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Kyrie Eleison

III Concurso de Arte Milardo Davinci

Mensajes Recomendados

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¡Tuercas, arandelas y tornillos! Mi nombre es Milardo Davinci, creador del mejor arte que los mismísimos Titanes han podido cotillear. Algunos podrán decir de mí que me falta un hervor, otros que me pasé de cocción… ¡Pura envidia! Así que, para demostrar al mundo que no sólo pienso en mí, os doy la bienvenida al Tercer y maravichupinoso Concurso de Arte en MundoWarcraft, sí, has leído bien.

Busco a los más diestros pintores, escritores y creadores de contenido audiovisual de todo Azeroth para cubrirlos de oro y gloria. Quizás haya entre vosotros un Pablo Picasol, un Lhéo Tolsthoi o un Quen’thien Taranthino. Y para eso estoy yo aquí, para descubrir a esos artistas que lleváis dentro.

Para que mi intuición de Headhunter chisporrotee necesito que cada artista escoja la categoría que más le guste de las que presentaré a continuación para participar en mi Concurso, el Milardo Davinci. Una vez elegido el arte en el que creáis destacar, tan sólo tendréis que darle alas a vuestra imaginación (curiosamente como el eslogan de la famosa bebida Red Cow).

¡Y después qué! Pues que activaré mi O.J.O. Criticón y DESTRUIRÉ TODAS LAS OBRAS Q-

DISCIPLINAS DEL CONCURSO

Dibujo y pintura

Afilad vuestros lápices y sacar vuestras cajas de plastidecor, pues os presento ¡La categoría de dibujo y pintura! Donde solo los más hábiles con la goma y el ratón, podrán obtener la victoria en una competencia tan ambiciosa como lo puede ser esta. Yo mismo puedo presumir de grandes piezas de la pintura universal de Azeroth, como la "Gnoma Lisa" o "La Tuercus" de Tornilleli; no os pido que alcancéis mi nivel, pues temo que sea imposible mis queridos amiguitos, pero bueno… ¡Solo los valientes conseguirán un primer puesto!

Escritura

¡Oh! ¡La bella escritura! ¿Cuántas historias de amor y batalla habéis utilizado para encandilar a la gnoma más bonita de tu distrito? (Podéis mandármelas a mi correo, [email protected], ¡urge!) ¡Pues ya va siendo hora de que toméis papel y lápiz, y saquéis al literato que lleváis dentro! Con suerte, quizás vuestra pieza se publique como ganadora de este apartado del concurso.

Arte Audiovisual

¡Luces! ¡CÁMARAS! Y… ¡Mi bocata! Armaos de valor, futuros directores de cine (Y de comida, pues me da que vais a pasar hambre) Pues el apartado de arte audiovisual se presenta como última división del Concurso de Arte multidisciplinar de Mundo Warcraft. Quizás no hallan muchas actrices tan guapas como la conocidísima Scarlett Gnomanson, o el atractivo Brad Click, pero seguro que con vuestra creatividad de oro, sois capaces de hacer algo que no me haga dormirme encima de las palomitas.

 


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Sí, ya sé que esta es la mejor parte pero ¡detente! Primero tendrás que ser lo suficientemente bueno como para merecer uno de estos... jugosos bienes. ¡Uno, dos y tres! Serán los que ganen en cada categoría y los que se merezcan brillar como las pulidas monedas de oro.

Así que, artista de MundoWarcraft, lee atentamente las mieles de la gloria que quizás paladearás:

Gold.pngPrimer premio: 3 meses de Cuenta Premium, para disfrutar de sus comandos extra, decoraciones visuales para realizar eventos o tramas y para endulzar la interpretación de tus roles.
Silver.pngSegundo premio: 2 meses de Cuenta Premium, para disfrutar de sus comandos extra, decoraciones visuales para realizar eventos o tramas y para endulzar la interpretación de tus roles.
Copper.pngTercer premio: 1 mes de Cuenta Premium, para disfrutar de sus comandos extra, decoraciones visuales para realizar eventos o tramas y para endulzar la interpretación de tus roles.
 
PREMIO ESPECIAL PARA LA DISCIPLINA DE ARTE AUDIOVISUAL:
 
Todos los participantes en la Disciplina de Arte Audiovisual obtendrán 1 mes de Cuenta Premium solo por su participación, dado que dicha Disciplina requiere un trabajo mayor. De todos los vídeos presentados se elegirá solo 1 como ganador y el que resulte ganador obtendrá 3 meses de Cuenta Premium.
De solo presentarse un único vídeo y éste no tener la calidad que se esperaría para ser el ganador, se entregará solamente 1 mes de Cuenta Premium, sin quedar puesto ganador en dicha Disciplina.

¡Te deseo toda la suerte de Azeroth y espero que seas el ganador de mi Segundo Concurso de Arte!

Arrivederci~

 


 

¡DA COMIENZO EL SEGUNDO EVENTO DE ARTES MULTIDICIPLINAR DE MUNDOWARCRAFT!

La celebración de un aniversario es un momento de alegría para todos los miembros del Equipo, y por ello, queremos celebrarlo contigo… ¡si, contigo! ¿Cómo puedes hacer para participar? ¡Pues muy sencillo! Tan solo debes enviar el siguiente formulario con tu pieza a presentar por MP a la administradora @Kyrie Eleison y rezar para que seas elegido campeón. (¡El e-mail de arriba era simple ambientación!)

Citar

Usuario:
Categoría:
Pieza a Presentar:
(url imagen, url descarga video, etc)

Tenéis de tiempo para presentar vuestros trabajos hasta el día 15 de septiembre tiempo suficiente para que podáis exprimir hasta la última gota de vuestra creatividad y entregar auténticas obras de arte. Una vez pasada la fecha límite, el Equipo examinará todos los trabajos en el plazo de una semana y tras ello, se harán públicos los ganadores de cada categoría.

¿Y cuales son las reglas del concurso? Pensaréis… Pues muy sencillas:
 
1.- Se puede participar si eres jugador del Servidor de Rol y tienes un personaje como mínimo... Y además ¡Puedes participar en todas las categorías simultáneamente! (Buena noticia, ¿eh?)

2.- Debes realizar un trabajo (dentro de la categoría de dibujo, escritura o edición de vídeo) basada en el Universo de Warcraft y la ambientación del Servidor.

3.- El trabajo presentado debe encajar dentro de la Time Line (Línea de Tiempo) establecida en el servidor, sin poder adelantarte a momentos temporales posteriores al vivido (¡Somos rápidos, pero no tanto!).

4.- Pueden tomarse como fuentes de inspiración elementos del propio Lore de Warcraft o del rol del mismo servidor, pero no contarán ambientaciones de comunidades ajenas, o similares.

5.- En el caso de los participantes que quieran inscribirse en la categoría de literatura, deberán elaborar una pieza que no exceda las cinco páginas de Word y NO puede contener un relato exclusivamente basado en tus propios personajes. Lo ideal es que sea algo de la ambientación del Servidor, o Loristico o cualquier situación del Universo de Warcraft que os inspire. (Relatos de algún PNJ del Lore, Ambientación de algún lugar, Un suceso inquietante, etcétera...)

6.- Si hablamos de los vídeos, no podrán exceder un máximo de cinco minutos (¡que ya es decir, ojo!) y deben tener un contenido promocional sobre la ambientación, rol u características que posee el Servidor de MundoWarcraft. Por ejemplo: mostrar las decoraciones custom, algún rol interactivo de personajes, posibles eventos, vídeo estilo Machinima de personajes o roles del Servidor y cualquier escena que pueda ofrecer efecto Publicitario de las posibilidades de rol dentro del Servidor. (Un ejemplo de ello son los propios vídeos del
Debes tener Rango Rolero, con Cuenta de Juego, o superior para ver este contenido.
realizados por Abraxas y otros participantes de los concursos años anteriores)

7.- Se tendrá más estima por los vídeos HD 720p o 1080p, aunque no es obligatorio. El archivo original (avi, wmv, etc) deberá ser subido a Mega, Dropbox, o algun sitio así para que Kyrie Eleison pueda descargarlo y re-subirlo a posterior en buena calidad a nuestro Canal de Youtube.

8.- En el apartado de dibujo, se aceptarán como válidos tanto piezas nacidas de las artes gráficas digitales, como trabajos realizados de la manera más tradicional… ¡La única frontera es vuestra creatividad!

9.- Se puede ganar más de un Premio por tanto el tiempo de Cuenta Premium total sería la suma de los Premios ganados.

10.- Cabe una posibilidad remota de que todo participante del Concurso obtenga un premio sorpresa no descrito en la sección Premios de arriba. Quizá... solo es un rumor...


¡Y eso es todo! Esperamos vuestra participación y poder deleitarnos con las fantásticas ideas que os guardáis en el tintero.

¡Feliz aniversario y mucha suerte a los participantes!
El Equipo de Mundo Warcraft.

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CANDIDATOS DEL CONCURSO

Categoría de Escritura

  • Participante: @Sacro
  • Pieza presentada:
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-Tribulaciones de un Posadero-

 

III

 

-De Fragor, Lides y Patria-

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Ese día la villa estaba atiborrada de jóvenes soldados y reclutas que habían adquirido prácticamente hacía escasas horas el derecho de llamarse como tales. Algunos voceaban con petulancia de sus glorias... o más bien las glorias que obtendrían en un futuro, émulos de sus padres. El buen tabernero querido por todos, pero conocido por nadie les observaba con una sonrisa símil a la que mostraba un anciano hombre al ver a unos niños hablar de los héroes y cómo algún día los igualarían. Uno de ellos, de esos con ínfulas de teniente sin ser siquiera cabo hacía reír a los demás haciendo de chanzas y bromas la guerra.

-¡Y os lo digo, muchachos!- sentenció, con una socarrona sonrisa que era seguida por los gritos de sus compañeros, acallándolos haciendo ademanes bruscos con su mano- ¡Esa mujer no sabe de lo que habla! ¡Tanta dureza, es solo para fardear y darse de ínfulas!; Para la guerra solo se necesita saber levantar la espada y tener valor. cosas, que a vuestro humilde servidor le sobran...-

Las risas de sus compañeros se escucharon. Uno de ellos, el joven Michael Mitchelson habíase alejado ya de sus imberbes e ígnaros compañeros, pues nunca le había agradado la arrogancia de algunos. Brog simplemente se reía divertido de lo que decían, negando con la cabeza. Michael le observó, ajustándose en la nariz las gafas con el índice.

- ¿A usted también le parece gracioso lo que dice?- comentó... Michael era un muchacho poco hablador, delgado y sin la altura mínima que se requería para servir según le habían contado, sin contar su vista menguada por herencias familiares maternas, sin embargo a la que decían la "Cruel" algunos, o la "Leona" quienes parecían tenerle simpatía le había anexado a las filas de su pelotón, fuera de todo pronóstico.

-¿ Y a quién no le va a parecer gracioso, chico?- dijo Brog, lustrándose la calva y removiéndose el sudor con esmero, para luego meter el mismo trapo en el interior de un odre de Cebadíz vacío para remover la espuma de cebada reseca del fondo- Todo lo que dicen son monsergas, como lo que decía yo cuando tenía unos años menos que todos vosotros. Si algo tiene de razón de quien habla él es que la guerra no es simple valor y uso de espada... pero nadie lo aprende hasta que la vive-

Mitchelson le miró, dando un sorbo a su cerveza, con fijeza.

- Yo... realmente no se qué es lo que se necesita, mi señor- dijo, con gesto atribulado- Antes creía que lo que se necesitaba era un físico digno de esta armadura... y yo de eso no tengo absolutamente nada.... aún no se cómo es que me dejaron tomar la espada. Yo... solo quería que mi padre sintiese un mínimo de orgullo de su único hijo; él si era un gran soldado: luchó en la primera y se dejó un ojo al defender a los refugiados en su exilio de la ciudad cuando los orcos rompieron las puertas, luego perdió las piernas en la segunda en una refriega contra los jinetes de huargo de la horda según me cuenta en el pantano de las penas... yo... realmente lo más cerca que he estado de una espada de madera fue hace un par de meses, cuando la Sargento me atizó enseñándome a empuñarla.-

- ¿Y crees que perder las piernas y un ojo son suficientes para hacerte llamar un gran soldado?- dijo Brog, mientras sonreía con cierto cinismo- mira, para ser un gran guerrero no necesitas perder las piernas o el ojo y luego gritar a los cuatro vientos que lo hiciste por gloria, con el respeto de tu padre, para ser un soldado tienes que entender el por qué es que lo pierdes, lo que te motiva a llevar la espada al frente y luchar. Lo que hace a tu padre un gran soldado, es el compromiso con algo superior a él: su país, su familia y la tierra que lo ha visto nacer...-

La algazara de los soldados seguía mientras que Mitchelson ya le había perdido todo interés a lo que decían sus compañeros. El muchacho le miraba con cierta impresión, ante la profundidad del pensamiento de Brog.

- Parece saber más de lo que aparenta, Brog- dijo él, mirándolo sorprendido- No se ofenda, yo...-

- No te preocupes, sé que no parezco saber de esas cosas, no es primera vez que me lo dicen...- musitó él, suspirando con cierta nostalgia- pero sé alguna que otra cosa...- dijo él, comenzando a perderse en las inmensas bibliotecas de su memoria...

 

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hace 25 años....

 

 

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Brog Patosar, hace 25 años.

La Armadura le pesaba más de lo que se había imaginado antes. ¿El escudo? era insufrible y se le entumecía el brazo cada vez que tenía que hacer el doloroso esfuerzo de levantarlo para evitar su muerte a causa de una saeta o el acero dentado de las hachas de los "monstruos de otro mundo" de los que hablaban los más veteranos. Pero lo que a él le jodía más no era el pesado escudo, ni la espada, ni la molesta armadura... era el maldito yelmo de penacho azul; No solo era la pieza (según él) más ridícula de la maldita armadura, sino lo molesto que era tener el peso muerto reposando en su cuello, dificultándole la vista por esas hendijas tan estrechas, que apenas y le dejaban ver bien al enemigo y respirar con total libertad; se cansaba cada vez que tenía que correr y no poder tomar grandes bocanadas de aire fresco en ese caluroso trozo de metal le desesperaban. Sin embargo, el anciano Sargento Boyard siempre le golpeaba la cabeza con un garrote torcido cada vez que lo veía quitárselo en una formación de línea. Destestaba al maldito anciano con todo su corazón, pero poco podía hacer al respecto para decírselo; era su maldito superior aunque no quisiera.

-¡Eh, Blackhorse!- bramó uno de sus compañeros, haciendo que él volviera de sus tribulaciones- ¡El sargento os ha llamado, y está de mal humor!-

-¡Y dale!- bufó, quejumbroso...- ¡otra vez la burra al trigo!-

Un joven Patosar volvió de su ensimismamiento; Tendría apenas trece o catorce años en ese entonces y era bastante distraído; Sus distracciones constantes justamente le habían causado problemas al quedarse alelado viendo el lodazal y retrasando a su pelotón en un lugar donde hallábase su unidad potencialmente rodeada por el enemigo. Como castigo, le destinaron a las cocinas de la compañía y el buen Gibson, el cocinero de la Unidad “Vega del Este” a la que pertenecía, le había destinado a servir las bebidas de las tropas todos los días. Brog farfullaba que en lo que aquella maldita guerra acabase, él dejaría atrás el andarle sirviendo a gente que no conocía ni le importaba un carajo para irse a la aventura… decían que en el oeste habían tierras inexploradas y eso le causaba más que ensueño. Él aspiraba más que ser como su padre, un viejo posadero de Crestagrana, muerto hacía muchos años…

 

 

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Sargento Henry Boyard

Hacía días que lo que servía era agua hervida de los pantanos y algo de estofado maloliente hecho con la carne casi rancia de la última vitualla que habían recibido en el pantano de las penas. Ya se contaban semanas desde que esperaban la nueva llegada de refuerzos y suministros, pero no habían recibido ni avisos del mando ni vitualla alguna. La moral bajaba cada día que pasaba y comenzaba a haber demasiada tensión entre los más veteranos.

A él, eso le daba lo mismo; seguramente habría de ser alguna mala manía de los oficiales, pues solo servían para cagarse en sus rostros. Empero, estaba muy equivocado. Cuando entró a la tienda del avejentado Boyard, este no le hizo saludarle marcial, aunque él le había hecho la venia para evitarse otro regaño. Cuando se percató, dentro de la vejada tienda se encontraban dos cabos más y un par de soldados rasos. Todos tenían el rostro cariacontecido. Cuando les vió sin los yelmos, aprovechó y se lo quitó.

- Les he hecho llamar a todos porque tengo malas noticias- sentenció- Los orcos han destruido a los refuerzos que venían a socorrernos… y se han llevado consigo todos los suministros. Según lo que se, lo que hoy ha cocinado Gibson será nuestra última cena-

El silencio se hizo ya más que incómodo, sepulcral. Boyard continuó:

- Para colmo, el teniente y el capitán han abandonado sus puestos anoche en la madrugada, pero Richard encontró las cabezas empaladas de ambos a mitad del camino hacia el paso de la muerte... Los orcos nos han aislado y estamos a su merced-

Brog palideció… y sintió auténtico pavor. Nunca antes había sentido en sus carnes la posibilidad de morir tan cercana, no como aquella vez. Trémulo, no pudo evitar preguntar…

-¿Y…q-qué es lo que vamos a h-hacer?- Los soldados, de los más cercanos a Boyard salvo él, o eso creía, le miraron severos.

- ¿Tú qué crees, muchacho?- le miró con temeridad- Tenemos que luchar, para sobrevivir. Y más allá de todo, luchar por la patria que nuestros oficiales dejaron perder-

-¡Pero qué clase de tonto sois!- sentenció, asustado- ¡Nos van a cortar el gaznate! ¿Acaso váis a perder la vida por hombres que no están dispuestos a morir por vosotros?- gritó. Sin embargo Boyard mantuvo su indolente e impasible mirada sobre él.

- No moriré por ellos. Moriré por los hombres que se han quedado aquí sin faltar a su deber y moriré para que mis nietos puedan vivir en un lugar libre de la barbarie de esas bestias. No se qué fue lo que te trajo aquí, chico… pero la única forma de volver a casa, si volvemos, es peleando. Y tú tendrás, por encima de los otros imberbes la responsabilidad de no dejar que el estandarte de nuestra patria toque el suelo…la bandera guiará a los que se retiren cuando rompamos el cerco que nos rodea… y eres el más rápido que tiene esta unidad… tienes una gran responsabilidad en tus hombros; Si algo aprendí de mi padre es a no faltar a la palabra dada y tú, eres un soldado que ha jurado cumplir con su deber. Guiarás la retirada de tu compañía o morirás en el intento, pero no faltarás a tu deber... ¿Entendido? -

Brog suspiró de terror… pero no se atrevió a rechistar al anciano. Si él quería sobrevivir, tenía que obedecer.

- En…Entendido- farfulló. El anciano los hizo moverse y luego, habló con los soldados. Aún con el desconcierto, decidieron dar un último grito de guerra para intentar romper el cerco que las bestias les habían impuesto. Prefirieron morir peleando e intentando escapar, que de hambre y enfermedades en ese pantano maloliente.

Lo último que recuerda de ese día fue el cómo quebrantaron las menguadas líneas de Ventormenta la robusta resistencia de los orcos en un intento de abrir una brecha. Fue momentánea, y muchos pasaron para ser víctimas de las saetas de los tiradores orcos en las montañas… Sin embargo Brog tuvo, fuese por milagro de la luz o por la suerte del inocente, la pericia para escapar. El anciano Sargento, en un último acto de abnegación le protegió cuanto pudo en la brecha hacia el paso por la que huyó, antes de ser alcanzado por las saetas… Brog, ante el sacrificio del anciano tomó la espada del anciano en un acto que él consideró moral para con su salvador tomó la espada de sus manos ensangrentadas, para conservarla y nunca jamás olvidar el por qué aún vivía. Brog cumplió con su deber; No dejó caer el estandarte... con él, sobrevivió una mínima fracción de diez o quince hombres, casi todos los más jóvenes de aquella compañía. La retirada de los ejércitos fronterizos era inminente: Los rumores decían que un Nuevo caudillo entre los orcos había asesinado al anterior y había tomado las riendas de sus hordas, cambiando las tornas de la guerra.

Cuando regresó del pantano a Elwynn, informó al mando militar de la destrucción de su compañía y le unieron a otra unidad que luchó en los bosques, retirándose de Elwynn junto a muchos otros más cuando Ventormenta cayó a manos de la Horda Orca hacia el Norte por las montañas hacia Forjaz y ahí estableciéndose durante los años siguientes, hasta que por fin pudo volver a su patria, luchando en la reconquista y ganándose la retirada honrosa del ejército por su servicio destacado en la vanguardia que cargó detrás del general Turalyon en el contra-ataque tras la muerte del generalísimo Lothar.   

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- ¿Y qué aprendió… de todo eso?-

- Aprendí humildad, muchacho... Y compromiso- dijo, suspirando. El soldado que hacía las chanzas y las bromas sobre su sargento, seguía con sus bromas- Verlo a él es verme a mí; No comprendía el por qué los ancianos veteranos actuaban de esa forma, hasta que luché en la guerra. cuando mi sargento ofreció su vida por la mía; Aprendí que la patria, tal como la concebía Boyard, no es la defensa de la tierra en sí, sino la defensa de los hombres que la habitan en ella, pues ellos son los que le dan ese valor patriótico y por eso vale la pena luchar… ¡Ah, además de otra cosa! ¿sabes qué es de lo más curioso?-

- ¿Qué, mi señor?-

- Que de no haber tenido el casco puesto, no hubiese contado lo que hoy estoy diciéndoos…- Algunos de los que comían y bebían en la barra, miraban a Brog con miradas escépticas y cinismo, lo que causó cierta tensión en el buen posadero- Una saeta me lo arrebató justo clavándose en el maldito penacho… por poco y no la cuento; El viejo, tenía razón: más vale incómodo y casi ciego, que muerto…-

Mitchelson se rió divertido, sin embargo los otros comenzaron pues, a burlarse del buen posadero. El más charlatán de ellos, se adelantó con una socarrona sonrisa.

-¿Entonces ahora dirás que de verdad, tienes más “veteranía” que la buenaza de la sargento? ¡Y yo soy el rey de Ventormenta!-

Brog miró hacia atrás, con una sonrisa arrogante, viendo que entraba la Leona de Lordaeron y todos, salvo el arrogante se cuadraban firmes ante su llegada viendo que el soldado estaba haciéndose el valiente a sus espaldas. Cuando este volteó y sintió la gélida mirada de su suboficial clavada en él, no habló más en toda la noche sentándose de súbito causando las risas de sus compañeros, aún cuando la mujer no había dicho nada más que mirarlo severa. La temida sargento, como era la costumbre le pedía un tarro de zumo al buen posadero al culminar sus guardias y todos volvieron a la tranquilidad de la noche en sus hogares pasadas las horas.

Brog, aunque pocos lo sabían, vivía a unas pocas casas de la posada del orgullo, junto a su adorada Drucilda. Al entrar, se pasó la mano por la pelada cabeza, y se acercó a la hoguera de su hogar. La misma se encontraba coronada por una espada antigua sobre un tablón de madera con una inscripción que rezaba:  “Patria y Compromiso- Sargento Boyard”. 

Brog asintió, como si aquella frase le recordase algo...

- Patria y Compromiso- musitó, antes de marcharse a dormir, tras una breve venia militar.

 

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Brog Patosar. 

 

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Agradecimiento a Armandox por la edición de una de las imagenes. 

 

 

 


  • Participante: @Huwex
  • Pieza presentada:
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No corre brisa en las galerías. No hay luz, nada se mueve. No hay sonido alguno entre las columnas, entre los pasajes y los arcos de basalto. No hay nada, solo oscuridad y silencio.

No hay mapas, no hay rutas, ni recuerdo de las avenidas labradas en la roca. Todo es camino en la oscuridad, pasos en el vacío, sin saber dónde te llevará. El aire está viciado, cargado de gases, ceniza, restos del pasado que ahora yace enterrado. No hay vida bajo esas bóvedas, rehúye del lugar y escapa al exterior, a la libertad. El lugar, condenado, observa en silencio como solo la fría roca labrada es capaz de vivir en su interior, como parte de él, muerta y solitaria.

La piedra no lo siente, el lugar no lo reconoce, mas algo más vive en sus profundidades. Un pálpito que lo condiciona todo. Justifica el silencio y la oscuridad, la soledad del lugar. Profundo en el corazón del granito, arraigado, como una vil garrapata que consume la nula vida del lugar, la repele y fulmina, devolviéndolo todo a la oscuridad. Justifica lo viciado del aire, la presencia incómoda de algo que reside en el lugar y lo gobierna en solitario, sin nada ni nadie que pueda ponerlo en jaque. Es la razón de todo, y de nada en realidad. Es quien mantiene el lugar muerto e invisible.

Es en la más pura ausencia de luz donde germina, donde crea el silencio y la soledad, donde hace germinar esa espesa e insondable oscuridad. Allí donde germina se acaba la vida.

Lejos de sus fríos dedos, los hijos escarlata de aquellos que fueron arrastrados y subyugados en las profundidades tiempo atrás, guardan la entrada de aquellos que, deliberadamente, intentan desatar la oscuridad que yace bajo la montaña.

No obstante su vigía llega a su fin, ahora que el mundo tiembla y desata rumores sombríos y de incertidumbre. Y no solo la prole bermellón que guarda la entrada nota el mundo cambiar. Bajo sus pies, entre los silenciosos pasillos y galerías, en la más oscura profundidad de las tinieblas un solitario martillo rompe el inamovible silencio. Asciende desde el corazón de la montaña hasta los primeros corredores, como un incansable metrónomo. El metal golpeando al metal, el metal golpeando la roca, y vuelta a empezar.

No puede ver, ni oír. Desgastado, consumido, su brazo lo mueve un juramento contra la roca y el metal. Un juramento que lo obliga a sellar otro pedazo de mal en lo más profundo de la montaña condenada, allí donde su presencia se opacará y perderá. Allí donde, pensaban, nadie lo podría encontrar.

 

 

-Día XX del mes XX del año XX –

Las llamas crepitaban aún en la chimenea, cercanas a extinguirse. Aun así, esa menuda figura oscura, fornida, estaba demasiado cerca del fuego. Sentado a horcajadas en un taburete de madera tallada, algo calcinada, sus descoloridas barbas casi podían tocar las ascuas.

Sus únicas vestimentas eran una holgada camisa de arpillera a la que le faltaba una manga, y con varios remedios cosidos de otros trapos en la otra. Su brazo descubierto dejaba ver, alumbrado por las llamas de la chimenea, una piel grisácea, ceniza, recorrida por tinta de color pálido en formas y patrones curiosos, tribales. Unas calzas del mismo tejido, y unas sandalias de mimbre que habían visto mejores tiempos.

Respiraba como dormido, lo hacía profundamente, mientras lo que quedaba de la lumbre se afanaba por alcanzar con ansias los pelos más bajos de su espesa barba, trenzada.

El resto de la cabaña era indistinguible, pues la gruesa figura del enano frente a las débiles llamas opacaba toda luz que intentaba abandonar la hoguera. Solo su sombra se proyectaba contra una pared en la que una puerta redondeada de madera oscura aguardaba silenciosa, flanqueada por dos pequeñas ventanas ovaladas que dejaban ver tras de sus sucios cristales las estrellas más brillantes del firmamento. Era la noche.

La tensa calma que conformaba el interior de la cabaña, en la que enano y fuego intercambiaban miradas, fuer rota por el golpear en la puerta. Unos golpes secos pero audibles, cortos, que no eran manufactura de ninguno de los enanos de las colinas que vivían cerca de allí. El enano no pareció moverse, mas una de las últimas llamas alcanzó finalmente y casi con un grito de satisfacción la barba que colgaba sobre ella.

Mientras el enano se levantaba del taburete aun de espaldas a la puerta, cerraba una mano oscura sobre los pelos del extremo de su barba que ya empezaban a arder. Casi se pudo escuchar el aullido de dolor de aquella pequeña llama extinguiéndose bajo los endurecidos dedos. La cabaña comenzó a iluminarse cuando dejó de acaparar toda la atención del fuego, dejando ver un pequeño camastro de paja, una mesa tallada en la roca de la colina con varios utensilios de herrería esparcidos en ella. Un fogón metálico junto a un pequeño estante en el que había algunos pequeños sacos de harina y otro material de cocina. Una estrecha alfombra de esparto recorría el trayecto entre la chimenea y la puerta, sobre la roca pulida. El resto de la cabaña no eran si no algunas ropas esparcidas en el espacio, una solitaria jarra de madera vacía en el suelo, y un martillo de metal oscuro como la noche, apoyado junto al camastro.

Aguardó unos instantes, inmóvil frente a la puerta, mientras un hilo de humo ascendía desde los ahora apagados pelos de su barba. Con la misma mano tomó el pomo de la puerta y la abrió hacia sí, dando un solitario paso atrás mientras la blanquecina luz de la Luna iluminaba el umbral, dejando ver una silueta esbelta y de estatura proyectarse en el suelo frente a él. Un silencio sepulcral sostuvo a ambos en vilo, hasta que la firme y elocuente voz del visitante sesgó la quietud.

- Borgar.

Con movimientos rígidos, el enano se apartó del umbral, sujetando la puerta mientras el forastero se adelantaba a grandes pasos hacia el interior, encorvado. Con el chasquido de la puerta al cerrarse ambos se miraron en silencio, antes de que Borgar el enano apartase levemente el taburete de la chimenea para tomar asiento de nuevo.

 

 

Borgar seguía sentado a un lado de la ahora apagada chimenea, con la espalda apoyada en el borde de la mesa y las manos aferradas a la madera del taburete, observando las restantes ascuas. Sobre la mesa danzaban ahora las llamas de tres velas recién encendidas, que iluminaban completamente la estancia.

Frente a él, sentado con incomodidad, un elfo de cabellos rizados, rubios, que le caían hasta los hombros lo observaba en silencio. Vestía una casaca en tonos azules , adornada con varias pieles, de viaje. La vaina curva de un sable descansaba en su cintura, del que solo se veía la evidente manufactura de Quel’thalas en su pomo. Su rostro, aunque mantenía la eterna juventud de su raza, estaba trazado con estragos del tiempo que no se habían podido evitar. El resplandor de sus ojos se mantenía de forma adusta y firme, observando a su acompañante en silencio, expectante a una respuesta.

- Es una vida lo que me pides, Eonhir. – respondió finalmente el enano, aún con sus ojos rojizos fijos en las llamas -.

- Y más que una vida Borgar. No pienses que no sé lo que significa.

- No deberías desconfiar de tu familia, no deberías decidir a sus espaldas.

- Tú sabes mucho de eso, ¿no es así?

Las palabras del elfo quedaron suspendidas en la estancia, durante el silencio que las siguió. Borgar hizo un movimiento incómodo pero mudo en el taburete, y finalmente devolvió la mirada a los ojos celestes de Eonhir.

- Se cuanto tengo que saber. – dijo, en tono cortante, tosco - ¿Dónde está ella?

- Nos esperará allí si accedes. Es una pregunta, viejo amigo, no una petición. – Eonhir tomó aire con lentitud, sin perder la serenidad de su rostro, observando con anciana calma el interior de la cabaña -. Es tu decisión.

- No es que mi tiempo tenga mucho sentido aquí. – interrumpió -.

Eonhir volvió su mirada al enano, dejando entre ver en ella un semejante a un gesto empático de comprensión, que por un instante hizo contraste en el adusto rostro del elfo.

- ¿Cuántos años has vivido, Eonhir?

- He perdido la cuenta a estas alturas. Más de cuatro milenios, supongo. – respondió el elfo con cierto deje sorpresivo ante la pregunta –

- Y en tanto tiempo siempre has tenido un hogar… - el enano resopló con cansancio, bruscamente, mientras dejaba a atrás el taburete y se giraba sobre la mesa -.

Los tatuajes pálidos en el fornido brazo del enano se iluminaron a la luz de las velas, grabados sobre su piel ceniza como las líneas blancas de un atigrado albino. A ojos del elfo y de la mayoría de habitantes del Este la imagen era grotesca, la inconfundible marca de dos clanes impregnando su piel, la extravagancia de un enano de las más verdes colinas y, a su vez, de las más distantes profundidades.

- Dos clanes corren por mis venas y nunca he tenido un hogar.  – mientras sus frías palabras resonaban en el interior de la cabaña, Borgar comenzó a apilar su material de herrería en una bolsa de viaje -.

El elfo observó con calma los movimientos del enano y, a pesar de su noble cuna y miles de años de edad, no se atrevió ni por un segundo a replicar, si quiera responder a las últimas palabras entonadas por Borgar. Ese sentimiento de profunda comprensión, empatía y un respeto que nacía de lo más profundo de Eonhir al escuchar las toscas y sinceras palabras del enano.

- ¿Dónde lo llevamos?

El silencio se extendió unos instantes más tras la evidente y directa pregunta del enano, mientras continuaba apilando sus escasas pertenencias.

- Grim Batol. – nacida de la boca de Eonhir, la mención pareció llenar la pequeña estancia con su sonido, como si el solo mentar dicho lugar fuese un tabú reconocido por la propia existencia-.

El enano detuvo su tarea un efímero segundo para después, sin más palabra, comenzar a prepararse para una evidentemente larga travesía. Sin demostrar aprecio por ninguno de los objetos que dejaba atrás, si quiera miró atrás cuando cerró la puerta tras de sí. El abandonar la cabaña que había sido su único techo durante décadas no pareció significar nada para el enano, al igual que el pequeño núcleo Martillo Salvaje en la que vivía, empotrada en unas pequeñas estribaciones de las Tierras del Interior. Nunca había sido su hogar, ya lo había dicho.

Ambos emprendieron un camino que solo ellos conocían al encuentro de alguien cuya identidad solo ellos conocían. Atrás quedaron las cabañas, las colinas y los valles. Ambos conocían la tarea que se habían encomendado a sí mismos y que ahora aceptaban.

La noche los amparó, en su camino a la oscuridad.

 

 

Borgar no puede ver, ni oír. Desgastado, consumido, su brazo lo mueve un juramento contra la roca y el metal. Un juramento que lo obliga a sellar otro pedazo de mal en lo más profundo de la montaña condenada, allí donde su presencia se opacará y perderá. Allí donde, pensaban, nadie lo podría encontrar.

Haciendo uso de la más antigua de las artes de los enanos, viviendo en las galerías más profundas del fondo de la montaña maldita, Borgar cumple con su juramento. Allí donde el mal y la oscuridad residen, donde lo consumen y desgastan. Allí donde llegó tiempo atrás con una tarea, acompañado de un noble elfo que dejó su linaje y familia para sellar su pasado.

Allí donde ese elfo yace enterrado ahora, en la roca, muerto en manos de la insondable oscuridad y donde él, Borgar, se afana por cumplir su tarea.

Borgar no puede ver, ni oír. Siente como a cada martillazo en la roca, en el metal, un pedazo de su alma se desploma en la montaña, siente como la oscuridad lo desgasta. La llama de su juramento lo mantiene vivo, mas no lo está.

Un muerto, sellando el féretro de otro muerto en las profundidades de Grim Batol, allí donde pensaban, nadie lo podría encontrar.

Temblores en la tierra.

Susurros en la oscuridad.

 


  • Participante: @Aldruss
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LA CONSTANTE CARGA

Lescon Brandson no pudo evitar aproximarse a la plaza central del distrito de los mercaderes. Tanto su inútil brazo izquierdo, como lo que le quedaba de la pierna derecha, hacía tiempo que le habían ido inhibiendo paulatinamente de mover aquel fornido cuerpo, que ya empezaba a mostrar los estragos del sedentarismo, si no era por una buena razón. E indudablemente, aquello parecía ser una razón suficientemente buena. Nadie que la haya pisado antes dudaría que la ciudad de Ventormenta goza de una actividad más que considerable todos los días, especialmente en el distrito de los mercaderes, pero sin lugar a dudas aquella agitación era atípica. Tras encontrar un voluminoso gentío pendiente de algo que parecía acontecer en el centro de la plaza, Lescon pudo comprobar fácilmente que, fuera cual fuera la causa de aquella concentración, generaba un ambiente enérgico y distendido a partes iguales en el populacho. Se apoyó en el corto y rugoso bastón del que se servía para caminar, dejando reposar su brazo inerte sobre la mano que manejaba su apoyo, mientras esbozaba una mueca cargada de irritación. Había realizado aquel breve trayecto, que para él se asemejaba a una larga marcha, simplemente para ver a lugareños y extranjeros en un ambiente desenfadado. No obstante, el esfuerzo ya había sido realizado. Llegados a aquel punto, decidió proseguir, abriéndose paso entre la multitud hasta que su regio rostro de soldado, coronado por unas canas incipientes, encontró un lugar elevado y próximo al centro de la plaza, de modo que su estatura, moderadamente inferior a la media, no fuera una barrera insalvable para saber exactamente lo que ocurría. Durante el recorrido, lo único que ya había percibido era que, en medio de toda aquella aglomeración, varias personas estaban interpretando algunos instrumentos musicales, lo que confirmaba, de manera innecesaria, que se trataba de una especie de fiesta o celebración. En verdad, nunca se lo habría confesado a nadie, ni tan siquiera a sí mismo, pero había sido una pequeña parte de él, enterrada mucho tiempo atrás, la que le había empujado a continuar con sus pesquisas, motivada precisamente por el reclamo que aquella alegre música suponía.

Su reacción, en un principio, se limitó a una displicente indiferencia. Tan solo era una banda de artistas itinerantes. Aunque bien cierto era que había pasado un tiempo más que considerable desde la última vez que se había dado un acontecimiento semejante en la ciudad. Una tienda de color granate permanecía en el límite norte de la plaza, cerca de un callejón que llevaba a los canales, por donde se podría acceder de manera inmediata a la plaza de la Catedral. Era imposible, o al menos inútil, elucubrar qué ocurría en su interior, aunque debía tratarse de algo que a la gente se le antojaba fascinante, pues una pequeña cola comenzaba a formarse en frente a la tienda. Bien podía ser también a causa de un buen trabajo por parte de la joven que parecía anunciar el acto. Algunos puestos ofrecían variados aperitivos, quién sabe a qué precio, para ser disfrutados mientras se contemplaban los distintos espectáculos. Aquellos músicos que ya se habían hecho notar en la lejanía se encontraban dispersos por la plaza, a una distancia suficientemente prudente como para que todas las melodías que, aunque independientes, parecían complementarse entre sí, pudieran ser escuchadas sin que interfirieran unas con otras de forma negativa. Varios malabaristas se afanaban en impresionar a los transeúntes con sus proezas mientras una acertada selección de bailarines y bailarinas, especialmente bailarinas, parecía atraer al público a la zona donde un par de prestidigitadores empleaban sus argucias para mostrarse como una mundana, y obviamente falsa, representación de la verdadera magia. Por otra parte, el desparpajo desenfadado de ciertos comediantes captaba, en el extremo opuesto de la plaza, a aquellos civiles los bastante alejados de las pericias, la sensualidad y el donaire como para librarse de su influjo, sirviendo de presentación para lo que parecían unos sencillos, pero efectivos, números de adiestramiento animal, en el que algunos domadores guiaban a sus perros en la ejecución de ciertos trucos particularmente infrecuentes en esos animales. Incluso un oso permanecía en el centro de la inquieta formación canina, realizando juegos con una gran pelota de cuero, mientras era vigilado de cerca por tres domadores, así como algunos miembros de la Guardia de la ciudad, evidentemente cautos en ese aspecto. Lescon no se reprimió en chasquear la lengua con gesto crítico ante lo que veía. Sin duda se trataba de un grupo experimentado en aquellas cuestiones. Sabían perfectamente cómo distribuirse y qué medidas tomar para hacer del entretenimiento y la fascinación un negocio rentable. Nunca le gustaron aquellas personas que tan solo ofrecían ilusiones vacías, especialmente aquellas que obtenían algún beneficio por ello.

Pero el verdadero espectáculo se encontraba en el centro de la plaza. Una pequeña carpa permanecía cerrada, ocultando su contenido al público, justo detrás de la plataforma que se mantenía de manera regular en ese lugar de la ciudad para distintos usos. En aquel momento estaba haciendo las veces de escenario para una obra de teatro. Una comedia, para ser más exactos, que parecía tratar sobre los sucesos acontecidos en el pasado, en relación a la banda de los Defias, mediante un planteamiento jocoso, que a menudo llegaba a lo absurdo. Parecía haber una broma recurrente en la obra, que servía como hilo que relacionaba todos los acontecimientos, en la cual los Defias mostraban un interés casi enfermizo por reclamar el pago por sus servicios en ciertas cantidades de pollos, como si la obtención de tales animales de granja fuera particularmente relevante para sus miembros. Aquello comenzó a llevar lentamente a Lescon, de la indiferencia inicial, a una creciente crispación. Después de tantas desgracias acontecidas, tan solo en lo referente a los incidentes con los Defias, aquella gentuza se atrevía a comerciar con la historia, retorciéndola en un espectáculo burlesco que, a ojos del severo crítico, rozaba lo macabro. Pasado un tiempo, atrapado como él solo se había procurado, en mitad de un enorme gentío, y en un intento por abandonar un momento su atención de aquella obra que no lograba más que crisparle los nervios, su atención se centró en un grupo que a cualquiera se le habría antojado bastante particular, no solo por el hobgoblin que los acompañaba, o el goblin al que obviamente debía de escoltar, si no también por el comportamiento de aquellas dos jovenzuelas que reían de manera indiscreta casi todos los sucesos de la obra, para ponerse a bailar durante los descansos de una manera burda y sencilla, pero llamativa para el pueblo, hasta el punto de que los artistas se habían visto en la necesidad de subir al oso al escenario durante tales recesos para que su baile pudiera mantener la atención del público en la obra. Parecía que la pelirroja de maneras descaradas era la instigadora de aquel comportamiento, aunque la otra, a todas luces una suerte de mercenaria, dada su apariencia, no parecía hacer ningún esfuerzo por resistirse. ¡Y Luz Santa, qué mal hablaba! Junto a estas dos, así como el goblin que reía animoso por la obra, o el hobgoblin del que cabía dudar si tan siquiera comprendía lo que pasaba, completaban la extraña compañía un enano que repetidamente estallaba en carcajadas, llegando a dar sus posaderas en el suelo de forma despreocupada, dos draenei de físico imponente, así como un porte respetable, que parecían observar y debatir sobre la actuación, confusos por lo que veían, y una humana de presencia disciplinada, incluso castrense, la cual llegó eclipsarse levemente cuando las dos atrevidas muchachas la forzaron a ser partícipe de sus sandeces. Aquello era lo último que Lescon deseaba ver. No hacían más que reforzar su opinión de que no había respeto alguno por el sufrimiento que otros habían padecido en el pasado.

Tal vez por fortuna, una voz familiar captó la atención del hombre cuando éste creía que su hastío superaría a su templanza. Había pasado largo tiempo, pero nunca olvidaría a quienes habían sido subordinados suyos en el ejército en tantas y tan arduas circunstancias. Aisen Canbrand pertenecía a ese selecto grupo de voces familiares. Volvió la cabeza para observar a ese hombre que se dirigía a él con expresión sonriente, pero de planta aun así digna, incluso cuando, como entonces, prescindía de su uniforme. Mantuvieron una breve conversación, sobre qué tal llevaba, el que llegara a ser teniente, su retiro por las lesiones; sobre su hija en Theramore, al otro lado del Mare Magnum; sobre el reciente ascenso de Aisen a sargento primero; y sobre cómo actualmente se limitaba a ocuparse de la instrucción de la tropa y las gestiones burocráticas, dejando la mayoría de las intervenciones en Crestagrana para el personal más joven. Durante toda la conversación, Lescon intentó mostrarse animado, sonriente, pero el grado de comprensión que el antiguo superior tenía sobre los que fueron sus subordinados parecía ser recíproco. Llegado a un punto de la tertulia en el que las formalidades, así como las inquietudes sinceras, se habían visto satisfechas, el sargento primero no dudó en inquirir de forma abierta y directa sobre qué clase de preocupaciones invadían la cabeza del veterano. Éste volvió nuevamente la mirada, primero al escenario, luego al peculiar grupo de espectadores.

-Tanta sangre derramada, para que ahora se vea banalizada de una forma tan prosaica. –Repuso con amargura, viéndose su reflexión respondida por Aisen, con un tono y unas palabras más comprensivas de las que él esperaba. Volvió a mirarle, alarmado, mientras éste se disponía a comentar algo en voz alta, tal vez para sí mismo, tal vez para Lescon.

-La gente también necesita un poco de paz. No creo que nadie piense en serio que aquello pudo ocurrir así. Pero es una forma de sobrellevar el dolor por las desgracias del pasado. –Incluso se rio un poco mirando al grupo. -No creí que fuera a ver a la Sargento Lionhammer de esa guisa. Con lo sobria que suele ser.

-¿Sargento? –El tullido comprobó nuevamente el grupo, más preocupado aun sabiendo que un mando del ejército estaba siendo partícipe.

-Es la mujer morena, de pelo y piel, que está siendo zarandeada por las otras dos. –Comenzó a señalar individualmente. -La de su izquierda, es Hudson. Una mercenaria que operaba en Crestagrana con su anterior compañía. Trabajó algunas veces con el ejército. Por lo que sé, se conocen. –Luego se rascó la nuca, pensativo, como si intentara acceder a algún lugar de su memoria. –La pelirroja… ni idea de cómo se llama, aunque también la he visto participando en el asunto de La Vorágine, así como al enano y la draenei. De esa tengo entendido que pertenece al ejército de su raza.
El antiguo teniente observó confuso a Aisen mientras éste iba explicando. El sargento primero no pudo más que encogerse de hombros con gesto despreocupado, para luego responder a la silenciosa pregunta.

-Sigo estando en activo después de todo, y hacía falta gente veterana para algo así. Aunque yo me quedé a proteger lo que fue nuestra base allí, mientras ellos se incorporaron a la vanguardia. –Volvió a centrar su atención en el grupo. –Al otro draenei, no lo conozco, aunque por sus formas y su postura bien podría ser colega de la primera. El goblin y su acompañante, supongo que es fácil imaginarse qué hacen en Ventormenta.
Se produjo un silencio que se prolongó un tiempo relativamente extenso, durante el cual la obra terminó por dar a su fin. Mientras los actores salían una vez más a escena para agradecer al público su dedicación, Aisen retomó el interrogatorio.

-Teniente, nos conocemos. –Le miró con una sonrisa sincera, fruto de la camaradería. –Usted siempre fue un gruñón, pero no tanto. ¿Qué es lo que le ocurre?
El aludido suspiro con pesadez, manteniendo la mirada aún centrada en ese peculiar grupo.

-Desde que los orcos llegaron, desde la primera guerra que tuvimos con ellos, he perdido a compañeros, superiores, subordinados, amigos, padres, abuelos, una esposa, cuatro hermanos y dos hijos. –tragó saliva, visiblemente compungido. –No quiero lamentarme por eso. Sé que no soy el único que ha tenido que padecer por los males de este mundo. –Aisen asintió en silencio, con expresión seria. Aguardó así el tiempo que su antiguo superior se demoró en continuar. Sabía perfectamente que debía haber algo más. La verdadera causa, por si lo ya mencionado no fuera suficiente. –Los orcos, los Defias, los orcos nuevamente, la Plaga, los orcos y su maldita Horda, de nuevo y hasta ahora una vez tras otra, las amenazas de Terrallende, Rasganorte… -Alzó la vista al cielo, tomando aire profundamente para soltarlo con pesar. –Y ahora el Destructor. Luchamos y luchamos por vivir, pero las amenazas siempre vuelven. Parece que el mismo mundo que habitamos nos quiera ver exterminados. No importa cuánto aguantemos, siempre volvemos a vernos amenazados.
Aisen mostró una sonrisa comprensiva, observando a Lescon mientras le replicaba.

-No importa cuánto nos veamos amenazamos, siempre aguantamos.
Lescon apoyó el peso de su cuerpo contra el muro a su espalda, fatigado, tal vez más en mente que en cuerpo.

-Nos hacemos viejos, Aisen. Muchos ya no podemos soportar esa carga, y el resto poco tiempo más podréis hacerlo. Pero las amenazas no terminan.

-Supongo que es imposible no pensar eso alguna vez. Y cuanto más tardas en hacerlo más te domina esa idea. –Le dio un leve golpe en el brazo para captar su atención mientras señalaba al grupo del que hablaron. –Pero teniente, ahí no veo a gente vieja. Ladeó un poco la cabeza sonriéndose antes de especificar. –O al menos, no a nadie cuyos años le pasen factura. –Algunos ya no pueden, otros pronto no podremos, y muchos ni si quiera están. Pero también hay gente nueva. Ellos pueden soportar esa carga que hemos llevado nosotros, liderados por aquellos a los que nosotros mismos lideramos, mientras se echaban esa carga a la espalda sin que nos diéramos cuenta. Llevamos más tiempo del que cree sin ser nosotros los que la soportamos.
Aisen terminó por darle una palmada en el hombro a su antiguo superior.

-Le invito a un trago. En La Rosa Áurea siguen sirviendo la cerveza como a usted le gustaba.

Lescon permaneció unos momentos en silencio, aún apoyado contra el muro, observando con detenimiento a ese peculiar grupo, que una vez terminada la obra, conversaban entre sí de manera ya más comedida. Tan dispares entre sí, y sin embargo aquella conversación parecía desarrollarse de forma completamente natural, alternando entre cuestiones intrascendentes y otras más serias a juzgar por los cambios en sus expresiones. Finalmente, asintió en silencio al que fuera su subordinado, volviendo a cargar su peso en el rugoso bastón y la pierna que aún podía sostenerle. El camino hacia La Rosa Áurea se le antojó menos costoso de lo que venían siendo esos recorridos para él. Poco a poco, su crispación, su rabia, su desolación, fueron desapareciendo. De una forma tan progresiva e inexorable como habían surgido.

Una pregunta le rondaba la cabeza. Una pregunta tan absurda, a la que era tan difícil darle respuesta que terminó por sacarle una sonrisa por su propia estupidez: ¿Por qué demonios tenían que reclamar pollos?

Participante: @Prophet

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Efecto Mariposa

Ella se había ido para siempre, él no sería el mismo, la duda constante de un recuerdo sin fundamentos tenía la capacidad de volver loco a cualquiera, aquél hombre que había pasado toda su vida amando a su mujer, en sus andananzas por la vida, en situaciones de amor, odio y perdón, pero aquél hombre había perdido algo más, había perdido a la mujer, a la que lo hacía feliz, la que lo levantaba todos los días y le decía "Estoy contigo" recuerdos que no se volverán una realidad, recuerdos que... son solo eso, recuerdos.

Luego de un rato de estar en la cama a Él se le ocurrió llevarla a cenar, vivian uno en frente del otro y a pesar de tener 17 años se querian casar lo mas temprano posible, s puso sus mejores ropajes, compro una flor y fue hacía la casa de Ella, dió unos cuantos toques a la puerta hasta que salió su madre, lo miró alegre y le invito a pasar, -Saldrás con ella- le dijo la señora, que aunque tenía 60 años se veía muy cuidada, era madre de dos hijos uno de 20 y una de 17, la amada de Él, la señora subio las escaleras para llamar a Ella, y en esos escasos segundos Él se imagino dandolé un anillo de compromiso, sus 4 años de relación tendrián que acabar en un compromiso sí o sí, no la dejaría escapar y Ella tampoco tenia intención de eso, luego de un rato ella salió, para Él tan encantadora como siempre, hermosa y perfecta, el corazón le palpitaba muy rapidamente, se acercó y le dio un beso en la mejilla -Vamos a comer- pudo decir luego de darle un beso mucho mas grande en la boca, dejando el olor a perfume impregnado en el cuerpo de Ella, hasta que se retiraron hacia una tienda de comida que les quedaba cerca.

Ellos vivían en Ventormenta, desde pequeños, criados Él como Herrero y Ella como una Maga, Ella seguia estudiando la ciencia arcana, Él ya trabajaba como Herrero en un local no muy lejos de su casa, ambos habían tenido contacto a sus 13 años, desde el primer instante hubo una chispa, que s epodría decir algo "magico" que ocurrió entre los dos, se veian día a día, no podían estar uno sin el otro, capaz de que sí los separaban unas horas se aburrían o directamente se hechaban en la cama depresivos, su relación se hizo mucho mas fuerte, hasta que al fin el le pidío el noviazgo, su madre lo acepto al instante y estuvieron juntos desde ese entonces.

Cuando Él y Ella llegaron a la pequeña tienda que vendía pollo y algunas bebidas Él empezo hablar sobre el matrimonio y que era muy bonito ver a aquellas parejas casdas y con hijos, a Ella no le hizo mucha gracia y le replico diciendolé -No lo creo, estoy centrada en mis estudios- Él lo tomo muy bien y puso su mejor cara, pensando que cuando llegará el momento se lo propondría, la cena transcurrió normal, hablaban, conversaban, reían, dando a entender que era muy felices, pocas veces discutían y si lo hacían casi siempre era por tonterías que resolvian al mismo instante, unos meses despues de aquella cena Ella se tuvo que retirar hacia Dalaran para seguir sus estudios de magia y Él se entristeció mucho, tal vez demasiado, dejó de trabajar algunos meses, al final lo aceptó y si la quería tendría que esperarla.

Pasaron 2 años y Ella llegó, Él la recibió con los brazos abiertos, de nuevos juntos eran inseparables, al final Él se propuso a pedirle matrimonio, luego de unos días buscando algún anillo de compromiso, uno que fuera especial, hasta que al fín encontro uno, el cual cada vez que alguien se lo ponia brillaba de un color verdoso muy espectacular, cuando fue hacia la casa de Ella, su madre les preparo una grandiosa cena, rieron bastante, estaban muy felices, la noche siguió perfecta y Él se decidió de una vez a pedirle matrimonio, se sacó el anillo del bolsillo, se arrodilló frente a Ella y le dijo -¿Te quieres casar conmigo?- en una mueca de felicidad Ella dijo -¡Sí!- los dos se abrazaron fuertemente y pasaron toda la noche juntos, pensando en su nueva vida.

Una vez se realizó la boda Él le dijo que deberián tener un hijo, Ella se negó diciendo -Deberíamos esperar más- Él lo acepto, y siguieron la vida como la llevaban, 4 años despues nació Hijo, Hijo era identico a Ella se parecían demasiado, lo mimaron un largo rato, estuvieron mucho tiempo con él, lastimosamente meses despues que Hijo naciera Ella fue requerida en el asedio de Ventormenta, para parar el ataque de los Orcos, Él y Hijo tuvieron que mudarse a Stratholme, para Él eso fue un golpe impresionante, Ella murió y Él no la recuperaría, así que se concentró en enviar a Hijo a Dalaran, a sus 12 años Hijo fue a Dalaran, para seguir los paso de Ella, una vez Hijo afuera Él sintió una gran depresión, pero gracias a su trabajo pudo olvidar aquellas cosa que le hicieron un mal.

Luego de varios años y sin ver a Hijo, Él decidió hacer un diario en el cuál escribió lo siguiente: Hijo hoy vino tu maestro en Dalaran me dijo que te escapastes de allí y que el te podía haber ayudado, que todavía no sabes todo de él, muchas gracias por despedirte antes de ir a donde vayas, tambien me comentó que te volveras a encontrar con él sea en vida o en muerte.

La ultima hoja del diario decia lo siguiente: Hijo, le fui infiel a tu madre y creo que voy a pagar el precio, la plaga, la plaga esta llegando a Stratholme, enviaré ese diario a mi amigo Thomas Rajer en Ventormenta, el te encontrará y Hijo estés donde estés espero que estés a salvo, Halastor... Creo que esto es el efecto mariposa, le fui infiel a tu madre y ahora estoy pagando el precio.

 

Categoría Arte Audiovisual

Participante: @Sorin

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Categoría de Dibujo

Participante: @Nymleth

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sorrow_in_the_barrens_by_gharneff-dahuqh9.png

 

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Informo que, aunque estamos yendo un poco lentos, no nos olvidamos del Concurso y ya estamos debatiendo acerca de los ganadores de cada modalidad.

Pronto lo publicaremos y repartiremos los "regalitos" ;) 

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GANADORES DEL 3ER CONCURSO DE MILARDO DAVINCI

¡Y los ganadores del Concurso son..........!

Categoría de Escritura

  1. @Huwex (Ganador de 3 meses de Cuenta Premium)
  2. @Sacro (Ganador de 2 meses de Cuenta Premium)
  3. @Aldruss (Ganador de 1 mes de Cuenta Premium)

Categoría de Dibujo

@Nymleth Ganador de 3 meses de Cuenta Premium, quedando en el 1er puesto, esforzándose en presentar tan precioso dibujo.

Categoría de Vídeos

@Sorin Ganador de 3 meses de Cuenta Premium, por su vídeo trailer de nuestro Servidor.

 


¡Damos la enhorabuena a todos los participantes! No se vayan muy lejos porque además es posible que Saint, como otros años, tenga un regalo sorpresa para cada uno ;) él ya os dirá.

¡Desde hoy se os aplica la Cuenta Premium correspondiente a vuestra cuenta de juego, con los Comandos de ROL especiales!

P.D: Que ninguno de los ganadores se extrañe si recibe un MP acerca de "donación", simplemente es que agregamos el tiempo de Cuenta Premium vía el sistema de donación que contabiliza el tiempo automaticamente.

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