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Tali_Zorah_N7

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Sobre Tali_Zorah_N7

  • Rango
    Usuario Participativo
  • Cumpleaños Mayo 21

Información Personal

  • Género
    Mujer

Primer Personaje

  • Nombre
    Eileen Reveck
  • División
    Plata
  • Raza
    Alto elfo
  • Clase
    Picaro

Otros Personajes

  • 2do Personaje
    Ciaran Thandwing
  • 3er Personaje
    Morrigan Brekker

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  1. Muchas felicidades, y gracias por esos momentos de rol tan bonitos y desternillantes que nos has dado. Por muchos más :3
  2. Pocas cosas puedo decirte por aquí que no sepas ya... Felices 18
  3. Vannan adoraba la tranquilidad que acompañaba a la noche, el silencio y la soledad. Inspiró y llenó sus pulmones de aire mientras observaba plácidamente el jardín, apoyado en la barandilla de la terraza, en el piso superior. El viento arrastraba hacia él la dulce melodía que producían las hojas de los árboles al ser mecidas, los grillos hacían notar su presencia con sus cánticos y las luciérnagas bailaban al compás, alrededor de su hija, Eileen, que danzaba, saltaba y reía sobre la hierba. Él adoraba todos esos sonidos, le traían paz, pero la dulce risa de su hija le llenaba de felicidad. Admiró aquella estampa durante una hora, y la hubiese admirado durante el resto de la noche si la pequeña no se hubiese percatado y corrido hacia el interior de la casa para subir junto a él al balcón, en busca de historias de constelaciones remotas, olvidadas por el resto del mundo... - És una noche preciosa ¿Verdad?- Preguntó al oír los pasos descalzos acercarse, y posando con delicadeza la mano diestra sobre la cabeza de su hija una vez se hubo acercado. La brisa era suave, el cielo estaba despejado y aquella terraza era un palco privilegiado desde el cual contemplar una ópera de estrellas que brillaban en armonía. - Todas las noches con bonitas papá.- Respondió Eileen con una amplia sonrisa. - ¿Pero quién te has creído que eres para darle lecciones a tu padre?- Agachó la mirada hacia ella y deslizó los dedos hasta su cuello para hacerle cosquillas, a lo que la pequeña reaccionó con una sonora carcajada. -¡Ay, Papá!- Logró decir entre risas y encogiéndose.- ¡Para! - ¿Qué, sigues queriendo darme lecciones? ¿Eh? -Sonrió y siguió haciéndole un poco más de cosquillas. -¡Papiiii!- Rogó en una carcajada. - Está bien… está bien- Se detuvo y se arrodilló para estar a su altura, le acarició la mejilla con dulzura, usando el dorso de la mano mientras la miraba a los ojos. -Eileen, quiero que me prometas una cosa.- Algo en su mirada cambió, se tornó seria, con un deje de… temor, tal vez preocupación, y la pequeña se percató. - ¿Qué ocurre papá? - Nada, es solo que no quiero que esa sonrisa desaparezca nunca. Y para ello quiero que me prometas algo. ¿Vale? - Vale - ¿Ves esas estrellas?- Le puso una mano en el mentón y con delicadeza le dirigió la mirada hacia el cielo. - Ahá…- Asintió. - Habrá días en los que quizá llueva, truene o incluso granice.- Llevó lentamente la mano al hombro de su hija.- Habrá noches en los que el cielo quizá esté nublado, y días en los que el sol no permita que se las admire. Pero ellas siempre estarán allí... brillando, aunque nadie crea en ellas, aunque nadie sepa que están ahí… - Pero papá.-Desvió la mirada hacia él.- ¿Por qué estás…? - Quiero que sepas... - La interrumpió, buscando su mirada mientras se retiraba un anillo del dedo índice, que depositó con mimo en la palma de la mano de su hija para luego cerrarla entorno al objeto.- Que habrá momentos en los que la vida te ponga a prueba. Momentos en los que tendrás que demostrar lo fuerte y valiente que eres… y brillar aunque nadie crea en ti. Y en esos momentos, mi pequeña estrella, recuerda que pase lo que pase... La tenue luz del atardecer atravesaba la ventana por la que ella había entrado, iluminando pobremente aquél despacho situado en el segundo piso de la casa. Entrar había sido un juego de niños, la ventana ni siquiera tenía el pestillo echado, y si la información que su contacto le había proporcionado era cierta, en aquella casa encontraría los documentos con nombres y apodos de todos y cada uno de los cabezas de la mafia, a todos y cada uno de los Jefferson. Y si los planos que habían robado del ayuntamiento eran fieles, debería de haber un sótano oculto en algún lugar cerca del salón principal, construido después de que se edificara la casa. Su intuición le decía que allí encontraría lo que buscaba, y esa era una oportunidad que no podía dejar escapar, pues el juego se había convertido en una cacería que no se detendría hasta que sólo quedase el vencedor en pie, y a Eileen no le gustaba perder. Había dejado a Cassian y Morrigan vigilando en los alrededores. La casa estaba apartada e internada en el bosque, el pueblo más cercano estaba a quince minutos a pie. Por lo que si alguien más merodeaba cerca sería uno de los Jefferon o alguno de sus lacayos, ambos sabrían cómo arreglárselas para darle más tiempo. Los tres habían invertido una semana en averiguar los horarios de los integrantes de aquella casa, las rondas de los criados y cuándo quedaba vacía y desprotegida. Si todo iba conforme al plan, Eileen tenía una media hora para dar con los documentos y volver junto a Cassian y Morrigan para salir de allí. Y si algo iba mal, habían acordado que Eileen dejaría un pañuelo en la ventana de la habitación noroeste del piso superior, pues tras estudiar los planos, era la que tenía un acceso más fácil, junto a la escalera que descendía al primer piso, y la ventana era perfectamente visible desde donde ambos vigilaban el camino que conducía a la puerta de la verja que rodeaba la casa. Calculaba que llevaría alrededor de unos diez minutos en aquel despacho, y no había logrado dar con nada de interés. Había buscado en todos y cada uno de los estantes, tras cada libro, en cada armario y en los cajones de las dos mesas que había allí. Sabía que no podía perder mucho más tiempo. Abrió la puerta del despacho y se asomó al pasillo; era largo y con cuatro puertas, dos a cada extremo. Las paredes estaban pintadas de un azul cian y adornadas con varios cuadros; paisajes y algún que otro retrato, una moqueta roja y gris cubría el suelo hacia las escaleras, que se hallaban al final del mismo pasillo y las cuales no tardó en descender. Una vez llegó al piso inferior hizo memoria del plano de la casa, el salón estaba en el ala este, no muy lejos de la puerta principal; estaba cerca. Cruzó un pasillo, ignorando la hilera de puertas que lo atravesaban y fue directa hacia el salón. Una gran puerta de madera y cristales adornados por grabados dóricos separaba el salón de Eileen, la llave estaba echada pero a la elfa no le costó demasiado forzar la cerradura y adentrarse en el. Dentro del salón pudo observar varios sofás apostados junto a las paredes, las cuales estaban cubiertas por una capa de madera que terminaba a poco más de dos metros de altura, el resto de la pared estaba forrada por una especie de papel sintético que simulaba terciopelo teñido de rojo con espirales negras que subían y bajaban, varios divanes descansaban sobre una inmensa alfombra a juego con las paredes y una mesa alargada con multitud de sillas en el centro de la estancia, sobre la cual colgaba una lámpara de araña de cristal, con multitud de adornos llamativos que deformaban los rayos de luz que los atravesaban. Quince minutos. Debería de llevar algo no muy alejado de esa cifra en la casa. No quería perder más tiempo, así que se dirigió hacia la alfombra y comenzó a palpar sobre la misma hasta que encontró una irregularidad, la levantó un poco, sin tener que llegar a mover el mobiliario, y pudo contemplar como allí había una trampilla y una anilla de hierro que sobresalía. La agarró y tiró de ella con fuerza. Una vez abierta, Eileen contempló como unas largas escaleras hechas de piedra conducían a una puerta. Bingo. Descendió y tanteó la puerta, ni siquiera estaba cerrada con llave. Eso sin duda le sacó una sonrisa, pues eran uno o dos minutos más de tiempo regalado. Tras la puerta sólo había oscuridad, la tenue luz que llegaba a entrar por la puerta no alumbraba más de dos palmos lejos de esta, de modo que la elfa tuvo que recurrir a uno de sus frascos luminosos; un alga especial atrapada en un vial con agua de mar que al ser agitado desprendía una moderada cantidad de luz azulada, lo suficiente como para ver algo. Pudo ver entonces una mesa no muy lejos de su posición, el lugar era grande, podía sentirlo por cómo resonaban los ecos de sus acciones. Se acercó a la mesa y contempló libros, papeles, plumas y un tintero, todo estaba desordenado, como si alguien hubiese recogido apresuradamente todo lo que hubiese en aquel lugar. Cuando fue a echar mano de uno de esos papeles, la sala se iluminó… Una trampa. Nos han vendido. No tardó ni un segundo en empuñar sus dagas y observar alrededor; Un hombre apoyado en la pared, con un rifle a la espalda y un estoque envainado, estaba situado al lado de una especie de manivela que seguramente había accionado el sistema de iluminación por gas de aquél lugar. Eileen lo reconoció al momento; Rogers. En el pasado ya habían combatido antes. Junto a él había tres hombres más y una mujer, todos armados y con una afilada sonrisa dibujada en el rostro. La luz que ahora alumbraba el lugar confirmó las sospechas de la elfa, aquél sitio había sido limpiado por completo, había estanterías vacías, papeles tirados por todas partes, muebles volcados y documentos quemados en la chimenea que yacía al final de la alargada sala. Entonces Rogers se incorporó y comenzó a aplaudir. - Enhorabuena Eileen, parece que has encontrado que andabas buscando.-Dijo con un tono de voz cargado de sarcasmo mientras se acariciaba el bigote que adornaba su rostro. - Vete al infierno.-Ladró la elfa, señalándole con una daga.-¿También huirás esta vez? - Esta vez vengo a proponerte un trato. Los hombres y aquella mujer se acercaron lentamente a ella, que no vaciló en alzar sus armas contra ellos. - No tienes porque morir aquí.- Prosiguió Rogers.- Ríndete, ven con nosotros y mis señores tal vez consideren en perdonarte la vida por todo lo que has hecho. - No negocio con basura.-escupió y clavó la mirada en Rogers, sin perder del campo visual al resto.- Esta vez pienso acabar contigo. Rogers se rió. - Te diré lo que va a pasar Eileen. Vas a ser sensata y usar eso que tienes por cabeza, y soltar las armas, porque si no ésta habitación será tu tumba. ¿Entiendes? -Comentó con calma.- No eres más que carne y huesos, por mucho que quieras creerte invencible, sangras como todos. - No Rogers, yo te diré lo que va a pasar.- Barrió al grupo que la rodeaba con la mirada.- Caerá uno de ellos, y tú aún creerás que estás a salvo tras este muro escoria que tienes por guardaespaldas. Luego caerá otro, y entonces comenzarás a preocuparte y a preguntarte por qué no has traído más hombres.- Señaló entonces a la mujer, quién se acercaba peligrosamente a ella, tal vez intimidada por sus palabras, tal vez envalentonada, no creyéndola capaz.- Y cuando caiga el tercero… entonces será cuando tú vengas a por mi, desesperado, con solo uno de tus hombres con vida. Y cuando le de muerte a él también, oh entonces comenzará la parte divertida Rogers, porque sentirás un dolor que ningún ser humano haya experimentado antes, y lo último que verás en esta vida será mi rostro con una sonrisa placentera dibujada mientras te extirpo la vida. Rogers palideció un instante, creyendo capaz a la elfa de sus palabras, pero camufló su miedo con arrogancia y la señaló. - Matadla.- Ordenó. Eileen miró entonces a los cuatro que la rodeaban. Mi ventaja; mi agilidad, su ventaja; la superioridad numérica. Primero, cubrir parte del rostro con el pañuelo y desviar la atención. Aprovechar el entorno y los segundos iniciales para lanzar una bomba de humo; causará desconcierto y me permitirá asestar los primeros golpes y tal vez evadir algunos. El hombre de la izquierda era el más próximo, empuñaba una espada y tenía la piel castigada, unos cuantos kilos de más y los dientes amarillentos que asomaban tras su sonrisa putrefacta. Fuma, bebe y se cuida poco. Golpe en el hígado, lo dejará fuera de combate unos segundos, apenas sabrá de dónde viene el golpe. Arma larga, me dará tiempo a evitar su ataque cuando se recupere. Desvío entonces la mirada hacia el que había al lado de él, era fuerte, alto y empuñaba una daga. Golpe en la entrepierna para hacer que se incline, luego una puñalada en la garganta. Es posible que reciba un tajo de su parte mientras me encargo del primero. Apretar los dientes y soportar el dolor si se da el caso. Miró entonces a la mujer, a su derecha, era baja, delgada y con armadura de cuero, experimentada a simple vista en el combate cuerpo a cuerpo, o al menos había venido preparada. Empuñaba una espada en la mano izquierda y una pistola en la diestra. De mi altura, no podré evitar el disparo, darle la espalda y agachar la cabeza mientras me encargo del segundo. Previsión del impacto: En el hombro derecho. Incapacidad para usar el brazo con agilidad, lanzarle la daga con la zurda al cuello antes de que se acerque con la espada. Rogers entraría después en acción, Eileen lo sabía, estudió entonces al cuarto hombre. Tenía estatura media, estaba algo más alejado que el resto, sería el último en atacar, una espada en cada mano y un jubón de cuero desgastado por el costado. Rogers disparará el rifle primero, un solo tiro, no podrá recargar. Previsión del impacto: En el torso. La armadura mitigará parte del impacto, el humo no le permitirá ser preciso y no será mortal, la bala quedará alojada dentro. Luego usar la diestra para clavar la daga en el costado del hombre, aprovechando el desgaste de la armadura, retorcerla e impedir que pueda usar las espadas, será doloroso pero eficaz, soportaré el dolor. Es posible que reciba un corte por parte de su diestra en el proceso. Cuando Rogers se acerque, echarle el cuerpo de hombre encima para desequilibrarlo, luego saltar hacia él e impedirle usar su espada, tratará de contraatacar con su mano libre, aprovechar el movimiento de su brazo para hundir la daga en su axila, luego acometer contra el cuello y buscar la muerte antes de que mis heridas pasen factura. - Juguemos…- Respondió Eileen. Hacía diez minutos que Eileen había partido hacia la casa, no había ocurrido nada digno de mención. Cassian permanecía sentado sobre la rama de un árbol, con la pierna izquierda colgando y siendo balanceada de vez en cuando. El bosque era frondoso pero los árboles eran altos, proporcionaban una buena perspectiva de la zona. Miró hacia la ventana por instinto, comprobando si Eileen había dado alguna señal. Es muy pronto, dale tiempo. La casa era grande, y la verja que la rodeaba cubría gran parte del terreno y los perros guardianes roían ahora los huesos de un par de filetes que “casualmente” habían caído en la parcela, dando vía libre a la elfa para que se colase. El cántico de los insectos típicos del verano se le hacía insoportable, y el calor del lugar le hacía sudar. - ¿A quién se le ocurrió inventar esta estación?.-Gruñó. Morrigan alzó la vista, se encontraba apoyada de espaldas al tronco del mismo árbol, ataviada con ropa de manga larga y armadura de cuero, a Cassian le entraba dolor de cabeza solo de verla.. - ¿Es que acaso te va a derrotar un poco de calor, Cass?- Respondió divertida. - ¿No podemos simplemente alejar el sol unos pocos de cuantos de miles de millones de kilómetros y librarnos de esta tortura infernal? - No será para tanto… - Lo dice la bruja que ni siente ni padece…-Espetó mientras miraba al frente, como si Morrigan estuviese delante. Era bien sabido por todos que Morrigan era un misterio, pues no mostraba el más mínimo signo de dolor frente a cualquier herida, ni siquiera parecía perturbarle el frío o el calor. - Cassian deberías de estar vigilando mientras tu chica se juega el cuello ahí dentro. ¿Qué le dirás si se cuelan enemigos?.-Dijo mientras jugueteaba con su bastón.- ¿Que estabas demasiado ocupado quejándote del calor? - Pues si. - No tienes remedio… - ¿Has mirado la ventana? - Si. - Cass… Cassian rodó los ojos y echó un vistazo hacia la ventana. - Ahora si.- Respondió mientras se abanicaba con la mano. Morrigan se llevó una mano hacia la parte interna de su cazadora y extrajo su reloj de bolsillo, observando el tiempo. - Lleva poco más de quince minutos ahí dentro.- Indicó. - Al menos ella está resguardada de este calor infernal. - Cassian, ¿puedes recordarme por qué Eileen no te ha abierto en canal aún? - Porque soy irresistible. Morrigan blanqueó los ojos. Cassian confiaba plenamente en Eileen, y pese a ello en el fondo sentía miedo, pero era demasiado orgulloso como para mostrarlo. Siempre camuflaba toda debilidad con algo de humor y sarcasmo, el mundo ya era un lugar muy oscuro como para andar muriéndose por las esquinas. Los días previos a la operación había estado investigando con Eileen, juntando piezas de un puzle demasiado grande como para comprenderlo sin estudiarlo previamente, pero esas piezas les habían guiado hacia aquella casa. Un contacto les había informado de movimiento entre los dirigentes de la mafia, corrían rumores de una reunión entre los peces más gordos de la misma, y eso significaba que tendrían una lista con nombres o apodos y códigos para verificar la identidad de cada uno de ellos y de sus contactos o invitados. Era una oportunidad demasiado suculenta como para dejarla pasar. Dar con los primeros detalles había sido una tarea difícil, los Jefferson eran muy meticulosos con la información que movían, y para ello siempre la cifraban, particionaban o enviaban mediante cuervos entrenados. La opción de capturar uno de esos cuervos había sido descartada desde un inicio, demasiado costosa y llevaría mucho tiempo. Descifrar la información era tarea imposible, no estaban seguros pero se hacían a la idea de que únicamente los altos mandos de la mafia tenían el código necesario para llevar a cabo tal tarea, que para cualquier otra persona sería prácticamente imposible. Por lo tanto, la opción de conseguir un fragmento de información y a raíz de ahí tratar de tirar del hilo era la más segura. Si bien es cierto que capturar a uno de sus mensajeros fue complicado, el hecho de que la información fuese meramente verbal, y no contase con ningún tipo de nota o carta fue totalmente desconcertante. El cómo validaban si la información era legítima o no, no lo sabían. Tras capturarlo con éxito, llevaron al mensajero a lo alto de un faro, bajo el manto de la noche. Y allí lo interrogaron, mientras Cassian lo sostenía por un pie, siendo su mano y su resistencia física lo único que se interponía entre aquél hombre y una muerte segura; un acantilado de afiladas rocas donde las olas rompían y rugían con fiereza, ansiosas de engullir la vida del muchacho. - No te lo repetiré, chico.- Había dicho Cassian.- Danos la información y antes de que amanezca estarás de nuevo en el calor de tu hogar. De lo contrario las rocas de ahí abajo y tú tendréis un desafortunado encuentro. - P-por favor, os lo ruego.- Había suplicado.- S-si digo algo ellos… matarán a mi familia. Mis hijos no tienen madre. N-no saben valerse por sí mismos son muy pequeños aún, este es el único modo que tengo de mantenerlos. - En ese caso no tardarán en reunirse contigo.-Lo hizo balancear, moviendo el brazo despacio. El hombre había sollozado entonces, había llorado y suplicado durante largos y preciados minutos. - ¿Cuánto crees que le aguantará el brazo?.- Había dicho Eileen, que se encontraba apoyada contra la cúpula de cristal que coronaba del edificio.- Calculo que te quedan alrededor de cinco minutos de vida. Cinco minutos en los que lo que digas puede decidir el futuro de tus mocosos. Finalmente el hombre se rindió y se quebró, y entre lágrimas que descendían por su frente habló: - S-solo me dijeron un lugar, una casa donde se me darían más instrucciones. - ¿Qué casa? -Había ladrado Cassian antes de agitarlo con violencia. - ¡La casa Glotter! -Sollozó.- ¡La casa Glotter santo cielo, no me matéis por favor! El silencio se apoderó entonces de ambos, siendo los llantos y gritos del hombre lo único que interrumpía la fiereza con la que las olas reclamaban su vida para arrastrarla a las profundidades. La casa Glotter no estaba lejos de allí, hasta dónde sabían era una casa de una familia noble de humanos que nunca habían llamado demasiado la atención, dueños de varios negocios poco llamativos, entre ellos varias panaderías, floristerías y demás. - Por favor dejadme ir, os lo suplico. Es todo cuanto sé.- Había rogado entonces el hombre, cuya cabeza ya se encontraba roja de haber permanecido largo tiempo boca abajo. Las miradas de la pareja se cruzaron entonces, en un debate silencioso sobre lo que acontecería allí en ese momento. Pues ambos sabían que dejar a aquel hombre con vida sería un peligro, no podían haber cabos sueltos. Cassian lo sabía, en el fondo era algo que despreciaba hacer. Él sabía que aquél hombre no tenía culpa de nada, no era más que un simple peón en un tablero que no alcanzaba a comprender, y lamentablemente sus hijos iban a pagar también las consecuencias de un juego al que no habían sido invitados. La mirada de Eileen era clara; El hombre debía morir. Y Cassian asintió. - Como gustes…- Respondió Cassian tras un pesado suspiro, cumpliendo con la orden del hombre antes de soltar su pie.- Te dejaré ir…- Al precipitarse al vacío, sus gritos y sus voces tan solo fueron audibles unos pocos segundos, hasta que quedar silenciadas por las afiladas rocas - ¿Cass…? - La voz de Morrigan lo despertó de su letargo.- ¿Cassian? Agitó el rostro y pestañeó varias veces, volviendo en sí. - ¿Qué? - Miró hacia abajo, buscando a Mor con la mirada- ¿Qué pasa? - Problemas… - ¿Pro… blemas? - Cassian frució el ceño y dirigió la mirada hacia la ventana; no había nada. Pero entonces algo captó su atención, la chimenea echaba humo. Mierda Bajó de un salto y dejó escapar una maldición. - No ha entrado nadie, no debería de haber nadie dentro.- Miró entonces a Morrigan, consternado.- L-la reunión no es hasta dentro de dos días. Hemos estudiado todos los horarios desde hace hace una semana. - Pues nos han tendido una trampa.- Afirmó, temiendose lo peor para la elfa que llevaba poco más de media hora en el interior de la casa. Ambos echaron a correr. Cassian se adelantó y saltó la verja. Los perros, cansados de roer huesos gruñeron y ladraron en carrera hacia él. Morrigan no tardó en superar el obstáculo pese a su cojera. - ¡Ve por ella, yo me ocupo de los chuchos! - Gritó Morrigan blandiendo su bastón y desencajando de un golpe la mandíbula de uno de los canes que saltaba dispuesto a atraparla. - ¡Corre! La respiración de Cassian se había disparado, le costaba pensar con claridad. ¿Qué había pasado para que Eileen tuviese que alertarlos de ese modo? Fuera lo que fuera, no podía ser nada bueno. Aguanta. Aguanta. Aguanta… Embistió con su cuerpo la puerta principal del lugar, quebrando parte de la madera y rompiendo la cristalera que la adornaba. Lo volvió a intentar dos, tres veces, hasta que finalmente la puerta cedió y pudo entrar. Miró hacia todas partes, buscando entre las hileras de puertas hasta que dio con la que había dejado Eileen abierta para entrar al salón. No escuchaba nada, ni ruidos de armas, ni gritos, nada salvo los gruñidos y quejidos de los perros en el jardín. Una vez en el salón principal sus ojos bailaron por todo el lugar, observando el resto de puertas, las paredes, los muebles, la alfombra y la trampilla que había quedado al descubierto. No dudó ni un instante en empuñar una espada y una pistola y bajar corriendo los escalones que conducían a ese sótano. Lo que allí encontró le heló la sangre. El suelo y las paredes estaban teñidos de rojo carmesí, y el aire parecía cargado, sucio, causandole tos y un leve picor en los ojos. A sus pies yacía un hombre no muy alto y con sobrepeso, con cuchillo atravesándole la boca. Apenas a un metro de él yacía un segundo hombre más alto con un corte profundo en el pecho y el cuello abierto en canal, a su lado una mujer con otra daga incrustada en el cuello; tenía ambas manos sobre la misma, como si hubiese intentado retirarla escasos segundos antes de morir. Y algo más alejados se encontraban dos cuerpos más con varias heridas mortales. Cassian contuvo la respiración cuando reconoció a Rogers; su cara era de pavor, tenía la mandíbula desencajada, los ojos en blanco y sangre por todo su torso, habiendo emanado de una herida amplia en su cuello. No tardó en desviar más la mirada y encontrar un rastro de sangre que se dirigía hacia la chimenea en funcionamiento. Entonces la vio, y el mundo entero se le vino abajo. -¡Eileen! - Gritó desesperado mientras corría a través de aquella masacre. El cuerpo de su amada se encontraba lleno de sangre; había sufrido numerosas heridas. Una vez la tuvo entre sus brazos pudo comprobar que no tenía pulso, pero aún estaba caliente. Morrigan entró en ese momento, deteniéndose un instante al ver aquel caos. Más cuando sus ojos alcanzaron a Cassian con Eileen entre sus brazos se acercó. Cassian seguía gritando, zarandeando el cuerpo de la elfa, tratando de arrebatarsela a la muerte, quien la reclamaba con ahínco. - C-cassian…- Musitó y colocó con precaución su mano enguantada sobre el hombro del chico. - No tiene pulso.- Alcanzó a decir entre sollozos, mientras la acunaba en sus brazos.- Pero no voy a dejar que se vaya tan fácilmente…- Gruñó entonces, apretando los dientes y dejando el cuerpo de Eileen en el suelo.- No me va a abandonar…- Negó para sí.- No así.- Masculló antes de colocar las palmas de las manos sobre el pecho de la elfa y comenzar a hacerle un masaje cardíaco. Primero despacio, sin efecto. Y a medida que pasaban los segundos aumentaba la fuerza y la frecuencia de los mismos, parando únicamente para soplar en su boca e inflarle los pulmones cada poco rato. Morrigan cierro los ojos, reprimiendo una mueca y apretó con más fuerza la mano sobre el hombro del chico. - Cassian…- Negó despacio, creyéndola por perdida. - ¡Y una mierda! - Ladró, interrumpiéndola y apartando la mano del hombro.- ¡Vamos cabrona egoísta, sé que me estás escuchando! - Colocó una mano extendida sobre el esternón de la chica y dio un fuerte golpe con el puño cerrado sobre la mano.- ¡Vamos! - Lo repitió de nuevo, sin éxito, y siguió hasta que finalmente Morrigan se arrodilló y lo abrazó por detrás, en silencio. No pudo evitar entonces romper a llorar, abrazándose al cuerpo de Eileen. No había nada que hacer. Sentía frío, mucho frío. No sabía dónde estaba, todo era oscuro. Palpó el suelo, creyendo estar ciega y se puso en pie como pudo. Tardó varios segundos en reaccionar y llevarse de forma apresurada las manos al cuerpo; no tenía heridas. Ni siquiera oía sisear las voces que ocupaban su cabeza. Su respiración era irregular, errática, y era el único sonido audible en aquel lugar. Sonido que era devuelto a ella en forma de eco. Sentía miedo, terror, un pánico que jamás antes había experimentado. ¿Qué era ese lugar? ¿Qué había ocurrido? Hacía apenas unos instantes se encontraba en el frenesí de la batalla, y poco después recordaba haberse arrastrado por el suelo, gritando de dolor y con el sabor metálico de la sangre colmando su boca. Instantes que se sentían años, siglos, eones… ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Las dudas no hacían más que acumularse y no había nada que suscitase respuesta alguna; solo… vacío, oscuridad. Vagó durante un tiempo que no fue capaz de contabilizar, sin rumbo, simplemente caminaba hacia algún lugar en aquel infinito mar negro en el que se encontraba. Y finalmente se derrumbó, cayó sobre sus rodillas y rompió a llorar; desesperada; sola; perdida. Más en mitad de aquella desesperación, de entre la nada y el todo, de entre la oscura estancia infinita emergió una luz, tenue pero brillante. Y atraída como una polilla a una luna lejana Eileen la siguió hasta que finalmente ésta tomó forma… - ¿P-papá? - Preguntó, perpleja, creyendo ser víctima de algún juego macabro. - Hola mi pequeña estrella…- Murmuró Vannan con ternura, alzando una mano para acariciar las mejillas húmedas de la chiquilla. Ella sintió la calidez de esa caricia, la suavidad del tacto e infinitud de recuerdos inundaron su mente, recuerdos felices que se alojaban en lo más profundo de su memoria. - ¿Dónde estamos, qué es este lugar? - Alcanzó a preguntar.- ¿Estoy muerta…? Vannan la tranquilizó entonces, arrullandola entre sus brazos y colmandola de calor. - Todavía no…- Susurró, manteniendo un tono calmo, relajante y sereno. - ¿Todavía? -El miedo se apoderó de ella en ese instante.- E-entonces… ¿me estoy muriendo? - Sollozó, escondiendo el rostro bajo ese abrazo protector que hacía años que no sentía. Vannan apretó los labios durante unos segundos y asintió. - Si, mi pequeña. - He fracasado… os he fallado. Lo siento. - No… - La liberó del abrazo y la tomó entonces de los hombros, con delicadeza, cruzando miradas con ella.- No has fracasado, mi vida… Estoy orgulloso de tí, de la mujer en la que te has convertido. Eileen rompió a llorar y buscó de nuevo los brazos de su padre. - Te he echado de menos. - Y yo a ti estrellita… - La acogió de nuevo entre sus brazos y depositó un beso en su cabeza.- ...y yo a ti. Eileen se tomó un tiempo antes de terminar el abrazo. Y una vez lo hizo, observó a su padre. - ¿Y ahora qué? .- Se secó las lágrimas que aún se deslizaban por sus mejillas.- ¿Q-qué se supone que he de ocurrir? - Lo que ocurra ahora dependerá de tí. - ¿De mí? - Te estás muriendo… pero tu brillo aún no ha desaparecido, mi pequeña estrella.- Le acarició la mejilla con el dorso de su mano.- De ti dependerá que tu luz henchida deslumbre al mundo entero… o se extinga para siempre... - P-pero… quiero estar contigo papá… -Se mordió el labio y agachó la mirada, que amenazaba con nublarse de lágrimas una vez más. - Yo no me iré de aquí, estrellita. Te esperaré siempre. -Deslizó una de sus manos hasta el mentón de su hija y lo hizo alzarse para poder mirarla a los ojos.- ¿Recuerdas lo que te dije aquella noche, la promesa que me hiciste?- Sonrió con ternura.- Habrá momentos en los que la vida te ponga a prueba.- Acentuó su sonrisa mientras pronunciaba esas palabras como un día hubo hecho.- Momentos en los que tendrás que demostrar lo fuerte y valiente que eres… y brillar aunque nadie crea en ti. Y en esos momentos, mi pequeña estrella, recuerda que pase lo que pase... - Que pase lo que pase.- Reunió fuerzas para no quebrarse y dirigió la mirada hacia el anillo que llevaba puesto. Cuya gema, por algún extraño motivo había comenzado a brillar de forma tenue pero creciente.- Y esté donde esté… tú siempre estarás velando por mí… brillando con la fuerza de mil lunas. Vannan sonrío entonces, feliz. - Hay alguien que aún te necesita.- Musitó. - Cassian… - Eileen abrió con fuerza los ojos, apenas recordaba nada más allá de la negrura que se había cernido sobre ella. - Vuelve, Eileen. - La tomó de ambas manos y las apretó con delicadeza.- Vuelve y brilla… brilla por mi. El gesto no tardó en tornarse en abrazo, y Eileen se aferró a él con fuerza, como si así pudiese llevárselo de vuelta con ella. Parte de ella no quería abandonarlo, no quería irse. Allí no había voces siseando en su cabeza, no había dolor. Quizá la inocencia de la niña que un día fue hubiese optado por quedarse en aquel lugar, ajena al mundo. Sin embargo, la mujer que era hoy no podía abandonar a Cassian, no así. Ambos tenían un papel que cumplir, no podía tirarlo todo por la borda... aunque le hubiese gustado poder renunciar a todo, no era el momento, su hora aún no había llegado. - Te quiero papá… te quiero mucho. - Y yo a ti, mi pequeña estrella. No lo olvides nunca. Eileen cerró los ojos con fuerza, reprimiendo las lágrimas que luchaban por salir mientras le abrazaba. Pudo sentir entonces un gran dolor en su cuerpo. El frío se había desvanecido. Casi podría oír murmullos a lo lejos, sonidos apenas audibles que poco a poco cobraban forma y tono. Pudo llegar a reconocer la voz. Cassian… Su cabeza giraba como si se encontrase en una espiral sin fin y la condujese hacia las profundidades de la tierra misma. No se atrevía a abrir los ojos aún, seguía sintiendo el abrazo de su padre, su calor, su presencia… pero sin embargo el olor no era el suyo. En ese entonces abrió los ojos y pudo ver a Cassian, estaba llorando, y Morrigan le abrazaba. - ¿Q-quién ha estado bailando sobre mi pecho?- Alcanzó a decir con la voz ronca, apagada y débil. Ambos abrieron en ese instante los ojos con fuerza, y la sorpresa invadió sus rostros. -¿¡Eileen!? - Exclamaron prácticamente al unísono, incrédulos. - Eso creo… -Torció el gesto y apretó los dientes, sentía un dolor intenso e indescriptible en todo su cuerpo a causa de las heridas provocadas y las acciones de Cassian. Aún así pudo alcanzar a ver como algunas habían sido tapadas con trozos de tela empapados ahora en sangre. - Eres… eres… -Cassian negó y se mordió el labio con fuerza, tanta que casi parecía que se lo iba a arrancar- No vuelvas a hacerme esto. Nunca.- Más que una reprimenda sonaba como una súplica. - Yo también me alegro de verte.- Masculló, dolorida.- Espera…- Afiló la mirada y los observó a ambos.- ¿Alguno me ha llamado cabrona egoísta? Morrigan no pudo evitar sonreír una pizca y señalar a Cassian desde su espalda. - Eso es lo de menos.- Respondió él, con una leve risa nerviosa mientras comprobaba y ajustaba las telas que le cubrían las heridas.- Hay que vendar las heridas en condiciones y llevarte a algún lugar seguro. A lo que Eileen no puso pega alguna. Descendió la mirada un instante y se observó el anillo de su padre. Casi pareciera en ese momento que un último brillo, fugaz, abandonaba la gema engarzada a el. - Llevadme a casa…-Dijo entonces.
  4. Me encantan todos vuestros avatares, son preciosos ^Q^ Dejo por aquí una Ciaran n.n
  5. Ay me encanta Merúliel Ahí va una Eileen salvaje
  6. Indagando por ese mundo oscuro y maravilloso al mismo tiempo llamado Twitter, he encontrado una joya para crear avatares bastante chachi. Trasteando un poco y usando el traductor de google (Porque está en japo) he conseguido crear un par para mi lo más fieles posible a mi persona xD Lo dejaré por aquí para ver los vuestros si queréis :3 (He estado mirando el de chicos y creo que le faltan algunas cosillas, aunque tampoco es que lo haya explorado a fondo. También se pueden hacer de vuestros pj, hay muchos accesorios ) Para chicos. Para chicas.
  7. AY DIOS, me encanta *-* Muchas gracias
  8. El olor a sal y pescado llenaba las fosas nasales de Eileen, llevaba días en esa bodega, oscura y maloliente, y ahora al fin iban a sacarla de ese agujero pestilente. Maniatada y cabizbaja avanzaba despacio, arrastrando los pies desnudos y llenos de heridas, unidos por unas pesadas cadenas que le dificultaban la tarea. Un hombre alto y corpulento, de manos grande y ásperas la llevaba sujeta del brazo por la cubierta. La condujo a través de un puente de madera que unía al barco con el puerto y se detuvo frente a una mujer. Eileen, con la mirada agachada, vió sus lujosos zapatos; deslumbrantes y de un color rojo tan vivo que parecía brillar por sí solo, casi candente. Hubiese jurado que podía verse reflejada en ellos. El hombre la zarandeó del brazo y ella alzó la vista, hacia la mujer; Era hermosa, tenía una mirada penetrante de color verde esmeralda, adornada con algo de maquillaje, tal vez demasiado. Unos labios carnosos pintados a la perfección de un rojo carmesí. Una larga y perfecta melena rubia y un precioso vestido de color rubí que envolvía su también perfecta silueta. Costaba creer que era humana. - ¿Y bien, que me habéis traído esta vez?- Siseó la mujer, su voz era dulce y melodiosa, como el canto de un pájaro en primavera. - Madam Helen…- El hombre se inclinó ligeramente, dedicándole una reverencia. - Tres chicas, humanas-. Respondió.- Y, como puedes ver, una elfa.- Alzó un poco a Eileen del brazo, recibiendo un gruñido de la misma como respuesta. - Vaya vaya… - Deslizó la mirada hacia Eileen.- Una pieza exótica, sin duda. Pagarán bien por pasar el rato con ella. Una sonrisa felina se dibujó en los labios de la mujer mientras examinaba cada centímetro de su cuerpo. Eileen temblaba de miedo, trataba de no mostrarlo pero era una batalla perdida, ahora sabía que hubiese preferido permanecer en esa bodega. Tenía la blusa abierta de arriba a abajo y con las manos atadas por las muñecas se cubría el pecho. Llevaba la falda levantada por encima de la cintura y aquella mujer le tocaba los muslos y las nalgas de forma descarada, analizandola como si fuera ganado. - Bajita, delgaducha y plana como una mesa. Pero es guapa y a mis clientes les interesará una elfa, es algo que no se ve todos los días. Me la quedo.- Al fin apartó las manos y la atención de Eileen.- ¿Cuánto tiempo ha sido educada? - Cuatro años.- Respondió de nuevo el hombre, que se había deleitado mientras la mujer examinaba a la elfa. - Confío en que no me de muchos problemas, ya sabéis que mi clientela exige ciertos estándares, esto no es un burdel de poca monta. - ¿Cuando le han defraudado mis señores, Madam? -Dijo- Esta ha sido elegida por ellos, no tenga duda de que vale hasta la última moneda... Entonces hubo gritos, llantos, golpes, sudor y finalmente… silencio. La pálida luz de la luna atravesaba y se difuminaba a través de las cortinas. Descubrió que había sido otro mal sueño de tiempos más oscuros, pues estaba en su habitación, a salvo. Respiraba de forma agitada e irregular, tragó saliva y fue como si mil agujas le atravesaran la garganta a la vez. Se oyeron unos silenciosos pasos tras la puerta y la manecilla bajó despacio. En menos de un segundo, la elfa tenía sus dagas en las manos y miraba hacia la puerta que poco a poco se abría, dejando ver una figura conocida: - ¿Eileen?. -Musitó Cassian mientras asomaba la cabeza. Ella suspiró aliviada y dejó las dagas sobre la mesita, en el lado derecho de la cama, junto a la ventana.- ¿Otra pesadilla? -Preguntó mientras cerraba la puerta detrás de él. - Algo así… - ¿Estás bien?- Dijo, y se sentó en los pies de la cama, posando la mirada sobre ella. - Podría estar mejor.- Admitió, y se pasó las manos por la cara, con algunos mechones pegados a ella por el sudor. - Bueno, al menos has ganado tu batalla contra las sabanas. Estoy seguro de que no se volverán a meter contigo.- Dijo, dejando escapar una leve risa que acompañaba su adorable sonrisa. - Idiota...- Respondió Eileen, dejando escapar también una risa. - ¿Quieres subir al tejado? - Si, necesito algo de aire fresco. Cassian le tendió la mano y salieron despacio de la habitación, procurando no hacer mucho ruido hasta llegar a las escaleras que conducían al tejado. Era una pequeña azotea cuadrada, con algunas barandillas caídas a los extremos y huecos que permitían el acceso a unas tejas sin demasiada pendiente, y que comunicaban con otros edificios un par de pisos más bajos, separados tan solo por unos tres metros de largo. Los días anteriores había habido lluvia, por lo que el ambiente era algo húmedo, pero el aire era puro y el cielo estaba despejado esa noche. Ambos se tumbaron en las tejas, acompañados por una brisa suave, y dirigieron la mirada hacia el cielo cubierto por un manto de centelleantes astros a la deriva que palpitaban en un lienzo oscuro, presidido por una luna llena. - ¿Por qué te gustan tanto?- Preguntó Cassian mientras miraba las estrellas, con los brazos cruzados tras la nuca. - Mi padre solía contarme historias sobre ellas. - ¿Las estrellas? - Si. - ¿Qué historias se pueden contar sobre unos puntos blancos?- Arrugó un poco las cejas. - Son más que eso. - Cuéntame alguna. - ¿Seguro, no te reirás? - No prometo nada.- Eileen dejó escapar un bufido y Cassian alzó las manos, como a quien le apuntan con un arma.- Está bien, no me reiré, lo prometo.- Luego volvió a ponerlas en su nuca, con una media sonrisa dibujada en el rostro. Entonces Eileen alzó el dedo índice y señaló hacia un grupo de estrellas.- ¿Ves esas dos de allí, las que brillan con un poco más de fuerza? - ¿Junto a esa que brilla tan poco?.- Señaló una cercana. - Si, ¿Las ves? - Las veo.- Asintió. El dedo de Eileen recorrió despacio una serie de estrellas, uniéndo a unas con otras y trazando una figura que iba cobrando vida en la noche mientras ella deslizaba el dedo, resaltando una figura que parecía dividirse en dos y que, con suficiente imaginación, se parecía a dos personas abrazadas junto a una estrella más brillante que destacaba entre ellos. - Esos son los amantes, Jurian y Elain.- Indicó Eileen. - ¿Y esas tienen alguna historia, o las llamaron así sin motivo? - Claro que la tienen, todas tienen una. - ¿Y no me la vas a contar?- Enarcó una ceja y la miró por un instante antes de devolver la mirada hacia la constelación. - Si quieres… - Claro que quiero. - Pensaba que solo eran puntos blancos.- Le miró con una sonrisa burlona en el rostro. - Está bien, tú ganas.- Se rió y le devolvió la mirada a ella un instante para luego perderla de nuevo entre las estrellas.- ¿Me la cuentas? - Se dice que Jurian era un humano de familia pobre, y Elain una elfa de la aristocracia, quién además, decían que poseía una voz tan dulce y hermosa que podía dormir a cualquiera con ella.- Dijo Eileen.- Y pese a todas las dificultades que eso significaba, pese a los ojos con los que la sociedad los miraría… ellos se enamoraron y decidieron estar juntos. Pero el padre de Elain no aprobaba esa relación y les prohibió volver a verse. Terminó encerrando a su propia hija en una torre, custodiada por varios guardias, y le encomendó una misión a Jurian. Le dijo que si de verdad amaba a su hija se lo demostraría con una prueba de valía. Iría él solo a la fortaleza de un orco, que antaño le había arrebatado una joya familiar que ahora usaba en su corona, y se la traería de vuelta. Si lo conseguía podría casarse con su hija. - ¿Y lo consiguió?- Murmuró Cassian, que había dejado de mirar hacia las estrellas para contemplar a Eileen. - Lo intentó.- Continuó ella.- Pero fue apresado por los orcos, y su amada pudo llegar a sentir que él estaba en peligro, así que logró escaparse de su prisión cantando una melodía que durmió a los guardias que la custodiaban, y así partió para ayudar a su amado. Una vez se hubo infiltrado en la fortaleza y lo hubo encontrado lo liberó, y juntos fueron a buscar la joya. Ella entró en los salones y durmió a todos los que allí se encontraban, incluído el orco con la joya en su corona. Jurian se la arrebató y juntos salieron de allí, pero mientras huían, el orco, con su corona entonces vacía despertó y lo atrapó. Ambos se batieron en duelo, y se dice que la pelea entre ambos fue de las más sangrientas y brutales que se recuerdan, perdiendo los dos la vida en ella. Y Elain, que no pudo soportar perder a su amado, le suplicó a la luna en forma de canción, pidiéndole que les dejara estar juntos de nuevo. La luna escuchó su melodía y sintió lástima por ambos, así que se apiadó y decidió subirlos al cielo y hacerlos brillar juntos, por toda la eternidad… Y esa estrella que brilla entre ambos, es la joya que lograron recuperar. - Es una historia muy triste…- Murmuró tras un breve silencio. - Lo es, pero al final acabaron juntos... por siempre.- Dejó escapar un suspiro y entonces miró a Cassian, con cierta lástima. - Eh…-Le colocó una mano en la mejilla y se la acarició con el pulgar.- Nosotros también estaremos juntos para siempre, Eileen.-Hizo una pausa.- Cuando… cuando todo esto haya terminado. - ¿Crees que existe un "para siempre" para nosotros? Cassian le dedicó una media sonrisa, con ternura y amargura a partes iguales mientras deslizaba la mano hasta el mentón de la elfa para que lo mirase a los ojos. - Sonríe y pregunta otra vez... Eileen no pudo evitar sonreir - Y te prometo que cuando todo esto haya terminado al fin, seremos la constelación más hermosa, y brillaremos más que cualquier otra que el mundo haya conocido…- Se acercó a ella y la besó con dulzura. - Te quiero... - Y yo a ti...
  9. El naranja de un sol poniente bañaba los dos muelles, y nubes de pólvora se elevaban hasta morir bajo su vera. Los atronadores sonidos de los disparos envolvían el puerto. El aire olía a pólvora, sal y humedad. Aún había luz, pero pronto el sol se ocultaría. Y en uno de esos muelles Eileen se cubría de los disparos junto a su buen amigo Cassian. Cassian se asomó un poco, y cuando lo tuvo claro apuntó con la pistola y no dudó en disparar, envolviéndose en una nube negra. Un grito pudo oírse en el muelle de enfrente. Rápidamente Cassian volvió a tomar posición en las cajas que usaban como cobertura. Tenía la cara negra de tantos disparos, la pólvora se le había quedado pegada a la piel debido a la humedad del lugar, pero aún así, a Eileen le seguía pareciendo hermoso; Tenía unos ojos grandes y marrones como el tarro de la más dulce de las mieles, el cabello corto, castaño, ondulado y revuelto y la piel tostada como el cielo de un atardecer. Desprendía un olor a limpio, a natural, como césped recién cortado que incluso en ese momento era perceptible. Alto y de constitución atlética, los músculos de los brazos se le marcaban cada vez que doblaba los codos y un par de hoyuelos que hacían acto de presencia en sus mejillas cuando sonreía. - ¡Eileen, necesito que acabes con el del tejado!.- Gritó Cassian, agachado como podía contra la caja que se quejaba con cada disparo amortiguado. La madera saltaba por los aires y dentro de poco no tendrían dónde cubrirse. Cassian sabía que aquel tirador era un peligro, y no tenían las armas adecuadas para alcanzarle. -¿¡Dónde!?- Preguntó ella sin asomarse. - ¡Edificio de la izquierda, al final de la calle, dos bloques antes de llegar a la esquina! - ¡Hecho, pero me debes una cena, que no se te olvide! - ¡Te deberé dos si salimos de esta! - ¿¡Y si no!? - ¡Si no, espero que haya alguna taberna allí arriba! Entonces Eileen gritó y Cassian disparó para cubrirla mientras ella corría de caja en caja a través del muelle, hasta llegar al pie de los edificios, resguardandose del caos de aquel tiroteo. Varios contenedores metálicos de transporte estaban ahí apilados, no sería difícil llegar a algún balcón y de ahí trepar hasta el tejado. Los disparos solo dejaban de sonar cuando tenían que recargar, y de vez en cuando algún grito invadía el lugar. Más te vale que no seas tu… se decía cada vez que los oía, a Cassian se le acababa el tiempo. Eileen saltó y se agarró con los dedos al extremo de un contenedor, apoyando las suelas de goma contra el mismo para ayudarse a subir. Repitió la acción con los dos siguientes y cuando tuvo la oportunidad saltó a la cornisa de una ventana. De momento nadie la había visto. Desde allí podía observar como cinco hombres disparaban sin cesar contra la caja de Cassian, que de vez en cuando se asomaba para devolver los disparos. No se detuvo más de lo necesario, rápidamente buscó agarres en la pared y saltó hacia las imperfecciones de la estructura, aferrándose a ellas y ayudándose de la suela especial de su calzado. Y así fue trepando por la fachada, de ventana en ventana y apoyándose en rocas que sobresalían. Las manos le dolían, los dedos le sangraban y los pies resbalaban cada vez más, pero siguió trepando. Cuando llegó al tejado estaba sin aliento, había sido un esfuerzo muy grande después del día que llevaba, pero no podía detenerse. Se tomó un par de segundos para ponerse en pie y corrió, tomando carrerilla para saltar al tejado de enfrente, y luego al siguiente y al siguiente… Entonces pudo verle, un tirador con un enorme rifle apostado en la barandilla de la azotea, aún no se había percatado de la presencia de Eileen. Ella se acercó a él sigilosamente, con pies de pluma mientras empuñaba cuidadosamente una daga en su mano diestra. - Vamos, saca la cabeza pequeño hijo de puta…- Musitó el tirador, con la mirada fija en la caja de Cassian. Su voz era grave y ronca, seguramente por el exceso de tabaco y el alcohol. - Venga, no tengo todo el d....- La daga de Eileen atravesó la garganta del hombre, que comenzó a convulsionar y luchar por una bocanada de aire mientras la sangre salía a borbotones de su cuello, y extendía los brazos, como tratando de aferrarse a la vida que se le escapaba. - Tienes razón, no tienes todo el día.- Le susurró Eileen al oído. Acto seguido retiró la daga y empujó al hombre hacia abajo. Incluso desde esa altura y con el tiroteo allí abajo, pudo oírse el golpe seco contra el suelo y como se partían los huesos. Se permitió un par de segundos para descansar y recuperar el aliento, las rodillas le dolían tanto que apenas se atrevía a sentarse. - ¡Eileen!- El viento arrastró la voz de Cassian hasta ella, era un eco lejano que rebotaba entre el conglomerado de edificios alrededor del puerto. - ¡Eileen! Cuando ella echó la mirada hacia el muelle pudo ver como lo habían rodeado, Cassian había tenido que retroceder más y estaba al borde del mar, tras una caja que poco le faltaba para ceder ante los disparos. Mierda, corrió como si le fuera la vida en ello. Los pulmones le ardían, el corazón latía con tanta fuerza que le dolía el pecho, y sus piernas apenas respondían por la fatiga, pero no se detuvo. Saltó de tejado en tejado y continuó corriendo. Tropezó varias veces en el proceso, rasgándose los codos y las manos, pero se levantaba siempre. Arriba Eileen, podía oír la voz de su padre cada vez que le flaqueaban las fuerzas, cada vez que caía, Arriba. Logró llegar al tejado por el que había subido, pero descender sería más difícil. Los disparos resonaban constantemente, si no hacía algo Cassian moriría. Y lo haría por su culpa. Echó un vistazo hacia abajo y un escalofrío le recorrió la médula. Tendría que saltar hacia los contenedores, tal vez con suerte no se rompería nada. Era la única opción. No había tenido en cuenta que Cassian se había quedado solo. Había hecho mal, se había equivocado. No había pensado en que tal vez tendría que volver, no barajó la posibilidad de tener que bajar tan rápido de los tejados. Tragó saliva y cogió carrerilla hasta llegar al borde donde saltó hacia los contenedores, varios metros más abajo. Todas las lecciones de su padre pasaron por su cabeza durante esos segundos de caída. Él siempre le había enseñado a caer, a rodar y repartir la fuerza del impacto por todo el cuerpo. Y ella así lo hizo, flexionó las rodillas y estiró las los dedos de los pies cuando estos llegaron a tocar el metal del contenedor, se dió impulso y se hizo un ovillo, rodando sobre la superficie metálica de la caja. Un dolor inmenso le recorrió las piernas y sollozó con fuerza, tumbada. Los disparos cada vez era más fuertes, estaba cerca de ellos. Pero todo le daba vueltas, los oídos le pitaban y el cansancio había hecho mella en ella al momento de amortiguar la caída. Se había hecho daño, y la idea de poder haberse esguinzado algún hueso la aterró. Se arrastró hacia el borde del contenedor y se dejó caer hacia el que estaba un nivel inferior a este, gritando de dolor. Las costillas, sollozó de nuevo. Las costillas también dolían, pero Cassian corría peligro, iba a morir si ella no llegaba a tiempo, así que se arrastró de nuevo y se dejó caer en el contenedor de abajo, y luego hacia el suelo ahogando otro grito de dolor. ¿Te cuento el secreto del verdadero amor? Le había preguntado una vez su padre. A un amigo mío le gustaba decirme que a las mujeres les adoran las flores. Tenía muchos coqueteos, pero jamás encontró esposa. ¿Sabes por qué? Porque puede que a las mujeres les encanten las flores, pero solo a una le encanta el aroma a gardenias de finales de verano que le recuerda al porche de su abuela. Solo a una mujer le encantan las flores del manzano en una taza azul. Solo a una mujer le encantan los geranios silvestres. ¡Esa es mamá!, había gritado Eileen. Si, a mamá le encantan los geranios silvestres porque no hay otra flor que tenga ese color, y dice que cuando parte el tallo y se lo pone detrás de la oreja, el mundo entero huele a verano. Muchos chicos te traerán flores, pero algún día conocerás a uno que aprenda cuál es tu flor favorita, tu canción favorita, tu dulce favorito. Y aunque sea demasiado pobre para darte nada de eso, no importará porque se habrá tomado el tiempo de conocerte como nadie más lo habrá hecho. Solo ese chico merecerá tu corazón. Eileen gruñó y apoyó ambas manos en el suelo para ponerse en pie. Más le vale que sea un ramo bien grande… Masculló mientras caminaba entre los contenedores, apoyándose con una mano para no perder el equilibrio. Tal vez algún día Cassian le regalara flores, pero por el momento se conformaba con que siguiera con vida un rato más. Los disparos cada vez eran más cercanos, y cuando se acercó pudo verle desde el lateral del muelle, tras la caja, hecho un ovillo para evitar que los disparos acertásen en él, y tres hombres que avanzaban poco a poco hacia Cassian. Ha tirado a dos… Se permitió el lujo de sentir un ligero alivio y se cruzó de miradas con Cassian. - ¡Eileen, cierra los ojos!- Gritó con fuerza mientras se llevaba una mano al bolsillo de su cazadora. - ¡No puedes besarme desde ahí, Cassian! - Ladró mientras trataba de idear un plan para acabar con los tres hombres restantes. - ¡Hazme caso por una vez en tu vida, cierra los ojos! - ¡Más te vale que me guste! - Cerró los ojos con fuerza. - ¿¡Están cerrados!? - ¡Si joder, están cerrados! Entonces pudo sentir como una luz blanca, intensa le iluminaba los párpados que permanecían cerrados. Y acto seguido los gritos y gruñidos de los tres hombres. Cuando abrió los ojos pudo verlos tumbados en el suelo, con las manos frotándose los ojos. Una bomba lumínica… cabrón astuto. No perdió el tiempo y fue hacia ellos, acabando con sus vidas de una puñalada certera, estaba demasiado cansada como para jugar con ellos. Cassian salió de la caja y dejó escapar un suspiro de alivio. Se acercó tambaleándose a Eileen. - ¿Quién demonios eran? - Preguntó exhausto, pasándose una mano por la frente ennegrecida por la pólvora. Eileen se acuclilló frente uno de ellos y le levantó la manga de la camisa, hasta el codo, dejando al descubierto un tatuaje en el antebrazo, dos “JJ”. - Jeffersons.- Respondió Eileen, poniéndose en pie de nuevo. - ¿Nos han seguido? ¿Cómo? - No lo se, pero hay que irse de aquí, ya. - El mar ya no es un lugar seguro, si se han enterado de que íbamos a bordear el continente seguramente hayan enviado barcos a buscarnos. - Y desde el mar no podemos escapar si nos atrapan… - Exacto, hay que buscar otro camino. Eileen se llevó las manos a la cabeza y dejó escapar una maldición. - Pasaremos la noche en las afueras, cámbiate de ropa y búscame algo bonito para ponerme. Yo iré a por provisiones. Te veo en unas horas en la posada. - Comentó mientras se alejaba despacio, cojeando, con el dolor aún palpitante en las piernas y costillas. - Hecho, ve con cuidado, y no te entretengas.- Respondió Cassian viéndola marchar. - Tu tampoco. - Le miró por encima del hombro. - Y espero que esa cena merezca la pena...
  10. Eileen no estaba preparada para esa vida, de pequeña solía soñar con ser una bailarina y tener una vida tranquila. Nunca le interesaron las armas ni el arte del combate. En ese entonces no se había imaginado empuñando un arma y matando a sangre fría. Nunca quiso que nada de eso sucediera… Pero no tuvo opción. La ceniza y la sangre adornaban la pálida piel de su rostro y sus ojos estaban inyectados en furia. Tal vez podría haber salvado a algunas personas más, pero era un riesgo que no estaba dispuesta a correr. Había bloqueado todas las salidas de ese infierno y prendido en llamas el lugar, sin importarle quién o qué hubiese dentro. Los gritos y súplicas aún eran audibles en el interior de la estructura, todos estaban encerrados ahí dentro; guardias, sirvientes, clientes y más esclavos. Aunque eso no le carcomía la conciencia. Que arda, y que ellos ardan en ella… Ese burdel había sido su prisión durante doce largos años, y en ese tiempo había tenido noches en vela suficientes como para imaginar mil y una formas de escapar. Mil y una torturas para todos aquellos que la habían maltratado, violado y humillado. A pesar de ello nunca creyó que fuese posible lograrlo, pero ahí estaba, frente a una orgía de gritos y un mar de llamas que lo devoraba todo. ¿Sabes? Algún día me gustaría ir a ver los fuegos artificiales. Le había comentado Jesper una vez. Siempre había tenido una buena relación con su hermano mayor. Ambos habían sido como uña y carne, jamás se separaban el uno del otro y no existían secretos entre ellos. Es posible que tal vez te lleve conmigo. ¿Pero papá y mamá...? Había preguntado Eileen. Una escapada nocturna no le hará daño a nadie. La interrumpió. Además, serán solo un par de horas, no tienen porqué enterarse. Jesper le había sonreído entonces. Por algún extraño motivo la sonrisa de su hermano siempre la había tranquilizado. Sabía que estaba a salvo junto a él. Que nada malo le podía pasar… Y ahora él estaba muerto. La cabeza de Madame Helen colgaba de la mano de Eileen, sujeta por esa melena rubia que incluso ahora seguía pareciendo perfecta. Sus cuencas oculares yacían vacías, y la parte inferior de la mandíbula se sostenía por finos hilos de carne y músculo que se balanceaban con el andar de la joven elfa, dejando un reguero de sangre a su paso. No podía negar que había disfrutado haciéndola sufrir, que había sentido placer al verla llorar y suplicar. Ni en sus sueños más dulces se había imaginado que sería tan satisfactorio acabar con la vida de esa mujer. La mujer que la utilizó como un juguete sexual para todos sus clientes. La mujer que solo la veía como un objeto con el que hacer dinero. Los gritos se apagaban conforme se iba alejando, y tras ella una enorme columna humeante trepaba por la noche, fragmentando el cielo. Cuando estuvo en el enorme portón principal de la finca se acercó a la verja y ensartó la cabeza de Madame Helen en uno de los afilados barrotes acabados en punta, como si fueran enormes lanzas de hierro negro, elevándose desde el suelo para no dejar que ningún atisbo de esperanza o sueños escapen de ese horrible lugar. Aún no hemos terminado… Le susurró con picardía a la cabeza antes de empuñar un cuchillo de cocina, pequeño y oxidado. Se lo acercó a la frente y grabó dos grandes “JJ” en ella. Una advertencia... una promesa de venganza, de que iba a por ellos... Los hermanos Jefferson. Aquellos que habían matado a su familia. Aquellos que la habían confinado a esa vida, a esa celda con esa odiosa mujer. Dos criminales al mando de una peligrosa y reputada banda criminal. Podía verlos cada vez que cerraba los ojos. Nunca olvidaría esas caras... esas voces... Siempre que lo hacía tenía que reprimir un escalofrío, pero se obligaba a si misma a no sentir miedo, castigándose físicamente cuando lo hacía. Pues si quería vengarse de ellos, tarde o temprano tendría que superar los fantasmas de su pasado, y eso los incluía a ellos. ¿Se acordarían de ella, de lo que le hicieron? ¿Se acordarían de la familia que le habían arrebatado? ¿La habrían olvidado ya? Esas preguntas rondaban la cabeza de Eileen y la asaltaban constantemente. Pero ahora era libre, ya no tenía ataduras, ni físicas ni morales. No le importaba nada, no habría nadie capaz de detenerla. Doce años de sufrimiento, y ellos eran los responsables… Pagarían por cada día que ella había sufrido, y por cada día que su familia hubiese vivido… Llegado el momento no tendría piedad. Para cuando Eileen se bajó de la verja y cruzó el portón, el fuego ya se había extendido hacia el sótano del edificio principal, encontrándose con las reservas de pólvora, químicos y demás, provocando una enorme explosión que terminó de acallar los pocos gritos de agonía que se oían en la lejanía. Eileen se permitió el lujo de mirar por encima del hombro aquel espectáculo. Siempre quisiste ir a ver fuegos artificiales, hermano. Esto va por ti... musitó para si misma antes de perderse entre la maleza que marcaba el nacimiento del bosque.
  11. Índice I Introducción - Llamas liberadas II El Chico de las Flores III Noche de Estrellas IV Una Luz en la Oscuridad
  12. Holis, me llamo Alessandra (Alessa para los amigos) aunque podéis llamarme Tali. Tras la insistencia y recomendación de un par de amigos míos me he decidido probar suerte y rolear por aquí. Me gustaría dejar claro que soy una persona bastante tímida y que me cuesta entablar conversación con gente que no conozco, pero haré un esfuerzo. Dicho esto, espero poder rolear pronto con vosotros y sentirme cómoda dentro de este servidor. Gracias por vuestra atención! n.n

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