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Spellman

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Sobre Spellman

  • Rango
    Usuario Participativo

Primer Personaje

  • Nombre
    Lucero Victoria Lamster
  • División
    Bronce
  • Raza
    Humano
  • Clase
    Guerrero

Otros Personajes

  • 2do Personaje
    Alexander Radcliffe/Huargen/Bronce
  • 3er Personaje
    Gabriel Thorne/Humano/Cobre

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  1. ¿en verdad hoy es tu cumpleaños? Muchas felicidades, Kiran! Una de las jóvenes promesas de la Academia Muchas enhorabuenas y felicitaciones, espero la hayas pasado genial :3 Deja de odiar tanto Vallefresno xD!
  2. @Sacro pese a que la Horda de Thrall sí que es honorable, y llegó a mover las bases de lo que era la Horda orca, creo que sí practicaban la esclavitud. Rehgar toma por esclavo a Varian y lo forza a ser un gladiador, se menciona que compró a Valeera Sanguinar y Broll, esto se menciona en el cómic World of Warcraft: the Comic, donde se revela la ecistencia de otros gladiadores que fueron comprados y son obligados a luchar. Por lo que sé, Blizzard aclaró que todo el comic, salvo la existencia de Medan, sigue canon. Vamos, no soy un experto de lore, pero es lo que dice la Wowpedia, como se puede comprobar en los artículos destinados a Rehgar, Varian, Valeera y Broll. Edit: al parecer era ilegal, pero por las perdonas que lo frecuentaban, sería un secreto a voces, y menciona que SÍ había esclavos. Edit 2: Si mal no recuerdo, en las quest de inicio de los orcos post-Cata hay una en especial donde tenes que ir y luchar con los esclavos de un orco (un naga, un huargen y un ogro). Sí, hay un NPC llamado Spiketooth, antiguo compañero de Rehgar que nos da la misión de enfrentarnos a sus nuevos esclavos: Ghislania, una naga, Griswold, un huargen y Gaur Icehorn, un taunka.
  3. Hasta donde tengo entendido (aunque hace mucho que leí la historia) la esclavitud estaba permitida, como lo vemos en el cómic ee Varian, quien fue tomado como esclavo y obligado a luchar por Rehgar, junto a Valeera y Broll. Luchaban en una arena de Orgrimmar y por todo Kalimdor había ogras arenas y torneos. @Blue
  4. ¿Cumpleaños de Becka? Muchas felicidades, girl, espero estar en el uso horario correspondiente para que siga siendo día de tu cumpleaños (?) espero la hayas pasado genial, haciendo lo que te gusta y rodeada de tus seres queridos. Enhorabuena, otro año más!
  5. Pocas cosas eran más tranquilizantes para Robert de Lamster que una pipa en una noche cálida en el porche de la Hacienda Lamster, acompañado de un pequeño taburete en el que descansaba una farola con una vela que iba por la mitad y una botella de vino de Crestagrana, la vida se le hacía más amena. El Oso Escarlata observaba sus dominios, la hacienda, aunque venida a menos, tenía una gran extensión de terreno hasta el grueso muro que los separaba del resto del bosque de Elwynn, había una docena de robles plantados aquí y allá, en esta época del año se veían particularmente hermosos, tras él, las fraguas yacían apagadas y colgados los mandiles, le había dado la tarde libre a los chicos pues, desde hacía ya un par de semanas habían estado hasta el cuello de trabajo, Jason Padport, su maestro de armas era también el maestro herrero del lugar y sin duda alguna era quien más trabajaba, descargaba el pesado martillo sobre las placas al rojo vivo y aunque Robert conocía el procedimiento siempre quedaba admirado de la maestría que el hombre tenía, claro está, el resto de los chicos trabajaban tan duro como podían, "honor a quien honor merece", solía decir su padre, y efectivamente los chicos también lo merecían. Incluso Lucero trabajaba bastante duro en la forja, de vez en cuando, cuando él llegaba de alguna reunión con los nobles ventormentinos, la veía entrar a la mansión, empapada de sudor y con el rostro cubierto de polvo o cenizas, siempre le parecía bastante curioso, a diferencia de la Osa Negra, él podría parecer un completo inútil. No era que tuviera algún problema de autoestima, sino que en el fondo le tenía un poco de envidia, desde que había sido tomada como escudera por Lady Ravencrest, entrenaba más duro de lo que la había visto en su vida, además de que viajaba por todo lo largo y ancho del reino, según sabía, en ese momento se encontraba en Theramore, cumpliendo sus ocupaciones de escudera con la Osa Mayor. Suspiró, tomó una calada y exhaló una gran bocanada de humo, quizá era hora de entrar y dormir, rondaría la medianoche, pero algo en él (pereza, se dijo a si mismo) le impedía levantarse de aquel acogedor asiento. Echó una mirada más hacia el portón, una pesada puerta de madera que debería pesar una tonelada, grandes pinchos de herrería sobre él y todo el muro, que según el fallecido Lord Victor, tenía casi setenta centímetros, nada envidiable, por un instante se imaginó como debió de haber sido para el entonces cabeza de familia, Jorah de Lamster el tener que defender aquella pequeña fortaleza en miniatura escondida en lo más recóndito del bosque de Elwynn durante la Primera Guerra, la piel se le erizó. Era ya hora de entrar y dormir, al día siguiente el Alto Rey Wrynn había convocado una ceremonia en Ventormenta y aunque pública, su calidad de aristócrata le obligaba a asistir. Bostezó y mientras se estiraba, antes siquiera de dejar el asiento, un leve estornudo le interrumpió. Su primer impulso fue el de tomar la espada que tenía al lado de la silla, y así lo hizo, pero al girar y notar a una figura casi tan pequeña como su su hermana Lillian la dejó en su sitio, era una joven diminuta, delgada y pálida, el cabello incoloro le caía por sobre los hombros y, como tenía por costumbre, llevaba un vestido oscuro, como en luto perpetuo, a la luz de la luna, y apoyada por el color escarlata que su condición de albina le proporcionaba contribuía de sobremanera en hacerla pasar por fantasma. — Lady Blackwald -llamó Robert nada más verla, retomó su compostura y dejó la espada en su vaina- mis disculpas ¿necesitáis algo? Trémula, Astrid le observaba en el pórtico, a Robert le cruzó la idea de que, de tener piel normal, la chica habría palidecido, su humor en verdad era algo tonto. — Me temo, mi señor, que mi título se perdió junto a mi patria. — Tonterías, la Alianza está poniendo todo de su parte para recuperar vuestro hogar, ¿está todo bien? Astrid negó con la cabeza, y levantó la mirada hacia el cielo nocturno, Robert extendió la mano hacia una silla contigua y la joven descendió hacia ella, pese a que en ocasiones a Robert le incomodaba el hecho de que Astrid fuese tan reservada, en aquel momento no le molestaba en lo absoluto. — ¿Montando guardia a caso? Eso sí que llamó la atención del Oso, ¿una broma? la chica a la que Lucero había rescatado hacía un par de meses y que apenas hablaba había hecho una broma, o eso quiso creer. — Esos orcos viles no tomaran mi propiedad -tomó la espada envainada y la puso en sus rodillas- Que vengan. Dijo en tono desafiante. La chica rió brevemente, vaya sorpresa. — Si lucháis tan bien como vuestra hermana, entonces estamos salvados. — ¿Y quién creéis que le enseñó a la Osa Negra todo lo que sabe? Ambos continuaron riendo por la broma, quién sabe, quizá haya sido el clima, desde el momento en el que Lucero había puesto a Astrid bajo su protección apenas y había charlado con ella, pero se sentía honrado de saber que estaba haciendo lo correcto, claro está, que todo el asunto del rescate y el origen gilneano de la muchacha lo había sabido únicamente a través de Lucero. Sin embargo, entre que la chica padecía de timidez extrema y él se consideraba a sí mismo más bien un sujeto aburrido, eventualmente el silencio dominó la escena, interrumpido a veces por el gruñido de un oso, o el canto de los grillos. — La verdad es que ahora la hacienda es bastante silenciosa -empezó Robert, sin saber bien porqué- esto no pasaba cuando éramos niños, siempre había ruido. — ¿Jugabais mucho los niños Lamster? Preguntó Astrid. — Más o menos, diría que sí -Robert se cruzó de brazos y estiró las piernas- diría más bien que siempre nos metíamos en problemas, en especial Lucero y yo, James y Lilli eran más de observar, esperándonos que no nos rompiéramos algo. — No tengo el gusto de conocer a los señores James y Lillian, he de decir. — Cierto, cierto, desde que partieron a la Academia, apenas y se les ve por aquí; os agradarían, mi señora, especialmente James, que siempre sabe cómo hacer sentir bien a una mujer... por sus palabras quiero decir, tiene fama de poeta, ¿sabe?. Astrid desvió la mirada y por un momento Robert temió haber sido imprudente en algún sentido, pero al cabo de un rato, la conversación continuó. — ¿Cuál era vuestro juego favorito, Lord Robert? — ¿Mi juego favorito? — Sí, vuestro juego favorito; en mi infancia, mi juego favorito era junto a mi hermano y nuestros primos, alguien tenía la peste y tenía que pasarla a los demás tocándolos con la mano. Por un momento, Robert alcanzó a ver cómo a Astrid se le iluminaba el rostro comentando viejas anécdotas de su familia y sus juegos, algunos bastante extraños, "cosas de gilneanos", pensó él, pero se sentía admirado de ver a semejante muchachita, enfermiza a primera vista, hablar con tanto entusiasmo y tener reacciones tan efusivas con alguien que era prácticamente un desconocido. — No sabía que tuvierais un hermano. Ahora sí que dio en el clavo y el rostro de Astrid se ensombreció, a punto estuvo de hacerse un ovillo, o echarse a llorar, y rápidamente él dijo lo primero que se le ocurrió. — Mi juego favorito era luchar contra Lucero en pequeños duelos, antes de que empezara nuestra instrucción en armas, ambos tomábamos palos y hacíamos como que nos batíamos en duelos espectaculares; a veces yo portaba Quel'Zaram y mi hermana empuñaba la Crematoria, en otras yo era Lord Uther el Iluminado y ella Anduin Lothar, una vez osé decir que más bien lucía como Orgrim Martillo Maldito y me dio un puñetazo tan fuerte que me tumbó un diente de leche. Astrid seguía demasiado inmiscuida en sus propios pensamientos, sin embargo, Robert no se detuvo ahí. — Pero también jugábamos al escondite, esta vez éramos todos, incluso venían los caballerizos y jugaban con nosotros, hubo una ocasión en particular en que James, que siempre escogía los escondites más obvios, decidió buscar uno más allá de lo normal -en este punto, recordando la historia, Robert comenzaba a querer soltar una risotada- el punto es que se metió debajo de un árbol y antes siquiera de que yo empezara a buscar, el chico salió gritando y llorando repleto de arañas, ¡el muy bobo les había destruido el nido!. Para cuando terminó de contar la anécdota, Robert reía con francas carcajadas, y hasta cierto punto pareció contagiar su buen humor a la muchacha, quien sonrió entonces, levantando la mirada. — Usted me recuerda bastante a Liam, lord Robert, el escondite era su juego favorito. Robert se detuvo para mirarla, no preguntó, pero unió los puntos uno a uno, al cabo de un rato suspiró, y notó que las lágrimas de la chica le habían corrido por las mejillas. — Espero que esté vivo. Aquel gesto de preocupación hizo mella en el corazón de Robert, que sin decir palabra, extendió el brazo hasta dar con el hombro de la muchacha, no se dijeron nada, pero al cabo de un rato esta logró tranquilizarse un poco, continuaron hablando de nada en especial, para cuando Robert estaba a punto de sugerir que entrasen ya, alguien llamó al gran portón de madera, una secuencia particular, que le indicó a Robert de quién se trataba. — Ahora vengo. Lord Lamster, a falta de criados, corrió hacia el portón y no sin esfuerzo lo abrió, dejando pasar a dos grandes figuras montadas que entraron prestas hacia el establo, mientras el Oso Escarlata volvía con Astrid, las dos figuras se acercaron a su encuentro, portando pesadas armaduras, una de ellas, estaba enfundada en acero con tintes grisáceos y un tabardo verde y negro que representaba a un cuervo y a un oso, mientras que la armadura de la segunda era totalmente negra y su tabardo era rojo, con un oso de sable. — Tía Anna, Lucero, bienvenidas. Anna Mariana Ravencrest, con el semblante pétreo, dio las buenas noches y entró rápidamente a la mansión. — Jopé. — Robert, Astrid, ¿qué hacéis tan tarde aquí? — Esperábamos la llegada de nuestra querida escudera, ¿a que sí, Astrid? La gilneana asintió, con una sonrisa honesta, le alegraba ver a Lucero de vuelta. — Claro que sí, no se suponía que regresaríamos hasta dentro de diez lunas, pero ha Lady Ravencrest le ha dado por volver antes, ya sabéis como es. — Ya, ya, ¿qué tal es Kalimdor? ¿nos habéis traído un obsequio? — Caliente, a decir verdad, me gustaría explorarlo algún día, y claro que os he traído obsequios, incluso traje algo para nuestra invitada. Lucero, que a todas luces lucía cansada se giró hacia Astrid para ofrecerle una sonrisa. — Llegas en el momento justo, hermana. — ¿Por qué? Preguntó la Osa Negra, un tanto desconcertada. — Entremos, ya va siendo hora, y te enseñaré lo que ha traído el pregonero del pueblo.
  6. Una Lucero japo :3 sólo que la piel es muy clara ^^
  7. La misma noche del llamamiento a Ley Marcial en el reino, Lucero y Robert se enfrascaban en uno de sus enfrentamientos diarios, solían entrenar juntos, pero desde la muerte de Lord Víctor, apenas habían tenido tiempo. Desde el momento en el que, nervioso, Robert acudió a la recámara de la Osa Negra, esta supo que algo andaba mal. - Ley Marcial –dijo Robert tras lanzar un tajo con la espada de práctica, Lucero desvió el ataque con el escudo- ¿puedes creerlo? La Osa no era mucho de hablar mientras luchaba, siempre prefería concentrarse totalmente en el combate, pero la situación lo ameritaba. - Las cosas parecen haberse estado complicando; la muerte de padre, la llegada de tía Anna, la Ley Marcial… Tras ello, logró conectar un fuerte golpe en el tronco de su hermano. - No sé si pueda hacerlo, no tengo madera de líder, Lucero además, mi madre y sus estúpidas ambiciones… -realizó una finta y pudo conectar por fin un golpe- ¿sabías que está organizando matrimonios para James, Lily y para mí? Quizá fue la noticia que le llegó de golpe, o quizá fue que perdió el hilo de la batalla un segundo, pero Lucero recibió una estocada que por poco la deja sin aliento. - ¿Es que esa arpía que tenéis por madre sólo piensa en sus propios intereses? - Así parece… Mientras el par combatía un par de momentos en silencio, la residencia Lamster estaba igual de silenciosa, seguramente, la familia estaría dentro de la casa, al lado del patio donde los hermanos entrenaban, sin embargo y sin que se dieran cuenta, una persona salía al patio, para observar la batalla. Los jóvenes Osos se batían como si se tratase de la más épica de las batallas; Robert había cambiado al mandoble, que siempre le había venido mejor, y Lucero tenía que defenderse con el escudo en la zurda y contraatacar con el filo de la diestra, el maestro de armas había entrenado a dos grandes guerreros, lanzaban estocadas, tajos, cortes, el escudo de Lucero crujía con cada golpe que recibía mientras que la postura de Robert comenzaba a debilitarse, fruto de los repetidos ataques de la Osa Negra y el paso el tiempo, que comenzaba a hacer mella en la resistencia de ambos. Tras un rato de batalla, la balanza se había inclinado a favor de la Osa Negra, que tras bloquear el que parecía el tajo definitivo del Oso Escarlata, contraatacó y asestó un golpe al tórax de su hermano, derrumbándolo en el acto. - ¿Estás bien? Lucero había lanzado sus armas, y ahora ofrecía una mano para ayudarle a levantarse. - Me derrotaste, Osa –Robert sonrió, aunque brevemente, pues vio algo a espaldas de Lucero, que hizo que cambiara de opinión- tenemos compañía. Pensando que podría tratarse de lady Sonya, Lucero se giró rápidamente, no por emoción, sino por mera educación, pero se llevaría una sorpresa. No se trataba de la voluptuosa figura de Sonya Goldmane, sino de una mujer, casi tan alta como Lucero aunque con el doble de edad, la cabellera ya cana y con arrugas en el rostro, llevaba la armadura completa y una gran capa de pelo de lobo; lo que llamaba verdaderamente la atención era su mirada fría y penetrante y una gran cicatriz dual en el rostro. - Tía Anna Mariana –dijeron los dos al unísono, ambos sabían que a Lady Ravencrest le gustaba que le dijeran así, fue Robert quien habló- ¿qué hacéis despierta tan noche? ¿Necesitáis algo? - Sólo veía a un par de mocosos jugando a los soldados –sonrió Anna, a su espalda llevaba un mandoble- pensaba en retaros, Lord Lamster, pero parece que ya han metido una paliza. La penetrante mirada de Lady Ravencrest se posó sobre Lucero. - Mi hermana siempre ha sido la mejor guerrera entre nosotros; padre solía decir que era tan buena como Ser Patrick, vuestro tío. De pronto, el rostro de Lady Ravencrest pareció endurecerse aún más, volvió la mirada hacia Robert y casi parecía que estaba a punto de comérselo de un bocado. - Vuestra hermana… he escuchado algo a cerca de esa cláusula que vuestra madre se inventó, Robert, Lucero. - Es una mierda –musitó Robert- Lucero puede ser hija ilegítima, pero sólo lo es porque así lo quiso mi madre; ella es tan digna del apellido como yo, además de ser la primogénita. - Sí, pero vuestra madre nunca me tuvo en buena estima, Rob. Anna Mariana observó a sus sobrinos con mirada inquisidora, pero terminó por suspirar. - Esas patrañas han sido invento de vuestra arpía madre, Robert, me aprendí el código de la familia y jamás vi semejante tontería como esa. Se hizo silencio momentáneamente, pero la Osa Mayor continúo hablando, esta vez viendo a Lucero. - No me agradas, Lucero, eres una mancha para el honor de mi sobrino y de toda la familia Lamster, una bastarda –Lady Ravencrest no se toca el corazón, es siempre así de directa- pero es mi responsabilidad asegurarme de que la familia quede en buenas manos, alguien en quien verdaderamente pueda confiar… hasta que no haya amenazas. Mientras hablaba, miraba a Robert de reojo, pero este sólo asentía ante la Osa Mayor. - La Casa de Lamster debe erigirse orgullosa y honorable ante los tiempos de adversidad; así como lo hicieron durante la caída de Ventormenta, nuevamente el Reino se ve afectado por amenazas que pretenden desestabilizarlo; como abanderados del Rey, es nuestro deber poner nuestro grano de arena para mantener la soberanía de la Casa Wrynn. Ambos hermanos escuchaban silenciosos y atentos el pequeño discurso de su tía, aunque sin saber exactamente a dónde quería llegar. - Si al cabezota de Robert no le molesta que venga una bastarda a quitarle el título, jugaremos bajo las reglas de su madre –con una mano, como si fuera una aguja, Anna Mariana tomó el mandoble a su espalda, hizo ademán de entregarla a la chica- la quiero bien limpia y afilada para mañana temprano, ¿entendiste? Aquel giro de los acontecimientos hizo que tanto Lucero como Robert se encontraran confundidos, se vieron entre ellos antes de volver a ver a su tía. - ¿A qué se refiere, tía Anna? - Desde ahora me llamarás Lady Ravencrest, escudera –dijo la Dama de Armas- mi último escudero la palmó hace tiempo, espero que corras mejor suerte, Osita Negra.
  8. WWAAAAAAAAAAAAA, TE LUCISTE, ME ENCANTA!!! Miles de gracias, Nevadín :3

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