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CO2

Grupo Roleros
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Sobre CO2

  • Rango
    Usuario Colaborador
  • Cumpleaños 20/06/1996

Información Personal

  • Género
    Hombre
  • Nacionalidad

Primer Personaje

  • Nombre
    Garrus Grito de Guerra.
  • División
    Plata
  • Raza
    Orco
  • Clase
    Guerrero

Otros Personajes

  • 2do Personaje
    Stefhanos/ Draenei/ Plata
  • 3er Personaje
    Valandil/ Sin'dorei/ Bronce
  • 4to Personaje
    Jaden/Humano/Bronce

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  1. CO2

    Hi

    Bienvenido! *Mira a los lados, augurando que sacro aparezca en algun momento* Somos varios venezolanos en el servidor, sientete como en casa!
  2. CO2

    Una nueva se presenta

    Pffff...! No hagas caso a estos insensatos, La HORDA clama por nuevos users, bienvenida PD: Nunca confies en un mexicano, emanan maldad.
  3. CO2

    El Ultimo de los Halcones.

    Parte II: Un golpe directo La noche caía sobre el Bazar, bañando a todos en su grácil velo nocturno en aquella concurrida noche que sería de gala para los invitados a la fiesta que ofrecían las dos familias que pronto se unirían en un compromiso que uniría a dos almas en un juramento eterno, o hasta que la muerte los separara. Allí en la fuente donde desde hace unos veinte minutos había esperado pacientemente el ahora de cabello blanquecino Valandil, en el concurrido bazar en todo el frente de donde se llevaría a cabo el banquete y baile para los novios, esperaba extendiendo su brazo por el espaldar del asiento de forma relajada hasta que diviso a Eathan a pocos metros de distancia, se puso de pie y avanzo alejándose de la fuente, Eathan le siguió de cerca hasta llegar a posicionarse a su lado, todo ya estaba hablado, no hacía falta cháchara inútil. Caminaron varias calles hasta llegar al tan concurrido frontal de la muerte, un sitio bastante peligroso para quien no conociera o no tuviera influencias, Ambos elfos se dirigieron hacia el lugar más visitado de aquella parte de la ciudad, el Burdel ‘’La rosa Cálida’’ un sitio bien conocido por ambos. Al llegar el ambiente no denotaba otra cosa que una exquisita fragancia y entre las cortinas y las bellas elfas que atendían a los clientes de cualquier índole, entre el humo y las bebidas ambos elfos se abrieron paso hasta la barra, pedir un par de bebidas era la primera parte del plan. Les fueron despachadas un par de copas de vino, y ambos esperaron unos minutos a que naturalmente fueran abordados por un par de mozas del sitio, valandil no era ajeno a este tipo de sitios, sus andanzas como mercenario y pirata, le habrían hecho alguien bastante conocedor de mujeres y más de las de los bajos fondos. —Corazones, ¿buscáis un momento placentero? — Le dijo una de las mozas al elfo peliblanco, más como un susurro bien dirigido, mientras desplazaba su brazo entre el del elfo, ya le tenía enganchado y cerca, el elfo no pudo evitar esbozar una sonrisa ante aquello, el plan iba tal cual estaba planeado. —Quizás, me gustaría un sitio donde nadie pueda oírnos… — Dijo esbozando una leve sonrisa, esperando estas surtieran el efecto deseado. —Entonces, iremos al fondo…donde nadie pueda oírnos, por el precio adecuado. — Expreso en el mismo tono, suavizándolo todo para no sonar como una compra, si no como un obsequio. —El dinero debe ser la menor de tus preocupaciones— Dijo sonriente el elfo, y acto seguido la moza le jalo del brazo sutilmente y comenzó a guiarlo por el sitio, escaleras arriba pero antes de que pudiera llevárselo, hizo una señal a Eathan para que estuviera atento. Ambos subieron piso arriba, entre las habitaciones de la mano de aquella moza que portaba un atuendo que dejaba poco que entrever a la imaginación, valandil no estaba asombrado por aquello, después de todo no iba a eso, sus intenciones eran otras. Anteriormente en sus andanzas con su anterior organización solía usar este sitio como un pasadizo a otros sitios, en este caso el pasaje directo a la zona residencial vermis violeta donde residían las familias que se habían confabulado hacia los halcones del sol. Al llegar a la habitación, el elfo observo todo por fuera y por dentro fugazmente a fin de identificarla y aunque no lo hizo del todo, entro para no alertar a la moza, la cual paso llave y al entrar y los dejo allí, encerrados a merced de los acontecimientos. El elfo se tomó unos segundos en la puerta, solo para cerciorarse de que pasos iban tras los suyos, Eathan no los había perdido de vista, y la moza tampoco a él, desprendiéndose de la ropa frente a la cama, esperando expectante. —Recuéstate, es hora de que comiencen los juegos. — Dijo con un tono bastante jocoso, a la que la elfa atendió instantáneamente recostándose boca arriba, valandil aprovecho y utilizando sus mismos atuendos, le ato de piernas y manos a la cama sonriente, a lo que ella respondió con una risilla picarona. —Bueno, ya…Basta de tonterías— El tono del elfo se volvió frio y elocuente como siempre, sin perder la objetividad, y tomando de entre sus ropas la llave, para abrir la puerta de darle paso a Eathan. —EH! ¡Era uno solo… Para dos tíos es otra tarifa!... — Dijo para tratar de moverse pero los amarres eran firmes y estaba atada, comprendiendo su situación. —Solo quiero información, no me interesa desordenar la cama con una furcia…— Agrego, ladeando con la cabeza a su compañero, el cual saco una navaja y comenzó a hacer uno que otro movimiento en el aire. —Cosa simple, tú nos dices lo que queremos y nos vamos, así de simple— Agrego Eathan con su frialdad de costumbre. —El pasaje a vermis violeta— Expreso el elfo, dando una mirada a la habitación, y percatándose de los estantes de libros, cosa rara en una habitación donde una furcia hacia sus labores, pero decidió no darle importancia. — ¡Que te den…Alistra sabrá de esto! — Exclamo la moza. Al termina la oración un fuerte bofetón le hizo girar el rostro dejándole una mejilla enrojecida, al parecer Eathan no era de los que tenían mucha paciencia. —No lo hagas más difícil, mira incluso me caes bien…pero si sigues jodiendo, tendré que bueno…— Expreso el elfo peliblanco, llevándose ambas manos a la cintura negando con la cabeza lentamente. — ¡Vale…Vale! Tras el estante, ahí está la ventana que da hacia al callejón que os llevara hacia vermis violeta. — Dijo tragando algo se saliva al terminar. —Ah, bueno ya se me hacía extraño que una furcia tuviera un estante con libros…—Se encogió de hombros, y se dispuso a mover el estante, que efectivamente ocultaba la ventanilla al callejón, si bien era un poco alto, los arbustos perfectamente podados de vermis violeta amortiguaron su caída, un poco brusca si pero segura ya que el sonido de sus cuerpos al caer entre las hojas no fue muy notorio, algunos metros más adelante un par de elfas tenían una acalorada discusión, por sus atuendos no eran plebeyas, una de ellas no era nada más ni nada menos que la hermana de lord Zesh enfrascada en una discusión con otra elfa de atuendos humildes, demasiado pasional como para disimular. En cierto punto un ardido beso rompió tal ambiente, al parecer ya hacían las pases pero el par de elfos entre los arbustos quedaron anonadados ante tal acto, valandil aprovecho para mostrarse y salir de entre los perfectos arbustos, con una sonrisa burlona entre los labios. Aquel par de elfas quedo paralizadas ante el aparecimiento del peliblanco, que ahora las había visto y un nuevo haz se le sumaba a la manga, Lady Cynthia había reconocido al Primogénito de los Sunhawks y el también, pero no espero palabra alguna si no que tomo a la otra elfa de la mano y se echó a caminar a paso rápido, entre el zarandeo algo cayo de su mano a los pies del elfo. Cuando valandil se agacho a recogerlo noto que este tenía cierto estilo y símbolo grabados, de la familia Vientoplata, que quizás sin duda le serian de utilidad más tarde, lo tomo y se lo coloco al dedo al instante, y ladeo la cabeza a Eathan abriéndose paso hasta el conjunto residencial. Tal y como lo había previsto el elfo peliblanco, en toda la calle no había apenas personas si acaso unos cuantos guardias apostados, dado que todas las personas importantes estarían en el festejo con la pareja de novios, ambos elfos se adelantaron hacia la mansión brisa alada, donde con una charla lograron convencer al guardia de que eran criados enviados por lady Cynthia y con su anillo, aquello les permitió un pase seguro a la mansión. Una vez dentro ambos fueron testigos de la majestuosidad de la arquitectura Sindorei en todo su esplendor, aunque algo vacía la mansión una anciana los abordo al entrar, y tras la máscara de que eran criados, convencerle de que eran criados que preparaban una sorpresa para la novia, fueron guiados directo hacia su habitación, una estratagema que se le ocurrió a Eathan. Una vez despachada la anciana hacia la cocina, valandil tomo lo que necesitaba de la habitación de Lady Vintriel, su diario personal y la llave estaban en el mismo sitio, cosa que agradeció a belore en aquel momento, algunas prendas y su caja de joyas, las cuales tenían mucho valor, todo lo deposito en una cesta y coloco ropa una cortina por encima, ahora tenía todo lo que necesitaba pero no podía simplemente irse, se percatarían de la ausencia de todo lo tomado, debía de hacer que no notaran que aquello habría desaparecido, se quedó mirando fijamente las llama que emitía un pequeño candelabro que yacía sobre la mesa de dormir, esbozando una sonrisa para acercarse y tomarlo. — ¡Estás loco, pretendes incendiar todo este maldito lugar! — Dijo Eathan al percatarse de sus intenciones, manteniéndole la mirada mientras fruncía el ceño. — ¡Tú no sabes lo que nos han hecho! A mí, a Tiraya…y no daré descanso a mi alma hasta verles pagar por lo que han hecho, nadie me arrebatara mi venganza viejo amigo. — Sus palabras denotaban un rencor muy arraigado, el cual se deslizaba por sus labios mediante una sonrisa a lo que Eathan guardo silencio por unos segundos antes de decir algo. —No te conocía…con tal desenfreno, pero si es lo quieres…debemos hacerlo rápido. —Dijo frunciendo el ceño. Valandil acomodo algunos de los peluches de la Lady, de forma que dejaran una estela y a pies de la puerta dejo una vela, la cual se consumiría en cuestión de minutos, el tiempo que les tomaría en salir, aunque la misma anciana los abordo, Eathan se las ingenió para librarnos de ella de la misma manera que antes, bajo la farsa de criados acabando su labor, valandil se percató del humo que comenzaba a tocar el techo y se apresuraron a salir, para cuando lo hicieron el humo comenzaba a asomarse por las ventanas y la guardia se acercaba al edificio, cuando las llamas comenzaron a surgir por las ventanas de la habitación de lady Vyntriel, comenzaron a alarmarse pero para aquel momento el par de elfos ya habían cruzado la calle, y se disponían a salir con una amplia sonrisa en los labios.
  4. CO2

    Un lobo de metal y ceniza.

    Capítulo I Entre sangre, sudor y acero. El agotamiento era una sensación bien recibida, los moretones vendrían después de los golpes y las lecciones, el orden no importaba pero siempre venían juntas y a buen tiempo, le hacían recordar el infierno en el que vivía, le recordaban el porqué de las cosas que pasaban, le recordaban que vivía en un mundo de mierda. Un golpe seco, el sonido de la sangre al caer en la tierra, el polvo se levanta en fracciones de segundo, aquel liquido violáceo tocaba suelo al menos en un buche de la boca de un pequeño orco, unos nueve años a lo sumo, el golpe de un palo hacia su mandíbula hacia sido directo y sin avisar, de su labio ahora roto, brotaba un hilillo de sangre que caía por su pecho hasta que encontraba una mano verde que recogía lo que derramara el labio. En el círculo de combate, los críos más aptos eran puestos a prueba de la mejor forma posible, haciéndolos luchar entre ellos, sin un premio alguno que no fuera la ilusión de ser el más fuerte al menos por aquella noche, en ese momento un joven orco con algunos moretones y de cabellos oscuros, sus ojos de aquel azul profundo alzaban la mirada hacia el orco mayor que dirigía aquel féretro, su sonrisa denotaba aprobación, una bien ganada aquella noche. ¡Ojiazul!...Victorioso. —— Dijo aquel viejo orco, sus cabellos blancos denotaban su edad y el hacha que yacía tras él, denotaba la experiencia al compás de su frondosa barba. el pequeño orco en aquel momento no tenía otro nombre que no fuese Ojiazul, nadie le había dado otro nombre, para todos los miembros del clan grito de guerra no era otro que el Ojiazul del clan, el único que no poseía ojos rojizos y oscuros, como era común en los hijos de los que si bebieron la sangre de mannoroth. El ojiazul extendió su mano hacia el otro crio que yacía en el suelo, llevándose una mano al labio roto, le ayudo a levantarse y se encaminaron fuera del círculo, a pesar de luchar a diario para estar en óptimas condiciones, no albergaba odio ni rencor hacia sus iguales, puesto que de una u otra forma eran iguales que él, compartían el mismo infierno. —Ve con Zulka, te has ganado una pieza de cerdo— Escucho decir al anciano, y asintió para mirar a su ahora derrotado compañero, en aquellos momentos las reglas eran sencillas si perdías en el círculo no habría cena, lo cual los hacia luchar con fiereza siempre que entraban al mismo. Ambos críos se encaminaron hacia Zulka, la joven orca que se encargaba de los críos sin padres o madres vivas, de los huérfanos, aunque ella tenía otro nombre para los críos bajo su cuidado, para ella no eran más que los bastardos. —Según me dijeron, no te sale pieza de cerdo hoy Croggar, Mala suerte. —Espeto Zulka, con la sutileza que la caracterizaba, su habilidad para escupir las palabras hirientes era de verdad asombrosa, pero por algún motivo estaba de buen humor aquel día. Tan solo un pedazo de cerdo asado y un trozo de pan, adornaban el cuenco del ojiazul en aquel momento, ganado a pulso en el círculo, destino una última mirada al que hace minutos era su contrincante y se retiró, hacia el interior de aquel entramado de cavernas tan extenso, que era el hogar de los grito de guerra en Lordaeron, sin saber mucho el porqué de aquello simplemente le hacían saber que el pagaba el precio, el precio de la debilidad, el precio de la derrota. varios de los niños del clan compartían su gusto y siempre se reunían en aquel lugar, cerca de la tienda de la madre Okana, una de las pocas orco que trataba a los pequeños con cariño y les contaba sobre las proezas de los antiguos clanes en draenor. A la hora de cenar, siempre se dirigía hacia un lugar en específico el cual consideraba era el mejor lugar de la cueva, Allí el Ojiazul, lejos de las miradas de los guerreros del clan, solía compartir su comida con quien le acompañara a escuchar cada noche un relato fantástico, aquella noche eran sus dos compañeros de relatos, Yuri y Croggar, una joven orco de su misma edad con el cabello rojizo y ojos amarillentos, por otro lado Croggar ahora con el labio partido, era un niño orco de la misma edad de ambos, de una tonalidad más verde que el otro par, y de ojos oscuros. Yuri y Croggar, degustaban el trozo de cerdo mientras que el Ojiazul comía su trozo de pan, escuchando el relato que la madre Okana tuviera para ellos, a pocos metros de distancia desde la oscuridad que ofrecía un rincón de aquella entramada cueva, dos ojos rojos observaban constantemente al ojiazul, frunciendo el ceño al verle compartir su botín. — Hermandad, Algo que muchos han olvidado—Dijo la madre Okana, viendo a los pequeños comer, esbozando una leve sonrisa. —Recordad jóvenes, el más fuerte no tiene por qué despreciar al más débil, debéis proteger a aquellos que no pueden, si por sus venas corre la misma sangre, la familia es lo mas importante. — Las sabias palabras de Okana, eran siempre bien recibidas por los pequeños, pero algunos de los miembros del clan discernían de sus conceptos, se aferraban a la gloria de la batalla y el saqueo, a la matanza sin sentido. —No haces más que debilitarlos de mente, anciana. — Se alcanzó a escuchar desde aquel rincón envuelto en sombras, un orco fornido y de ojos rojizos emergió de la oscuridad, plantándose frente a los pequeños que formaban un círculo con la madre Okana. —No tienes por qué compartir tu comida con estos despojos inútiles Ojiazul, guárdala para ti y te hará más fuerte. — Su tono era áspero y su mirada se fijó en el pequeño. — ¡Son mis hermanos y te matare si te metes con ellos!— Exclamo el pequeño, mostrando los pequeños colmillos apenas formados como para presentar una amenaza. El ojiazul lo reconoció, aquel orco siempre le veía luchar en el círculo pero nunca le había dirigido la palabra, nunca hubo motivo para tal cosa y justo ahora, sentía algo de temor ante aquel orco pero mostrarse débil seria justificación para un castigo severo, pero si se mostraba desafiante también podría ser castigado por sus insolencias, pero pensando en todo lo que tenía que hacer a diario, dejo de importarle, un profundo sentimiento de ira le abordo en aquel momento, nadie le podría decir que hacer con lo ganado mediante sangre y sudor. La amenaza surco el aire como la bala de un cañón, aquel orco de ojos rojos no era otro que Garkus Hijo de Gru’fax uno de los antaño campeones de la horda, ahora en su vejes seguía siendo un enemigo a considerar pero prefería mantenerse desapercibido, con una fama de brutal e implacable, no dudo en acercarse al pequeño y cogerle de la camisa de piel que tenía, alzándolo a su altura,—Quizás algún día lo hagas cachorro… — Dijo con un tono amenazante mostrando los colmillos. En aquel momento todos se pusieron tensos, Yuri entrecerró los ojos para no ver en su totalidad como posiblemente el ojiazul seria golpeado hasta morir, Croggar hizo lo propio bajando la cabeza no quería ver cómo le atizaban a su compañero, pero tampoco era tan estúpido como para arriesgarse a compartir su destino, la madre Okana clavo sus ojos en el par, si bien poco podía hacer le rogaba a los espíritus que no estrangularan al pequeño Ojiazul. — Me amenazas sabiendo que no tienes posibilidades, le escupes en la cara a la muerte, eso me agrada…mientras tus ‘’hermanos ‘’ se esconden en las faldas de una anciana, defiendes a cobardes. —Las palabras retumbaron en aquella sección de la caverna, más como un susurro que un grito, pero lo que iba a ser la ejecución del pequeño Ojiazul se convirtió en una oportunidad, Garkus observo los ojos del crio por unos instantes y vio algo, algo que solo él pudo interpretar en aquel momento, vio aquel fuego que su padre vio en el cuándo era un niño, un fuego que podría ser forjado y convertido en una máquina de matar. —A partir de mañana te entrenare, te adoptare como mi hijo…Garrus de los grito de guerra—
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    Consejos de Roleros

    P.D Las hojas de Elementium son para machos certificados, orcos y poco mas.
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    El Ultimo de los Halcones.

    Preludio al Incendio ‘’Déjalos arder…. ’’ Habían pasado algunos días desde que su llegada a la casa de los Anar’thori se volvió un hecho, había retomado el sitio que por derecho le correspondía, como un amado esposo y respetado padre, de cierta forma había encontrado consuelo en el tiempo que había pasado con sus pequeñas, aunque una de ellas no fuera su hija biológica, le tenía mucho aprecio y un gran cariño. Se despertó muy temprano aquella mañana, aun no compartía habitación con tiraya puesto que aunque su relación se comenzaba a establecer, no quería abordarla completamente y para el no supuso un problema, ella decidiría cuando estaría lista, mientras tanto él se limitaría a la habitación de huéspedes. Pasó toda la mañana y parte de la tarde en casa, acompañando a tiraya en sus deberes diarios, y le fueron delegadas algunas que a ella no le gustaba hacer, al caer la noche se dio una ducha y se preparó para salir, había escogido aquel atuendo entre violeta y negro, con el que había llegado a la casa, se detuvo un momento frente al espejo de su habitación y reviso la correspondencia que había sobre la mesa al lado de su cama. Alcanzo la primera carta que estaba apilada sobre un par más, sin un sello característico sobre la hoja, lo abrió y saco una pequeña hoja del interior, no se dignó a mirar el contenido simplemente miro el firmante y enarco una ceja al leer que el remitente no era otra que Alistra Tejesombras. —Maldición, Alistra comenzara a acecharme…pronto— Dijo en voz baja, doblando la carta y guardándola en su chaleco, pasos se hicieron escuchar antes de que la puerta se abriera, y Tiraya entrara a la habitación, aun fuese solo asomando su cabeza por la abertura de la puerta. — ¿Bajas a cenar? — Dijo ella, con su tono habitual sonriendo un poco antes de fijarse en su vestimenta, — ¿Saldrás a algún sitio? — Expreso, entrando por completo, pero sin pasar del umbral de la puerta, apoyándose de espaldas del arco del mismo. —Sí, tengo un asunto pendiente. — Respondió a ambas preguntas de sin darse la vuelta, acicalándose un poco. — ¿Recuerdas el baile que darán los Brisa alada? —Espeto, dándose la vuelta. —Si lo recuerdo, pero no tenía pensado ir. — Dijo la elfa de cabellos castaños, cruzándose de brazos. —Sabiendo la manía que nos tienen, no me da buena espina.— Aclaro haciendo una mueca. —Yo tampoco olvido lo que nos han hecho, pero aun así hay que guardar las apariencias, pensé en pasarme por ahí, y ofrecerles una disculpa por nuestra ausencia, después de todo es el preludio a una gran boda, luego iré a por Eathan— Dijo Valandil, usando su elocuencia habitual, acercándose a tiraya a la cual rodeo por la cintura con sus brazos, como respuesta ella recostó su cabeza del hombro del elfo. —Bien, no os voy a esperar despierta…que cuando te juntas con mi hermano nada bueno se les ocurre— Dijo, negando con la cabeza soltando una risilla final. Tras una cena en compañía de sus familiares, algunas risas y algo de sermón de la matriarca, se alisto y se encamino hacia la mansión de los Viento estelar, dio instrucciones K’tlyne para que se quedara en la mansión de los anar’thori, como una criada más. Se encamino a la mansión de los Viento estelar, donde se daría un banquete y un baile, en honor a los que se iban a casar, la joven lady Vintriel con Lord Zesh Vientoplata., Zesh le sacaba mucho en edad a Daenelia, pero el matrimonio ya estaba acordado y pronto serian marido y mujer, Valandil tenía un plan para atacar a los Brisa alada, en donde más les doliera…
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    El Ultimo de los Halcones.

    El Ultimo de los Halcones. Parte I: Desde las sombras. El camino hacia las afueras de la ciudad, estaba poco transitado solo unas pocas personas lo recorrían, el sol en las tierras elficas iba ocultándose poco a poco y solo un par seguía de largo en aquel camino de piedra adornado a los lados con la típica belleza de los bosques dorados de quel’thalas, valandil iba pensativo sobre algunas cosas y no podía disimular los pocos nervios que le llegaban al cuerpo a medida que iba caminando, miraba de reojo a la elfa de cabellos dorados enrulados que le seguía, para luego mirar al frente y negar con la cabeza, solo para que un pensamiento fugaz pasara por su mente…(Lo volviste a hacer, Deja de prometer cosas que no cumplirás, prometerle cobijo y comida fue ir demasiado lejos…), Pero poco pudo hacer, toda esa aventura en aquel barco de esclavistas goblin fue una locura de la cual salió ileso y con un buen botín, obviando el método pues el fin justifica los medios. Su aspecto era totalmente diferente al del elfo que entro a un maloliente calabozo hace dos años, marcado y con un fuerte sentimiento de venganza en su interior, siguió caminando ahora su atuendo no era el rojo que solían usar a diario sus paisanos, ahora mezclaba su atuendo entre negro y morado, había gastado el botín en ropa y algunos suministros, tanto para el como para su ahora protegida K’tlyne, a medida que iba acercándose a las cercanías de las tierras de los anar’thori, le atormentaba el hecho de tener que humillarse ante la familia de su esposa, pero era un medio para un fin, todo estos pensamientos se desvanecieron al llegar a la entrada de la casa de los anar’thori, un amplio jardín le esperaba antes de llegar a la entrada principal a la mansión, le extraño no verla con algún guardia, esto demostraba la decadencia en la que había caído la casa nobiliaria, un joven elfo de cabellos oscuros y complexión bastante delgada que atendía el jardín le atendió –¿ Mi señor, se hace tarde tiene algún asunto con la casa?. Valandil lo miro y asintió, y con un tono bastante neutro le pidió al que creía jardinero—Llévame ante la matriarca de los Anar’thori, Pero su atuendo y la marca de su rostro, le delataban con aquel jardinero, para el no lucia más que como un bandido o algo similar. Tras verle fijamente por unos instantes, el jardinero asintió y se apresuró a abrir la verja que los separaba—La señora dijo que alguien vendría, y dada la hora…pase mi señor. Dudo unos instantes sobre las indicaciones recibidas, pero no cumplirlas sería peor para él limitándose a ver a ambos elfos pasar y cerrar la verja tras ellos, volviendo al jardín. Sin darle mucha importancia se abrió paso, hacia la puerta principal aún se podían apreciar algunas marcas de batalla en la puerta y sin tiempo que perder con ambas manos empujo la gran puerta e hizo acto de entrada, la mansión anar’thori ahora muy rebajada en comparación a su estado anterior, se mantenía en pie gracias a la alianzas que aun poseía, sinónimo de dependencia. Al entrar noto algo desolado el lugar, repasando la arquitectura del lugar, conocía aquella mansión, pues había estado allí muchas veces antes aquello que el pisaba no era más que la sala principal, donde daban las escaleras al segundo piso y un largo pasillo derecho del cual provenían voces, estaba seguro de que provenían de la sala del concejo familiar. Al entrar había cierto número de personas, los miembros de los anar’thori y por supuesto, la bienhallada esposa de valandil, y sus hijas degustando algo de té con galletas, mientras los adultos debatían asuntos concernientes a sus alianzas y tratos, estaban en la su gran mayoría sentados en una sala con una arquitectura esférica con los típicos adornos y arreglos alusivos al alto reino. Al entrar y alzar la mirada, vio claramente a la matriarca de los anar’thori, la madre de tiraya la cual se puso de pie, con algo de dificultad y alzo su mano, con lo que las voces cesaron y valandil sintió como todas las miradas le atravesaban, tiraya derramo él te que se estaba sirviendo y fue hacia sus dos pequeñas, manteniéndolas juntas con ambos brazos. La voz de la matriarca se escuchó en la ahora silenciosa sala del concejo—Bienvenido seas Sunhawks. Esbozo una leve sonrisa, y estallaron las voces en la sala, tiraya quedo perpleja con el cambio que había obtenido su esposo, tras dos años sin verle prácticamente le había dado por muerto y ahora aparecía de la nada. Un elfo de atuendos elegantes y con una copa de vino en su mano derecha con una voz bastante melodiosa rompió el alboroto dejando una interrogante— ¿Qué significa esto? Que hace este criminal en nuestra sala… Tras aclararse la garganta, alzo la mirada y se encontró con la de tiraya, y esbozo una leve sonrisa, para mirar de reojo al noble que había dejado la pregunta abierta—Yo soy Valandil Sunhawks, y he venido a ocupar el puesto que me corresponde al lado de mi esposa Tiraya. Aquella simple oración fue un balde de agua fría para aquel orgulloso noble, su gesto facial transmitió a todos la sorpresa y el descontento que sintió, valandil pudo verlo y deleitarse con él, como las palabras lo habían desarmado. La sesión de hoy ha acabado, seguiremos mañana en horas de la tarde— asevero la matriarca, la cual vio la necesidad de cortar la comunicación entre los dos elfos, Lord Efhrys Proudleef tenía tiempo tras tiraya y con la ambición de poseer lo poco que les quedaba a los anar’thori que se topara con valandil no era casualidad, las maquinaciones de la matriarca daban frutos a muy tempranas horas. Tras un breve silencio, las personas fueron abandonando la sala de forma silenciosa el único que se hizo notar más que el resto fue Efhrys al tropezar su hombro con el de valandil muy a propósito, y seguir de largo como si nada, cosa que el mago supo apreciar por su habilidad casi innata de hacer enemigos a primera vista. (Ese sujeto será un problema)—Pensó el elfo, mientras los miraba marchar y al repasar la mirada nuevamente por el lugar, K’tlyne se había puesto cómoda con algo de té y galletas, puesto que no habían degustado nada desde temprano era normal que estuviera hambrienta y no la juzgo por ello, después de todo él también tenía hambre, al escuchar como bajaban por los escalones se giró y solo alcanzo a ver el reflejo de sus dos pequeñas abalanzándose sobre él, no pudo evitar abrazarlas con fuerza y ponerse al mismo nivel que ellas, verlas nuevamente avivo algo en el corazón de valandil, algo que él consideraba muerto y de repente muchas cosas pasaron por su mente, pero lo que más le carcomía era cierto arrepentimiento, (Desearía haber hecho más, más por ustedes…) aquel instante aunque breve fue como si el tiempo se detuviese para él, pudo notar como los ojillos de sus dos pequeñas estaban bastante humedecidos y alcanzo a darle un beso en la frente a cada una , hasta que la voz cercana de tiraya le interrumpió. Hay mucho de lo que debemos hablar, pero no será aquí—Alego tajante Tiranya, mientras su madre la matriarca bajaba las escaleras con la velocidad que se podía esperar de una persona en edad ya de venerable, miro al par de elfos y negó con la cabeza, antes de posar su mano sobre el hombro de Eileen—Cariño, ve con tu hermana a tu habitación, vuestro padre debe descansar por hoy, ya mañana le veréis ¿vale? La voz de la matriarca era dulce y acompañada de una sonrisa era difícil de negarse a una simple petición, Eileen le miro y tras asentir levemente se separó de su padre y lo mismo hizo su hermana pequeña— Pero abuela… Alcanzo a decir y su mirada busco a la de su padre, quizás buscando apoyo pero valandil poso su mano sobre el hombro de Alessa y asintió—Hazle caso a tu abuela, mañana iremos de paseo, cerro la oración con una leve sonrisa— ¿Lo prometes? ¡Te esperare a primera hora!, Dijo Alessa mientras tomaba la mano de su hermana e iban subiendo los escalones hacia sus respectivos aposentos—Estos desvelos no son o no deberían ser propios de alguien de mi edad, os veré en la mañana joven Sunhawks, alcanzo a decir en voz alta mientras subía los escalones, haciendo un gesto con la mano de despedida dándole la espalda a ambos. Valandil simplemente asintió, y la vio subir cuando la venerable elfa subió el último escalón una bofetada fue a parar directo hacia su mejilla izquierda dejándole de lado el rostro, y la mejilla enrojecida, justo quedo mirando hacia donde estaba K’tlyne y entendió quizás el porqué de la bofetada— ¡Te apareces después de dos años, y tienes el descaro de hacerlo con otra elfa! Tras escucharle, negó con la cabeza—Me acompaña porque no tiene a nadie más, hace semanas no era más que una esclava, pero además de eso, no tenemos ninguna otra relación, K’tlyne algo apenada se acercó al elfo y a una distancia prudente le mostro a tiraya la marca del hierro en su piel, la cual tras observarla por unos instantes asintió y se acercó a ella, y le dio instrucciones al oído a lo cual K’tlyne gustosa accedió, y subió rápidamente a la segunda planta para no volver, al menos esa noche—¿Qué es lo que buscas aquí? ¿Porque ahora?, Valandil rompió el silencio tras la pregunta con una respuesta simple—No tenía a donde ir, Pensé que podría venir a visitaros al menos por unos días La noche en aquella sala, era silenciosa solo las voces de aquellos elfos se escuchaba en toda la mansión—Mientes, tu no sueles pensar mucho tales cosas te pudiste haber quedado en cualquier taberna, y olvidarte de nosotras, cosa que te es mucho más conveniente, Tiraya era tajante y evitaba hacer contacto visual con su marido, Valandil le conocía desde que era una adolecente y podía notarla confundida, pudo fijar la tristeza en su rostro e hizo lo único que se le ocurrió, se acercó a ella la agarro, la abrazo con fuerza esperando una respuesta violenta, pero Tiraya no hizo nada para evitarlo, recostó su cabeza en el pecho del elfo y rompió a llorar, con su voz quebradiza alcanzo a decir algo, algo que el elfo escucho claramente—quiero saber si tu amor no murió si en verdad lo llevas dentro…, Valandil no sabía realmente que responder pero una frase le paso por la mente, una de cuando era el novio de Lady Tiraya y no su marido—Tu amor será en el Invierno el único abrigo que me puede salvar, Tiraya lo escucho claramente y su memoria se remontó a ese dulce momento, donde después de aquella frase dicha por primera vez, beso a aquel elfo pelirrojo que tiempo después se volvería su esposo y no se limitó, aunque ahora muchos años después ambos habían cambiado tanto, en el fondo seguían siendo aquellos dos jóvenes que se morían el uno por el otro, y se decidió a besarle, en una fracción de segundo beso a su marido, fue algo corto pero para ella tardo una eternidad, el último beso que compartieron fue hace dos años, y lo recordaba exactamente igual, tras aquello ambos elfos se quedaron charlando gran parte de la noche hasta que valandil quedo dormido en uno de los muebles de la sala, y tiraya subió a su habitación
  8. CO2

    Cosillas de Sorin

    https://gifs.com/gif/316oYO :3
  9. Espero que la Horda marrona nos ayude
  10. me amareis con esto miradlo y me contais que tal os parece e.e https://www.facebook.com/leozzpiovez4n/videos/469524053234970/
  11. CO2

    Hasta más ver, MundoWarcraft

    T.T ¡Wrang! ¡nooooooooooooooooooooooooooooooooooo! *Grito epico* Alguien tenia que pagar el precio de la derrota en el aserradero *mira a gharneff inquisitivamente* ¡Lok'tar ogar Camarada!
  12. Lok'tar! Wrang pago el precio de la derrota en valle T.T, Bienvenido....Hay que celebrar esto con alguna matanza injustificada

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