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Liga del Foro


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Showing content with the highest reputation since 16/11/17 en todas las areas

  1. 14 puntos
    Prologo Una solitaria y rudimentaria nave, elaborada de gruesos troncos de madera, huesos y pellejo de dragón, se aproximó a la costa olvidada de Thal’dranath. A la sombra del edificio estéril que se alzaba sobre su pequeño territorio, varios botes más pequeños se acercaron a la costa trayendo consigo cuerdas que les unían al barco del que habían descendido, llegando a parecer tentáculos o garras que se dirigían hacia la playa. Posteriormente, los ocupantes de los botes, una selección de razas de lo más variopintas, desembarcaron y todos empezaron a tirar de las cuerdas para arrastrar su transporte principal hasta hacerlo encallar en la costa. Bajo los pálidos ojos de las dos lunas, y de las distantes elfas esculpidas sobre el templo dedicado a la falsa diosa, oscuras figuras envueltas en ropas desaliñadas empezaron a caminar hacia el interior del territorio. Algunas de ellas lo hacían con tal seguridad, que daba la impresión de ya habían estado allí en el pasado. Cuando finalmente todos quedaron frente a la entrada del antiguo suelo más sagrado de los elfos de la noche, la más grande y deforme de las figuras se despojo de su ruinosa capa con capucha, observando fijamente con los ojos de ambas cabezas lo que termino siendo no solo el fin de su maestro, sino también de la Horda durante la Segunda Guerra y el casi sitio de su muerte. “K’tanth.” – Pronuncio la cabeza que aun conservaba sus facciones de ogro, con un tono comedido. “Lugar de horrores y pesadillas. Muerte. Dolor. Y oscuridad. Sí, sí, muchísima oscuridad.” – Dijo la otra cabeza de aspecto más deforme y de un solo ojo, con un evidente tono de excitación. Un humano y un trol se adelantaron unos cuantos pasos, encaminándose hacia la entrada del templo, dispuestos a abrir sus puertas frente a los ojos del resto. Sin embargo, la voz de Cho’gall los hizo detenerse. “No hagan eso.” – Les alertó el ogro. – “Hay una razón de por qué este sitio esta sellado. No tenemos que entrar.” “El brujo entro… y murió. Demonios, demonios por montones.” – La otra cabeza del ogro asintió varias veces. – “Viviremos con el ritual fuera. Afuera será mejor.” Ambos cultistas se miraron entre si, pero no contradijeron la orden de su señor. Mientras ellos volvían con el resto del grupo, un orco de piel tan blanca que le daba un aspecto insano y hasta sobrenatural, avanzó hacia el ogro, tirando de una cadena donde varios esclavos se hallaban atrapados por grilletes. Todos de diversas razas, al igual que los cultistas. Y todos sentenciados al mismo propósito: ser sacrificados. Con gran detalle, Cho’gall empezó a dibujar sobre la tierra un enorme circulo, en cuyo centro elaboro una elipsis mucho más pequeña, con extraños símbolos en su interior. Luego, a los costados del circulo mayor, trazo unas curiosas líneas que parecían dar forma a una extraña criatura de enormes proporciones, con tentáculos por brazos, una cabeza que parecía el hocico cosido de una bestia cuyos colmillos sobresalían por los costados y diversos óvalos delgados que se podía pensar que eran ojos. Los prisioneros entraron al circulo tan pronto el ogro termino y para sorpresa de muchos, los cultistas aflojaron los grilletes, liberándolos. Algunos se miraron entre si, confundidos y asustados. Otros, en cambio, se apresuraron a escapar o al menos, intentarlo. El ogro concentró el vacío en su mano izquierda, para luego extender la derecha hacia los prisioneros, quienes sintieron un terrible escalofrió recorrer su espalda poco antes de escuchar una infinidad de voces en forma de gritos y susurros que depredaban sus temores, sus anhelos y sus ansias, pero aun peor, que de algún modo los inducían a rasgar las ropas a la altura de su pecho y con sus propias uñas, hurgar en su piel hasta arrancarse el corazón frente a sus propios ojos. Sucumbiendo entonces al helado abrazo de la muerte. Los esclavos se derrumbaron sobre el suelo de forma unánime, bañando de sangre el circulo. Cho’gall extendió sus brazos y ambas cabezas entonaron extrañas palabras al unisono, elevando su tono de voz tan pronto sus ojos se tornaron igual de oscuros que el vacío que empezó a envolver sus manos. Y entonces se hizo el silencio… Cho’gall observo pirámides en medio de un desierto. El viento soplaba y causaba que cayeran en el olvido. Luego, tras un parpadeo, observo el Monte Hyjal con sus bosques ardiendo en llamas y una enorme criatura aproximándose a Nordrassil, pero no era un demonio esta vez, sino el Señor Elemental del Fuego. El ogro volvió a parpadear y esta vez, observo una serie de obeliscos y pirámides ser construidos por incontables esclavos sobre un suelo gris, bajo la atenta mirada de los deformes n’raqi y sus cultistas, cuyas carcasas físicas se habían transformado para asemejarse mejor la forma de su maestro. Y todo frente a una enorme estructura de elementium, con forma de aguja, la cual volvía a expandirse en su cúspide para dar forma a una especie de arco que simulaba ser el sol que ya no se ponía, ni se alzaba, sobre ese mundo de eterna penumbra. Era glorioso, era único. Era todo y aun más de lo que había llegado a imaginar. Él no estaba ahí, pero estaba seguro de que, incluso habiendo muerto, él había sido el artífice de la Hora Crepuscular. De cumplir la profecía que por tantos años había trabajado en realizar. Ese era el futuro. Ese era el deseo. No, esas eran las ordenes de su maestro. El mundo estaba listo. El Martillo Crepuscular había propiciado el caos que ahora engullía el mundo, convirtiéndolo en un yunque sobre el cual debían dejar de caer toda su fuerza para moldear la nueva era. La visión concluyo abruptamente y los ojos de las cabezas del ogro volvieron a la normalidad. La sangre, los órganos, y hasta los cuerpos, de las victimas del sacrificio se habían secado por completo, como si hubieran pasado varios años desde que dio inicio al ritual. Pero sus cultistas seguían alrededor suyo, luciendo igual que como se veían al empezar. Apenas habían pasado unos minutos, así que todo lo que dio vida a sus victimas había sido reclamado por su maestro, en realidad. Un alimento para aquel que había sido acusado de ser el más débil, pero que estaba más cerca que ningún otro, de regresar Azeroth a su antigua gloria y más. “Preparen la nave. La hora ha llegado.” – Dijo nada más una de las cabezas del ogro, mientras la otra solo reía suavemente, de forma siniestra, consciente de lo que estaba por venir. Eventos y sucesos Los Secretos de la Reina (Kalimdor) El Gambito de Neltharion (Reinos del Este) El Día del Recuerdo (Reinos del Este) ¡Explosiones en Dun Morogh! (Reinos del Este) El Asalto a la Montaña Rocanegra (Reinos del Este)
  2. 12 puntos
    Uldum: El rentable negocio de los Dioses Las dunas se expandían más allá de donde podía alcanzar la vista de cualquiera. Parecían un mar de fina arena dorada. Una extensión de tierra codiciada para todo aquél que buscaba hallar sus secretos. Se habían oído muchas cosas sobre Uldum, y de entre todos los que se habían aventurado en sus desiertos y oasis, pocos eran los que regresaban con palabras vacías. Cada uno de aquellos atrevidos viajeros, volvían contando hazañas, mitos, leyendas, algunos incluso mentiras, pero la mayor verdad era lo rentable que podía llegar a ser establecerse allí. Especialmente desde que gran parte de sus nativos más peligrosos habían sido derrotados por expedicionarios, pioneros del lugar. Algunos de esos mitos, hablaban sobre valiosas reliquias, cofres de oro, piedras preciosas engarzadas por todas partes en templos abandonados, pero en especial una reliquia que otorgaría el poder de un Dios a quién la ostentara. Imaginar lo que uno podría conseguir con ello, hacia sucumbir de avaricia a cualquiera, especialmente al Barón Marin Tragonublo, de Gadgetzan, en cuanto supo de tal información. Cualquier inversión parecía rentable, especialmente si el objetivo era conseguir esa reliquia. Obviamente, de pensar que todo aquello solo eran palabras y fantasías, no se habría parado a apostar por una empresa así. Tenía certezas, certezas que no pensaba compartir con quienes pudieran rivalizar con su búsqueda, así que mientras conseguía recabar más información para completar la que ya tenía, debía abastecer un punto de partida en esa tierra de dorada, y para ello necesitaría colaborar con sus "compatriotas al otro lado del océano. Después de todo, no contar todos los detalles de una operación, no se considera mentir, ¿verdad? No para un Goblin.
  3. 11 puntos
    Saludos Bueno, como algunos saben ya, yo me dedico a dibujar ocasionalmente *cofcof... muere de hambre* De todos modos, tengo un proyecto de hace ya unos meses, que me tiene bastante entusiasmada. No es de wow, no es sobre fantasía, pero quería hacerlo presente, ya que he estado algo vaga ultimamente por las redes sociales. Sin ir más lejos les presento mi web-comic; Gabo&Lore.jpg, presentando momentos comicos y sensuales dentro de una relación. -Principalmente sensuales ( ͡° ͜ʖ ͡°) - https://www.facebook.com/GaboLorejpg-427762010975328/ Un beso a todos, y que tengan un buen rol~
  4. 10 puntos
    Acto I La Voluntad del Vacío Los fuegos al interior del Bastión Crepuscular crepitaban y la sombra de las llamas oscilantes parecían dar la impresión de ser tentáculos que se extendían sobre las paredes de la fortaleza. Cho’gall estaba sentado sobre su trono elaborado con el cráneo de un dragón rojo, los supuestos protectores de la vida y miembro de uno de los tantos vuelos dedicados a proteger Azeroth de amenazas como la Hora del Crepúsculo. El ogro estaba solo dentro de su propia recamara, pero podía sentir la presencia de su maestro envolviéndolo todo a su alrededor y pronto, el resto del Consejo Crepuscular llegaría a su encuentro también. Tres figuras asomaron por el umbral del Trono del Apocalipsis; un humano y dos orcos, aunque solo uno de ellos estaba vestido con las indumentarias del Culto del Martillo Crepuscular. El humano vestía sus pulcras togas clericales, mientras que el orco hacia lo propio llevando encima sus ropajes de cuero y enseñas de la Horda. Los tres caminaron hacia el trono y se arrodillaron frente a Cho’gall, como si se dirigieran a un rey. Una parte del ogro se hincho de orgullo ante la escena, pero este rápidamente se deshizo de esos sentimientos y se puso de pie. Él no era un rey, ni tampoco un imperator ogro, era simplemente otro servidor más en la mesa del maestro y sus planes estaban lejos de terminar. “¡DE PIEEEE!” – Ordeno con un tono chillón la cabeza deforme del ogro y todos lo hicieron. “¿Han tenido éxito?” – Preguntó la otra cabeza, observando con una mirada inquisitiva a cada uno de los presentes. “El Señor del Fuego ha hecho avances increíbles con sus fuerzas en el Monte Hyjal.” – Comentó Dessirik, el único orco envuelto en las vestimentas del Culto del Martillo Crepuscular. – “Es solo cosa de tiempo para que estemos en la cumbre y prendamos fuego al árbol del mundo.” “El segundo intento de cortar la cabeza de Ventormenta ha fallado. Descubrieron a nuestros cultistas y a los explosivos debajo del castillo.” – El humano inclino su cabeza, como si estuviera ofreciendo unas solemnes disculpas por lo ocurrido. – “Y hemos perdido al Mayor Samuelson.” “Así que Ventormenta prevalece…” – La cabeza del ogro que aun conservaba sus facciones resopló, pero era consciente de que no podía esperar un éxito absoluto. – “No importa. La distracción de Alamuerte los entretuvo ocupándose de la Montaña Rocanegra y nos ha permitido reclamar este lugar. Los haremos caer de todas formas.” “El león sangrara. ¡Sangrara!” – Elevo su voz la otra cabeza, como si pregonara el futuro. El otro orco guardo en silencio y cuando las miradas de Cho’gall se posaron sobre él, entonces habló. “El jefe de guerra sigue concentrado en la guerra. Ha notado las llamas del Monte Hyjal, pero he logrado convencerlo de dejar a los elfos de la noche con sus problemas y seguir ocupado en combatir a la Alianza.” – El orco esbozo una velada sonrisa, orgulloso del alcance de su influencia. – “Hay un refugio de druidas allí, nos ocuparemos de ellos para evitar que envíen refuerzos al árbol del mundo o intenten hacer ver la verdad a Grito Infernal.” Cho’gall asintió satisfecho y volvió a tomar asiento sobre su trono. Inhalo hondo por ambas narices, pudiendo percibir las ordenes de su maestro inundar su mente: Manten el caos. Mina sus esfuerzos y evitan que se unan. Solo así podremos triunfar… El ogro asintió para sus adentros y observo al resto del consejo, ordenándoles marchar para continuar con sus actividades. Así lo haremos, maestro. Así lo haremos. Eventos y sucesos La Defensa del Monte Hyjal (Kalimdor) Espíritu de Lobo (Kalimdor) En el vuelo de una ardiente pesadilla (Kalimdor) La Sangre de los Caminarrisco (Kalimdor) La Piedra Alma de Sulfuras (Kalimdor) El Desastre de la Puerta Faucedraco (Reinos del Este) El Orgullo de Grito Infernal (Reinos del Este) Enemigos a la vista (Reinos del Este) La Voz de las Montañas de Khaz (Reinos del Este) La Sombra del Rompemundos (Reinos del Este) La Ofensiva Faucedraco (Reinos del Este)
  5. 10 puntos
    ¡Buenas roleros! hemos sobrevivido a un viaje espacio-temporal... o estamos en ello, de ahí el título del post. Y aunque he preferido darle un toque de humor a este mensaje, pues es mejor tomarse las cosas a bien, el foro regresa a la vida tras 48h de infarto en las que creíamos que íbamos a perder todo. A varios ya os fui informando yo misma ayer, mediante el Discord de la Comunidad, así que ya sabéis lo que ha ocurrido, pero para aquellos que no lo sepan todavía, aquí vengo a informarlo. Hasta hace un par de días, la web de MundoWarcraft estaba hospedada en una de las 7 máquinas que poseía el Sysadmin que vela a nivel técnico de nuestro webhost, Carlos Frías, él era dueño de las máquinas físicas, que estaban colocadas en uno de los Datacenter de OVH en Canadá, usando su red e instalaciones. En la madrugada del Domingo, la web dejó de funcionar, por lo que me puse en contacto con Carlos y éste con la empresa y el Datacenter. La respuesta que le dieron sobre la caída era de que por un cortocircuito, se habían incendiado las maquinas de todo un rack ¿?¿? Nos quedamos ambos ". . ." y no es para menos. Todo un rack viene siendo una cantidad grupal de servidores interconectados en un espacio del Datacenter. En resumen, nos estaban diciendo que todas las máquinas habían muerto, se habían estropeado, resquemado, quién sabe... y por supuesto, también las máquinas que hacían backups... Así que por momentos creíamos que lo habíamos perdido todo, hasta que por suerte, dimos con un backup externo, de principios de Noviembre, y es lo único que tenemos. Hemos pasado las últimas 48h, subiendo el backup de Noviembre a un nuevo host, Carlos nos ha instalado en el host de Google Cloud, y ahí nos quedamos si no hay mayores novedades. Todo esto significa que, en estos momentos partimos de una copia de la web de Noviembre 2017. Se habrán perdido posts, usuarios registrados en este período de tiempo, perfiles enviados y/o aprobados, Evaluaciones realizadas en este período, relatos de eventos y mensajes que se escribieran entre Noviembre a día de hoy. Mirándolo con positividad, aun gracias de este backup, de haberlo perdido todo, habría sido fatal. Así que no nos queda otra que partir de esta base y volver a reconstruir las cosas que hayan quedado sueltas. Si estabas registrado y ves que no existe tu cuenta, tendrás que volver a registrarte. Si teníais mensajes que no existen ahora, guardados en un Word, volverlos a postear. Si os aceptaron o tramitastéis una evaluación en este período desde 1 de Noviembre a hoy, por favor volved a enviarla, y nosotros la auto-gestionamos (la añadiremos a aprobado o como fuera anteriormente), para que conste en nuestra base de datos, ya que todas las evaluaciones enviadas quedan archivadas, sean rechazadas o aprobadas, y es la forma de saber cada personaje si ha pasado una evaluación o no. Si teníais un personaje aceptado de este período, veréis que no existe su Perfil en el foro sub-racial, por favor, volved a enviar-lo, rellenando el formulario de enviar Perfil, con los datos y reseña que tenía. En caso de que no tuvierais una copia, por desgracia deberéis volver a escribirla lo más fiel a lo que era, la aceptaremos y moveremos donde corresponde, como es costumbre. En anotaciones extra del formulario, indicad ahí que es un Perfil con personaje aprobado pero que el post del perfil no existe por este incidente. Aviso que revisaremos igual el texto de dichos perfiles, que nadie intente colar nada raro, si vemos incoherencias loristicas podríamos rechazarlo igual que fuera un Perfil habitual, hasta que se adapte a los estándares de la Comunidad ¡quedáis avisados! XDD Por lo pronto yo misma y el Staff iremos viendo de reponer cosas que se hayan perdido también, como por ejemplo al mismo Yaldoren, ¡que no existe! XDD Ha desaparecido en el espacio-tiempo, pero tranquilos, ¡volverá! Cualquier duda, estamos para atenderos, y si véis que algo no funciona bien en el foro, reportadmelo también, para revisarlo. Entre todos, volveremos pronto a la normalidad, a pesar de que se hayan perdido mensajes, reconstruiremos juntos ¡Un saludo!
  6. 9 puntos
  7. 8 puntos
    ¡Buenas roleros! desde la última actualización realizada al foro, ahora disponemos de emojis para usar en los mensajes, tanto de temas como en los estados de perfil. Los antiguos emoticonos desaparecen para dar paso a los emojis y sus conocidas categorías. Para poder ver los emojis basta con hacer clic en el icono de la carita en el editor de texto del foro, tal como se ve en esta imagen: Desde esta opción se puede buscar, seleccionar los emojis que gusten, como también elegir el tono de piel de algunos. ¡A disfrutar los emojis!
  8. 8 puntos
    Índice I: Ficha de Personaje II: Trasfondo: Al Filo de la Venganza III: Familia Grimstone IV: Inventario de Batalla V: Herrería Grimstone VI: Establos Grimstone VII: Economía General
  9. 7 puntos
    Pues eso. ¡Hola de nuevo a todos! Y a los que no conozca, encantado. Soy Aldruss, anduve por estos lares un tiempo, hasta que tuve que desaparecer por algunas movidas que no vienen al caso (Dichosa vida real, siempre en medio...) Sea como fuere, aquí me hallo de nuevo *contiene la puerta detrás de él, de la que procede una voz femenina de fuerte carácter y vocabulario particularmente soez* Aún tardaré un poco en reactivarme del todo, pero medio ando por aquí ya. ¡Nos vemos!
  10. 7 puntos
    `Buenas ! He venido recomendado por Bastián y bueno, adoro el rol en WoW. Sobretodo todo el que tenga que ver con los elfos. Qué decir de mi, pues mi ruta por el rol pues no ha sido muy larga, pero de dónde vengo nunca me llevé una buena impresión. Así que aquí estoy dispuesto a rolear siempre ♥
  11. 7 puntos
    Eileen no estaba preparada para esa vida, de pequeña solía soñar con ser una bailarina y tener una vida tranquila. Nunca le interesaron las armas ni el arte del combate. En ese entonces no se había imaginado empuñando un arma y matando a sangre fría. Nunca quiso que nada de eso sucediera… Pero no tuvo opción. La ceniza y la sangre adornaban la pálida piel de su rostro y sus ojos estaban inyectados en furia. Tal vez podría haber salvado a algunas personas más, pero era un riesgo que no estaba dispuesta a correr. Había bloqueado todas las salidas de ese infierno y prendido en llamas el lugar, sin importarle quién o qué hubiese dentro. Los gritos y súplicas aún eran audibles en el interior de la estructura, todos estaban encerrados ahí dentro; guardias, sirvientes, clientes y más esclavos. Aunque eso no le carcomía la conciencia. Que arda, y que ellos ardan en ella… Ese burdel había sido su prisión durante doce largos años, y en ese tiempo había tenido noches en vela suficientes como para imaginar mil y una formas de escapar. Mil y una torturas para todos aquellos que la habían maltratado, violado y humillado. A pesar de ello nunca creyó que fuese posible lograrlo, pero ahí estaba, frente a una orgía de gritos y un mar de llamas que lo devoraba todo. ¿Sabes? Algún día me gustaría ir a ver los fuegos artificiales. Le había comentado Jesper una vez. Siempre había tenido una buena relación con su hermano mayor. Ambos habían sido como uña y carne, jamás se separaban el uno del otro y no existían secretos entre ellos. Es posible que tal vez te lleve conmigo. ¿Pero papá y mamá...? Había preguntado Eileen. Una escapada nocturna no le hará daño a nadie. La interrumpió. Además, serán solo un par de horas, no tienen porqué enterarse. Jesper le había sonreído entonces. Por algún extraño motivo la sonrisa de su hermano siempre la había tranquilizado. Sabía que estaba a salvo junto a él. Que nada malo le podía pasar… Y ahora él estaba muerto. La cabeza de Madame Helen colgaba de la mano de Eileen, sujeta por esa melena rubia que incluso ahora seguía pareciendo perfecta. Sus cuencas oculares yacían vacías, y la parte inferior de la mandíbula se sostenía por finos hilos de carne y músculo que se balanceaban con el andar de la joven elfa, dejando un reguero de sangre a su paso. No podía negar que había disfrutado haciéndola sufrir, que había sentido placer al verla llorar y suplicar. Ni en sus sueños más dulces se había imaginado que sería tan satisfactorio acabar con la vida de esa mujer. La mujer que la utilizó como un juguete sexual para todos sus clientes. La mujer que solo la veía como un objeto con el que hacer dinero. Los gritos se apagaban conforme se iba alejando, y tras ella una enorme columna humeante trepaba por la noche, fragmentando el cielo. Cuando estuvo en el enorme portón principal de la finca se acercó a la verja y ensartó la cabeza de Madame Helen en uno de los afilados barrotes acabados en punta, como si fueran enormes lanzas de hierro negro, elevándose desde el suelo para no dejar que ningún atisbo de esperanza o sueños escapen de ese horrible lugar. Aún no hemos terminado… Le susurró con picardía a la cabeza antes de empuñar un cuchillo de cocina, pequeño y oxidado. Se lo acercó a la frente y grabó dos grandes “JJ” en ella. Una advertencia... una promesa de venganza, de que iba a por ellos... Los hermanos Jefferson. Aquellos que habían matado a su familia. Aquellos que la habían confinado a esa vida, a esa celda con esa odiosa mujer. Dos criminales al mando de una peligrosa y reputada banda criminal. Podía verlos cada vez que cerraba los ojos. Nunca olvidaría esas caras... esas voces... Siempre que lo hacía tenía que reprimir un escalofrío, pero se obligaba a si misma a no sentir miedo, castigándose físicamente cuando lo hacía. Pues si quería vengarse de ellos, tarde o temprano tendría que superar los fantasmas de su pasado, y eso los incluía a ellos. ¿Se acordarían de ella, de lo que le hicieron? ¿Se acordarían de la familia que le habían arrebatado? ¿La habrían olvidado ya? Esas preguntas rondaban la cabeza de Eileen y la asaltaban constantemente. Pero ahora era libre, ya no tenía ataduras, ni físicas ni morales. No le importaba nada, no habría nadie capaz de detenerla. Doce años de sufrimiento, y ellos eran los responsables… Pagarían por cada día que ella había sufrido, y por cada día que su familia hubiese vivido… Llegado el momento no tendría piedad. Para cuando Eileen se bajó de la verja y cruzó el portón, el fuego ya se había extendido hacia el sótano del edificio principal, encontrándose con las reservas de pólvora, químicos y demás, provocando una enorme explosión que terminó de acallar los pocos gritos de agonía que se oían en la lejanía. Eileen se permitió el lujo de mirar por encima del hombro aquel espectáculo. Siempre quisiste ir a ver fuegos artificiales, hermano. Esto va por ti... musitó para si misma antes de perderse entre la maleza que marcaba el nacimiento del bosque.
  12. 6 puntos
    Coincido con @Nihail, tampoco veo lo de aplicar tema moleculas a eso, aunque hayan similitudes con cosas del mundo real, no se puede entender tampoco que en un mundo fantastico las reglas son exactamente las mismas, podemos tomar contextos para asimilar efectos de la magia, pero entender que estas manejando energias inventadas que pueden hacer cosas que en el mundo real jamas podran existir y menos ser explicados bajo reglas reales. Cambiar el tiempo, petrificar a alguien y luego poder revertir eso, ademas la petrificacion estaria ligada las esencias naturales y los patrones de las lineas ley, para llegar a hacer ese hechizo, mas que a temas cientificos reales. Y como dice @Sorin, si bien tenemos cierto margen a veces para inventar efectos, o hechizos, siempre hay que vigilar de no fliparnos en exceso o hacer cosas que no esteb muy amparadas en el Lore, pq por poder habria logica q los magos fueramos putos dioses q podrias matar a medio mundo solo haciendo hechizos basicos muy mamarrachos, rizando el rizo, y obviamente el staff no nos permite, sino nuestro poder seria demasiado ilimitado xDD
  13. 6 puntos
    I La lluvia golpeaba sin descanso las pavimentadas calles de la Ciudad Capital, centro neurálgico del Reino de Lordaeron. Formando finos torrentes entre los adoquines, el agua corría calle abajo hacia la boca de alcantarillado más cercana. Ningún paso entorpeció su avance, ni tampoco la rueda de un carro, la punta de un bastón o la pezuña de asno, penco o res. Nada ni nadie caminaba por aquellas grises calles. Allí sobre el primer desagüe en el que todos aquellos cauces iban a desaparecer los relucientes escarpes de una armadura de soldado eran todo cuanto pisaba la calle. Calzado en ellos un guardia de la ciudad observaba con detenimiento los alargados escalones que daban continuación a la avenida, cuesta abajo, hasta la plaza del mercado. La puerta de uno de los ventanales de madera sea abrió a su espalda, no muy lejos de su posición, y la estridente voz de una mujer exclamó: - ¡Cuidado allí abajo! Acto seguido, el chapoteo de una pestilente mezcla de deshechos del hogar golpeó el llovido pavimento y resonó en la avenida, entre el golpear del agua. El guardia se giró inmediatamente para ver como la mugre se extendía sobre la piedra y comenzaba a mezclarse con los pequeños ríos de agua que bajaban hacia su posición. La peste bajaba con ellos también. Mas el inocente gesto por parte de aquella mujer había desatado algo más. Nerviosos zapateos arrancaron de entre una de las viviendas que quedaban a ambos lados de los escalones cuando un muchacho joven y poca cosa echó a correr escalones abajo hacia el mercado en el preciso instante en que el guardia se había girado. - ¡Alto a la guardia! La vertiginosa persecución alcanzó la plaza del mercado en menos de un suspiro. De allí el joven tomó la izquierda y comenzó a ascender por un angosto callejón en el que las casas parecían echárselo a uno encima. El guardia, aún ralentizado por el peso de las mallas, recortaba la ventaja que el joven había sacado con su sorpresa. Podía incluso diferenciar las cicatrices en el antebrazo del muchacho que corría frente a él e, incluso, reconocer el sonido de la plata entrechocando en una pequeña bolsa que el mismo llevaba colgando al costado. Tan mínima era la distancia que los separaba. El callejón ascendía sin cesar describiendo una constante curva hacia la izquierda. Finalmente la robusta fachada de una tasca se dejó ver al final de la cuesta. No era si no un callejón de salida que terminaba en una taberna, el muchacho estaba perdido, o eso pensó su perseguidor. No obstante, el joven no hizo sino hacer impactar su hombro contra la puerta del establecimiento y entrar a trompicones. Incrédulo, e incluso mosqueado, el guardia atravesó el umbral tras sus pasos. Se detuvo al instante. Los mesones de esta zona de la ciudad eran un habitual hervidero de gente en un día cualquiera, no obstante, cuando las nubes empañaban los cielos y la lluvia inundaba las calles, se convertían en verdaderas cuadras. No solo no había una silla libre, si no que difícilmente era posible mantenerse en pie sin tener el rostro de otro a menos de dos palmos de tus barbas. No había del muchacho. Las miradas de los parroquianos se giraron de inmediato hacia el bordado tabardo en el pecho del hombre, más nadie hizo gesto añadido alguno, ni una voz, ni una dirección, ni una mirada cómplice. Nada. La palabra del Rey, aunque de enorme valor entre los habitantes del Reino, no sería suficiente para exigir el paradero del muchacho si solo la voz de un hombre las pronunciaba en lugar tan atestado. El guardia sabía esto y aderezó su rostro, colmado de cansancio por la carrera en mallas, antes de comenzar su avance, como pudo, hacia el mostrador tras el que se ubicaba el encargado de aquel establecimiento. Reposó las manos sobre la madera y observó al hombre, que parecía ignorarlo. Su poblado bigote negro bajaba hasta la altura del mentón. Era un hombre de rostro arisco y piel rojiza, de nariz redondeada y ojos diminutos y negros como el carbón. - Busco a un muchacho, ha entrado apenas un instante antes de que yo lo hiciera. – dijo, sin apartar la mirada del hombre –. El tabernero lo observó con paciencia y señalo hacia la puerta. “Os ayudaría, pero a nadie de quien entra puedo ver hoy. Demasiadas cabezas de por medio, y es un problema, un problema que se repite con cada chaparrón. Os desearía suerte, pero dudo que ni con ella vayáis a lograr que nadie de aquí os diga nada. ” No le faltaba razón. Cuando el guardia se giró a observar la puerta por la que había entrado apenas alcanzó a ver el dintel de la misma, entre cabeza y sombrero. Con un bufido renegado asintió con un mustio agradecimiento y abandonó la taberna, de vuelta a la lluvia. El tabernero lo había seguido con la mirada hasta que se perdió tras la puerta, moviendo su denso bigote lentamente y de lado a lado. Cuando la hoja de madera se cerró, sus diminutos ojos bajaron a la propia barra tras la que se encontraba. - ¿Qué has hecho esta vez, demonio? De debajo de la barra emergió un muchacho joven, de unos 14 años de edad, de pelo cobrizo y casi como el alambre mismo. Su rostro era alargado y de ojos grandes, expresivos y amarillos. Una nariz ligeramente torcida a su derecha, fruto de una probable ruptura, era lo que más desentonaba en su cara de crío. “Siguen buscándome por la cuestión de la pasada semana. Ese me ha estado siguiendo todo el día…” Lo dijo con una familiaridad pasmosa, como si aquellas carreras frente a la guardia hubiesen sido su ocupación desde el día en que vio la luz. - Que sea la última vez. – exigió el posadero, mientras extendía su enorme mano con naturalidad, hacia el chico –. El día marcha bien. Te costará la mitad. Mientras dejaba caer las relucientes monedas de plata en manos del hombre, el muchacho ya no lo estaba mirando, si no que había depositado sus ojos en la marabunta de personas que llenaban el local aquel día. Allí había gentes que no había visto en su vida e, incluso, ataviados con ropas en decorados que no podía reconocer. - Estas gentes no son de aquí, ¿no es así Donth? – El muchacho cerro la mano sobre las monedas de cobre que aún le quedaban, de modo que estas dejaron de caer sobre la mano del hombre –. Nunca había visto gente así. El hombre observó al muchacho, visiblemente asqueado, aunque respondió a su pregunta. “Vienen del sur, en su mayoría. Dicen que allí se está levantando un mal que arrasa los bosques y quema las aldeas. Monstruos verdes que no dejan vida a su paso”. El chico lo observo inquisitivo, no sabiendo si creer las palabras del posadero, pero aun así le dio el resto de monedas que le correspondían, antes de salir por la pequeña abertura de la barra y dirigirse a la parte trasera de la taberna. Salió por una pequeña puerta a un callejón sin salida que hacía las veces de letrina de la tasca. Caminó entre bajo el hedor a orín hasta el borde del callejón y salto una fila de barriles que bloqueaban el paso. Allí, entre la madera de los toneles, unos roídos tablones hacían de techo en un diminuto habitáculo bajo el que había algunas telas sucias pero gruesas. El chico se sentó bajo las tablas y desanudó la bolsa de monedas, comenzando a contar sus ganancias del día. Apenas contaba 2 monedas de plata restantes tras haber pagado a Donth. No dijo nada, ni se quejó, ni si quiera resopló o refunfuñó. Dejó el par de monedas bajo un adoquín mal sellado y se tumbó entre las telas. Si no hubiese sido por aquel inoportuno guardia, no habría tenido que correr, no habría tenido que pagar a Donth por esconderse y ahora tendría 10 monedas de plata, en vez de 2. Pero a Ethmund no le importaba. Sus pensamientos estaban ya en otra parte. A partir de ese día, se aseguraba a sí mismo, todo iría mejor. Mucho mejor.
  14. 6 puntos
    Hmmm, un tema cuanto menos interesante, sí señor. Yo tengo varias opiniones con respecto a este tema, así que es probable que me enrolle bastante escribiendo. Quien avisa no es traidor. c: Hay una actitud que siempre he detestado en las comunidades de rol a lo largo de más de una d´ecada de experiencia, y es justamente a los jugadores que se encariñan demasiado de sus personajes. ¿Es ´esto malo? No, necesariamente. No quiero decir que sea malo tenerle cariño a tu personaje. Pero tenerle tanto cariño hasta el punto de tomar como algo personal e íntimo a un personaje que no existe, puede llevar a las actitudes más tóxicas que se pueden ver en cualquier rol, ya sea en servidores de juegos, foros, roles privados o incluso en rol de mesa. He vivido las consecuencias de esa actitud, estando acostumbrada sobretodo a rolear personajes de alineamiento maligno, o con muchísimos defectos psicológicos que le dan cierta complejidad a su carácter y no les hacen perfectos en sus relaciones sociales. Al fin y al cabo, todos somos personas, somos imperfectos, con defectos, nos equivocamos constantemente, podemos llegar a ser MUY inmorales, y eso es algo que me gusta reflejar en mis roles y a la hora de profundizar a un personaje (incluso de alineamiento bueno. ¿Acaso no es emocionante que dicho personaje atraviese dificultades y errores que les hagan madurar y mejorar como persona? Todo es posible), y justamente en esa diversidad y las consecuencias impredecibles de cada individuo veo el encanto de rolear en grupo. Hay personas que llegan a adular tanto a sus propios personajes que lo que esperan es que los demás usuarios les quieran igual. Si les haces algo malo por mera interpretación, se lo toman como un ataque directo y personal, igual que si no les das la atención que ellos quieren, si no roleas con las consecuencias que ellos quieren... Y cómo no, la obsesión por que sus personajes parezcan especiales a ojos de otros sí o sí. Y ya no hablemos de los que se esmeran en darles un protagonismo innecesario, abuso de aires de grandeza o los que presionan a otros usuarios para que los amigos onrol de su personaje se comporten con los suyos tal y como ellos quieren (han llegado a enfadarse conmigo por tener alguna discusión onrol... imaginaos). Muchos habr´eis vivido esas situaciones mencionadas, y todos somos demasiado maduros como para distinguir el rol de la realidad. Pero es algo inevitable que inconscientemente se acaben desarrollando esas conductas (no siempre, claro está, cada cual es un mundo). En mi caso, soy una persona que no es capaz de rolear a un personaje correctamente si no desarrollo una "mínima" conexión con ´el/ella. No soy capaz de sacar de la nada a un personaje y rolearlo sin más. Para mí son muchas horas (o días, e incluso meses) de comerme la cabeza, pensar en distintos "prototipos" y planificarles un camino. Tener un concepto sólido es lo que más necesito antes de rolear cualquier cosa. No es ninguna conexión emocional, puesto que jamás baso a mis personajes en mí, ni en mis principios, ni en mi forma de pensar ni en absolutamente nada. ¿Motivos? 1. Me evito posibles actitudes mencionadas previamente. Se quiera o no, hay mucha más posibilidad de sentirse mal por trivialidades en el rol si llevas a un personaje basado en tus principios, ya que tarde o temprano alguien acabará disgustándote. 2. Roleo para ejercitar mi imaginación, encontrar nuevos retos de interpretación y diseño de personajes. Para "rolearme" a mí misma ya tengo a la vida real (?). Gracias al rol, sí he podido aprender muchas cosas. He llegado a cogerle cariño a personajes que gracias a sus experiencias vividas, me han hecho darme cuenta de algunas cosas en mi vida de las cuales no he sido consciente, y la verdad es que es un sentimiento casi mágico. Pero eso no me hace negar que puedan vivir desgracias, traiciones, que se metan con ellos/hagan bromas con ellos (ya sea on u offrol, sentido del humor ante todo), y lo más importante: Mis personajes no tienen que gustarle a todo el mundo. Me tienen que gustar a mí. El tema de las muertes es algo relativo. Un personaje que ha fallecido en batalla, como el ejemplo que ha comentado @Sacro, tras un rol elaborado, una trama extensa y teniendo un final digno, puede llegar a hacerte sentir muy realizado. Yo por lo menos suelo verlo más interesante que el típico "felices para siempre". Luego... no hace falta tener mucho cariño a un personaje para sentirse molesto por roles injustificados y con consecuencias indeseables. Todos tenemos nuestro derecho a aceptarlo o negarlo. A todo esto... ¿Qué son mis personajes para mí? Un medio de desarrollar mi creatividad, divertirme, hacer amigos, empatizar con distintas emociones o personalidades gracias a la interpretación. Son importantes para mí, pues la creatividad es básicamente mi manera de tener la mente en marcha, pero no dejan de ser meros personajes inventados. No son "yo" ni una parte de mí misma representada. No puedo poner de ejemplo a un solo personaje, ya que he roleado tantos que no he sido marcada por uno solo. Pero en general son mis niños, con los que paso largas horas de diversión y tiempo invertido. Si uno deja de estar ahí, siempre vendrá otro nuevo. El rol está para disfrutarlo, y hacer de ello algo demasiado personal, puede hacer que la diversión acabe antes de lo que debería. Ahora, perdonadme por la inmensa parrafada... xDDD Espero que a alguno le haya resultado intesesante por lo menos, me encantaría leer vuestras opiniones al respecto. ^^ Si es que lo hab´eis logrado leer sin morir de aburrimiento...
  15. 6 puntos
    Mi personaje más querido es Wikie, os matare a todos si le hacéis algo a esa ardilla. Estáis avisados.
  16. 6 puntos
    ¡Muy buenas a todos! Después de años, he decidido volver al rol por WoW (esperando poder participar lo suficiente a pesar del trabajo y quehaceres) en este servidor que tiene buena pinta. En su momento me registré (Neppalus, en su momento...) pero por motivos personales no pude pasar de la primera corrección... Así que espero que esta vez sea diferente y pueda llegar a veros a todos dentro del servidor y en el rol. Qué decir que no suene típico a parte de que estoy esperando rolear con vosotros y divertirme, recordar viejos y tiempos y hacerlo lo mejor que pueda, que hace mucho que no hago esto en WoW Así que nada, ¡un placer! Y espero veros por aquí o dentro, ¡un enano Barbabronce que se une a la partida! ¡Saludos!
  17. 6 puntos
    Catálogo de Auras y Spells de Rol Aunque he visto por ahi que hay una guia de comandos premium, yo quiero centrarme en ir creando junto al resto de la comunidad, un catálogo en donde facilmente tengamos acceso a las diversas spells y auras de ayuda visual que podamos emplear para darle jugo a nuestros roles, a forma de evitar tener que hacer laaargas busquedas en wowhead a mitad de un rol, tenerlo todo más a mano. Ya hay varios otros spells en la guia de comandos de Kyrie, por lo que no me enfocaré tanto en spells que hagan a nuestro personaje realizar hechizos, sino más bien a efectos de ambientación y auras. Aunque no descarto añadir una seccion con estas spells que no estén incluidas en la posteada por Kyrie. Dicho esto, inicialmente tengo considerarlo separarlo en las siguientes categorías: Posiciones de Personaje (En Construccion) Efectos/Auras de Personaje (Listo - Por ampliar) Poderes de Personaje (No Listo) Objetos en el Personaje (No Listo) Morphs (No listo) Skyboxes (En Construccion) Efectos de Pantalla (En Construccion) De ustedes ir descubriendo más, pueden ír armando sus propias listas y luego enviarmelaa para que las pueda agregar al catálogo. Nota: Ya luego dejaré link a las guias mencionadas al principio, por ahora quiero concentrarme en dejar este post estructurado cuanto antes.
  18. 6 puntos
    VII Los cielos tronaban entre el sonido de la lluvia caer. Los campos estaban empantanados y los ríos crecidos. Los caminos eran torrentes de barro que impedían ver hasta los ajados adoquines. Aun así la batalla se sucedió. La compañía no estaba preparada, ni uno solo de sus soldados. La gran horda de orcos se abalanzó sobre ellos desde la retaguardia. Los tomó a todos desprevenidos. Hubo una gran evasión, y el grueso de regulares se vio obligado a disolverse en todas direcciones, con tal de evitar la muerte. Pasaron varias horas bajo la lluvia torrencial y los orcos habían comenzado a organizar partidas de búsqueda para dar caza al resto de los huidos, una vez la batalla había terminado. Los oficiales huidos hicieron lo posible por reagruparse sabiendo que irían a buscarlos. En una pequeña loma, un contingente de supervivientes se recuperaba de la huida mientras el oficial que allí se encontraba discutía a gritos con el paladín de la compañía, que también había salvado el pellejo. Ethmund se echó a un lado y desde el borde de la colina, cercano a una roca, observó los alrededores. La lluvia apenas dejaba ver más allá de los faldones de la elevación. No había ningún movimiento, y ningún sonido sobrepasaba el tronar del agua al caer. Se dio la vuelta y levanto, pasando la mirada por el improvisado campamento, intentando reconocer alguno de los supervivientes. Entre heridos y soldados con media armadura hecha trizas, encontró a Keveth. Sus pequeños ojos estaban ensombrecidos por dos grandes ojeras. Había perdido peso y tenía la mirada algo perdida, como si cada uno de sus pensamientos estuviese perdido en la tormenta. - ¡Keveth! – gritó Ethmund, sobre la lluvia.- ¡¿Estás bien?! El muchacho intentó ayudarlo a levantar, pero Keveth no hizo ningún intento de atenderlo. Tenía la mirada clava en el oficial y el paladín, que se acercaban a grandes zancadas a la posición de ambos. - ¡Soldados! – La voz del oficial obligó a Ethmund a mirarlos también. El resto de supervivientes se congregó alrededor -. Parece ser que alguien ha vendido nuestras posiciones al enemigo. Nadie está siendo capaz de orientarse en esta tormenta y es más que seguro que hay partidas de caza entre nosotros. La mirada del oficial y el paladín fueron a posarse de forma severa entre los hombres. - ¡Si alguien sabe algo de esta traición, es su obligación hablar, ahora! Un evidente murmullo de incredulidad recorrió los vapuleados soldados, que acaban de ser arrastrados a la huida por los orcos. No obstante, tras de Ethmund, una voz ronca se elevó entre los cuchicheos: - Fue él señor, el chico. Yo lo vi con mis propios ojos, yo vi como volvía de los campamentos orcos anoche. Cuando Ethmund giró la cabeza, y vio un dedo enguantado señalándolo, el corazón casi se le detiene de súbito. No obstante, ese comenzó entonces a bombear a toda velocidad cuando tras del dedo acusador, los pequeños ojos de Keveth lo miraban, señalándolo, condenándolo. - Si, yo…vi al chico también. – Otro de los soldados habló un poco más allá, con duda-. Lo siguieron otros dos y mientras Ethmund los observaba uno a uno se dio cuenta de que se había olvidado de donde venía, se había olvidado de quien era y porqué lo era. Finalmente, sin palabras, sus ojos se clavaron en los de Keveth y en el preciso instante en que se iba a lanzar hacia él, una gruesa mano en guante de placas lo detuvo. Se giró, viendo el sereno rostro del paladín, odiándolo tanto como a todos los que lo rodeaban. Un rugido gutural avisó del sonido de un cuerno de guerra y una marabunta de orcos calló sobre los tensos soldados, pillándolos desprevenidos de nuevo. Fue una matanza. Los gritos de dolor se sobrepusieron y ya casi no se podía escuchar la lluvia. Ethmund se zafó de la mano del paladín, reaccionando a velocidad asombrosa. Echó a correr hacia la roca al borde de la colina y la pasó por encima, rodando en la embarrada tierra cuesta abajo. Se dejó caer entre la hierba aplastada hasta llegar abajo y entonces se levantó. Sin mirar atrás, corrió. Correr de nuevo, correr sin detenerse. Mientras lo hacía se iba deshaciendo de complementos inservibles. Fuera guanteletes, brazales, coraza. El rastro de lastre que fue soltando terminó con su rasgado tabardo de Lordaeron. Se perdió entre los bosques mientras la noche se cerraba y la lluvia aumentaba. No veía nada, pero no paró de correr. Solo escuchaba sus pasos chapotear en la lluvia, y nada más. Se detuvo de improvisto y miró a su alrededor, entre los árboles, sin ver nada. No sabía en qué dirección había echado a correr, pero parecía estar a salvo. Comenzó a moverse con más cautela entre los árboles, hasta que logró salir del bosque. Continuó caminando durante varias horas en la noche, sin detenerse, bajo la tormenta. En la distancia comenzó a ver luces, y su corazón dio un vuelco. Aunque no podía diferenciar de donde provenían, con precaución, apretó el paso. Solo cuando estuvo a escasos metros de distancia de las luces comenzó a distinguir las estructuras temporales que, de formas extrañas, formaban la tela, los huesos y colmillos. Parecían tener, sin duda, la forma de tiendas de campaña de alguna forma, tribales. Un orco emergió de una de las tiendas y observó en la tormenta. Ethmund echó el pecho al suelo y no se movió más, hasta que el orco se internó en el campamento. Comenzaba a escuchar algunas pisadas no lejos de su posición, y no se arriesgaría a correr ahora. Se vio obligado a tomar una decisión rápida, y comenzó a gatear hacia la tienda de la que acababa de salir el orco. Descorrió levemente la tela que cubría la entrada y pasó al interior, acuclillado. Cuando alcanzó la parte central de la tienda, se detuvo por completo. Allí, maniatado al poste central de la tienda y amordazado, estaba Keveth. Cuando los ojos de Ethmund fueron a encontrarse con los suyos, el stromico dio un respingo y comenzó a negar rápidamente con la cabeza. Ethmund no se movió. Sus músculos parecían haberse congelado, y aquella mirada vacía de un niño callejero había vuelto a su rostro, mientras observaba al hombre. Comenzó a avanzar, mientras su mano diestra hacía uso del conocimiento que había adquirido desde que fuera forzado a luchar, y desenvaino la espada reglamentaria que pendía de su cinturón. El filo estaba maltratado por las constantes batallas, el temporal, y el poco tiempo que restaba para mantenerla. La punta estaba ya a escasos dedos de la garganta de un turbado Keveth, que ya no podía quitar los ojos del arma. Ambas miradas se cruzaron una vez más. Ethmund cerró los ojos y atravesó la garganta de aquel que había creído su hermano. Salió de la tienda con algunos suministros tomados del lugar y partió de allí bajo el amparo de la noche, tras asegurarse que no había ninguna patrulla alrededor. Había dejado de llover.
  19. 6 puntos
    Me imagino que alguna jugadora habrá. Hoy es el día internacional de la mujer, así que por lo mismo, feliz día! Un saludo! Blue
  20. 6 puntos
    IV Había pasado ya un año desde que lo tomaran preso. Se había rapado su destellante pelo cobrizo hace unos días y este estaba comenzando a salir de nuevo. Una incipiente barba pelirroja comenzaba a surcar su rostro. El olor a algas y agua salada lo azotó en la cara. Ayudaba a Edgar a cargar un barril al interior de una de las goletas ancladas al puerto. En otro embarcadero, un descomunal navío con velas de Ventormenta no dejaba de descargar refugiados. La guerra había terminado en el sur, según había escuchado, y Ventormenta había caído en manos de aquellas criaturas verdes, los llamados orcos. En todo Lordaeron se escuchaban murmullos funestos. La gente estaba intranquila. Ethmund procuraba no pensar en lo que el futuro iba a deparar a esas tierras. Estaba a unos meses de terminar su condena y por fin podría dejar de descargar cajas y barriles de los barcos que amarraban en aquel puerto. Esa había sido toda su meta desde hace tiempo, además de mantener una relación saludable con Keveth. El stromico de voz ronca y gran nariz lo había acogido desde el primer día que llegó a la celda. Había evitado que sabuesos hambrientos de demostrarse superiores, como Edgar o Boro, hiciesen de las suyas con él. Cuando los destinaron al puerto de Costa Sur, Keveth se convirtió en una suerte de líder de ese pequeño grupo de desdichados del que Ethmund no pudo evadirse, cosa que tampoco intentó con demasiado fervor. Por primera vez en mucho tiempo se sentía rodeado de personas que podía considerar amigos, incluso una suerte de hermanos de destino. No obstante, ardía en deseos de volver a ser libre. Libre, como Keveth le había prometido que serían muy pronto, si seguían las órdenes que se les había encomendado. Entonces, había pensado, podrían buscarse la vida juntos. Edgar pensaba muy distinto y, tras terminar de cargar el barril, se paró un instante a observar el navío ventormentino, con ojos de avaricia. Ethmund lo miró extrañado. Alzó la voz: - Vamos Edgar, quedan dos más. - Si…vamos – dijo el hombre, quitando la mirada del barco no sin esfuerzo y sonriendo forzadamente a Ethmund –. Pronto seremos libres ¿eh chico? - ¿Qué piensas hacer cuando nos suelten? –preguntó, mirando el mismo el navío. - No lo tengo claro. Tal vez vuelva a la calle, o tal vez marche a Gilneas, o quizás al Sur. – Sus palabras dejaban entrever levemente sus intenciones. No daba la impresión de que realmente intentara ocultarlas. - Keveth tenía pensado que trabajásemos juntos, los cuatro, Boro y tú también. - Keveth no es más que un fanfarrón y un perdedor. Expulsado de allí donde ha puesto un pie. Un paria, eso es lo que es. Harías bien en no seguirlo fuera de aquí, chico, trae mal fario. - Tú tampoco puedes dar lecciones a nadie. – Edgar no le daba miedo, de hecho, desde que Keveth lo hizo sentar en la litera con cuatro palabras, tenía bastante claro que Edgar temía al stromico, y con ello también a Ethmund. - ¿Y tú sí, rata callejera? – Dejó escapar una risa despectiva y se encamino a la plataforma de bajada del barco, para cargar con la mercancía que quedaba. Keveth y Boro llegaban en esos momentos al muelle a cargo de un carromato vacío, tirado por una mula vieja. El stromico observo al chico bajar de la goleta y después llevó los ojos al barco ventormentino. Ethmund se acercó al carromato, mientras Boro iba a ayudar a Edgar en su tarea. El muchacho acarició la cabeza del animal y observó a Keveth. - Edgar tiene pensado irse, a Gilneas o hacia el sur, una vez nos hayan soltado. La atención del stromico se desvió del barco hacia el chico un ínfimo instante, pues rápidamente regresó al navío. - Edgar cree que Ventormenta está abierta al saqueo para que pobres diablos como él se hagan ricos en unos pocos días. Todavía no se cree que esos orcos han tomado la ciudad y está convencido de que son bandidos organizados. – Sonrió con inocencia – ¿Tú que crees Ethmund? El chico miró a su camarada con los ojos entrecerrados. Realmente, nunca se había parado a pensar si la información que traían los refugiados era verdad o no. - No creo que toda esta gente gane nada con mentir. Keveth asintió levemente al chico, si variar ese rostro agrio que portaba como su estandarte. - Estás en lo cierto. – llevó la mirada a Edgar y Boro, cargando barriles –. Hay que vigilarlos. Desde que los últimos refugiados vienen del sur me da la impresión de que traman algo, algo que nos pueda salpicar. - ¿Crees que no van a esperar a terminar la condena? El hombre volvió a mirar al chico y negó con sequedad. Arreó a la mula y dio un pequeño cocotazo al muchacho con el puño cerrado, en la cabeza, al pasar a su lado: - Deja de hacer el vago. A trabajar. Ethmund regresó a los barriles, decidido, corriendo tras del carro. El final estaba cera. Llegó la hora del almuerzo y el grupo de cuatro se reunió en un punto apartado de puerto con el resto de reclusos pagando su condena en la zona. Era un antiguo picadero para caballos, vigilado por un pequeño pelotón de la guardia de Costa Sur. Había allí, al menos unos treinta reclusos trabajando, provenientes de todas partes del Reino e, incluso, de otros reinos vecinos. Edgar observaba a su alrededor mientras comía, como una rata temerosa de que alguien le quite las migajas. Mientras, Boro discutía con Keveth el futuro que deparaba al norte. Una conversación acalorada acerca de probables guerras, alianzas y levas forzadas: - Si hay guerra llevar a todos los reos al frente, tenlo claro Keveth. Esto no es Stromgarde, aquí nadie va a ir a morir por su honor familiar, hay que obligar a la chusma. – Boro reía y palmeaba la espalda de Keveth –. ¿Has luchado en alguna batalla por la gloria de tu linaje, allí en Strom? - No es tan sencillo como lo pintas, Boro… - negó, mientras daba un sorbo a la bota de vino –. No todo son gritos de guerra y epopeyas al regresar. No todo el mundo quiere luchar, igual que aquí. Mientras la conversación continuaba, Edgar se levantó y acercó a otro grupo de reclusos que compartían una humeante pipa. Se sentó junto a ellos. Ethmund no lo perdió de vista, apartando su propia comida de la boca. Intercambiaron un buen número de cuchicheos y varios de ellos asintieron con un “Aye” a las palabras de Edgar, que gesticulaba exageradamente. Pronto comenzó a señalar a los hombres en dirección al puerto. Dos guardias se habían fijado en él y hablaban entre ellos. Boro se levantó y fue a un extremo del picadero a evacuar. Keveth también estaba mirando al grupo de reos a los que Edgar hablaba, y se dirigió a Ethmund: - Planea algo. Ethmund, estate preparado – dijo, mientras se levantaba y observa al pelotón de la guardia. Ethmund miró al hombre y examinó también en número de guardias que rodeaban el picadero. Maldijo a Edgar para sus adentros y también se levantó, a un lado de Keveth. No eran los únicos. Prácticamente todos los reos allí presentes hicieron lo mismo, rodeando a Edgar. - ¡Volved a la comida! ¡Sentaos! – exigió uno de los dos guardias apostados en la salida del picadero mientras llevaba, con mucha calma, la mano a la empuñadura de su espada reglamentaria. Los reos avanzaron en grupo hacia la salida, manteniéndose juntos, mientras la desagradable voz de Edgar se escuchaba desde el centro, guiándolos. El metal desenvainado se dejó escuchar desde cada esquina del picadero cuando la guardia liberó sus armas de las vainas. Ethmund corrió a ponerse al final del grupo de reos, sin perder un instante. Keveth lo siguió cuando el gruñido de Boro se comenzó a escuchar. Un guardia lo mantenía inmovilizado, filo en su cuello. - ¡Retroceded! Es una orden – la voz del guardia volvió a alzarse entre el murmullo de los prisioneros –. ¡Es una orden! Los primeros cautivos comenzaron a cargar sobre los guardias de la entrada, que ya habían sido reforzados por otros apostados a lo largo del picadero. Se escucharon gritos, el contacto del metal con la carne y varios golpes. Dos guardias cayeron al suelo de espaldas mientras uno de los reos se cebaba con la cabeza de uno de ellos. La avalancha de huidos sobrepasó la entrada mientras el resto de guardias comenzaba a alcanzarlos. Salieron a una de las calles de Costa Sur. La estampida fue trepidante. Viandantes de la población se apartaban horrorizados ante la manada de reclusos, que se dirigía al puerto. Ethmund y Keveth corrieron tras de ellos, sintiendo los gritos de los guardias cercanos a ellos, a su espalda. Llegaron al primero de los muelles y con Edgar a la cabeza, se hicieron rápidamente con el control del puente que accedía al navío Ventormentino cuando algunos braceros empezaban a descargar los bienes que portaba. Hubo gritos y más de un cuerpo cayó al agua del puerto. El atropello era imparable y el puente estuvo cercano a quebrarse por el peso de la treintena de presos que intentaban acceder al mismo tiempo. - ¡Izad! ¡Izad el ancla! – La voz de Edgar se alzaba sobre todo el escándalo, instando a sus camaradas a izar el ancla del navío. Muchos de ellos ya trepaban por las cuerdas y tiraban de la manivela que ayudaba a elevar el ancla cuando Keveth y Ethmund si quiera habían alcanzado el puente. Ethmund sintió de nuevo la férrea mano de un guardia cerrase con fuerza en su hombro. Lo obligó a doblarse de dolor sobre el pavimento mientras varios guardias continuaban la carrera por ambos lados. - ¡Escoria! – gritó el guardia, y parecía querer añadir algo más dirigido a sus compañeros de pelotón cuando un puño perfectamente colocado lo alcanzó en el mentón. Reculó y soltó el hombro de Ethmund. - ¡Corre! – El grito era de Keveth que ya esquivaba al aturdido guardia y corría en la dirección contraria al barco. Ethmund lo siguió, notando como tres guardias se separaban del pelotón e iban en su persecución. La calle principal de Costa Sur, que dirigía hacia Trabalomas, estaba bloqueada ya. Refuerzos desde otros puestos cercanos habían cerrado la salida. Keveth rehusó detenerse e intentó guiarlos por una calleja secundaria que también estaba bloqueada. Finalmente varios guardias se los echaron encima e inmovilizaron contra la tierra. Gritos de júbilo inundaron la población desde el navío robado, cuando este comenzó a alejarse del puerto. Otra vez capturado, Ethmund no pudo si no maldecir cien veces a Edgar.
  21. 6 puntos
    Tranquilo @Yaldoren intentaremos, tras esta experiencia, poner más a seguro el foro, sus backups, para que no vuelvas a desaparecer XDD Aumentar la seguridad y copias externas, algo así como...
  22. 6 puntos
    ¡Y es una dicha volver al foro tras esa experiencia! Dado que también el post de presentación pasó a mejor vida, mejor tomar ésta respuesta como si fuera uno. Así que vuelvo a las andanzas para lo que ocupe la comunidad.
  23. 5 puntos
    Cuando yo me refiero a cambiar la materia a nivel subatómico me refiero a, en vez de cambiar las molécuas, cambiar los átomos en base a añadir o eliminar partículas subatómicas. El ejemplo más claro sería convertir el aire en una partícula sólida, o provocar que un cuerpo llegue al cero absoluto (Estado en el cual todas las part´ículas están en completa quietud). Pero vamos, que aplicaciones pueden ser infinitas prácticamente. Mi seguir sin entender, mi querer aplastar. Mi rolear que luz ser buena. Mi rolear abra cadabra. Mi no complicar cosas para rol. @DanielBunbury Fuera bromas, lo que dicen más arriba es lo más válido. Si nos ponemos a complicar algo con ese tipo de cosas lo que haremos sería desvirtuar lo bonito de la magia, que facilita las cosas. Que el ser humano haya desarrollado científicamente su sociedad y todo lo referente a ella es por esa necesidad imperiosa de facilitarse la vida. SI la magia existiera en la vida real, me atrevería a decir que no habríamos pasado de la edad media xD (en cuanto a desarrollo tecnológico y cosas así).
  24. 5 puntos
    Objetos en el Personaje Mochila pequeña - 168026 Mochila Marca Dunnabar - 163398 Barril - 136007 Mochila Paracaidas - 131129 Caravana orca azul - 118891 Moozy! :3 .aura 191226
  25. 5 puntos
    III Tenía las manos hinchadas, desde que entró en las mazmorras. Los grilletes raspaban fríamente sus muñecas y ya le habían provocado heridas que no dejaban de sangrar. No había nadie más que él en aquella lúgubre celda. Apenas unos haces de luz entraban por una pequeña ventana de barrotes, inalcanzable para alguien de su altura. Podía escuchar los pasos de los viandantes en la calle e incluso ver sus escarpines y botas entre los barrotes. Era un lugar extremadamente pequeño y hecho en piedra desgastada por el tiempo, probablemente una de las primeras mazmorras construidas cuando se fundó la ciudad. Una gruesa puerta de madera oscura, sin ventanuco ni abertura visible, sellaba completamente la celda del resto de la galería, lo que también lograba un profundo silencio en la estancia. Ethmund había contado tres noches desde que fue detenido. Tres noches, tres comidas que un guardia de mazmorra había traído para el por esa puerta. Pan y leche, nada más. Había escuchado hablar de los procesos que conllevaban la entrada en las mazmorras de la ciudad de boca de algunos pillastres que habían sido cazados robando. No obstante, desconocía que es lo que ocurría con aquellos acusados de un asesinato. Desde que llegó por primera vez a aquella celda lo único que pensaba era en la muerte. Ese destino que durante sus años en la calle había conseguido evitar en múltiples ocasiones gracias a su previsión y buen juicio le llegaría ahora de la forma más ridícula. Siendo acusado de un crimen que, por una vez, él no había cometido. ¿Cómo se defiende un conocido delincuente de una acusación falsa? Sabía que sus palabras tendrían poco valor, si no ninguno. En estos pensamientos dormitaba, sentado en la fría roca, culpándose de sus descuidados fallos en aquel fatídico día. La puerta de la mazmorra se abrió con un sonido pesado y el chirriar de unas bisagras oxidadas. El habitual guardia de la mazmorra, vestido con una burda imitación de un traje de verdugo, apareció en el umbral de la puerta, iluminado por la luz que entraba por la ventana. No traía comida. - En pie. – exigió, mientras se hacía a un lado de la puerta –. Delante de mí. Ethmund atendió a sus instrucciones y se puso en pie. Notó el dolor en sus piernas y espalda al ponerse en pie de nuevo y caminó hacia el exterior de la celda, dentro de la galería. El guardia cerró la puerta tras de él y lo picó en el hombro, instándolo a caminar hacia su izquierda. La galería era una interminable hilera de puertas de la misma manufactura que, indudablemente, daban lugar a más celdas. Al final del pasillo comenzaron a ascender varios escalones que parecían doblar en una especie espiral. Cruzaron una puerta, un pasillo bien iluminado, y accedieron a aun despacho. Era un despacho ostentoso, probablemente en la zona superior del edificio que hacía las veces de cuartel y prisión. Un estrado de madera se alzaba frente a el sobre el que un hombre de poblada barba grisácea y ojos del color del grano observaba a los recién llegados tras de una mesa de buena madera. La heráldica de Lordaeron estaba duplicada en varios estandartes repartidos por la estancia, así como un mapa de los Reinos del Este, bordado en la pared derecha. Un gran ventanal acabado en un arco de medio punto iluminaba toda la estancia tras del hombre. - Puede dejarnos, Gilbert. – el hombre tras la mesa alzo la mano en un gesto de relevo al guardia, a lo que este respondió cerrando la puerta y dejando a ambos solos en la estancia –. Soy el Teniente Lars, le haré unas breves preguntas que quiero que responda, ¿de acuerdo? Ethmund asintió sin dudar. La mirada del teniente era extremadamente neutra. Lo observó a de forma condescendiente, casi paternal, antes de bajar la mirada a su propia mesa. - ¿Cuál es su nombre? – entonó, devolviéndole la mirada. - Ethmund, señor. - ¿Ethmund que más? – el teniente sumergió una pluma en tinta y comenzó a escribir –. Su apellido. El chico dudo un instante y miró al teniente. Respondió. - No lo sé, señor. Lars evitó escribir y miró de nuevo al muchacho. Ambas miradas se cruzaron y el teniente dejó la pluma sobre la mesa. Cruzó sus toscas manos sobre el papel y le indicó que se acercara. Ehtmund así hizo, y subió los escalones del estrado hasta ponerse al otro lado de la mesa, frente al hombre. - Los hombres de la guardia dicen que eres un ladronzuelo de poca monta. Escurridizo, sí, pero no un peligro mortal para la gente. – se detuvo un instante, dando tiempo al muchacho para comprender el significado de sus palabras –. No creo que tú mataras al viejo Jebas pero debes entender que aunque esto fuese verdad, no estás libre de pecado. Ethmund observo al teniente mientras este enunciaba sus palabras. Tenía una voz profunda, poderosa, que lo reconfortaba en cierta medida. Ethmund no se engañaba a sí mismo, sabía que acusado de asesinato o no, estaría una buena temporada en aquellas celdas. - Yo no lo maté señor. No tenía nada en contra de ese hombre. - No obstante te echaron el guante a escasos pasos de allí cuando su vida aún no se había terminado de ir. ¿Qué viste? Frunció el ceño. Se habría criado entre miseria y pobredumbre, apoyándose en un código forjado entre las calles y sus habitantes. Un código que lo había mantenido vivo en más de una ocasión. Que decía cosas como “paga a Donth y no te pillarán”, “no robes a un prójimo” y “no delates a un prójimo”. Ethmund no era precisamente un devoto de estas leyes no escritas pero las respetaba hasta cierto punto pues, comprendía, sin ellas bien podría haber muerto hace años. - Y bien. – el teniente se echó hacia atrás en la silla, mirándolo. - No vi nada, señor. Estaba allí por casualidad, intentando ocultarme de uno de sus hombres que me perseguía cuando me golpearon en la cabeza y me pusieron grilletes. No vi nada más. El teniente frunció el ceño, mas asintió lentamente a las palabras del muchacho y retomó la pluma, terminando de escribir en el papel que tenía frente así. - Te llevaremos a una celda más grande, con otros reclusos, hasta que se decida que hacer contigo. – sus palabras volvieron a ser serias, pero no distantes, haciendo gala de una profesionalidad que solo se lograba con gran experiencia –. No serás juzgado por asesinato, pero si por tus crímenes posteriores. ¿Lo has entendido? Ethmund asintió rápidamente a las palabras del teniente y espero a que se le despachase. El teniente, sin ofrecer más palabras, terminó de escribir el pergamino y lo sello en tinta caliente. De una voz, llamó al guardia de mazmorras y le hizo saber sus órdenes, así como hizo entrega del pergamino sellado. Gilbert tomó a Ethmund del hombro y lo arrastró fuera de la estancia, mientras el teniente observa al muchacho con serenidad. Fue conducido por el mismo pasillo que habían venido y escaleras abajo, a una galería diferente. Allí las celdas eran más amplias y no estaban tras de gruesas puertas, si no tras barrotes de un metal oscuro. Los allí recluidos observaron la procesión hasta que Gilbert golpeo con su brazalete los barrotes de una de las celdas, la abrió, quitó los grilletes al muchacho, y lo echó dentro. - Mirad que tenemos aquí. – una voz ronca surgió del interior de la celda en que lo habían puesto. En una de las literas de abajo un hombre de pecho descubierto se había sentado sobre la paja, observando al muchacho. Otro hombre, apostado en la litera de arriba se giró también para observarlo de arriba abajo. Ambos tenían rostros sucios y carentes de varios dientes. El que se mantenía sentado tenía un ojo falso y una venda en la cabeza, de la que aún se podía distinguir la sangre seca. Ethmund ignoró el comentario de su nuevo compañero de celda y se encaminó a la única cama vacía de la estancia, la litera de abajo que había frente a la de los dos hombres. En la de arriba, un bulto no se había movido, parecía dormido. Ethmund se tumbó en la cama y cruzó las piernas, observando el techo de su nuevo habitáculo. Podía notar la punzante mirada de los dos curiosos puesta sobre él, pero se obcecó en no mirarlos, ni responderlos. - Le ha comido la lengua el gato. – insistió el primero, mientras se levantaba y acercaba hacia la litera -. ¿No sabes hablar chico? ¿No vas a saludar a tus nuevos camaradas? - Deja al chico tranquilo, Edgar. Aquella voz áspera y carente de amabilidad, de afecto, tuvo un efecto directo en el tipejo, que reculó hacia su cama de nuevo. Ethmund había reconocido aquella voz. La voz del hombre que en los campamentos de refugiados le había preguntado que miraba y si le era más fácil robar entre tanta gente. Clavó la mirada en el somier de la litera de arriba, sin decir nada, sin abrir la boca.
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