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Un fin para todas las cosas

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Un fin para todas las cosas

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"El orgullo nos cegara,

y el olvido de nuestra mente se apoderara.

Los insignes guardianes bajaremos la guardia,

y de clemencia ellos no se regodiaran.

Envuelto en Caos despertara el primero,

tambores de guerra anunciaran su llegada.

Heraldo de la locura, heraldo del final,

más la derrota le esperara.

Otro despertara,

Dios de la Muerte y criatura del mil rostros,

nadie lo aguardara.

Otra victoria sobre los olvidados se perpetrara,

más nadie sospechara

que ya no queda vuelta atras..."

 

Korialtrasz.

Indice

Prologo

Los Ojos de la Madre Tierra

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-


Offrol

¡ANOTACIÓN!

Cabe destacar que si bien esto esta tildado de evento, en realidad sera una serie de roles a largo plazo los cuales desembocaran en algo mayor. Constara de distintas partes y en ocasiones, siquiera sera un rol puntual acordado mediante post, sino que más casual al ser algo completamente global a excepción de ciertos hechos que si constaran de su post correspondiente, como sera el caso del futuro evento de "Los Ojos de la Madre Tierra", que forman parte de toda la trama de "Un fin para todas las cosas".

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Prologo

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La noche estaba al caer sobre aquel paramo desértico; el sol ya casi se ponía por completo entre las montañas, como si intentara enajenarse de la macabra ceremonia que tenia lugar entre las dunas. Esa misma que el viento había intentado evitar soplando con furia, levantando torbellinos y arrastrando un sinfín de pequeños granos de arena que a tal velocidad parecían sentirse como miles de pequeñas garras que buscaban desgarrar el rostro y cualquier otro miembro descubierto de aquellos cultistas, quienes ya llevaban un par de meses excavando dentro de las ruinas de un viejo reino caído en el olvido buscando encontrar algo entre las montañas de piedra.

Varias figuras ataviadas en togas oscuras se hallaban arrodilladas ante él, algunos con ambas manos apoyadas sobre el suelo y otros sujetando diversos estandartes que relucían ante el tenue brillo de las antinaturales llamas violeta que ardían en torno al cuerpo magullado del gigantesco ogro. La sangre reseca mezclada con el polvo y la tierra que le recubrían no dejaba entrever posibilidad alguna de que este siguiera con vida. ¡Incluso era un milagro que su cuerpo estuviera intacto! O al menos, parte de este… Varios de sus miembros se hallaban pulverizados gracias al peso de las innumerables piedras que cayeron sobre él y para algunos aquella criatura no era más que un amasijo de carne sin vida. Y aun así, los cultistas a su alrededor parecían celebrar su muerte, entonando siniestros canticos en que alababan su sacrificio luego de hallar el inminente final para su vida y es porque para ellos, esto parecía tener más importancia que toda la labor que realizara cuando aun se hallaba entre los vivos.

Todos entonaban canticos y alabanzas, todos excepto una figura recubierta por unas togas negras, en la cual se vislumbraban formas ondulantes recubiertas por escamas oscuras en torno a los hombros y brazos. Así como también al final de las mangas y los costados de la falda de su indumentaria. Él era distinto al resto en todos los sentidos y su expresión indiferente le impedía a los demás poder adivinar sus pensamientos e ideas, aunque bien sabia que de poco les serviría conocerlas pues seguirían sirviéndole gustosamente. Para él, aquellos cultistas no eran más que herramientas para un fin mucho mayor y en cierta forma, llegaba incluso a sentir pena por lo estúpidos que podían llegar a ser los mortales, al ser seres tan simples y banales, cuyas mentes podían ser moldeadas con una facilidad asombrosa si se empleaban las palabras adecuadas.

Un muerto viviente se acerco a la única figura silenciosa, sin siquiera dirigirle la mirada a los ojos. Le extendió un libro tan pronto como se inclino y agacho su cabeza, absolutamente sumiso.

“Para vos, mi señor…” – Dijo con su voz gutural el renegado.

La figura cogió el libro y sin agregar palabra alguna, comenzó a abrirse paso entre los cultistas. Algunos levantaron su mirada, otros la mantuvieron agachada, pero todos comenzaron a silenciar sus voces a medida que la figura se adelantaba hacia el cadáver del ogro, bañándose con la luz del moribundo sol durante el crepúsculo, despidiendo uno que otro destello efervescente desde las escamas que adornaban su indumentaria. Cuando finalmente se hizo un absoluto silencio, el aparente señor ya estaba ante el cuerpo sin vida de su nueva marioneta y de aquellas que aun poseían un corazón latente en su interior.

“Cuando el sol comience a desfallecer, el crepúsculo sobre esta tierra ha de caer…” – Murmuro la figura, abriendo el tomo que le había entregado el renegado, dejándolo reposar sobre su mano izquierda, mientras que llevaba la derecha hacia uno de los braseros y tomaba un puñado de cenizas, sin importar el calor de las llamas.

Ante la atenta mirada de los cultistas, el oscuro señor arrojo las cenizas sobre el cadáver, provocando que este humeara en cosa de segundos y luego, empezara a ser consumido por las llamas de manera repentina justo cuando el sol se escondía por completo tras las montañas y un destello violáceo escapaba del horizonte en apenas un parpadeo, culminando el crepúsculo y comenzando la noche. Seguidamente, la figura comenzó a pronunciar una serie de palabras en un idioma ininteligible para nadie; un idioma olvidado hacia mucho tiempo, pero que milenios atrás, en los albores del mundo, predomino sobre la faz de un caótico Azeroth.

De pronto, las llamas se apagaron y no solo las del cadáver del ogro, sino también las de los braseros. Todo se torno oscuro en cuanto el manto de la noche se apodero de los alrededores hasta que un rugido volvió a iluminar los braseros con el solo sonido de su voz, seguido de un quejido. Atónitos, algunos cultistas retrocedieron un paso o dos, completamente atemorizados por la imagen frente a ellos: el gigantesco ogro se había despertado, pero no era aquello lo que despertaba el temor en sus corazones. Sino el como aquella delgada figura mantenía su mano derecha hacia el ogro, quien se sujetaba sus dos cabezas como si un terrible dolor le aquejara.

“Aun con sus poderes, eres solo un mortal. Carne y hueso. Vuélvelo a olvidar y recurriré a otro para concretar tu tarea” – Hablo con una voz severa y mucho más profunda de lo que podría imaginarse de una figura tan estilizada y de aparente rasgos elficos. Luego, descendió su mano con un brusco movimiento y el ogro cayo de rodillas al suelo, jadeante.

“Yo…” – Pronuncio humillada una de las cabezas. – “Nosotros… hemos nacido para servirles.”

Una sonrisa de satisfacción curvo los labios de la oscura figura. Así es como todos debían de estar para él: arrodillados y sumisos, gustosos de aceptar su ingrato destino como seres mortales.

“Entonces prepara a los tuyos, ogro. Pues los ojos de Azeroth se hallan puestos en el norte y no en el futuro…”

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Los Ojos de la Madre Tierra

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"Vagando por los campos de la aurora, los hijos de la tierra escucharon los oscuros murmullos procedentes de debajo del mundo. Estos murmullos enseñaron a estas criaturas las artes de la guerra y el engaño. Muchos de los Shu'halo cayeron bajo el influjo de la sombra y decidieron abrazar la malicia y la perversidad. Cambiaron el sino de sus hermanos de alma pura y su inocencia quedó a la deriva, marchando sobre las planicies.

La Madre Tierra, con el corazón dolido por las dificultades que atravesaban sus hijos, no pudo resistir la contemplación de su caída. En su dolor, se arrancó los ojos y estos salieron disparados hacia los infinitos y estrellados cielos. An'she y Mu'sha, en el intento de aplacar la tristeza del otro, apenas pudieron perseguir el tenue brillo del otro a través del cielo. En cada giro del mundo, los gemelos aún se persiguen mutuamente.

Aun privada de la vista, la Madre Tierra no podía apartarse durante mucho tiempo del mundo de su corazón. Permanecía atenta al sonido del viento y escuchaba los sonidos de todo ser viviente que habitaba los campos de la aurora. Su gran corazón siempre estuvo con sus hijos y su amorosa sabiduría nunca los abandonó.

Mito de El Dolor de la Madre Tierra"

La oscuridad le tenia rendido sobre la tierra, absolutamente doblegado. Habían pasado varias semanas desde que fuese tomado por sorpresa y capturado, pero siquiera entonces esperaba poder terminar y descubrir lo que había descubierto hasta entonces. La historia de su pueblo siempre se había resguardado en la forma de mitos, pero nunca había quedado una prueba tangible de si todo lo que en ellos se dictaba era una realidad absoluta o parte de la misma estaba decorada con el misticismo de cada relato y, sin embargo, desde que se hallaba bajo el poder de aquellos oscuros hombres y mujeres que solo acataban las ordenes de un tal Malekith o como otros le llamaban simplemente: el Señor Crepuscular. Muln comenzaba a despejar toda duda de su mente...

"¿Ya los oyes, chamán?" - Había oído decir al llamado Señor Crepuscular con un tono indolente en medio de sus delirios, dentro del sueño en que era retenido. - "¿Oyes sus voces? ¿Las de ellos y la de la ira que esperan desatar sobre esta tierra; tu amada Madre Tierra?"

Por entonces, Muln habría deseado poderle responder. Tener incluso las fuerzas para poder sujetarlo de su pequeño cuello y rompérselo con un simple apretón; pero siquiera el formidable espíritu de la tierra era capaz de otorgarle su fortaleza. Ni el agua la lucidez que tanto anhelaba en esos momentos. En cambio, solo se limitaba a oírle tanto a él, como a aquellas incomprensibles voces que resonaban en su cabeza con voces profundas y tenebrosas, que en ocasiones hablaban su idioma y en otras, en un idioma completamente ininteligible. Pero lo peor no era aquello, lo peor era el silencio de los elementos. Nunca antes los había visto tan... temerosos. Nada más bastaba que dichos espíritus o seres de oscuridad dijeran una sola palabra, para que todos los elementos por igual se acallaran de una vez por todas; ¿Como era posible? Él no lo sabia. Y era eso lo que infundía cierto temor en su corazón, aquel incomodo silencio y la sensación de que esos espíritus sombríos eran capaces de poder leer todos y cada uno de sus pensamientos, incluso la visión que le había llevado a terminar en ese momento, pero que profetizaba el regreso de un conocimiento tan importante, como antiguo, para los suyos, que cambiaria el curso de la historia no solo de sus hermanos, sino del propio universo que les rodeaba. Pero... ¿y si ellos lo sabían? Si era como temía, solo una pregunta cruzaba su mente... ¿intentarían evitar que toda visión se cumpliera, de esta ir contra sus planes?

Y así la duda permaneció en su cabeza, día tras día, noche tras noche, siempre incapaz de hallar una respuesta clara mientras era y fuera mantenido en ese extraño cautiverio que le mantenía en un limbo constante, cual balanza nivelada que cada extremo sujetaba una parte de si mismo, intentando evitar que una se viniera abajo y pudiera ponerle fin a todo...

Calendario: 5 de Abril - 19:00h España

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