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Morrison104

Ultimas anotaciones de Howard Gardner.

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I

-Prólogo-

(Musica)

-Es algo más… algo más… oscuridad.- Fueron las últimas palabras que oí de la boca de Randolph Warren. En ese momento no lo dilucide con soltura. Y hoy aquellas últimas palabras son algo tan real… algo tan aterrador e inmediato.

Siempre he sido una persona de naturaleza curiosa, un buscador de la verdad, un escritor apasionado por su vocación. A lo largo de mi vida viaje por una infinidad de lugares en busca de la verdad. De aquellas historias que merecen ser contadas y el mundo necesita saber. Howard Gardner hoy no es más que un sinónimo de ingenuidad. Con que seguridad sabría que esa misma curiosidad que alimentaba mi pasión terminaría siendo los incontables clavos de mi inexistente ataúd.

En un vano intento por echar luz entre tanta sombra escribiré, lo que con creces considero, mi última obra <Me temo no existe duda de este último hecho> Oh cuanto brío otorga a mi alma escribir estas palabras. Un anhelo, un último respiro igual de inútil.

Bosque del ocaso… ¿Cómo llegue a las entrañas de este? Aún recuerdo mis palabras al comienzo de este desventurado viaje. <Es por ello que decido aventurarme y aportar, dar constancia de este avance y de la conquista de los miedos. Estas palabras no son más que una breve introducción a lo que podría ser o no la aventura de mi carrera. De contar que sucede cuando el hombre hace frente a la suma de los miedos.>

Ahora mismo es como si estuviera leyendo las palabras de una persona, tan diferente, tan ajena a mí. Una inexorable emoción llenaba mi ser al comienzo de este camino. Como un niño quien se ve superado y totalmente asombrado ante el mundo que le rodea. En ese tiempo me tope por primera vez, y gracias a los rumores corrientes, con los hechos que rodeaban el nombre de Randolph Warren.

Aquello resulto una mina de oro en términos literarios. Un buen hombre, aporreado, reducido ante las circunstancias desfavorables de la vida. Una vuelta completa a su humanidad. Un caso llamativo, cargado de un innegable misterio, la sangre me hervía solo de pensar en las infinitas verdades que yacían tras lo supuestamente sucedido. Justo cuando pensé que podría acercarme a él e indagar sobre su historia en un arranque de inexplicable comportamiento Warren escapo de su lugar de descanso internándose escapando de la seguridad que había conseguido en Villa oscura, y junto con él, la verdad.

<Inconcebible…> Esa mañana había perdido por unos instantes la esperanza y el ánimo aventurero que caracterizaba mi ingenua persona. En mi mesa en la posada yacían repartidas varias hojas, escritos y un cenicero cargado hasta el tope. Fue entonces cuando lo escuche, a unas tantas mesas de distancia, le habían visto huyendo hacia el Sur. Por un momento el agrio olor que impregnaba la posada pareció perder relevancia. Un ápice de luz iluminaba mi camino, iluminaba la pronta verdad. Se trataba de James Carter, un hombre a quien más adelante consideraría mi más preciado amigo, quien junto a un grupo de mercenarios iba tras Warren. Era mi oportunidad aquella que, de forma efímera y sutil se nos presenta, asi que me atreví a acercarme a ellos cualquiera fuera el resultado. Y ahora mismo pienso vanamente en la posibilidad si, en ese entonces, no me hubiera levantado de la mesa.

Fue entonces cuando partimos hacia el Sur hacia el poblado “Amparo de la Luz”. Tras indagar sobre Randolph comenzamos poco a poco a aclarar la bruma que le envolvía. Por momentos se volvía una amenaza, por otros una víctima, la duda acerca de qué tipo de persona era se cernía sobre el grupo. ¿Quién era realmente aquel hombre? El único sobreviviente de todo un personal de caravana. Aficionado al conocimiento arcano. Un prófugo que rotundamente evadía nuestro seguimiento. Los caminos se cerraban y el final de nuestro viaje nos llevaba a la Capilla abandonada a las afueras del poblado.

La duda fue terrible sobre el final. Dentro de la capilla no solo habíamos dado con nuestro objetivo. Sino que había descubierto más. Una extraña organización custodiaba el lugar. Ahora uno de ellos yacía en el suelo muerto asesinado por Randolph y otro aún menos afortunado inerte en un charco de sangre, muerto también, por suicidio al morderse la lengua y los otros se habían dado a la fuga.

El cenit de la situación fue el toparse después de tanto con aquel a quien buscábamos. El desconocimiento acerca de quién era realmente nos hizo dudar. Pero era tarde y él lo sabia la vida en el comenzaba a extinguirse. Sobre el final de su vida nos revelo parte de la verdad. Hicimos lo posible por evitar su muerte pero desde un principio fue inútil. Sus últimas palabras, con insistencia, aún resuenan en mi vigilia constante mientras escribo.

Randolph Warren no fue un mal hombre, sino, una víctima de las incontables desgracias que componen la vida. Su muerte no termino por iluminar el asunto y cuando más cerca estábamos de encontrar respuestas, él, cambio nuestras preguntas. Aun me veo observando a través de aquella ventana en la posada de Villa Oscura sintiendo nostalgia ante el final de esta historia. No podía ser este el final, algo más, algo más yacía tras esta maraña de datos inconclusos. Sería entonces este el comienzo de la senda que recorreríamos Carter y yo… la senda hacia nuestro final.

Prologo de la serie de pequeños relatos referentes a Gardner y los roles relacionados a este.

Ocupare ir añadiendo conforme avance.

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I

(Introducción)

Semanas antes de mi llegada a Ventormenta huí desde el puerto de Menethil hacia la punta sur del continente, rogando a la Luz que guiara mis pasos lejos de ese monstruo infernal que aprendí a llamar madre.

Sin embargo yo sabia que la Luz ya no haría nada por mi... Aquella Oscuridad comenzaba a crecer en mi interior, lo sentía al pasar los días y cuando por fin alcance los bosques en Ocaso, solo pude deducir lo a gusto que estoy aquí. Entre las sombras, siguiendo los caminos en circulo de caravana en caravana, de pueblo en pueblo, oculto, cómodo, protegido por el miedo a lo desconocido. Aquí, por fin, estoy en casa.

V.V.

Introducción previa al rol realizado @

Morrison104

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Durante las semanas consiguientes, tras investigar con insistencia, me había encontrado numerosas veces con Carter con el fin de comparar y ponernos al tanto de los descubrimientos que íbamos haciendo relativos al incidente de la caravana. Y pese a nuestra perseverancia en el asunto yacía sobre nosotros, de forma perceptible, la sensación de vigilancia. Y ante tal cuestión era necesario la discreción. A tal punto que cambiamos de forma recurrente nuestra estructura de encuentros. Asi que, nuestro avance era relativamente lento pero cada vez más sustancioso.

Partimos por lo primero, la caravana. Esta se dirigía de la Vega de Tuercespina, en un viaje de regreso, hacia la capital del reino en Elwynn. Fue durante su trayecto por Bosque del Ocaso que esta desapareció. Sin un leve indicio, sin dejar siquiera un mísero rastro, se desvaneció de nuestro mundo. Y consultar el único superviviente ya no era una opción. La duda latente en ambos era; ¿qué clases de hechos y situaciones vivió Warren para que terminara de forma tan abrupta?

Conforme más ahondábamos en el asunto, de forma discreta, distintos rumores tomaron forma en torno a nosotros. Llegamos a adquirir una ilusoria fama y con esta la tan natural sospecha proveniente de aquellos a quienes habían llegado fragmentos de esta historia. El resto no eran más que meras suposiciones y hasta exageraciones de tanto ir de boca en boca. No era un tipo de fama conveniente para nuestro progreso en la investigación. Muchas veces las puertas se nos cerraban en la cara y otras simplemente no dábamos con nada concreto e útil.

No fue hace mucho que tras bastante tiempo siguiendo testimonios e indicios dudosos fuimos a parar nuevamente a aquella penumbrosa biblioteca en Amparo de la Luz. Aquella mujer de sobrio aspecto y somnolienta expresión, sin duda alguna, despertaba mi curiosidad. En cada oportunidad de dialogo que tuve con ella siempre, dentro de mi cabeza, era factible entrever que ella poseía una comprensión por encima de lo normal y, estando más consciente de ello ahora, sabia más de lo que aparentaba, más de lo que pudiera, o más bien, ella quisiera decir. Aun así ella, de una forma amable y cordial, accedió a permitirnos buscar en los inacabables estantes, repletos de todo tipo de libros, del edificio.

¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto paso hasta dar con él? Aquel viejo, arruinado, polvoriento y difícilmente legible registro histórico. Eso era... claramente era un faro en medio de la niebla. Habíamos dado con la mejor pista en bastante tiempo. Y aun así de forma tan extraña ella no le reconoció.

<Realmente no tenía conocimiento, o catalogación, de que esos documentos se encontraban aquí. Gran parte del material se encuentra catalogado y organizado de forma correspondiente.>

Esas fueran las palabras con las cual ella se excusó viéndoles con una expresión un tanto extraña, sin perder aquella inamovible somnolencia, antes de finalmente entregárnoslos.

En él se detallaban diversos sucesos y eventos ocurridos en todo lo que hoy abarca Bosque del Ocaso. Aunque la mayoría eran concretamente ajenos a nuestros intereses. Tras examinarle a fondo pudimos dar con algo igual de fascinante como inquietante. El caso de la caravana desaparecida sucedido el x del mes x del año 27 no era el único caso.

Una cantidad de alarmante de desapariciones de similares características y condiciones se habían registrado en aquel documento al menos desde la apertura del Portal Oscuro. Aun así… ¿Por qué nadie en estas tierras era consciente de ellos? Como si estas desapariciones simplemente fueran ajenas a la memoria colectiva de las personas que habitan este bosque. Un sinfín de posibles explicaciones revolotearon alrededor de mi cabeza durante el tiempo que me dedique a estudiar aquellos registros y siquiera una terminaba por encajar del todo bien.

Fue en una de las tantas páginas que di con su nombre. El nombre de quien había llevado a cabo este registró el autodenominado historiador “Charles Ward”. Este nombre, esta persona, sería el conductor… seria la pista que nos haría descender aún más en la en historia de estas tierras.

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II

(Caminando la Penumbra)

Noches y días eran confusos. Notábamos el cambio nada mas por los ruidos y los faltantes, ya de por si pocos, rayos de luz dorada que nos dejaban al caer la tarde. Es entonces cuando las faroles del camino deben comenzar a iluminarse conforme pasamos por el. Ocaso demuestra, aun después de semanas de viajes, incursiones con caravanas y conversaciones con los lugareños, ser un aterrador lugar para pasar la noche. Pero aveces la Oscuridad resguarda mas que la Luz.

Mi cacería siempre me hacia volver al sur del Bosque, pero era hora de huir, cual presa victima del miedo.

Ahí, en el sur, eran mas fuertes los rumores sobre las "Dama del ocaso" y los extraños espíritus que se supone guardan los bosques aun hoy, después de su caída a la oscuridad.

Aquí, en el sur, donde desapariciones y pueblos abandonados desde la guerra abundan, así como lugares donde ocultarse sea por la propia seguridad o la emoción del acecho.

Allá en el sur, sera probablemente en uno de tantos puebluchos y cavernas, donde la zorra ocultaba su rabo, después de la fallida invocación en Humedales.

Es por ello que mi ansia en viajar al norte crecía con los días, llegaría el momento en que, incluso las sombras de este bosque no podrían ocultarme de su presencia aquí.

Por otro lado, Gadner y Carter eran una pareja simplemente fascinante, y admirable. Uno guiado por la sed de verdad, el otro quizá mas por su sed literaria. Ciertamente su historia es una muy común entre los tontos y masoquistas que acabábamos llegando al antiguo Aurora. Pero entre ellos se tejia algo mas. Su desinterés mágico, sus pocas posibilidades ante los Oscuros peligros y su entumecidos sentidos ante las muchas veces anunciadas amenazas del bosque... Como dos niños jugando al detective. Como yo.

Ciertamente en esos días era mas ingenuo y emocional, mas torpe y bonachón, quizá deseaba alejarme de parecerme cada vez mas y mas a ella: Un ser despiadado. Quizá solo fuese mi fuerte curiosidad. El hecho es que hasta yo me vi sorprendido al sopesar la idea, y mas aun al anunciarla a la pareja de investigadores. Yo sabia que mis dones serian de utilidad para sus cuellos, su despertar, era lo que me dejaba navegar los bosques a tientas, sin entrar jamas en sus peligros de manera directa.

Presentía que aquel desvió solo lograría llenarme de preguntas y curiosidad, y dichosamente, así fue.

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III

Charles Ward era el nombre del historiador que había llevado a cabo la confección del registro. Cuya primera entrada databa de años posteriores a la apertura del portal y se extendía hasta finales del año veinticinco. Recopilando en él una amplia variedad de sucesos entre ellos las desapercibidas desapariciones.

Su propio nombre ahora nos llevó hacía en un viaje a través de las rutas comerciales que unían el corazón del reino con la Vega de tuercespina hacia el poblado conocido como Villa Carolina. Nos hallábamos bastante entusiasmados tanto como para ignorar cualquier rumor o exageración que se desenvolvieran sobre nosotros provenientes de los pobladores o demás viajeros de la caravana. Los primeros indicios de verdad, de un camino a seguir, eran tan cálidamente palpables frente a nosotros. No lo dudaríamos ni por un segundo. Nos adentraríamos corriendo, saltando y gritando desaforadamente contra aquella neblina, aquella oscuridad, que nos privaba de una verdad suficiente. Sin ser conscientes, apenas siquiera, del gran peligro que corríamos y correríamos por ahondar en las tinieblas de esta tierra maldita. Y Ahora mismo puedo ver que aquella vez realmente corrimos peligro por nuestra negligente ansiedad.

Finalmente una vez dejamos la caravana en una intercepción de las rutas indeseable para aquellos que frecuentan los caminos del bosque. Observamos como las pocas luces que confortablemente nos mantenían alejados de la oscuridad se alejaban junto a la caravana. Y aquí es en donde debo mencionar a aquel muchacho. Proveniente de alguna lejana tierra, en ese momento, nos acompañaba luego de escuchar atentamente aquello que nos traía a aquel lugar. Pese a su joven imagen no titubeo en acompañarnos en nuestra travesía. ¿Sería tan tonto como nosotros? Aun así recordándolo ahora tranquilamente podría sentirme agradecido de su presencia en ese momento.

Un camino maltrecho, abandonado y de una inquietante aura se cernía frente a nosotros. A cada paso observábamos las claras señales de abandono.

Villa Carolina… se había detenido en el tiempo. Uno de los tantos poblados convertidos en ruinas luego de la invasión orca durante la primera guerra y hoy en día sumido en el olvido. Sus calles yacían silentemente vacías y abandonadas. Mientras el mismo bosque se abría paso a través de estas reclamando la porción de tierra que alguna vez fue suya. Cada vez que nos adentrábamos deambulando entre los escombros, y restos de índole desconocida, una inquietante sensación nos acompañaba. Naturalmente Carter lo tomaba a la ligera siendo lo más propio de su persona. Por otro lado el muchacho, Vhygar, se notaba sobresaltado y alerta al entorno que nos rodeaba con un devorador silencio. En ese momento desconocíamos la razón.

A cada paso se disipaba más, y más, la mínima idea de encontrar a Ward al menos en condiciones favorables. La ultima ubicación conocida del historiador Charles Ward… ¿pero por qué? Una vez arribamos frente al edificio toda esperanza se desvaneció en un instante. Era prácticamente imposible concebir la idea de encontrarle allí o al menos vivo… Si bien era remota la posibilidad quizás aún había algo que nos resultara útil en nuestra búsqueda ignorando casi del todo la alarmante alerta que demostraba el muchacho. Él era consciente de aquello que nos esperaba dentro.

En iguales condiciones de abandono y deterioro se encontraba el interior del edificio. Con una falsa sensación de seguridad nos tomamos el tiempo de registrar la primera planta del edificio entre polvorientas estanterías, muebles hechos trizas, y escombros provenientes de la segunda planta. En algún momento de nuestra búsqueda nos separamos. Y fue mientras buscábamos presos de aquella ilusoria sensación que los sentimos. Aquellos pasos ruidosos en la segunda planta, no existía posibilidad que fueran los del muchacho, alguien más se encontraba con nosotros en el edificio. Aquella sensación de seguridad se fracturo en cientos de trozos conforme por un momento nuestra calma se volvió ansiedad. Una lucha por mantenernos lucidos antes las muchas posibilidades. ¿Siquiera existía esperanza para el muchacho? Confinado en la segunda planta con nuestro desconocido acompañante. Durante unos minutos la duda nos perforo las entrañas hasta que finalmente los constantes pasos se tornaron en dirección a las escaleras. No había tiempo debíamos escondernos ante el peligro de aquello que se desconoce.

Escondidos de forma improvisada entre las ruinas de la primera planta le vimos. Conforme descendía por las escaleras con un rígido caminar descubrimos la identidad del cuarto inquilino. Lo que fuera alguna vez una bella dama en vida caminaba ahora en muerte frente a nosotros. El inconfundible olor de la muerte no tardo en llenar la sala junto con una sensación secamente asfixiante que cerraba de una forma tortuosa nuestras gargantas. Podría tratarse de un cadáver ambulante carente de raciocinio similar a aquellos que asolaron el Cerro del Cuervo en estos mismo bosques. Pero algo en su mórbida presencia y forma determinaba que ese no era el caso. Aquella mujer, pese a estar muerta y de pie, no parecía carecer de voluntad. Cada expresión y movimiento en esos desesperantes segundos que permaneció en la primera planta dejaba en evidencia que se trataba de algo más. Un aura anti-natural podría entreverse pese a la obviedad de su naturaleza. Una vez está abandono el edificio nos abordó un alivio instantáneo. Precedido por alivio del bienestar del muchacho. Aun así… aun estábamos en peligro con aquella cosa rondando.

Una vez sellamos cualquier punto de entrada o salida aquella reconfortante y por igual tonta sensación de seguridad volvió a nuestros cuerpos. No había forma de saber si aquella criatura aun rondaba por el poblado o, peor aún, si volvería. Decidimos no correr riesgos por lo que restara de la noche y nos turnaríamos para vigilar mientras intentábamos descansar a la espera del amanecer.

Ward estaba muerto. Muerto junto con este poblado desde la Primera Guerra. Su espíritu se había manifestado frente al muchacho mostrándole el destino que corrió la gente del poblado y junto con a ellos el suyo. Y aún más alarmante aquella cosa se lo había llevado consigo. Antes de ser consumido Charles Ward comento al muchacho que alguien más había tomado aquel registro que él comenzó. Y nuevamente gracias al difunto Ward nos encontrábamos tras otro nombre… esta vez Arthur Dumsay un investigador de asuntos mágicos perteneciente a la Academia de Ventormenta.

¿Realmente siquiera era aquello algo consistente? Aún más desconcertante ¿Quién había escrito aquellas entradas sino fue Ward? Otro camino confuso plagado de pistas ambiguas. Nos hallábamos propiamente en medio del fango. Por aquella noche fue suficiente nuestras mentes cansadas buscaban dormir. Esperando la cálida seguridad del alba.

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