápido como pudo de las laderas superiores en que se hallaba, tratando de dispersar toda brizna de duda de su mente sin logro alguno. Aunque sabía que las intenciones del Exarca Naan eran buenas, no podía evitar pensar que podía estar equivocado; aun cuando Farahlon poseía suficientes hombres y mujeres para defenderla, los catorce que marcharían con ella también serian necesarios si en algún momento la ciudad fuese atacada y su pueblo necesitara ser defendido, tanto como aquellas victimas del puerto que, aunque lamentaba dejarlas atrás y suponer su muerte sin prueba alguna, no podían estar encima del resto de habitantes de la ciudad. No ahora que el puerto había caído y Farahlon era el único asentamiento en pie de los Exiliados en el área.

Aun dudosa, Jarema monto a su elekk cubierto en armadura y se acerco al resto de jinetes formados en la entrada principal de la ciudad; rangaris, pacificados, artificieros e incluso, un par de anacoretas. Cuando se colocó a la cabeza de la formación y levanto su martillo hacia la puerta, señalando el otro lado para indicar el avance, no pudo evitar sentir una extraña sensación de alerta y a medida que cruzaba el umbral de la entrada, para luego dejar atrás el grueso anillo de roca que funcionaba como muralla y perímetro defensor del sitio, se obligó a si misma a volver su mirada hacia la ciudad, tratando de envolverse en la esperanza de que retornaría y todo volvería a estar bien. Muy al contrario de la confusa sensación que inundaba su corazón y que le llevaba a decirse en lo más profundo de su consciencia, que lo mejor era ordenar el regreso a la ciudad. Que eso era lo más sensato. Lo más seguro.

El presuroso paso pesado de los elekks hacia retumbar el suelo bajo sus pies, haciéndole parecer una especie de estampida. Jarema lo había preferido así, pues de ese modo, si habían orcos en los restos del puerto o sus alrededores, serian lo suficientemente sensatos para huir y dejar atrás a cualquier posible sobreviviente o en el peor de los casos, lo suficientemente estúpidos como para quedarse e intentar presentar batalla. Y así quizá poder interrogar a uno de ellos… - Pensó la vindicadora, al sopesar la segunda opción.

Solo bastaron unos pocos minutos más de marcha para comenzar a observar los edificios curvos y con forma de cúpulas, viéndose envueltos por las llamas o derrumbándose por los daños, levantando un mar de ascuas y una oscura humareda hacia las alturas. No habían cabezas empaladas para recibirles, pero si cadáveres mutilados por doquier. Jarema murmuro una plegaría por sus almas, confiando en que alcanzarían el descanso en la Sagrada Luz de la Creación junto a los Naaru y el fuego convertiría en cenizas sus restos, permitiéndoles descansar en la tierra que les acogió al no poder tener el lujo de ser enterrados en la lejana necrópolis de Auchindoun en el bosque de Talador. Ordeno aminorar el paso de los elekks y continúo avanzando en compañía del resto de sus compañeros hasta el centro del puerto moribundo. El calor abrasador era sofocante y el humo le provocaba un molesto escozor en los ojos.

- ¡Repliéguense y busquen sobrevivientes, rápido! – Sin rechistar, los draenei se repartieron por los alrededores, quedando Jarema en compañía de un anacoreta y un rangari, quien preparaba su ballesta en caso de tener que ocuparla. – Este será nuestro punto de reunión.

El puerto era pequeño, apenas un asentamiento minúsculo de no más de once edificios en total, sin contar las estructuras portuarias. Apenas si bastaron unos pocos minutos para terminar la búsqueda sin resultado alguno, cuando de pronto una serie de furiosos rugidos alerto a los Exiliados, haciéndoles retornar de inmediato al centro del puerto para formar rápidamente un circulo, cubriéndose las espaldas los unos a los otros, al notar las fornidas figuras que se abrían paso entre las llamas y los ojos inyectados en sangre con los que les observaban, deseosos de acabar con sus vidas. Jarema sujeto con fuerza el largo mástil de su martillo, sintiendo una enorme desazón en su corazón al vislumbrar las calaveras draenicas que colgaban de los cinturones de algunos de los orcos; hombres, mujeres e incluso niños. No habían tenido piedad alguna con nadie. Un nudo se formo en su garganta, impidiéndole poder dar una orden cuando vio a los guerreros cargar hacia ellos, pero tampoco fue necesaria, todos sabían lo que hacer.

Jarema balanceo su martillo cristalino y lo hundió sobre el pecho descubierto de uno de sus adversarios, quebrando los huesos de su torso y haciéndolo caer de lleno contra el suelo. Se giró al oír los gorgoteos de su compañero a su izquierda, vislumbrando el enorme filo del hacha que había atravesado en diagonal uno de sus hombros, rompiendo armadura, carne y hueso por igual. Inmediatamente levanto la cabeza de su martillo y cargo contra el inmenso orco, quien al escuchar el sonido de su armadura se giró hacia ella e interpuso el mango de su hacha sobre el largo mástil metálico de la maza de la vindicadora, para luego hacerlo a un lado y propinarle un fuerte puñetazo que la llevo contra el suelo, quebrando un costado de su mandíbula. Confundida por el enorme golpe, Jareema sacudió su cabeza tratando de recomponerse mientras el orco se acercaba a ella y aparto su martillo con una fuerte patada, cuando noto que la mujer extendió su mano hacia este para cogerlo. Sin darle tiempo a reaccionar, la vindicadora solo alcanzo a notar como el guerrero le tomaba por el cuello y comenzaba a asfixiarle con una pérfida sonrisa en su rostro, la cual dejaba entrever sus colmillos. Desesperada, Jarema extendió su mano izquierda hacia su rostro y clamo por la ayuda de la Luz, envolviendo la palma de su mano y segando al orco por unos instantes, soltándola y permitiéndole respirar unos escasos segundos que le bastaron para observar la férrea, pero vana resistencia de sus hermanos ante los orcos y, entre las aberturas que se formaban en las llamas al bailar al son de la batalla, vislumbrar a la distancia la Ciudad de Farahlon, cuyos edificios estaban derrumbándose y siendo incendiados de la misma manera…

Todo se tornó oscuro para entonces y el peso muerto de su cuerpo se dejó caer sobre el suelo adoquinado, regado con la sangre de sus compatriotas y enemigos por igual. Esos que desde hacía casi ocho años comenzaran una guerra contra su pueblo, cuyo destino parecía terminar no a manos de la Legión Ardiente, sino de un pueblo, aparentemente, completamente ajeno al eterno conflicto entre la Luz y la Oscuridad.

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¡Informo de que aun queda tiempo para participar en el Concurso!

¡Vamos, vamos! ¡Quiero ver más piezas!

Hay premio sorpresa para todos los participantes - Chan chan chan -

Edit: También informo de que el premio de las Habilidades Visuales serán pactadas tras acabar el Concurso, con cada uno de los ganadores, para buscar individualmente lo que puedan necesitar representar con dichas habilidades :)

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He añadido el dibujo de Rem, el relato de Seta y el relato de Lyonwarrior, como participantes del Concurso.

Recuerdo que se pueden presentar piezas para el Concurso hasta mañana día:

15 de Septiembre de 2014

¡Animaros! Habrá premio sorpresa para todos los participantes ;)

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Agregado el Dibujo de jano77 y con este se cierran las participaciones al Concurso.

Próximamente anunciaremos los ganadores y nos pondremos en contacto con todos los participantes para entregarles el premio sorpresa también ;)

¡Agradecemos a todos la participación! ¡Estan geniales todos los relatos y dibujos! :D

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Ganadores del 1er Concurso de Arte Milardo Davinci

GANADORES - DIBUJOS:

  1. Azalea (6 spells)
  2. Rem (4 spells)
  3. Nymleth (2 spells)

GANADORES - RELATOS:

  1. Seta (6 spells)
  2. Sacro (4 spells)
  3. Rem (2 spells)

¡ENHORABUENA A LOS GANADORES!

Aquellos ganadores pueden ponerse en contacto conmigo por MP para decirme qué spells u habilidades visuales le gustaría que les sean entregadas y a qué personaje.

Algunos hechizos de ejemplo: http://www.mundowarcraft.com/foros/f5/sugerencia-hechizos-esteticos-2666-2.html#post12580 o en http://www.mundowarcraft.com/foros/f5/sugerencia-hechizos-esteticos-2666-2.html#post13051 En wowhead se pueden encontrar muchisimos más spells que hacen efectos visuales para los pjs (algunos son de efectos visuales de los Boss del juego por ejemplo).

Tendrán que ser hechizos visuales que no hagan daño a otros ni al entorno (NPCs), que sean utiles y sirvan para mastear o interpretar habilidades existentes del personaje elegido.

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