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Retratos de Azeroth: Garrosh Grito Infernal

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Retratos de Azeroth: Garrosh Grito Infernal

Os traigo aquí un artículo, dividido en tres partes, realizado por Mindersh, uno de los redactores de

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, que nos hace una retrospectiva y análisis del personaje de
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, explorando desde sus inicios hasta el momento cúspide de la actual Lore en Mists of Pandaria.

Con este artículo nos podemos hacer una idea del camino que ha llevado a este personaje, saber más a fondo, las posibles tribulaciones del personaje hasta la fecha y su porqué. No olvidar por supuesto que dicho artículo puede contener ideas no canónicas, pues está desarrollado bajo la recopilación de información que el propio autor posee y plasmándolo bajo sus ideas y su criterio. No obstante no deja de ser un artículo que merece muy mucho la pena leer.

¡Nos encanta habéroslo podido traer y que disfrutéis de su lectura!

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, el Lunes 01/7/2013 - 09:30

“Servirás a la Horda… O la Horda te aplastará.”

Nacido en Draenor, o lo que hoy conocemos como Terrallende, Garrosh Grito Infernal siempre tuvo que soportar la sombra de su padre pendiendo constantemente sobre él. El peso que ejercía sus propios orígenes lo atormentó desde que era un chiquillo. Ser el único descendiente del gran guerrero orco Grommash (apodado Gromm) Grito Infernal era una loza que arrastraba constantemente a su espalda.

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Poco se sabe de Garrosh hasta que alcanzó su juventud. Por ese entonces, años antes de la Invasión Humana de Draenor, una gran peste llamada la Viruela Roja contagió miles de orcos, entre ellos al propio Garrosh. La enfermedad aparecía con un gran número de pústulas rojas brotando en la piel, que supuraban una sustancia roja y líquida, y provocaban que los afectados vomitaran sangre. Esa hueste de infectados y parias fueron exiliados y aislados en cuarentena a Nagrand, donde se establecieron hasta que mejoraran… o hasta que morían.Se refugiaron en Garadar, una fortaleza que sirvió de hospital para la marabunta de orcos enfermos. Dentro de Garrosh ya ardía la curiosidad por saber qué había sido de su padre, dado que sólo le conocía por los rumores y las leyendas que se le atribuían. Por ello, cuando Kargath Garrafilada, jefe del Clan Mano Destrozada, visitó a los enfermos en Garadar para reclutar refuerzos, Garrosh no perdió la oportunidad de preguntarle por su padre, y le hizo saber su intención de unirse a su ejército. Kargath, cuando vio el deplorable estado en el que se encontraban los orcos afectados por la Viruela Roja, ignoró a Garrosh, y les insultó, tachándolos de “débiles que no merecían el apelativo de orcos” y que servirían convenientemente a la Horda si morían. Garrosh encajó el desaire, y se sumió en el silencio.La Viruela Roja fue una maldición para los orcos… Pero también una bendición, ya que, nadie sabe por qué, los orcos que habían pasado la enfermedad no fueron contagiados por la corrupción demoníaca que se extendía por todo Draenor. Quizás generaron anticuerpos contra la magia vil de los invasores, pero por ello, los exiliados en Nagrand jamás fueron influenciados por demonios. Por tanto, no perdieron la tez marrón de su piel, y los enfermos se refugiaron bajo una bandera, bajo un mismo nombre que exhibían con orgullo por su supervivencia: los Mag’har, que significa “los incorruptos” en orco, e hicieron de Garadar, la que había sido la fortaleza de su exilio, su capital.

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Garrosh seguía preguntándose acerca de sus raíces, y muchísimas preguntas le quemaban en su garganta. En cuanto se hubo recuperado de la Viruela Roja, habló con la Abuela Geyah, la fundadora de los Mag’har, acerca de su padre. Pero la herida que abrió Geyah en el corazón de Garrosh durante esa conversación, tardaría en cerrarse. Grommash Grito Infernal, su padre, el gran guerrero orco de las leyendas, había sido el primero en beber la sangre del demonio Mannoroth, condenando a su raza a la sed de sangre que los haría enloquecer en tiempos posteriores.La verdad sobre su padre, y sobre el ocaso de su leyenda, sumieron a Garrosh en una gran depresión que duraría años. Se preguntaba continuamente cómo había podido faltar a su honor y había vendido a su raza a los demonios. Se avergonzó del apellido Grito Infernal. Pero un día, tomó una determinación: él limpiaría el honor de su apellido y demostraría que la semilla del corrupto Gromm había crecido más fuerte y con más determinación que su antecesor. Él haría que Grito Infernal dejara de sonar a vergüenza y sonara a gloria.En poco tiempo, Garrosh se convirtió en uno de los líderes militares de los Mag’har. Su astucia y su inconmensurable fuerza, heredada de su sangre, le hizo escalar posiciones dentro de la jerarquía de Garadar y pronto la Abuela Geyah vio en él a su mano derecha, junto a Jorin Mortojo, el hijo de Kilrogg Mortojo, líder del Clan Foso Sangrante. Pero pronto la preocupación volvió a anidarse en Garrosh. La Abuela Geyah estaba débil, y su salud pendía de un hilo. Sabía que si la matriarca orca moría, él estaría obligado a tomar el mando de los Mag’har, y el miedo volvió a atenazarle. ¿Y si él no era el líder que necesitaba su pueblo? ¿Y si él mismo repetía los errores de su padre y lideraba a su gente a la destrucción?Pero entonces, el Portal Oscuro volvió a abrirse. Los orcos volvieron a su mundo, persiguiendo a un antiguo enemigo de Azeroth. Cuando aquel orco de pelo oscuro y ojos penetrantes llamado Thrall, que decía ser Jefe de Guerra de la Horda en el otro mundo, llegó a Garadar y preguntó por él, poco sospechaba Garrosh que sería el chamán quien aplacaría todos los fantasmas de su pasado. Thrall le contó el final de su padre: había sido un héroe. Gromm había matado a Mannoroth, muriendo en la batalla, y liberando a los orcos del yugo de los demonios. Su padre había salvado a su raza.

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Después de años sintiendo vergüenza por su apellido y por sus orígenes, que aquel extraño viniera de otro mundo para contarle a Garrosh la grandeza y el orgullo de llevar su apellido, creó en él un lazo de compromiso y confianza con su pueblo. Juró que no fallaría nunca a la raza orca. Tal fue el talento que Garrosh demostró para la guerra, que Thrall se lo llevó consigo a Azeroth como su consejero. El Jefe de Guerra no dudó en relatarle cada uno de los episodios importantes de su raza: la Apertura del Portal Oscuro y la invasión de Orgrim Martillo Maldito, la alianza con el resto de razas que pertenecían a la Horda y así sucesivamente hasta la nueva Apertura del Portal Oscuro y la lucha contra Illidan en Terrallende. A cada historia que le relataba Thrall, Garrosh fue macerando un odio visceral e irracional contra los humanos, que llegó a su punto álgido cuando el propio chamán le relató sus días de cautiverio al servicio de los humanos. El desprecio a la raza humana se enraizó en su corazón y no podría despojarlo jamás.Al llegar a Orgrimmar, Thrall presentó a Garrosh a su otro consejero: el Maestro de Gladiadores Rehgar. En aquellos días, los enfrentamientos de opinión entre Rehgar y Garrosh se hicieron más que evidentes. Mientras que el uno era partidario de la frágil paz que se extendía entre Alianza y Horda perdurara, Garrosh pensaba que la mejor manera para lidiar con los humanos era destruyéndolos y conquistando sus tierras. El alma del joven orco ardía con cada argumento. Thrall le había dado a Garrosh un nuevo motor vital, la guerra, algo de lo que se arrepentiría en el futuro.Cierto día, Jaina Valiente, antigua amiga y aliada de Thrall, apareció en Ventormenta con inquietantes nuevas: el rey Varian Wrynn, el descendiente del Rey Llane, desaparecido hacía mucho tiempo, había vuelto a la ciudad. Thrall determinó que era de vital importancia reunirse con el rey humano para discutir los términos del crisol pacífico que atravesaban ambas facciones. Rehgar advirtió a Thrall que sería mejor dejar a Garrosh en Orgrimmar, sabido su odio a los humanos, pero el Jefe de Guerra consideró que quizás era una buena oportunidad para que Garrosh reconsiderara su idea infundada sobre la raza humana, al conocerlos en un ambiente de paz.La reunión se llevó a cabo en Theramore, al ser un enclave neutral, ya que el territorio estaba bajo la jurisdicción de Jaina Valiente, y no permitiría que su amigo Thrall y sus acompañantes sufrieran daño alguno durante la reunión. En principio, el encuentro entre los líderes de ambas facciones transcurrió sin contratiempos, y las negociaciones fueron satisfactorias para todos. Pero al término de la misma, y mientras el rey Varian se retiraba, el Martillo Crepuscular, una secta que promulgaba el advenimiento del Fin del Mundo, atacó Theramore, lo que provocó que tanto Horda como Alianza se vieran obligados a defender la ciudad para garantizar su propia seguridad. Entonces, el dirigente humano advirtió entre el tumulto a Garona, la asesina semiorca. Rápidamente Varian pensó que había sido enviada por Thrall para acabar con su vida, tal y como hiciese el Consejo de las Sombras de Gul’dan en el pasado con su padre, el Rey Llane Wrynn. Tras la batalla, Varian culpó a la Horda del ataque, dada la presencia de Garona en la contienda, y Garrosh hizo lo propio al considerar que Theramore era un enclave de la Alianza. Sin embargo, el único daño que hizo el ataque fue sembrar de nuevo la semilla del rencor y la desconfianza entre los miembros de ambas facciones.

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, el Lunes 08/7/2013 - 10:30

Durante su estancia en Orgrimmar desempeñando su papel de consejero de guerra, Garrosh tuvo un encuentro con Krenna, una orca que culpó a su padre Gromm de la maldición de sangre de la Horda, y puso en duda la capacidad de mando de Thrall. La vida en Durotar era dura, su pueblo se moría de sangre, el Jefe de Guerra prohibía que su pueblo se estableciese en Vallefresno, una tierra llena de recursos, y por si fuera poco, permitía que esos insidiosos elfos de la noche se internaran cada vez más en sus propios dominios. Garrosh, fiel a Thrall y a su manera de comandar la Horda, la acusó de traición y amenazó a Krenna con atacarla si continuaba hablando en esos términos de su Jefe de Guerra. Afortunadamente, antes de que se levaran las armas, intervino Gorgonna, hermana de Kresha, y obligó a ésta última a irse. Gorgonna pidió disculpas a Garrosh por la actitud de su hermana, pero le confesó al consejero de guerra que no entendía por qué vivir en Durotar parecía una forma de castigo para la raza orca, por sus crímenes en la Primera Guerra. Quizá lo mereciesen los padres, ¿pero por qué los niños tenían que sufrir en esas condiciones vitales el error de sus antepasados? ¿Y por qué Thrall no hacía nada al respecto? Entonces le mostró a Garrosh su piel verde, en contraste con la suya marrón, y le dijo que él no debía pagar por ningún castigo, porque él no era como el resto de orcos, que habían sido afectados por la sangre de demonio.En ese momento, Garrosh sufrió una revelación. ¿Por qué razón Thrall obligaba a su pueblo a las miserias e inmundicias que les provocaba Durotar en vez de extender su dominio a zonas más fértiles, por el bien de su pueblo? El consejero de guerra quedó decepcionado por la pasividad del Jefe de Guerra frente a problemas como la Alianza o la Plaga. No podía soportar ver a los orcos divididos para ayudar a las otras razas de la Horda, y observar cómo la Plaga hacía añicos sus alimentos y sus fuerzas solamente por la negativa de Thrall a dar rienda suelta a todo el poder de la Horda. En ese momento, Garrosh abrazó con determinación el pensamiento que le cambiaría la vida: iba a proteger Orgrimmar y a los orcos a toda costa, incluso si eso significaba dejar a Thrall fuera de juego.

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Tiempo después, Garrosh acudió junto a Thrall a una reunión compuesta por Rehgar, Varok Colmillosauro, el Gran Boticario Putress de los Renegados y la misma Reina Alma En Pena en sí misma, Sylvanas Brisaveloz, para discutir los próximos movimientos contra La Plaga, que en los últimos meses se estaba haciendo más activa y peligrosa. Desde un inicio, Grito Infernal planteó la posibilidad de llevar el ejército de la Horda a Rasganorte y enfrentar a la Plaga desde su terreno, haciendo patente su intención de conquistar todo Azeroth para la Horda. Thrall, después de consultar a los espíritus elementales y bajo el consejo de Varok, acostumbrado a lidiar con el continente helado, se mostró favorable a enviar una avanzadilla primero, antes de dirigir el grueso de todas sus tropas. Además, el Jefe de Guerra aconsejó a Garrosh que no debía cometer de nuevo el error de su padre. Percibiendo esto como un insulto, Garrosh retó a Thrall al Círculo del Valor, para solventar este agravio a través de las armas.Fue un combate muy igualado, pero justo cuando Garrosh provocaba a Thrall para que cometiese un error del que se pudiera aprovechar, un mensajero del Rey Exánime se adentró en la Arena y amenazó con la destrucción de Orgrimmar. Inmediatamente, la ciudad estaba asediada por abominaciones, caballeros de la muerte, y una multitud de no-muertos. Tanto Thrall como Garrosh pospusieron su combate y se dedicaron a la defensa de la ciudad, apoyados por algunos héroes, Putress, Sylvanas y Varok. Cuando el asedio estuvo controlado, Garrosh insistió en que debía ser él el que liderase la avanzadilla de la Horda. Thrall, esta vez, se mostró de acuerdo. En ese instante, comenzó la leyenda del hijo de Gromm Grito Infernal.Garrosh viajó con celeridad a Rasganorte, en calidad de su nuevo título, Señor Supremo de la Ofensiva Grito de Guerra, el ejército más numeroso de la Expedición de la Horda en el continente helado. Se estableció en Tundra Boreal y erigió el Bastión Grito de Guerra para usarlo de campamento base. Garrosh mostró, durante su estancia en el Bastión, una actitud hastiada y obstinada, descuidando incluso, en ciertos momentos, su labor de comandante. Varok Colmillosauro, que viajó con él como su consejero, le aconsejaba templanza y más frialdad en sus decisiones, temiendo que se repitiera en él la funesta historia de su padre. La relación entre el anciano orco y el Señor Supremo siempre fue muy tensa, pero pese a todo, Garrosh siempre mostró un gran respeto por Varok durante todo su mandato, incluso cuando le advirtió que si no cesaban sus acciones hostiles contra la Alianza, le mataría él mismo. Sin embargo, Garrosh desoyó las amenazas de su consejero de manera absoluta, y hostigaba continuamente a la Alianza en refriegas constantes, prácticamente olvidándose del verdadero enemigo: la Plaga. Y el precio que pagó Garrosh por su descuido fue elevado. Un ataque desproporcionado de los no-muertos a su Bastión Grito de Guerra, enviado por Kel’thuzad. La ofensiva contra la necrópolis del Lich, Naxxramas, no se hizo esperar, y Garrosh comandó a un grupo de héroes para ocuparse de él. Pero ese no era el único enemigo que le esperaba en Rasganorte. En lo más profundo de Ulduar, una de las bases de los Titanes en Azeroth, moraba un antiguo mal: Yogg-Saron.

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Cuando Thrall y Garrosh acudieron a la llamada de Rhonin, líder del KirinTor, en Dalaran, para advertirles de su nuevo enemigo, se produjo un fuerte enfrentamiento entre Garrosh y VarianWrynn. El rey humano, que también había sido convocado, al ver allí a Grito Infernal, se mostró receloso cuando el mago les instó a que Horda y Alianza trabajaran juntos para aplacar al Dios Antiguo. La respuesta de Garrosh no se hizo esperar, y reprobó la respuesta positiva de Thrall, acusándolo de trabajar con cobardes. Varian montó en cólera por el agravio, y de no ser por la rápida intervención de Rhonin, el asunto podría haber terminado en un derramamiento de sangre. Thrall quedó muy decepcionado con el comportamiento de Garrosh, y así se lo hizo saber, pero el odio que alojaba en su corazón era mayor que su capacidad de razonamiento.Finalmente, cuando la batalla llegó por fin a la Ciudadela de la Corona de Hielo, para derrotar a Arthas, el Rey Exánime, Garrosh comandó personalmente tropas de asalto para alcanzar el Trono Helado. Con el Rey Exánime muerto, Garrosh se estableció en el Bastión Grito de Guerra mientras esperaba al siguiente desafío. Y ese desafío no tardó en llegar.Con el regreso de Alamuerte a la faz de Azeroth y el Cataclismo que le sucedió, Thrall se vio obligado a unirse al Anillo de Tierra en su campaña de recuperación del Pilar de la Tierra, siendo como es el chamán más poderoso del mundo. De modo que no podía atender a sus obligaciones como Jefe de Guerra y sus deberes como chamán. Por tanto, nombró a Garrosh nuevo Jefe de Guerra de la Horda.

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Esta decisión no cayó en gracia en todos los líderes de la gloria. El primero en rechazar el nombramiento fue Vol’jin, Líder de los Trolls, y como consecuencia de eso a punto estuvieron de perder la vida ambos en un combate a muerte. Vol’jin y toda su tribu Lanza Negra se planteó el hecho de abandonar la Horda, pero Thrall le convenció de que no era lo correcto, y le explicó que había elegido a Garrosh porque era el líder con fuerza que necesitaba la Horda en este momento, para guiar a sus pueblos a través de los estragos del Cataclismo. Así que no abandonaron la Horda, pero se retiraron de Orgrimmar hasta su reconquistado hogar en las Islas del Eco.Por otro lado, Cairne fue informado por el Archidruida Hamuul Runa Tótem de un supuesto sabotaje por parte de Garrosh a una negociación pacífica entre druidas de ambas facciones sobre el aprovechamiento de los recursos de Vallefresno. Los atacantes, que realmente eran miembros del Martillo Crepuscular, asesinaron a varios druidas del cónclave. Enfurecido, el Jefe Tauren viajó a Orgrimmar para encararse al nuevo Jefe de Guerra de la Horda, protagonizando una fuerte disputa con él, en el que le achacó errores de su pasado, como el ataque al Bastión Grito de Guerra en Rasganorte. Para zanjar la discusión, Garrosh retó a Cairne a un duelo a muerte, en el que el Jefe de Guerra resultó vencedor… Aunque no por sus propios medios. Antes del duelo, Magatha Tótem Siniestro, la líder del clan Totem Siniestro, enemigos de los tauren de Cima de Trueno, envenenó secretamente el arma de Garrosh, sin que este lo supiese, lo cual provocó que Cairne se debilitara progresivamente hasta que Garrosh pudo acabar con él. Al saber de esa traición, Grito Infernal desterró a Magatha y a todo su Clan de las tierras de la Horda, y les impuso cualquier castigo que la Madre Tierra quisiera ponerle. Incluso se negó a prestarle ayuda para defender Cima de Trueno de las fuerzas de Baine Pezuña de Sangre, el hijo de Cairne, ya que la ciudad había caído en manos de los Tótem Siniestro mientras se desarrollaba el duelo en Orgrimmar.

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Sylvanas Brisaveloz tampoco estuvo de acuerdo con el nombramiento de Garrosh, al que definió como un “bufón con cabeza de ogro”. Siempre a sus espaldas, claro. Jastor Gallywix, líder de los recién llegados a la Horda goblins del Cártel Pantoque, se mostró encantado con el nuevo Jefe de Guerra. Al fin y al cabo, tampoco había conocido al anterior. De Lor’themar Theron, el líder de los elfos de sangre, poco se supo. Aunque sí que es cierto que teniendo en cuenta el desarrollo de las cosas en años posteriores, no parece que haya apoyado el nombramiento de Garrosh con mucho entusiasmo.Tras el Cataclismo, el nuevo Jefe de Guerra quiso asegurar Orgrimmar con nuevas estructuras defensivas, para estar bien protegidos en caso de que Alamuerte soltara un ataque directo a su ciudad, pero la escasez de madera en Durotar complicó sus planes. Pero enseguida ideó una estrategia para solucionar sus problemas. Vallefresno estaba al lado de Durotar y contaba con gran cantidad de bosque para arrasar en su propio beneficio. Poco le importaron las atalayas defensivas de los elfos de la noche por toda la zona. Gracias a varios magnatauros y protodracos que se había traído de Rasganorte, conquistar la Avanzada Ala de Plata fue prácticamente un juego de niños.La represalia de Tyrande Susurravientos, líder de los elfos de la noche, no se hizo esperar, y caminó personalmente contra la antigua base kaldorei acompañada de un grupo de sus mejores centinelas. Sin embargo, los magnatauros de Garrosh resultaron un hueso demasiado duro de roer para los elfos de la noche, y la propia Tyrande resultó malherida por las flechas orcas. Pero Garrosh no pudo prever los últimos refuerzos en la contienda: los recién aceptados en la Alianza huargen liderados por su rey Genn Cringris y el propio Varian Wrynn, que gracias a su agilidad nata masacraron a los magnatauros. El enfrentamiento entre Varian y Garrosh era inevitable. Pese a que el Jefe de Guerra demostró su habitual fuerza de combate, Varian contaba con un aguante y espíritu nunca antes visto, hiriendo terriblemente a Garrosh. Sólo un magnatauro caído entre ambos contendientes salvó al orco de la muerte. La guardia Kor’kron pudo sacar a su malherido Jefe de Guerra del campo de batalla, muy a pesar de Garrosh, que antes de ser arrastrado por sus soldados juró matar a Varian con sus propias manos.

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A su vuelta a Orgrimmar, las decisiones del nuevo Jefe de Guerra pronto demostraron que sus acciones iban a ser más beligerantes y agresivas que las perpetradas por Thrall. Con los goblins del Cártel Pantoque de su lado, desarrolló una tecnología bélica comparable a la de los gnomos de Mekkatorque, y permitió la invasión de Gilneas comandada por Sylvanas. Sin embargo, la derrota de los Renegados en el antiguo reino humano le obligó a desplegar sus tropas de apoyo en los Reinos del Este para evitar perder el Bosque de Argénteos. Además, vio la capacidad destructiva de la Nueva Plaga desarrollada por los boticarios de la Reina Alma En Pena y los poderes nigrománticos de las nuevas aliadas de Sylvanas, las val’kyr que antes pertenecían a Arthas, que permitieron a los Renegados una fuente de nueva no-vida a los cada vez más reducidos Renegados. Sin embargo, el Jefe de Guerra no permitió los usos de esa oscura magia y redujo a cenizas las esperanzas de perpetuación de la raza de Sylvanas. Por si fuera poco, reclamó la cabeza de Durak por sus experimentos con magia vil en Vallefresno.Las nuevas y drásticas medidas de Garrosh le convirtieron en poco tiempo en un líder tan fuerte como temible… Pero no así respetado. Los líderes de las otras razas tuvieron que soportar ver cómo el nuevo Jefe de Guerra desvirtuaba los principios básicos de la Horda fundada por Thrall. Ensalzaba el poder de la raza orca por encima del resto, y cada vez más miembros del resto de estirpes abandonaban Orgrimmar para siempre.Cuando el poder del Martillo Crepuscular se hizo patente en las Tierras Crepusculares, Garrosh marchó con una flota de zeppelines sobre el territorio. Mientras lanzaba un discurso de ánimo a sus tropas, naves voladoras de la Alianza aparecieron en el frente. El Jefe de Guerra no dudó y se dispuso a hacerles frente. Pero no pudo comenzar la ofensiva, ya que Alamuerte, acompañado por sus dragones crepusculares lanzaron un ataque por la retaguardia y hundieron su nave en el océano, dejando a Garrosh fuera de combate.El resto de fuerzas de la Horda pudieron tomar tierra, y ayudados por los orcos del clan Faucedraco pudieron hacer frente a la Alianza en la costa. Asimismo, derrocaron el mandato del jefe del clan Mor’ghor, un orco vil influenciado por los demonios, y a la vuelta de Garrosh, que había sobrevivido al naufragio, aceptó a Zaela, la iniciadora de la rebelión, y a los que quisieron seguirla como miembros de pleno derecho de la Horda. Con su nuevo emplazamiento en el eje del conflicto contra Alamuerte, la derrota del Martillo Crepuscular y el antiguo Dragón Aspecto fue inminente.

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, el Lunes 15/7/2013 - 11:30

Tras la victoria definitiva y el restablecimiento de los elementos en Azeroth, Garrosh volvió a Orgrimmar exultante, dispuesto a emprender nuevos desafíos para la raza orca. Su voluntad era ley, y por fin había afianzado su poder de manera absoluta. Por tanto, no tardó en reunir al resto de los líderes de la Horda para informarles de la próxima acción bélica que llevaría a cabo: marcharía sobre el Fuerte del Norte y expulsaría por fin a los humanos de Durotar, sólo para usarlo como base sobre su verdadero objetivo, que no era otro que la Isla de Theramore, hogar de Jaina Valiente. Tanto Baine como Vol’jin se mostraron reacios frente a la decisión del Jefe de Guerra, pero Garrosh no les escuchó. La máquina se había puesto en marcha.

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Tomar el Fuerte del Norte fue un juego de niños. Toda la Horda orca pasó por encima del emplazamiento humano y la marcha de Garrosh continúo con paso destructivo hasta alcanzar Theramore. El plan que desarrolló Grito Infernal era brillante. Sabía que Jaina había pedido ayuda al KirinTor para defender la ciudad, así que en cuanto pudo, el Jefe de Guerra se hizo con un espía dentro de la ciudad, el elfo de sangre Thelen Tejecanto. El mago dejó indefensa una parte de la ciudad a propósito, para propiciar que los agentes de Garrosh sabotearan las defensas aéreas de la ciudad, y para evitar también que sus habitantes pudieran escapar en caso de ser necesario. Luego, Garrosh retiró las tropas de la ciudad, para hacer creer a Jaina y su ejército que habían ganado la batalla. Pero nada más lejos de la realidad. Los elfos de sangre habían creado una bomba de maná, potenciada por el iris de enfoque que los agentes de la Horda habían robado a los miembros del Vuelo Azul, y fue lanzada sobre Theramore. El efecto fue devastador. Toda la ciudad quedó reducida a cenizas, y la mayoría de sus habitantes, muertos.Triunfante, volvió a Durotar. Pero nada hacía sospechar al Jefe de Guerra lo que pasaría a continuación. VarianWrynn, contrariado porque la Horda le hizo perder su único puerto en Kalimdor, cruzó el Mar y desembarcó cerca del Fuerte del Norte junto a sus tropas. Pese a que a priori las fuerzas de la Horda pudieron contener el ataque humano, una nueva e inesperada enemiga hizo su aparición: Jaina Valiente, que había sobrevivido al ataque de Theramore, valiéndose de un poder mágico nunca visto antes en ella, convocó a cientos de elementales de agua con los que hizo frente a las fuerzas orcas y pudo reconquistar el Fuerte del Norte, para consternación y rabia de Garrosh. La venganza de Jaina se hizo patente.

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Tiempo más tarde, cuando Garrosh tuvo noticias de que la Alianza había descubierto un nuevo continente en Azeroth, llamado Pandaria, encomendó al general Nazgrim que conquistara el territorio para él, pues esa nueva tierra rebosaba de los recursos que hacían falta para la Horda.Tras dos meses de su asentamiento en Pandaria, Garrosh viajó allí personalmente. Nada más llegar a las costas de Krasarang, ordenó que todo miembro de la Alianza fuera expulsado de esa zona. Mantuvo otra disputa con Vol’jin en su nueva base del Punto de Dominio. Hastiado, Garrosh no permitió que el trol volviera a cuestionarle, y comandó secretamente su asesinato, enmascarándolo en una misión junto a la Guardia Kor’kron y un grupo de tres héroes de la Horda. Sin embargo, el atentado fue fallido, gracias a la intervención de los tres héroes, y el Cazador de Sombras declaró la Ley Marcial en las Islas del Eco para liberarlas de la presencia de los guardias de Garrosh. Thrall se reunió con su amigo Vol’jin, para ayudarle, y se hizo cargo del liderazgo de las islas en su ausencia. Los aventureros fueron ordenados de llevarle la noticia de la muerte de Vol’jin a Garrosh, y permanecer cerca de su círculo de confianza, para observar si había algún miembro de la Horda que también estuviera descontento con el Jefe de Guerra. Si descubrían eso, quizás podrían levantarse en armas contra Garrosh y evitar que destrozara lo poco que quedaba de la Horda original. La Rebelión Lanza Negra estaba cerca…Durante su estancia en Pandaria, Garrosh viajó al Santuario de las Dos Lunas junto a Malkorok, su guardaespaldas, Ishi, un maestro de las espadas Mag’har muy valorado por él, y Lor’themar Theron, líder de los elfos de sangre. Allí, de boca de Malkorok, supo más de la historia del imperio mogu, sus costumbres y su extraña tecnología mágica. Garrosh quedó fascinado con la posibilidad de los mogu de crear nuevos guerreros de la nada, y la posibilidad de potenciarlos en combate. Por ello, envió una expedición al Alto Ancestral, comandada por Fanlyr Espinaplata, un mago elfo de sangre perteneciente a los Atracasol y al Relicario, para obtener información más concreta sobre los artefactos mogu. A su vuelta, Garrosh se mostró exultante con sus averiguaciones. La obsesión de Garrosh tenía ahora nombre propio, que sería el que le llevaría a la condenación: la Campana Divina.

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Este artefacto, creado por los tejechizos Korune, fue la más brillante invención de los magos bajo el mandato del Rey del Trueno. El sonido de la campana enardecía el corazón de las tropas en batalla y las llenaba de rabia y odio, otorgándoles una fuerza de combate arrolladora. El tañido de la Campana Divina encogía el corazón de los enemigos de miedo y duda, y huían del combate como alimañas. Cualquier objeto que provocaba eso en una guerra, tenía que ser formidable. Y por supuesto, Garrosh quería que fuese suya.Un contingente de elfos de sangre comandados por Lor’themar viajaron a Mogujia, donde el poder de los mogu les provocó numerosas bajas. Garrosh recriminó a Theron la debilidad de sus hombres, y éste al Jefe de Guerra que sólo usase a los elfos de sangre como carne de cañón, cosa que sin duda no gustó a Garrosh. Lor’themar empezaba a dudar de las decisiones de Grito Infernal. Vol’jin había ganado un nuevo aliado.Contrariado con el líder de los elfos de sangre, Garrosh mismo derrotó a ShanKien, el líder mogu, en el Valle de los Emperadores. Cuando estaba a punto de cercenarle la cabeza, Fanlyr apareció y le sugirió al Jefe de Guerra que lo dejase vivir. Si eran capaces de interrogarle, posibemente ShanKien mejor que nadie les diría lo que necesitasen saber sobre la Campana Divina, así como su paradero. A regañadientes, Garrosh aceptó, no sin antes recordarle que si fracasaba, su cabeza adornaría los muros de Orgrimmar.Por suerte para Fanlyr, Baine Pezuña de Sangre, líder tauren, había aprendido de los pandaren un brebaje que podía acceder a los recuerdos de los individuos. Así pues, pudieron entrar en los recuerdos de ShanKien, permitiéndoles conocer la ubicación actual de la Campana Divina. Fue el mismo Baine el que advirtió de los poderes corruptores del sha que se alojaban en la Campana a Garrosh y Lor’themar en su enfrentamiento en el Avance Garrosh’ar. Sin embargo, Garrosh hizo caso omiso a las recomendaciones del tauren, y zanjó la discusión diciendo que la Horda usaría ese poder antiguo, bajo el precio que tuviese. Lor’themar se retiró a Lunargenta contrariado, y se planteó el hecho de retomar viejas alianzas…

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Garrosh marchó contra el paradero de la Campana Divina, pero antes de que la Horda pudiese hacerse con ella, los elfos de la noche de Tyrande se adelantaron y la llevaron a Darnassus gracias a un portal. Enfurecido, el Jefe de Guerra ordenó a Fanlyr que la recuperara costase lo que costase. El mago consiguió escabullirse en la capital kaldorei gracias a los poderes de los Atracasol de Dalaran y se hizo por fin con el artefacto. Cuando Jaina Valiente, actual regente del KirinTor y Dalaran, descubrió el robo y la traición de los Atracasol, apresó a Aethas Atracasol, líder de los Atracasol, y ordenó una purga de todos los elfos de sangre presentes en Dalaran. Aethas pudo escapar a Lunargenta gracias a la ayuda del Gran Magister Rommath, donde una vez más, Lor’themar se mostró furioso por las acciones de Garrosh, que destruyeron la relación del KirinTor y los elfos de sangre.Como colofón a su gran campaña en Pandaria, Garrosh Grito Infernal reunió a todas sus tropas en el Tramo del Emperador, y les mostró su tesoro: la Campana Divina. Insufló valor a todas sus tropas, y les habló del futuro prometedor de la Horda gracias al artefacto. Y para que pudieran verlo por sí mismos, Garrosh hizo sonar la campana. Inmediatamente sus guardias Kor’kron fueron mutando, influenciados por el poder de la Campana, y se convirtieron en engendros del sha. Sin embargo, ni el propio Jefe de Guerra esperó lo que ocurrió a continuación.Anduin Wrynn, el príncipe de Ventormenta, hizo su aparición en el Tramo del Emperador y advirtió a Garrosh que no volviera a usar la campana. Pero Grito Infernal se rió de sus temores y volvió a usar la campana, esta vez sobre su campeón Ishi, el maestro de las espadas, que también mutó por los efectos del sha, y se enfrentó a la escolta de Anduin, mientras el propio Garrosh se enfrentaba a Anduin. Entonces, el joven príncipe de Ventormenta descubrió su as bajo la manga: la Marra Armónica. Era un artefacto creado por los pandaren para inutilizar los poderes de la Campana. Allí donde la Campana Divina lo llenaba todo de caos y odio, la Marra Armónica lo convertía en orden y armonía. Y así lo hizo.

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Anduin hizo sonar la Campana Divina con la Marra Armónica, y transformó todo el caos en orden. El sonido de la Campana aturdió al propio Garrosh, y el sonido penetraba en sus oídos como cuchillos. Sólo quería que esa tortura acabase, y de un golpe destrozó la Campana, que se rompió hecha escombros… que cayeron sobre Anduin, pulverizando sus huesos. Garrosh sonrió, creyéndole muerto, y se marchó con sus tropas, pensando divertido en el sufrimiento que la muerte de su hijo provocaría en Varian Wrynn. Disfrutaba perversamente con la imagen de su enemigo destrozado. Y todo gracias a él.La Campana Divina ya no podía usarse. No importaba. Garrosh Grito Infernal estaba dispuesto a encontrar una manera de dominar la energía del sha y volverse más poderoso. Se lo debía a su padre, Gromm. Era su destino. Por el peso de la sangre.


Hasta aquí llega el fascinante artículo de

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sobre Garrosh Grito Infernal.

Tal vez os podamos traer nuevos artículos interesantes de sus redactores y agradecemos el permiso que nos han otorgado para traeros dichos artículos a MundoWarcraft.

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Me ha encantado el artículo, en verdad. Permite entender un personaje tan profundo y conflictivo como Garrosh (que ha sufrido de cómo fue implementado por Blizzard).

Sólo quiero hacer dos aclaraciones cronológicas con respecto a los artículos:

1)
El suceso entre Garrosh, Krenna y Gorgonna sucede poco después de su llegada a Orgrimmar y por ende antes de que sea consejero de guerra de Thrall (en el artículo es justo al revés). Siendo como es en realidad, tiene sentido por qué Garrosh se muestra tan hostil en las conversaciones del tratado de comercio con Varian: porque ya le pica en la cabeza lo que le dijo Gorgonna de que los orcos están pagando por los pecados de sus padres, algo en lo que él no está de acuerdo.

2)
Luego, la invasión a Gilneas tiene lugar antes que la primera invasión a Vallefresno. Justamente, la invasión a Gilneas desencadenará la admisión de los huargen en la Alianza, que lucha en Vallefresno. De la forma en que se describe en el artículo no tiene sentido: ¿cómo los huargen luchan... si todavía están encerrados tras el Muro de Cringris? Tampoco el inicio de la campaña en los Reinos del Este tuve nada que ver con el Cártel Pantoque, pues estos no se habían unido todavía a la Horda.

Luego, entre otros detalles, Garrosh fue el que declaró la Ley Marcial en las Islas Eco, no Vol'jin y los aventureros. De la misma manera, Jaina no ayudó a retomar el Fuerte del Norte, sino que estuvo a punto de destruir Orgrimmar y la flota de la Horda. El que retomó el Fuerte del Norte fue Varian y la flota de la Alianza.

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