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Érase una vez en Sur América.


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Érase una vez en Sur América.

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Con unos chasquidos al frotar las yemas de los dedos y el sonido que emitía el asfalto cada vez que daba un paso con sus zapatos pico de pato, bruñidos con betún negro, Dan recordaba el ritmo del cencerro y su sincronización con los demás instrumentos musicales propios de bohemios que con bongos, congas, trompetas y maracas se reúnen en pequeños y distinguidos clubs sociales en donde el único requisito para ser admitido es amar la bebida, alcanzar un trance con melodías a luces mortecinas y abandonar su sombra a modestas melancolías. Su pantalón de paño color marrón, contrastaba con esa camisa de manga corta que con los aires frescos de la noche ondulaba por su marcha que lo llevaba cada vez más cerca a encontrarse con ese ser querido el cual nuestro querido muchacho tiene en alta estima.

-¡Hola Dan! ¡Entra! Eres bienvenido como siempre a mi casa… ¿Te acicalaste? ¿Por qué tan elegante? -Pregunto Joe que con diligencia fue abrir la puerta después de que Dan llamara. Súbitamente, y sin que él mismo lo esperara, proveniente de las entrañas de Dan, suena unos estrepitosos retorcijones y involuntarios bramidos propios de la indigestión, lo cual lo lleva a cubrir con sus manos la inoportuna orquesta que se estaba llevando a cabo en su vientre.

-¿Cómo vas con esa dieta especial amigo? ¿Si la encuentras apetitosa? ¿O de vez en cuando haces trampa para comerte unos buenos macarrones con queso? Es lo que te gusta; Lo sé porque cuando éramos niños no parabas de comerlos. ¿Lo recuerdas? -Comenta afablemente Joe como es habitual en el… Sin embargo toda esa socarronería camuflada con cortesía viene seguida de una broma que puede ser muy simpática según el caso ya que Joe se gana el corazón de las personas haciéndolas reír con jocosos e ingeniosos apuntes como de costumbre; Algo que lo ha caracterizado desde que era niño.

-Esto no me sucedía cuando éramos niños. Ahora mi diagnóstico es síndrome de colon irritable -Confirma Dan con la cara sonrojada- Estos sonidos me ponen en una situación muy embarazosa.

Después de tomar un poco de jugo en el comedor los dos jóvenes se desafían en un juego durante horas y horas en las cuales sin embargo Joe ayudaba a olvidar a su amigo sus sonoras entrañas que no paraba de emitir orquestas con apuntes más graciosos que el anterior y hacerlo sentir cómodo. Dan apreciando mucho la compañía de su buen amigo confirma que el lazo de amistad que los une sigue estando ahora más fuerte que nunca.

-¿Que te parece si nos tomamos algunas buenas cervezas? -Pregunta Joe mirando su refrigerador- Espérame y voy por unas cuantas porque creo que no tengo nada en casa.

Pasando del jugo a la cerveza nuestros jóvenes deciden salir a comer algo ligero; Pues sin necesidad de mediar palabras a ambos se les notaba algo preocupados por el diagnostico de Dan. Así pues el tema se siguió evadiendo entre charla y charla hasta llegar a una conversación inusual pero interesante:

-¿Y como te va con las chicas Dan? ¿Hay alguna por ahí que te interese? ¿O muchas sin parar te persiguen? -Al escuchar la pregunta Dan dibuja una sonrisa contenida con los exhaustos músculos de su cara de tanto reír.

-¿Por que preguntas cosas que ya sabes? Todas huyen al escuchar esta gaita escocesa que tengo en el estómago. Una mujer comprensiva es lo que necesito conocer para compartir el resto de mi vida con alguien; Sin embargo gracias por preguntar… Y no convertir lo que acabo de decir en uno de tus apuntes, porque en serio que me quedare sin dientes si sigues haciéndome reír.

-Joe se queda mirando por un momento el perfil de su amigo e inmediatamente aparta sus ojos. -¿Entonces que haces para satisfacer los demás apetitos aparte de comer ese brócoli gratinado? -Inquirió Joe con los ojos apartados totalmente del rostro de Dan.

Cuando Dan aventuró echar un vistazo para ver en donde andaba perdida la mirada de su amigo, lo encontró viendo el menú que estaba escrito en el caballete justo en la entrada de cristal del restaurante que no utiliza ningún tipo de carnes y salsas al cual habían entrado; Con letra cursiva el llamativo anuncio había sido decorado con encantadoras hiedras que fueron trazadas por una tiza de color crema a manos de algún artista empleado que tenía la facultad de convertir un rutinario volante en una pieza de arte.

-Si que tengo la necesidad de una hembra, pero como podrás ver no estoy en condiciones para llevar a buen puerto un coqueteo.

Resignado responde Dan y le manda otro mordisco a su brócoli; Sin embargo era del conocimiento de los dos (a pesar de su juventud, pues prematuramente tuvieron acceso a información clasificada) que un hombre puede saltarse la parte del coqueteo y solicitar el servicio de una cortesana.

-Pero es necesidad estar bien acompañado ¿no crees? -Aventuró decir Joe cuya consecuencia fue un pequeño espacio de incomodo silencio. -¿Que te parece si echamos un vistazo? -Apuesta Joe.

Al escuchar la propuesta Dan sintió por medio de su imaginación como podría llegar a ser tener muy cerca a una dama cálida que comparta sus encantos y perfume aunque sea por unos cuantos minutos con él: De repente su cuerpo empezó a tiritar con una sensación caliente que le recorrió desde la punta de los pies hasta los cabellos. Obligado a acomodar sus partes erógenas después de notar que mucha sangre había llegado a esa parte de su anatomía, Dan disimuladamente hace unos pequeños ajustes a sus pantalones marrones; Sin embargo era como si una desconocida intensión venusina lo quisiera desnudar desabrochándoselos una y otra vez haciendo que su camisa también se desarreglara y tener que fajarla incontables veces.

Con su frente perlada en sudor nuestro querido muchacho terminaba de comerse su platillo de brócoli sin prestarle atención a su sabor. Rondándole en su cabeza la idea de pasar un buen rato a cambio de una cierta cantidad de dinero por la compañía de alguien que no lo juzgaría y que muy al contrario lo atendería como a un hombre encantador. -Lo cierto es… para ser sincero… que hace tiempo la idea me rondaba por la cabeza amigo. ¿Alguna en particular que sea encantadora? -Pregunta Dan como si estuviera consultando con alguien perito en el asunto. Al esbozar ligeramente una sonrisa con una de sus comisuras Joe pide de inmediato la cuenta y en el transcurso permaneció con su barbilla en alto y nunca cruzando miradas con Dan haciendo ademanes con sus manos de que se dieran prisa como el que más.

El trayecto fue de lo mas fluido, las luces del alumbrado público era algo indispensable para apartar la oscuridad de la noche y encontrar la ruta correcta a su cometido. Ninguna distracción o irregularidad los interrumpía, era como si algo importante se fuera a decidir y todo lo que los rodease, tanto estrellas como adobes, balcones y ventanas, estuvieran expectantes sumergidos en un silencioso suspenso. Uno que otro cabaret tanto decoroso como indecoroso los inspeccionaba de arriba abajo pero sin intención de nada mas. Cuando porfin decidieron entrar en uno de los burdeles de aquella zona de tolerancia en cuya entrada se encontraban dos escoltas de seguridad, se sentaron juntos en la barra de bebidas y con cerveza en mano comenzaron a inspeccionar la calidad del producto que brindaba el establecimiento: Mujeres de generosa anatomía, escotes y regazos que no dejaba nada a la imaginación, provocaba en el par de jóvenes unos ojos cristalizados casi salidos de sus cuencas abiertos de par en par con poco parpadeo para no perderse ningún detalle. De súbito una de las damas con un vestido blanco muy corto y ceñido se acerco a Dan para conocerlo:

-¿Oye quieres estar conmigo un rato? -Pregunto a rajatabla la dama sin mas. A lo que como respuesta la mujer recibió un vistazo a su lindo escote y luego a sus ojos. Dan al ver los ojos de aquella mujer noto que estos contrastaban con su atractiva apariencia; Pues estos eran oscuros y profundos, con unas preocupantes ojeras que parecían haber sollozado hasta la mas amarga lagrima nunca antes contada en la mas triste historia. Disimulando un poco el asunto, nuestro muchacho toma una bocanada de aire y pregunta:

-¿Cómo te llamas linda? Y dibuja una pequeña sonrisa con una de sus comisuras como para que alguno de los dos se le viera un gesto agradable en el rostro.

-Marilyn -Contesta resuelta y sin mas la mujer, haciendo caer en la cuenta a Dan de que talvez no surja calidez o algo similar entre los dos. -Te gustaría bailar conmigo Marilyn? -Inquiere nuestro cándido muchacho Dan.

-No bailo ¿Quieres estar un rato conmigo o no?

Sin aliento Dan voltea a mirar a su amigo Joe el cual mirándolo a los ojos hace un gesto de arrogante y ególatra aprobación y susurrando para este le aconseja: -Dile que solamente puedes gastar cierta cantidad, que no tienes ni una sola moneda mas.

Dan, al haber porfin entendido el crudo comportamiento de ambos, tanto el de su amigo como el de la chica, cae en la cuenta de que nada cálido surgirá y que solo un fuego fatuo emanará proveniente de la mortecina y en descomposición actitud con la cual ambos (y lo mas seguro todos los del recinto) adoptan pues es un asunto en el cual solo se trata de dinero.

Estrellándose contra el mundo Dan pasa de la risa al llanto pues no hay marcha atrás, a lo que con un asentimiento se deja llevar por la muchacha escaleras arriba a un cuarto nada complicado de encontrar, pues solo se tenia que seguir un corredor derecho que a diestra y siniestra se podía contemplar las puertas de las demás habitaciones.

Después de haber encendido la demacrada luz de la habitación, Marilyn se sentó a un costado de una cama y cruzo sus piernas, y con sus pequeñas y blancas manos comenzó a retocarse sus cabellos lizos, cortos y oscuros. Era como si estuviera esperando algo; Y en efecto esperaba a que Dan se sirviera pues sin que él mismo se hubiera dado de cuenta ya había cancelado el dinero acordado en un breve momento en el que la chica estaba abriendo la puerta de la habitación. Una vez mas los ojos de Marilyn se encuentran con los de nuestro cándido joven. -Puedes empezar quitándote la ropa amigo. -Propone con cortesía la mujer. Después de un momento de incomodo silencio en el cual Dan queda petrificado por la vergüenza pues nunca había echo algo similar, los profundos ojos de Marilyn una vez mas se detienen en aquel joven que lleva ya bastante tiempo perdido sin entender el asunto.

-Quítate la ropa… puedes dejarla en esa silla si quieres. -Dice amablemente Marilyn que recientemente y de súbito había adoptado un aire mas humano ya sea porque estaba sola con una persona alejada de los demás sin tener que acudir a esa actitud o ya sea por el dinero recién adquirido la cual fue una suma bastante importante.

Dan, al ver la silla que le señalaban de repente comenzó a sentir un reflujo y acidez que le comenzaron a quemar sus entrañas. Retorcijones, chillidos y bramidos digestivos comenzaron a orquestar en toda la habitación haciéndolo imposible de disimular. No apartando la vista del joven, la mujer adopta cortésmente una actitud imperturbable ante lo que emitía aquel vientre y al cabo de un momento una vez más repite: -Si quieres quítate la ropa… puedes dejarla en esa silla.

Su rostro no esbozaba sonrisas, solo una pétrea seriedad. Dan podía notar lo perita que era la cortesana; comenzó a imaginarse todos los desagradables momentos que probablemente pudo haber tenido con otros hombres, conteniendo el asco con tal de ofrecer un buen servicio. Esa solemnidad lúgubre era de respeto, lo cual llevo a Dan a tomar la decisión de dejar en paz a una criatura con un estilo de vida algo complicada.

-Lo cierto es… que me gustaría irme linda… sino te molesta.

Diciéndole una vez mas linda a Marilyn, la mujer cayó en la cuenta de que el chico ni siquiera tuvo la retentiva suficiente para recordar su nombre.

Después de un momento casi interminable de incomodo silencio que sin embargo solo fueron unos pocos angustiosos segundos, los ojos de la dama no podían dejar de ver con intriga aquel lánguido muchacho el cual con sus manos sujetaba su vientre como si este fuera a reventar en cualquier momento. -Puedes irte cuando gustes amigo, pero desde ya hazte la idea de que no te devolveré el dinero. -Declaró la mujer mientras señalaba con su dedo índice la salida.

Cuando Dan porfin pudo deshacerse de ese grillete que le sujetaba los pies, pues no se sentía dueño ni siquiera de sus propias piernas, sino muy al contrario sentía que un grillete le hubiera privado de andar, el cual de la nada emergió de lo mas profundo de su timidez y inadvertidamente sujetó, saltó a correr como si de esta forma evitara que la tierra se lo tragara pues la vergüenza que sentía era tan intensa que su mente se nublo y se conmocionó.

De repente Dan se encontró corriendo escaleras abajo las cuales lo guiaban directo a la salida del recinto. Al tener lucido en su mente este único detalle se afano tanto a alcanzar las puertas que olvido por completo que venía acompañado. Cuando sus manos comenzaron a intentar desajustar el cierre de las puertas para poder salir, el perno no se deslizaba a causa de un cerrojo el cual constantemente utilizaban con llave para tener controlados los ingresos de los clientes al negocio.

-¡Alto! -Exclamó una voz grave que demandaba obediencia pues había sido contratada para imponer el orden.

Cuando el perturbado joven giro su cabeza para ver de quien se trataba, se encontró con un hombre robusto y mas alto que él, el cual súbitamente y con pocos modales lo aparto de la puerta con su manaza provocando que Dan trastabillara y perdiera un poco su equilibrio al dar unos pasos.

-¡Solo quiero salir Porfavor! ¡No tengo intensión de ocasionar ningún problema! ¡Lo juro! ¡No le debo nada a nadie!

Viendo el estado del muchacho, el hombre encargado de la seguridad dudó por un momento en proceder como lo hace con los clientes problemáticos y apelando al dialogo pregunta con aplomo y casi susurrando: -Noté que venias corriendo de alguna de las habitaciones de arriba, dime cual exactamente y podrás salir sin ningún problema.

-Vengo de la habitación que queda al final del corredor -Dijo ansiosamente, como tratando de hacer un esfuerzo por recordar el nombre de la chica.

El escolta con actitud severa y autoritaria decide mantener las puertas cerradas y tomándose su tiempo sube las escaleras de forma serena y imperturbable.

Al cabo de un rato en el cual Dan permaneció con la cabeza inclinada mirando el suelo apoyando una mano en la puerta, el escolta emerge de nuevo del corredor y conteniendo una risa burlona desciende por las escaleras con la misma lentitud y arrogancia que demostró al subir. Al llegar junto al muchacho una carcajada corta pero sonora desnudó aún mas el alma del joven el cual una vez mas aventuró, con una mirada afilada, averiguar en donde estaban en ese momento los ojos del hombre burlón: Estos se encontraban contemplando la atmosfera nocturna y ambiente ajetreado de la calle con transeúntes que parecían mas bien sombras; En un intento quizá de dar a entender que abrió las puertas solo para tomar un poco de aire fresco y que ignoraba totalmente la situación de quien quiera que estuviera cerca de el.

Con su orgullo en el piso se encontró el joven doblando la esquina de aquella cuadra cuando de repente escucha sutilmente que alguien pronuncia su nombre. -¡Oye espera! ¿A donde vas? Estas a merced del primer buitre que se percate de lo que pasa… ¿Sientes mucho dolor? -Dice Joe al ver como Dan se sujetaba el vientre con ambas manos.

-¿Dónde estabas? Acabo de pasar por una de las peores vergüenzas que eh vivido jamás. Creo que no fue buena idea haber venido. ¡Cosas como esta me pasan a menudo! ¡estoy harto! cualquiera que sea la causa. No deberías caminar conmigo, sé que es vergonzoso hacerlo en este momento. Si quieres puedes irte. No te compliques haciendo el papel de alguien responsable y vete.

-¿Le dices a todos tus amigos lo mismo? ¡Claro que no te voy a dejar acá! ¡Pelele! Vengo siguiéndote los pasos mucho antes de que entraras en esa habitación. Fuiste tú el que decidiste perturbar a toda esa gente, no tengo obligación de hacerlo contigo, por eso espere a que llegaras hasta este punto, si vas a pasar por vergüenzas hazlo solo, pero así como llegaste te iras: acompañado por mí, te guste o no.

Al escuchar aquella decisión, sintió como era espetado lo poco que le quedaba de dignidad a lo que después de un rato respondió: -Necesito un baño amigo. A lo que se pusieron en marcha ambos jóvenes para hacerlo y luego irse de la zona.

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Después de aquellos sucesos acontecidos los días pasaron sin notarse hasta que se acumularon en semanas, meses y semestres. La frustración de Dan al ver sus desventajas lo colmaron pues las experiencias poco gratas que había tenido lo llevaban a tomar decisiones radicales que iban de la mano con una tristeza que ofuscaba su mente. Una tormenta gris de lo turbia se desató en su alma, y náufragos sus sentimientos no lograban reencontrarse. En un intento de volver a hacer uno consigo mismo, Dan se apartó de la música, de las tendencias y de compartir para enfocarse en sí. En aquel mar grisáceo, encrespado y arremolinado, las personas que lo conocían prendían velas en pequeños botes, canoas y chinchorros de papel que junto a sus oraciones, eran luego empujados mar adentro para que los fragmentos rotos de su alma se dejaran guiar por aquellas lucecitas de cera y volver a reencontrarse y repararse.

Dejando a un lado la vida bohemia nuestro querido muchacho se limitaba a caminar y a respirar otros aires como por ejemplo el de las zonas rurales que colindaban con el distrito en donde vivía. Una región campestre, formada en un agreste valle, era compuesto por claros de fresnos, robles y eucaliptos que a la par con otras especies convivía con el verde oliva de orondos sotobosques alojados en lomas y colinas rebosantes de frescura que ululaba, nubes que paseaban lento dibujando en el lienzo azul del cielo y cálidos centelleos solares que iluminaban y bruñían todo lo que abrazaba.

Sonidos silvestres conformaban una suerte de melodía que era capaz de reconfortar y arrullar. Almas confundidas con aureolas hechas de mariposas frecuentemente visitaban el lugar y se unían con aquel espíritu natural que espontáneamente destilaba pequeñas dosis de nirvanas y sensaciones pacificas a estos pacientes atribulados espiritualmente. Con el tiempo Dan comenzó a encontrarle el gusto y a menudo asistía a estos paisajes que parecían hechos en oleo.

Un día la contemplación de Dan se vio interrumpida por un suceso tan curioso como interesante: Un octogenario, con agiles y a la vez sorprendentes movimientos, repelía las caricias y afables melodías de los petirrojos y mariposas que le revoloteaban alrededor. Era tanto el desdén que manifestaba, que cualquier tipo de persona que lo viera seguramente le hubieran entrado ganas de ayudarlo a pesar de estar sabiendo claramente que estaría haciendo mal en lastimar aquellas criaturas.

Expectante Dan decidió permanecer desapercibido por un momento mientras el anciano terminaba de completar su apática tarea. Mientras sus ojos se enteraban de las causas sus oídos alcanzaban a escuchar los motivos en forma de susurros:

-¡Criaturas tontas! ¡Les estoy haciendo un favor! Dejen que mis golpes los alcancen y terminar de una vez por todas con ese inminente futuro que les espera.

En una de sus curtidas y arrugadas manos sostenía un crepe de fresas con chocolate que apartaba a toda costa de aquellos pájaros e insectos. El joven al notar este detalle acertó en deducir que los animales se acercaban al viejo para ver si se podía compartir tan delicioso platillo. No obstante en un momento en el cual el señor empezó de repente a adquirir mayor velocidad, mariposas y pajaritos caían lesionados al suelo casi retorciéndose de dolor tras el impacto de certeros sablazos efectuados por un largo brazo huesudo y escamoso.

-¡Oiga! ¿Podría dejar de hacer eso? -Solicitó el joven al mismo tiempo que manifestaba su presencia.

El anciano al percatarse de aquella visita inesperada, comienza con sus oscuros y penetrantes ojos rasgados de parpados caídos a mirar de arriba abajo a nuestro querido joven en un intento talvez de averiguar por medio de suposiciones de quien podría tratarse: -¿Dejar de hacer que muchacho? ¿Dejar de hacerles un favor? ¡Olvídalo! No me cansaré de hacerlo pues todos estos desdichados seres serán desalojados de su hábitat… Morirán de todas formas. -Responde con un acento grave y extranjero.

-Todo este paraje el cual estás viendo en estos momentos está condenado y fenecerá junto con su esencia y todo lo que lo habita. ¡Llegas tarde como para venir a dártelas de que harás algo al respecto! Mucho antes de que llegaras todo este lugar ya estaba sentenciado a la guillotina amigo. Yo solo estoy prestando un servicio como uno de los verdugos.

Impactado por las duras exclamaciones que llegaban a sus oídos Dan comenzó a recomponerse ante el embate que lo trataba de amedrentar, y después de tomar unas bocanadas de aire responde: -¿Pero que cosas está usted diciendo? ¿Cómo es posible que usted sepa todo eso? Creo que debería calmarse señor, y sentarse a comer en paz.

-¡Obligame! -Dijo el viejo desafiando-. -Si logras detener los embates de esta mano, utilizaré la otra para comer en paz.

Al escuchar estas rudas condiciones carentes de toda cortesía nuestro querido muchacho tambalea y da uno o dos pasos hacia atrás. Sin embargo, aquel sable no paraba de hacer estragos ante los ojos de Danilo, el cual no teniendo muchas opciones, llenándose de valor hincha su pecho de aire y carga con la intensión de detener aquel afilado brazo. -Solo se trata del berrinche de un anciano inofensivo; Lo hare entrar en razón y luego lo acompañare a su casa donde sea que este -Pensó.

No obstante la languidez del anciano resultó ser engañosa a los reflejos del joven el cual en cada intento se empeñaba más y más en contenerlo. La velocidad en su carga no resultaba ser suficiente y aquel encuentro se asemejaba más bien a la de un toro irritado por la insolencia del toreador. Sus cortos y escasos cabellos nevados y esas curtidas marcas de expresión en su rostro eran más bien como un camuflaje que utilizaba un astuto zorro experto en escurrirse con movimientos casi imperceptibles e incisivos al ojo común.

-¿Que pasa muchacho? ¿Por qué tan irritado? Esto apenas está comenzando. Te tomará mucho más tiempo del que te imaginas. Solo sigue intentando para que te enteres ¡lerdo!

El anciano vestía una casaca blanca de mangas largas y anchas con la cual su palma era casi imperceptible; rechazando con esta todo intento por parte de Dan de detenerlo. Las fintas junto con los sablazos provocaban en Dan confusión y duda para volver a arriesgarse en otro intento; pues sus manos y antebrazos ya rojas de dolor por los rechazos de aquel sable tiritaban y temían ardiendo. En un momento en el cual el joven comenzó a soplarse los latigazos que recibía, el atrevido anciano le aconseja: -No te quedes en el ¨tal vez¨ muchacho: ¨Tal vez si lo logre tal vez no¨ ¡Demuestra determinación! Si tu mismo no lo haces, nadie mas lo va hacer por ti. No te distraigas con los dolores y las dudas.

Al escuchar tan insólita sugerencia, el joven ya bastante dilatado por la absurda situación en la que se encontraba tomo las palabras del anciano como ridículas y haciendo gestos irónicos y ademan de que ya iba a dar media vuelta para no volver jamás se detuvo por un segundo al ver la oportunidad que fugazmente se le estaba presentando:

Una mariposa reina cruzaba justo por entre la mirada fruncida del anciano a lo cual inmediatamente el joven con finta de querer atraparla de un zarpazo obligo a aquella mano rustica y de tejido fibroso cubrir su rostro cuyos ojos por un breve momento se apartaron de Dan por reflejo dando como resultado que el joven lograra por fin capturar la muñeca del anciano cual grillete.

Expectantes quedaron los dos individuos a la espera del siguiente movimiento. No obstante, no hubo movimiento alguno. Solo se sentía como los vientos meridionales soplaba en sus rostros y melenas.

-Bien jugado niño. Viste la oportunidad y lo hiciste. Las oportunidades fortuitas también son validas y dignas de respeto; un golpe de suerte cuando aparece, pues es algo que no ocurre muy seguido. ¿O tal vez los reinos animal, fungi y vegetal de este lugar hacen simbiosis contigo? -Comentó el anciano que de súbito adopto una actitud de aplomo y misterio imperturbable, pero a la vez melancólico y sobrio.

-No creo en las artes manticas ni tampoco quiero andar lleno de supersticiones viejo. Estoy pasando por un momento en el cual me encuentro indispuesto para abrir mi mente a esoterismos o romanticismos. Se vio genial cuando logre capturar su mano; y toda esa atmosfera de suspenso que usted le da al asunto es motivador. Pero no quiero involucrarme mucho en asuntos que no me interesan. -Y soltando la mano del anciano agrega: -Porfavor dígame donde vive y déjeme acompañarlo. Tal vez yo le pueda ayudar. Termine de comer tranquilo y partamos ¿Le parece?

Enterándose poco a poco el venerable de quien se trataba en realidad el tipo al que tenía en frente, solamente se limitó a sostener el aplomo y la serenidad que recientemente había adoptado después de haber sido capturado y con un ademan de convidar a Dan a que comieran juntos el crepe, el joven reteniéndose por medio de un reflejo involuntario el vientre con sus manos, enérgicamente niega con la cabeza perturbado rechazando así la invitación del señor.

-Este es mi hogar muchacho. -Responde jovial y hierofante el anciano a la propuesta del joven. Como ya te dije antes, solo sirvo de mediador entre lo viviente y lo inminente. Todo lo que te dije es cierto: Las constructoras vendrán ávidas y arrasarán todo. La jungla de asfalto se expandirá y con ella vienen sombras de dudosas intenciones. Aquelarres donde se consienten instintos básicos y más. Eso es lo único que trae el asfalto.

La atmosfera animada que antes el señor había esparcido cambió pesadamente a la de una tétrica y funesta. Sintiendo como los aires se densificaban y aromas agradables del bosque se extraviaban, nuestro joven Dan se retira de forma solemne dando dos o tres pasos hacia atrás para luego dar media vuelta y darle la espalda al anciano sin esperar nada mas.

Esa misma tarde mientras Dan regresaba a casa, intentaba comprender lo sucedido lo mejor que podía. Pero cuando trataba de digerirlo y que el asunto pasara ya de una vez por todas a segundo plano para dedicarse a algo mas importante, Dan no podía dejar de rebobinar una y otra vez en su mente aquel encuentro con el señor oriental. Preguntándose inevitablemente varias veces que asuntos podría traer de tan lejos a una persona que pertenece a otra cultura.

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