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Zyan

[Rous] Memorias del pasado

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Recuerdo de infancia: 

 

La dulce voz interrumpía el silencio de la habitación. La niña se hallaba sentada sobre una silla, moviendo sus piernas con alegría. Tras ella, sentada a la misma altura pero con una figura más alta y elegante, peinaba sus cabellos introduciéndolos por la seda espiral de sus mechas. El canto, no era más que un mero susurro, thalassiano, entonando palabras sobre lealtad y devoción a una causa indeterminada. A ojos de la pequeña elfa, de aquel entonces, era tan solo una canción.

 -   Aliana – Saludo una voz tras ambas, apartado en el umbral de la puerta. Ni siquiera se molestó en dar aviso, dando unos pasos hacia ambas.

Era un elfo de tres siglos, con expresión cansada en el rostro, que no había envejecido un poco desde que alcanzó la adultez. Como una maldición inmortal. Pese a ser consciente de la muerte que acecha a los que viven tantos años.

  -  Lord Aral. No esperaba verle tan pronto. –  Respondió la elfa, apenas girando su rostro para verlo a su lado.

La niña giro el rostro, borrando la sonrisa. Adoptando una máscara de indiferencia y carencia emocional. Había sido entrenada a mantener sus emociones dentro de una caja.

Junto a Lord Aral, se asomó un joven, más bajo y delgado, vestido con elegante túnica rojiza bordada con detalles dorados.

  -  ¡Pequeña Rous! ¡Ven aquí!  - Dijo abriendo sus brazos, indicándole que se acerque.

Entre dudas, la infante se apartó de los brazos de su madre, descendiendo de la silla, haciendo sonar sus zapatos negros en el suelo, en un eco que pronto desapareció. Avanzó hacia el joven, abriendo sus enormes ojos. Le sonrió, con cortesía, y una gracia oculta dentro de su ser. La imagen de aquel elfo le causaba cierta calidez, en especial por su carácter.

 - Raysel… - Advirtió el Lord alzando su ceja, moviendo su cabeza para encontrar su mirada, agitando leve sus cabellos de plata por los años que marchitan su ser.

-    Usted ya tiene a su juguete. Ella es mía… - Le murmuró el elfo, tomando de la mano a la pequeña. – Además no es conveniente que los escuche, a su edad… - Continuó el elfo, alzando un poco más la voz para que Aliana escuchara.

Esta, se quedó mirándolos, afilando su mirada sin mover las expresiones de su rostro. Controlando su ira interna. Apenas presiono los dedos contra el peine que sujetaban sus manos.

  -    Como desee, joven Aral. – Respondió Aliana.

  -  Como yo desee… - Sonrió Raysel. – Ven, querida. Necesitas salir. No dejaré que mi padre te arrebate esa sonrisa tan bella que tienes – Continuó hablando, apartándose de la sala.

Rous, silenciosa, sonrió un poco más, asintiendo. Guardaba silencio, si no se le daba permiso para hablar.

 

 

Spoiler

Offrol: Buscando retomar el hábito de escribir, voy a ir completando esto a medida que quiera relatar escenas ligadas al pasado escabroso de Rous. Al que quiera leerlas, es libre de hacerlo. Las que sean violentas llevarán su advertencia correspondiente :)

 

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Recuerdo de la Infancia: 

 

El ocaso tintaba de un color púrpura y naranja el cielo. Las nubes, le otorgaban una impresión mucho más tranquila, e inspiradora. Cálida, con el clima primavera otoño común de quel’thalas. Los árboles, en especial, brindaban una sensación dorada más acogedora, como el abrazo de una madre a sus hijos, antes de llevarlos a dormir.

Alejándose de la capital, la mano de la infante era tironeada por el quel’dorei de ropas elegantes, el joven Raysel. Ansiosa, haciendo esfuerzos por no demostrarlo en su expresión inocente, contuvo el aliento. Sin poder evitar una mezcla de temor en su interior, por la ignorancia del destino que le deparaba el dorei.

- Por aquí – Le dijo Raysel, invitándola a avanzar, deteniéndose de improviso

Rous detuvo sus pasos pequeños, sujetando su falda con una mano, tirando leve de la tela. Miro el entorno alzando las cejas, curiosa y llena de preguntas en su mente. Entreabriendo sus labios, contuvo el aliento. Ante ella, había un cementerio.

- … Permítame preguntar, mi joven amo… ¿Qué hacemos aquí? – Consulto, temerosa de la respuesta, parpadeando una sola vez antes de mover los ojos

- Hemos venido a visitar a alguien – Le respondió el elfo, dedicándole una sonrisa cordial.

Apartándose unos pasos de la dorei, avanzo entre los nombres labrados en piedra, en señal de los fallecidos que alguna vez moraron en vida sobre la tierra thalassiana. Detuvo su andar una vez en el centro, estirando su mano. Aparto la hierba de la piedra, asomando las letras, para rebelar el nombre del fallecido.

“Eryon”

Girando su rostro despacio, contemplo la mirada de Rous, con ojos gélidos contrastados por una sonrisa cordial. Estirando su mano enguantada, le ofreció acercarse a su altura, para que viera mejor.

La pequeña, indecisa, avanzó asintiendo a momento que sus piernas se atrevieron a dar el paso, obedeciendo la orden en completo silencio. Dirigió una mirada a la piedra, observando el nombre, sin comprender. Las dudas le agrietaban su ser, pero sus ojos brillaban con una tonalidad muy suave cristalina como el agua.

- ¿Quién es él? – Consultó juntando las manos por delante, manteniendo su elegancia y las preguntas para adoptar un orden en su ejecución.

- Él es un hombre que estuvo mucho tiempo molestándonos, querida mía. – Le susurro acomodándose en su espalda. Apoyó ambas manos sobre los hombros de la infante, sin necesidad de inclinarse demasiado al ser mas bajo que la medida usual de los dorei a sus años.  - ¿Sabes porque ha muerto? –

- Mi señor me ha comentado… que la muerte es solo el descanso de los cuerpos. El como llega es relativo a nuestros actos. Imagino que pudo fallecer por sus años en vida, herido, o por la propia locura. O… alguien más ha venido a silenciarlo. –

- ¿Quién crees que ha sido? –

- … Nuestro objetivo es silenciar a las voces que interfieren con su causa, mi joven amo… -

- Deja de llamarme así, querida. Puedes decirme simplemente Raysel. Si la gente sabe que soy tu amo, van a creer que eres mi esclava – Añadió alzando sus cejas, apartándose del origen de la conversación

- ¿Qué soy…? – Consulto alzando su mirada, observándolo sobre su cabeza, al revés.

- Eres mi protegida, y yo tu Señor... Somos uno para el otro… - le comento cordial, dedicándole una caricia por la mejilla, suave. – No solo mi herramienta. Vales mas que eso. Aunque claro, debes demostrarme tu valor. ¿Hm? –

- ¿Cómo podría hacer eso? –

- Obedéceme y yo haré el resto… No necesito doncellas a mi lado que tengan la suficiente voluntad para interrogar cada uno de mis actos. Necesito una dama fiel, alguien que… Sepa estoy para ella. Y me proteja por igual, sin cuestionar nada. – Añadió, asintiendo convencido.  – Tu puedes serlo, Pequeña Rous. Deseo que así sea.

- Lo que sea su voluntad, mi… - Se detuvo, corrigiendo - Raysel. – Dibujo una sonrisa en sus labios.

- Así me gusta… - Volvió la mirada hacia la tumba – Recuerda esto, querida… Pues si lo olvidas tendré que obligar a tu padre a corregirte. –

- No lo haré… Le doy mi palabra –

- Perfecto… - Asintió, satisfecho, esbozando una leve sonrisa en sus labios.

 

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