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Dolor en la sangre

 

El trío de exploradores recorría la orilla del Lago del Hito. El soldado Jacob caminaba en la vanguardia, con la ballesta en manos y con un virote bajo seguro. El hombre moreno permanecía naturalmente callado, caminando en un paso ligero, observando con detenimiento el suelo húmedo, una tierra cuya situación era favorable a que las huellas permaneciesen, aunque por desgracia no había ningún rastro de Pink King. 

" Hm. Pudiste haberme enviado alguna carta. " Se atrevió a decir Alec, el joven hombre de cabellera rubia y corta, un tanto despeinado y con una expresión carismática. Él y Kayrane caminaban en la retaguardia, tirando suavemente de las riendas de los caballos, Alec llevaba un caballo de pelaje oscuro, mientras que ella llevaba a su buena compañera, Serena, una yegua castaña. Más que una búsqueda parecía un paseo de campo, dejando al pobre Jacob tener su único ojo como el vigía. Aun así, Kayrane y Alec permanecían alerta, observando a cada lado y atentos al suelo. 

" Creí que sería más difícil hacerlo, no me gustan las despedidas, pero tampoco mantener una relación a distancia. " Respondió la pelirroja un poco distante en sus palabras, forzándose a sonar neutra. Estaba claro que desde el momento en que le vio algo había despertado, capaz de notarse en sus compañeros, era una especie de incomodidad. Por primera vez se sintió como Galatea cuando le cotilleaban sobre Umber. 

" ¿Teníamos una relación? " Preguntó mirándola de lado, alzando el tono en una pizca burlona. " Pensé que éramos amigos. " 
Valerii alzó las cejas y de inmediato observó a su lado, no prestando atención siquiera a los árboles. Alec sabía muy bien donde picar, sabía donde hacer las cosquillas, era alguien especial que lograba siempre sacar partido de ella. Ella se sonrojó, algo que no sucedía a menudo, se puso nerviosa. " ¿Sólo amigos? " Pensó y titubeo en que decirle. 

" No hace falta que respondas. " Concluyó Thorgrin, sonriendo con seguridad y en aquella arrogante sonrisa que le hacia peculiar. Alec tenía un gran ego, un rasgo único, era un hombre humilde en muchas cualidades, pero cuando se trataba de molestar a alguien que consideraba de interés era más invasivo y osado en su victoria. 

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La joven Carmesí meditó según caminaba en silencio, había preferido guardarlo, con Alec la frase de " Todo lo que diga puede ser utilizado en su contra " era especialmente manipulada. Pensó en el tiempo que había pasado desde la última vez que se vieron, en aquella Torre de los Mendigos. Solo había pasado un mes, un mes donde en cada momento de soledad había preferido estar a su lado, sea en una ronda o siquiera en el almuerzo. Se había acostumbrado a él durante su instancia en Bosque del Ocaso, y cuando volvió a Bosque de Elwynn, todo le parecía tan solitario. Jamás había tenido un compañero como él, que le comprendiese a ese punto, que le otorgase no solo un oído si no una opinión como consejo, prestar el noble apoyo y en momentos de necesidad un cálido abrazo. Patrullar sin aquel compañero era demasiado agrío. Así que por fin se habían reencontrado, y ella se sentía una estúpida. ¿Lo estaba echando a perder con su neutralidad? Se preguntó varías veces, no quería abrirse demasiado, no ante sus conocidos, no quería ser un blanco de cotilleo, ni ser denominada como la joven enamorada. ¿Acaso lo estaba? Volvió a cuestionarse. " No." Negó rotundamente. Tras su primera y última experiencia en el amor, sabía perfectamente que el amor era dolor, y no quería sufrir más de la cuenta. Aunque quizá... Alec era diferente. 
Respiró hondo mientras que sus ojos paseaban entre los arbustos, rocas y robles que salpicaban el paisaje del lago. El nerviosismo aumentó, sus mejillas estaban en teñidas en un cálido anaranjado, y sus manos le temblaban un poco. Finalmente, se dignó a hablar. 

" Perdón, no te merecías un silencio por mi parte. Es solo que temía que... - " Su voz se cortó de inmediato tras un silbido que cortó el aire. Tan solo un sonido seco acompañó un bajo y efímero quejido de Kayrane. Su cuerpo rebotó por un instante, yéndose hacia adelante y volviendo hacia atrás, apenas distinguible.  Trató de formular palabras, pero sintió que su lengua se ataba a mediado que un dolor punzante se infiltraba sobre su hombro. Frunció el ceño, confundida. Tan solo inclinó la mirada hacia abajo, notando la distintiva punta de un virote, le había atravesado el hombro. 

La exploradora levantó la mano del mismo brazo herido, humedeciendo las yemas de sus dedos al tocar la punta de la flecha. Estaba aturdida, apenas habían pasado unos segundos, para ella tan solo un instante. Todo se opaco a su alrededor, el sonido era demasiado grave y distorsionado. Todo era muy confuso, incluso el dolor, que de uno punzante había evolucionado a uno ardor insoportable que invadió su cuerpo con rapidez. 

" ¡Kayrane! " Escuchó gritar a Alec, no pudo verle. Sus piernas perdieron el control, derrumbándose poco a poco al suelo. Los caballos se asustaron, levantando sus patas y poniéndose histéricos. Serena escapó y huyó por el bosque. Su dueña de desvaneció en la tierra. 


 

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Tocaba el laúd en una sinfonía armónica, lento y bajo, suficiente para no armar escándalo en el establecimiento. Jaskier estaba sentado en una silla junto a la cama de su mejor amiga, su única amiga. Todo estaba oscurecido, iluminado por algunas velas pintando las paredes en una anaranjada cálida luz en la oscuridad. Él prosiguió en unos acordes que cada vez más se ralentizaban, perdiendo el ánimo de tocar su instrumento. Su mirada estaba baja, pensativo en la vez que se conocieron. 

Había sido un mediodía, de esos cálidos y con una ardiente luz viva. Era un día hermoso, de esos que se podía convertir en un infierno para algunos. Ese infierno había sido para el joven Jaskier, que en cuyo tiempo tenía tan solo trece años y su reconocimiento era el del ser hijo del Vizconde Banreed, Ezequiel Banreed de Vlakwit, una tierra glineana. Jaskier había viajado a Ventormenta para continuar una vida más abierta y educada, mientras que su padre permanecía en Glineas. Fue cuando una visita sorpresa había presenciado al joven Jaskier. No fue agradable, él había expuesto su interés a la música y a la poesía, pero su padre lo tachó rápidamente como un haragán, mariquita y sin futuro. Aquella confrontación había quebrado los sentimientos del joven, hasta el punto de hacerlo llorar, Ezequiel lejos de entender cuanto le afectaba a su hijo incrementó sus insultos al referirse a él como maldito blando. En aquella tarde corrió de su casa para jamás verle, su padre volvería a la tierra de donde vino consumido por la ira. 

" Eres un maldito maricón, no mereces mi apellido, no mereces mis bienes, no mereces ser mi hijo. Blando de... " Fueron las últimas palabras que oyó de su padre. 

Corrió lejos de la residencia, perdiéndose por las calles de la gran ciudad. Finalmente, tras numerosas horas terminó en una fuente. Era un lugar cualquiera, lleno de gente en sus asuntos. Él joven humano lloró en la fuente, mantenía su mirada en la fuente, convencido de no querer que nadie le observase. 

" ¿Por qué lloras? " Preguntó una joven Kayrane, tenía en ese entonces su misma edad. 

" Déjame, solo soy un blando. " Respondió Jaskier sin querer verla, sin querer que le vea las lágrimas. Kayrane para contrarrestarle tan solo le golpeó el brazo. 

" No me pareces tan blando. " 

Aquella respuesta tan simple e ignorante había sido suficiente. Jaskier la vio secándose las lágrimas, le contó todo y ella fue todo oídos. Cuando culminó ella reflexionó un poco, y su respuesta fue decisiva. 

" Al demonio tu padre, sé mejor que nadie que no necesitas uno para crecer. Puedes demostrarlo siendo el mejor. ¿Te gusta cantar? ¿Te gusta el laúd?" 

El bardo Jaskier volvió a la actualidad, en aquella silla con Kayrane en coma. 

" Sé el mejor. Que todos oigan tu nombre por ello, no por tu padre. " La voz de ella hizo eco en su mente como conclusión. Él volvió a meditar en aquel momento, Kayrane había sido como su primer amor, aunque diferente al que podría esperarse al concepto, Jaskier la amaba como una hermana, no hacía falta vínculo sanguíneo. Ella plantó la semilla del orgullo y autosuperación en él, ahora solo le importaba que estuviese para verle llegar a la cima. 

***

 

El recién conocido Dandelion finalmente salió de la Universidad de Oxford, un lugar de múltiples escuelas, incluida la escuela para bardos de Ventormenta. Jaskier cursaba su último año, y sin duda era sobresaliente, aunque faltaba aún para culminar lo suyo. Caminó por el camino pedregoso, recordando en la salida como Kayrane, a los catorce años le esperaba sentada en un muro, ella usualmente se escabullía en el lugar para escuchar a los bardos, Jaskier no lo supo hasta hacía unos meses, pero en realidad iba para escuchar la poesía. 

" ¿Cómo te fue? " Dijo el recuerdo de Kayrane. 

" Ha sido el primer día, ha estado muy interesante... " Dijo él con honestidad, aunque su tono no parecía tan entusiasta. 

" ¿Pero...? " Anticipó Kayra. 

" Hay muchos mejores, hoy un quel'dorei hizo un poema tan... pegajoso, y no quiero hablar del hijo de Lord Ron, tocaba el laúd como si llevase años de experiencia, y tiene tan solo doce años. " Explicó el joven Jaskier. 

" No, olvida eso que dices. Mira, esto es verdad: Nadie que se recuerde destaca hasta que hace su GRAN obra. Vamos, la poesía va en la sangre de esos elfos de mierda, y el hijo de Lord Ron canta peor que un gallo moribundo al alba. " Aquellas palabras hicieron gracia al actual Jaskier. " Te tengo fe Jaskier, pero sobre todo, ten fe a ti mismo. " 

Continuó caminando en profundidad al Casco Antiguo, donde paseó por las afueras del Cerdo Borracho. Un recuerdo fugaz le invadió nuevamente. 

" ¿Estás seguro? " Dijo en un tono jocoso la joven pelirroja que rozaba los quince. Ella se encontraba en una mesa, con una mano de cartas de Hearthstone. 

" Si, es muy malo. Mira, si pierde se enfadará. Tu te llevarás la ganancia, y yo aprovecharé para hablar un poco con su compañía. Ella se cansará de él, nadie está con un perdedor, y menos con un perdedor enfadado. " Comentó la mente maestra mientras que miraba codicioso a la persona con quien perdería la virginidad esa noche. Una chica morocha, alta y corpulenta. 

" Hm... " La joven Kayra esperó un momento para analizar su mazo y luego miró a su contrincante, quien esperaba su turno al otro lado de la mesa. " Todo sea por ti, Jaskier. Además... me gusta mucho esa chaqueta. " 

Ella reveló lo que quedaba de su mazo, colocando una carta que conjugaba con un devastador combo. Pudo haber sido una atroz derrota de haber tenido un mazo mejor el hombre, pero no fue así. 

" Y... aquí tengo mi buen Rey Llane que te hará comer polvo. Ah, y reveló mi otra carta. " Volteó una carta dada vuelta, revelando algún retrato pincelado. " Y por si deseas sacar alguna Garona, aquí tengo a Anduin Lothar, suerte tratando de atacar por la espalda. " 

El contrincante no supo como responder y finalmente reventó en ira. Insultó de izquierda a derecha no aceptando la derrota, pero finalmente se fue. Kayrane se quedó con su chaqueta y como Jaskier lo había ideado, él pudo hablar con la muchacha. Jaskier sonrió al recordarlo, había sido una noche muy buena, mucho tiempo había pasado. Se acercó a su destino, la catedral. Un último recuerdo vino a su consciencia. 

" ¿Crees que es correcto el unirme al ejército? …Deseo realmente ayudar. " Preguntó una Kayrane insegura, tenía en ese entonces diecinueve años, hacía poco se había establecido en Villadorada. 

" ¿Quieres tener batallas épicas de la muerte? ¡Venga, contenido para mis canciones! " Bromeó entusiasta el bardo, pero no tardó en abrazarla. " Será algo muy peligroso, pero si de algo sé de ti, siempre te sales con la tuya. Si quieres ayudar a los pobres imbéciles que vivimos en Ventormenta... adelante, hazlo. Estaré a tu lado, siempre. "

Ella respondió al abrazo. 

" Gracias Jask, eres como un hermano para mi. El que nunca tuve. " 

 

***

 

Sus pasos hicieron eco en la solitaria iglesia, habían novicios en algunos puntos, así como maestros y asistentes transportando libros. Civiles en cambio, muy pocos, a la tarde escaseaban las reuniones. Al llegar hincó la rodilla en los primeros escalones, donde la luz perfectamente iluminaba desde un ventanal, todo era acompañado por una cálida energía que no tardó en abrazarle. Él titubeó un instante, como si se presentase ante la entidad misma y esta estuviese ahí para escucharla. 

" Oye... Tu y yo nunca fuimos amigos, pero tampoco enemigos. Antes de venir a rezar y profetizar cosas, prefería acostarme con alguna dama o emborracharme en alguna taberna de mala muerte. " Murmuró, como si de una conversación tratará. Se notaba que no era alguien experimentado en un rezo, era su primera vez en aquella posición. " Y no creo que eso cambie... pero Kay no tiene que arrastrar mi estilo de vida, quiere algo diferente, y la respeto, siempre lo haré. " Suspiró hondo. " Dale una oportunidad más, la merece más que nadie que he conocido. Es mi talón, es quien me mantiene de pie, quien me mantiene cuerdo. Por favor, aún no te la lleves, permítele despertar. "

La luz permaneció en un tono cálido y absorbente, no sintió nada más, ninguna respuesta. ¿Acaso hablaba solo? Llegó a pensar, aunque recordó por quien estaba ahí. 

" No sé que haría sin ella, no imagino un mundo sin mi hermana. " 

Offrol

Spoiler

 Un relato lleno de flashbacks, y que comprueba que Jaskier tiene corazón (?)

 

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// Apartado para cuando se finalice un rol llevado con @Spellman

***

Había despertado, otra vez, la luz de la mañana era cálida y abrazadora, una prueba clara sobre la mañana perfecta. Sentía su calor, sentía incluso la brisa suave primaveral, podía escuchar como los niños de afuera corrían jugando a las atrapadas, escuchaba las hojas de los árboles acariciarse, y como unos polluelos despertaban en un nido cercano. 

- Está pronto. - Dijo la mujer, habiendo por fin retirado los yesos que cubrían sus manos y muñecas. Kayrane no quiso esperar a tenerlos más tiempo, había despertado del coma la noche anterior y no resistía llevarlos. Si bien anhelaba sacárselos, sería por poco tiempo, puesto que solo los remplazarían por otros, aun no estaba en condiciones de independizar sus manos de algo rígido. 

La joven internada observó finalmente sus manos. Estaban pálidas, en un tono morado invasivo, remarcando sus venas y varias marcas de las fracturas de sus huesos. Aquella brisa cálida del amanecer heló sus manos al tacto, un ardor se propagó por su piel al instante. Ella apretó los dientes, resistiendo. El veterano Michael, aquel mayordomo que había servido a su familia por la mitad de su vida, la miró. 

- Seis a ocho semanas, no será mucho si toma otras actividades, mi señora. 

- Ocho semanas es mucho tiempo... - Kayrane observó sus manos con detenimiento, se cubrió de su  orgullo testarudo, sabía que se recuperaría, lo había hecho tras Tuercespina y luego de Garrafilada. Aquello no sería el fin. Dirigió su mirada a las otras personas de la habitación, la enfermera y el cirujano de su cuartel, Dimitri von Stern. - ¿Verdad, Doc? 

El veterano Dimitri permanecía en una esquina levemente iluminada, observando a través de sus anteojos redondos. El cristal reflejó la luz por un instante cuando se acomodo los anteojos. Su expresión, fría, analizante y calculadora en todo momento. 

- Durante mis largas décadas de oficio he aprendido a diferenciar heridas que desaparecerán o, incluso al curarse seguirán siendo un lastre. - Von Stern comenzó a recoger sus pertenencias, entre ellas un saco de calidad. - Tus huesos, están mancillados, rotos, desorganizados, y algunos jamás se recuperarán. Incluso aunque sientas que te recuperes, por más que practique terapia, haga entrenamiento, o recurra a sanaciones de otras prácticas. Sus huesos no se regenerarán a como eran antes. 

Kayrane escuchó con atención cada palabra, inicialmente su mirada reflejaba una expresión animada, esperanzadora y ferviente en su recuperación. Pero las palabras de Dimitri según se escuchaban comenzaban a enfriar su estima, decayéndose. Finalmente él sentenció. 

- Lo siento, Valerii. Jamás volverá a poder empuñar una espada. 

Aquellas palabras finales fueron un golpe directo al pecho, sintió como retumbaba por todo su cuerpo, rebotando hasta que llegaba a su mente. La dejó boquiabierta, sin aliento, sin ánimos. Tembló un poco, titubeó y trató de responder. 

- Pero... Yo puedo hacerlo, incluso podría recurrir a un sacerdote. 

- La Luz no sana huesos. - Respondió fríamente el cirujano. 

- ¡Debe de haber algo que pueda hacer! - Exclamó victima de la desesperación, no logrando controlarse. Sus manos temblaron, y dolieron como un infierno. Ella reprimió una mueca, apretando los dientes. - No puedo terminar así. 

- Estoy haciendo algo, le salvo la vida soldado. Ha cumplido con nuestra patria, ahora busque una vida más tranquila, más ordinaria. Es el sueño de muchos. 

- No tiene la última palabra. Hablaré con la Teniente, incluso con el Capitán si es necesario. - Contestó ella desesperadamente, no podía controlarse, sus ojos se empañaron por la rabia e indignación. 

- Hágalo. Que tengan un buen día. - Dimitri levantó su sombrero hasta la punta de su cabeza, y con saco en el brazo se retiró por la única puerta. La enfermera continuó su trabajo en colocar los refuerzos para las manos y muñecas, Kayrane no pudo negarse. En cuanto se fue, ella permaneció sola junto a Michael. 

No hubieron palabras de consuelo, él se acercó, la abrazo de lado y tras un rato le dejó un tiempo para sí. Ella sollozó en silencio.

 

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