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La Rebelión de los Zandalari

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Los días en que los grandes imperios trol se extendían por toda la antigua Kalimdor pertenecen a un pasado lejano. Milenios de guerra y conflictos internos han despojado a estas naciones de su poder, de sus tierras y de su gloria. Mientras Azeroth se recupera de la destrucción del Cataclismo, los pueblos de trols repartidos por el mundo se enfrentan a un futuro incierto. Estos tiempos oscuros han incitado a tomar medidas drásticas a los trols Zandalar, la tribu históricamente conocida por su sabiduría y sus conocimientos que dio origen a todos los demás trols. Se han embarcado en una audaz cruzada para salvar su raza intentando unificar a los trols en un único y poderoso imperio. Con la ayuda de los Zandalari, los pueblos Gurubashi y Amani se aprontan a reconstruir Zul'Gurub y Zul'Aman, sus capitales caídas, con el fin de reforzar sus ejércitos para lanzar una sangrienta campaña y expandir sus territorios.

Sin embargo, Vol'jin y sus trols Lanza Negra no están del lado de los Zandalari. Han jurado lealtad a sus camaradas de la Horda e incluso han considerado buscar ayuda en la Alianza si los trols desataran una nueva guerra en Azeroth. Pronto, Vol'jin podría verse obligado a cumplir su promesa ya que, si dejan a los Gurubashi y a los Amani a sus anchas, el mundo volverá a conocer la fuerza y el salvajismo legendarios de los antiguos imperios trol...

Prologo.png.12e48c4c1df57ec835c9de95c470f175.png

[Zuldazar] El Rey y el Profeta

[Reinos del Este] La Voz del Comercio - Extrañas naves en la costa

[Durotar] Grito de Guerra - Extrañas naves en la costa

[Kalimdor] La Voz del Comercio - Extrañas naves en la costa

[Tierras Fantasma] Visitas inesperadas

[Islas del Eco] El Llamado

[Durotar] El Jefe de Guerra

Mensajero dirigido a Volrath

[Reino de Quel'Thalas] El General-Forestal

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[Cabo de Tuercespina] Asaltos en la costa

[Durotar - Islas del Eco] La Llamada de los Lanza Negra

[Vega de Tuercespina] El Señor de Sangre Mandokir

[Norte de la Vega de Tuercespina] El Castigo de los Sangrapellejo

[Pantano de las Penas] El Dios de Sangre

[Pantano de las Penas] Asalto a la Avanzada Marea Pantanosa

[Norte de la Vega de Tuercespina] Una segunda oportunidad

[Cabo de Tuercespina] El Vudú

[Cabo de Tuercespina] Esclavitud

[Cabo de Tuercespina] La amenaza de Grom'gol

[Ciudad de Ventormenta] Despertando al León

[Reino de Ventormenta] El Orgullo de Lothar - Disparos en la bahía

[Reino de Ventormenta] El Orgullo de Lothar - Amenaza trol en el sur

[Ciudad de Ventormenta] Las garras del león

[Reino de Ventormenta] El Orgullo de Lothar - ¡Ventormenta te necesita!

[Norte de la Vega de Tuercespina] La Guarida de Mai'Zoth

[Norte de la Vega de Tuercespina] La Batalla del Valle Deforestado

[Zul'Gurub] El Asalto a Zul'Gurub

[Epilogo - Gloria] La derrota de los Gurubashi

[Epilogo - Gloria] Consecuencias y Resoluciones

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[Bosque Canción Eterna] Eclipse - Luces y sombras

[Tierras del Interior] Encrucijada - La Promesa de los Amani

[Ciudad de Lunargenta] La Sombra de Kith'ix - Luces y sombras

[Tierras del Interior] Encrucijada - Provocaciones

[Tierras del Interior] Encrucijada - El Dios Aguila, Akil'zon

[Reino de Forjaz] La Tribuna de Forjaz - Escaramuzas en Tierras del Interior

[Reino de Ventormenta] El Orgullo de Lothar - Incursiones trol en Tierras del Interior

[Tierras Fantasmas] La Sombra de Kith'ix - La Aguja Estrella del Alba

[Ciudad de Lunargenta] La Sombra de Kith'ix - La Sangre de Kith'ix

[Zul'Aman] La Sombra de Kith'ix - El Secreto de Zul'Aman

[Bosque Canción Eterna] Invasión - La Invasión Amani

Cartas entregadas a Redyan, Elawen y Alathen

[Bosque Canción Eterna] Invasión - Los Colosos Zandalari

[Dalaran] Los Hijos de Lunargenta

Carta dirigida a Lady Lyriah Windriel

Carta dirigida al Capitán-Caballero Kethrian Dawnblade

Carta al Rey Varian Wrynn de Ventormenta

[Reino de Ventormenta] El Asedio de Quel'Thalas

[Bosque Canción Eterna] El Dios Lince, Halazzi

[Tierras de la Peste del Este] La Vanguardia de Plata

[Bosque Canción Eterna] El Asalto a Tor'Watha

[Epilogo - Venganza] Un pueblo dividido

[Epilogo] Dudosa lealtad

[Epilogo] La Promesa del Rey del Trueno

[Epilogo - Venganza] Consecuencias y resoluciones

Spoiler

Y tras estos últimos días con diversas noticias y guiños, se desvela el próximo suceso lore en el servidor. No obstante, contrario a eventos anteriores, este ira avanzando de forma progresiva hasta llegar al evento mayor. Esto quiere decir que en los siguientes días, según que sucesos vayan ocurriendo, iré poniéndome en contacto con algunos personajes correspondientes a ciertas organizaciones o razas que se vayan viendo involucradas en los hechos relacionados con el evento mayor.

Sin embargo, y para no dar sitio a confusiones, una vez se de comienzo ya a los hechos principales o de mayor envergadura, obviamente se abrirán sus respectivos post, enviaran misivas, entre otros. El evento en si, como ha ido ocurriendo desde el principio hasta este momento, va de menos a más.

Desde ya, y aunque el evento esta en proceso, agradezco a todos quienes han participado hasta el momento y se han interesado en el mismo. Espero puedan disfrutarlo tanto como lo fue el idearlo ;)

 

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Epilogo - Gloria

La derrota de los Gurubashi

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El crepitar de las llamas de los braseros era el único sonido que inundaba los oídos del Profeta Oscuro durante esa fatídica noche. Las noticias de lo acontecido en Zul’Gurub habían llegado por parte de sus zandalari, para luego ser confirmadas por aquellos sobrevivientes que habían logrado rescatar. Sobre la mesa de piedra tallada con diversos relieves detrás de él, se encontraban repartidos diversos pergaminos y mapas antiguos. Algunos tantos que describían la forma original de Kalimdor y lo que había sido el alcance del tan añorado Imperio Trol que gracias a Vol’jin continuaba siendo un simple sueño en la mente de muchos.

"Déjame buhca’lo, P’ofeta ohcuro. Dejame hace’ lo que ni Jin’do, ni Mandokir pudieron." – Escucho decir Zul a Mar’li, la suma sacerdotisa de Shadra y la nueva líder de los Gurubashi designada por él para ocuparse de los remanentes de su tribu. – "Vol’jin y loh Lanza Neg’a pagaran po’ lo que han hecho."

"La lucha de Jin’do y Mandokir, Mar’li, ya no es tu lucha." – Respondió con un tono templado el profeta oscuro de los Zandalari. – "Y te aconsejo no desoír mi consejo. Tus predecesores subestimaron a Vol’jin y actuaron creyendo ser mejores estrategas que nosotros, los Zandalari, buscando manipular al enemigo que rompió nuestro hogar en dos."

Zul se giro hacia la mesa, desviando su mirada de la oscura silueta continental de la Vega de Tuercespina en medio de la noche, y observo a Mar’li fijamente a los ojos según hablabla.

"Los Gurubashi cayeron por ser victimas de su propio orgullo. Se creyeron ganadores y capaces de mucho, cuando Zul’Gurub aun tenia murallas por reconstruirse tras el cataclismo. En su afán de gloria, se dejaron llevar por un falso sentimiento de victoria que enardeció sus espíritus, pero cego sus ojos a la verdad y Vol’jin les probo que la invitación de los Lanza Negra a este imperio, estaba más que merecida. Incluso más que la que extendimos a los Gurubashi, aparentemente."

Mar’li entrecerró sus ojos y frunció el ceño, pero agacho su cabeza en señal de sumisión. Aunque en su interior no estaba de acuerdo con las palabras de Zul, mucho menos con la creciente admiración que parecía estar profesando hacia la Tribu Lanza Negra y su líder, por sobre una tribu tan poderosa como la Gurubashi, le debía su nueva posición a él. Debía de estar a su servicio.

¿Qué haremoh entonce, p’ofeta ohcuro? – Preguntó con tono sumiso la suma sacerdotisa. - ¿Viajaremoh con loh Amani pa’ reclama’ Zul’Aman y su antiguo dominio?

Zul negó lentamente con la cabeza y tranquilamente cogió uno de los pergaminos, extendiéndolo sobre el mesón.

Algunos irán, pero la mayoría de la flota navegara por el mar. Tenemos cosas más importantes que hacer…

Mar’li parpadeo con evidente confusión.

"¿Qué ot’a cosa pod’ia se’ máh impo’tante que reclama’ nueht’o imperio?"

"Lo ocurrido en la jungla no solo prueba que Vol’jin es un digno adversario y que su lealtad a la Horda, por ahora, es inquebrantable. Sino también que otros lucharan por evitar nuestro retorno y no te quepa duda, Mar’li, que los Amani también enfrentaran resistencia." – Zul puntualizo esas ultimas palabras dedicándole una mirada cauta a la suma sacerdotisa. – "Y los trols no podemos vivir todo el tiempo en el mar. Por eso tu me ayudaras a estudiar estos antiguos documentos, pues los Loa me han otorgado visiones de un antiguo conflicto en una tierra llena de vida, donde ya se derramó sangre trol y que por seres ancestrales nos fue prometida. Una tierra que ese espíritu me ha dicho que podría convertirse en la nueva Zuldazar."

Con la nave de Zul habiendo reunido ya a los últimos zandalari y sobrevivientes gurubashi que se encontraban en el continente, su transporte se interno en el Mare Magnum para reunirse con la flota de guerra zandalari y prepararse para sus futuros planes. Aunque derrotados, Zul creía que esta experiencia había resultado enriquecedora y la propia victoria le había enseñado algunas cosas tanto sobre sus enemigos, como sus aliados.

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Prologo - Venganza

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Los días pasaron y tras enviar las ordenes preliminares para todos sus errantes a lo largo del Bosque Canción Eterna y las Tierras Fantasmas, así como sus puestos principales en dichos territorios, Halduron se encontraba en el último sitio que su mente pragmática le habría dicho donde esta en una situación como la suya: la Meseta de la Fuente del Sol.

Busca a los espíritus, eso dijo él. Halduron rememoro las palabras de Vol’jin a medida que observaba la brillante columna dorada de una luminiscencia cósmica que emanaba de la tranquila poza en el centro del santuario. Bueno, esto es lo más cercano a ellos para mi.

Halduron nunca había sido un devoto seguidor de la Luz, pero en ese lugar eso no parecía importar. No podía dilucidar que era exactamente, pero la Fuente del Sol tenía una habilidad única para calmar incluso las mentes más atribuladas. Fuera esto algo real o un simple truco de su mente, a Halduron no le importaba. En ese momento, él tomaría la fortaleza mental que le ofrecieran sin importar de donde.

“La ultima vez que vi esa mirada en el rostro de alguien, un niño había perdido su gato.”

Aunque el interprete estaba detrás de Halduron, su voz era inconfundible. “Me alegra verte también,” replico el General-Forestal de forma seca, difícilmente emocionado ante la intrusión.

Auric Cazasol avanzo hasta quedar a un lado de Halduron, ahorrándose una sonrisa ironica. “Lástima que no pueda decir lo mismo. Disculpa que lo diga, pero francamente luces terrible.”

Halduron no pudo evitar dejar escapar una leve risilla ante la contundente honestidad de Auric. Era refrescante y él estaba agradecido por ello. “Aquí es cuando yo debería decir que las he pasado peores, y probablemente sea cierto. Pero bajo estas circunstancias, eso no resulta reconfortante.”

“¿Lo dices por el levantamiento Zandalari, verdad?”

Confuso y un tanto suspicaz, Halduron giro su rostro hacia Auric. “¿Sabes sobre eso?”

Auric asintió. “Toda la Alianza sabe de ello, cortesía de tus amigos trols. Solo puedo imaginarme la cara del Rey Varian cuando los emisarios Lanza Negra se presentaron en el Puerto de Ventormenta.” Su sonrisa entretenida entonces cambio, tornándose más sincera. “Es bastante admirable, en realidad. No cualquiera tiene la fuerza de voluntad necesaria para pedir ayuda a un enemigo durante una crisis.”

Halduron difícilmente podía creerlo. ¿En que estaba pensando Vol’jin? ¿Acaso Garrosh sabia de esto? Fuera cual fuera el caso, era una apuesta peligrosa para ambos lados, y ciertamente habrían terribles consecuencias. Vol’jin debía de estar más desesperado de lo que él había imaginado.

O tal vez, él es el único colocando las cosas en perspectiva.

Parpadeando, Halduron ignoro su pensamiento. “De todas formas, como líder de los Lanza Negra, el Jefe Vol’jin tiene ciertas libertades a su disposición que el resto de nosotros no.”

Auric ladeo su cabeza ligeramente, regalando a Halduron una mirada pensativa y distante. “Sabes, una vez alguien me dijo que cada hombre prevalece o cae de acuerdo a sus propias elecciones, no aquellas que fueron hechas para él.”

En su periferia, Halduron podría haber jurado que la Fuente del Sol se encendió aun más por un sutil instante. También se sintió más cálido que antes, pero no en una manera incomoda. Se preguntó brevemente si es que el estrés finalmente estaba apoderándose de él o quizá – solo quizá – había algo más en el discurso devoto de Lady Liadrin que hasta ese momento no había pensado.

De cualquier manera, Halduron estaba atónito. Repentinamente, todo se estaba volviendo más claro para él y una posible solución para su desesperada situación estaba formándose en su mente.

“Auric,” Halduron disminuyo el volumen de su voz y su tono se volvió suplicante, “se que nuestros caminos nos han puesto en direcciones opuestas, y no tienes ninguna razón para confiar en mi, pero… por el bienestar de nuestra tierra, si yo llegara a necesitar pedir tu ayuda. ¿Me la darías?”

Sin ningún atisbo de duda, Auric respondió, “Por Quel’Thalas, si llega a ser necesario, tan solo tendrás que pedirlo.”

Halduron asintió agradecido. “Te lo agradezco. Solo espero que la situación no llegue a ser tan desesperada como temo…”

Spoiler

Extracto de "Reforged" por AnthonyD, con ligeras alteraciones para adecuarse a la temática del evento.

 

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Epilogo - Venganza

Un pueblo dividido

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Halduron camino con mayor tranquilidad de la que había sentido en los últimos días desde que la crisis con los Zandalari y los Amani diera inicio; el peso sobre sus hombros había sido retirado en cuanto Lor’themar finalmente había pensado no como el político que era, sino como el errante que era debajo de su título como Señor Regente de Quel’Thalas. Y más sorprendente, incluso había permitido que Vereesa y sus quel’dorei marcharan en paz, tras sus heridos ser tratados. Oportunidad que el general-forestal de Lunargenta había aprovechado para ordenar a uno de los taumaturgos que trajeran desde su propio despacho el Registro de Quel’Thalas, cuyo tomo llevaba en sus manos en ese momento.

Cuando el sin’dorei finalmente llego a la tienda de mando y subió las escaleras laterales para subir al segundo nivel, vislumbro a Vereesa distribuyendo ordenes al capitán de exploradores Daelin y a Auric, quienes, tras cuadrarse y girarse, saludaron con el mismo gesto marcial y respetuoso a Halduron. El elfo no tardo en saludarlos del mismo modo, sintiendo en esos momentos que, a pesar de las diferencias políticas, aún seguían siendo el mismo pueblo. El mismo cuerpo de errantes y forestales ocupados de la defensa de Quel’Thalas.

Una vez concluido el saludo, Halduron se acercó a un mesón cercano y con un leve movimiento de su mano, llamo a Vereesa para que se acercase. La alta elfa arqueo una ceja, pero se aproximó de todos modos, llevada por la curiosidad y esta no hizo más que aumentar al vislumbrar el simple título labrado con letras doradas sobre la cubierta de cuero marrón del libro frente a ella.

“Creía que había se perdido durante el ataque de la Plaga…” – Comento Vereesa con cierta sorpresa.

“En cierta forma, sí.” – Admitió Halduron, frunciendo el ceño. – “El original estaba en el Refugio de Quel’Lithien y nunca lo recuperamos. Pero Nathanos sí; lo robo a la fuerza. Yo decidí hacer uno nuevo.”

Vereesa suspiro largamente, con evidente incomodidad. Como muchos, sabia la historia de Nathanos Marris, primer humano entre los errantes y ascendido por su hermana a Señor Forestal de Lordaeron, aun cuando el propio príncipe Kael’thas se había negado a reconocer tal título.

“… Te habrá tomado bastante trabajo.” – Dijo Vereesa tratando de disimular su incomodidad.

“Tiene todos los nombres de los errantes que lucharon por Quel’Thalas desde la llegada de la Plaga. Incluso agregue aquellos de Quel’Lithien.” – Halduron guardo un honroso silencio en la memoria de dichos caídos. Aún era un misterio que había ocasionado la caída del refugio, pero ya poco caso tenía el seguir indagando en ello, pese a todas sus sospechas. – “Y después de todo lo que ocurrió estos días, creo que es justo que vuestros nombres sean escritos en el registro también.”

La general-forestal del Pacto de Plata arqueo ambas cejas y parpadeo con evidente sorpresa. Una ligera sonrisa divertida, pero cómplice, curvo sus labios solo segundos después de asimilar la propuesta.

“Lor’themar evita que el Gran Magister te aprese y decida tu ejecución, ¿y ya quieres arriesgar tu cuello, otra vez?”

“Rommath es un político y no es el mejor para hablar de traición.” – Halduron se encogió de hombros y cogio una pluma, y un frasco de tinta, que luego los acerco a Vereesa. – “En el pasado, el cuerpo de forestales estaba encargado de proteger Quel’Thalas y un pequeño grupo conocido como los errantes, velaba también por su protección fuera de las fronteras del Alto Reino. La historia es diferente ahora, pero tu y todos quienes te siguieron aquí, probaron lo que es ser un errante. Por ese honor y porque quiero dejar registro de que el pueblo de Lunargenta es capaz de dejar a un lado sus diferencias, si su tierra lo requiere, te pido que inscribas tu nombre, tu título y el de todos los que te han seguido.”

Brisaveloz dejó escapar una pequeña risilla con cierto tono irónico al imaginarse el rostro de futuros errantes que llegaran a leer el registro, y vieran entre sus páginas a dos generales-forestales en servicio activo, con la única diferencia siendo su facción y procedencia. Sin embargo, la sonrisa divertida se desvaneció en cosa de pocos segundos, adoptando su rostro un semblante serio y respetuoso, al tiempo que tomó la pluma y el frasco de tinta. Lo que decía Halduron era cierto; incluso su hermana, Alleria, a pesar de los deseos de su madre, había decidido sumarse al entonces pequeño cuerpo de errantes, pasando el título de general-forestal a su hermana Sylvanas. Y aunque Alleria combatió a la Horda más allá de las fronteras, suponiéndola una amenaza para el Alto Reino, también había regresado a su tierra cuando esta logro penetrar más allá de la primera puerta. Su corazón se contrajo cuando una oleada de nostalgia se apodero de ella al recordarla y sentir la leve similitud que ahora ambas compartían, pese a ella no haber tenido que sufrir todo lo que ella si paso desde la caída de Quel’Thalas a manos de la Plaga.

“Escribiré todos los nombres, pero no solo el de mis forestales del Pacto de Plata. Sino también de aquellos hermanos que vinieron de Ventormenta.” – Comentó Vereesa viendo fijamente a los ojos a Halduron, con un tono que dejaba de manifiesto que esa era una condición que no estaba dispuesta a negociar.

 Halduron asintió con reverente solemnidad.

“No esperaría menos.” – Halduron se cuadro y Vereesa le regreso el saludo, de general-forestal a general-forestal. – “Iré a revisar que todos nuestros heridos han sido tratados y que los portales que facilitaran vuestros retornos, estén listos para el momento de vuestra marcha.”

Vereesa asintió y Halduron marchó de la tienda de mando, dejándole proceder con la inscripción de los nombres en el registro. Después de lo que había visto en la puerta de Zul’Aman, estaba más que seguro que Lor’themar no se opondría. Como Señor Regente, tenía el poder de revisar el registro y seguramente lo haría cuando fuera informado de que Halduron lo había tomado. El único que se terminaría mostrando contrario a su idea, seria Rommath y no le importaba en lo más mínimo lo que el Gran Magister de Lunargenta tuviera que decir al respecto. Halduron no iba a renunciar a sus virtudes, ni a su honor, él era un errante y el general-forestal de Lunargenta, y como tal, haría lo que fuera necesario para proteger su tierra y reconocer a aquellos que habían derramado su sangre por su patria, fueran exiliados o ciudadanos. Al final, para él, todos eran hijos de Lunargenta.

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Epilogo

Dudosa lealtad

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El rugido y el golpe furioso del puño de Garrosh contra uno de los brazos de su trono acallo de inmediato las palabras de la clériga oscura Cecille, delegada de los renegados frente al Jefe de Guerra. Suya había sido la labor de informar los más recientes movimientos de Vol’jin, recopilados por los mortacechadores en las Tierras Fantasma y enviados por el Capitán Bragor de los Kor’kron. La sangre de Garrosh hervía por dentro y la rabia le consumía por dentro; no solo Vol’jin se había atrevido a ignorar las ordenes de su jefe de guerra, desafiándolo al aliarse con sus enemigos para combatir a los Gurubashi en la jungla de Tuercespina. Sino también ahora los elfos de sangre estaban siguiendo su ejemplo o al menos, una parte de su población liderada por el general-forestal de Lunargenta, cuya cabeza Garrosh habría colocado sobre una pica de haber hecho lo que hizo si él hubiera estado presente en el territorio.

“Eso… es todo cuanto tengo para informarle ahora, jefe de guerra…” – Cecille se inclinó, sin atreverse a mirar a Garrosh. Aguardando el momento para que este le dejara volver a su sitio.

Por un solo momento considero la idea de romper el cuello de la renegada en un arranque de ira. Si algo bueno tenían los muertos vivientes, es que podían ser reconstruidos. Sin embargo, cuando iba a disponerse a retirar a la clériga oscura, el chamán orco a su derecha se le acercó para delatar a la figura trol que estaba asomando bajo el umbral de la entrada a su cámara.

“Es el jefe Vol’jin, jefe de guerra.” – Anunció Sauranok con un tono discreto y templado.

La mirada colérica de Garrosh inmediatamente se posó sobre Vol’jin, quien camino hacia el centro del Fuerte Grommash con una expresión seria y su mirada desafiante posada sobre el jefe de guerra. Grito Infernal se puso de pie, recogiendo al instante a Aullavisceras y descendió de su trono a pasos pesados, al encuentro del líder de los Lanza Negra, momento que Cecille aprovecho para volver a su sitio discretamente.

“¡TÚ!” – Bramó Garrosh con furia. – “¡¿CÓMO TE ATREVES A DESAFIAR A TU JEFE DE GUERRA ALIANDOTE CON SUS ENEMIGOS SOLO PARA ENTRETENERTE MATANDO A UN PUÑADO DE TROLS INSIGNIFICANTES?

La voz de Garrosh resonó por todo el interior del fuerte y sin embargo, Vol’jin no se amedrento. Siguió caminando hasta detenerse en el centro y una vez allí, se irguió para quedar a la altura del aguerrido orco marrón.

“Ese puña’o de trol casi dehtruye tu puehto’ en Tue’cehpina y acaba con tuh alia’o, loh elfoh de sang’e.” – Contesto con tono inquisitivo el líder de los Lanza Negra. – “Yo te adve’ti, Grito Infe’nal. Pero tú no ehcucha’te. ¡Ehto habría si’o diferente, si me hubierah hecho caso!”

Garrosh finalmente se detuvo frente a Vol’jin, con su mandíbula apretada al vislumbrar que el trol seguía actuando de forma desafiante, aun cuando su vida pendia de un hilo en esos momentos.

“¡Los orcos de Grom’gol habrían luchado y bañado sus hojas en victoria, con la patética sangre de los trols que atacaran ese puesto! ¡Y si los elfos de sangre hubieran caído, habrían probado simplemente su debilidad y ser indignos de la Horda! ¡Esto habría servido como una prueba de fuerza!”

“¿Y cuándo hubieran caí’o?” – Vol’jin entrecerró sus ojos sobre la mirada de Garrosh, sin variar su tono de voz severo. – “La Ho’da habría pe’dido su puehto en la jungla y a un valioso alia’o en el no’te. ¿Habria sehvi’o eso pa’ tu guerra, jefe de guerra?”

Garrosh rugió furioso y sin mediar una sola palabra, levanto su puño derecho y lo hundió sobre la mejilla de Vol’jin, haciéndolo caer al suelo y quedar arrodillado a sus pies. La mandíbula del trol aun temblaba tras el golpe e incluso, había quedado desencajada. A duras penas el líder de los Lanza Negra evito empuñar su guja y aprovechar esa postura para desgarrar las piernas del bruto frente a él, para luego aprovechar su caída y ejecutarlo.

“¡Habrás salvado algunos puestos y aliados de la Horda! ¡Pero tienes suerte de que no decida colocar tu cabeza en una pica!” – Grito Infernal respiraba agitado, con sus músculos tensos por la rabia que se había apoderado de él. – “Vete ahora, perro asqueroso. Pero escúchame bien, Vol’jin… Si vuelves a desafiarme otra vez, tú y tu insignificante tribu recibirán el castigo que se merecen.”

Vol’jin volvió a encajar su quijada, sintiendo una oleada de dolor sacudir su rostro por un momento. Gruño severo viendo a Garrosh, pero no añadió ninguna otra palabra y se marchó en silencio tras ponerse de pie. Al menos sus argumentos habían hecho ver al orco que si no hubiera actuado, la Horda habría perdido algo. Pero también habían dejado de manifiesto que con Garrosh a la cabeza, era solo cosa de tiempo para que la Horda terminara muriendo o volviéndose contra si misma…

Una vez fuera del Fuerte Grommash, Garrosh volvió a caminar hacia su trono y tomo asiento, dejándose caer pesadamente. Todo bajo la atenta mirada de Sauranok, quien no dudo en acercarse a su Jefe de Guerra una vez más y hablar.

“Has hecho bien al dejarlo marchar con vida, jefe de guerra. El desafiante líder de los Lanza Negra sabe que, si intenta oponerse a ti, su pueblo lo pagara y un líder sin gente que le siga, no es jefe de nada.” – La asesina, pero silenciosa mirada de Garrosh se puso sobre Sauranok. – “Pero aún quedan los elfos y la Alianza… Demanda su presencia en la guerra como prueba de lealtad y ataca a la Alianza, antes de que utilicen lo que sea que Vol’jin les haya dicho, contra nosotros.”

“Vol’jin es un idiota, ¿pero por qué crees que le diría nada a esa escoria de la Alianza?” – Garrosh hablo entre dientes, aun tratando de sosegar su furia.

“No tiene por qué haberles dicho nada, pero el enemigo habrá interpretado esto como una señal de debilidad dentro de la Horda y tratará de explotarla.” – Explico Sauranok con un tono seguro de ello.

El jefe de guerra emitió un molesto gruñido, pero asintió de acuerdo con las palabras de su consejero personal. Tan pronto su ira se apaciguo, ordeno a la embajadora Cantoalba de los elfos de sangre enviar un contundente mensaje a Lunargenta, exigiendo que sus fuerzas participaran en la guerra. Además de instruir al Maestro Pyreanor de los Caballeros de Sangre que acudiera con sus señores supremos para discutir los planes de batalla contra la Alianza.

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Epilogo

La Promesa del Rey del Trueno

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Zul se sumergió en las sombras tras beber del pozo de sangre y de pronto, en medio de la oscuridad, una solitaria luz incandescente se encontraba frente a Zul. Era Grimath, un antiguo loa de los Zandalari. El ritual había funcionado y sin oponer resistencia, Zul dejo que Grimath entrara en él y lo guiara en su sueño, hacia su destino. Poco a poco la oscuridad fue disipándose, dando lugar a un hermoso valle de enormes y altas cataratas de aguas claras, provenientes de picos y montañas blancas, de suelo fértil y arboles de hojas doradas, vibrantes de vida. Un lugar armónico y hermoso, adornado con unas extrañas, pero majestuosamente bellas estructuras salidas de leyendas.

Grimath guío por el idílico valle a Zul, cuyos ojos maravillados observaron todo lo que esa tierra tenía por ofrecer, hasta finalmente ser detenido frente a un enorme palacio labrado con roca y oro. El profeta oscuro subió sus escaleras, sintiendo como el propio suelo se movía bajo sus pies a una velocidad inusitada y en un abrir y cerrar de ojos, se encontraba al interior de una sala que parecía ser la cámara del trono: tres enormes criaturas se hallaban al fondo de la sala, de aspecto poderoso y aparente rostro leonino, aunque labrado en piedra. Pero de los tres, el más impresionante era el que se encontraba sentado en el trono, justo en el medio. Su cuerpo era azul, en vez de gris y cobrizo como el de sus aparentes guardias. Sobre su cabeza se hallaba una especie de corona de la cual sobresalían unos brazos de oro que parecían reflejar relámpagos y sus ojos centelleaban como si se tratan de una tormenta. A simple vista, cualquiera habría dicho que estaba ante la presencia de un trol.

Tres trols zandalari envueltos en atavíos ceremoniales atravesaron la imagen de Zul y se arrodillaron frente a la majestuosa criatura. El profeta oscuro observo tan atento como maravillado, pues las visiones que le habían enseñado una tierra prometida no habían llegado a ser tan exactas hasta ahora.

“¿En qué puedo servirte, Emperador Lei Shen?” – Pregunto el trol con atavíos de sumo sacerdote.

El Rey del Trueno, poderoso como ninguno, se puso de pie.

“Camina conmigo, Zulathra.” – Su voz retumbo en la cámara del trono, demandante y el trol no dudo en ponerse de pie y seguirlo.

Sin poder evitarlo, el suelo bajo los pies de Zul volvió a moverse y el zandalari se hallaba siguiendo a ambas figuras, quienes estaban descendiendo unas escaleras en espiral, a cuyos costados había distintas estatuas y sepulturas de quienes parecían haber sido los predecesores del emperador. Pero más interesante que aquello, eran las palabras que Lei Shen y Zulathra se hallaban intercambiando en ese momento.

“Tú y tus zandalari han probado ser un aliado valioso del Imperio Mogu. Hemos logrado mucho, apoyándonos mutuamente, pero necesitare algo más de tu parte, Zulathra.” – Comento con un tono que reflejaba aparente aprecio por los zandalari.

“La magia que nos has enseñado nos ha permitido ser mejores aliados que nunca, emperador. Pero si hay algo más que pueda hacer por ti, solo tienes que pedirlo.” – Respondió complaciente el trol.

“Antes de mi llegada, mi gente, los Mogu, no eran más que clanes sangrientos que se mataban entre ellos. Yo traje orden a los clanes y los convertí en lo que son ahora. Pero a pesar de todo mi poder, se que la muerte siempre estará al acecho.” – Zulathra asintió a las palabras de Lei Shen, según este hablaba. – “Si muero, solo será cosa de tiempo para que los clanes vuelvan a luchar entre si, tratando de llenar el vacío de poder que dejara mi muerte y todo por lo que he trabajo, habrá sido en vano. Algo que no dejare que ocurra.”

“¿Y cómo espera que eso no ocurra, emperador?”

“Te enseñare personalmente a ti, y a tu círculo más cercano, un ritual con el cual devolverme la vida si es que llegara a morir.” – Desvelo Lei Shen. – “Y a cambio, no solo te enseñare el modo de prolongar la tuya, Zulathra. Sino que también te entregare a ti y a tus zandalari una porción de tierra fértil cerca de este valle, como recompensa por tu servicio.”

Zulathran asintió complacido e inclino su cabeza, según descendían hasta llegar a una bóveda subterránea.

“Ojalá tuviera palabras para reflejar el honor y el agradecimiento que siento, emperador.”

“Lo probaras, cuando el día llegue.” – Lei Shen abrió las puertas de la cámara y entro, seguido de Zulathra.

Aunque el profeta oscuro intento seguirlos, Grimath tiro de él y rápidamente la tierra bajo sus pies comenzó a retroceder. Pronto, el profeta oscuro vio como el palacio y el valle iban quedando atrás, seguido de una tierra misteriosa que pronto quedo escondida en un inexpugnable manto de bruma. Solo cuando logro salir de ella, vislumbro mar y nada más, hasta finalmente dar con la inmensa flota de guerra zandalari y su espíritu aterrizar sobre su cuerpo, forzándolo a abrir sus ojos súbitamente.

Zul paso una mano por su rostro, tratando de rememorar y resguardar en su cabeza todo lo que había visto. Aun no sabía con exactitud el destino de la tierra prometida, pero al menos sabía que criaturas le habitaban y como era que se habían logrado hacer con ese territorio, aunque fuera en la forma de una promesa de palabra. Sin embargo, en ese mismo momento uno de los guardias zandalari se adentró en su cámara y tras saludarlo con un gesto reverente, le anuncio la llegada del Profeta Khar’zul y las naves que habían viajado a Zul’Aman, así como de todo lo ocurrido allí.

“No importa… los Amani y los Gurubashi probaron ser unos inútiles. Pero ya no importa. He visto nuestro nuevo hogar y será por las manos zandalari, que los trols resurgirán de los escombros de este mundo.” – Respondió el Profeta Oscuro a su guardia, tras ser informado de todo. – “Ve con el capitán, dile que avise al resto de la flota que se preparen para zarpar… Nos perderemos en el basto mar, para hallar esa tierra perdida que será la nueva Zuldazar.”

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Consecuencias y Resoluciones

Quel'Thalas

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Seguridad

Quel'Thalas ha logrado prevalecer frente a la amenaza combinada de los Amani y los Zandalari. Aunque aun quedan algunos trols del bosque desperdigados por entre las montañas del borde este del Bosque Canción Eterna y las Tierras Fantasmas, estos apenas llegan a suponer siquiera una verdadera amenaza.

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Un solo pueblo

Pese a las diferencias politicas, quel'dorei y sin'dorei han combatido hombro con hombro contra los trols. La posibilidad de que el pueblo de Lunargenta se reuna nuevamente como uno solo esta más que latente y prueba de ello, es la inscripción de los nombres de los valientes quel'dorei que lucharon por su tierra, en el Registro de Quel'Thalas, como testamento de lo ocurrido.

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Las demandas de Grito Infernal

Como fruto de las elecciones de Halduron, el Jefe de Guerra de la Horda ha exigido que los elfos de sangre se sumen al conflicto contra la Alianza como prueba de lealtad. Aunque Lor'themar logra disminuir parte del numero de soldados reclamados para la guerra, Quel'Thalas se ve forzada a entrar en el conflicto irremediablemente.

 

Entrañas

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Espías de la Horda

Por orden del Jefe de Guerra, los mortacechadores comienzan a informar al Capitán Bragor de los Kor'kron en Entrañas, no solo sobre cualquier actividad extraña de los renegados o sus enemigos en la Alianza, sino también de sus aliados elfos de sangre.
Tribu Sañadientes

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Afiliación

Habiendose decantado por la Horda gracias a la intervención de Vol'jin y los suyos durante su viaje a Quel'Thalas, mientras los Amani y los Zandalari reunian al resto de tribus de trols del bosque. La Tribu Sañadientes se ha unido formalmente a la Horda.
Tribu Lanza Negra

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Valentía

Fruto de sus hazañas durante la Rebelión de los Zandalari, la valentía de la Tribu Lanza Negra se ha hecho eco no solo dentro de la Horda, sino también de la propia Alianza y los Zandalari, siendo estos ultimos quienes toman nota de las capacidades de la supuestamente insignificante tribu que logro truncar sus planes.

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Desconfianza

Algunos miembros de la Horda, en especial orcos y otros que comparten el punto de vista de Garrosh, observan con desconfianza a la Tribu Lanza Negra, tildándolos de poco confiables para lo que a la Horda respecta.

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Los ojos de Grito Infernal

Agentes del Clan Mano Destrozada comienzan a vigilar muy de cerca la Aldea Sen'jin y las Islas Eco por orden del Jefe de Guerra, atentos a cualquier otra acción desafiante de los Lanza Negra y su líder.
Los Amani

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La Caída de Zul'Aman

Gracias a las acciones de Malacrass, Zul'Aman ha caído y tras el victorioso asalto de las fuerzas combinadas de Quel'Thalas, y los Zandalari liderados por el Profeta Khar'zul, la antigua capital del Imperio Amani ha quedado abandonada y poblada solo por los cadaveres de quienes se dejaron manipular, o siguieron, al Señor Aojador en su oscuro fin de revivir a Kith'ix.

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Un nuevo Señor de la Guerra

Con Daakara muerto, los Zandalari han nombrado a Kazra'jin, uno de los antiguos guerreros de Daakara, como nuevo Señor de la Guerra de los Amani.
Los Zandalari

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La Tierra Prometida

Con sus pretensiones de reconstruir el Imperio Trol a traves de Zul'Aman y Zul'Gurub completamente destruidas, el Profeta Oscuro Zul ha movilizado la flota de guerra zandalari hacia los confines de los mares de Azeroth con el unico fin de hallar la tierra prometida por el Rey del Trueno y reclamar así un nuevo hogar para las tribus.
Culto del Martillo Crepuscular

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Manipulaciones

Aunque el retorno de Kith'ix no ha logrado su cometido, el Culto del Martillo Crepuscular mantiene a sus infiltrados dentro de la Horda y la Alianza, conspirando para prolongar la guerra y mantener la atención de las facciones lejos del verdadero problema.

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Oportunismo

Con el caos desatado en Azeroth y aprovechándose de las circunstancias, el Culto del Martillo Crepuscular comienza a reunir a todos sus aliados para proceder con sus planes y reclamar nuevos territorios por el mundo para traer la Hora Crepuscular.

 

Citar

Y con esto queda concluido el evento 'La Rebelión de los Zandalari'. Agradezco a todos los que participaron ya fuera en una o ambas partes del evento en general, y espero que les haya gustado.

A partir de hoy los involucrados pueden ir regresando. En el campamento base a los pies de la puerta de Zul'aman se habria otorgado el pasaje de retorno via portal a los altos elfos para retornar a Dalaran y a traves de dicho sitio, a Ventormenta. Así como también las Islas Eco.

 

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