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Retratos de Azeroth: Illidan Tempestira

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Retratos de Azeroth: Illidan Tempestira

Un nuevo artículo de "Retratos de Azeroth", de la mano de Blosc, redactor de WoWChakra, el cual nos trae información sobre Illidan Tempestira. No os perdáis este artículo, siempre atendiendo que los argumentos descritos pueden ser sujetivos a la visión de la información recabada por su autor. ¡Disfrutadlo!

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, el Miércoles 23/10/2013 - 11:30

<< Traidor... En verdad, fui yo el traicionado. Todavía me persiguen. Aún me odian. Pero ahora mis ojos ciegos ven cuando los demás no pueden ver. Hay momentos que se debe forzar la mano del destino. Ahora vayámonos... para desatar las mareas de destrucción... Sobre todo a aquel que a nosotros ose enfrentarse. >>

Illidan Tempestira ha anhelado el poder por encima de todo lo demás, a excepción de su amor por Tyrande Susurravientos. Esto le ha llevado a cambiar de bando en más de una ocasión y ganarse de este modo el título de “El Traidor”.

Primer contacto con la Legión

Illidan nació con unos ojos dorados, algo que para su raza significaba que estaba destinado a grandes logros. Hizo un primer intento con la energía de la naturaleza, la misma magia que practicaba su hermano gemelo Malfurion. Sin embargo, pronto se dio cuenta que prefería la energía arcana y se convirtió en uno de los hechiceros.

Cuando la Legión se presentó en Azeroth a causa de la traición de la reina Azshara, Malfurion convenció a Illidan de abandonarla y ayudarles a combatir a los demonios. Pero la única posibilidad era cerrar el portal. Y para ello era necesario destruirlo. Este plan nunca fue del agrado de Illidan: la energía arcana era su vida. Por otra parte los demonios rebosaban de un poder increíble. Entonces, Illidan empezó por admirarles en vez de temerles.

Fue influenciado por Xavius, que hizo uso de las dudas del elfo para ponerlo de parte de la Legión. También usó en su beneficio el amor no correspondido que Illidan sentía hacia Tyrande. Incluso quiso utilizarle para matar a Malfurion: sin rival en el amor, Tyrande sería suya. Sargeras en persona recompensó a Illidan por unirse a sus filas: perdió sus dorados ojos a cambio de unos nuevos mágicos. Ahora, era capaz de ver todas las formas de la magia.

Pero la Legión fue finalmente derrotada y el portal destruido, causando una devastación enorme. Los elfos de la noche supervivientes esperaban que todo hubiera acabado. Illidan, por otra parte, tenía otros planes: al igual que otros, no estaba dispuesto a renunciar a la energía arcana por lo sucedido.

Secretamente, había llenado siete viales con las aguas del antiguo Pozo de la Eternidad. Haciendo uso de tres de ellos, pudo crear otro Pozo. No tardó en ser descubierto por el resto. Illidan no quiso escuchar a su hermano; estaba convencido que había hecho lo correcto. Viendo que no podía convencerle de su error fatal, Malfurion optó por encerrarlo eternamente bajo tierra, lejos de los demás.

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Arthas y la calavera de Gul'dan

Tal y como se temía Illidan, la Legión regresó a Azeroth para terminar lo que empezó. Pero el Elfo de la Noche seguía encerrado bajo Hyjal. Fue casualidad que Tyrande estuviera por la zona y se acordara de él. Considerando que era una buena decisión, no dudó en liberarle para hacer uso de sus habilidades que serían muy útiles en la batalla venidera.

Después de diez mil años, Illidan al fin salía a la superficie. El paisaje que él recordaba era distinto por el paso del tiempo, pero sobre todo, por la corrupción vil de la Legión. Sin embargo, no fue eso lo que le impulsó a luchar: quería más que otra cosa, demostrar lo que vale ante su hermano; que vieran que había cambiado.

Poco se esperaba que se encontrara a un humano. Arthas Menethil, siguiendo las órdenes de su maestro, había viajado hasta Kalimdor para encontrarse con Illidan. Tras una lucha entre ambos guerreros y comprobar que sus fuerzas eran muy pares, Illidan accede a escuchar lo que tiene que comunicarle.

La calavera de Gul’dan: ese era el objetivo del Rey Exánime. Esa era la tarea que tenía encomendada para Illidan. Ner’zhul conocía el ansia de poder del cazador de demonios; su premio por cumplir iba a ser la calavera, un artefacto de gran poder.

La reliquia transformó a Illidan en algo más que un Elfo de la Noche. Y también aumentó en gran medida sus facultades. Con su nuevo poder, se sintió capaz de retar al señor de la Legión en los bosques: Tichondrius, líder de los Señores del Terror. Illidan se sentía satisfecho, había logrado su objetivo de derrotar a los demonios, sin contar con su nuevo juguete. Esperaba reconocimiento por sus hazañas.

Rechazo. Eso es lo que consiguió de su hermano. Ni alabanzas, ni agradecimientos ni disculpas. Incluso Tyrande se arrepintió de haberlo liberado. No, el resto de Elfos de la Noche vieron en sus acciones una nueva traición hacia ellos. Entonces, Illidan desapareció, jurando no volver.

El Ojo de Sargeras

El apoderarse de la calavera de Gul’dan fue un duro golpe para la Legión y sus planes de victoria. Pero Kil’jaeden era sobre todo, astuto: en vez de ordenar su muerte por los problemas causados, vio en Illidan gran potencial. Nuevamente, su recompensa por obedecer era más poder; pero esta vez, el fracaso tenía un precio.

El Traidor reclutó nuevas fuerzas que le sirvieran en su nueva misión, recurriendo a seres desconocidos para el resto del mundo: los Naga. Esquivando a la tenaz Maiev Cantosombrío, se hizo con el Ojo de Sargeras, un artefacto de gran poder; incluso demasiado, puesto que no se atrevía a usarlo para sí mismo.

Sus acciones no pasaron inadvertidas para la sociedad élfica de Kalimdor. Tyrande y Malfurion, al enterarse de lo sucedido partieron inmediatamente para detenerle. Illidan, guarnecido en Dalaran, comenzaba un ritual que estaba destruyendo Rasganorte. Su hermano interpretó que su objetivo era destruir el mundo por completo, así que se esforzó todavía más en detenerle.

Unidos los dos grupos de Elfos (de Sangre y de la Noche) a las afueras de la ciudad, consiguieron abrirse camino hasta el lugar en que se estaba celebrando el ritual y detenerlo. Esto causó que el Ojo de Sargeras hiciera explosión y por fin pudieron capturar al esquivo Illidan. A pesar que las verdaderas intenciones del ritual era destruir Corona de Hielo y a su malvado señor, el Rey Exánime, fue juzgado allí mismo. El juicio fue rápido y la sentencia era la muerte.

Maiev estaba a punto de poner fin a su vida cuando Malfurion anunció que Tyrande había muerto por su culpa. Eso debía hundir más a Illidan, pero fue su salvación. Kael’thas, que había asistido a la “muerte” de la sacerdotisa, declaró de <<hipotética>> la afirmación de su muerte. Era probable que continuara con vida.

Ante la sorpresa de Maiev, el Traidor fue liberado. Malfurion esperaba usarle a él y sus Naga para explorar el rio y dar con su amada. Illidan, por su parte, tenía tantas ganas como su hermano de encontrarla. Por primera vez en milenios, los gemelos Tempestira trabajaban juntos en una misma meta.

Illidan fue el primero en dar con la sacerdotisa, y se apresuró a ponerla a salvo. Fue perdonado por este hecho de todos sus pecados anteriores y decidió marcharse para siempre de esta tierra. Esta vez, cumplió con su palabra. En cuanto a los Naga, supuestamente sin líder, vagaron por Azeroth libremente…


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En cautividad durante diez mil años. Desterrado de mi propia tierra. ¿Y ahora osáis adentraros en MI reino? No estáis preparados...

Señor de Terrallende

Illidan se retiró no sólo de Kalimdor, sino también del mismo planeta. Dejó atrás Azeroth para instalarse en Terrallande. Mientras, sus leales Naga, que todavía estaban a su servicio seguían en el antiguo mundo. Para cuando atravesaron el portal que los traería dónde se encontraba su maestro, traían consigo nuevos aliados: los Elfos de Sangre.

El Cazador de Demonios no los estaba esperando exactamente al otro lado. Después de días de búsqueda, lo encontraron aunque no cómo ellos esperaban. Las vigilantes de Maiev habían seguido a Illidan hasta ahí y le habían encontrado antes que sus aliados. De nuevo, era hecho prisionero. Sin embargo, esta vez no tuvo que esperar otros diez mil años para ser liberado de su celda.

Aludiendo a un pasado común, cuando los tres (Nagas, Elfos de Sangre e Illidan) eran considerados Elfos de la Noche, se aliaron para sobrevivir en ese nuevo paisaje desolador que presentaba la Península de Fuego Infernal.

Illidan reveló que Terrallande era una guarida: esperaba poder esconderse en ese olvidado y destrozado planeta de la furia de Kil’jaeden. Después de todo, había fracasado en su tarea de destruir al Rey Exánime y la Legión no escuchaba, simplemente quería resultados. Además, si iba a permanecer allí, sería mejor asegurarse de controlar el territorio.

Las fuerzas de Magtheridon resultaron ser un desafío. Pero las suyas propias, formadas por los Naga, los Elfos de Sangre y los recién “adquiridos” Draeneis demostraron ser superiores. Primero se aseguraron de impedir la llegada de refuerzos al enemigo y posteriormente lanzaron un ataque directo a la base principal, en el Templo Oscuro.

Magtheridon, a pesar de su gran poder, se vio superado en número y finalmente fue derrotado y encarcelado. Los orcos viles, que habían luchado contra los recién llegados, juraron lealtad al nuevo señor de Terrallande. Illidan esperaba descansar al fin, como mínimo, por una temporada.

Objetivo: Rasganorte

Terrallande no resultó ser el mejor lugar para esconderse: Kil’jaeden tiene a su disposición una infinidad de espías. Le encontró poco después de reclamar el planeta como suyo y estaba enfadado por la necedad del semi-elfo por fracasar y por creer que podría escapar. Sin embargo, le concedió una segunda oportunidad tras comprobar que Illidan contaba ahora con unos ejércitos más numerosos y poderosos.

Esta vez, tenía que atacar personalmente al Señor de los Muertos: no había más conjuros poderosos. Por suerte, el Rey Exánime, confiado, no esperaba esto. Las fuerzas de Illidan fueron adentrándose en el interior del helado continente con facilidad. Pronto supieron de la llegada de Arthas y los ejércitos de No-muertos que lideraba, pero era demasiado tarde. Esos refuerzos no llegarían a tiempo: se encontraban todavía en la costa.

Para su sorpresa, la Plaga encontró un camino subterráneo; una ruta más directa a Corona de Hielo. Illidan apenas llegó antes que Arthas y empezó la batalla. Ambos contrincantes eran más poderosos que en su último encuentro, pero es probable que Illidan lo fuera todavía más que su oponente.

A causa de ello, se confió notablemente. Creó una abertura que Arthas supo aprovechar y fue alcanzado en el pecho. Illidan cayó al suelo y el Caballero de la Muerte le dejó ahí, creyendo que había muerto o que moriría en unos instantes. Por suerte, sus aliados continuaban por la zona y le rescataron a tiempo, retirándose a Terrallande.

Illidan había vuelto a fracasar en su misión. Kil’jaeden pronto lo sabría y sus demonios no tardarían en aterrizar en el planeta para darle caza.

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Locura y Caída

Su derrota a manos de Arthas le causó heridas más allá de las físicas: empezó a enloquecer. Fue en este momento cuando Kael’thas cambió de bando, aunque en secreto. Es probable que la decisión de Illidan de declarar la guerra total a la ciudad de Shattrath (cuando pudo aliarse con ellos contra el enemigo común que representaba la Legión Ardiente) fuera idea del príncipe elfo, influenciado a su vez por Kil’jaeden.

A pesar de contar con numerosos demonios que se pusieron a su servicio y una nueva generación de orcos viles, los ataques sobre la ciudad no funcionaron. Shattrath se mantuvo e incluso fue capaz de lanzar un contraataque hasta las mismas puertas del Templo Oscuro. Entre tanto, la traición de Kael’thas se había descubierto y la lucha había empezado.

Para cuando el Portal Oscuro es reactivado y la gente de Azeroth lo atraviesa, la locura de Illidan es totalmente clara. Incluso llegó a pensar que había vencido a Arthas. Los recién llegados, incluso los Elfos de la Noche, fueron considerados enemigos. El Traidor debía ser vencido para restaurar la paz en Terrallande.

De esta manera, empezó el asalto al mismísimo Templo Oscuro, dónde Illidan aguardaba en lo más alto a quien se atreviera a desafiarle. Lo que no esperaba era una nueva traición, esta vez de Akama. Secretamente, el draenei liberó a Maiev de su cautiverio y ésta se ocultó, esperando su momento. El combate contra Illidan empezó, y no se reveló hasta los momentos finales, para sorpresa del cazador de demonios.

Illidan fue nuevamente derrotado. Pero esta vez, no había nadie para salvar su vida. Maiev, por fin, reclamó a su presa. Por fin, pudo cumplir la sentencia de muerte que le impuso a Illidan años atrás. Su larga vida terminó en ese momento.


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