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MundoWarcraft
Añil

No debía enterarse.

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Publicado (editado)

Vale, esta vez sí me acuerdo de poner una pequeña introducción. Esto es un pequeño relato sobre cómo Ruthie se enteró de que Ivano (@Senkarudai)es un huargen. Aquellos que la conocen saben por qué es un episodio importante para ella.

Los presentes lo narrado son: Ruthie (PJ propio), Kianna (@IDwarf), Elasay (@Alphalari) y Noldrenai (@MoonlessCry).

 

 

—¡No somos pareja...! —Ruthie se había encontrado con Elasay y Kianna justo después de que Ivano se fuera a dormir aquella noche. Suficiente tiempo de descanso le había robado ya, a cambio de que él le robase su primer beso. Por fortuna o por desgracia para la joven, decidió acercarse a aquellas dos, y probablemente le notaron la boba felicidad que emanaba su cuerpo, pues comenzaron a acosarla con preguntas y falsas afirmaciones hasta acabar sonsacándole qué había ocurrido con el ex-granjero.

—Qué irónico, tratándose de un gilneano —dijo Kianna, muy convencida de que aquel beso entre los humanos significaba mucho más de lo que la involucrada en el mismo quería reconocer.

—¿Cómo que irónico…? ¿Por qué…? —la castaña comenzó a sospechar en ese instante. Sentía que en la procedencia del varón había algo más que a la enana se le había escapado, algún detalle que luego la pelirroja intentó ocultar. Y tratándose de un gilneano, a la muchacha solo se le ocurría un motivo por el cual fuera irónico que se hubiera acercado a él, y aquel motivo era su mayor fobia.

—No, por nada… —respondió la pequeña mujer abriendo mucho los ojos y carraspeando, expresión que solo sirvió para atraer aún más la atención de la delgada mensajera.

—Habla —dijo la joven con un tono imponente que se convirtió en un agudo gritito al escuchar una voz tras ella, una que, por supuesto, no se esperaba.

Elasay oraba en voz alta por alguien sin pelos en la lengua que fuera a ayudarles en aquel momento en que trataban de hacer ver a la chica que ahora estaba emparejada. Y pareció que sus plegarias fueron escuchadas, pues justamente entonces Noldrenai iba saliendo de la posada a la que la gilneana trataba de huir.

—¿He oído «sin pelos en la lengua»? —preguntó el gigante azul desde detrás de Ruthie para luego apoyarse contra el marco de la puerta con una postura estúpidamente sensual.

—¿Qué hay, Nol? —la enana trató de evadir la conversación.

—No, no hay nada. ¿Qué pasa con que sea gilneano? —insistía Ruthie tratando de volver a captar la atención de Kianna.

—Anda, qué oportuno —se alegró Elasay, saludando al otro draenei—. Buenas, Nol.

—Hey, estoy bien. Bastante bien, de hecho —respondió el ser azul—. ¿Vosotras?

—Aahhh… es que… ya sabes… —la pequeña tartamudeó haciendo gestos con la mano con intención de quitar importancia al desliz que tuvo. Su expresión estaba totalmente rígida y la mirada se dirigía a la pared, recta hacia al infinito—. Venís de la misma ciudad y eso…

—Ocultas algo… —acusó entonces la castaña, llevándose una mano al pecho y respirando hondo.

—Aquí, enterándonos de secretos oscuros —era la mujer más alta quien respondía ahora a su paisano, mirando a Ruthie con media sonrisa pilla en los labios. Ella no parecía notar que la humana estaba bastante tensa.

—Me gustan los secretos oscuros —el varón azul hablaba ahora.

—A mí no… —gimió la chica de corta melena, nerviosa, comenzando a temerse de verdad que el hombre con el que se había sentido tan unida en tan poco tiempo portara la maldición caída en Gilneas años atrás. Respiró hondo de nuevo y se sentó en el último peldaño de la pequeña escalinata hacia la posada.

—Eeeh… —Kianna ahora también parecía nerviosa. Era evidente que intentaba pensar algo a toda prisa.

—Mientras no tengan que ver con parejas… Me estoy hartando de… —Noldrenai no terminó de decir lo que tenía pensado, clavó una mirada desorbitada en la enana cuando la escuchó. De repente, como si fuese al ser de otro mundo a quien escondiera información, reveló falsamente:

—¡Me gusta Ivano! —en ese momento miró a todos, cuchicheó un poco con Elasay y se fijó finalmente en Ruthie, mientras sudaba por los nervios.

—¿Qué cojones…? —preguntó el draenei, descolocado—. Nah, ahora en serio… —pidió desviando también su atención disimuladamente hacia la chica que se acababa de sentar.

—¡Es en serio! Pienso todos los días en él, no hay otra cosa que amejoder más —se le escapó tal vulgarismo por los nervios, mezclándolo con la frase con la que trataba de mentir.

—De verdad, Kianna tiene gustos muy… exóticos —secundó Elasay pasándole un pañuelo a la nombrada.

—Me cago en lo quiero mucho, de verdad —volvió a errar la pelirroja, aceptando el pañuelo y usándolo para palmearse la frente con él, mirando a la nada.

—¿Y qué es lo que amas joder de él? —Noldrenai, por supuesto, siguió los juegos de palabras—. Suena a romance de mierda. Vale, es cosa de pareja, pero me intriga porque suena horrible.

—Su… eeeh… Que es granjero. Sí —respondió la pequeña—. Muy de clase baja, sí señor.

—Necesitas que te plante la patata —definitivamente, Noldrenai no tenía pelos en la lengua.

Elasay tuvo que apartar la cabeza y hasta taparse la boca para aguantar la risa mientras Kianna intentaba seguir desviando la atención de Ruthie. La humana, sin embargo, no dejaba de dar vueltas a la cabeza durante aquella conversación.

—¡Olvidadlo! Solo es… un gusto —una vez más se aclaró la garganta, llevándose las manos a la espalda y sonriendo.

—¿Te ha rechazado? ¿No te permite ir al huerto de nabos? —Noldrenai preguntaba muy serio, cualquiera diría que sus dudas eran reales.

—Vaya, las preguntas con problemas de amores de Noldrenai son tan increíbles… —comentó la draenei mientras Kianna apretaba los labios y temblaba. Para ella, estar al borde de la muerte no se comparaba a aguantar la risa en aquel momento.

—Es que no cuela —se excusó Noldrenai.

—Aish, ya —replicó la mujer con cuernos, moviendo la mano de lado a lado para quitar importancia a la conversación—. Deja a la pobre con sus gustos campestres —en respuesta recibió una mirada sospechosa del varón.

Ruthie, finalmente, decidió marcharse del lugar. El ir escuchando la conversación retiró su atención de lo que temía, aunque su rostro ahora estaba pálido, quizás había pensado demasiado. Aún así se levantó lentamente, incluso sabiendo que sus temores volverían más tarde, una vez se metiera en la cama para dormir, pues Ivano se encontraba en una habitación cerca de la de ella, en la misma posada.

—Yo… ya me deshice de esa sequedad de boca que tenía… y ahora debería descansar —de repente la castaña sonaba agotada. En ese momento quería era escabullirse por detrás de Noldrenai hacia la posada.

—Claro, que descanses, Ruthie —se despidió Elasay.

—¡Hasta pronto! —añadió Kianna.

—¿Dónde va…? —preguntó Noldrenai extrañado, girándose hacia la que huía, pero la draenei le tiró de la cola para que no fuera tras ella— Eh —se quejó éste.

La enana pelirroja se dejó caer de rodillas en el suelo, llevándose las manos al vientre y sintiéndose liberada en cuanto vio desaparecer a la otra, quien se mareó en cuanto entró al edificio, dejando su cuerpo reposar contra la pared justo al lado de la puerta. Llevaba ya varias emociones fuertes aquella noche, aunque no sabía que lo peor estaba por llegar, y era inminente. Se llevó una mano a la cabeza como si con aquello el mundo fuera a dejar de movérsele. Por un momento perdió la visión y el equilibrio, aunque seguía escuchando a su alrededor de forma casi completamente nítida. Escuchó lo justo:

—Uugh… casi le digo que es un maldito huargen… —soltó finalmente para que los otros dos entendieran por qué había estado tan rara durante aquel rato.

—¿Ella no lo sabe aún? —preguntó Elasay.

—Ya decía yo que un cateto no iba a seducir a Kianna antes que yo —de nuevo parecía muy serio diciendo aquello, aunque esa vez se le escapó una risita cabrona.

—Por lo visto no… Aagh… —respondió la enana a Elasay.

En ese momento la humana, dentro de la posada, sí dejó de escuchar. Todos los pensamientos de su cabeza se desvanecieron poco a poco, ésta le dolía bestialmente de forma repentina. Las palabras se borraron, las imágenes, incluida la de Ivano, se difuminaron… y solo quedaron dos esferas de color miel en su cabeza antes de desaparecer el mundo.

Todos pudieron escuchar un golpe sordo dentro de la taberna, junto a la puerta.

Editado por Añil
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