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MundoWarcraft
Añil

Desaparición.

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Un pequeño rol que hice con @DanielBunbury, en el que Ruthie desaparece de Elwynn sin llegar a despedirse de nadie, iniciando así una nueva etapa en su vida, donde va a vivir a Bahía del Botín. Solo Dayana ( @Senkarudai ) , que en ese momento espiaba a Ruthie por motivos de roles anteriores, sabe dónde está ella ahora (más tarde informaría a Ivano ( @Senkarudai ) y a Berthold ( @IDwarf ), que son pareja y amigo de Ruthie, respectivamente. No sé si ellos han llegado a comunicarlo a alguien más).

 

Dato importante: este relato NO significa que haya desaparecido a Ruthie para dejar de rolearla.

 

Se aproximaba el ocaso y la joven volvía a Villa Azora. Llevaba bastante tiempo sin hacer tal recorrido sin compañía, ya fuera al atardecer o a plena luz del día, sin embargo no podía estar siempre dependiendo de todos. Había recuperado algo de confianza desde que se aseguró de que los últimos que la atacaron quedaron entre rejas, y aún así iba completamente cubierta de pies a cabeza, siendo imposible reconocerla de no ser por la yegua, la armadura de cuero y la silueta. Y aún con todo, aquel que había estado vigilándola durante a saber cuánto tiempo, la reconoció.

 

Ruthie había visto al varón encapuchado apoyado sobre el tronco, pero no le prestó atención. Tenía pensamiento de pasar de largo junto a él y seguir hacia casa. Sin embargo, reconocer la piel gris, el pelo blanco y los ojos rojos de Leanfriel cuando éste se irguió y descubrió su cabeza la hizo darle la vuelta a la tortilla: ya no quería pasar junto a él, quería girar a la yegua para irse corriendo en la dirección contraria. Pero no sería la situación. La vaga Nyel estaba cansada del camino y decidió que aquellos tirones de riendas la iban a irritar en ese preciso instante. Y le dio un ataque de desobediencia.

 

Hey, hey, hey, tranquila, que si quisiera matarte ya te habría sepultado bajo tu caballo —el elfo no era precisamente experto en calmar a las adolescentes asustadas, a pesar de que mostró las palmas de las manos desarmadas, no como Ruthie, que había desenvainado una de sus dagas con la mano derecha mientras seguía espoleando a la yegua y mantenía la tirantez de las riendas—. A ver, solo quiero hablar. Bueno, en realidad vengo a pedírtelo de nuevo —explicó el elfo—. Me tengo que ir al lugar de donde vine, pero me gustaría que me acompañases.

 

¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué quieres de mí? —preguntó nerviosa la muchacha castaña, que no se había quitado el simple pañuelo, ni la capucha que emulaba la cara de una rapaz nocturna. Acabó gruñendo de resignación, dando un guantacito a la crin de Nyel a modo de castigo, desistiendo en su intento por obligarla a sacarla de aquella situación.

Mira, te lo explico. Estoy buscando a alguien inteligente, con ganas de sobrevivir. Además necesito que sea guapa y que parezca inocente. Tú parece que tienes dos dedos de frente, así que me tendré que conformar con eso —tampoco parecía del todo experto en convencer a la gente—. Vale, es broma. También eres guapa —añadió tras soltar una carcajada. Ruthie hundió los hombros y alzó una mano palma arriba en gesto interrogante. Su cuerpo decía a voces que estaba totalmente confundida con aquella actuación.

 

Es… cuanto menos… el intento de flirteo más irracional que he visto en mi vida… —murmuró lentamente la muchacha, volviendo luego a tirar de las riendas de Nyel, por si acaso a ésta le había dado por obedecer. El animal no movió más que las orejas hacia atrás, resoplando.

 

Tampoco te me vengas arriba —respondió Leanfriel—. Mira, con esta cara no puedo pasearme mucho por ningún lado, así que necesito de alguien discreto. Y tú eres alguien discreto —agregó tras una pausa. Parecía convencido de querer llevar a la joven consigo—. Además, tienes talento; sabes con quién juntarte cuando te conviene. ¿Me equivoco?

 

¿Y para qué se supone que me... necesitas? —preguntó ella de nuevo, con desconfianza, entrecerrando los ojos al escuchar su última frase, pensándoselo—. ¿y qué ganaría yo?

 

¿Qué ganas? Una nueva vida. Mucho más cara que... ¿llevar el correo, era lo que hacías? —Ruthie no pareció darse cuenta de que solo le respondió una parte de sus preguntas, pero sí se dio cuenta de que la había estudiado más de la cuenta.

 

¿Pero cuánto tiempo llevas espiándome...? —esa vez era una pregunta retórica que salía tras varias respiraciones nerviosas. Y más se asustó cuando notó que su montura de repente quería comer unas golosinas. La yegua cabeceó un poco y dio un par de pasos hacia el elfo, parándose a masticar hierba del suelo—. Nyel... —llamó Ruthie, tensa.

 

Es mi trabajo. Bueno, además de matar gente —Leanfriel, que se encogió de hombros al responder, parecía bastante despreocupado dando tal respuesta—. En todo caso, te puedo ofrecer un nuevo hogar, sin tener que trabajar mucho y teniendo todo el dinero que quitas. Bueno, no todo, pero seguirá siendo bastante más de lo que tienes ahora.

 

No es tan fácil —dijo la encapuchada, dejando a la dichosa yegua en paz y centrando de nuevo su atención en el varón. Finalmente envainó la daga—. Cuánto tiempo sería, dónde, cuándo...

 

Ahora. Iremos a Bahía del Botín. Y es una nueva vida, tendrás lo que te ofrezco para siempre, aunque podrás volver si quieres a esto. Pero vamos, muy mal tienes que estar para... ¿repartir correo? Bueno, lo que sea. Podrías estar en un cotillón bebiendo cócteles de gambas —una vez más se encogió de hombros, como si aquello no fuera nada del otro mundo.

 

Sería un ir y venir... —murmuró la joven arrugando las cejas al escuchar el «para siempre» y girando la cabeza en la dirección hacia la que iba en un principio, para luego volverse hacia Villadorada—. Hay cosas que no quiero dejar atrás. Y aún así, es todo demasiado sospechoso. Lo pintas demasiado idílico —obviamente no podía fiarse de aquel hombre que en cierto momento la atacó.

 

No hay trampa ni cartón, lo prometo. Solo tendrás que ir a fiestas y hacer sociedad en Bahía del Botín. Como si fueras una ricachona más —ninguno de los dos hizo nada ante los pasitos que daba la yegua de vez en cuando en busca de más hierba.

 

Si tuviera solo dos dedos de frente, como dices, te creería.

 

Bueno, también tendrás que enterarte de lo que diga esa gente. No todo va a ser disfrutar de la comida... —esa vez su propio comentario pareció divertirle, pues el elfo de echó a reír.

 

Una espía… —murmuró la castaña, alzando las cejas y comprendiendo entonces lo que él quería. Ahora parecía más convencida.

 

En fin… Se me hace tarde —apremió Leanfriel mirando al cielo y comenzando a caminar—. ¿Vamos?

 

¡¿P… pero ya?! ¿Ahora? —balbuceó Ruthie dando un leve respingo al verle alejarse tan convencido. Ante la urgencia, su cerebro pensó en seguirle de inmediato, pero su cuerpo se quedó bloqueado.

 

Sí, ahora —fue la única respuesta del elfo de piel gris.

 

¡Deja que al menos me despida, maldita sea! —se quejó ella entonces, dando un fuerte tirón de las riendas del animal, que por suerte parecía bastante más obediente después de haber comido su golosina.

 

La chica, al ver que el otro no la esperaba, gruñó por lo bajo y saltó al suelo desde el lomo de la yegua, a la cual no tenía pensamientos de llevarse, bajándose el pañuelo y acercándose a su testa. Se quitó un guante para acariciarla y le dio un beso entre los ojos, a los cuales estaba mirando con insistencia. Movió los labios, pero casi no salieron palabras. Le susurró algo y tiró de las riendas haciéndola girar en la dirección en la que iban antes. Tal cual, el animal continuó caminando, no sin antes pararse un momento para mirar a Ruthie, la cual hizo un gesto brusco con los brazos hacia arriba para espantarla. Nyel creyó que estaban jugando, por lo que salió trotando hacia donde la dirigía la humana.

 

Tan solo unos pocos minutos después, el animal, que conocía el camino y lo había hecho sola en algunas ocasiones, llegaría a casa de Berthold sin entender que aquello había sido una despedida.

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