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  1. Proyecto – El Libro de las Ilusiones (por Redyan Lyrudre) Introducción El Ilusionismo es una magia mucho más abrumadora en poder de lo que se imagina. Comencé mis andanzas sobre los estudios de esta especialización hace unos años atrás y a medida que fui descubriendo y aprendiendo de la ciencia de esta magia, me di cuenta de que para mejorar mis habilidades me era necesario un estudio exhaustivo sobre el funcionamiento de la mente, su forma de interpretar lo que es real y lo que no, lo posible y lo inconcebible, aprender a burlar esas reglas para inducir a los sujetos dentro de las realidades que yo deseaba generar. Sin embargo un día recordé aquel libro que había encontrado años atrás, el mismo que me inspiró a comenzar esta misma senda, el libro del Altonato Khyrial, ahora mi maestro extra-oficial. Él había confeccionado un libro con la ayuda de un joven dragón del vuelo azul, impregnando tal la magia en este que los relatos que se imprimieron en el propio libro podían cobrar vida en la mente del lector e inmersarlo en lo más profundo de la ilusión de esos relatos. El lector podía vivir una historia dentro del mundo creado en el libro. ¿Y si yo re-crease el libro de nuevo? – Fué la pregunta que me hice. Y así empezó este proyecto. Tomé el antiguo libro de Khyrial, que ahora ya no tenía ningún poder ni hechizo, al haber sido destruido tiempo atrás. No tenía la ayuda de un dragón pero sí toda la voluntad y confianza en mis capacidades. Ya encontraría alternativas para imbuir al libro el poder suficiente para que funcionase. Índice de Proyecto Fase 1 – Ecosistema y Elementos Fase 2 – Sellado e Inmersión Fase 3 – Impresión mágica
  2. (Portada ficticia del libro) Reseña de los críticos: Aunque la autora es una elfa joven residente en la actual Quel'thalas, pueden hallarse en sus relatos, florecientes reflexiones con matices inusuales, oscuros, interiorizando en las emociones más profundas. En algunos de sus relatos u poesías, recopiladas en este libro, vienen impregnadas notas de vivencias personales de la autora, pero también enfatiza en la ficción, al mismo tiempo que siembra nuevas percepciones. ÍNDICE DEL LIBRO La Casita del Árbol Cuento de un ladrón Ascensión del Demonio La Ilusión El Espejo Morada de Tinieblas No estaba sola Historias Destino Incierto
  3. quisiera saber que fue de maiev cantosombra, un personaje famoso en warcraft III: Frozen Throne. y si hay algun libro que cuente la historia de ella pero ubicada en el juego. se que se la nombra en la trilogia de la guerra de los ancestros pero, no hay algun otro libro o comic que le de tema a su historia en frozen throne? maiev es uno de los personajes cuya historia me parece muy interesante y entretenida. pero parece que blizz no le esta dando importancia a este personaje, solo hasta llegar donde illidan muere y traiciona a mulfurion y tyrande, pero luego? pasaron ya años y ni noticias de su existencia en el lore de warcraft.
  4. Compendio Historia El Gran Libro de la historia Indice Mitos 1ª Parte: Desde el principio del universo hasta la misión de los dragones Mitos 2ª Parte: Desde el pozo de la eternidad hasta la gran vigilia Un nuevo mundo: Desde la fundación de Quel'thalas hasta el último guardián La perdición de Draenor: El pacto y el levantamiento de la horda La alianza y la horda El Regreso de la Legión //La idea que tengo es ir haciendo un libro con la historia del warcraft, estoy recogiendo datos de varias fuentes, buscando ser fiel al lore, y además dándole un toque más narrativo a los textos. //Si ven que algo no es conforme al Lore envíenme un mensajito que lo modifico.
  5. Gran Libro Sobre Alquimia Arcana por Van'Thaal Noih't. Pronto el caos dio pie al Orden, su mente, mas unida ahora era capaz de imaginar y entender las propiedades de todo lo que le rodeaba, sentir sus energías y escuchar los susurro inaudibles de la naturaleza, de los elementos y de los espíritus. La experiencia de aquellos que le acompañaban comenzaba a calmarle y su afinidad al mundo se hacia solo mas fuerte con los días, ahora comenzaba a dominar la alquimia. Indice: [Libro I] - Pócimas, plantas y minerales: Tomo I Tomo II Tomo III Tomo IV [Libro II] Venenos: - Sedantes - Paralizantes - Alucinaciones [Libro III] - Manipulación elemental. Arcana Piromancia Hidromancia Criomancia Geomancia Aeromancia [Libro IV] El limite entre alquimia Arcana y encantamiento Arcano Utilidades: - Cocina. - Tintas. - Combustibles. //----offrol---// Esta guia representa las posibilidades, no siempre habilidades adquiridas aun de la alquimia de mi pj.
  6. Dawn of the Aspects llega al papel y saldrá en Español Hace tiempo Blizzard anunció una nueva novela para el universo de Warcraft: Dawn of the Aspects. Escrita por el famoso Richard A. Knaak, autor de otras novelas de Warcraft, tales como El día del Dragón, o su segunda parte, La noche del Dragón, se vislumbra como algo que todo fanático de la historia de World of Warcraft ha de tener en sus manos. Estaba dividida en 5 partes e iban a ser únicamente en formato digital y en inglés….¡hasta ahora! Hace poco, se ha anunció su adaptación en formato físico, o sea, en un libro normal y corriente. Las cinco narraciones en una sola, al igual que hicieron con La Maldición de los Huargen. Ah! Pero todavía no hemos terminado con las buenas noticias. Y es que ya es posible adquirir Dawn of the Aspects formato físico en Amazon (inglés). En cuanto a la última sorpresa, la dejaremos para el final. Argumento El Cataclismo ha terminado; Alamuerte ha sido vencido definitivamente y los Aspectos han perdido sus superiores poderes. Ahora, los dragones han de encontrar su lugar en la nueva era de los mortales. Pero uno de ellos en particular sufre más que el resto: Kalecgos, líder del Vuelo Azul. Kalecgos encontrará un artefacto desconocido hará que pueda ver lo mismo que los ojos de Malygos cuando estaba vivo. Remontándose a un pasado primigenio, dónde los dragones eran todavía protodracos, Kalecgos será testigo de la ferocidad de Galakron; de cómo un grupo se levanta en su contra y ante todo pronóstico tienen éxito. Ese pasado traerá respuestas al confundido Kalecgos, información útil para el presente. Pero esta recién adquirida habilidad traerá consecuencias para el dragón azul, y Jaina Valiente tendrá que trabajar duro para salvarle a tiempo. Detalles Y llegamos al momento de la sorpresa final, que estoy seguro que os gustará. El equipo de wowchakra ha hablado con Panini Comics (encargada hasta el momento de la traducción de todo lo relacionado con Warcraft) y…¡Dawn of the Aspects saldrá en español! La editorial tiene previsto que la traducción llegue a las tiendas en abril del 2014. Así que ya tenemos dos lecturas obligatorias para el año que viene, si contamos con Crímenes de Guerra, el cual también nos ha confirmado la editorial que intentará salir en la misma fecha que la inglesa 3 de Junio o como mucho 2 semanas más tardes. Fuente: Dawn of the Aspects llega al papel y saldrá en Español
  7. El diario de la Alta General Abbendis La voz susurró, "Ven a mí". Desde el principio sabía que era la Luz Sagrada que me hablaba en sueños. ¡Por fin! Tras tantos años de oraciones y buenas acciones, llega la limpieza de la plaga de no-muertos de la faz de Azeroth. Tras todos los errores y las resurrecciones. ¡Por fin! Ha vuelto a ocurrir. "Ven a mí...", ordenó la Luz. Me levanté con escalofríos a pesar de que no hacía frío en mis aposentos. ¡Voy a redoblar mis esfuerzos! Mañana le diré al sumo abad que quiero más oraciones. ¡Debo tomar todas las medidas posibles! La Luz Sagrada ha tomado nota de nuestra buena labor. ¡Puedo sentirlo! ¡Esta vez no estaba soñando! Era muy real, durante más de un minuto, en mitad del día cálido y soleado, me salía un aliento de vaho y frío. Uno de los sacerdotes se dio cuenta y se arrodilló para rezar. Sin embargo, nadie más oyó la voz. Al menos, este testigo demuestra que no me estoy volviendo loca. Quizás podría pedirle a Landgren que rece por ello. Mañana haré que Jordan y Calle tengan en cuenta hasta el mínimo detalle a la hora de reclutar. Tenemos un montón de infieles que solo desean acabar con los no-muertos. ¡Eso no basta! Tanto el comandante como el obispo se mostraron receptivos, pero tampoco les quedaba otra opción. El Obispo Calle en particular parecía muy entusiasmado. Habló de una nueva cruzada y juró que descubriría a los débiles de fe que se ocultaban entre nuestras filas. Le dije que se lo tomase con calma. La idea no es destrozar la cruzada, sino formar un cuadro de élite con los más leales para llevar a cabo la voluntad de la Luz en Rasganorte. Temo que su amistad con LeCraft lo está corrompiendo poco a poco. Aunque ambos tienen sus ideas. Dejaré aquí a la mayor parte de la Cruzada para que continúe realizando operaciones contra los no-muertos en nuestro patio trasero. Me imagino que cuando acabemos lo que hemos empezado, la mayoría volverán a sus hogares para vivir en paz. Eso suena bien. Siempre hemos sido la sal de la tierra, alzándonos para recuperar nuestros hogares de manos de la corrupción de la Plaga, para devolverle a Lordaeron su antigua gloria. Para volver a una época anterior a la Plaga, anterior a Arthas y al regicidio... anterior al Rey Exánime. Entre los hombres corre el rumor de que pronto llegará el día en que todo cambiará para la Cruzada Escarlata. El obispo Calle le ha puesto un nombre: lo llama el Alba Carmesí. Reflexionaré acerca de esto, aunque en mis huesos puedo sentir su verdad. Rezo para que nos traiga más alegrías que penas. La Luz ha vuelto a hablar con gran urgencia. Salí del sueño con una sensación de impaciencia. No defraudaré. No debe haber más retrasos. ¡Debemos ponernos en marcha! Qué gran coincidencia (tuve que controlarme para no mostrar signos de alivio): esta tarde el capitán Shely nos procuró un buen número de barcos para el viaje. O quizás no fuera una coincidencia... La Luz Sagrada expresa su voluntad de maneras que no somos capaces de comprender. Tomaré la Locura del Pecador como bandera. Creo que su nombre es más que adecuado. Ahora sé por qué la Luz me ha instado a ponerme en camino. A altas horas de la noche apareció en el aire sobre nosotros una necrópolis de la Plaga ¡y de ella empezaron a manar los esbirros del infierno! Una nueva raza de caballeros de la Muerte lidera el asalto. El número de muertos ya es catastrófico. Con una Plaga capaz de atacarnos a su voluntad desde arriba y en cualquier lugar parece imposible encontrar un modo apropiado de defensa. Me temo que nuestros planes de expedición a Rasganorte han terminado incluso antes de empezar. Me han informado de que Vega del Amparo y sus aledaños ya han comenzado a reunir a la multitud. El propio Alto comandante Galvar Purasangre pretende liderarlos para salvarnos. Sus esfuerzos serán en vano. Tengo que asegurarme de que mis mejores mensajeros atraviesen las filas enemigas y le avisen de que no lo haga. Vega del Amparo debe prepararse para atrincherarse y reunir al resto de la Cruzada. Con algo de suerte, llegarán allí antes de que anochezca. No hemos tenido noticias de ninguno de mis mensajeros esta mañana. Está claro que ninguno consiguió llegar a Vega del Amparo. Las Tierras de la Peste están perdidas. Purasangre llegará con su ejército y los aniquilarán allí mismo. Esta tarde he tenido una visión de la Luz. Vi que destruían todo lo que hemos construido aquí. El mensaje era claro: me decía que me llevara a los supervivientes más fieles y abandonase a la Cruzada a su suerte. Más tarde, Landgren me dijo que él había tenido la misma visión. No llego a comprender la razón por la que la Luz nos habrá hecho emprender una acción tan deshonrosa, pero no tengo el derecho de preguntar... Estoy aquí para obedecer y obedeceré. Observé, temblando, Nuevo Avalon, sospecho que por última vez. Nuestro destino está en Rasganorte. Por alguna razón me invaden malos presentimientos. La misión frente a mí debiera liberarme de estas preocupaciones. Las borraré de mi mente. Puede que, si hay suerte, el alto comandante Purasangre, de algún modo, soporte y prepare a los supervivientes. ¡Yo soy cobarde, un perro que huye con el rabo entre las piernas! Me dicen que el viaje va a durar dos meses. Los otros barcos no pueden alcanzar la velocidad de la Locura. Llevan a bordo la mayoría de nuestras fuerzas y equipamiento y no son mucho más que simples cargueros a vela, pero llegarán a su destino. No es que me apetezca mucho el viaje, pero por la Luz aguantaré los mareos. Solo debo evitar que el resto se dé cuenta. Llevo tiempo sin escribir. Lo único que puedo hacer es ponerme en pie e intentar no vomitar. Los hombres empiezan a preguntarse por qué estoy encerrada en mis habitaciones la mayor parte del tiempo. No sería bueno para la moral que me vieran así. Ya no debe de quedar mucho. Rezo para que así sea. Ya llevamos seis semanas y cada día parece que el tiempo empeora. Solo puedo esperar que en Rasganorte no haga tan mal tiempo. No estoy hecha para el frío. La Luz Sagrada lleva en silencio mucho tiempo. ¡Nos atacaron de repente! ¡Unos gigantes en un enorme barco vikingo salieron de la bruma como si fueran fantasmas! Eran más silenciosos que un muerto. Perdí un barco y todos los hombres que se encontraban en él. Luchamos con gran valor y habilidad, si consideramos el hecho de que recibimos el entrenamiento más básico en combate naval. Después, los gritos de nuestros hombres capturados por los gigantes retumbaron por el agua. Después de un rato volvió el silencio. El obispo Calle condujo las oraciones de los hombres. Esta mañana me desperté haciendo cambios a mis mapas. La Luz guiaba mi mano, mostrándome el lugar exacto al que debemos ir. ¡Estamos cerca! ¡Recalada! Al llegar con mi bote de remos a la playa, coloqué nuestro estandarte y la Luz Sagrada me invadió, hablando desde mi interior. Hoy es el Alba Carmesí... el gran día que tanto hemos esperado. Este es el lugar para Nueva Vega del Amparo. Ya no somos la Cruzada Escarlata, ¡ahora somos El Embate Escarlata! ¡Seremos un embate sobre Rasganorte! La enfermedad de la Plaga amenaza con rebosar en la cima del mundo para ahogarnos a todos. ¡Ha llegado el momento de llevar la lucha hasta la puerta del mismísimo Rey Exánime! Ha pasado casi un mes y la construcción avanza a pasos agigantados. He estado demasiado ocupada para escribir. Mis exploradores me dicen que estas tierras están llenas de dragones y otras extrañas bestias. Viviremos aislados hasta que estemos preparados. En mitad del oficio de hoy el sumo abad anunció que pronto recibiríamos una visita, una que la Luz nos enviaba para liderarnos a la victoria. No sé qué pensar. ¿Por qué no me lo dijo la Luz? ¿Acaso no he servido con lealtad? ¿Ahora un extraño me va a reemplazar? ¡Anoche el almirante Barean Viento Oeste se presentó ante mi puerta! Todos creían que había muerto en estas costas hace años. No parecía suficientemente mayor y, a pesar de ello, supe que era él. Afirmó que era el único superviviente de su flota y que sobrevivió por gracia divina de la Luz. Nos quedamos hablando hasta el alba. Me aseguró que no tenía ninguna intención de quedarse con mi puesto, pero que la Luz le había ordenado que viajara por el Cementerio de Dragones para servirme de consejero y comandante, solo en título. Afirmó que ocurriría un cambio importante en Rasganorte. La Alianza y la Horda iban a acudir en masa en respuesta a una enorme plaga que el Rey Exánime estaba a punto de lanzar sobre ellos. Los hombres tienen en alta estima al gran Almirante, especialmente el Sumo abad Landgren y el obispo Calle. Al parecer, la Luz Sagrada le susurró una nueva bendición al almirante mientras dormía, y este se la comunicó a Landgren. Algunos de los hombres se han convertido al sacerdocio y ahora reciben el nombre de "sacerdotes cuervo". El único que parece no estar impresionado es Jordan. Supongo que es lógico. Probablemente sienta que su puesto esté en peligro si el mío también lo está. Hay algo que no va bien. No pondría la mano en el fuego, pero sé que no puedo fiarme completamente del almirante. En realidad no ha hecho nada malo, ¡al contrario! Sin embargo, tengo que fiarme de mis instintos. Rezaré para comprender. La Luz nos trajo al almirante para que nos guiara hacia la victoria y no soy quién para poner en duda sus decisiones. Seguiré obedeciendo. Tengo fe. Han pasado otros dos meses. Hemos hecho grandes avances en la construcción de Nueva Vega del Amparo. El muro y los barracones casi están terminados. Los hombres de Kaleiki trabajan de manera milagrosa. No he sentido la inspiración necesaria para escribir. He estado evitando plasmar aquí mis pensamientos por alguna razón. La Luz no me ha visitado últimamente, aunque el almirante me asegura que no hay nada de lo que preocuparse. Mis hombres me informan de que un pequeño grupo de Renegados ha establecido un campamento a lo largo de la ladera al norte. Parece que al otro lado de la colina la Alianza ha comenzado a construir una base mucho mayor. El almirante dice que deberíamos dejarlos tranquilos. Hay otras fuerzas de la Horda reunidas al oeste que vendrían en su ayuda en caso de que atacáramos. No me da buena espina, pero creo que su razonamiento es lógico. La primera fase de construcción está terminada. El almirante Viento Oeste ha dado la orden a algunos de mis hombres para que establezcan un punto de apoyo más al norte. No dio detalles, alegando que alguien lo "guiaba" a hacerlo. Esta tarde pillamos a cuatro espías de la ciudad de los Renegados, Rencor Venenoso. Voy a hacer que LeCraft los torture para sacarles información. Si solo cogimos a cuatro, ¿cuántos más se habrán infiltrado entre nosotros? ¿Por qué tengo la sensación de que las cosas empiezan a aclararse?
  8. Los Atal'ai Tras el Gran Cataclismo, los trols del Imperio Gurubashi vivieron tiempos de desesperación y pidieron ayuda al dios Hakkar, también conocido como el Cazador de Almas. Hakkar otorgó a los trols gran poder, pero a cambio este dios sediento de sangre exigió sacrificios. Sus exigencias aumentaron rápidamente y cada vez era más impaciente con sus leales sacerdotes, los Hakkari. Les pidió que buscasen una forma de invocarle físicamente al mundo para que pudiese drenar la sangre de sus víctimas directamente. La mayoría de los Hakkari estaban aterrorizados con la idea pero los Atal’ai, una pequeña facción extremista de los Hakkari, decidió cumplir el deseo de Hakkar. Antes de que los Atal’ai pudiesen completar al invocación, los otros trols de selva, incluyendo a los Hakkari, se levantaron en una revuelta contra el cruel dios. Incluso la tribu de los Zandalar se vio envuelta en el conflicto, que terminó con la destrucción del avatar de Hakkar. Expulsados de las selvas, los Atal’ai fueron perseguidos casi la extinción. Solo un pequeño grupo de Atal’ai escapó al Pantano de las Penas, donde construyeron un importante templo a su dios en secreto: el Templo de Atal’Hakkar. Los Atal’ai sabían que necesitaban a muchos individuos para conseguir su objetivo. Afortunadamente su inquebrantable lealtad hacia Hakkar complació mucho al dios y a cambio este les enseñó nueva magia oscura, incluida la nigromancia. En una serie de misiones furtivas y secretas, los fanáticos trols recuperaron los cadáveres de los Atal’ai que habían caído en la batalla o a habían conocido la muerte en su trayecto a las tierras pantanosas. Haciendo uso de lo que Hakkar les había enseñado los Atal’ai convirtieron a sus hermanos caídos en no-muertos y los pusieron a trabajar. Los Hakkari, también, fueron asesinados o exiliados por las maldades que habían hecho en nombre de Hakkar, a pesar de haber luchado contra los Atal’ai. Con gran amargura y desesperación, los Hakkari supervivientes siguieron el rastro de los Atal’ai hasta el Pantano de las Penas y prometieron ayudar a los Atal’ai a invocar a Hakkar en Azeroth. Satisfechos con el evidente sufrimiento de los Hakkari, los Atal’ai acogieron a sus antiguos hermanos en el templo. Aún así, Hakkar no había olvidado la traición cometida en su día por los Hakkari al oponerse a su reaparición en Azeroth, así que el sediento dios tomaba en más consideración a los leales Atal’ai. Ambos grupos invirtieron todos sus esfuerzos en para poder hacer posible la aparición de Hakkar en el mundo físico. El Dragón Aspecto verde, Ysera la Soñadora, enseguida se enteró de los planes de los malvados sacerdotes y aplastó el templo bajo las marismas. Jammal’an el Profeta, líder de los Atal’ai, le dijo a su gente que si conseguían invocar la forma física de Hakkar en Azeroth, el dios les otorgaría la inmortalidad. Los Atal’ai y los Hakkari no perdieron el tiempo y enviaron a sus sacerdotes más preparados a Zul’Gurub, donde sus esfuerzos al fin no fueron en vano. Varios espías han confirmado la presencia del temible Cazador de Almas en el corazón de las ruinas. Según varios informes, Hakkar ha doblegado la voluntad de cinco sumos sacerdotes de los dioses primigenios trol. Incapaces de oponerse a sus deseos, los sacerdotes canalizan el poder de sus dioses en Hakkar. Solo con la muerte de estos sacerdotes se puede sesgar la conexión que aumenta drásticamente el poder de Hakkar mientras drena el poder de los otros dioses. Los rumores de la presencia de Hakkar han llegado hasta la tribu Zandalar en los Mares del Sur y se han mostrado horrorizados al descubrir la noticia de la esclavización de sus congéneres, los sumos sacerdotes Zandalari. Por ello, el rey Rastakhan ha enviado emisarios de la isla de Zandalar hasta los Reinos del Este, donde los trols reclutan campeones de todas las razas de Azeroth con la esperanza de derrotar de nuevo a Hakkar.
  9. La Invasión de Kalimdor “- Thrall…perdóname… he sido un tonto. La furia de los demonios… se extingue de mis venas. ¡Me he liberado a mí mismo! – No, amigo mío… nos has liberado a todos”. Después de semanas de viajar por los mares embravecidos, la Horda ha desembarcado sobre las salvajes costas de Kalimdor. Con sus barcos robados quebrados y hundidos, los orcos precavidamente se aventuran tierra adentro, previniendo los posibles peligros desconocidos que habitan en la desolada tierra. Con sus barcos quemados y lentamente hundiéndose en el mar, Thrall pregunta por el resto de la Horda. No hay seguridad de haber llegado a Kalimdor, pero han viajada hacia el oeste más allá de toda tierra conocida. No hay rastros de Grom Hellscream o los Warsong, pues sus barcos fueron separados de la flota durante la tormenta, por lo que Thrall ordena iniciar la búsqueda para reagruparse. Conforme viajan sobre la extraña y hermosa tierra, los orcos rescatan miembros de la Horda que han sido capturados por una extraña raza de criaturas semejantes a jabalíes. Grupo por grupo, los quillboars van cayendo ante el poder superior de la Horda. Explorando las distintas aldeas quemadas, presencian la lucha entre los Centauros y enormes seres como toros, las cuales caen ante la superioridad numérica de los Centauros, y Thrall presiente que la Horda ha llegado a un lugar con muchos más conflictos que los que dejó atrás en Lordaeron. Eventualmente las fuerzas de la Horda tratan de ayudar a las criaturas toro, hasta que logran dar con su líder, Cairne Bloodhoof, jefe de los Tauren, el cual se encuentra intrigado por el estilo de pelea de los orcos y desea conocerlos más. Thrall le relata la historia de cómo la Horda vino a Kalimdor a hallar su destino, y Cairne sugiere que pueden hablar con el Oráculo que se encuentra más al norte. Thrall se resiste a viajar en esa dirección, pues un enorme ejército de centauros se mueve hacia allá. Cairne se alarma pues los centauros marchan hacia la aldea Bloodhoof, y debe retornar de inmediato. Deseoso de conocer más acerca del Oráculo y los Tauren, Thrall conduce a la Horda hacia la aldea de Cairne y lo asiste en su defensa. Una vez en la aldea, la Horda y los Tauren resisten el asedio de constantes olas de Centauros. Eventualmente, el Campeón de los Centauros llegará a pelear y caerá ante las fuerzas unidas de ambos ejércitos. Su muerte motivará la retirada de los centauros. Cairne agradece a Thrall su apoyo, pero el viejo jefe se encuentra desesperanzado, pues los centauros controlan toda la región, y los Tauren se ven obligados a viajar a las verdes praderas de Mulgore o si no morirán. Desafortunadamente, la velocidad de los centauros no tiene rival en los planos abiertos, y el líder de los Bloodhoof teme que su caravana será aniquilada durante el viaje. Thrall ofrece escoltar a los Tauren a Mulgore a cambio de la información del Oráculo que Cairne le informó. Cairne, intrigado por los orcos y los trolls, accede. La Horda y los Tauren planean una larga marcha a través de los planos del sureste de Kalimdor. Dos días después, sobre las desoladas llanuras de los Barrenos, Thrall y Cairne intercambian información sobre cada una de sus culturas durante su viaje hacia Mulgore. Thrall nota que Kalimdor es muy similar al mundo destruido de los orcos, Draenor. Cairne relata a Thrall que los Tauren son hijos de la Madre Tierra, y que por ella tienen una cultura pacífica y un estilo de vida propios en esa tierra. En ese momento, varios scouts de la Horda reportan que una banda de arqueros y guerreros centauros se acerca para atacar la caravana. Thrall rápidamente ordena a las tropas que escolta a las bestias Kodo de los Tauren hacia una serie de oasis donde podrán reabastecerse. Cairne y los guerreros Tauren asistirán en la defensa del convoy. Conforme los centauros continúan el asedio a la caravana durante su viaje, los guerreros orcos y tauren la defienden de las brutales bestias. Eventualmente la caravana logra llegar a Mulgore, pero los centauros casi se encuentran sobre ellos. Llamando al espíritu de la Madre Tierra, Cairne provoca un derrumbe de una formación rocosa, que obstruye el paso de los centauros hacia Mulgore. Con el paso asegurado, Thrall pregunta a Cairne acerca del Oráculo. Cairne dice que las leyendas hablan de que el Oráculo conoce los caminos del destino y que es Hijo mismo de la Madre Tierra, y que solamente él podrá mostrarle a la Horda su verdadero destino. El Oráculo puede ser hallado en el norte, en lo más alto del Monte Stonetalon. Luego de mostrar agradecimiento por la asistencia de la Horda, Cairne envía sus más finas bestias Kodo para asistir a los orcos y trolls en su viaje. Thrall agradece a Cairne su generosidad y promete nunca olvidar al jefe Tauren. Cairne deja la Horda con una bendición de la Madre Tierra y los Tauren continúan su viaje sobre Mulgore. Mientras tanto, de regreso en Lordaeron, la Legión inicia su invasión. Las villas humanas son arrasadas por la Guardia del Apocalipsis y los Infernales. Ticondrius aparece y conversa con Mannoroth el Destructor, el barbárico líder de los Señores del Foso. Mannoroth se encuentra disgustado por la facilidad con que los demonios han derrotado a los Humanos. Ticondrius aclara que esto es gracias al trabajo del Azote, el cual exitosamente derrotó a los humanos y Altos Elfos antes de la invasión, cosa que los orcos no pudieron realizar cuando hicieron el pacto de sangre con Mannoroth. A su vez, Ticondrius informa a Mannoroth que los orcos no se encuentran lejos, y que sus agentes los han hallado en Kalimdor, por lo que Mannoroth jura destruirlos por su traición. Sin embargo, Archiimonde, que aparece de la nada, le dice que los orcos aún pueden ser útiles a la Legión. Cinco días después, cerca de las faldas del Monte Stonetalon, la Horda de Thrall continúa su viaje en busca del Oráculo. Sin embargo, hay desazón entre los miembros de la Horda por la falta de un buen combate. En ese momento, a lo lejos, divisan a Grom Hellscream y los Warsong luchado contra los defensores de un asentamiento humano. Sorprendidos de hallar humanos en Kalimdor, la Horda se une a la batalla. Con la base humana en ruinas, Thrall y Grom discuten la situación. Éste último le informa que los humanos se encuentra liderados por una joven, y han tomado el paso hacia el norte. Thrall ordena explorar el área, y ordena a Grom no atacar a los humanos hasta que sus posiciones estén listas. Los scouts de Thrall informan que un grupo de Goblins tienen unos zeppelines hacia el norte, los cuales permiten pasar las fuerzas humanas sin tener que pelear con ellas. Sin embargo, la sed de sangre de Grom lo obliga a atacar a los humanos, con lo que las fuerzas de Thrall se ven obligadas a luchar contra ellos. Las fuerzas de la Alianza se encuentran comandadas por Agronnor el Poderoso, Thane de Ironforge al mando de las fuerzas de Gilneas, Buzan el Osado, paladín de la Mano de Plata, y Tann Flamecaster, mago sobreviviente de la destrucción de Dalaran. Todos caen en la batalla. Luego de neutralizar las bases humanas, Thrall confronta a Grom, pero este le responde que los humanos merecen morir, y que la sed de sangre hierve en sus venas, igual que antes, cuando los demonios estaban cerca. Furioso, Thrall envía a Grom y su clan hacia el norte, al bosque de Ashevale, para construir un nuevo asentamiento, mientras él se dirige hacia el Monte a buscar el Oráculo. Dos días después, en las fronteras del Bosque de Ashenvale, los Warsong construyen un pequeño campamento donde se levantará el asentamiento de los orcos. Grom se encuentra disgustado por que sus bravos guerreros se ven obligados a realizar trabajos manuales. Algunos de sus soldados, entonces, empiezan a temer el bosque, debido a que escuchan extrañas voces en un idioma desconocido que hacen eco en los ancestrales árboles. Unos momentos más tarde, un grupo de guerreras aparece y ataca a los Warsong, reclamando el irrespeto de los orcos hacia la vida. Grom Hellscream nota que estas se parecen a los Altos Elfos, pero su color de piel es púrpura y son más altas y salvajes. Constantemente, mientras exploran el área, los orcos son atacados por las guerreras, pero la superioridad de los orcos asegura el terreno. Grom, finalmente, halla una pequeña tienda Goblin, donde su dueño, el jovial Neeloc Greedyfingers, le ofrece dos aserradores mecánicos a cambio de matar a líder de una tribu de furbolgs, unos enormes y voraces hombres-oso que viven en lo profundo del bosque, a lo que Grom accede. Con ayuda de los aserradores, Grom logra levantar rápidamente el asentamiento para Thrall. Mientras tanto, cerca de las Praderas de la Luna del semi-dios Cenarius, Mannoroth y Ticondrius discuten el plan de la Legión para los orcos. Como prevención, Archimonde demanda la muerte de Cenarius antes de invadir Kalimdor, para evitar que éste participe en la defensa. Mannoroth reconoce que Cenarius es extraordinariamente poderoso y le gustaría enfrentarlo en la batalla, pero el semi-dios raramente aparece en despoblado. Tichondrius y Archimonde creen que los orcos pueden matar a Cenarius por la Legión, solamente necesitan de un pequeño incentivo. Entonces, Mannoroth vierte su sangre ardiente en la fuente de Cenarius, con el objetivo de que los orcos la beban y reaviven la sed de sangre. A la mañana siguiente, en Ashevale, los orcos han construido un nuevo asentamiento. En ese momento, Cenarius aparece y destruye el campamento, utilizando a sus treants y los elfos nocturnos, como retribución por la destrucción del bosque. Superados por las fuerzas enemigas, los orcos cruzan el río en retirada, y Cenarius hace crecer nuevamente, con sus poderes, los bosques. Buscando una manera de derrotar a Cenarius, Grom envía a un grupo a explorar la parte más profunda del bosque. Estos descubren una fuente que irradia un gran poder, resguardada por Sátiros, los cuales son rápidamente despachados por los orcos. Sin embargo, uno de los curanderos troll advierte a Grom que el poder que emana de la fuente es maligno, pero éste no le da importancia: está decidido a acabar con Cenarius bajo cualquier precio. Uno de sus soldados le dice que eso estaría en contra de todo lo que Thrall les ha enseñado, pero Grom bebe de las oscuras aguas, e inmediatamente, él y sus orcos se transforman en Orcos del Caos. Movidos por la magia demoníaca, las fuerzas de los Warsong atacan el territorio de Cenarius. Con sus nuevos poderes infernales, los Warsong rápidamente derrotan a los Elfos Nocturnos y asesinan a Cenarius, cuya armadura divina es vulnerable a la magia de los demonios. Mientras agoniza, Cenarius dice a Grom que los demonios han hecho muy bien su trabajo al corromper a los orcos. Cuando Grom proclama que los orcos son libres del poder de la Legión, Cenarius le refuta diciendo que “no son mejores que la maligna bilis que corre por sus venas”. En este momento, Mannoroth aparece y le dice a Grom que los orcos son nuevamente propiedad de la Legión. Grom protesta diciendo que los orcos son libres, pero Mannoroth, burlándose, le dice que es su sangre la que le da poder a sus fuerzas y que a partir de ahora le servirá solo a él. En ese mismo momento, en la base del monte Stonetalon, los scouts de Thrall informan al Señor de la Guerra que las fuerzas humanas se han posicionado cerca de la entrada al Oráculo. La Horda se ve obligada a atacar la base humana. En ese instante, los Tauren, con Cairne a la cabeza, llegan para asistir a sus aliados orcos. Dado que la base humana se encuentra en una alta planicie sobre las rocas, Cairne sugiere pedir ayuda a los Wyverns, una raza de criaturas voladoras, para atacar la base. Sin embargo, los Wyverns (Dracoleones) han sido capturados por un grupo de Harpías, y la Horda tiene que rescatarlos primero. Una vez de su lado, los Wyverns realizan un ataque aéreo sobre la base humana y la toman. La joven hechicera humana y sus seguidores huyen a lo profundo de la caverna, y la Horda se prepara para perseguirlos. Veinte minutos después, dentro de la cueva, Thrall y Cairne deciden separarse para explorar el laberinto. Thrall, liderando un grupo de orcos y trolls, tiene que enfrentarse a una serie de criaturas de ultratumba y monstruos ancestrales que se encuentran prisioneros en el laberinto, hasta que finalmente llega a un cruce que se encuentra resguardado por una estatua. Asombrosamente, la estatua comienza a hablar. Dice llamarse Aszune, una antigua princesa Elfa Nocturna que una maldición convirtió en piedra. Su estatua ahora resguarda el camino al Oráculo, y nadie podrá pasar hasta que su corazón le sea devuelto. Explorando las cavernas, los orcos hallan a un dragón rojo peleando con unas harpías. Thrall ordena unirse a la batalla y ambas fuerzas son derrotadas. Al morir el dragón, deja caer un extraño medallón con una gema que trae la efigie de Aszune. Thrall regresa su corazón a la estatua, que les cede el paso. Sin embargo, se encuentra con un río de lava que no pueden cruzar. En ese momento, Cairne y sus Tauren aparecen. Durante su búsqueda, encuentran otra gema, que al parecer encaja perfectamente en una abertura cerca de la estatua de Aszune. Al colocarla, un puente de energía se forma sobre el río de lava, permitiendo a los miembros de la Horda pasar hacia el otro lado. Thrall y Cairne llegan al salón del Oráculo, y se topan con los humanos y su joven hechicera, que no es otra que Jaina Proudmoore. Cuando ambas facciones se preparan para pelear, una poderosa voz les ordena respetar la solemnidad del lugar. Asombrado, Thrall reconoce al Profeta. Éste le presenta a Jaina Proudmoore, líder de los sobrevivientes de la Alianza de Lordaeron. Es cuando Thrall se entera de que la Legión Ardiente está arrasando Azeroth y que Lordaeron realmente ha caído. Los demonios se dirigen ahora hacia Kalimdor, y la Horda y la Alianza deben unirse para combatirlos, o todo estará perdido. Aunque ambos se resisten al principio, Thrall y Jaina entienden su deber, y acceden a unir sus fuerzas. Lamentablemente, el Profeta también advierte a Thrall que Grom ha caído bajo la maldición de la Legión, y que el destino de la Horda solamente podrá estar seguro si el Warsong es rescatado de la influencia demoníaca. Tres días después, cerca de la entrada a los Barrenos, Thrall, Jaina y Cairne discuten cómo liberar a Hellscream y los Warsong del control de la Legión. Jaina le entrega a Thrall una esfera mágica, en la que éste deberá capturar a Grom. Una vez capturado, deben regresar a la base de Jaina, donde los sacerdotes Altos Elfos y los chamanes orcos lo liberarán de la corrupción. Thrall agradece a Jaina su asistencia y ella parte hacia su base. Una vez que los héroes regresan a su propio campamento, Cairne nota que Thrall está turbado. El Señor de la Guerra está frustrado por tener que combatir a sus propios hermanos para salvarlos de la extinción a manos de la Legión. Conforme la Horda y la Alianza van haciendo su camino hacia el campamento Warsong, el cielo se enrojece y enormes meteoros empiezan a caer: Los Infernales de la Legión han llegado. La Legión se ha enterado de los planes de Thrall y Jaina, y deben ser detenidos o todo se perderá. Muchos valientes guerreros caen ante las demoníacas fuerzas combinadas de los orcos Warsong y sus guardianes de la Legión, pero finalmente el camino a Grom logra abrirse. Thrall confronta a Hellscream directamente, tratando de persuadir a Grom de acompañarlo sin resistencia. Hellscream se niega, clamando que el destino de los orcos es servir a Mannoroth y la Legión. Thrall no conoce a Mannoroth y cree que Grom está alucinando, pero Hellscream le replica que Thrall solamente conoce la mitad de la historia. Cruelmente, le revela que los Jefes de los Clanes, para sellar su pacto con los demonios, bebieron por propia voluntad la sangre de Mannoroth, y que él, Grom Hellscream, fue el primero de todos. Thrall pierde el control ante la aplastante verdad y lucha con el Jefe Warsong hasta que logra encerrarlo en la esfera mágica, regresando rápidamente a la base de Jaina. Después de muchos conjuros y oraciones por parte de los sacerdotes y los chamanes, el jefe Warsong es purificado y, avergonzado, solicita a Thrall su perdón por sus acciones, pero Thrall le dice que lo necesita para liberar a los orcos de la maldición de los demonios para siempre. Grom le dice que en el cañón cercano podrán enfrentarse cara a cara con Mannoroth en persona. Ambos jefes ingresan precavidamente dentro del cañón. La risa burlona de Mannoroth hace eco entre los muros. El sabía que vendrían a buscarlo, pero ellos deben saber que la Horda nunca podrá librarse de la influencia de la Legión. El gigantesco Señor del Foso aparece detrás de los héroes orcos y comienza a ofenderlos. Thrall intenta herirlo con el Doomhammer, pero Mannoroth logra defenderse usando una de sus alas, y cargando contra los orcos, logra lanzar a Thrall hacia una de las paredes y dejarlo inconsciente. Mientras Grom trata de recuperarse del ataque, Mannoroth lo incita, diciéndole que, en lo profundo de su ser, Grom sabe que ambos, él y Mannoroth, son lo mismo. Con sus ojos enrojecidos por la furia, Grom lanza su grito de guerra y arremete contra Mannoroth. El Señor del Foso logra rechazar a Grom con su espada, pero el hacha del Warsong se ha clavado profundamente en el pecho del demonio. Mortalmente herido, Mannoroth colapsa, y estalla en una furiosa ola de fuego. Con serias quemaduras, Grom cae y espera la muerte. Thrall, herido, se acerca a su amigo moribundo y escucha sus últimas palabras. Lentamente, sus ojos enrojecidos por la furia vuelven a tener su color normal, y Grom siente cómo la influencia demoníaca va extinguiéndose en su ser: se ha liberado a sí mismo. Por primera y última vez en su vida, Grom, el líder de los Warsong, el imbatible, el más violento de los guerreros de todas las guerras orcas, siente la tranquilidad de la paz, mientras se reúne con los espíritus de sus ancestros. Pero la muerte de Grom no sólo lo ha liberado a él: ha liberado a todos los orcos de la maldición de la sed de sangre.
  10. La Invasión de Draenor Con los fuegos de la Segunda Guerra apagándose, la Alianza lleva a cabo reducidas misiones para acabar con los últimos vestigios de la Horda orca. Un gran número de campos de internamiento han sido construidos en el sur de Lordaeron, al este de Aerie Peak. La vieja fortaleza de Durnholde, elevada sobre una colina que observa todo el valle, fue elegida como guardiana de los campos de internamiento orcos. Lord Aedelas Blackmoore, uno de los generales más destacados durante la Segunda Guerra, ha sido designado patrón de Durnholde. A su vez, Danath Trollbane, un mercenario de la ciudad de Stormgarde que ha sido reconocido como héroe luego de asumir el mando de las fuerzas de su ciudad durante el asedio de la Horda, es designado como guardián de uno de los campos de internamiento donde los más fieros guerreros orcos fueron colocados. El mismo Señor de la Guerra, Orgrim Doomhammer, ha sido puesto preso y se ha constituido en un esclavo personal de mismo rey Terenas. Solamente un clan, los Bleeding Hollow de Kilrogg Ojo Tuerto, ha logrado escapar del control de la Alianza y se refugia en las montañas Redrigde. En el infernal mundo de Draenor, un nuevo ejército orco se prepara para golpear a la inadvertida Alianza. Ner´zhul, el antiguo mentor de Gul´dan, ha reunido los clanes sobrevivientes bajo su negro estandarte. Aliado con el clan Diente Negro de Rend y Maim (hijos de Blackhand el Destructor) y apoyado por su propio clan Shadowmoon, el viejo chamán planea abrir un número de portales sobre Draenor que conduzca a la Horda a nuevos e inexplorados mundos. Luego de abrir nuevamente el Portal Oscuro, Kilrogg y los Bleeding Hollow fueron aclamados como héroes. Algunos clanes, sin embargo, no confiaban del todo en los planes de Ner’zhul. Fenris el Cazador, capitán del ejército de Sythegore y jefe del clan Thunderlord, sugirió al viejo chamán continuar con la conquista iniciada por Doomhammer en Azeroth, pero Ner’zhul no compartía su visión. Secretamente, Fenris y todo el clan Thunderlord fueron destruidos por los Shadowmoon, el clan de Ner’zhul. Conociendo que la Calavera de Gul’dan, su antiguo discípulo, había sido capturada por Tagar Spinebreaker del clan de orcos caníbales Bonechewers, Ner’zhul destruyó al clan y usurpó la Calavera. A su vez, pretendía robar más artefactos de Azeroth y usarlos para abrir los portales. La nueva Horda, liderada por el joven Grom Hellscream (del clan Warsong) y el veterano Kilrogg Ojo Tuerto, sorprendió las defensas de la Alianza e ingresó al país. Bajo los quirúrgicos mandatos de Ner´zhul, los orcos rápidamente obtuvieron los artefactos que necesitaban y volvieron a la seguridad de Draenor. Luego de robar el Bastón Enjoyado de Sargeras, la Horda batalló contra Alterac por el Libro de Medivh, y robó el Ojo de Dalaran de la reconstruida Isla de la Cruz. Advertidos por el ataque repentino de los orcos, los magos del Kirin Tor convencen al rey Terenas de realizar una expedición hacia Draenor, más allá del Portal Oscuro, y acabar con la amenaza orca de una vez por todas. Las fuerzas de la Alianza, al mando del General Turalyon y del archimago Khadgar, salen de la fortaleza Nethergate, y marchan sobre Draenor e inmediatamente, en las terribles praderas de la Península del Infierno, entraron en combate con los clanes de Ner´zhul, los Warsong, los Bleeding Hollow y los Shatterend Hand, éste último al mando del jefe Bladefist. Dándose cuenta del catastrófico resultado que tendrá el hechizo del brujo orco, Khadgar en persona, junto a Turalyon, la Ranger elfa Alleria Windrunner, el veterano Danath Trollbane y el enano Kurdran Wildhammer (montado en su leal grifo Sky’ree), hacen un desesperado intento por detenerlo. A pesar de esto, Khadgar no fue capaz de prevenir que el chamán abriera los portales a otros mundos. Sin embargo, un terrible precio se tuvo que pagar por ello. Las tremendas energías de los portales provocaron que Draenor empezara a consumirse en una terrible espiral de destrucción. Mientras las fuerzas de Turalyon trataban desesperadamente de volver a Azeroth, el mundo de Draenor se comprimía sobre sí mismo. Grom Hellscream y Kilrogg Ojo Tuerto, viendo que la locura de Ner´zhul había traído la perdición a toda su raza, reunieron a los orcos remanentes y lograron escapar hacia la relativa seguridad de Azeroth. En Draenor, Turalyon y Khadgar decidieron hacer un último sacrificio destruyendo el Portal Oscuro desde su lado. Aunque esto les costaría sus vidas y las de sus compañeros, sabían que era la única forma de asegurarse la supervivencia de Azeroth. Gracias a la ayuda del ogro Mogor, jefe del Clan de la Calavera, logran recuperar el Libro de Medivh y pasarlo al otro lado con unos pocos sobrevivientes. Inmediatamente que Hellscream y Ojo Tuerto luchaban su camino entre las filas humanas en un desesperado esfuerzo por la libertad, el Portal Oscuro explotaba detrás de ellos. No había regreso. Ner´zhul y su leal clan Shadowmoon lograron pasar a través de uno de los portales más grandes. Rend y Maim y el Clan Diente Negro no pudieron escapar y quedaron atrapados en la caótica dimensión. Luego una masiva explosión separó los continentes de Draenor. Los océanos ardientes se abalanzaron sobre la tierra y el torturado mundo fue finalmente consumido en una masiva y apocalíptica implosión.
  11. La Guerra de los Ancestros Hace aproximadamente 10.000 años el irresponsable uso de la magia por parte de los Bien Nacidos, envió ondas de energía desde el Pozo de la Eternidad a través de la Gran Oscuridad del Más Allá. Las desordenadas ondas de energía fueron percibidas por terribles mentes alienígenas. Sargeras – el Gran Enemigo de toda vida, el Destructor de Mundos – percibió los poderes del Pozo y buscó el distante punto de origen. Espiando el primigenio mundo de Azeroth y sintiendo las energías ilimitadas del Pozo de la Eternidad, Sargeras fue consumido por un insaciable apetito. El gran dios oscuro resolvió destruir el joven mundo y reclaman sus energías para si mismo. Sargeras condujo a su vasta Legión Ardiente e hizo su camino hacia el inocente mundo de Azeroth. La Legión fue conformada por un millón de escandalosos demonios, recogidos de todos los rincones del universo, ansiosos por la conquista. Los tenientes de Sargeras, Archimonde el Profanador y Mannoroth el Destructor, prepararon sus infernales monstruos para el ataque. La Reina Azshara, obcecada por el terrible éxtasis mágico, cayó víctima del imparable poder de Sargeras, y le ofreció abrirle una entrada al mundo. Incluso sus Bien Nacidos, caídos bajo la inevitable corrupción mágica, convirtieron a Sargeras en su dios. Para demostrar su fidelidad a la Legión, los Bien Nacidos convencieron a su reina de abrir un portal mágico en el Pozo de la Eternidad. Una vez que los preparativos estuvieron terminados, Sargeras comenzó su catastrófica invasión sobre Azeroth. El delgado velo que separa la realidad del mundo de las sombras finalmente fue roto. Los guerreros de la Legión Ardiente entraron en el mundo a través del Pozo de la Eternidad y comenzaron el asedio sobre las durmientes ciudades de los elfos nocturnos. Liderados por Archimonde y Mannoroth, la Legión marchó sobre las tierras de Kalimdor, dejando solo desolación y terror a su paso. Los brujos demoníacos Eredar invocaron a los Infernales, unos inmensos gigantes de piedra y fuego verde que cayeron del cielo en forma de meteoros sobre los templos. Una banda de ardientes y sanguinarios asesinos llamada la Guardia de la Perdición, dirigidos por el voraz Azzinoth, marchó sobre las tierras de Kalimdor, acabando con todo a su paso. Jaurías de salvajes Felhounds (sabuesos diabólicos) atacaron salvajemente sin oposición. Aunque los guerreros elfos defendieron su ancestral hogar, se vieron forzados a retroceder, pulgada a pulgada, ante el avance de la Legión. Ante el terrible ataque, Malfurion Stormrage escapó para buscar ayuda para su gente. Su propio hermano gemelo, Illidan Stormrage, aunque no era parte de los Bien Nacidos, practicaba sus artes mágicas. Convenciendo a Illidan de olvidar su peligrosa obsesión, ambos escaparon al bosque para organizar la resistencia. La hermosa y joven sacerdotisa de la luna, Tyrande Whisperwind, se decidió a acompañarles en el nombre de Elune. Ambos hermanos profesaban un amor insaciable por la idealista sacerdotisa, pero el corazón de Tyrande suspiraba solamente por Malfurion. Illidan se sentía resentido por el naciente romance entre su hermano y Tyrande, pero su corazón roto no era nada comparado por el dolor que le producía su adicción a la magia. En efecto, el continuo contacto de Illidan con las magias arcanas del Pozo, lo había corrompido a tal punto de desarrollar en él la temible sed de magia que a su vez consumía a los Bien Nacidos. Illidan creyó que, utilizando las mismas energías malignas de los demonios contra ellos, podría lograr derrotarlos de una vez por todas, por lo cual él y algunos de sus seguidores más cercanos, formaron una secta secreta cuyo objetivo era erradicar a los demonios de Kalimdor. Estos guerreros, conocidos como los Cazadores de Demonios, se sacaban ritualmente los ojos, para de este modo, utilizar toda su energía mágica contra la Legión. Malfurion nunca le perdonaría esto, pero Illidan no combatiría por él: lo haría por amor a Tyrande. Mientras tanto, Cenarius, quien se ocultaba en los sagrados Claros de la Luna en el distante Monte Hyjal, se comprometió a ayudar a los elfos nocturnos buscando a los ancestrales dragones y asegurándose su ayuda. Los dragones, liderados por la grandiosa Alexstrasza la Roja, atacaron desde el aire a los demonios y sus amos infernales. Cenarius mismo llamó a los espíritus de los bosques encantados, reclutando un ejército de Ancestros y Treants, los hombres-árbol, y los guió en un sorpresivo asalto sobre la Legión. Malfurion, Illidan y Tyrande, al mando de las fuerzas de los elfos, organizaron un valiente y feroz contraataque. El ágil y valiente Cazador de Demonios se habría paso a través de las fuerzas de la Legión, destrozando las filas de los demonios, mientras su cuerpo ardía en un incandescente aura mágica de fuego que había creado a su alrededor, dañando todo lo que tocaba. Fue así como se encontró cara a cara con el terrible Azzinoth, capitán de la Guardia de la Perdición, y una gran batalla se entabló entre ambos contendientes. Illidan, utilizando todos los poderes concebidos por su secta, logró derrotar a Azzinoth y se apoderó de sus espadas curvas, las cuales, con el transcurso del tiempo, logró dominar con tal habilidad, que se volvieron un rasgo distintivo de su personalidad y casi eran extensiones de sus brazos. Las fuerzas aliadas a los elfos nocturnos convergieron sobre el templo de Azshara y el Pozo de la Eternidad. Conociendo la fuerza de sus nuevos aliados, Malfurion y sus colegas sabían que la Legión no sería derrotada solamente por la fuerza de las armas. Mientras la titánica batalla alrededor de la ciudad capital aumentaba, Azshara esperaba con ansiedad el arribo de Sargeras. El señor de la Legión preparaba su paso a través del Pozo de la Eternidad y su entrada en el mundo. Conforme su enorme sombra se acercaba a la superficie del Pozo, Azshara guió a los más poderosos de sus Bien Nacidos cerca de la superficie. Solamente enfocando sus poderes mágicos sobre el Pozo podrían abrir un portal lo suficientemente grande para que Sargeras penetrara. Mannoroth el Destructor en persona, el terrible Señor del Foso, General de los Ejércitos de la Legión, guardaba la entrada al Templo de Azshara. Cenarius invocó los altos poderes de los bosques y se enfrentó a Mannoroth, dándoles suficiente tiempo a Malfurion, Tyrande y sus guerreros de penetrar en el templo. Mientras la batalla bramada sobre los ardientes campos de Kalimdor, un terrible evento volcaría la situación. Los detalles de tal evento se han perdido en el tiempo, pero es conocido que Neltharion, el Gran Dragón Negro de la Tierra, se volvió loco durante un crítico ataque de la Legión Ardiente. El empezó a lanzar flamas sin sentido y la ira hizo brotar su lado oscuro. Renombrándose asimismo Ala de la Muerte (Deathwing), el dragón traicionó a sus hermanos y dejó el campo de batalla. La traición sorpresiva de Neltharion fue tan destructiva que sus hermanos nunca se recobraron de ella. Herida y aturdida, Alexstrazsa y los otros nobles dragones se vieron obligados a abandonar a sus aliados mortales. Malfurion y sus compañeros, ahora desesperanzados, temieron no sobrevivir el abandono de sus poderosos aliados. Malfurion, convencido de que el Pozo de la Eternidad era el cordón umbilical que unía a los demonios con el mundo físico, insistía en que debía ser destruido. Sus compañeros elfos, conociendo que el Pozo era la fuente de su inmortalidad y sus poderes, se horrorizaron ante esta noción. Pero Tyrande creía en la teoría de Malfurion, y convenció a Cenarius y sus camaradas de atacar el templo de Azshara y encontrar el modo de destruir el Pozo para bien.
  12. La Fundación de Quel'Thalas Los Altos elfos, dirigidos por Dath'Remar, abandonaron Kalimdor y desafiaron las tormentas de la Vorágine. Sus flotas recorrieron las ruinas del mundo durante muchos años, descubriendo a su paso nuevos misterios y reinos perdidos. Dath’Remar, que había adoptado el nombre de Caminante del Sol (o “el que camina de día”), buscó lugares que resultaran aptos para construir en ellos un nuevo hogar para su gente. Su flota finalmente desembarcó en las playas del reino cuyos habitantes denominaron Lordaeron. Tomando posiciones en tierra, los altos elfos fundaron su sede en los tranquilos Claros de Tirisfal. Transcurridos unos años, muchos de ellos empezaron a enloquecer. Existía la teoría de que bajo aquellas tierras se ocultaba una fuerza maligna, pero estos rumores nunca se confirmaron. Los altos elfos llevaron su campamento a otra parte y se dirigieron al norte en dirección a otras tierras ricas en energías naturales. Durante el trayecto de los altos elfos por las escarpadas montañas de Lordaeron, el viaje se hizo cada vez más peligroso. Puesto que fueron totalmente privados de las energías vivificadoras del Pozo de la Eternidad, muchos de ellos enfermaron a causa del gélido clima o murieron de hambre. Sin embargo, el hecho más desconcertante era que ya no eran inmortales ni inmunes a los elementos. También encogieron de tamaño y su piel perdió la tonalidad violeta que los caracterizaba. A pesar de las penurias, conocieron maravillosas criaturas jamás vistas en Kalimdor. Asimismo, encontraron tribus de humanos primitivos que cazaban en los antiguos bosques. No obstante, la mayor amenaza que los acechaba la constituían los voraces y maliciosos trols del bosque de Zul’Aman. Estos trols con la piel recubierta de musgo tenía el poder de regenerar sus miembros mutilados y curar graves heridas físicas, pero conformaban, sin duda, una raza bárbara y maligna. El Imperio Amani se extendió por la mayor parte del territorio del norte de Lordaeron y sus trols lucharon incansablemente para mantener a los forasteros alejados de sus tierras. Los elfos desarrollaron una profunda aversión contra los despiadados trols y los mataban siempre que podían. Transcurridos muchos años, los elfos de la noche finalmente encontraron una tierra que les recordaba a Kalimdor. En el interior del bosque que había al norte del continente, fundaron el reino de Quel’Thalas y prometieron crear un vasto imperio que eclipsaría al de sus primos kaldorei. Desafortunadamente, pronto descubrieron que Quel’Thalas había sido fundada sobre una antigua ciudad trol que esta raza aún consideraba sagrada. Casi de inmediato, los trols empezaron a atacar en masa los asentamientos de los elfos. Los tozudos elfos, que no estaban dispuestos a ceder su nuevo territorio, utilizaron la magia que habían obtenido del Pozo de la Eternidad y mantuvieron a raya a los salvajes trols. Liderados por Dath’Remar, pudieron derrotar a las bandas de guerra Amani, que eran diez veces más numerosas. Algunos elfos, que recordaban las antiguas advertencias de los kaldorei, temían que el uso de la magia pudiera atraer la atención de la desterrada Legión Ardiente. Por ello, decidieron proteger sus tierras con una barrera que les permitiera seguir desarrollando sus encantamientos. Construyeron una serie de runas monolíticas en varios puntos de los alrededores de Quel’Thalas, marcando las fronteras de la barrera mágica. Las runas no solo encubrían la magia de los elfos ante amenazas extradimensionales, sino que también les ayudaban a ahuyentar a las supersticiosas bandas trol. Transcurrido cierto tiempo, Quel’Thalas se convirtió en un bello monumento a los esfuerzos de los altos elfos y a sus hazañas mágicas. Sus hermosos palacios fueron construidos siguiendo el mismo estilo arquitectónico que el de las antiguas salas de Kalimdor, si bien se entremezclaban con la topografía natural de la tierra. Quel’Thalas se había convertido en una joya que los elfos siempre habían deseado crear. A continuación, se fundó la Asamblea de Lunargenta para gobernar Quel’Thalas, si bien la dinastía de los Caminante del Sol conservaba cierto poder político. Compuesto por siete altos elfos mayores, la Asamblea se encargó de velar por la seguridad de la tierra de los elfos y de sus gentes. Rodeados por su barrera protectora, los altos elfos hicieron caso omiso a las advertencias de los kaldorei y continuaron usando la magia con total libertad en todos los aspectos de sus vidas. Durante unos cuatro mil años, los altos elfos vivieron pacíficamente en su reino aislado y protegido. No obstante, los vengativos trols no se conformaban fácilmente con su derrota. Planearon su venganza en las profundidades de los bosques y esperaron a que sus tropas crecieran. Finalmente, un poderoso ejército de trols partió de los oscuros bosques y, nuevamente, sitiaron las relucientes cumbres de Quel’Thalas.
  13. La Batalla de Grim Batol En las vastas montañas de Khaz Modan hay una antigua ciudad enana llamada Grim Batol. Dicen algunos que una vez perteneció a uno de los altos reyes Wildhammers, pero que hubo una gran guerra contra una poderosa hechicera, y ahora la ciudadela y la fortaleza están embrujadas. Criaturas malignas de repulsivas formas se mueven entre los oscuros rincones de la abandonada ciudad. Sin embargo, sin conocerlo previamente la Alianza, una gran fuerza de orcos continúa merodeando libre entre las montañas. El clan Dragonmaw, liderado por un infame brujo orco llamado Nekros Triturador de Cráneos, uno de los pocos brujos orcos que no pertenecían al Concejo de las Sombras. Nekros se consideraba más un guerrero que un mago, pero la necesidad de deberse a su clan le había obligado a tomar el reto, más cuando durante la Segunda Guerra un caballero le cortó una pierna. Durante la ocupación de Khaz Modan por la Horda, en medio de la Segunda Guerra, en la profundidad de una de las excavaciones de los enanos, los orcos encontraron un poderoso y ancestral artefacto mágico que tenía el poder de controlar a los dragones. Ante tal descubrimiento, Blackhand el Destructor encontró la manera de obligar a una enorme dragona roja a mandar a sus hijos a pelear por la Horda. Esta dragona no era otra que la ancestral Alexstrasza, la Protectora de la Vida, la Reina de los Dragones. Zuluhed, líder de los Dragonmaw, encomendó a Nekros la vigilancia de este artefacto, llamado Alma del Demonio, y de la dragona cautiva, en la abandonada – algunos llaman maldita – fortaleza de Grim Batol. Utilizando el Alma de Demonio, Nekros inflingía un profundo dolor a su prisionera cuando ésta no cooperaba, obligándola a poner huevos. Nekros continuamente abusaba de ella, mental y físicamente, especialmente luego de la Segunda Guerra, cuando la poderosa dragona se convirtió en la única arma verdadera de la Horda en contra de la Alianza. Ella se consolaba con el hecho de que, cuando muriera, sus niños ya no tendrían que obedecer al brujo. De esta manera, Nekros, luego de la derrota de la Horda y la muerte de su jefe Zuluhed, se disponía a crear un nuevo ejército con el cual barrer a los humanos. Sin embargo, Korialstrasz, el legendario dragón rojo amante de Alexstrasza, hacía ingentes esfuerzos por liberar a su amada. Utilizando sus místicos poderes, el Dragón logró poseer el cuerpo de un noble humano llamado Krasus y se infiltró dentro del Kirin Tor, el enigmático concejo de magos que gobierna Dalaran, y continuamente usaba su posición para abogar por la liberación de su Reina. Finalmente, al finalizar la Segunda Guerra, el Kirin Tor decidió mandar a uno de sus agentes, el joven mago Rhonin, llamado el Inconforme, a una misión de exploración a Khaz Modan, pero Korialstrasz, aprovechándose de la situación, secretamente le dio otra misión a Rhonin: liberar a Alexstrasza. Rhonin era un mago que, durante la Segunda Guerra, accidentalmente asesinó a los guerreros que conformaban su escuadrón, al tratar de ejecutar un peligroso hechizo como parte de su misión. Por esta atrocidad, fue puesto a prueba por el Kirin Tor al enviarlo a Khaz Modan. Krasus, sin embargo, tenía otros planes para él. Enviándolo a Grim Batol, Korialstrasz ordenó a Rhonin liberar a la Reina de los Dragones. Para ayudarlo en su misión, el Dragón envió a Vereesa Windrunner, una Ranger alta elfa, hermana menor de la legendaria Alleria Windrunner, a escoltarlo hasta el puerto de Hasic. Durante el trayecto, se encontraron con un grupo de paladines de la Orden de la Mano de Plata, liderados por Duncan Senturus, quien también había luchado en la Segunda Guerra. Prendado de la belleza de Vereesa, Senturus decidió escoltarlos hacia Hasic, sin embargo, fueron emboscados por dragones rojos controlados por los orcos. Duncan, mediante un ágil movimiento, logró subir al cuello de uno de los dragones, y luego de apuñalar al orco que lo montaba, entabló una feroz lucha con la bestia. Finalmente, logró matarlo, pero sus heridas eran tan graves que murió en el sitio. Luego de honrar su memoria, los viajeros continuaron adelante. Vereesa tuvo que defender a Rhonin de las acusaciones de los paladines, que habían sido testigos del terrible “crimen” del mago. Al llegar a Hasic, el puerto entero había sido reducido a ruinas. El único defensor en sobrevivir fue Falstad Dragonreaver, un enano del Clan Wildhammer de Aerie Peak, quien era jinete de grifos. Muertos sus compañeros durante un combate con los dragones, decidió acompañar a Rhonin y Vereesa cuando estos decidieron cruzar el Gran Mar hacia Khaz Modan y dirigirse a Grim Batol. Sin embargo, había una historia oculta que Rhonin y Vereesa no conocían. Neltharion el Dragón Negro, el Guardián de la Tierra, quien durante la Guerra de los Ancestros había enloquecido, era el verdadero instigador del conflicto. Diez mil años antes, durante la Batalla del Templo de Azshara, Neltharion se había corrompido por la magia maligna de la Legión Ardiente, y había abandonado a sus camaradas en plena batalla. Mediante un formidable engaño, Neltharion había logrado que los otros Cuatro Aspectos, los dragones protectores de Azeroth, cedieran parte de su poder al poderoso artefacto Alma de Demonio, como prevención para un futuro ataque de la Legión. Esto permitió que Ala de la Muerte (como se hacía llamar el Dragón Negro) fuera el más fuerte de todos los dragones, pues fue el único que conservó sus poderes intactos. Asimismo, Ala de la Muerte se aseguró que los orcos hallaran el Alma del Demonio, pues sabía que así podrían esclavizar a Alexstrasza. El malévolo plan del Dragón Negro era subyugar a la dragona para que esta empollara sus huevos y revivir a la extinta raza de dragones negros. Para esto, Ala de la Muerte juró lealtad a la Horda, y en retribución, los alquimistas goblin le hicieron una armadura de escamas de adamantium, con la que el dragón era prácticamente invencible. Incluso, construyó su propia ciudadela en la Península del Infierno, cerca del Portal Oscuro. Luego de la Segunda Guerra y la consecuente derrota de la Horda a manos de la Alianza, Ala de la Muerte se refugió en la volcánica Blackrock Spire junto a otros dragones rebeldes. Blackrock Spire se convirtió en un fortín impenetrable para los humanos. Posteriormente, Neltharion, usando sus inmensos poderes, logró transmutarse en un humano que se hacía llamar Lord Prestor. Infiltrándose en la política de la Alianza, Lord Prestor logró apoderarse del trono de Alterac y penetrar dentro de la familia real de Lordaeron. Su plan era hacerse con el control de la ciudad estado de Alterac, la cual había quedado acéfala luego de la derrota de su malvado señor, el Baron Lord Perenolde, a manos de Uther Lightbringer. Utilizando sus inmensos poderes mentales, Lord Prestor había logrado ascender hasta los altos puestos de mando de la Alianza, pudiendo controlar incluso las decisiones del mismo Rey Terenas y del Kirin Tor, al punto que Terenas le prometió en matrimonio a su hija Calia Menethil, hermana mayor del joven Príncipe Arthas. Advertido por su sirviente, el oportunista goblin Kryll, logró enterarse del plan de Korialstrasz, por lo que, volviendo a su forma de dragón, salió en busca de Rhonin. Mientras tanto, el noble enano Falstad transportaba a Rhonin y Vereesa a través del Gran Mar, sobre el lomo del grifo de Falstad, Molok. Durante el vuelo, fueron nuevamente atacados por los dragones rojos de los orcos. Sorpresivamente, fueron rescatados por Ala de la Muerte. Mediante sus artimañas y manipulaciones, Ala de la Muerte secuestró a Rhonin, pues planeaba utilizarlo para deshacerse de los orcos, y así, el podría atacar a la dragona fácilmente y robar sus huevos. Vereesa y Falstad decidieron rescatar a Rhonin, pero fueron conducidos a una trampa elaborada por Kryll. Un trío de trolls, al mando del troll tuerto Shnel, emboscó a la elfa y al enano, pero para su fortuna, fueron rescatados por Rom y su banda de enanos, quienes habían sido enviados por Korialstrasz para ayudarlos en la batalla que se avecinaba. Entre tanto, Ala de la Muerte avisó a Nekros del inminente asalto de Rhonin y sus aliados, y lo convenció de movilizar a Alexstrasza y sus huevos hacia el despoblado, con el fin de apoderarse de ella más fácilmente. Justo en ese momento, Rhonin y sus compañeros iniciaban el ataque a Grim Batol. Aprovechando la confusión, Kryll, quien tenía sus propios planes para el Alma de Demonio, trató de robar el artefacto, sin embargo, no contaba con que Nekros había colocado a un enorme Golem de Fuego para vigilar el Alma de Demonio, y el desafortunado goblin fue incinerado. Sin embargo, Neltharion no contaba con la astucia de Korialstrasz. El Dragón Rojo había recobrado su forma bestial, y había reunido a los otros Aspectos, Nozdormu y Malygos, para rescatar a Alexstrasza. Sin embargo, los Aspectos eran demasiado débiles comparados con Ala de la Muerte, debido a que el Dragón Negro tenía sus poderes intactos, y además portaba su armadura de adamantium. Cuando todo parecía perdido, Rhonin logra derrotar a Nekros y a su Golem de Fuego utilizando un poderoso hechizo. Finalmente, el mago logra destruir el Alma de Demonio. Ahora, con sus poderes completos, los Aspectos logran derrotar a Ala de la Muerte. Alexstrasza, libre al fin, se reúne con su amado, y decide tomarse su revancha, reduciendo a cenizas la fortaleza de Grim Batol, con Nekros y su clan Dragonmaw dentro de ella. Los grandes planes de Nekros para reunificar la Horda bajo su mando han sido rotos. Los pocos dragones negros sobrevivientes, viendo a su líder perdido, se alejan hacia una distante tierra, al otro lado del mar, en busca de la más poderosa hija de Neltharion, Onixia… La derrota del clan Dragonmaw señala el fin de la Horda y de la furiosa sed de sangre de los orcos.
  14. Kil'Jaeden y el Pacto de Sombra Cerca del nacimiento de Medivh en Azeroth, Kil’jaeden el Engañador se sentó a meditar junto a sus seguidores en Twisting Nether. El astuto lord, siguiendo órdenes de su amo Sargeras, estaba planeando la segunda invasión de la Legión Ardiente en Azeroth. Esta vez no permitiría ningún error. Kil’jaeden pensó que necesitaría una nueva fuerza para debilitar a las fuerzas de las defensas de Azeroth antes de que la Legión pusiera un pie en el mundo. Si las razas mortales, como los elfos nocturnos y los dragones, se encontraban forzados a enfrentarse con una nueva amenaza, estarían demasiado débiles para oponer resistencia cuando la legión los invadiera. Fue en ese momento cuando Kil’jaeden descubrió al exuberante mundo de Draenor flotando apaciblemente dentro de la Gran Oscuridad. Hogar de los orcos-chamanes y de los pacíficos Draenei, Draenor era un lugar tan idílico como vasto. Los clanes orcos vagaban por las praderas abiertas y jugaban deportes, mientras que los inquisitivos draenei construían ciudades dentro de los altísimos picos y acantilados de allí. Kil’jaeden sabía que los habitantes de Draenor poseían un gran potencial para servir a la Legión Ardiente si recibían la instrucción apropiada. De las dos razas, Kil’jaeden observó que los guerreros orcos eran más susceptibles de ser corrompidos por la Legión. Entonces llamó la atención del chamán orco más anciano, Ner’zhul, de la misma manera que Sargeras lo había hecho con la Reina Azshara en tiempos pasados. Usando al astuto chamán como conducto, el demonio esparció el ansia de guerra y el salvajismo a través de los orcos. Al poco tiempo la raza se convirtió en un pueblo sediento de sangre. Kil’jaeden luego motivó a Ner’zhul y su gente para cumplir con el último paso: sacrificarse a sí mismos por entero a la persecución de la muerte y la guerra. Sin embargo, el viejo chamán, presintiendo que su pueblo resultaría esclavo del odio para siempre, logró resistirse a las órdenes del demonio. Frustrado por la resistencia de Ner’zhul, Kil’jaeden buscó otro orco que entregara a su gente a las garras de la Legión. El astuto lord finalmente encontró al discípulo obediente que buscaba en el aprendiz de Ner’zhul, Gul’dan. Kil’jaeden prometió a Gul’dan poder infinito a cambio de su completa obediencia. El joven orco se transformó en un estudiante ávido de poderes demoníacos y se convirtió en el hechicero mortal más poderoso de la historia. Enseñó a otros jóvenes orcos las artes antiguas, y luchó por erradicar las tradiciones chamanísticas de los orcos. Gul’dan introdujo a su raza en una nueva rama de la magia, un terrible poder que llevaría a la perdición. Kil’jaeden, buscando consolidar su control sobre los orcos, ayudó a Gul’dan a encontrar al Consejo de la Sombra, una secta secreta que manipulaba a los clanes y propagaba el uso de la magia a través de Draenor. A medida que más y más orcos comenzaban a manejar la hechicería, los suaves campos y ríos de Draenor comenzaron a desaparecer. Con el tiempo, las vastas praderas que los orcos habían llamado hogar durante generaciones se marchitaron, dejando en su lugar un baldío de tierra colorada. Las energías demoníacas estaban acabando con el mundo lentamente.
  15. El rescate de los Darkspear Los lugartenientes de Thrall le reportan que la mitad de la flota está perdida, y que la otra mitad está seriamente dañada. Thrall ordena construir una base en la isla, pues tomará cierto tiempo poner a punto la flota para continuar el viaje hacia Kalimdor. Uno de los chamanes de Thrall reporta que siente un extraño poder mágico alrededor del campamento. Usando su hechizo de Visión Lejana, Thrall descubre que Centinelas Guardianes han sido colocados alrededor de la zona donde la Horda ha desembarcado. En ese momento, un curandero troll de la isla llamado Sen´Jin, de la tribu Darkspear, aparece y advierte a Thrall de que unos invasores han establecido un puesto de observación al otro lado de la isla. Los Trolls han intentado vivir en paz, pero los invasores, humanos, los han cazado día y noche. Sin atenerse a esperar un ataque humano, Thrall ordena a una patrulla lidiar con cualquier tropa humana que se atreva a cruzar. Lo que Thrall y Sen´Jin no conocen es que estas tropas son marines reales de la nación marítima de la Alianza, Kul Tiras, al mando del Gran Almirante Daelin Proudmoore. Los Darkspear, una tribu de trolls de la jungla, fueron exiliados en esta isla luego de entrar en conflicto con sus hermanos los Gurubashi, quienes gobiernan en las vastas junglas del Valle de Strangletorn, en Azeroth, después de que los Darkspear se negaran a adorar al sanguinario dios Hakkar el Devorador de Almas. Después de ayudar a los Trolls a purificar una fuente de sanidad y defenderlos de los constantes ataques humanos, las fuerzas de Thrall inician el asedio del campamento de Kul Tiras. Mientras los humanos pelean valientemente, se ven sobrepasados por las fuerzas combinadas de orcos y trolls. Sin embargo, justo cuando la Horda está cerca de vencer a los humanos, ambos lados se ven atacados por un gran número de Murlocs acuáticos. Tomando a los humanos, orcos y trolls bajo su custodia, los Murlocs argumentan que la magia de Thrall no interferirá más con sus planes de “retomar la superficie”. Las criaturas acuáticas llevan a sus prisioneros a una red de cavernas profundas dentro de la isla. Thrall se encuentra prisionero en una mazmorra subterránea, separado de sus compañeros. Como él se pregunta el propósito de los Murlocs en capturarlo, un troll que se encuentra aprisionado junto con Thrall le explica que los Murlocs usualmente eran pacíficos, pero recientemente empezaron a capturar humanos y trolls para usarlos en sacrificios para su líder: una Bruja del Mar que amenazó con destruir la isla si los Murlocs no obedecían. Thrall no se intimida y utiliza su Rayo Luminoso para matar a los guardias y escapar de su celda. El y el troll salen a rescatar a sus compañeros. Después de abrirse camino a través de la prisión subterránea y recoger a todos los prisioneros que encuentran, Thrall y sus tropas finalmente llegan al salón del trono del hechicero Murloc que los ha aprisionado. Sin embargo, es demasiado tarde para salvar a Sen´Jin, que es brutalmente sacrificado por el hechicero como sacrificio para la Bruja del Mar. Consumido por su ira, Thrall derrota al hechicero y llega al lado del Sen´Jin moribundo. Con su último aliento, Sen´Jin le ruega a Thrall que guíe a los trolls hacia Kalimdor junto con el resto de la Horda, pues nunca podrán volver a vivir en paz en esta isla. Él asiente y extiende la oferta a los restantes Trolls, quienes acceden a formar parte de la Horda. En ese momento la voz de la Bruja del Mar hace eco dentro de la caverna, diciendo a los orcos que no escaparán tan fácilmente, luego de lo cual, las paredes de la caverna subterránea empiezan a colapsar, y los soldados de la Horda tiene que escapar hacia la superficie. Conforme las tropas de la Horda salen de la cueva, la Bruja del Mar aparece y los ataca por haber matado a sus sirvientes y profanado su santuario. Como compensación, ella tomará las vidas de orcos y trolls. Thrall ordena a la Bruja regresar a las profundidades y dejar la isla en paz. Sin embargo, la Bruja no lo escucha y se prepara para golpear el campamento de la Horda con sus tropas. Volviendo rápidamente a la base, Thrall pregunta por el estado de la reparación de los barcos. El capitán encargado del campo le dice que los barcos están casi terminados, pero en eso un volcán hace erupción y la isla completa empieza a hundirse. Thrall ordena defender los barcos a toda costa contra los Murlocs hasta que las reparaciones estén finalizadas y la Horda pueda continuar su viaje hacia Kalimdor. Durante los siguientes minutos, los peones trabajan frenéticamente para reparar los barcos mientras los guerreros restantes batallan contra la Bruja del Mar y los Murlocs. Finalmente, la reparación se completa y la Horda rápidamente evacua la isla y desaparece entre las ondas del mar. Conforme navegan hacia Kalimdor, la voz de la Bruja del Mar hace eco entre las olas, profetizando la destrucción de los habitantes de la superficie en manos de la raza acuática conocida como los Naga…
  16. El Monte Hyjal y el Obsequio de Illidan Los escasos elfos de la noche que sobrevivieron a la explosión se subieron a rústicas balsas y lentamente se dirigieron a la única masa de tierra visible. De algún modo, por la gracia de Elune, Malfurion, Tyrande y Cenarius sobrevivieron al Gran Cataclismo. Los maltrechos héroes guiaron a sus compañeros supervivientes y se establecieron en un nuevo lugar. Mientras viajaban en silencio, examinaron los restos de la catástrofe y comprendieron que sus pasiones habían sido la causa de la destrucción del planeta. Aunque Sargeras y su Legión habían sido aniquilados por la destrucción del Pozo, Malfurion y sus compañeros sobrevivieron para reflexionar sobre el terrible precio de la victoria. Por su parte, muchos Altonato salieron ilesos del cataclismo. Se dirigieron a las costas de la nueva tierra, junto con los otros elfos de la noche. Aunque Malfurion desconfiaba de los Altonato, estaba tranquilo porque no podían causar verdadero daño sin las energías del Pozo. Cuando los elfos de la noche arribaron a las costas de la nueva tierra, advirtieron que Hyjal, la montaña sagrada, había sobrevivido a la catástrofe. Con la intención de establecer un nuevo hogar para todos, Malfurion y los elfos de la noche subieron por las laderas del Monte Hyjal y llegaron a la cima azotada por el viento. Al descender en la boscosa hondonada, entre los enormes picos de las montañas encontraron un pequeño lago de aguas mansas. Aterrorizados, descubrieron que las aguas del lago estaban contaminadas por la magia. Illidan, que también había sobrevivido al Diluvio, había subido a la cima del Monte Hyjal mucho antes que Malfurion y sus elfos de la noche. En su locura por conservar un reducto para la magia en el mundo, Illidan volcó en el lago de la montaña el contenido de sus viales: las preciosas aguas del Pozo de la Eternidad. Las potentes energías del Pozo ardieron rápidamente y se fusionaron para crear un nuevo Pozo de la Eternidad. El exultante Illidan, que creía que el nuevo Pozo era un regalo para las futuras generaciones, se sorprendió al advertir la ira de Malfurion. Este explicó a su hermano que la magia era inherentemente caótica y que su uso conduciría inevitablemente a la propagación de la corrupción y la guerra. No obstante, Illidan se negó a renunciar a sus poderes mágicos. Conociendo de sobra hacia dónde conducirían los implacables planes de Illidan, Malfurion decidió neutralizar de una vez por todas a su hermano enloquecido por el poder. Con la ayuda de Cenarius, Malfurion encerró a Illidan en un gran túmulo subterráneo, en el que permanecería encadenado e impotente hasta el final de sus días. Para garantizar el confinamiento de su hermano, Malfurion encargó a la joven celadora Maiev Cantosombrío la tarea de vigilar personalmente a Illidan. Preocupado ante la certeza de que la destrucción del nuevo Pozo conllevaría una catástrofe aún mayor, los elfos de la noche decidieron dejarlo en su lugar. No obstante, Malfurion declaró que nadie volvería jamás a practicar las artes de la magia. Bajo la mirada atenta de Cenarius, empezaron a estudiar las antiguas artes de los druidas con el propósito de sanar el planeta herido y replantar sus bosques amados en la base del Monte Hyjal.
  17. El Misterio de los Creadores Para los humanos, el presente siempre ha sido más importante que el pasado. No dedican mucho tiempo a explorar sus orígenes. Por lo que a ellos respecta, siempre han estado allí. (Las razas más antiguas no pueden menos que alzar la ceja, incrédulos, ante semejante afirmación; pero incluso los elfos deben admitir que las tribus humanas estaban bien establecidas cuando las descubrieron por vez primera). Los enanos, en cambio, siempre se han mostrado curiosos acerca de su orígen. Sus más antiguas moradas y reliquias contienen pistas del mito de su origen, pero sólo su reciente llegada a Kalimdor permitió a los enanos contemplar el mosaico de sus fragmentadas leyendas en mayor perspectiva. Basándose en las dispersas ruinas que descubrieron en dicho continente, los enanos fueron creados, aparentemente, por una raza largo tiempo desaparecida, que gobernó el mundo cuando éste aún era joven. Esta posibilidad se puede antojar increíble, pues apenas responde un misterio mientras sugiere cientos nuevos. ¿Quiénes eran esta antigua raza? ¿Por qué fueron creados los enanos? ¿Qué esperaban estos “titanes” de su creación, y acaso ésta debería estar cumpliendo tal designio? ¿Cómo eran sus creadores y qué les ocurrió? ¿Cuándo desaparecieron, por qué dejaron atrás a los enanos? A pesar de las dudas generadas, la naturaleza práctica de los enanos no les permite mantener una devoción ciega en una raza progenitora, independientemente de lo fehacientes que puedan resultar las evidencias. Ellos sólo creen en las medidas, en las matemáticas y en el trabajo de sus propias manos. Más que medir el origen de su creación en términos de fe, los enanos se han embarcado en una colosal investigación de su pasado. Las pruebas que remiten a la existencia de estos titanes progenitores han despertado un poderoso interés en los enanos de Kalimdor. Ansían explorar el mundo que les rodea, buscando cualquier nueva pista en la medida que su tiempo y recursos lo permiten. Cualquier posible vestigio es estudiado, probado y traspasado a otro enano para su examinación. La información se apila, las teorías se prueban y comparten y la base de conocimiento crece, día a día. El Rey Magni Bronzebeard, del clan Bronzebeard, estableció por mandato la creación de la Liga de Exploradores, dedicada exclusivamente a investigar el Misterio de los Creadores. Esta Liga está, en la actualidad, dirigida por el Alto Explorador Magellas. Las otras razas contemplan los esfuerzos de los enanos reaccionando de todas las formas posibles: desde el más absoluto desconcierto, hasta la preocupación por esta avariciosa búsqueda de tesoros. Algunos se muestran tan curiosos como los propios enanos, mientras que otros sospechan que buscar misterios largo tiempo olvidados pueda despertar algún peligro primordial. TITANES Los titanes son una raza extremadamente poderosa, seres divinos que viajan por el cosmos llevando orden a los mundos. Los titanes, una raza creadora generalmente fría y distante, son sujeto de significativo estudio en Azeroth; al menos, por parte de los enanos. Su papel en la historia de Azeroth se remonta mucho, mucho tiempo atrás, aunque Sargeras, uno de los titanes más poderosos, ha tomado parte en los más recientes conflictos, con su Cruzada Ardiente. Aquí se presentan las estadísticas de las dos razas de titanes conocidas (Aesir y Vanir) y de los miembros del Panteón -líderes de los titanes y algunas de las más poderosas entidades del universo. Su aspecto es el de un humanoide gigantesco, de brillante piel metálica, y una perfección de forma que quita el aliento de quien los contempla. Los Titanes, también llamados Viajeros Muy poco se sabe acerca de los titanes, excepto por los pequeños vestigios que los enanos han desenterrado, y vagas referencias perdidas en el “folklore” de los elfos nocturnos. Algunos estudiosos ni siquiera creen que los maravillosos semidioses existieran realmente. La leyenda sostiene que los Grandes formaron las tierras cuando el mundo era joven, y, una vez creado, lo abandonaron a su propia suerte. Las ruinas y ciudades enterradas que aún hoy existen en Azeroth -Uldum bajo el desierto de Tanaris, Ulduar bajo los Picos Tormenta de Northrend y Uldaman bajo el hogar enano Khaz Modan- son conocidos por algunos como ruinas “titánicas”. La mayoría de mortales cree, sin embargo, que sólo se trata de antiguas ruinas. Se supone que existen dos tipos de titán, el Aesir, más fuerte, listo y ágil, y el Vanir, más duro y resistente, pero menos poderoso. Un estudioso ha postulado la teoría de que existe una sub-raza de titanes. No se tiene constancia de que ningún titan haya sido visto jamás (con la excepción, quizá, de Sargeras, como se narra en el mítico relato conocido como Aegwynn y la Caza de dragones), y se cree que viven allende las estrellas, donde, aún hoy en día, continúan su tarea de moldear nuevos mundos. Los Titanes, generalmente, creen que son invencibles. Participan en las más cruentas batallas usando sus más poderosas habilidades, o simplemente golpeando con sus destructivos puños. Los Titanes con esferas de poder bien definidas tienen un amplio repertorio de tácticas de combate, centrándose principalmente en los puntos fuertes de sus esferas. AESIR Los Aesir son gigantes de piel de platino que una vez moldearon los cielos y oceános. Su esfera de poder incluye la tormenta, el hielo y el agua. Son muy reservados, ocultándose de todo mortal, pues no desean alterar el delicado equilibrio de su evolución. Gigantes del Mar Sus vástagos directos son los gigantes de la montaña y los gigantes del mar, a quienes crearon para que les ayudaran a alcanzar las cotas más altas y las profundidades más oscuras del océano. Gigantes de la montaña Los vástagos de los Aesir: Los Gigantes del Mar y de la Montaña, respectivamente. VANIR Los Vanir son gigantes de piel de bronce, que una vez moldearon las montañas y las profundidades del mundo. Sus vástagos son los Earthen, a quienes crearon para que les ayudaran a excavar la dura tierra. Como se cuenta en los Discos de Norgannon, algunos de los primeros Earthen se desequilibraron, debido a las duras condiciones de trabajo, convirtiéndose en lo que hoy se conoce como Troggs. Miles de años después, los Earthen evolucionaron. Gigantes de la tierra Hoy en día, a estos Earthen evolucionados se los conoce como Enanos. Un fornido Earthen y un contemplativo Trogg, ejemplos de la estirpe de los Vanir. Como los Aesir, los Vanir tienden a mantenerse alejados de las criaturas mortales. LAS ESFERAS DE PODER Cada Titán cultivaba un interés específico que se relacionaba con elementos particulares o tipos de energía -esencialmente, algunos pequeños aspectos de la creación acerca de los cuales el Titán poseía cierto nivel de dominio. Los efectos de estos intereses aparecían principalmente en beneficios relacionados con el arte de la Fabricación y el Saber, pero las habilidades particulares de un titán en concreto podían reflejar también su interés particular. Los titanes se referían a esa parte de la creación en la que se centraban como “Esfera de Poder”. ALGUNOS TITANES CONOCIDOS La mayoría de Titanes conocidos provienen de la secta de élite gobernante conocida como el Panteón. Poco más se sabe de los nombres y características de los titanes, a parte de los siguientes: Sargeras Aman’Thul Eonar Norgannon Khaz’goroth Aggramar Golganneth CURIOSIDADES Los Titanes trajeron el concepto de Magia Rúnica al mundo. En las Leyendas Troll, se los conoce como los “Viajeros”. De acuerdo con algunos restos de estatuas en Uldaman, las cinco razas originales fueron Trolls, Earthen, Tauren y Gigentes de Montaña y Mar. Los Gigantes y los Earthen fueron creación directa de los titanes, para que les ayudaran en el modelado de Azeroth. Los Trolls y los Tauren, al parecer, fueron las primeras razas en evolucionar, probablemente bajo la influencia del Pozo de la Eternidad, pues no hay ninguna otra fuente que revele su posible origen. Los Dragones precedieron la llegada de los Trolls y los Tauren, pero no es seguro que precedieran también la llegada de los Titanes. De acuerdo con algunas fuentes, como la Enciclopedia Warcraft, se dice que los titanes no son dioses, aunque son más poderosos que algunos de los dioses hallados en Azeroth. Esto parece contradecir otras fuentes, pues la Trilogía del Pozo Solar o el RPG afirman que se trata de “dioses de los confines más alejados del cosmos”. Incluso menciones más antiguas de los titanes les otorgan títulos como “Patrones de Toda Vida”.
  18. El Despertar del Mundo y el Pozo de la Eternidad Hace aproximadamente diez mil años antes de la Primera Guerra entre Orcos y Humanos, el mundo de Azeroth se constituía en un solo continente, rodeado por el mar. La masa de tierra, conocida como Kalimdor, era el hogar de un sin número de razas y criaturas, todas luchando por sobrevivir sobre el salvaje mundo. En el oscuro centro del continente existía un misterioso lago de energías incandescentes. El lago, el cual más tarde sería llamado el Pozo de la Eternidad, era un verdadero corazón de magia y poder natural. Extrayendo sus energías desde la infinita Gran Oscuridad más allá del mundo, el Pozo actuaba como una fuente mística, enviando sus potentes energías a lo largo del mundo para que surgieran innumerables y maravillosas formas de vida. Con el tiempo, una primitiva tribu de humanoides de costumbres nocturnas precavidamente fue haciendo su camino hacia las riberas del lago encantado. Los nómadas humanoides, guiados por las extrañas energías del Pozo, construyeron sus hogares en las tranquilas riberas del lago. Con el tiempo, el cósmico poder del Pozo afectó a la tribu, haciéndola más fuerte, inteligente y virtualmente inmortal. La tribu adoptó el nombre Kaldorei, que significa “niños de las estrellas” en su lengua primitiva. Para celebrar su creciente sociedad, construyeron grandes palacios y templos alrededor del lago. Los Kaldorei, o Elfos Nocturnos, como serían llamados más tarde, adoraban a Elune, la diosa de la Luna, y creían que ella dormía en la profundidad del Pozo durante las horas del día. Los tempranos sacerdotes elfos estudiaban el Pozo con insaciable curiosidad, tratando de conocer sus intangibles secretos y poderes. Conforme su sociedad crecía, los elfos nocturnos exploraban Kalimdor para desenvolver sus misterios. Las únicas criaturas que les dieron pausa fueron los ancestrales y poderosos dragones. Las grandes bestias a menudo se comportaban reclusivos, y los elfos nocturnos descubrieron que los dragones se habían constituido en los protectores del mundo, por lo que era mejor que sus secretos no fueran revelados. El Pozo de la Eternidad fue la llave del verdadero avance y conocimiento de los Kaldorei. Mientras estudiaban las poderosas energías del Pozo, los Kaldorei fueron imbuidos con su poder, volviéndose prácticamente inmortales e inmunes al paso de los años, por sobre todas las criaturas de la tierra. Rápidamente aprendieron las energías del Pozo directamente. Habia comenzado el estudio de la magia arcana. Con el tiempo, la curiosidad de los elfos nocturnos los llevó a conocer a una serie de poderosas criaturas, pero la más interesante de todas fue Cenarius, un poderoso semidios de los bosques primigenios. El valiente, noble y atrevido Cenarius se mostró complacido con los inquisitivos elfos nocturnos y ocupó una gran cantidad de tiempo en enseñarles acerca del mundo natural. Los tranquilos Kaldorei desarrollaron una fuerte empatía por los vivientes bosques de Kalimdor y el armonioso balance de la naturaleza. Algunos Kaldorei creían que el uso abusivo de las magia arcana del Pozo podrían traer serias consecuencias, pero sus precavidas palabras fueron ignoradas por el resto de sus hermanos, quienes habían penetrado profundamente en el estudio de la magia. Los grandes hechiceros y magos construyeron hermosas ciudades, elaboraron impresionantes artefactos mágicos, y apacentaron el mundo de acuerdo a sus propias necesidades. Una de las más poderosas de las hechiceras Kaldorei se llamaba Aszhara, una mujer altatmente dotada que ansiaba el conocimiento de la magia arcana mucho más que cualquier otra criatura viva. Su conocimiento llegó a ser tan basto, que eventualmente los Kaldorei la coronaron como Reina de Kalimdor, y un inmenso y vetusto palacio le fue construido en las orillas del Pozo de la Eternidad. Con el paso de las eras, la civilización de los elfos nocturnos se expandió territorial y culturalmente. Sus templos, caminos y lugares de estudio se expandieron por el oscuro continente. Azshara, la hermosa y generosa reina de los elfos nocturnos escogió a sus servidores favoritos para sus enjoyados salones. Sus servidores, conocidos como los Quel´dorei o “Bien Nacidos” (Highborne), fueron dotados de todo poder y se creyeron mejores que el resto de sus hermanos. Su líder, Dath’Remar, fue nombrado alto concejal de la reina y rápidamente se hizo con el control político de a nación. Aunque la Reina Azshara era igualmente amada por todo el pueblo, los Bien Nacidos eran secretamente envidiados por el resto de los elfos nocturnos. Aún así, los Bien Nacidos empezaron a venerar a su reina como una diosa, y llamaron “la encarnación misma de Elune”. Esto los llevó a tener serias disputas con las sacerdotisas de la diosa Elune, cuyo templo se levantaba en las afueras de los sagrados Claros de la Luna, cerca del Santuario de Cenarius, y en especial, con la joven e impulsiva Alta Sacerdotisa, Tyrande Whisperwind. Imitando la curiosidad de los sacerdotes sobre el Pozo de la Eternidad, Azshara ordenó a los Bien Nacidos desentrañar sus secretos y revelar su verdadero propósito sobre el mundo. Los Bien Nacidos se sumergieron en su trabajo y estudiaron el Pozo concienzudamente. Con el tiempo desarrollaron la habilidad de manipular y controlar las cósmicas energías del Pozo. Conforme sus experimentos progresaban, los Bien Nacidos descubrieron que podían usar sus nuevos poderes para crear o destruir a su placer. Los ignorantes Bien Nacidos habían descubierto la magia primitiva y estaban resueltos a dedicarse exclusivamente a desenvolver sus misterios. Sin pensar que la magia podía ser peligrosa si no se usaba responsablemente, Azshara y sus Bien Nacidos empezaron a practicar sus encantos con evidente abandono. Cenarius y muchos de los letrados elfos nocturnos advirtieron que solamente calamidades podrían resultar si se jugaba con las claramente volátiles artes de la magia. Eventualmente, Azshara y sus seguidores continuaron expandiendo sus crecientes poderes. Conforme sus poderes crecían, un cambio distintivo empezó a ocurrir en Azshara y los Bien Nacidos. La clase alta comenzó a tornarse cruel y despreciativa con sus compañeros elfos nocturnos. Una oscura palidez cubrió la anterior belleza de Azshara. Ella comenzó a apartarse de sus amados súbditos y rechazar la interacción con cualquiera que no fueran sus sacerdotes Bien Nacidos. Esta terrible comunión tendría un terrible precio que pagar. Un joven erudito llamado Malfurion Stormrage, quien había ocupado mucho de su tiempo en estudiar las primitivas artes del druidismo junto a Cenarius, comenzó a sospechar que un terrible poder había corrompido a los Bien Nacidos y a su amada reina. Aunque no podía concebir de donde provenía este mal, sabía que las vidas de los elfos nocturnos cambiarían para siempre…
  19. El Consejo de las Sombras Como una fuerza elemental del caos y de la destrucción atravesamos como rayos las tierras de los Draenei devastando todo lo que nos encontrábamos al paso. No perdonamos una sola vida. Ningún edificio quedó en pie. Las únicas muestras de su existencia eran los campos empapados en sangre en que habían trabajado durante casi cinco mil años y el olor rancio y acre de las enormes hogueras victoriosas que acabaron con esos cuerpos jóvenes. Los Draenei eran tan débiles, que apenas merecían el esfuerzo de nuestra batida. Pero, en el fondo, incluso victorias tan simples como ésta sirven para poner en su sitio a los inferiores… Siempre ha sido así entre los de mi clase. Los poderosos pueden manipular fácilmente los instintos salvajes y brutales de las masas. El poder es la verdadera fuerza que dirige la gran máquina destructiva de la Horda. Aquellos que se creen en posesión de esta fuerza rodean a sus clanes con estandartes de violencia. Aunque sin un enemigo común, incluso los líderes de los clanes orcos se vuelven ciegamente unos contra otros. El hambre de destrucción prevalece entre los locos que dirigen la Horda; el poder y sólo el poder es lo único que se respeta sobre todas las cosas. Yo soy Gul’dan, el más grande de todos los brujos e iniciado en el séptimo círculo del Concejo Interior de las Sombras. Nadie conoce como yo la oscura fascinación del poder definitivo. En lo que se supone mi juventud, estudié las magias orcas con el chamán tribal de mi clan. Mi talento natural para encauzar las energías negativas y frías de la infla-dimensión oscura me situó de forma notable por delante del otros aprendices y sé que incluso Ner’zhul, el más grande de mis maestros, sintió celos de mí cuando mis habilidades crecieron. Mis aspiraciones fueron creciendo por encima de las de mis semejantes y maestros, ya que sabía que su visión estaba limitada por su devoción al avance de la Horda. A mi no me importaba en absoluto ni la Horda ni sus insignificantes dirigentes. No me importaba lo más mínimo este mundo que dominábamos por completo. Tan sólo tenía en mente la oportunidad de comprender los misterios laberínticos de la Gran oscuridad. Había comenzado a explorar en secreto las energías mucho más allá de lo que cualquiera de mis “tutores” podría comprender jamás. Fue entonces cuando descubrí la existencia de un inmenso poder: el demonio Kil’jaeden Me admiraba su furia sin corazón. Presenciar esta energía tan asombrosa era como ser engullido por un todo. En las fugaces y febriles pesadillas que me provocó, toqué la esencia de lo que había en el Más Allá. Se formó dentro de mí un ansia insondable, el deseo de manejar la furia de las etéreas tormentas y salir ileso del corazón yaciente de los soles. Bajo la tutela de Kil’jaeden, me di cuenta de lo limitado que había sido mi entendimiento. Se me revelaron historias inimaginables de antiguas razas de demonios y dimensiones mágicas esenciales. Comprendí que existían mundos infinitos, dispersos en la oscuridad más allá del cielo, mundos hacia los que dirigiría la Horda como sólo alguien de mi talento podía hacerlo. Aunque permanecí con mi gente en el mundo oscuro y rojo de los Draenei, pronto aprendí a proyectarme hacia las profundidades de la infla-dimensión oscura, volviéndome casi loco por el caos susurrante que contiene. Aunque podía significar mi muerte, me sentía irresistiblemente atraído a continuar con mi estado hasta que finalmente desligado de mi existencia corpórea, comprendí los susurros. Fue entonces cuando hablé por primera vez con los muertos… La devoción a los ancestros ha sido durante mucho tiempo el corazón de la religión orca. Casi toda la Horda creía que nuestros ancestros muertos nos observaban y guiaban desde las profundidades de algún reino perdido del caos. Yo pensaba que esta noción era sólo un producto del ritual y no de la realidad. En el interior de la infla-dimensión oscura descubrí que los espíritus de los muertos permanecían flotando en vientos astrales entre dos mundos. Entendí que vigilaban en silencio y por siempre a los clanes con la esperanza de encontrar algún medio de escape de ese tormento sin vida. Supe entonces que esos espíritus de la muerte podrían ser una herramienta muy útil para aquél que los sometiese a su voluntad. Los años pasaron. Mi aprendizaje bajo Kil’jaeden me permitió convertirme en un de los brujos más poderosos de los últimos tiempos y era respetado como líder en la Horda, pero como siempre, empezaron a surgir tensiones entre los clanes. La destrucción de los Draenei no dejó nada con que alimentar a la gran bestia de la guerra. Después de siglos de violencia y guerras, habíamos conquistado finalmente todo nuestro mundo. Sin ningún enemigo más que aplastar y sin tierras que conquistar, los clanes cayeron en un estado de total anarquía. Disputas sin importancia entre los clanes terminaron en batallas en campo abierto y a derramamientos de sangre masivos. Aquellos líderes que intentaban asumir la posición de señores eran asesinados por las legiones hambrientas de la despiadada Horda. Supe que era el momento de reclamar el manto de poder que durante tanto tiempo se me había negado. Pronto reuní a los pocos brujos que habían mostrado una chispa de pasión y habían intentado acabar con las insignificantes peleas entre clanes. Les enseñé el significado de la muerte, guiándolos en rituales secretos y enseñándolos a comunicarse con los espíritus de la infla-dimensión oscura. Aquellos que fueron incapaces de canalizar la energía fueron destruidos. Tiempo después se forjó un pacto entre los miembros de nuestro círculo y aquellos espíritus oscuros cuya energía habíamos aprendido a invocar. Utilizaría mi posición entre los brujos para moldear los pensamientos de otros mientras que, cubiertos por un velo de secreto, ellos serían inmunes a los caprichos de las masas sedientas de sangre. Y fue así como se creo el Consejo de la sombra. Pocos meses después, el Consejo de la sombra tenía en sus manos todos los asuntos políticos de importancia dentro de la Horda. No ocurría nada en la Horda de lo que no estuviésemos al tanto y muchos acontecimientos tuvieron lugar por designio nuestro, realizados con tal astucia que ni los líderes de los clanes se daban cuenta de nuestras manipulaciones. Antes de medio año, habíamos asumido casi todo el control de los asuntos internos de la Horda. Pero más allá de nuestras secretas maquinaciones surgía amenazante la silenciosa y ominosa sombra del demonio Kil’jaeden. Con la intención de ampliar nuestros recursos mágicos abrí una escuela de disciplinas mágicas que se conoció como Nigromancia. Comenzamos a entrenar a jóvenes brujos en los misterios arcanos de la vida y la muerte. De nuevo y con el tiempo, bajo la mirada del demonio Kil’jaeden, estos nuevos necrólitas adquirieron, tras indagar en las artes oscuras, el poder para animar y controlar los cuerpos de muertos recientes. Cada victoria, cada éxito, me conducía a un vacío que no podía llenar. Empecé a darme cuenta que el Consejo de la sombra sólo servía para mis propósitos hasta cierto punto y que si quería convertirme en el verdadero heraldo de nuestro destino necesitaría un poder aún mayor.
  20. El Azote de Lordaeron “La hoja no solo desgarra la carne, sino que carcome el alma. El que blanda la hoja, blandirá también una maldición” El misterioso Profeta, volando en forma de cuervo, llega a los cuarteles generales de la Alianza en la Ciudad Capital de Lordaeron, donde el Rey Terenas y los embajadores de la Alianza discuten acerca de los recientes levantamientos orcos y la aparición de una extraña plaga en las tierras del norte. Allí, advierte sobre el peligro de la inminente invasión demoníaca y urge a la Alianza de viajar hacia el oeste, a Kalimdor, pero Terenas y el Concejo de la Alianza desacuerdan con él. Desilusionado, el Profeta parte en busca de algún otro que escuche la advertencia para salvar a la humanidad. Varios días después, el Príncipe Arthas, hijo de Terenas y su heredero al trono de Lordaeron, llega cerca del sureño poblado de Strahnbrad, enviado para ayudar al legendario Uther el Portador de la Luz, su maestro, a prevenir el asalto de los Orcos del clan Blackrock sobre Strahnbrad. Luego de lidiar con los orcos en la villa, Arthas se entera de que estos han capturado algunos pobladores y los han ejecutado en una especie de ritual demoníaco. Treinta minutos después, en la base de Uther, Arthas descubre que los negociadores de Uther han sido asesinados por los orcos, por lo que Uther lo asigna para dirigir el ataque sobre el campamento enemigo, mientras Uther contiene los contraataques. En su camino hacia la base orca, Arthas se encuentra con una banda de enanos dirigida por Feranor Steeltoe, una cazador de Dragones Negros, quien se encuentra tras la pista de un Draco llamado Searinox que habita cerca del área. El corazón de la bestia posee un encanto mágico que puede beneficiar a su armamento. Arthas decide matar al dragón y robar su corazón, con el cual Feranor elabora un poderoso orbe de fuego que mágicamente coloca en el martillo del paladín. Esta vez, Arthas lanza sus fuerzas contra el campamento Blackrock. Conforme Arthas se aproxima a la base, el Blademaster del clan Blackrock ejecuta a sus rehenes con el propósito de conjurar a sus amos demonios. Las fuerzas de la Alianza rápidamente se deshacen de los orcos, pero Arthas y Uther se encuentran profundamente preocupados por la ceremonia. Deciden regresar a la Ciudad Capital. Dos semanas después, en los jardines de la Ciudadela Violeta de Dalaran, el gran Archimago Antonidas intercambia argumentos con el Profeta. Al igual que el rey Terenas, Antonidas rechaza las advertencias del Profeta, pues no cree la historia de este. Luego de que el Profeta desaparece en su forma de cuervo, Jaina Proudmoore aparece y se disculpa por espiar a su maestro. Antonidas asigna a Jaina investigar acerca de la fuente de la plaga de las tierras del norte de Lordaeron, y le dice que le ha conseguido un aliado especial. Tres días después, Arthas y sus hombres esperan en el cruzo de caminos de Alterac. Jaina aparece y lucha con un par de orcos mediante la invocación de un elemental de agua. Después de intercambiar saludos, ambos héroes acuerdan viajar hacia el norte a lo largo del Camino del Rey, buscando pistas del origen de la plaga. Llegan a la villa de Brill, donde son informados de la destrucción del puente que comunica con el otro lado del pueblo. Dando un rodeo por los vados del río, al norte, se enfrentan con algunos Murlocs de río y una banda de ladrones Bloodhills, y se dirigen hacia una fuente mística al oeste. Al acercarse a Brill, encuentran a algunos soldados luchando contra bandas de esqueletos vivientes. La villa entera ha enloquecido. Siguiendo hacia el sur, encuentran un granero infectado con la plaga, bajo el cual la tierra se ha ennegrecido y secado, como si estuviera muerta. Temiendo que el grano esté infectado, destruyen el granero y se adentran más en el pueblo, solamente para enfrentarse nuevamente con otros grupos de esqueletos. Ayudados por un par de sacerdotes Altos Elfos y un equipo mortero enano, se aproximan hasta el centro de Brill, donde se hallan con un extraño hechicero vestido de negro, ayudado por algunos acólitos, que se encuentran cerca de un almacén de granos infectado. Mientras el nigromante escapa, Arthas y Jaina se enfrentan a los voraces necrófagos, más guerreros esqueletos y una abominación. Vencidos y destruido el granero, Arthas y Jaina deciden seguir al hechicero hacia Andorhal y averiguar, de una vez por todas, el origen de la plaga. Al aproximarse a Andorhal, al día siguiente, las tropas de Alianza descubren un campamento de muertos vivientes en las afueras de la ciudad, por lo que montan asedio al mismo. Una vez dentro de Andorhal, Arthas se encuentra nuevamente con el nigromante, que no es otro que Kel’thuzad, quien advierte a los jóvenes acerca del Azote y del Señor del Terror, Mal’Ganis, comandante del mismo, cuyo propósito es erradicar a todos los seres vivos de Lordaeron. Mal’Ganis tiene su base en la ciudad de Stratholme, y ha retado a Arthas a buscarlo y luchar con él. El grano plagado ha sido distribuido entre los pueblos del norte de Lordaeron. Siguiendo a Kel’thuzad hacia el exterior de la ciudad, Arthas finalmente logra matar a Kel’thuzad, quien sombríamente pronuncia el Azote de Lordaeron. Profundamente turbados, Arthas y Jaina se dirigen a Stratholme. Temprano la mañana siguiente, se aproximana a la villa de Hearthglen, sobre el camino a Stratholme. Allí se enteran de que la marcha del Azote ha iniciado, y un vasto ejército de muertos vivientes se dirige a la ciudad. Arthas pide a Jaina que busque a Lord Uther mientras el defiende Hearthglen. Casi de inmedianto, enormes masas de muertos vivientes, necrófagos, zombis, abominaciones, nigromantes, dirigidos por escalofriantes liches esqueléticos. Para empeorar las cosas, una caravana del Azote, transportando grano con la plaga, ataca las diversas villas cercanas, aumentando las filas del ejército de muertos con cada golpe. Después de brutales combates donde el poder de la Luz logra sostener la voluntad y fuerzas de las tropas de Arthas, Uther y Jaina llegan a Hearthglen, y con ellos, los Caballeros de la Orden de la Mano de Plata. Vencido el ejército de los malditos, Uther felicita a Arthas por su tenaz resistencia, pero el príncipe se encuentra encolerizado por los actos del Azote, y parte hacia Stratholme para enfrentarse a Mal’Ganis. Uther y Jaina parten tras el héroe, en parte para lidiar con el Azote, pero también para vigilar al rápidamente deteriorado paladín. Horas después, sobre el camino a Stratholme, Arthas se topa con el Profeta, quien le implora que es su deber guiar a su pueblo hacia Kalimdor, ya que Lordaeron no puede ser salvado. Arthas acusa de locura al Profeta, y éste finalmente se va. Jaina, quien ha observado la escena desde la invisibilidad, se materializa y trata de convercer a Arthas acerca de la sensatez de las palabras del Profeta, pero Arthas se niega a abandonar su patria, y ambos parten hacia Stratholme. A la mañana siguiente, en las afueras de la ciudad, bajo un oscuro cielo lluvioso, Arthas descubre que los habitantes de Stratholme ya se encuentran infectados por la plaga, y decide que la ciudad entera debe ser sometida a una purga. Uther y Jaina se horrorizan ante la sola idea de la masacre, y el noble paladin se niega a realizar tan vil acción. Furioso, Arthas acusa a Uther de traidor y le suspende de sus servicios como paladín. Jaina decide darle la espalda y partir con Uther, pues no puede observar a Arthas realizar la matanza. Mientras Arthas se prepara para ingresar a la ciudad, Mal’Ganis aparece y reta a Arthas, mientras transforma a los inocentes pobladores en muertos vivientes, engrosando cada vez más su ejército. Entre las horribles garras del demonio y la cólera del príncipe, los pobres ciudadanos de Stratholme hayan una muerte segura. Finalmente, ambos rivales se encuentran cara a cara, pero Mal’Ganis, lejos de enfrentarlo, lo reta a seguirlo a las heladas tierras de Northrend, donde hallará su verdadero destino. El Señor del Terror desaparece y Arthas jura perseguirlo hasta el fin del mundo. Tres días después, entre las ruinas de Stratholme, Uther y Jaina descubren la horrible carnicería. Casi la totalidad de la población ha sido asesinada, y la ciudad arde en llamas. Uther demanda a Jaina el paradero de Arthas, y ella, luego de pensarlo un poco, revela los planes del Príncipe. Uther parte hacia Lordaeron a informar a Terenas de los actos de su hijo. Una vez que Jaina queda sola, el Profeta aparece nuevamente. Es a ella la que corresponde, ahora, tomar la vara de la esperanza para toda la humanidad y viajar hacia Kalimdor, donde podrá resistir el ataque de la Sombra que cae sobre el mundo. Un mes después, en la helada costa de la Bahía Daggercap, en Northrend, las fuerzas de Arthas desembarcan sobre el frío continente. El príncipe ordena la movilización hacia el interior para establecer una base antes de iniciar la caza de Mal’Ganis. Abriéndose camino entre los territorios de los trolls Gundrak de hielo, Arthas se encuentra con un grupo de enanos, la Hermandad de Exploradores de Ironforge, dirigida por su viejo amigo y maestro Muradin Bronzebearb. Artrapados en Northrend, el avance de las fuerzas del Azote ha dividido al grupo, por lo que Muradin acuerda con Arthas el rescate de sus camaradas, mientras el valiente enano el asistirá en el combate contra el Señor del Terror. Las fuerzas de Arthas y Muradin combaten contra las bases del Azote y rescatan a los enanos. Aunque no encuentran rastro de Mal’Ganis, las tropas de la Alianza deciden establecer su base primaria en la zona. Muradin explica a su amigo Arthas que los enanos se encuentran en Northrend tras la pista de una legendaria espada conocida como Frostmourne, pero mientras más se acercaban a la gruta donde se oculta la espada, más muertos vivientes les salen al paso. Intrigado por la misteriosa arma, Arthas decide ayudar a Muradin en la búsqueda de Frostmourne. Unos pocos días después, mientras Arthas y Muradin se hallan en una misión de exploración, un emisario del Rey Terenas informa al capitán del campamento acerca de que el rey Terenas, a instancias a Lord Uther, ha decidido suspender la expedición. La flota tiene orden de regresar a Lordaeron. Sin embargo, los ejércitos de los muertos vivientes han tomado todos los caminos de regreso a la costa, por lo que las tropas, jubilosas por volvera a casa, tendrán que abrirse paso entre los bosques para llegar a sus barcos. Enterado de la intromisión de Uther en sus planes, Arthas decide hundir los barcos antes de que sus hombres puedan hacerse a la mar. Aunque Muradin se sorprende de la pobre capacidad de juicio del príncipe, decide ayudar a su amigo en el sabotaje de las naves. Ayudados por un grupo de mercenarios trolls y ogros (contratado forzosamente contra el gusto del propio Arthas), se abren paso entre las tropas de los muertos vivientes y algunos puestos de guerra nerubians, para finalmente llegar a la costa y quemar los barcos de la Alianza. En ese momento, los hombres de Arthas llegan, pero el príncipe, aprovechando la situación, culpa a los mercenarios y ordena a sus hombres asesinarlos. Los mercenarios tienen un sangriento final, y Arthas ordena a sus hombres regresar a sus puestos: ninguno regresará a casa hasta que la misión esté completa. Al día siguiente, Muradin reprocha a Arthas sus engaños y actitudes poco honorables, pero el príncipe justifica sus actos de venganza en la destrucción provocada por el Azote en Lordaeron. En ese momento, Mal’Ganis reaparece y reta a Arthas nuevamente. Las fuerzas del Azote han rodeado completamente el campamento y se preparan para atacar. Como un último esfuerzo, Arthas y Muradin se lanzan en búsqueda de Frostmourne, la única esperanza contra el poder de Mal’Ganis. Mientras el Capitán defiende la base, Arthas y Muradin penetran en la oscuridad de la cueva. Luego de algunas vicisitudes, finalmente llegan a la Cámara de la Espada, donde un Guardián, un Revenante de hielo, protege la entrada. El Revenante advierte de la peligrosidad del arma, pero Arthas ignora la advertencia y destruye al Revenante. Con su último aliento, el Revenante le dice que lo estaba protegiendo a él de la espada. Dentro de la Cámara, Arthas y Muradin hallan a Frostmourne, la cual flota en un bloque de hielo. El pedestal de la espada reza una antigua maldición: “La hoja no solo desgarra la carne, sino que carcome el espíritu”. A pesar de que Muradin trata de convencerlo de volver y dejar la espada, Arthas siente que no tiene elección. Invocando a los oscuros espíritus de la Cámara, rompe el bloque de hielo y libera a Frostmourne, lo cual que cuesta la vida a Muradin, atravesado por una estalactita durante la explosión. Arthas tira el martillo de la luz y toma la espada. Su destino se ha sellado finalmente. Devuelta en el campamento, la situación es desesperada. Las fuerzas de los muertos vivientes casi han derrotado al Capitán y sus tropas, pero la llegada de Arthas con Frostmourne vuelca totalmente la situación. Las fuerzas de Arthas dejan una estela de destrucción a su paso hacia la Fortaleza de Draktharon. Destruida la última base de resistencia de Mal’Ganis, el Señor del Terror emerge y se encara con Arthas por última vez. Mal’Ganis nota que Arthas tiene a Frostmourne a expensas de las vidas de sus camaradas. La voz del Rey Lich habla a su cabeza, y para sorpresa del Señor del Terror, el esclavizado Arthas lanza un golpe fatal sobre Mal’Ganis. Su venganza está consumada. Atormentado por la enloquecedora voz de Ner’zhul, Arthas vaga por los helados parajes de Northrend, perdiendo los últimos vestigios de su cordura. Tiempo después, bajo la dirección de su nuevo amo, el Rey Lich, Arthas vuelve a la ciudad capítal de Lordaeron. Aunque los ciudadanos celebran el regreso de su héroe, Arthas penetra en la Cámara del trono, y en un acto vil y terrible, asesina a su propio padre. Ahora, como nuevo rey de Lordaeron, Arthas entrega su reino al Azote, y la caída final de la Alianza ha empezado.
  21. De Sangre y Honor Mientras las fuerzas de la Alianza discutían acerca de los próximos pasos a tomar en contra de la naciente nueva Horda, la mayoría de los ciudadanos de Lordaeron se entregaban a una vida libre de las pestes de la guerra y la destrucción. Algunos soldados, famosos por sus hazañas durante las Guerras Orcas, fueron premiados con tierras o riqueza material. Uno de estos soldados fue Tirion Fordring, un paladín de la Mano de Plata que, por sus grandes actos al servicio de la Alianza, fue nombrado señor de la ciudadela de Mardenholde, en las afueras de Stratholme. Tirion llevaba una vida apacible y distendida a la par de su esposa, Karanda, y su hijo de cinco años, Taelan. Un día que Tirion exploraba las afueras de Mardenholde, se encontró con un viejo orco que vivía como ermitaño. Los dos inmediatamente se lanzaron a la batalla, y en la intensidad de la misma, llegaron hasta una vieja torre abandonada. Mientras combatían, una parte de la torre se desplomó sobre Tirion y lo dejó inconsciente. Días después despertó para descubrirse durmiendo en su cama, y se enteró de que había sido encontrado inconsciente vagando sobre su caballo, Mirador, por su ambicioso segundo al mando, Bartilas. Tirion se sentía tremendamente confundido, porque después de valorar todas las posibilidades, el único que había podido subirlo de nuevo al caballo, era el orco. Sin embargo, durante su sueño, Bartilas había dado la advertencia de que los orcos se preparaban para golpear la cercana villa de Hearthglen. Una vez repuesto, Tirion regresó a la torre abandonada, donde halló nuevamente al orco. Este dijo llamarse Eitrigg y le narró una impresionante e incompresible historia, en la cual los orcos, muchos años antes de invadir Azeroth, habían vivido en una sociedad noble basada en los principios del chamanismo. Durante la guerra, Eitrigg había desertado de la Horda al comprobar cuán viciosa y destructiva se había vuelto. Para Tirion aquello era algo que estaba más allá de su imaginación. Sintiendo gran honor en el viejo orco, le prometió guardar en secreto su existencia. De regreso a Stratholme, Tirion informó al pueblo que no existía ninguna amenaza orca, pero Bartilas, aprovechando la situación llamó al patrón de Stratholme, Salden Dathroham, quien organizó una partida de cazadores y salieron en busca de los orcos. Al único que hallaron fue a Eitrigg. Cuando Tirion observa la captura de Eitrigg, inmediatamente cae en una profunda depresión y a la vez enojo, por lo que atacó a los guardias de la Alianza. Bartilas inmediatamente lo acusó de traición. Tirion fue llamado a Stratholme para probar su lealtad. A pesar de los ruegos de Karandra para que olvidara su honor y dijera lo que la corte quería oir, Tirion le dijo que era su deber de paladín decir la verdad y darle así un buen ejemplo a su hijo. Tirion narró a la corte los hechos tal como sucedieron. La corte decidió que, aunque sus intenciones eran justas, había atacado a soldados de la Alianza, por lo que, para evitar su ejecución, resolvieron expulsarlo de la Mano de Plata y condenarlo al exilio. Fue enviado a Lordaeron, donde Uther Lightbringer en persona le desnudó de sus poderes como paladín y le ordenó volver a Manderholde para prepararse para el exilio. Lo pero de todo era que la corte de Stratholme, a instancias del malvado Bartilas, había decidido que Eitrigg sería condenado a muerte por crímenes de guerra. Esa noche, Tirion decidió cumplir con la promesa hecha a Eitrigg, por lo que, ensillando a Mirador, viajó a Stratholme decidido a salvar al orco. Mientras Eitrigg subía la escalinata donde sería colgado, sus verdugos se vieron repentinamente sorprendidos por el ataque del expaladín. En ese momento, la ciudad se vio repentinamente atacada por una enorme ola de orcos, que crearon tal confusión, que los guardias de la Alianza se vieron obligados a defenderla, lo que permitió a Tirion y a Eitrigg escapar. Una vez a salvo en el bosque, Tirion se da cuenta que Eitrigg se encuentra mal herido y agonizante. Sin poder hacer mayor cosa, invoca el poder de la Luz para sanarlo, como una última esperanza. Sorpresivamente y a pesar de que sus poderes le habían sido arrebatados, la Luz, que conoce la bondad de los verdaderos corazones nobles, responde a su llamado y Eitrigg es salvado. Casi de inmediato, ambos se ven rodeados por orcos. Uno en especial, montado sobre una hermosa loba blanca, portando una esplendorosa armadura negra y plateada, se acerca a Eitrigg y le ofrece reintegrarse a la Horda, que ha reiniciado un proceso de redescubrimiento de sus tradiciones chamanísticas. Eitrigg no duda en aceptar. Entonces, Thrall, el nuevo Señor de la Guerra de la Horda, saluda a Tirion y los guerreros parten. Tirion, que bien pudo acabar muerto a manos de los orcos, regresa a Manderholde al lado de su familia. Su hijo Taelan, a la edad de veinte años, ingresará a la orden de la Mano de Plata como paladín. Tirion está feliz de saber que su hijo ha aprendido que su hijo, y él también, han aprendido una valiosa lección de sangre y honor.
  22. Arathor y las guerras de los trolls Mientras los elfos superiores luchaban por sus vidas en la batalla contra los trolls, las dispersas tribus nómadas de los humanos de Lordaeron luchaban para consolidar sus propias tierras. Las tribus humanas se atacaron entre sí, sin tener en cuenta la posibilidad de unificación racial o de honor. Sin embargo, una tribu conocida como Arathi, comprendió que los trolls se estaban convirtiendo en una amenaza demasiado grande como para ignorar. Los Arathi deseaban unir a todas las tribus bajo su mando de manera que pudieran luchar juntos contra los ejércitos de los trolls. En el curso de seis años, los astutos Arathi vencieron a las tribus rivales. Luego de cada victoria ellos ofrecían la paz y la igualdad a los pueblos conquistados; así, se ganaron la lealtad de aquellos que habían vencido. Eventualmente los Arathi llegaron a integrar muchas tribus dispares, y las filas de su ejército crecieron. Confiados en que podrían defenderse contra los ejércitos de los trolls e incluso contra los de los elfos si era necesario, los generales de los Arathi decidieron construir una poderosa fortaleza en las regiones meridionales de Lordaeron. La ciudad-estado, llamada Strom, se convirtió en la capital de la nación Arathi, Arathor. A medida que Arathor prosperaba, los humanos de todo el vasto continente viajaban al sur, hacia la protección y seguridad de Strom. Unidos bajo un único estandarte, las tribus humanas desarrollaron una cultura fuerte y optimista. Thoradin, el rey de Arathor, sabía que los misteriosos elfos de las tierras del norte estaban bajo el constante asedio de los trolls, pero se negaban a arriesgar la seguridad de su pueblo en defensa de forasteros solitarios. Pasaron muchos meses mientras llegaban desde el norte rumores de la supuesta derrota de los elfos. Sólo cuando los agotados embajadores de Quel’Thalas llegaron a Strom, Thoradin comprendió cuán grande era la amenaza de los trolls. Los elfos informaron a Thoradin que los ejércitos trolls eran enormes y que una vez que los trolls destruyeran Quel’Thalas, seguirían su ataque hacia las tierras del sur. Los desesperados elfos, en extrema necesidad de ayuda militar, aceptaron enseñar magia a algunos humanos seleccionados a cambio de su ayuda contra sus enemigos. Thoradin, desconfiando de toda magia, aceptó ayudar a los elfos. Casi de inmediato, los hechiceros elfos llegaron a Arathor y comenzaron a instruir a un grupo de humanos en las artes mágicas. Los elfos descubrieron que, aunque los humanos eran torpes por naturaleza en su manejo de la magia, poseían una afinidad natural para ella. Cien hombres aprendieron las bases de los secretos mágicos de los elfos: no más de lo que era necesario para combatir a los trolls. Convencidos de que sus estudiantes humanos estaban preparados para ayudar en la lucha, los elfos dejaron Strom y viajaron al norte junto con las poderosas armadas del rey Thoradin. Los ejércitos de los elfos y humanos se enfrentaron contra las terribles armadas de los trolls al pie de las montañas Alterac. La batalla duró varios días, pero los incansables soldados de Arathor nunca se rindieron frente a los violentos ataques de los trolls. Los lores elfos estimaron que había llegado el momento de liberar el poder de su magia sobre el enemigo. Los cien magos humanos y una multitud de hechiceros elfos invocaron la ira de los cielos y arrasaron con los ejércitos de los trolls. Los fuegos elementales evitaron que los trolls pudieran regenerar sus heridas y quemaron sus formas golpeadas desde dentro hacia fuera. Aunque los ejércitos de los trolls intentaron huir, las armadas de Thoradin los persiguieron hasta que matar a todos sus soldados. Los trolls nunca se recuperarían de su derrota, y la historia nunca más contemplaría su levantamiento como nación. Seguros de la seguridad de Quel’Thalas, los elfos hicieron un pacto de lealtad y amistad con la nación Arathor y con el linaje de su rey, Thoradin. Los elfos y los humanos guardarían relaciones amistosas durante las eras venideras.
  23. Antiguos dioses, Orden de Azeroth y Dragones Los Titanes comenzaron pasando de mundo a mundo dando forma y ordenando cada planeta que consideraran oportuno. A lo largo de su viaje sucedió un pequeño mundo, el cual sus habitantes lo nombrarían como Azeroth. Como los Titanes hicieron su camino a través del paisaje primordial, encontraron un número de seres hostiles, los elementales. Estos, que servían a una raza de seres conocidos como los antiguos Dioses, se comprometieron a expulsar a los Titanes y mantener inviolable su mundo de los toques metálicos de los invasores. El ejercito de los Antiguos Dioses estuvieron encabezados por los más poderosos de los tenientes elementales: Ragnaros, Therazane, Al`akir y Neptulon. Sus caóticas fuerzas hicieron estragos en toda la faz del mundo y se enfrentaron a los colosales Titanes. A pesar de que los elementales eran poderosos más allá de la comprensión mortal, sus fuerzas no pudieron detener a los poderosos Titanes y uno por uno los lideres elementales fueron derrotados, desterrados a un plano abisal donde se sostienen el uno con el otro para toda la eternidad. En este punto sus fuerzas sus fuerzas fueron dispersadas. Con los elementales desterrados, la naturaleza tranquila y el mundo asentado en una pacífica armonía los Titanes vieron que la amenaza fue contenida y se pusieron a trabajar. Lo primero que hicieron fue habilitar una serie de razas. Para ayudarles a trazar el insondable mundo cavernoso debajo de la tierra los Titanes crearon el enano como el ser mágico de la tierra, que viven de la piedra. Para ayudarles a levantar la tierra desde el mar los Titanes crearon el inmenso pero suave mar de gigantes. En el centro del continente, elaboraron un lago de energía centelleante al cual llamaron Pozo de la eternidad. Este iba a ser la fuente de la vida para el mundo, los árboles, los monstruos, y criaturas de todo tipo comenzaron a prosperar en el continente primordial. Como el crepúsculo cayó en el último día de sus labores, los Titanes llamaron al continente Kalimdor “Tierra de la Eterna Luz de Estrella”. Convencidos de que el pequeño mundo se había ordenado y que su trabajo se había hecho, los Titanes se disponían a abandonar Azeroth. Sin embargo, antes de que partieran, se encargó la especie más grande del mundo con la tarea de velar por Kalimdor a fin de cualquier amenaza para su perfecta tranquilidad. En esa era había muchos Dragones. Aman'Tul, el Alto Padre del Panteón, otorgó una parte de su energía cósmica a la enorme dragón de bronce, Nozdormu conocido como el atemporal Uno. Guardia del tiempo, de la suerte y del destino. Eonar, el Titán patrón de toda la vida, dio parte de su poder al rojo Leviatán, Alexstrasza que trabajará para salvaguardar todas las criaturas vivientes del mundo. Debido a su suprema sabiduría y compasión por toda la vida fue coronado como el Rey de los dragones y fue dado el dominio sobre su especie. Eonar también otorgo parte de su poder a la hermana menor de Alexstrasza, Ysera dragón verde con influencia en la naturaleza. Ysera cayó en un trance eterno, obligada a despertar el sueño de la Creación. Conocida como la soñadora, guardaba el significado de los sueños. Norgannon, maestro mago, que concederá al dragón azul Malygos, una parte de su gran poder. A partir de entonces Malygos sería conocido como la guardiana de la magia oculta y arcana. Khaz'Goroth, el falsificador del mundo, otorgó parte de su poder al negro Wyrm Neltharion al cual dio el dominio sobre la tierra y los profundos lugares del mundo. Él encarna la fuerza del mundo y sirve como Alexstrasza. Así facultados, los cinco dragones estarían en la defensa del mundo con la ausencia de los Titanes. Con los dragones dispuestos a salvaguardar su creación, los Titanes dejaron atrás Azeroth para siempre. Lamentablemente todos sabemos que solo es cuestión de tiempo antes de que las cosas empiecen a cambiar.
  24. El Portal Oscuro y la caída de Ventormenta Mientras Kil’jaeden preparaba a la Horda para su invasión de Azeroth, Medivh continuaba luchando por su alma contra Sargeras. El rey Llane, noble monarca de Ventormenta, recelaba de la oscuridad que parecía contaminar el espíritu de su nuevo amigo El rey Llane compartió sus preocupaciones con Anduin Lothar, el último descendiente de la línea de sangre arathi, a quien nombró su lugarteniente. Aun así, ningún hombre podía imaginar que el lento descenso de Medivh hacia la locura causaría los horrores que estaban por llegar.Como incentivo final, Sargeras prometió otorgar un gran poder a Gul’dan si accedía a conducir la Horda a Azeroth. A través de Medivh, Sargeras dijo al brujo que se podía convertir en un dios viviente si localizaba la tumba sumergida donde la guardiana Aegwynn había colocado el cuerpo inútil de Sargeras hacía casi mil años. Gul’dan accedió y decidió que, una vez que los moradores de Azeroth fueran derrotados, localizaría la legendaria tumba y reclamaría su recompensa. Persuadido de que la Horda serviría a sus propósitos, Sargeras ordenó que comenzara la invasión.Mediante un esfuerzo conjunto, Medivh y los brujos del Consejo de la Sombra lograron abrir la puerta dimensional conocida como Portal Oscuro. Este portal unía la distancia que mediaba entre Azeroth y Draenor y era suficientemente extenso como para que los ejércitos atravesaran su interior. Gul’dan envió exploradores orcos a través del portal para supervisar las tierras que habrían de conquistar. Al regresar, los exploradores aseguraron al Consejo de la Sombra que el mundo de Azeroth estaba listo para ser conquistado.Aun convencido de que la corrupción de Gul’dan destruiría a su gente, Durotan habló una vez más en contra de los brujos. El valiente guerrero afirmó que los brujos estaban destruyendo la pureza del espíritu orco y que esta insensata invasión sería su condena. Gul’dan, que no estaba dispuesto a acabar con un héroe tan popular, envió a Durotan y a su clan Lobo Gélido hacia los confines de este nuevo mundo. Una vez que los exiliados Lobo Gélido arremetieron contra el portal, solo unos pocos clanes orcos les siguieron. Dichos orcos montaron rápidamente una base de operaciones dentro de La Ciénaga Negra, un área oscura e insana situada en el extremo oriental del reino de Ventormenta. Cuando los orcos comenzaron a dividirse y a explorar nuevas tierras, entraron directamente en conflicto con los defensores humanos de Ventormenta.Si bien estas escaramuzas solían acabar rápidamente, ilustran en gran medida las debilidades y los poderes de ambas especies rivales. Llane y Lothar nunca lograron reunir datos ciertos sobre el número de los orcos y solo podían suponer la magnitud de la fuerza con la que se enfrentaban.Transcurridos algunos años, la mayor parte de los orcos se habían introducido en Azeroth, por lo que Gul’dan consideró que había llegado el momento de asestar el primer golpe contra la humanidad. La Horda lanzó toda su fuerza contra el desprevenido reino de Ventormenta.Cuando las fuerzas de Azeroth y la Horda se enfrentaron por todo el reino, los conflictos internos comenzaron a cobrar su peaje en ambos ejércitos. El rey Llane, que creía que sus bestiales orcos eran incapaces de conquistar Azeroth, desdeñosamente mantuvo su posición en su capital de Ventormenta. Sin embargo, Lothar se convenció de que la batalla debía plantearse directamente al enemigo y se vio obligado a escoger entre sus propias convicciones y su lealtad al rey.Decidido a seguir sus propios instintos, Lothar asaltó la torre-fortaleza de Karazhan de Medivh con la ayuda del joven aprendiz de zahorí Khadgar. Khadgar y Lothar lograron derrotar al guardián poseído, que consideraron la fuente del conflicto.Sin darse cuenta, al acabar con el cuerpo de Medivh, Lothar y el joven aprendiz desterraron el espíritu de Sargeras al abismo. Como consecuencia de ello, el espíritu puro y virtuoso de Medivh pudo vivir… permitiéndose deambular por el plano astral durante muchos años.Aunque Medivh había sido derrotado, la Horda continuó dominando a los defensores de Ventormenta. Cuando la victoria de la Horda parecía cercana, Orgrim Martillo Maldito, uno de los jefes orcos más grandes, empezó a comprobar por sí mismo la terrible corrupción que se había extendido entre los clanes desde su existencia en Draenor.Su viejo camarada, Durotan, regresó del exilio y le previno una vez más contra la traición de Gul’dan. Reaccionando rápidamente, los asesinos de Gul’dan acabaron con Durotan y su familia, dejando con vida únicamente a su hijo. Martillo Maldito no supo que el hijo de Durotan fue encontrado por el oficial humano Aedelas Lodonegro y que fue hecho esclavo.Un día, este niño orco llegaría a convertirse en el líder más grande que vería su pueblo.Indignado por la muerte de Durotan, Orgrim intentó liberar a la Horda de la corrupción demoníaca y, finalmente, asumió el rol de jefe de la Horda, eliminando a la marioneta corrupta de Gul’dan, Puño Negro. Bajo su decisivo liderazgo, la implacable Horda finalmente puso sitio al Castillo de Ventormenta.El rey Llane había subestimado en gran medida el poder de la Horda y pudo observar inerme cómo su reino caía ante los invasores de piel verde. Finalmente, el rey Llane fue asesinado por uno de los asesinos más hábiles del Consejo de la Sombra: el medio orco Garona.Lothar y sus guerreros, regresando a casa desde Karazhan, tenían la intención de contener la pérdida de vidas y salvar su otrora glorioso hogar. Pero regresaron demasiado tarde y encontraron su amado reino convertido en humeantes ruinas. La Horda de orcos continuó asolando el país y reclamando la propiedad de las tierras circundantes. Obligados a ocultarse, Lothar y sus compañeros hicieron un solemne juramento para reclamar su patria natal a cualquier precio.
  25. La Alianza de Lordaeron Lothar reunio los restos de los ejercitos de Azeroth tras su derrota en el Castillo de Ventormenta y luego puso un exodo masivo por mar hacia el norteño reino de Lordaeron. Convencido de que si no se controlaba a la Horda, esta derrotaría a toda la humanidad. Los lideres de las siete naciones humanas se reunieron y acordaron unir esfuerzos en lo que se conoceria como la Alianza de Lordaeron. Por primera vez en prácticamente 3.000 años, las naciones separadas del antaño Reino de Arathor, estaban unidas una vez mas bajo el mismo estandarte. Nombrado Comandante mayor de las Fuerzas Aliadas, Lord Lothar preparo sus ejercitos para hacer frente a la llegada de la Horda. Ayudado por sus lugartenientes, Uther the Lightbringer, Daelin Proudmoore y Turalyon. Lothar fue capaz de convencer a las razas semi-humanas de Lordaeron de la inminente amenaza. La alianza obtuvo el apoyo de los estoicos enanos de Forjaz y un pequeño grupo de Elfos Nobles (Quel’Dorei) del Reino de Quel’Thalas. Los elfos dirigidos por Anasterian Caminante del Sol, no estaban interesados en modo alguno en el conflicto que se aproximaba. Sin embargo, estaban dispuestos a ayudar a Lothar, ya que se trataba del ultimo descendiente de la linea de sangre Arathi. Que habia ayudado a los elfos en el pasado. La Horda, ahora dirigida por el Jefe de Guerra Orgrimm Doomhammer, trajo ogros procedentes de Draenor y recluto a los trolls Amani, procedentes de los bosques al sur de Quel’Thalas. Comprometidos en una campaña masiva para borrar el reino enano de Khaz Modan y los limites sureños de Lordaeron, la Horda diezmo casi sin esfuerzo cualquier clase de oposición. Las epicas batallas de la Segunda Guerra desde escaramuzas navales a gran escala hasta ataques aereos masivos. De alguna manera, la Horda logro desenterrar un poderoso artefacto conocido como “El alma del Demonio” (Demon Soul) y lo utilizo para esclavizar a Alexstrasza, antigua Reina de los Dragones, amenazando con destruir sus preciosos huevos, la Horda obligo a Alexstrasza a enviar a sus hijos mayores a la guerra. Los nobles dragones rojos fueron obligados a luchar por la horda y eso es lo que hicieron. La guerra rugio a traves de los continentes de Khaz Modan, Lordaeron y el propio Azeroth. Como parte de su campaña en el norte, la Horda consiguió incendiar las tierras fronterizas de Quel’Thalas y, de esta manera, se aseguraron el compromiso final de los elfos a la causa de la Alianza. Las ciudades y los pueblos mas grandes de Lordaeron quedaron destruidos y devastados por el conflicto. A pesar de la ausencia de refuerzos y de que todas las probabilidades estaban en contra, Lothar y sus aliados lograron mantener a sus enemigos a raya. Sin embargo, durante los dias finales de la Segunda Guerra, cuando la victoria de la Horda parecia casi garantizada. Una terrible contienda surgio entre los dos orcos mas poderosos de Azeroth. Cuando Doomhammer preparaba su asalto final a la capital de Lordaeron, un asalto que seguramente habria de destruir las ultimas reservas de la Alianza. Gul’dan y sus seguidores abandonaron sus puestos y marcharon hacia el mar. El perplejo Doomhammer habiendo perdido prácticamente la mitad de sus fuerzas a causa de la traicion de Gul’dan, se vio obligado a retroceder y olvidar, la posibilidad de obtener la mayor victoria contra la Alianza. Gul’dan hambriento de poder y obsesionado con convertirse en un dios, se lanzo a la carrera desesperada para llegar hasta la Tumba sumergida de Sargeras, que creia que guardaba los secretos de un gran poder. Habiendo condenado a sus compañeros orcos a convertirse en esclavos de la Legion Ardiente. Gul’dan consideraba que no le debia nada a Doomhammer. Con el apoyo de los clanes Cazatormentas (Stormreavers) y Martillo Crepuscular (Twilight Hammer), Gul’dan logro extraer la Tumba de Sargeras del lecho marino, sin embargo, cuando abrio la antigua e inundada boveda, solo hallo demonios enloquecidos que lo aguardaban con la intencion de castigar a los desobedientes orcos por su costosa traicion. Doomhammer envio a sus fuerzas para acabar con Gul’dan y traer a los renegados de vuelta al redil. Por su imprudencia Gul’dan fue destrozado por los demonios que habia liberado. Con su lider muerto, los clanes rebeldes cayeron rapidamente antes las enfurecidas legiones de Doomhammer. Aunque la rebelión habia sido aplastada, la Horda fue incapaz de recuperarse de las terribles perdidas que habia sufrido. La traicion de Gul’dan no solo permitio que la Alianza renovase sus esperanzas, sino que le habia concedido tiempo para reagruparse y contraatacar. Lothar viendo que la Horda estaba fracturada desde dentro, empujo a Doomhamer hacia el sur, obligandolo a internarse en el destruido corazon de Ventormenta. Alli, las fuerzas de la Alianza, atraparon a la Horda en retirada. Dentro de la fortaleza Cumbre de Roca Negra, aunque Lord Lothar cayo en la batalla en la base de la cumbre, su lugarteniente Turalyon volvio a reunir a las fuerzas de la Alianza en la hora mas critica y empujo nuevamente a la Horda al abismo del Pantano de las Penas. Las fuerzas de Turalyon lograron destruir el Portal Oscuro, la puerta mistica que conectaba a los orcos con su hogar de Draenor, sin posibilidades de obtener refuezos y fracturada por las luchas internas. La horda finalmente se derrumbo y sucumbio al poder de la Alianza. Los dispersos clanes orcos fueron rapidamente rodeados y conducidos a campos de internamiento vigilados. Aunque parecia que la Horda habia sido derrotada para siempre, algunos fueron muy escepticos acerca de la posibilidad de la paz, Kadghar, convertido en un Archimago de renombre, persuadio al alto mando de la Alianza para que construyera la Fortaleza de Nethergarde, que vigilaria las ruinas del portal oscuro y garantizaria que no se produjeran futuras invasiones procedentes de Draenor.

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