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[Lore] La Historia hasta ahora (Burning Crusade)

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La historia hasta ahora fueron una serie de historias cortas que se publicaron en la página oficial de la expansión Bc_icon.gif y que forman parte de la Historia de Warcraft actualizando el lore previo sobre ciertas razas y aclarando algunos aspectos relevantes sobre los sucesos más importantes que tendrían lugar en el videojuego.

La Historia hasta ahora (BC)

Ayer y Hoy: Conflicto y triunfo en el World of Warcraft

Han pasado dos años desde la fundación de Durotar...

Aunque se ha mantenido el armisticio entre la poderosa Horda y la noble Alianza, las tensiones entre las dos facciones se hacen patentes en conflictos por todo el mundo, que acercan a ambas partes al conflicto total. La lucha se ha iniciado en los estratégicos campos de batalla del Valle de Alterac, la Garganta del Grito de Guerra y la Cuenca de Arathi y, más recientemente, en las Tierras de la Peste del Este y en Silithus.

Aunque estos viejos enemigos han renovado sus disputas, muchos antiguos peligros han resurgido para amenazar a las asediadas razas de Azeroth. Como si fueran espoleados por fuerzas ocultas, oscuros agentes han conseguido poner al mundo al borde del desastre.

En la Cumbre de Roca Negra, el legado del dragón negro Alamuerte sigue fraguándose, ya que Nefarian ha seguido los deleznables pasos de su padre. Con la ayuda de su hermana Onyxia y las argucias de los humanos, Nefarian intentaba restaurar el Vuelo Negro. Con este fin, creó dragones cromáticos, indescriptibles híbrido de dragones negros y rojos.

Mientras tanto, los sacerdotes de Hakkar instauraron primitivos rituales en honor a su demoníaco dios de la sangre. En primer lugar, los sacerdotes del templo de Atal’Hakkar lograron invocar al avatar del dios. Luego, en el interior de las ruinas de Zul’Gurub, los sacerdotes invocaron físicamente en Azeroth al Cazador de Almas, diabólico y sediento de sangre.

Pero la amenaza no se limitaba a un solo reino. Algunos de los dragones verdes que en otra época habían sigo los tenientes de confianza de Ysera, habían sido corrompidos por la Pesadilla Esmeralda que surgió de portales del sueño por todo el mundo, amenazando las vidas de aquellos a los que había protegido.

Por toda Silithus surgieron enjambres de insectos, como guiados por alguna inteligencia antigua y maligna. Tras las puertas del Muro del Escarabajo, los despiadados qiraji se movilizaban una vez más. Fortalecidos por el viejo dios C’Thun, los qiraji preparaban sus legiones para un asalto mundial para vengar su amarga derrota a manos de los Elfos de la Noche mil años atrás.

Y aún más, la garra helada del Exánime volvía a descender sobre Azeroth, y la Plaga renovó su asalto tanto contra los vivos como contra los no-muertos. Inquietantes necrópolis habían aparecido recientemente en torno a las principales ciudades. Las fuerzas de la Alianza y de la Horda se movilizaron y rechazaron a la Plaga. Sin embargo, algunas preguntas siguen en el aire. ¿Fue esta derrota un verdadero contratiempo para el Rey Exánime, o acaso este primer ataque tenía unos objetivos diferentes para la Plaga? En cualquier caso, Kel’Thuzad está claramente preparando el escenario para una apocalíptica invasión a gran escala desde su centro de poder en Naxxramas.

Los héroes del mundo se han enfrentado valientemente a estos desafíos y a más, para asegurar la supervivencia de sus razas. Sin embargo, los peores peligros siguen aún ocultos. Estas amenazas hacen que los habitantes de Azeroth se pregunten si la paz encontrará su lugar en esa tierra...

El Retorno de las Sombras

En las profundidades del Paso de la Muerte, los inquietos fantasmas merodeaban por los oscurecidos salones de Karazhan, donde el poseso mago Medivh pasaba sus últimos días. Tentados por los rumores de los secretos intemporales que se guardaban en su interior, muchos aventureros habían comenzado a infiltrarse en la torre encantada. En los pasajes secretos de la fortaleza arcana, horribles pesadillas han despertado.

En algún lugar, el adormilado dragón Nozdormu se mueve. El Eterno ha sentido una amenaza para sus caminos del tiempo. Agentes ocultos se han infiltrado en las Cavernas del Tiempo para intentar sabotear tres acontecimientos históricos: la fuga de Thrall de Durnholde, la gran batalla de Monte Hyjal y la creación del Portal Oscuro por Medivh. Para enfrentarse a esta terrible amenaza, Nozdormu está reclutando héroes que le ayuden a evitar que el tejido del tiempo se desgarre para siempre.

Con el futuro en peligro, ha surgido una reliquia del pasado, irradiando renovadas energías. Esta reliquia ha permitido a Lord Kazzak activar el actual Portal Oscuro, abriendo así una puerta a...

El mundo destruido de Terrallende

Aquí, antes de que Draenor fuera destruido por los portales de Ner’zhul, los Orcos y los Draenei llegaron a vivir en paz. Ahora esta tierra baldía está gobernada por el siempre ávido de poder Illidan Tormentira, que fuera defensor de los Elfos de la Noche.

Unido a los elfos de sangre del príncipe Kael’Thas Sunstrider y los insidiosos naga, Illidan mantiene su mano dura sobre Terrallende y sus múltiples portales. La Legión Ardiente también ha puesto su mirada sobre Terrallende, con la esperanza de poder utilizar los portales para acceder a numerosos mundos aún intactos. Si los demonios tienen éxito, no quedarán refugiados que sobrevivan a su fiera cruzada.

Además, el demonio Lord Kil’jaedon no ha olvidado que Illidan no logró destruir al rey Exánime. Aunque Illidan aún controla el poderoso Templo Negro, espera la llegada de la Legión Ardiente, y está haciendo los preparativos necesarios. Él y sus aliados luchan para asegurar que los múltiples portales de Terrallende permanecerán cerrados mientras refuerza su base de poder.

Aún así, las fuerzas de Illidan no son la única presencia en Terrallende. Muchas otras facciones merodean por las tierras yermas.

Quedan algunas bandas draenei, aunque algunos ha involucionado para transformarse en tábidos, una sombra de lo que fueron anteriormente. Arrancados de la Luz, los tábidos luchan por su vida y por su cordura.

Además, y para horror del Jefe de la Guerra Thrall, los refugiados orcos de la desolada región habían descubierto y abrazado una nueva forma de corrupción demoníaca. Recientemente, un nuevo grupo de orcos viles habían abandona la Ciudadela de Fuego Infernal, la base de operaciones de la Horda durante la Primera y la Segunda Guerra. Aunque estos salvajes orcos no habían intentado mantener en secreto su presencia en Terrallende, la fuente de su nueva corrupción siendo un misterio.

Usando su fortaleza dimensional, Tempest Keep, los naaru también habían llegado a Terrallende. Estos seres de energía reconocían la importancia estratégicas de las tierras yermas y habían hecho voto de destruir sus jurados enemigos, la Legión, a toda costa. Cuando la mayoría de los naaru partieron a explorar, Kael’thas aprovechó su oportunidad para atacar.

Los elfos de la sangre asaltaron la fortaleza, tomando sus defensas automatizadas y haciéndose con el control de las estructuras satélites del castillo. Kael’thas ha empezado a manipular las extrañas tecnologías de la fortaleza, usándolas para tener bajo control a la propia Netherstorm.

A pesar de los esfuerzos de Illidan para mantener cerrados los portales de Terrallende han anticipado el papel de Terrallende en las nuevas hostilidades y en las aún más peligrosas amenazas. Por eso los ciudadanos de Azeroth no sólo se están preparando para luchar unos contra otros, sino también para el inevitable combate contra la Legión Ardiente. Con este fin, tanto la Horda como la Alianza han reclutado nuevos aliados.

Dos poderosas nuevas razas han dado un paso adelante respondiendo a la llamada. Desolados por la reciente invasión de Quel’Thalas, los Elfos de la Sangre, ingeniosos y adictos a la magia se han unido para reconstruir gran parte de su reino y unirse a la causa de la Horda. Al mismo tiempo, los Draenei, que en otra época habían coexistido pacíficamente con los chamánicos orcos, se habían unido a la Alianza para luchar contra la Legión Ardiente y vengar las pasadas atrocidades de los orcos...

El vuelo de los Draenei

Hace mucho tiempo, en el mundo de Argus, la raza eredar, brillante y con un don único para la magia, atrajo la atención de Sargeras, el Destructor de Mundos. Sargeras ofreció poderes desconocidos a los tres líderes de los eredar - Kil’jaeden, Archimonde y Velen – a cambio de firme lealtad. Velen pronto tuvo una angustiosa visión en la que veía a los eredar transformados en indescriptibles demonios, los primeros miembros sensitivos de la Legión, que crecerían hasta ser enormes y diezmarían la vida.

A pesar de los avisos de Velen, Kil’jaeden y Archimonde decidieron aceptar la oferta de Sargeras. Desesperado por la decisión de sus antiguos amigos, rezó por la llegada de ayuda. Para su sorpresa y alivio, uno de los benevolentes naaru le respondió. Estos seres de energía habían adivinado, al igual que Velen, la formación de la Legión Ardiente.

Los naaru se ofrecieron para acoger a Velen y a otros refugiados. Velen reunió discretamente a aquellos a los que consideraba de confianza, y les denominó draenei, o “los exiliados”. Cuando sargeras volvió a Argus y transformó en demonios a muchos eredar, los draenei lograron escapar de su mundo a duras penas. Furioso, Kil’jaeden juró seguir a Velen hasta el fin del mundo.

Aunque la Legión Ardiente persiguió a los draenei por el cosmos, los naaru instruyeron a los exiliados en el camino de la Luz. Conmovidos, los draenei juraron honrar a la Luz y proteger los ideales de los naaru.

Los draenei se asentaron en un mundo remoto y contactaron con los orcos chamanistas que lo habitaban. Los draenei llamaron Draenor a su nuevo hogar, el “refugio de los exiliados”. Sin embargo, Kil’jaeden seguía persiguiendo a los exiliados y finalmente supo del idílico mundo y de sus insospechados habitantes.

Trabajando a través del chamán Ner’zhul, el señor de los demonios empezó a corromper gradualmente a los orcos. En un determinado momento, Ner’zhul se negó a servir a la Legión, y Kil’jaeden se dirigió hacia su aprendiz. Gul’dan llevó a los orcos a una locura sanguinaria, y la recién formada Horda empezó a masacrar a los pacíficos draenei.

La campaña orca contra los draenei fue brutalmente efectiva. Casi un ochenta por ciento de los draenei fueron destruidos, aunque un pequeño grupo consiguió sobrevivir, incluido el noble Velen.

Los orcos invadieron Azeroth a través del Portal Oscuro de Medivh. Años más tarde, después de la Segunda Guerra, los nuevos portales de Ner’zul reducirían el Draenor a pedazos.

Recientemente, Velen y los draenei supervivientes de una de las estructuras satélite de Tempest Keep y la usaron para escapar de Azeroth. Ahora buscan aliados en su interminable batalla contra la Cruzada Ardiente.

El legado de los Elfos de la Sangre

Hace mucho tiempo, los altos elfos exiliados altos elfos desembarcaron en las costas de Lordaeron. Se adentraron en ellas para encontrar un nuevo hogar, y después de numerosas batallas contra los trols, establecieron el reino de Quel’Thalas.

Usando un vial de agua sagrada extraída del primigenio Pozo de la Eternidad, los altos elfos crearon una fuente de poder mágico en un punto de convergencia de energías místicas en Quel'Thalas. La llamaron La Fuente del Sol. Su potente magia arcana colmó y fortaleció a los altos elfos y pronto fundaron la magnífica ciudad de Lunargenta.

Protegidos por una barrera mágica, los altos elfos disfrutaron de un largo periodo de paz de casi cuatro mil años, pero la paz no estaba destinada a durar. Los trols Amani reunieron un inmenso ejército y asaltaron el reino élfico. Enormemente superados en número, los altos elfos rápidamente formaron una alianza con la nación humana de Arathor. Los elfos enseñaron a un pequeño de humanos como manejar la magia. A cambio los humanos auxiliaron a los elfos en su lucha por destruir el origen del poder de los trols para siempre.

Durante los siguientes años, los altos elfos retornaron a sus costumbres ermitañas, pero durante la Tercera Guerra, el diabólico Príncipe Arthas Menethil llevó la batalla una vez más a sus puertas. Arthas ansiaba el poder de La Fuente del Sol, y no cesaría ante nada ni nadie hasta conseguirlo. Invadió Quel’Thalas y aniquiló a la mayoría de la población. Al final, incluso el Rey Anasterian Sunstrider yacía muerto.

Quedó de manifiesto la adicción que los altos elfos tenían por las energías arcanas de La Fuente del Sol. Ahora que el origen de su poder mágico había desaparecido, los altos elfos que quedaban pronto se volvieron enfermos y apáticos.

El Príncipe Kael’thas, el último del linaje real, regresó de sus estudios en Dalaran para encontrar Quel’Thalas en ruinas. Sediento de venganza, reunió a los supervivientes, les llamó elfos de sangre y tomó a un grupo de los más bravos luchadores para unirse a la batalla contra la Plaga en Lordaeron.

Debido al prejuicio de los humanos, Kael’thas se vio forzado a aceptar la ayuda de Lady Vashj y sus reptiles naga. Cuando los humanos descubrieron que los elfos de sangre habían estado trabajando con los naga, Kael’thas y su grupo fueron hechos prisioneros y condenados a muerte. Lady Vashj pronto llegó para liberarles, conduciéndoles a través de un portal a las quebradas tierras baldías de Tierrallende.

Allí, los elfos conocieron el único ser capaz de poner fin a su hambre: el demonio renegado Illidan Tempestira. Con la seguridad de que los elfos de sangre morirían sin la ayuda de Illidan, Kael’thas acordó servir al traidor. Un solo representante, Rommath, fue enviado de vuelta a Azeroth con un mensaje de esperanza para los restantes elfos de sangre en Quel’Thalas: un día Kaen’thas regresaría para conducir a su gente al paraíso.

Rommath ha hecho grandes progresos adiestrando a los elfos de sangre en avanzadas técnicas para manipular las energías arcanas. Con renovada determinación, los elfos de sangre reconstruyeron Lunargenta, por medio de energías mágicas volátiles. Espoleados por la promesa del retorno de Kael’thas, los fatigados habitantes de Quel’Thalas se centran en recuperar sus fuerzas, incluso mientras forjan un nuevo camino a un incierto futuro.

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