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Kyrie Eleison

II Concurso de Arte Milardo Davinci

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¡Tuercas, arandelas y tornillos! Mi nombre es Milardo Davinci, creador del mejor arte que los mismísimos Titanes han podido cotillear. Algunos podrán decir de mí que me falta un hervor, otros que me pasé de cocción… ¡Pura envidia! Así que, para demostrar al mundo que no sólo pienso en mí, os doy la bienvenida al Segundo y maravichupinoso Concurso de Arte en MundoWarcraft, sí has leído bien.

Busco a los más diestros pintores, escritores y creadores de contenido audiovisual de todo Azeroth para cubrirlos de oro y gloria. Quizás haya entre vosotros un Pablo Picasol, un Lhéo Tolsthoi o un Quen’thien Taranthino. Y para eso estoy yo aquí, para descubrir a esos artistas que lleváis dentro.

Para que mi intuición de Headhunter chisporrotee necesito que cada artista escoja la categoría que más le guste de las que presentaré a continuación para participar en mi Concurso, el Milardo Davinci. Una vez elegido el arte en el que creáis destacar, tan sólo tendréis que darle alas a vuestra imaginación (curiosamente como el eslogan de la famosa bebida Red Cow).

¡Y después qué! Pues que activaré mi O.J.O. Criticón y DESTRUIRÉ TODAS LAS OBRAS Q-.

DISCIPLINAS DEL CONCURSO

Dibujo y pintura

Afilad vuestros lápices y sacar vuestras cajas de plastidecor, pues os presento ¡La categoría de dibujo y pintura! Donde solo los más hábiles con la goma y el ratón, podrán obtener la victoria en una competencia tan ambiciosa como lo puede ser esta. Yo mismo puedo presumir de grandes piezas de la pintura universal de Azeroth, como la "Gnoma Lisa" o "La Tuercus" de Tornilleli; no os pido que alcancéis mi nivel, pues temo que sea imposible mis queridos amiguitos, pero bueno… ¡Solo los valientes conseguirán un primer puesto!

Escritura

¡Oh! ¡La bella escritura! ¿Cuántas historias de amor y batalla habéis utilizado para encandilar a la gnoma más bonita de tu distrito? (Podéis mandármelas a mi correo, [email protected], ¡urge!) ¡Pues ya va siendo hora de que toméis papel y lápiz, y saquéis al literato que lleváis dentro! Con suerte, quizás vuestra pieza se publique como ganadora de este apartado del concurso.

Arte Audiovisual

¡Luces! ¡CÁMARAS! Y… ¡Mi bocata! Armaos de valor, futuros directores de cine (Y de comida, pues me da que vais a pasar hambre) Pues el apartado de arte audiovisual se presenta como última división del Concurso de Arte multidisciplinar de Mundo Warcraft. Quizás no hallan muchas actrices tan guapas como la conocidísima Scarlett Gnomanson, o el atractivo Brad Click, pero seguro que con vuestra creatividad de oro, sois capaces de hacer algo que no me haga dormirme encima de las palomitas.


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Sí, ya sé que esta es la mejor parte pero ¡detente! Primero tendrás que ser lo suficientemente bueno como para merecer uno de estos... jugosos bienes. ¡Uno, dos y tres! Serán los que ganen en cada categoría y los que se merezcan brillar como las pulidas monedas de oro.

Así que, artista de MundoWarcraft, lee atentamente las mieles de la gloria que quizás paladearás:

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Primer premio:
 
3
meses de Cuenta Premium
, para disfrutar de sus comandos extra, decoraciones visuales para realizar eventos o tramas y para endulzar la interpretación de tus roles.

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Segundo premio:
 
2
meses de Cuenta Premium
, para disfrutar de sus comandos extra, decoraciones visuales para realizar eventos o tramas y para endulzar la interpretación de tus roles.

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Tercer premio:
 
1
mes de Cuenta Premium
, para disfrutar de sus comandos extra, decoraciones visuales para realizar eventos o tramas y para endulzar la interpretación de tus roles.

 

PREMIO ESPECIAL PARA LA DISCIPLINA DE ARTE AUDIOVISUAL:
Todos los participantes en la Disciplina de Arte Audiovisual obtendrán
1 mes de Cuenta Premium
solo por su participación, dado que dicha Disciplina requiere un trabajo mayor. De todos los vídeos presentados se elegirá solo 1 como ganador y el que resulte ganador obtendrá
3 meses de Cuenta Premium
.
De solo presentarse un único vídeo y éste no tener la calidad que se esperaría para ser el ganador, se entregará solamente 1 mes de Cuenta Premium, sin quedar puesto ganador en dicha Disciplina.

¡Te deseo toda la suerte de Azeroth y espero que seas el ganador de mi Segundo Concurso de Arte!

Arrivederci~


¡DA COMIENZO EL SEGUNDO EVENTO DE ARTES MULTIDICIPLINAR DE MUNDOWARCRAFT!

La celebración de un aniversario es un momento de alegría para todos los miembros del Equipo, y por ello, queremos celebrarlo contigo… ¡si, contigo! ¿Cómo puedes hacer para participar? ¡Pues muy sencillo! Tan solo debes enviar el siguiente formulario con tu pieza a presentar por MP a la administradora @Kyrie Eleison y rezar para que seas elegido campeón. (¡El e-mail de arriba era simple ambientación!)

Citar
Usuario:

Categoría:

Pieza a Presentar:

Tenéis de tiempo para presentar vuestros trabajos hasta el día 15 de septiembre tiempo suficiente para que podáis exprimir hasta la última gota de vuestra creatividad y entregar auténticas obras de arte. Una vez pasada la fecha límite, el Equipo examinará todos los trabajos en el plazo de una semana y tras ello, se harán públicos los ganadores de cada categoría.

¿Y cuales son las reglas del concurso? Pensaréis… Pues muy sencillas:

 

1.-
Se puede participar si eres jugador del Servidor de Rol y tienes un personaje como mínimo... Y además ¡Puedes participar en todas las categorías simultáneamente! (Buena noticia, ¿eh?)

 

2.-
Debes realizar un trabajo (dentro de la categoría de
dibujo
,
escritura
o
edición de vídeo
) basada en el Universo de Warcraft y la ambientación del Servidor.

 

3.-
El trabajo presentado debe encajar dentro de la
Time Line (Línea de Tiempo)
establecida en el servidor, sin poder adelantarte a momentos temporales posteriores al vivido (¡Somos rápidos, pero no tanto!).

 

4.
- Pueden tomarse como fuentes de inspiración elementos del propio Lore de Warcraft o del rol del mismo servidor, pero no contarán ambientaciones de comunidades ajenas, o similares.

 

5.-
En el caso de los participantes que quieran inscribirse en la categoría de
literatura
, deberán elaborar una pieza que no exceda las cinco páginas de Word y NO puede contener un relato exclusivamente basado en tus propios personajes. Lo ideal es que sea algo de la ambientación del Servidor, o Loristico o cualquier situación del Universo de Warcraft que os inspire. (Relatos de algún PNJ del Lore, Ambientación de algún lugar, Un suceso inquietante, etcétera...)

 

6.-
Si hablamos de los
vídeos
, no podrán exceder un máximo de cinco minutos (¡que ya es decir, ojo!) y deben tener un contenido promocional sobre la ambientación, rol u características que posee el Servidor de MundoWarcraft.
Por ejemplo
: mostrar las decoraciones custom, algún rol interactivo de personajes, posibles eventos, vídeo estilo Machinima de personajes o roles del Servidor y cualquier escena que pueda ofrecer efecto Publicitario de las posibilidades de rol dentro del Servidor. (Un ejemplo de ello son los propios vídeos del
realizados por Abraxas)

 

7.-
Los vídeos deberán ser subidos a una plataforma pública. (Youtube, Vimeo, ...).

 

8.-
En el apartado de
dibujo
, se aceptarán como válidos tanto piezas nacidas de las artes gráficas digitales, como trabajos realizados de la manera más tradicional… ¡La única frontera es vuestra creatividad!

 

9.-
Se puede ganar más de un Premio por tanto el tiempo de
Cuenta Premium
total sería la suma de los Premios ganados.

 

10.-
Cabe una posibilidad remota de que todo participante del Concurso obtenga un premio sorpresa no descrito en la sección Premios de arriba. Quizá... solo es un rumor...

¡Y eso es todo! Esperamos vuestra participación y poder deleitarnos con las fantásticas ideas que os guardáis en el tintero.

¡Feliz aniversario y mucha suerte a los participantes!

El Equipo de Mundo Warcraft.

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Candidatos del Concurso

Categoría de Dibujo y Pintura

  • Participante: @Azalea
  • Pieza presentada:

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  • Participante: @Syolkiir
  • Pieza presentada:

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  • Participante: [MENTION=221]Nymleth[/MENTION]
  • Pieza presentada:

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Categoría de Escritura

  • Participante: @Gaerl
  • Pieza presentada:

[TABLE=class: cms_table_grid, width: 500, align: center]

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Acto I: El Sueño Goblin

Diario mío que nadie lo va a leer. Ya que si te leen, tiene un mecanismo que hace ¡Patapum, chimpum! Y adiós sus manos.

Mi apreciado diario que nadie lo lee. Hoy he soñado que tenía varias mozas goblinas en mi chalet en las Islas Eco. Una hamaca en la terraza, con las dos atractivas goblinas abanicándome, mientras yo bebía ron de coco. Eso es vida, no la mierda de vida que llevo encima.

Así es, hoy he robado un libro taaaan extraño que me duele la cabeza tenerlo. Se lo robe a una luciérnaga que nos cegaba con su armadura. Van ahí pavoneando con su armadura brillante de bronce hasta que ¡Pam! Se quedó sin libro, por idiota. Además de eso, le iba a robar sus calzoncillos. ¿Será de oro? Ni idea pero era muy arriesgado, no lo intenté.

He vendido el libro por unas cuantas piezas de plata. No está mal. Eso sí, tengo que pagar mis deudas al Jefe. No quiero que envié su Comando de Hobgoblins a romperme las piernas, los dientes o cortarme los… ¡Luz, no! por ello como iba de paso, fui a ver al jefe. Dos gordos Hobgoblins apostados en su entrada, vigilando. Esas caras de tonto que me llevan son graciosas. Si, la lie. No pude resistir. Estaban discutiendo entre los dos. Hablé con ellos, y diciendo que el otro es mejor que el otro, acabaron por peleándose. No pude resistir, las risas eran aseguradas. Es una escena terriblemente graciosa: Dos hobgoblins en el suelo, golpeándose uno contra el otro.

Mis carcajadas fue el sonido de fondo de aquella pelea. Aproveché para entrar a dentro y estaba el Jefe contando sus monedas en su escritorio. Mientras tanto, al bajar la mirada, estaba Mónica, una humana que se encontraba debajo de la mesa del Jefe. No sé si estaba limpiando algo o estaba recogiendo las monedas que al Jefe se le podría caer. Lo desconozco. Eso sí, vaya hostia se metió cuando se levantó y su cabeza se golpeó en la parte de arriba de la mesa. No pude resistirme, me volví a reír. Paré de reírme cuando el Jefe me pidió que me acercara y le pagara ya. Le di esa bolsa de dinero y ale, deudas saldadas… o eso creo.


Acto II: Mi amor platónico

Diario mío que nadie lo lee.

Hoy me he enamorado: Mónica, la humana. Quien me iba a decir que acabaría por enamorarme de una chica que no fuera goblina. Mi madre me decía una y otra vez que las humanas no eran de fiar, antes de ser vendida a un prostíbulo. Ahí ya perdí el contacto con mi madre. La vendió mi padre por un chicle, ya era muy anciana. Nadie iba a dar más. Le estafaron, está claro. Me lio, voy a contar lo ocurrido de hoy.

El Jefe me mando a recoger a la humana. Pues nada, fui pavoneándome con mi triciclo y guiñando el ojo a las goblinas que se reían de mí. La pregunta fue ¿Por qué? Simplemente era porque el triciclo chorreaba aceite. Me cago en la mar salada. Tuve que dejar el triciclo ahí e ir en busca de la humana. Al llegar a la casa modesta de lo alto de Trinquete, me encontré a ella en problemas. Era un alto elfo que le intentaba cortejar, fui allí sacando pecho y me acerqué. Le dije que la dejara en paz o se las vería conmigo. El elfo bajo la cabeza mirándome y se rió. Incluso Mónica se reía. Aunque lo que no se esperaban es que sacara de mi cinturón una granada. Ahí es cuando el elfo levantó la mirada y se cago vivo. Huyo. Aunque… Debo de admitir, entre tú y yo diario, que no se asustó por la granada, si no se asustó por el hobgoblin que tenía a mi espalda.

Era el guardia que llevaba Mónica. Fuimos a donde mi triciclo, bueno… Más bien lo que quedaba de ella. Imaginaos un triciclo suelto en medio de Trinquete, lo que queda de ahí es simplemente tuercas y tornillos, nada más. Los malditos chatarreros se llevaron todas las piezas. Sí, me quede sin triciclo y tuve que ir andando. Error, más bien tenía que ir yo andando, pues Mónica se subió a los hombros del Hobgoblin.

Al llegar a la casa modesta, bajo ella de los hombros de su guardia y me dio un beso en la mejilla. Entró a dentro con su hobgoblin a su espalda y yo me volví de color rojo. Pues no te voy a mentir que me fui dando saltos a mi casa, me había olvidado de que había perdido mi triciclo.

Soy idiota.


Acto III: El Juego

Diario mío que nadie lo lee.

Recuerdo cuando aquel dragón vino. Fue hace unos cuantos meses. Lo vimos de lejos y corrí como tal gallina a las cloacas, moviendo los brazos y las manos de un lado para otro. Paso de largo aunque el volcán entro en erupción. Suerte que me metí como polizón en el barco de Gallywix, si no, no sé cómo hubiera sobrevivido. Suerte que nadie se enteró.

A lo que iba… Hoy he ido con unos amigos a jugar a las cartas. Tetx y Sax. Estuvimos en una cantina de Bahía del Botín, jugando a las cartas. Grog por ahí, grog por allá, cartas por aquí, cartas por allá. Estábamos perdiendo contra Tetx, era un buen jugador de cartas o más bien un buen tramposo. Estaba trucada la baraja que él había traído. Jugábamos pero al final le descubrimos y sacamos nuestras pistolas apuntándonos los unos con los otros. Íbamos a dispararnos y el que sobreviviera se llevaría todo el dinero de los cuerpos pero… ¿Adivina quién apareció?

Así es, un grupo de gnomos ebrios. Nos empezaron a insultar, devolvimos los insultos, tiraron una botella, tiramos dos botellas y así hasta llegar a pelearnos a puñetazos. Nos rodearon mucha gente y salieron dos o tres oportunistas goblins con el grito de: ¡Apuestas, apuestas!

Como decía mi padre: Toda situación, es un negocio. Pobre, le vendí por unas piezas de plata a los Ventura & Cia. Y con el dinero me fui de… Me lio solo, como iba diciendo, nos peleamos contra los gnomos hasta que se metió los Truhanes. Parece ser que el posadero salió de ahí, dio unas monedas a los Truhanes de fuera y entraron barriendo y echando a nosotros. Los gnomos se quedaron ya que trabajaban para el Barón Revilgaz. Pues ante los moratones que llevábamos encima y la sangre manchada en nuestra ropa, nos marchamos a Azshara. A los Muelle Pantoque. Bebimos en una cantina, ron de coco por aquí, cóctel de plátano por allá. Nos pusimos borrachos perdidos. Dimos vueltas por el Muelle y vimos un cartel del Tío Bedlam que ponía:

¡TE QUIERO PARA EL BATALLÓN PANTOQUE!

Estábamos borrachos perdidos, nos apostábamos que no me atrevería unirme al batallón. Me presenté a la sucursal de reclutamiento y… Firmé. Gane la apuesta pero perdí mucho más.

Fui un idiota no, lo siguiente. Juro que nunca más beberé. Bueno, quien dice nunca, dice a partir de cuando esté bajo tierra.


Acto IV: La Guerra es Muerte.

Diario mío que nadie lo lee.

He acabado mi instrucción militar y estoy escribiéndote desde una trinchera. He destrozado una de esas balistas o tiracuchillos de los elfos nocturnos. El que está dirigiéndonos, un Legionario que pertenece al Clan Grito de Guerra, es un lunático que no para de gritar y echar a los goblins a campo abierto. Carne de cañón nos llama. Murieron muchos goblins, es un estúpido al mando.

Algún disparo se me ha ido y le he propinado a un orco, la verdad es que mi puntería a larga distancia no es lo mío. Suerte que aprobé para ser tirador, pagando con las ganancias de las apuestas al instructor, claro está. No me gustaría verme en campo abierto como el resto de mis compañeros que murieron por nada. Aquí en trinchera tienes más probabilidad de sobrevivir.

Joder… Eso fue cerca. Casi me da una flecha.


Acto V: Ni héroes ni villanos. Sólo Goblins

Nuevo diario mío que nadie lo va a leer. Ya que si te leen, tiene un mecanismo que hace ¡Patapum, chimpum! Y adiós sus manos.

Soy Ruxx y tú hermano ha muerto. Lo siento.

¿Cómo murió tu hermano? Te lo contaré. Mientras terminaba de escribir el Acto IV, el Legionario estaba viniendo, cerré el libro y cuando estuvo cerca me quito el libro. Me dijo: ¿¡Qué estás escribiendo, recluta idiota?!. A lo mejor pensaba que era un Espía Bonvapor a favor de la Alianza o algo. El caso es que le dije que no lo abriera por nada del mundo y… Le pico la curiosidad, lo abrió. Explotó y adiós manos. Yo le avisé.

Sabía que podría ocurrir así que hui de allí. Me capturaron los elfos nocturnos y estoy entre rejas en no-sé-donde. Uno de mis compañeros, que también está capturado, me dio el libro que hablaba de Minahonda. Mientras a él le sacaban de los calabozos elficos y le dieron el final que ningún goblin quiere e intenta evitar de todas las maneras, yo conseguí escribir lo que posiblemente sería mis últimas páginas de mi vida. Las últimas páginas de este libro estaban en blanco y pude escribir todo esto.

Cambio de prisioneros. Me he salvado. Me encuentro ahora en las rejas de Muelle Pantoque, estoy jodido. Por suerte o desgracia no voy a morir, pues me van a meter como esclavo en una mina. La burocracia goblin no desea perder dinero, un muerto no da dinero, un esclavo sí. Mano de obra gratis igual a dinero gratis.

Los goblins somos muy diferentes al resto de razas; somos egoístas, oportunistas, usureros, mafiosos, rapiñadores, ladrones, estafadores, timadores etc. No sabes en qué lado está un goblin, ni sabes lo que está pensando. Pues somos como el oro. Pasamos de mano en mano.

Por ello: No somos ni héroes, ni villanos. Sólo Goblins.

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  • Participante: @Insane
  • Pieza presentada:

Historia de Takf'ar

Capitulo 1: Dyani

Mi historia se podría decir que comenzó en Draenor, años después de que nuestra nave se estrellase allí y los draenei nos estableciésemos en el planeta, pues cuando el accidente sucedió, quede en coma y cuando desperté no recordaba nada, ni siquiera mi nombre, ni mi oficio, tampoco mis habilidades.

Lo primero que vi al despertar, fue a un draenei que se quedo mirándome fijamente con la boca abierta dejando caer unas mantas antes de salir corriendo por la puerta. Trate de levantarme, pero ni mis brazos, ni mis piernas respondían, por lo que trate de girar sobre mi misma para llegar al borde de la cama, con tan mala suerte que no pude llegar al borde que quería y acabe cayendo al suelo. Empece a mirar a mi alrededor, aunque no había mucho que ver, pues era una habitación con ningún tipo de decoración y mueble salvo del que me acababa de levantar, bueno, intentado mas bien. Intentaba moverme, pero no podía del todo, me costaba demasiado así que me quede mirando al techo. No paso mucho hasta que ese draenei volvió acompañado de dos mas. Al verme en el suelo mirando al techo fijamente se acercaron y volvieron a ponerme donde estaba. No recuerdo mucho de la conversación pero empezaron a preguntarme como me encontraba y si podía moverme. Intentaba contestar como podía, con algún gesto, alguna palabra o sonido. Esto ultimo fue lo que sirvió.

Los siguientes años no los narrare, pues fueron de rehabilitación ya que los tenia atrofiados los músculos por mi largo descanso, pero lo realmente difícil, fue recuperar mi memoria, pues al principio, los sanadores, se centraron en mis músculos y no en mis recuerdos. Durante el tiempo que duro dicha recuperación, estuve acompañada de un joven de piel oscura, dos zarcillos, un poco de perilla y pelo largo recogido en una larga y ancha trenza. No tenia los brazos como los guardias, los cuales entrenaban mucho físicamente, pero tampoco los tenia fofos, si no que eran un termino medio. Su nombre era Darrien y era un mago, que supuestamente fue mi pareja antes del accidente... No me acordaba de el ni de nada en realidad, pero si fue enseñándome sobre los hechos que pasaron y porque estábamos en Draenor, fue paciente conmigo mientras me enseñaba de nuevo sobre las cosas que había olvidado.

Los años pasaron rápidamente mientras Darrien me explicaba, tomándose su tiempo, todo lo que debía saber de nuevo. Me dijo mi nombre y empezó a contarme que yo estudiaba magia cuando ocurrió el accidente, cosa que no acabe de creerme pues realmente no me llamaba la atención, por lo menos no en ese momento, ademas, la presencia de algunos seres de piel de color marron de vez en cuando por la ciudad llamaba mas mi atención. Al parecer era una raza llamada “orcos”, eso despertó mi curiosidad un poco, pero no lo suficiente para acercarme a hablar con uno, pues aparte parecían ir con prisas, entraban en la ciudad a comerciar y luego se iban, era muy poco el contacto que pude ver que se mantenía con ellos, aunque quizás fuese solo cosa mía.

Todo era paz y tranquilidad en la ciudad, no habían problemas graves y todo el mundo era realmente amigable, creí o creíamos que esa paz era eterna y que por fin habíamos escapado de la Legión... pero al parecer, a los draenei nos esperaban varias desgracias mas y todas ellas nada agradables ni tampoco leves....

Mientras Darrien y yo paseábamos por las tiendas para comprar ingredientes para la cena, la cual le había preparado yo desde que me enseñaron a cocinar, cuando de pronto empezó a correr el rumor de que los orcos habían empezado a atacar las ciudades de nuestro pueblo. Creímos que no era mas que un rumor hasta que empezaron a llegar supervivientes muy mal heridos... cada vez llegaban menos admitiendo que habían sido los orcos sus agresores.

Un escalofrió recorrió mi ser y durante los años siguientes, toda la ciudad empezó a prepararse por si los orcos atacaban. Yo misma me uní a las filas de la milicia para ser entrenada como exploradora al menos. Nos enseñaron a usar distintas armas y luego nos dividieron según nuestras preferencias, yo acabe en el grupo de exploradores. Nuestra misión era la misma que el nombre de nuestra unidad decía, explorar el terreno, informar y a veces emboscar.

Todo lo que vi, lo que escuche, lo que tuve que ver impotente... era horrible, una masacre, algo tan horroroso que habría causado pesadillas hasta al mas fiero de los guerreros... Los orcos, eran brutales, crueles... no dejaban a nadie con vida por allí donde pasaban. Tras la ultima exploración, se nos ordeno quedarnos en la ciudad y prepararnos por si atacaban los orcos, pues había caído otra ciudad mas.

Durante ese día, los del grupo hablábamos para relajarnos un poco, practicábamos con los arcos o ballestas para así tener la mente en otra cosa ocupada, pero... nos pillaron por sorpresa, no se como entraron en Shattrah, pero... los orcos ya estaban dentro antes de que tuviésemos tiempo para reaccionar... Nos dividimos para intentar ayudar, pero era tarde. La mayoría de los defensores había caído y yo habría muerto de no ser por Greiret, un draenei de mi grupo de exploración, hábil con la espada y las ballestas, era un bonachón que sabia cuando ponerse serio ademas de velar por la seguridad del grupo antes que por la suya propia... era alguien admirable, y aun lo seguirá siendo en mis recuerdos al menos... Aun así... perdí mi cola ante un hachazo de esos orcos y Greiret fue quien nos cubrió a mi y a uno de los defensores mientras huíamos. Mi herida nos retrasaba, pero pudimos parar un momento para hacer un torniquete muy apurado con un trozo de tela que arrancamos a un cadáver... a un niño... era... era horroroso... Sus ojos no estaban, y su cuerpo había sido abierto en canal, seguramente de un solo hachazo... conforme avanzábamos la escena se repetía, incluso en casos en los que había desmembramientos y los miembros colgados de alguna puerta... era... era la peor de las pesadillas... las calles estaban teñidas con la sangre de mis hermanos y no podíamos hacer mucho por evitarlo.

Cada paso era como pasear por una macabra realidad, en la que la muerte de mi pueblo era lo único que existía y yo estaba ahí, impotente, contemplándolo todo..

Evitamos varios grupos escondiéndonos con los cadáveres, en rincones oscuros, o simplemente acabando con algún grupo de dos, esto ultimo en una ocasión muy rara... Conseguimos escapar a paso lento por mi herida, pues me hacia perder el equilibrio bastantes veces, aun así, lo conseguimos... Tras eso, nos adentramos al bosque de Terokkar donde fuimos emboscados por una patrulla orca y capturados, para posteriormente ser trasladados a uno de los campamentos de los orcos.

No se que ocurrió con mi compañero de huida, pero a mi me trataron la herida, de forma brusca, pero sirvió para mantenerme con vida... Desconocía la razón de ello y no fue, hasta tiempo después, cuando la tuve curada, que lo descubrí... Ese día preferiría haber muerto a tener que soportar lo que ocurrió... Pero no me dejaban hacerlo y ellos me disfrutaban día tras día, me violaban cuando querían, y si oponía resistencia me daban una paliza y luego lo hacían... No podía hacer mas que mantenerme en silencio por ello y abrazarme a un sueño lejano e improbable... El sueño de ser libre de nuevo...

Durante todos esos años de cautiverio y todas aquellas escenas de sexo que protagonizaba con algún o algunos orcos... Tuve una niña, una pequeña joya que me alegraba el día con su sonrisa, hacia que mi esperanza volviese cuando esta se había ido con solo mirarle a los ojos, pues mi deseo había cambiado, y ya no buscaba la libertad para mi... si no para mi hija... para Takf'ar. Mi pequeña paso casi toda su infancia conmigo, en la misma celda donde estaba encerrada año tras año, mes tras mes... Sin que la rutina cambiase.

Un día, por fin pudimos ser libres... No se porque exactamente, tampoco quería saberlo en ese momento, pues lo que realmente me importaba era que, por fin, mi pequeña era libre y podía tener una vida mas feliz a la que tuvo hasta entonces. Marche hacia Nagrand con ella, a las verdes praderas de ese lugar y allí me asenté junto a otros draenei... Pero, años antes... algo raro había sucedido en Draenor... No se el que exactamente, pero aquello que paso, daño el planeta.

Al llegar a mi destino junto a mi pequeña, me contaron que los orcos fueron los causantes de aquel incidente que resulto ser mucho mas dañino de lo que pensaba. No obstante, empece a trabajar en el pequeño asentamiento de mi gente, tan buenamente como podía o mi condición me permitía, a la vez que trataba de criar a Takf'ar.

Espero darle todo lo que necesite y algo mas a mi pequeña, pues es todo lo que puedo hacer por el momento.

Capitulo 2: Takf'ar

No recuerdo demasiado de mi infancia, pues todo recuerdo que tengo de esa época, era de mi madre escondiéndome entre la paja del catre donde vivíamos y diciendo que no mirase lo que iba a pasar. Hacia lo que decía, pues me decía que era un juego al que yo ganaría si conseguía no mirar... Mi madre me protegía, o eso pretendía... Pese a todo lo que le pasaba, siempre trataba de tener una sonrisa para mi cuando aquel mal momento para ella acababa, se tumbaba en la paja temblando, cubriéndose con los harapos que tenia como ropa y mirándome mientras se forzaba a sonreír a la vez que me acomodaba entre sus brazos para que descansase un poco.

No tenia amigos salvo mi progenitora, ella jugaba conmigo, se inventaba juegos ademas de adivinanzas o me contaba historias de antes de acabar en ese lugar. Cuando comíamos y yo me quedaba con hambre, no dudaba en darme un poco de su escasa ración. No era una vida que podía decir que adoraba, pero al menos no me faltaba comida.

Pase años sin saber del todo que era todo aquello hasta que un día mire... Vi como un orco tomaba a mi madre, la ponía contra el suelo bocabajo y se divertía con ella. Un sentimiento se apodero de mi... rabia quizás... odio por esa raza... por ese ser... salí de donde estaba y me lance para tratar de morder a ese orco, pero reacciono y me dio una bofetada... Creí que iba a darme una paliza, por lo que intente, y así iba a ser, pero... Ella me protegió... Aun sabiendo que fue culpa mía, me cubrió con su propio cuerpo mientras ese malnacido la golpeaba para desahogarse y después acabar lo que había empezado.

Ese día vi a mi madre llorar cuando se fue el orco, temblando por la paliza y aferrándose a mi. No sabia que hacer, como reaccionar... Así que solo le abrace y pedí perdón por lo que había hecho mientras unas lagrimas empezaron a brotar de mi rostro, para recorrer mis mejillas. Esa noche, ambas quedamos dormidas así... Nunca me he perdonado lo que paso ese día, pues por mi culpa golpearon a la persona que mas quería, solo por protegerme.

Tras eso, no volví a mirar y cuando venían a hacerle eso a mi madre, simplemente me agarraba el brazo y hacia fuerza para que el dolor de este, me sacase de esa sala durante el tiempo que durase esa diversión de los orcos.

No entiendo que paso en su momento, pero fuimos liberadas varios años después de un temblor que pareció eterno... Ambas marchamos al territorio llamado Nagrand, donde unos seres como mi madre, habían montado un pequeño emplazamiento que usaban para vivir, siempre con sumo cuidado. Observe sus rostros al verme y algunos mostraban pena, otros no pare a mirarlos con suficiente detenimiento, pues seguramente me habrían hundido o enfadado... Aun así, no nos trataron mal, nos dieron alojamiento y trabajo con el que ayudar... Me sentía a gusto en ese sitio, pero no creía que fuese mi hogar.

Pasaban los días y poco a poco, iban llegando algunos pocos supervivientes a todo lo que sucedió... Prisioneros liberados de las manos orcas... También pude saber que aquel temblor de hace años, fue culpa de los orcos también, esa raza tan asquerosa estuvo jugando con magia oscura y ello provoco que el planeta se convirtiese en algo muy distinto a lo que fue antaño. En ese momento pensé en que si ellos habían usado una magia así y lograron que un mundo se resquebrajase... Nada impedía que un acontecimiento similar se repitiese en el futuro... Un escalofrió recorrió mi espalda ante esa posibilidad y fui a hablar con uno de los draenei que vivía allí. Su nombre era Dirael y según se, era mago.

No pareció hacerle mucha gracia el verme, pero si que respondió mis dudas y me explico que hacia falta mucho poder para que sucediese de nuevo algo similar a lo ocurrido en Draenor. Esa noche estuve pensando en que se podría hacer para evitar algo así de nuevo... Prevenirlo... En ese momento fue cuando decidí que quería aprender a usar la magia, no la oscura, si no la que Dirael usaba... la arcana.

Tanto a mi como a mi madre, nos costo que el draenei me enseñase sobre la magia... He de admitir que no esperaba un recibimiento caluroso ni tampoco una buena cara por parte del mago, pero al menos estaba aprendiendo, con mano mucho mas firme que el resto, pero aprendía poco a poco...

Un día, se presentaron en el asentamiento unos draeneis, acompañados de unos seres de piel rosada y bastante fornidos, otros mas pequeños y con barba, pero de aspecto rudo... No nos atacaron pero si había tensión entre ambas partes. Nuestro representante se reunió con el líder de susodicho grupo de extranjeros, y yo, presa de la curiosidad, decidí escuchar a escondidas, cosa de la que no me arrepiento.

Pude escuchar de donde venían y como ir a ese lugar... Cuando escuche que algo se había estrellado allí y habían mas draenei me alegre mucho y corrí a contárselo a mi madre. Ella me escucho y con una sonrisa me revolvió un poco el pelo cuando acabe y le propuse que fuésemos las dos allí... Simplemente me dijo que fuese a dormir que era tarde, yo asentí lentamente y lo hice, pero realmente, me sorprendió lo que vi al día siguiente.

Mi madre había preparado el equipaje de ambas, reunido unos libros, algo de agua, de comida y estaba esperándome con su típica sonrisa. Espero a que me vistiese con la toga que usaba casi siempre, me arreglase un poco y luego, marchamos rumbo al portal oscuro junto a ese grupo que había estado en el asentamiento la noche anterior... Gracias a ellos tuvimos un viaje tranquilo, aunque sus miradas hacia mi eran de pena y asco.

Unos cuantos de ellos se quedaron en unas ruinas que allí habían donde, al parecer, tenían una pequeña base montada... Allí nos dieron un tipo de pase y nos llevaron en unos animales voladores hasta ese portal... Era impresionante, pero a la vez era algo que daba muy mala espina... El caso es que lo atravesamos cuando todo estaba en orden y nos dieron un mapa de Azeroth, marcando donde estaba el resto de los draeneis de aquel otro mundo...

Una vez llegamos a ese sitio, nos dijeron como podíamos llegar allí y así lo hicimos... tuvimos que ir a la otra punta de aquel mundo hasta llegar a las Islas de la Bruma Azur y tardamos bastante en hacerlo... Pero llegamos, lo logramos... Aunque para ellos yo soy un bicho raro, algo que no debería ser, una paria... Me alegro de ver que mi madre se reúne con mas como ella, que sonríe, se ríe, habla con ellos, se reencuentra con algún viejo amigo suyo... Yo soy el fruto de una violación que sufrió esa mujer y aun así, me quiere como si fuese una draenei mas, omitiendo mi condición de mestiza, realmente el regalo que ella me dio, dudo poder pagárselo algún día por completo, pues no solo me dio la vida, si no que me dio una madre a la que querer, que me quería y que me quiere...

Gracias a ella, siento las ganas de luchar para ser reconocida entre los draenei como una mas, o como alguien útil para ellos, espero que ese día llegue, pero por el momento he de seguir mis estudios de magia y seguir tratando de que no me vean como una mestiza... Si no como alguien mas que daría su vida por su pueblo.

Soy Takf'ar, hija de una draenei y soy una mestiza que lucha por hacerse un hueco entre ellos y en la alianza.

  • Participante: @Sacro
  • Pieza presentada:

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-Tribulaciones de un Posadero-

II

200px-0,258,48,177-Brog_Hamfist.jpg[/TD]

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[TR]

[TD=bgcolor: #FFFFCC, align: center]-Las Doradas Arenas del Desierto-

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-¿Quieres saber lo que pienso de los rumores?- sentenció con voz exacerbada- ¡Son más ciertos de lo que te imaginas!-

Brog limpiaba uno de sus tarros con parsimonia, mientras un cansado elfo al que le faltaba un trozo oreja sonreía burlón y rocambolesco.

-¿Qué tan dispuesto estás a arriesgar unas plateadas por probarme tal cosa?-

- No me tientes, mangurrián… ¡No me tientes!- sentenció- ¡Yo he estado ahí!-

El elfo lo observó con los ojos bien abiertos y comenzó a desternillarse, incrédulo.

-¿Tú, el calvo posadero de barriga cervecera? No me lo creo-

Nuevamente la mirada de Brog se perdió en el nirvana, recordando viejos tiempos, en los que aún se le mentaba Blackhorse en aquél barco mercante…


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Los días pasaban lentos.

El sol abrasaba en los mares del oeste. Marinos de espalda ancha se hallaban lacerados por el sol… sus espaldas tenían ronchas y pústulas por el inclemente astro rey de Azeroth. ¡Cualquiera diría que aquellos desdichados eran parte de una tripulación de esclavistas goblin!

Sin embargo, era un asunto completamente distinto. Comerciaban bienes exquisitos que solo podían encontrarse en los puertos del oeste, ya que de donde provenían no había tal exotismo, buscado por algunos excéntricos coleccionistas de artilugios extraños.

Hacía días que habían perdido aparentemente el rumbo, pues el mare magnun habíase ensañado con ellos en una larga tormenta, donde murieron muchos y buenos muchachos, un tanto más jóvenes que él.

Casi naufragaban y las tenebrosas profundidades les devoraban para siempre.

Lo cierto del caso es, que ese día Blackhorse estaba tirado en la cubierta, aprovechando la sombra de una de las velas. Hacía demasiado que no probaba gota de agua dulce alguna y el ron estaba a punto de escasear; estaba deshidratado y necesitaba algo de sombra o se insolaría mucho más y moriría. Sin embargo la luz era piadosa y ellos pudieron subsistir un día más.

-¡Tierra a la vista!-

Los marineros observaron con alivio en un principio las doradas costas de Tanaris. Pero luego pensaron en el terror que se les venía encima…

Las doradas arenas del desierto.

-¡Acercaros al puerto, prepararos, marineros de agua dulce, llegamos a destino-

Blackhorse se echó hacia atrás la larga cabellera… y se santiguó.


El puerto Bonvapor era curiosamente concurrido:

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Calles angostas entre casas símiles a iglúes de arena, goblins de toda clase y género recorrían los concurridos pasillos con voz alzada, ya que desde las casuchas se veían tarantines con variopintos y curiosos artefactos más allá de la imaginación; huevos de “dinosaurios, grandes reptiles que moran en las profundidades de Un´Goro”, piedras precoisas traídas del cráter donde los grandes reptiles se encontraban, reliquias antiguas traídas de las ruinas Trol de los desiertos, perlas doradas, negras y violetas traídas de las costas de Tanaris, piedras preciosas extraídas de las mil agujas y el desierto de sal, escamas de basilisco perfectas para hacer una infusión de muy mal sabor que haría curar los males del desierto, hacer crecer el pelo y endurecer la piel para evitar que se quemase en el horripilante sol del oeste, cabezas disecadas vudú, para la protección contra la magia negra de las ruinas de los trols de las arenas y, lo más curioso y perturbador; un inmenso falo de trol, que serviría según la codiciosa y pícara goblina que lo ofreció, para reanimar la pasión al usarlo como colgante, pues se decía que la regeneración de aquellos seres era mágica y al utilizarlo se podría tener un genial afrodisíaco.

Lo cierto del caso era, que el capitán Marstock no se detuvo ante toda esa chatarrería que ofrecían los comerciantes… él iba a por algo más.

Entraron en una curiosa casucha de aquellas, un tanto alejada del concurrido centro del pueblo. La puerta estaba hecha en una suerte de cortina de huesecillos de animales pequeños y conchas de mar… el olor del interior no era muy agradable.

Dentro había muchos artilugios trol y extraños dibujos pegados en las paredes, símiles a una inmensa puerta que no correspondían a lo que la persona que habitaba aquella casucha tenía en sus estantes.

Un anciano goblin los recibió con pistola en mano, sentado en una extraña silla de ruedas hecha de madera con las piernas cubiertas por una sábana vieja y asquerosa. Blackhorse sintió calor solo de verlo…


Al anciano se le conocía como “El Loco” Gibbs. Loco le decían pues en sus constantes correrías en el desierto cuando era joven había encontrado maravillosas reliquias, que costaban bastante oro y que serían bien preciadas en los mercados de los excéntricos del este, sin embargo el anciano habíase negado rotundamente a vender sus hallazgos, acumulándolos en aquella casucha durante muchísimos años, justificando el bien inmemorial que tenían… contradictorio sin duda alguna para el común goblin.

Según lo que contaba, el viejo Gibbs había encontrado tras sus muchas aventuras en Tanaris pavorosos secretos al sur que le habían costado algo muy preciado para él. En aquellos infecundos desiertos corría el rumor de la existencia de una gran puerta que llevaba a una ciudad perdida repleta de tesoros ancestrales. Gibbs aseguraba que la había descubierto, pero nadie quiso creerle aún con su terrible pérdida como prueba.

-¿Y qué es ese algo, mi buen goblin?- Preguntó, curioso como era en su juventud, el buen Blackhorse- ¿Qué fue lo que perdiste allí?-

El viejo sonrió con amargura y se retiró las sábanas de lo que él pensaba eran sus piernas. Brog se horrorizó al ver dos muñones en lugar de sus extremidades inferiores…

-Este fue el precio a pagar por el hambre de conocimiento… chico- dijo el anciano piel verde con tristeza- sobreviví apenas por un poco, pues mis asistentes pudieron cargar conmigo y atenderme en unas ruinas trol que encontramos como refugio aquella noche. Cuando volvimos, creían que habíamos alucinado por el calor y aseguraron que lo que en realidad me había quitado las piernas había sido un gusano de las arenas, que abundan allá en el sur…-

Marstock interrumpió la conversación, con gesto severo, a pesar del temor y la impresión de sus acompañantes.

- ¿Y hacia donde quedan esas tierras en las que has perdido tus piernas, Gibbs? ¡Tienes una promesa que cumplir!-

El viejo Gibbs observó al capitán mercante con mala cara, aún renuente, mesándose la afilada quijada, llena de verrugas peludas.

- Que un mal rayo me parta si no cumplo mis promesas… soy goblin, pero tengo algo que otros en este lugar no tienen; Honor- El anciano cogió uno de los dibujos que se encontraba en las paredes de su refugio y un mapa bastante antiguo y ajado- Ten presente que este jodido mapa no te dará un camino claro; los vientos cambian la geografía del desierto permanentemente-

- Correré los riesgos, pues las cordilleras que me dijiste aquella vez, seguirán ahí aún hoy- El viejo bufó amargado, al ver el ímpetu de aquél capitán cegado por la codicia y el hambre de riquezas...

- Que sea la luz o lo que sea en lo que crees lo que te cuide el alma, porque allí solo encontrarás la muerte, Marstock… la avaricia romperá tu saco y la de tus compañeros-

Y tras eso, ignorando las advertencias del anciano, marcharon ansiosos de descubrir la puerta y las riquezas que decían se encontraban tras ella.


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Varios de los marineros, poco acostumbrados a marchas tan terribles y dolorosas perecieron durante la marcha… sin embargo, el capitán Marstock fue ajeno a las súplicas de los suyos de volver los pasos y salvar la vida.

La codicia rompía su saco…

Pero como todo hombre que era constante, alcanzó por fin sus objetivos.

Tras agónicos días abrasados por el sol, así como duras noches de frío, el grupo de menguados marineros había llegado tan al sur que no se veía nada más que las inmensas cordilleras amarillentas de piedra que delimitaban el aparente fin de Tanaris. Blackhorse, con su cabello metido en un turbante improvisado con las ropas, avanzaba con un mosquete en sus manos, en bandolera. Su lengua y su boca estaban resecos por la falta de agua… y hacía días había sido víctima de los famosos espejismos del desierto. Subió una colina dorada, hecha de aquél oro sin valor y se quedó con los ojos bien abiertos… allí, de caliza blanca como el marfil y con filigranas doradas, hallábase el muro que rodeaba una puerta de acero ennegrecido antiquísimo… ¡eran ciertas las leyendas!

Y aunque al principio pensó que era imposible su empresa y que morirían… encontró aquello que tanto había esperado encontrar su cruel capitán.

-¡La he encontrado!-

Sus compañeros no lo creyeron… pero tras subir la colina, comenzaron a celebrar con alegría. Marstock, avanzó con rapidez hacia la puerta sin importarle el resto de sus compañeros para corroborar que era cierto lo que decían. Los otros también lo hicieron… Pero Blackhorse no. ¡Que un mal rayo le partiera si no tenía un mal presentimiento al respecto!...

-¡Esperad, deberíamos… deberíamos volver!- gimió con terror, mirándolos. Pero la codicia de todos aquellos les pudo más que el peligro que suponía encontrar una cosa que solo estaba en las leyendas…

Y como toda leyenda prohibida; como toda maldición del desierto, las consecuencias fueron nefastas.

- ¡La hemos encontrado!- gritó marstock con un jolgorio inmenso, pataleando y bailando delante de la puerta-¡Somos ricos, camaradas, ricos como el más adinerado de esos príncipes mercantes, os digo!-

-¡Volved, ahora mismo, Marstock!-

-¡¿Y qué me pasará, muchacho insolente?!- gritó arrogante-¡¿Las arenas me devorarán!?-

Y como la crónica de una espantosa muerte anunciada sucedió. El suelo comenzó a temblar bajo sus pies y de él emergió un terrible ser, de piedra tan blanca como las paredes de aquella puerta maldita… rugió y un sonido metálico, aterrador e indescriptible salió de sus fauces. Lo último que quiso ver Brog Patosar antes de correr fue el como aquella criatura aplastaba entre sus poderosos puños el cuerpo del insolente Marstock, quien dejó de gritar de forma súbita e inmediata.

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-¡¿Y esperas que me crea tales patrañas, Patosar?!- rió el elfo de forma estridente cuando el joven paladín se acercaba a beber su zumo respectivo de todas las tardes, ataviado de la pesada armadura de placas de la iglesia tras una misión al peligroso bosque del Ocaso- ¡Tú no eres más que un posadero, que no ha hecho más que criar y mamar en esta posada maloliente!-

Brog frunció el ceño mirando al Quel´dorei con cierta tristeza, bajando la cabeza. El paladín simplemente se puso junto a ellos, esperando su respectiva bebida. Tras el elfo reír, tomó un respiro y prosiguió…

-¿Y si fuese cierto todo eso, mi querido “aventurero”…cómo fue que sobreviviste?-

- Tenía el mapa en mis manos al ir a la cabeza… y recorrí las cordilleras hasta llegar a la costa…el resto fue relativamente fácil… casi no sobrevivo, de no ser por los merodeadores que robaban el agua dulce a los goblins en Tanaris… quizás no lo contaría ahora-

El elfo rió cínico una vez más, bebiendo de su botella de ron.

-Sí, claro y yo te dije hasta el cansancio que fui soldado, pero no me crees- dijo, sonriente- y por el principio de paridad, no te creo yo tampoco-

El joven Paladín, pues, tras escuchar aquello y recordar las tribulaciones del posadero querido por todos, pero menospreciado, sentenció…

-No siempre los héroes visten flamantes armaduras doradas, maese quel´dorei- musitó con suavidad- lo que hace a este mundo realmente vivo son los pequeños detalles; en lo cotidiano… eso es lo que realmente hace este mundo heroico… hasta el más humilde, tiene una historia detrás que nadie conoce-

El elfo bufó y el Posadero miró al paladín con un gesto agradecido. Una vez más cada quien fue a lo suyo, mientras Brog Patosar se pasaba la mano por la nuca donde aún tenía marcas de las quemaduras que en su momento le azotaron en las doradas arenas del desierto.

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  • Participante: @Luna
  • Pieza presentada:

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El retoño y las sombras

Dicen que el muro se levantó para protegernos. Para protegernos de la amenaza de extranjeros ¿pero quién nos protege de nosotros mismos? Dicen que los Rebeldes luchan por Gilneas. Dicen que los lealistas luchan por Gilneas. Si ambos bandos luchan por Gilneas ¿Por qué luchan entre sí? ¿Por qué hermanos matan hermanos? Dicen muchas cosas y nada de eso cabe en mi mente.

Yo era una pequeña niña cuando oía de estos conflictos y preguntaba con inocencia “¿Por qué no se disculpan?”. Los adultos solo sonreían a la vez que acarician mi cabeza diciendo que solo era muy inocente. Vivía al sur de Gilneas en una pequeña granja y solo vivíamos de todo lo que pudiéramos cosechar. Vivíamos el día al día y yo sentía que éramos ricos aun en nuestra pobreza.

Por algún motivo que nunca comprenderé, mi padre y mis hermanos decidieron luchar en la guerra civil. Dejaron sus azadas solo para empuñar los rifles. Mis hermanos se despidieron con torpes abrazos, mi padre dio un beso en la frente a todos los que nos quedábamos atrás y a mí me dedico una cálida sonrisa. “Mi pequeña valiente, a ti te encargo mi casa y mi familia.” Marcharon. Marcharon dejando atrás una familia, marcharon dejando una familia para nunca más volver a ver.

Nunca olvidare cuando unas cajas improvisadas de madera llegaron a casa y dentro estaban los restos de mi padre y mis hermanos. Quienes los trajeron no hicieron más que dar unas torpes disculpas antes de retirarse. No dijeron más. No dijeron que fueron héroes, ni que salvaron la vida a nadie. No dijeron que mi padre y mis hermanos marcaron la diferencia, ni que sus muertes produjeron un cambio importante. No pasó nada. Simplemente fueron, dispararon unas cuantas veces, quizás mataron a algún gilneano pero al final, fue otro Gilneano quien los mato.

Nunca olvidare como mi madre se arrastró por la tierra llorando, el cómo se tiraba de los cabellos al ver que su marido y sus hijos murieron en vano. Nadie consoló a la viuda que había perdido a la mitad de su familia. La viuda se negó a recibir ayuda cuando bajo la lluvia cavo tres pozos. Con sus manos desnudas, tres pozos cavo. Tres días lloro y aun así no recuperó sus fuerzas. La pena y la fría lluvia que la cubrió ese día marcaron su fin. Mi madre se reunió con ellos pero aquí quedamos nosotras.

Como mi padre me lo pidió yo cuide de la familia. Solo quedamos mi abuela, mi hermana y yo. Mi pequeña hermana aún era muy joven para entender lo que había pasado. Mi abuela aun tenia fuerzas para cuidar de las cosechas pero no por mucho tiempo. A tan tierna edad debí tomar las riendas. De sol a sol trabaje, sin descansos ni tiempos para pensar en juegos. Parece como si fuera que ha pasado una eternidad de la última vez que toque mis muñecas de trapo. Alguna vez me sentí rica al mirar el campo pero ahora me siento miserable.

No pensaba en nada excepto que debía ir al campo a cuidar de los cultivos, que debía cosechar o alimentar a los animales. Por las noches estaba tan cansada que no podía pensar en nada más, solo podía abandonarme en los brazos del dios de los sueños. Yo simplemente no vivía y veía la injusticia en todos lados. ¿Merecía la pena vivir así? De todos modos la guerra civil no termina, de todos modos la gente mata gente y de todos modos la vida acaba sin pena ni gloria.

Una mañana cualquiera vi a mi abuela salir de la casa y me dijo “deja lo que haces y sígueme”. Sin preguntar deje que lo hacía y la seguí. La seguí hasta un denso bosque que no quedaba lejos del campo. Un bosque virgen en la que crecían frondosos árboles cuyas ramas llegaban tan alto buscando alcanzar las estrellas. Sus ramas se entretejían unas con otras y sus hojas cubrían todo hueco por la cual podría pasar la luz del sol. Era tan oscuro que a pesar de ser una mañana clara ahí parecía un ocaso.

Mi abuela me guio por el bosque y me dijo que viera, y yo vi. Lo primero que note fue la gran vida que había en ese bosque y que a la vez no había. Hojas verdes formaban el techo del bosque. Pilares de madera viva me rodeaban y grandes raíces brotaban de los suelos. La tierra por donde pisaba se encontraba cubierta de hojas caídas que comenzaban a secarse. Note entre las hojas un pequeño brote que buscaba crecer pero se veía débil y enfermo.

“Esto es lo que pasa cuando privas a una planta de la luz del sol”. Dijo mi abuela. El retoño creció solo para morir. Camine otro rato más y vi otros retoños muertos, hasta vi una semilla abandonada en el suelo que pronto trataría de brotar vida. Nuevas plantas no podían crecer bajo las imponentes sombras. Me volví a mi abuela esperando a que me explicara porque veía esto. Ella sonrió con su habitual ternura y sus ojos cansados se veían cargados de una sabiduría ganada por los años.

“Estos retoños son tú, son tus hermanos, tú padre, tu madre y todos cuantos conoces. Los grandes árboles serían todos aquellos quienes consideras enemigos, asesinos, ladrones, nobles, reyes, líderes. Gente con poder. ¿Es culpa de los grandes árboles que los pequeños retoños no puedan crecer?”

Su pregunta me dejo extrañada, no entendí que tenía que ver lo uno con lo otro pero si me provoco rabia. Me enfurecía pensar que me comparaba con una pequeña plantita que moría incapaz de hacer nada. “Sí, pues sus grandes ramas no permiten que los rayos de luz alimenten a los retoños” respondí.

“No, mi retoño. Los grandes árboles no son los culpables de que los pequeños no sean capaces de nutrirse. Son las mismas sombras”. La respuesta no me aclaro nada, solo me dejo más confusa y mi abuela sonrió más paciente antes de seguir explicándose. “Si tú eres el retoño, la luz es la plenitud de tu vida, tu alegría, tu felicidad y tu paz. Las sombras que te cubren son las dudas, el temor, la ira y la tristeza. Las ramas que proyectan esas sombras no serían más que todo el mal que has vivido. Si no te purgas de tus propias sombras nunca podrás vivir. Y te marchitaras como este retoño”.

Mi abuela no dijo más, solo me dejo sola en el bosque para que meditara y no comprendí sus palabras. Me retire a casa y los días pasaron sin pasar nada digno de mención. Una noche azoto una gran tormenta en esa región, tan fuerte que casi perdimos la casa y en el bosque cayeron arboles viejos. Cuando la tormenta amaino mi abuela me envió al bosque a mirar los destrozos. Recorrí hasta que llegue ahí donde estaban los retoños. Cayeron varios árboles y en su lugar dejaron abierto un pequeño claro. Días más tarde mi abuela volvió a enviarme a ver el claro y ahí vi que los retoños comenzaban a crecer con fuerza y vitalidad. Al fin veían la luz del sol y crecían con gran vitalidad.

“Al final de la tormenta siempre sale el sol” dijo repitiendo el viejo dicho popular y su sonrisa me recordó la lección de los retoños. Desde ese día no podía pensar en otra cosa que no fueran las lecciones de mi abuela. Trabaje en el campo sin descanso. Entonces ocurrió.

Todo ocurrió rápido, criaturas monstruosas atacaron nuestro campo, feroces criaturas lupinas mataron los pocos animales que teníamos. A duras penas mi hermana y yo subimos a los caballos para huir pero no mi abuela. Tan agotada por el peso de la edad no fue capaz de correr. Lo último que vi de ella fue su cálida sonrisa y sus viejos ojos cargados con la sabiduría ganada por los años. Eso fue lo último que vi de ella justo antes de que las criaturas tomaran su vida. Todo pasó tan rápido, ni siquiera recuerdo en que momento me alcanzaron esas criaturas.

Desperté como una de las bestias que tomaron la vida de mi abuela. Desperté viendo al reino partido por un cataclismo. Pero desperté viendo un cambio, por una vez parecían olvidar los rencores de la guerra civil y al fin pensaban luchar verdaderamente por Gilneas. Y sin embargo lo perdimos todo. La familia, las tierras y la humanidad. No, no todo.

Los Gilneanos debimos abandonar nuestra nación y refugiarnos en las tierras de nuestros nuevos aliados. Estando en el barco me voltee y a mi hermana vi. Lo perdimos casi todo pero aún seguimos aquí tras la tormenta. Aun podemos ver la luz del sol, todavía podemos crecer. Estoy maldita, soy un huargen y no pienso marchitarme, purgare mis sombras y el sol resplandeciente veré al fin.

  • Participante: @Huwex
  • Pieza presentada:

Fue un atardecer húmedo de septiembre cuando posé por primera vez mis ojos en Roger Mason, éste estaba borracho, apoyado aún por sus propios medios en la pared de un establecimiento situado en uno de los barrios mejor provistos.

Un goblin joven, de unos dieciséis años, sostenía frente al humano una chaqueta oscura de lino, algo sucia y arrugada a estas alturas del día. El rostro de Roger era jovial, soñador y su cabello lucía rojo como la mismísima sangre. A primera vista, era fácil darse cuenta de que su nariz, ligeramente torcida a la izquierda, se había roto en algún momento de su vida. No parecía un mal muchacho, solo uno que había gastado demasiado dinero bebiendo, aunque fuese tan alejado de los barrios de mala muerte. Él alcohol hace el mismo efecto en un palacio que en una madriguera de cucarachas.

Junto a él había una muchacha. Sus cabellos rubios aún brillaban encantadores con las últimas horas de luz del día; de sus labios asomaba discreta y lejana una sonrisa carmesí y sobre sus hombros descansaba un visón blanco que oscurecía por mucho la triste chaqueta de lino que el goblin aún sujetaba.

El joven goblin era de esos que mantienen una ensanchada sonrisa sin importar lo más mínimo la circunstancia, mientras en sus diminutas mentes maquinan en silencio una escalera mecánica que pretenderán subir durante cada año de sus vidas, hasta la cima. De piel verdosa, muy viva, comenzaba a perder la paciencia, sin borrar la sonrisa.

- Oiga, señor – dijo subrayando las palabras, entre los brillantes dientes de su sonrisa- ¿quiere usted tener la santísima amabilidad de recoger su chaqueta? ¿O es que prefiere que la sujete el suelo?

El joven pelirrojo lanzó una mirada al goblin que debió haberle traspasado la espalda. Sin embargo no se conmovió ni lo más mínimo. En “La Coronita” ya están acostumbrados a esta clase de gente que espera en la puerta soñando en etílico, a que una intervención divina les señale el camino de regreso a casa.

Una pareja de radiantes elfos, de ojos verdosos, pasó a un lado del grupo y se internó en el local.

En un encantador arranque de espontaneidad, la muchacha rubia dijo:

- Tengo una idea maravillosa querido. ¿Por qué no entramos y apuestas un poco en las cartas? Luego podemos subir un par de locales más y darnos un baño en una de esas piscinas.

El muchacho de pelo de fuego replicó cortésmente:

- Lo siento mucho, pero no me queda dinero.

Cualquiera que hubiese escuchado estas palabras habría puesto en duda lo que el muchacho había bebido, e incluso podría haber llegado a pensar que todo lo que había cruzado su gaznate era un zumo de frutas fresco.

-¿No te queda querido? ¿Cómo es posible?

La muchacha se aparto dos simples pasos de su compañero, pero su voz se alejó varios más que ella.

- Tuve que hacerlo para poder comer.

- Ah, comprendo.

Si sobre aquella figura rubia hubiese caído en ese momento toda la nieve de Dun Morogh, no se habría derretido.

Ahora la sonrisa del goblin era sincera, no forzada. Lo tenía en una buena posición para deshacerse de él. Un tipo sin dinero.

En ese preciso instante, como si de un mecanismo se tratara, el goblin dejó caer la chaqueta al suelo, y sin mirar atrás se internó al edificio, cerrando la puerta tras de si. El hombre se encorvó para recogerla, dando unos torpes pasos que lo hicieron tropezar. De modo que yo intervine y puse mi granito de arena. No suele ser de lo más adecuado juntarse con un borracho. Aunque uno lo conozca mejor que a sí mismo, este es capaz de soltarle al otro un tortazo que le salte todos los dientes. Lo tomé por los sobacos y lo enderecé.

-Muchísimas gracias – agradeció, con palabras suaves y corteses.

De la muchacha, tras este efímero intervalo de tiempo, solo quedó su dulce perfume. El hombre se excusó torpemente y no me dio tiempo a más. Giró, balanceándose sobre los talones de sus zapatos y, poniéndose la oscura chaqueta de lino, abandonó el lugar haciendo resonar los pulidos tablones de madera de la plataforma bajo sus pasos.

Esa fue la primera vez que vi a Roger Mason.

Lo volví a ver casi dos semanas después de aquel día, siendo pateado, por dos Truhanes, a lo que evidentemente era un edificio de la intendencia del Barón Revilgaz, esposado. A veces aún me pregunto qué fue lo que me empujó a seguir al trío, pasarelas abajo, hasta llegar a una plataforma adherida a la pared del golfo en el que la ciudad estaba construida.

Quizás fue la simple curiosidad, pero ahora, días después, he de reconocer que de lo más profundo de mi mismo surgía un sentimiento de afecto hacia aquel muchacho de pelos rojizos. Ni si quiera lo conocía, por aquel entonces no sabía su nombre, pero era algo inevitable. Habiendo pasado tanto tiempo rodeado de los más oscuros murmullos de la ciudad portuaria, al ver entre sus habitantes alguien como él, que no parece llegar a encajar en ella, siempre me ha producido esa sensación desde entonces.

Me detuve en el ancho umbral de los portones del blanquecino edificio. Todo sea dicho, tras el tsunami que dejó la ciudad renqueando de sus cuatro bases, Bonvapor había hecho un trabajo excelente en su reconstrucción, y en un tiempo récord. Este edificio no era la excepción. Entrar habría sido una estupidez. Quizá durante los primeros pasos no habrías tenido que responder ninguna pregunta, pero durante los tres siguientes ya no tendrías la oportunidad de hacerlo.

Un goblin de piel descolorida se detuvo a mi lado. Su rostro, marcado de las arrugas de la edad y algunas cicatrices que no se diferenciaban de las primeras, era el pilar de una testa en la que el pelo castaño ya cargaba con un buen número de canas. Vestía bien. Un chaleco de lino marrón, por encima de una camisa blanca a cuyo cuello rodeaba una corbata escarlata pulcramente anudada. Los pantalones oscuros terminaban en unos mocasines marrones, del mismo tono que el chaleco. Se apoyaba en un bastón más bien poco lustroso, con un simple pomo de madera blanca pulida. Yo conocía a ese goblin. Gezix Skievitz, mascarón de proa de un navío llamado “La Comisión”, que ya había comenzado a hundirse.

-Roger Mason –dijo Skievitz, sin mirarme- Dicen que ha asesinado a su esposa.

El rostro del anciano goblin no varió un ápice tras sus palabras. Sus ojos, cultivo de futuras cataratas, miraban fijamente el interior del edificio en el que se había internado Roger Mason y su elocuente compañía.

-Él no la mató. –me salió del alma. Jamás había dicho algo con tanta seguridad. En cuanto lo dije, bajé la mirada al anciano, quizás más sorprendido incluso que él de mis palabras.

-No, él no la mató, pero para Revilgaz es más productivo cuidar sus relaciones en Ventormenta. –Gezix alzó la mirada hacia mí, por primera vez- Ella era la hija de lord Morgan. Una muchacha rubia, deslumbrante, encantadora.

Dejó entreabiertos sus envejecidos labios, como si fuese a añadir algo más a su breve discurso, pero debió retractarse. En ese momento, los dos Truhanes que habían acompañado gustosamente a Mason dentro, salieron, sin más compañía que sus puntiagudas mazas descansando en sus cintos. Miraron ambos a Skievitz un instante, y siguieron su camino.

-Buenos días.

Gezix Skievitz los siguió, haciendo resonar la punta plateada de su bastón contra la madera de la plataforma. Su caminar encorvado delataba su edad tanto como las arrugas de su rostro. No he vuelto a ver a Roger Mason, y tampoco a Gezix Skievitz.

Bahía del Botín. Durante cada una de las veinticuatro horas del día hay alguien corriendo, y alguien que trata de atraparlo. Entre las pulidas pasarelas y niveles de la ciudad se cometen centenares de crímenes. La gente muere, es mutilada, herida o simplemente desaparece de la faz de la tierra. Son golpeados, robados, estrangulados, asesinados. En la sociedad goblin la gente se siente hambrienta, enferma, desesperada en su soledad o por el miedo, enojada, cruel y estremecida en sollozos silenciosos que colman cada esquina de la ciudad de madera. Una ciudad no peor que cualquier otra, una ciudad rica y vigorosa, llena de orgullo. Una ciudad perdida y llena de vacuidad.

El punto de vista depende del lado desde que lo mires, y el dinero siempre ayuda a tener una perspectiva más cómoda.

La versión que comenzó a pulular por entre las callejuelas de la ciudad hablaba del suicidio de Roger Mason que, tras quitar la vida a su esposa, se había quitado la suya en un arranque de odio a sí mismo. Esto, tal vez en Ventormenta, habría ganado credibilidad, mas aquí, entre esquinas levantadas sobre cadáveres de desdichados y compañías propulsadas por esclavos que pierden su último aliento elevando un poco más los pies de su amo, esas versiones no existen.

Roger Mason fue el chivo expiatorio de alguien que quiso deshacerse de su mujer, la hija del acaudalado lord ventormentino, Lord Peter Morgan. Mason probablemente murió el día después de mi encuentro con Gezix, apaleado en alguna celda del Barón.

En los juegos de los grandes tipos la vida de un hombre no tiene más valor que una bala. Una vez utilizada, disparada, ya ha cumplido su papel. Todos estos grandes magnates y barones, rodeados de matones que se hacen los guapos ante aquellos supuestamente inferiores, defienden sus relaciones con uñas y dientes. Bonvapor había perdido las extremidades de su imperio tras el cataclismo. A estas alturas, como bien dijo Gezix, cuidar sus relaciones era lo más importante, sobre todo si la contra es salvar la vida de un hombre inocente.

Si, quizás Mason la mató, pero pronto descubrí que no fue así.

Cuando uno mete las narices en un asunto escabroso como este, en el que la gente muere por cubrir una polvorienta verdad, lo adecuado es no husmear más de lo necesario. Debe llegar un punto en el que se necesite parar, dejar un margen de tiempo antes de continuar. Realicé mis pesquisas y descubrí que la muchacha había sido atravesada por cuatro flechas cuando pasaba la tarde en una poza fuera de la ciudad. Mason jamás habría sido capaz de tensar un arco, no con su físico, siquiera con su carácter. Dudo que apenas hubiese conseguido levantar el cañón de un revolver sin agujerearse una rodilla.

Con todo esto en la cabeza, me dirigí al mismo local en el que vi al muchacho y su mujer por primera vez. Entré y pedí un trago, uno largo y fuerte. Quizás fue mi subconsciente el que esperaba lo peor, y a razón de ello me hizo pedir algo que pudiese disfrutar de verdad. ¿A quién pertenecía el local? A Skievitz, si, el mismo Skievitz. Si era coincidencia o no, no he llegado a dilucidarlo. Podría haber preguntado al camarero, o a alguno de esos goblins de piel amarillenta llamados “Los Mangos” que tocaban alegremente en el estrado del bar.

Pero no tuve tiempo para nada de eso. El reverberante sonido de unos disparos, el fuerte olor de la pólvora, el sólido contacto en mi nuca me cerró los ojos y me envió a un viaje maravilloso en el que yo era el rey de un reino perdido en una isla al norte del mundo, una maravilla.

Desgraciadamente no desperté en ese reino. Tampoco lo hice en buen estado, ni si quiera bajo una luz o rodeado de buen olor. A veces se me olvida que la curiosidad mató al gato. Yo no era un gato, pero probablemente iba a morir y nadie sentiría de repente que su mundo se había quedado sin suelo.


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Informo de que quedan 5 días de plazo para presentar piezas para el Concurso, así que si alguno se lo estaba pensando y todavía tiene el gusanillo ¡anímate, todavía tienes tiempo!

Para los participantes del Concurso de Vídeos me gustaría pediros un favor de ser posible, para poder promocionar MundoWarcraft con vuestras creaciones, quisiera subir los vídeos a nuestro Canal de Youtube, para poderlos tener ahí expuestos. Necesito que subáis el archivo del vídeo que grabasteis a Mega o Dropbox, etc, cuaquier servidor de estos de descarga directa, donde yo pueda bajar el archivo de vídeo, antes de subirlo a Youtube, para tener la mayor calidad del mismo y yo subirlo a luego al Canal de MundoWarcraft (Me enviáis el link de descarga directa por MP, porfavor ;) ). @Sacro @Disso @Huwex @Astrea

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Ganadores del 2do Concurso de Arte Milardo Davinci

GANADORES - DIBUJOS:

  1. Syolkiir (3 meses de Cuenta Premium)
  2. Nymleth (2 meses de Cuenta Premium)
  3. Azalea (1 mes de Cuenta Premium)

GANADORES - RELATOS:

  1. Huwex (3 meses de Cuenta Premium)
  2. Sacro (2 meses de Cuenta Premium)
  3. Luna (1 mes de Cuenta Premium)

GANADOR - VÍDEOS:

  1. Astrea (3 meses de Cuenta Premium)

    1. Nota: el resto de participantes obtendrán también 1 mes de Cuenta Premium por su participación, como se estableció en la normativa especial de esta categoría. - Disso, Sacro, Huwex y Galdoreth.



¡ENHORABUENA A LOS GANADORES!
Las Cuentas Premium serán aplicadas desde hoy y se sumará el tiempo si ya existe Cuenta Premium actualmente en algún usuario, como también se suman los meses si alguno de los participantes ha ganado premio en más de una categoría.
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Informo de que este año también se entregará un premio sorpresa, como lo hicimos el año pasado, a todos los que habéis participado ;)

La administración os enviaremos un MP a cada uno informandoos de cual es el premio y lo necesario para entregaroslo, en los próximos días. (Hemos estado bastante ocupados)

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Informo a los participantes que recibieron el MP para el Premio sorpresa, que lo tendrán, no nos hemos olvidado, sin embargo dado que muy pronto migraremos a Pandaria, me parece mejor crear ya los objetos de premio en el nuevo servidor, para no tener que hacerlo dos veces en tan poco tiempo.

Atentamente, Administrador Saint.

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