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El ultimo héroe de Sur América.


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El ultimo héroe de Sur América.

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Con unos chasquidos al frotar las yemas de los dedos y el sonido que emitía el adoquín cada vez que daba un paso con sus zapatos supremamente bruñidos de betún negro, Danilo rebobinaba en su mente el ritmo y sincronización de aquellos demás instrumentos musicales los cuales tiene en especial estimación propios de bohemios que periódicamente se reúnen en pequeños y distinguidos clubs sociales en donde el único requisito para contar con una membresía es amar la bebida, alcanzar un trance con melodías a luces mortecinas y abandonar su existencia a modestas melancolías. Su pantalón de paño color marrón, contrastaba con esa camisa de manga corta que con los aires frescos de la noche ondulaba por su marcha que lo llevaba cada vez más cerca a encontrarse con ese ser querido el cual nuestro querido muchacho tiene en alta estima.

-¡Hola Dan! ¡Entra! Eres bienvenido como siempre a mi casa… ¿Te arreglaste? ¿Por qué tan elegante? -Pregunto Giancarlo que con diligencia fue abrir la puerta después de que Dan llamara. Súbitamente, y sin que él mismo lo esperara, proveniente de las entrañas de Dan, suena unos estrepitosos retorcijones e involuntarios bramidos propios de la indigestión, lo cual lo lleva a cubrir con sus manos la inoportuna orquesta que se estaba llevando a cabo en su vientre.

-¿Cómo vas con esa dieta especial amigo? ¿Si la encuentras apetitosa? ¿O de vez en cuando haces trampa para comerte unos buenos macarrones con queso? Es lo que te gusta; Lo sé porque cuando éramos niños no parabas de comerlos. ¿Lo recuerdas? -Comenta afablemente Gian como es habitual en él… Sin embargo, toda esa socarronería camuflada con cortesía viene seguida de una broma que puede ser muy simpática según el caso ya que Giancarlo se gana el corazón de las personas haciéndolas reír con jocosos comentarios como de costumbre; Algo que lo ha caracterizado desde que era niño.

-Esto no me sucedía cuando éramos niños. Ahora mi diagnóstico es síndrome de colon irritable -Confirma Dan con la cara sonrojada- Estos sonidos me ponen en una situación muy embarazosa.

Después de tomar un poco de jugo en el comedor los dos jóvenes se desafían en un pasatiempo durante horas y horas en las cuales sin embargo Gian ayudaba a olvidar a su amigo sus entrañas que no paraba de emitir orquestas con comentarios más graciosos que el anterior y hacerlo sentir cómodo. Dan apreciando mucho la compañía de Giancarlo confirma que el lazo de amistad que los une sigue estando ahora más fuerte que nunca.

-¿Que te parece si nos tomamos algunas buenas cervezas? -Pregunta Gian mirando su refrigerador- Espérame y voy por unas cuantas porque creo que no tengo nada en casa.

Pasando del jugo a la cerveza nuestros jóvenes deciden salir a comer algo ligero; Pues sin necesidad de mediar palabras a ambos se les notaba algo preocupados por el diagnostico de Dan. Así pues, el tema se siguió evadiendo entre charla y charla hasta llegar a una conversación inusual pero interesante:

-¿Y como te va con las chicas Dan? ¿Hay alguna por ahí que te interese? ¿O muchas sin parar te persiguen? -Al escuchar la pregunta Dan dibuja una sonrisa contenida con los exhaustos músculos de su cara de tanto reír.

-¿Por qué preguntas cosas que ya sabes? Todas huyen al escuchar esta gaita escocesa que tengo en el estómago. Una mujer comprensiva es lo que necesito conocer para compartir mi vida; Sin embargo gracias por preguntar… Y no convertir lo que acabo de decir en uno de tus chistes, porque en serio que me quedare sin dientes si sigues haciéndome reír.

-Gian se queda mirando por un momento el perfil de su amigo e inmediatamente aparta sus ojos. -¿Entonces que haces para satisfacer los demás apetitos aparte de comer ese brócoli gratinado? -Inquirió Gian con los ojos apartados totalmente del rostro de Dan.

Cuando Dan aventuró echar un vistazo para ver en donde andaba perdida la mirada de su amigo, lo encontró viendo el menú que estaba escrito en el caballete justo en la entrada de cristal del restaurante que no utiliza ningún tipo de carnes y salsas al cual habían entrado; Con letra cursiva el llamativo anuncio había sido decorado con hiedras que fueron trazadas por una tiza de color crema a manos de algún empleado que tenía la habilidad de convertir un rutinario volante en una pieza de arte.

-Si que tengo la necesidad de una mujer, pero como podrás ver no estoy en condiciones para llevar a buen puerto un coqueteo.

Resignado responde Dan y le manda otro mordisco a su brócoli; Sin embargo era del conocimiento de los dos, a pesar de su juventud, pues prematuramente tuvieron acceso a información clasificada, que un hombre puede saltarse la parte del coqueteo y solicitar el servicio de una cortesana.

-Pero es necesidad estar bien acompañado ¿no crees? -Aventuró decir Giancarlo cuya consecuencia fue un pequeño espacio de incomodo silencio. -¿Que te parece si echamos un vistazo? -Apuesta Gian.

Al escuchar la propuesta Dan sintió por medio de su imaginación como podría llegar a ser tener muy cerca a una dama cálida que comparta sus encantos y perfume aunque sea por unos cuantos minutos con él: De repente su cuerpo empezó a tiritar con una sensación caliente que le recorrió desde la punta de los pies hasta los cabellos. Obligado a acomodar sus partes erógenas después de notar que mucha sangre había llegado a esa parte de su anatomía, Dan disimuladamente hace unos pequeños ajustes a sus pantalones; Sin embargo era como si una desconocida intensión venusina lo quisiera desnudar desabrochándoselos una y otra vez haciendo que su camisa también se desarreglara y tener que fajarla incontables veces.

Con su frente perlada en sudor nuestro querido muchacho terminaba de comerse su brócoli sin prestarle atención a su sabor. Rondándole en su cabeza la idea de pasar un buen rato a cambio de una cierta cantidad de dinero por la compañía de alguien que no lo juzgaría y que al contrario lo atendería como a un hombre encantador. -Lo cierto es… para ser sincero… que hace tiempo la idea me rondaba por la cabeza amigo. ¿Alguna en particular que sea encantadora? -Pregunta Dan como si estuviera consultando con alguien perito en el asunto. Al esbozar ligeramente una sonrisa con una de sus comisuras Giancarlo pide de inmediato la cuenta y en el transcurso permaneció con su barbilla en alto y nunca cruzando miradas con Dan haciendo ademanes con sus manos de que se dieran prisa como el que más.

El trayecto fue de lo mas fluido, las luces del alumbrado público era algo indispensable para apartar la oscuridad de la noche y encontrar la ruta correcta a su cometido. Ninguna distracción o irregularidad los interrumpía, era como si algo importante se fuera a decidir y todo lo que los rodease, tanto estrellas como balcones, ventanales y locales, estuvieran expectantes sumergidos en un silencioso suspenso. Uno que otro cabaret tanto decoroso como indecoroso los inspeccionaba de arriba abajo pero sin intención de nada mas. Cuando porfin decidieron entrar en uno de los burdeles de aquella zona de tolerancia en cuya entrada se encontraban dos escoltas de seguridad, se sentaron juntos en la barra de bebidas y con cerveza en mano comenzaron a inspeccionar la calidad del producto que brindaba el establecimiento: Mujeres de generosa anatomía, escotes y regazos que no dejaba nada a la imaginación, provocaba en el par de jóvenes unos ojos casi salidos de sus cuencas abiertos de par en par con poco parpadeo para no perderse ningún detalle. De súbito una de las damas con un vestido blanco muy corto y ceñido se acercó a Dan para conocerlo:

-¿Oye quieres estar conmigo un rato? -Pregunto a rajatabla la dama sin mas. A lo que como respuesta la mujer recibió un vistazo a su lindo escote y luego a sus ojos. Dan al ver los ojos de aquella mujer noto que estos contrastaban con su atractiva apariencia; Pues estos eran oscuros y profundos, con unas preocupantes ojeras que parecían haber sollozado hasta la más amarga lagrima nunca antes contada en la más triste historia. Disimulando un poco el asunto, nuestro muchacho toma una bocanada de aire y pregunta:

-¿Cómo te llamas linda? Y dibuja una pequeña sonrisa con una de sus comisuras como para que alguno de los dos se le viera un gesto agradable en el rostro.

-Marilyn -Contesta resuelta y sin mas la mujer, haciendo caer en la cuenta a Dan de que talvez no surja calidez o algo similar entre los dos. -Te gustaría bailar conmigo Marilyn? -Inquiere nuestro cándido muchacho.

-No bailo ¿Quieres estar un rato conmigo o no?

Sin aliento Dan voltea a mirar a su amigo Gian el cual mirándolo a los ojos hace un gesto de arrogante aprobación y susurrando para este le aconseja: -Dile que solamente puedes gastar cierta cantidad, que no tienes ni una sola moneda más.

Dan, al haber porfin entendido el crudo comportamiento de ambos, tanto el de su amigo como el de la chica, cae en la cuenta de que nada cálido surgirá y que solo un fuego fatuo emanará proveniente de la mortecina y en descomposición actitud con la cual ambos, y lo mas seguro todos los del recinto adoptan, pues es un asunto en el cual solo se trata de dinero.

Estrellándose contra el mundo Dan pasa de la risa al llanto pues no hay marcha atrás, a lo que con un asentimiento se deja llevar por la muchacha escaleras arriba a un cuarto muy sencillo en su ubicación, pues solo se tenia que seguir un corredor derecho que a diestra y siniestra se podía contemplar las puertas de las demás habitaciones.

Después de haber encendido la demacrada luz de la habitación, Marilyn se sentó a un costado de una cama y cruzo sus piernas, y con sus pequeñas y blancas manos comenzó a retocarse sus cabellos lizos, cortos y oscuros. Era como si estuviera esperando algo; Y en efecto esperaba a que Dan se sirviera pues sin que él mismo se hubiera dado de cuenta ya había cancelado el dinero acordado en un breve momento en el que la chica estaba abriendo la puerta de la habitación. Una vez mas los ojos de Marilyn se encuentran con los de nuestro cándido joven. -Puedes empezar quitándote la ropa amigo. -Propone con cortesía la mujer. Después de un momento de incomodo silencio en el cual Dan queda petrificado por la vergüenza pues nunca había echo algo similar, los profundos ojos de Marilyn una vez mas se detienen en aquel joven que lleva ya bastante tiempo perdido sin entender el asunto.

-Quítate la ropa… puedes dejarla en esa silla si quieres. -Dice amablemente Marilyn que recientemente y de súbito había adoptado un aire mas cálido ya sea porque estaba sola con una única persona alejada de los demás o ya sea por el dinero recién adquirido la cual fue una suma bastante importante.

Dan, al ver la silla que le señalaban de repente comenzó a sentir un reflujo y acidez que le comenzaron a quemar sus entrañas. Retorcijones, chillidos y bramidos digestivos comenzaron a orquestar en toda la habitación haciéndolo imposible de disimular. No apartando la vista del joven, la mujer adopta cortésmente una actitud imperturbable ante lo que emitía aquel vientre y al cabo de un momento una vez más repite: -Si quieres quítate la ropa… puedes dejarla en esa silla.

Su rostro no esbozaba sonrisas, solo una pétrea seriedad. Dan podía notar lo perita que era la mujer; comenzó a imaginarse todos los desagradables momentos que probablemente pudo haber tenido con otros hombres, conteniendo el asco con tal de ofrecer un buen servicio. Esa solemnidad lúgubre era de respeto, lo cual llevo a Dan a tomar la decisión de dejar en paz a una criatura con un estilo de vida algo complicada.

-Lo cierto es… que me gustaría irme linda… sino te molesta.

Diciéndole una vez mas linda a Marilyn, la mujer cayó en la cuenta de que el chico ni siquiera tuvo la retentiva para recordar su nombre.

Después de un momento casi interminable de incomodo silencio que sin embargo solo fueron unos pocos angustiosos segundos, los ojos de la dama no podían dejar de ver con intriga aquel lánguido muchacho el cual con sus manos sujetaba su vientre como si este fuera a reventar en cualquier momento. -Puedes irte cuando gustes amigo, pero desde ya hazte la idea de que no te devolveré el dinero. -Declaró la mujer mientras señalaba con su dedo índice la salida.

Cuando Dan porfin pudo deshacerse de ese grillete que le sujetaba los pies, pues no se sentía dueño ni siquiera de sus propias piernas, sino muy al contrario sentía que un grillete le hubiera privado de andar, el cual de la nada emergió de lo mas profundo de su timidez e inadvertidamente sujetó, saltó a correr como si de esta forma evitara que la tierra se lo tragara pues la vergüenza que sentía era tan intensa que su mente se nublo y se conmocionó.

De repente Dan se encontró corriendo escaleras abajo las cuales lo guiaban directo a la salida del recinto. Al tener lucido en su mente este único detalle se afano tanto a alcanzar las puertas que olvido por completo que venía acompañado. Cuando sus manos comenzaron a intentar desajustar el cierre de las puertas para poder salir, el perno no se deslizaba a causa de un cerrojo el cual constantemente utilizaban con llave para tener controlados los ingresos de los clientes al negocio.

-¡Alto! -Exclamó una voz grave que demandaba obediencia pues había sido contratada para imponer el orden.

Cuando el perturbado joven giro su cabeza para ver de quien se trataba, se encontró con un hombre robusto y mas alto que él, el cual súbitamente y con pocos modales lo aparto de la puerta con su manaza provocando que Dan trastabillara y perdiera un poco su equilibrio al dar unos pasos.

-¡Solo quiero salir es todo! ¡No tengo intensión de ocasionar ningún problema! ¡Lo juro! ¡No le debo nada a nadie!

Viendo el estado del muchacho, el hombre encargado de la seguridad dudó por un momento en proceder como lo hace con los clientes problemáticos y apelando al dialogo pregunta con aplomo y casi susurrando: -Noté que venias corriendo de alguna de las habitaciones de arriba, dime cual exactamente y podrás salir sin ningún problema.

-Vengo de la habitación que queda al final del corredor -Dijo ansiosamente, como tratando de hacer un esfuerzo por recordar el nombre de la chica.

El escolta con actitud severa y autoritaria decide mantener las puertas cerradas y tomándose su tiempo sube las escaleras de forma serena e imperturbable.

Al cabo de un rato en el cual Dan permaneció con la cabeza inclinada mirando el suelo apoyando una mano en la puerta, el escolta emerge de nuevo del corredor y conteniendo una risa burlona desciende por las escaleras con la misma lentitud y arrogancia que demostró al subir. Al llegar junto al muchacho una carcajada corta pero sonora desnudó aún más el alma del joven el cual una vez más aventuró, con una mirada afilada, averiguar en donde estaban en ese momento los ojos de aquel hombre: Estos se encontraban contemplando la atmosfera nocturna y ambiente ajetreado de la calle con transeúntes que parecían más bien sombras; En un intento quizá de dar a entender que abrió las puertas solo para tomar un poco de aire fresco y que ignoraba totalmente la situación de quien quiera que estuviera cerca de él.

Con su orgullo en el piso se encontró el joven doblando la esquina de aquella cuadra cuando de repente escucha sutilmente que alguien pronuncia su nombre. -¡Oye espera! ¿A donde vas? Estas a merced del primer delincuente que se percate de lo que pasa… ¿Sientes mucho dolor? -Dice Gian al ver como Dan se sujetaba el vientre con ambas manos.

-¿Dónde estabas? Acabo de pasar por una de las peores vergüenzas que eh vivido jamás. Creo que no fue buena idea haber venido. ¡Cosas como esta me pasan a menudo! ¡estoy harto! cualquiera que sea la causa. No deberías caminar conmigo, sé que es vergonzoso hacerlo en este momento. Si quieres puedes irte. No te compliques haciendo el papel de alguien responsable y vete.

Al notar la irracionalidad del comentario que acababa de escuchar, Giancarlo simplemente se limita a mantener un rostro con aplomo y su mirada al frente mientras era participe de aquella patética escena.

-¿Le dices a todos tus amigos lo mismo? ¡Claro que no te voy a dejar acá! ¡Pelele! Vengo siguiéndote los pasos mucho antes de que entraras en esa habitación. Fuiste tú el que decidiste perturbar a toda esa gente, no tengo obligación de hacerlo contigo, por eso espere a que llegaras hasta este punto, si vas a pasar por vergüenzas hazlo solo, pero así como llegaste te iras: acompañado por mí, te guste o no.

Al escuchar aquella decisión, sintió como era espetado lo poco que le quedaba de dignidad a lo que después de un rato respondió: -Necesito urgente un baño amigo. A lo que se pusieron en marcha ambos jóvenes para hacerlo y luego irse de la zona.

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Después de aquellos sucesos acontecidos los días pasaron sin notarse hasta que se acumularon en semanas, meses y semestres. La frustración de Dan al ver sus desventajas lo colmaron pues las experiencias poco gratas que había tenido lo llevaban a tomar decisiones radicales que iban de la mano con una tristeza que ofuscaba su mente. Una tormenta gris de lo turbia se desató en su alma, y náufragos sus sentimientos no lograban reencontrarse. En un intento de volver a hacer uno consigo mismo, Dan se apartó de la música, de las tendencias y de compartir para enfocarse en sí. En aquel mar grisáceo, encrespado y arremolinado, las personas que lo conocían encendían velas en pequeños botes y canoas de papel que junto a sus oraciones, eran luego empujados mar adentro para que los fragmentos rotos de su alma se dejaran guiar por aquellas lucecitas de cera y volver a reencontrarse y repararse.

Dejando a un lado su anterior estilo de vida nuestro querido muchacho se limitaba a caminar y a respirar otros aires como por ejemplo el de las zonas rurales que colindaban con el distrito en donde él mismo vivía. Una región campestre, formada en un agreste valle, era compuesto por claros de fresnos, robles y eucaliptos que a la par con otras especies convivía con el verde oliva de orondos sotobosques alojados en lomas y colinas rebosantes de frescura que ululaba, nubes que paseaban lento dibujando en el lienzo azul del cielo y cálidos centelleos solares que iluminaban y bruñían todo lo que abrazaba.

Sonidos silvestres conformaban una suerte de melodía que era capaz de reconfortar y arrullar. Los cantos alados de los pequeños señores del cielo junto con las copas de los arboles que se mecían con el viento componían aquella espontanea y suave sinfonía. Almas confundidas con aureolas hechas de mariposas frecuentemente visitaban el lugar y se unían con aquel espíritu natural que espontáneamente destilaba pequeñas dosis de nirvanas y sensaciones pacificas a estos pacientes atribulados espiritualmente. Con el tiempo Dan comenzó a encontrarle el gusto y a menudo asistía a estos paisajes que parecían hechos en oleo.

Un día la contemplación de Dan se vio interrumpida por un suceso tan curioso como interesante: Un octogenario, con agiles movimientos, repelía las caricias y melodías de los petirrojos y mariposas que le revoloteaban alrededor junto con afables y fisgones roedores. Era tanto el desdén que manifestaba, que cualquier tipo de persona que lo viera seguramente le hubieran entrado ganas de ayudarlo a pesar de estar sabiendo claramente que estaría haciendo mal en lastimar aquellas criaturas.

Expectante Dan decidió permanecer desapercibido por un momento mientras el anciano terminaba de completar su apática tarea. Mientras sus ojos se enteraban de las causas sus oídos alcanzaban a escuchar los motivos en forma de susurros:

-¡Todos ustedes, criaturas de este valle, están sentenciadas! ¡Al parecer, a nadie les importará su ausencia! Dejen que mis golpes los alcancen y terminar de una vez por todas con ese mañana inminente que les espera.

En una de sus curtidas y arrugadas manos sostenía una fresca y esponjosa torta de chocolate que apartaba a toda costa de aquellos pájaros y ratones de campo. El joven al notar este detalle acertó en deducir que los animales se acercaban al viejo para ver si se podía compartir tan delicioso platillo. No obstante en un momento en el cual el señor empezó de repente a adquirir mayor velocidad, mariposas y pajaritos caían lesionados al suelo casi retorciéndose de dolor tras el impacto de certeros sablazos efectuados por un largo brazo huesudo y escamoso.

-¡Oiga! ¿Podría dejar de hacer eso? -Solicitó el joven al mismo tiempo que manifestaba su presencia.

El anciano al percatarse de aquella visita inesperada, comienza con sus oscuros y penetrantes ojos rasgados de parpados caídos a mirar de arriba abajo a nuestro querido joven en un intento talvez de averiguar por medio de suposiciones de quien podría tratarse: -¿Dejar de hacer que muchacho? ¿Dejar de hacerles un favor? ¡No! No dejaré de hacerlo pues todos estos desdichados seres serán desalojados de su hábitat… Morirán de todas formas. -Responde con un acento grave y extranjero.

-Todo este paraje el cual estás viendo en estos momentos está condenado y fenecerá junto con su esencia y todo lo que lo habita. Llegas tarde como para venir a dártelas de que harás algo al respecto. Mucho antes de que llegaras todo este lugar ya estaba sentenciado a la guillotina amigo. Yo solo estoy prestando un servicio voluntario.

Impactado por las duras exclamaciones que llegaban a sus oídos Dan comenzó a recomponerse ante el embate que lo trataba de amedrentar, y después de tomar unas bocanadas de aire responde: -¿Pero que cosas está usted diciendo? ¿Cómo es posible que usted sepa todo eso? Creo que debería calmarse señor, y sentarse a comer en paz.

-¡Intentalo! -Dijo el viejo desafiando-. -Si logras detener los embates de esta mano, utilizaré la otra para comer en paz.

Al escuchar estas rudas condiciones carentes de toda cortesía nuestro querido muchacho tambalea y da uno o dos pasos hacia atrás. Sin embargo, aquel sable no paraba de hacer estragos ante los ojos de Danilo, el cual no teniendo muchas opciones, llenándose de valor hincha su pecho de aire y carga con la intensión de detener aquel afilado brazo. -Solo se trata del berrinche de un anciano inofensivo; Lo hare entrar en razón y luego lo acompañare a su casa donde sea que este -Pensó.

No obstante la languidez del anciano resultó ser engañosa a los reflejos del joven el cual en cada intento se empeñaba más y más en contenerlo. La velocidad en su carga no resultaba ser suficiente y aquel encuentro se asemejaba más bien a la de un toro irritado por la insolencia del toreador. Sus cortos y escasos cabellos nevados y esas curtidas marcas de expresión en su rostro eran más bien como un camuflaje que utilizaba un astuto zorro experto en escurrirse con movimientos casi imperceptibles e incisivos al ojo común.

-¿Que pasa muchacho? ¿Por qué tan irritado? Esto apenas está comenzando. Te tomará mucho más tiempo del que te imaginas. Solo sigue intentando para que te enteres.

El anciano vestía una casaca blanca de mangas largas y anchas con la cual su palma era casi imperceptible; rechazando con esta todo intento por parte de Dan de detenerlo. Las fintas junto con los sablazos provocaban en Dan confusión y duda para volver a arriesgarse en otro intento; pues sus manos y antebrazos ya rojas de dolor por los rechazos de aquel sable tiritaban y temían ardiendo. En un momento en el cual el joven comenzó a soplarse los latigazos que recibía, el atrevido anciano le aconseja: -No te quedes en el ¨tal vez¨ muchacho: ¨Tal vez si lo logre tal vez no¨ ¡Ten por seguro de que lo conseguirás! No te distraigas con los dolores y las dudas.

Al escuchar tan insólita sugerencia, el joven ya bastante dilatado por la absurda situación en la que se encontraba tomo las palabras del anciano como ridículas y haciendo gestos irónicos y ademan de que ya iba a dar media vuelta para no volver jamás se detuvo por un segundo al ver la oportunidad que fugazmente se le estaba presentando:

Una mariposa reina cruzaba justo por entre la mirada fruncida del anciano a lo cual inmediatamente el joven con finta de querer atraparla de un zarpazo obligo a aquella mano rustica y de tejido fibroso cubrir su rostro cuyos ojos por un breve momento se apartaron de Dan por reflejo dando como resultado que el joven lograra por fin capturar la muñeca del anciano cual grillete.

Expectantes quedaron los dos individuos a la espera del siguiente movimiento. No obstante, no hubo movimiento alguno. Solo se sentía como los vientos meridionales soplaba en sus rostros y melenas.

-Bien jugado niño. Viste la oportunidad y lo hiciste. Las oportunidades fortuitas también son validas y dignas de respeto; un golpe de suerte cuando aparece, pues es algo que no ocurre muy seguido. ¿O tal vez los reinos animal, fungi y vegetal de este lugar hacen simbiosis contigo? -Comentó el anciano que de súbito adopto una actitud de aplomo y misterio imperturbable, pero a la vez sobrio.

-No creo en las artes manticas ni tampoco quiero andar lleno de supersticiones viejo. Estoy pasando por un momento en el cual me encuentro indispuesto para abrir mi mente a esoterismos. Se vio genial cuando logre capturar su mano; y toda esa atmosfera de suspenso que usted le da al asunto es motivador. Pero no quiero involucrarme mucho en asuntos que no me interesan. -Y soltando la mano del anciano agrega: -Dígame donde vive y déjeme acompañarlo. Tal vez yo le pueda ayudar. Termine de comer tranquilo y partamos ¿Que le parece?

Enterándose poco a poco el venerable de quien se trataba en realidad el tipo al que tenía en frente, solamente se limitó a sostener el aplomo y la serenidad que recientemente había adoptado después de haber sido capturado y con un ademan de convidar a Dan a que comieran juntos la torta, el joven reteniéndose por medio de un reflejo involuntario el vientre con sus manos, niega con la cabeza perturbado, rechazando así la invitación.

-Este es mi hogar muchacho. -Responde hierofante el anciano a la propuesta del joven. Como ya te dije antes, solo sirvo de mediador entre lo viviente y lo inminente. Todo lo que te dije es cierto: Las constructoras vendrán ávidas y arrasarán todo. La jungla de asfalto se expandirá y con ella vienen sombras de dudosas intenciones. Aquelarres donde se consienten los instintos. Eso es lo que trae el asfalto.

La atmosfera animada que antes el señor había esparcido cambió pesadamente a la de una tétrica y funesta. Sintiendo como los aires se densificaban y aromas agradables del bosque se extraviaban, nuestro joven Dan se retira de forma solemne dando dos o tres pasos hacia atrás para luego dar media vuelta y darle la espalda al anciano sin esperar nada mas.

Esa misma tarde mientras Dan regresaba a casa, intentaba comprender lo sucedido lo mejor que podía. Pero cuando trataba de digerirlo y que el asunto pasara ya de una vez por todas a segundo plano para dedicarse a algo mas importante, Dan no podía dejar de rebobinar una y otra vez en su mente aquel encuentro con el señor oriental. Preguntándose inevitablemente varias veces que asuntos podría traer de tan lejos a una persona que pertenece a otra cultura.

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Atestiguando la predicción con sus propios ojos, el joven Dan, con resignación, hacía caso omiso a lo que sucedía alrededor suyo: Cercos hechos de lona verde y troncos de madera comenzaron a levantarse y a limitar el acceso a las colinas, boscajes, hondonadas y claros; Algunas veces aquellos cercos eran hechos con alambres de púas y láminas de lata dándole a la naturaleza cierto aspecto de redentor con su corona de espinas metálicas. En lo más sincero de su alma Dan podía sentir la mirada llena de incertidumbre de aquellos primigenios paisajes; Como si se tratase de un espíritu pueril rogándole con su mirada preocupada de que por favor le explicara que es lo que harán con su presencia solida los hombres de cascos amarillos y chalecos fluorescentes que vienen atiborrados de maquinaria pesada y fría herramienta.

Estructuras comenzaron a erigirse en nombre del progreso: Conjuntos de apartamentos, centros comerciales y carreteras reemplazaba aquel paisaje hecho en óleo, y escuelas, hospitales, comisarías y museos brillaban por su ausencia. El asfalto por poco devora casi todo el valle, hasta que llego el día en el que todo se detuvo hasta cierto punto, dejando una división proporcionada para ambos elementos.

Aprender a convivir es ahora lo único que se podía hacer. La tolerancia se convirtió en una filosofía de vida para todos los que recientemente habitaban esta zona; Pues de forma diligente y desconocida, comenzó a brotar de lo mas profundo y oscuro, las primeras intenciones dudosas. Los habitantes eran vulnerados y despojados de sus pertenencias por varias entidades. Ciertas zonas del asfalto fueron restringidas como si se hubiera establecido una suerte de límites entre sectores. Se llego a la conclusión de que se trataba de fronteras invisibles, y eran las zonas en donde se llevaba a cabo un comercio de microtráfico abierto para una distinguida clientela anónima. Si una pandilla se atrevía a pasar el limite y ofrecer sus productos en zonas ajenas, se desataban peligrosas rencillas que se efectuaban bajo el manto de la noche.

Los lugares en los que la indiferencia es patente, inevitablemente en el estío de estas tierras solo se segara libertinaje. Por eso es importante reafirmar una especie de guía sobre como llevar un modo de vida y costumbres. Sin embargo las mismas personas se encargaban de hacer su mejor esfuerzo y enseñarles a los más jóvenes un abanico de pautas morales hechas desde un punto de vista independiente: A algunos se les enseño a no perjudicar a los demas. No obstante, a otros se les enseño a abrirse paso no importando el costo. Lo cual lleva a un conflicto interno que es justamente lo que estamos presenciando en estos nuevos paisajes grises. Sin embargo en este mundo nacen almas talentosas y de cualidades innatas dispuestas a servir y guiar. Seres instruidos por la providencia descienden y se preocupan por mantener la armonía y la motivación. Conmoviendo los corazones del pueblo para llegar a una gozosa sabiduría y no involucionar. Es el caso del profesor Jimmy Blanco; licenciado en educación. Un hombre enjuto y de barba rala. Con redondos anteojos y con una crespa melena abundante de color castaño recogida con un broche y de rostro y piel curtida. Con manillas artesanales en sus muñecas, una más grande que la otra, hechas manualmente de colores turquesa, obsidiana y malaquita. Muy maduro para su edad y de semblante sensato; Pues de forma voluntaria comenzó a tomar acciones para el desarrollo comunitario como por ejemplo reunir peticiones y firmas de los residentes para consolidar una estructura para la educación. Sin embargo, en un lugar en donde no alcanza a llegar la jurisdicción por el hecho mismo de que este se encuentra algo retirado, las solicitudes tardan en realizarse y mientras tanto una solución disponible es improvisar en un rustico punto de encuentro. Así pues las clases del maestro Jimmy se llevaban acabo en el zaguán y huerta de su cabaña heredada: Un bonachón y acogedor recinto campestre cuyo techo estaba hecho de iraca; Y en cuyas paredes de color maíz el profesor Jimmy tomo la iniciativa de tomarlas como lienzo para dibujar personajes de cuentos y paisajes de ensueño.

Mientras los días pasaban y todos se adaptaban al nuevo orden de las cosas, Dan en sus rondas se enteraba de estas incidencias y más al ver párvulos rechonchos por sus delantales que en fila india y con loncheras y morrales en sus espaldas se dirigían con una aguda algarabía hacía la improvisada escuela. Repentinamente, en un momento en donde los niños se detienen en el césped formando un círculo y sentándose en él para tomar sus onces, a nuestro joven le asalta la duda de lo que posiblemente podrían estar llevando aquellas pequeñas loncheras: Pan de maíz untado con mantequilla o quizá mermelada de mora y jugo, o talvez en alguna lonchera haya un buñuelo o dos rellenos de arequipe y envueltos en papel aluminio para que no se enfriase, o quizá algún niño este llevando en un envase espeso y frio yogurt con trocitos de melocotón y esponjosa mantecada de naranja. De todas las deliciosas posibilidades que se pudo imaginar y que pueden existir, Dan no pudo estar más desacertado; pues los tentempiés que portaban estas loncheras eran tan vistosas y exquisitas que Dan sintió por un momento como su boca se hizo agua. - ¡Hey vecino! ¿Quiere una manzana? -Inquirió una voz grave y profunda, pero a la vez solemne y segura. Al virar su atención vio como el encargado de los niños se acercaba sosteniendo dos manzanas verdes con una sola mano. -Seguro… Gracias. -respondió Dan al ver el acierto de aquella persona que lo convidaba a comer algo ligero, pero que sin embargo era un sabor cítrico ya monótono y muy conocido por sus papilas gustativas. -¿Es usted reciente en el vecindario? -Pregunta el amable joven de las manzanas. -No, de hecho llevo bastante tiempo viviendo cerca de estos paisajes ahora urbanizados. Mi nombre es Danilo Padilla. -Y extiende su mano para estrecharla. -Eh notado que los niños y adolescentes que viven en las cercanías asisten a su escuela por lo cercano a sus hogares; yo estudie en un lugar algo apartado de mi casa y puedo decir que es una desventaja ya que llegar temprano se convierte en un asunto crítico. Comenta con cortesía Dan. A lo que le responden: -Tiene razón, la siguiente escuela más próxima queda bastante retirada. La junta de la comunidad está bastante satisfecha con la iniciativa que se propuso, sin embargo debo decir que aún faltan muchas cosas por realizar. Necesitamos toda la ayuda posible, disponibilidad y tiempo. -Y extendiendo su mano para estrecharla con la de Dan se presenta como el Profesor Jimmy.

Después de haber intercambiado algunas otras más cortesías, los dos jóvenes siguieron charlando hasta que el sol llego a su cenit dándole apertura a un tercer individuo ya antes conocido por los dos: Pues el Profesor Jimmy lo conocía ya mucho antes desde que se celebró la ultima junta de la comunidad. -¡Oh no! -Exclama el profesor al percatarse de un individuo que se aproximaba raudo. -Es el Señor Hideo, y parece que viene a terminar la discusión que comenzamos hace tiempo. -¿El Señor Hideo? -Inquiere Dan percatándose de que se trata de nada más y nada menos del octogenario que conoció junto a los petirrojos y mariposas hace ya bastante tiempo. Caminando con vigor se acercaba más y más a los jóvenes que de repente guardaron silencio. -Buen día profesor ¿Cómo le está yendo con su propósito de educar a los jóvenes? -Pregunta el anciano con cierto aire algo irónico -¿Ya se enteró que hay individuos forzando a los más jóvenes a consumir sustancias? ¿Para después hacerlos parte de su distinguida clientela anónima? Precisamente esta mañana me encontré con Los Montoya; de forma inquieta me contaron que las herramientas del Señor Montoya están desapareciendo una por una, y tienen sospechas de que su hijo las esta vendiendo a cambio de solo unas cuantas monedas. -¿Para que necesita ese dinero?- Nos preguntamos todos en ese momento. Talvez usted pueda responderme profesor; Despejar mis dudas y dejarlas claras como estos paisajes australes. Porque si no, tendré que esperar la inquietante noche y con ojos entornados tratar de atravesar las densas intensiones de este nuevo orden de incertidumbre y maquinaciones.

El Profesor Jimmy con una actitud flemática y sin dirigir su mirada a los ojos del tajante anciano (pues estaba ocupado vigilando a los niños que tenía a su cargo), contesta con aplomo: -Buen día Señor Hideo. Lo noto bastante animado. Espero que nada lo haya interrumpido en su retiro eremita; En cuanto a los Montoya la noticia que usted nos comparte es estremecedora, pues el Señor Montoya y su furgoneta nos es muy útil a todos por sus servicios de transporte. Como es algo que nos concierne a todos, lo mas probable es que el problema se solucione en un abrir y cerrar de ojos, así que no se preocupe Señor Hideo. Talvez ni siquiera se trate de algo grave. ¡Y si, lo sé! Sé que usted piensa que yo soy una persona demasiado optimista, que rayo en el disparate; pero créame que no es un disparate cuando le digo que debemos tener paciencia hasta el arribo de una comisaría. -Y esta vez mirándolo fijamente a los ojos en un breve momento, a través de sus lentes redondos, el Profesor Jimmy confiesa-: Lamento haber tratado de ridícula su propuesta de incluir en mi escuela la practica de una disciplina con movimientos para someter y defenderse, en la ultima junta de la comunidad. Pero no puedo permitir que de forma voluntaria mis estudiantes arriesguen su integridad y se enfrenten a esos individuos como usted mismo los designa.

Mientras Dan escuchaba más al profesor, más se enteraba de su agudeza, y quedando como un simple espectador inclina un poco su cabeza manteniendo su mirada en el suelo. -¡Ya eh explicado en varias ocasiones eso jovencito! -Exclama el anciano. -Lo que yo propongo es un estilo de vida de los muchos que hay. Algo que complemente el tiempo libre y enseñe a tomar decisiones rápidas pero virtuosas. Pero por lo que veo, resultaron ser ¨más virtuosos¨, por decirlo de alguna manera, estos individuos que con sus ponzoñosas garras de forma presta está arrastrando sin descanso todas las almas que puede y para cuando llegue algún tipo de autoridad será tarde.

Después de que los jóvenes escuchasen la tesis del anciano hubo un espacio de silencio imperturbable.

-Tiene razón, todo es cuestión de tiempo. -Responde una vez más con flema el joven profesor. -Y creo que el tiempo junto con las buenas personas es el mejor maestro. Todos los aquí presentes somos buenas personas, invirtiendo nuestro tiempo pedagógicamente y al mismo tiempo servir de ejemplo. Incapaces de perjudicar de por vida a alguien. Tarde o temprano los jóvenes nos imitarán, y tarde o temprano se decidirán por llevar una vida similar.

Después de haber escuchado la respuesta a sus reclamos, el Señor Hideo desvía su mirada por un instante hacia Dan; y al notar al muchacho con un aire neutral y un mutis, esboza una sonrisa irónica seguido de un bufido.

Los dos jóvenes al poco rato ven como el anciano vuelve sobre sus propios pasos irritado y conteniéndose. Cuando la atmosfera volvió a brillar y ser acogedora, Dan pasea una vez mas su mirada por las loncheras de los niños, y viéndose antojado por comer algo deliciosamente similar que lo hiciera recordar sabores ya casi olvidados se disculpa con el profesor Jimmy y se retira algo apresurado. -Que no daría para comer una vez mas un delicioso plato de macarrones. -Se decía para sí mismo. Encontrándose en el camino de vuelta a casa, no podía dejar de pensar en comer lo primero que encontrase ya fuese perjudicial o no. Sin embargo lo que sucedió a partir de este momento fue algo totalmente distinto a lo esperado, pues nuestro querido muchacho de repente fue interceptado y reducido por varios. Dar una descripción sobre lo que sucedió a continuación seria rayar en lo explícito, por lo que sería mejor dejarlo en unas cuantas palabras escuetas; y de esta forma sobreponerse a este asunto.

El tiempo pasó, y para reponerse nuestro querido muchacho tuvo que comenzar de cero. Atribulado, una vez más, y ya casi por costumbre, vuelve a recoger los fragmentos de su alma para intentar repararlos. Fragmentos tan deteriorados reposaban en sus manos frías como ceniza. Y una tempestad de dudas e incertidumbre lo asolaron.

Dan continuo con sus caminatas ya superada la reciente situación. Pero ya no lo hacia con intensiones contemplativas. En su recuperación, no dejaba de rebobinar en su mente las palabras del Señor Hideo la ultima vez que lo vio hace tiempo. Sentía mucha curiosidad e intriga por la sabiduría disponible del viejo. Se notaba que quería enseñarle algo a alguien. Recordó aquellos veloces y diestros movimientos junto con las pequeñas criaturas aladas y roedores; Y así, Dan tomo la decisión de averiguar que conocimientos estaba dispuesto a compartir.

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  • 3 semanas atrás...

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La búsqueda no estaba dando sus frutos; Casi todas las mañanas Dan en sus caminatas viraba para ver si casualmente encontraba a la persona que buscaba. En los días de lluvia, se quedaba en casa trazando un mapa mental por donde posiblemente podría encontrar el anciano. Toda su atención era utilizada para hallar a esta persona, no aceptaba el hecho de no volver a verlo y conversar aunque sea una vez con él; Un día mientras iba por aquella carretera principal que conectaba los asentamientos rurales con la ciudad vio como una pequeña furgoneta blanca se orillaba y dejaba a dos personas, para luego virar y adentrarse en los asentamientos mientras los dos pasajeros agradecían y se despedían por el retrovisor. Se trataba de una joven que acompañaba a un viejo cuyo aspecto era algo demacrado; al entornar sus ojos Dan pudo reconocer con acierto que se trataba de el Señor Hideo. Y sintiendo una urgente necesidad de hablar con él se precipita a su encuentro. Sin embargo tenia que tomarse un instante para fijarse en la mujer de pasmosa belleza que lo acompañaba: Unos ojos almendrados claros como esmeraldas se preguntaban quién podría ser aquel joven que se acercaba. Retirándose con sus pequeños y puntiagudos dedos de su rostro unos mechones de su melena rubia, dejaba a la vista pequeñas y finas facciones de una tez pálida como la leche con algunas motas de rubor que brotaba de sus mejillas. Una nariz pequeña y respingada fue trazada arriba de sus comisuras que desplegaba una amplia sonrisa de oreja a oreja. Bendecida con una boca muy grande pero a la vez linda, y su barbilla con un casi imperceptible hoyuelo finalizaba la redondes de su rostro. Vestía un uniforme blanco y tenis muy blancos y cómodos a la vista que contrastaba con el suéter escarlata que usaba.

-¡Señor Hideo!… Hola. Soy Dan. No sé si usted se acuerde de mí, pero ya nos habíamos visto… -Y mirando al anciano de pies a cabeza enterándose de su estado de recuperación comenta: -Supongo que esta todo bien, creo. -Seguido Dan adopta una actitud más serena y aguarda una respuesta.

-Seguro joven, hasta el momento todo esta muy bien. Es bueno saber su nombre Dan. Estos últimos días eh estado conociendo a muchos jóvenes, como por ejemplo esta joven que me acompaña, su nombre es Anita. Y encontrando su mirada una vez mas con ese par de gemas talladas intercambia algunos buenos saludos de cortesía disimulando un poco lo conmocionado que resulta ser, conocer a tan pasmosa mujer.

-Señor Hideo tengo que hablar con usted, espero usted pueda concederme un momento -Sugiere nuestro querido muchacho con cierto aire urgente. -Claro que si Dan, talvez si me acompañas podamos charlar con calma. Y dirigiéndose a la joven, el anciano le agradece todo lo que ha hecho por él hasta el momento para insinuarle de que queda en buenas manos ahora. Y después de amablemente despedirse de los dos con un áfono espontaneo pero lindo en su voz la joven se retira para por fin descansar.

Dan comenzó la tertulia con preguntas corteses después de haber encontrado ambos un lugar agradable en el cual sentarse; un césped holgado el cual se notaba que frecuentemente lo arreglaba un jardinero con su guadaña motorizada, rodeaba una hacienda de café cuya muralla blanca restringía el paso y la visión a una estructura seguramente muy vistosa, albina y tradicional. Muy bien mantenida a lo largo de los años.

-Joven Dan, ya le dije que no hay de que preocuparse. Me encuentro bien, solo fue un desaliento sin relevancia el motivo por el cual estuve ausente. En cuanto al trayecto del viaje, fue fluido y cómodo con personas cálidas, muy amables y simpáticas -Declara el anciano, aclarándose constantemente la garganta. -Pero dígame. ¿Qué asuntos urgentes lo traen a mi?

A pesar del aspecto fantasmal que emanaba del viejo, Dan contuvo un poco sus inquietudes y comenzó a citar encuentros anteriores: -Señor Hideo, he notado que usted posee algún tipo de conocimiento practico. ¿Usted cree que yo podría ser su aprendiz? Yo buscare el modo de pagarle si usted lo ve necesario.

Al escuchar estas palabras, el aspecto del viejo comenzó a adquirir esta vez verdadera vitalidad; se irguió y el pecho le comenzó a hinchársele de aire después de haber inhalado fresca y cálida atmosfera, mezclado quizá con el aroma de algún arbusto Caballero de la Noche cercano procedente de algún jardín. -Si de verdad te interesa lo que yo puedo enseñarte, entonces acompáñame a mi casa para darte ropa apropiada para que el día de mañana a primera hora comencemos con tu instrucción. En ayunas te espero, yo prepararé comida para dos.

Después de haber acordado encontrarse al día siguiente por la mañana, maestro y aprendiz se levantan del césped y amparados por el ya avanzado ocaso que les brindaba el paisaje, se dirigieron a la casa del anciano para la entrega de una casaca junto con un pantalón holgado hechos de lino blanco opacado.

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Las rutas matutinas para correr se hacían más duras cada semestre. Nuestro querido muchacho reemplazó sus caminatas por kilómetros que se tenían que cubrir en el menor tiempo posible. Con el pasar del tiempo se podía notar que las cosas en el vecindario se dilataban: Como por ejemplo una mañana en la cual Dan corría por la carretera principal y de súbito se encontró con la mirada de un tipo sin camisa y sin zapatos y con la cabeza ensangrentada que se dirigía en dirección opuesta. Lo suficientemente consiente como para enterarse de que tendría que salir de su aprieto él solo, sin ningún tipo de trámite judicial o algo semejante; precisamente cuando casi todo el mundo a esa hora esta con los cinco sentidos más que despiertos para comenzar el día. Rumores de detonaciones nocturnas, breves pero ineludibles, hechas por escurridizas sombras con inquietantes intensiones, era de lo que más se hablaba.

Durante el adiestramiento el Señor Hideo, viendo que la casaca de lino al final del día terminaba totalmente empapada de sudor por parte de Dan, le obsequio otra para así tener al día siguiente ropa disponible, limpia y seca después de lavar la usada todas las tardes.

Movimientos precisos y de velocidad, y sensibilidad al detalle, era lo que Dan aprendía en el zaguán del retiro del anciano. Junto con un variado equipamiento y accesorios de entrenamiento descontinuados. Casi parecía mas un gimnasio aquella ermita que un retiro. Entre más transcurría el tiempo, Dan adquiría más concentración. Y sus habilidades cognitivas mejoraron considerablemente.

La comida preparada por el señor Hideo era increíble: Ensalada de orellana con lechuga, perejil y tofu acompañado con hogaza. Champiñones salteados con cebollas. Trocitos de coliflor bañados en mezcla de harina y huevo para después fritarlos. Torta de zanahoria rayada con esencia de vainilla. Espaguetis con cuadritos de aguacate, zucchini amarillo, y setas. Ensaladas de frutas.

El vigor, la puntualidad, la motivación y la dedicación del señor Hideo era muy apreciada por Dan. Sin embargo toda esa energía fue menguando poco a poco conforme transcurría más el tiempo, no obstante de una forma bastantemente bien disimulada, pues seguía con la misma diligencia para todo pero con un aire y aspecto algo demacrado y fantasmal. Una vez mientras estaban comiendo, hubo un momento en que Dan se le ocurrió preguntar una vez mas por la salud del que tenia en frente: -Señor Hideo, dígame, ¿Puede usted continuar a este ritmo? ¿Necesita llamar a alguien para que le ayude o… talvez para hacer una consulta medica? -A lo que el señor Hideo respondió: -Que curioso, esa misma pregunta te iba a ser yo Dan. No obstante te la iba a formular no con un consultorio medico, sino espiritual. ¿Porque decidiste buscarme, cuando desde el principio habías decidido ignorarme? -Mientras el señor Hideo esperaba atentamente una respuesta, se aclaraba su garganta constantemente y lidiaba con una seca tosecita.

Después de un momento algo prolongado, Dan decide al fin contar el motivo por el cual decidió buscar a alguien que lo ayudara con su urgente necesidad de mejorar: -Aquel día cuando estaba con el profesor Jimmy comiendo manzanas, y que fue nuestro segundo encuentro después de las mariposas y petirrojos, que luego ustedes dos entraron en una discusión respecto a las decisiones de la junta de la comunidad. Yo me dirigí a mi casa sin prestar atención a lo que me rodeaba; pues estaba siendo acechado ya mucho antes de que me diera cuenta por individuos supremamente astutos. -Al llegar hasta este punto, Dan hizo de nuevo una pausa y junto sus manos a modo de plegaria apoyando su frente en los pulgares. Y retomando con voz trémula continua: -Lo único que me acuerdo de aquel terrible y funesto momento es que los tipos que me redujeron a golpes e intimidaciones y me tenían sometido en el suelo en un charco sanguinolento, que fluía cálido de mis heridas, obedecían a un tal Gatillo. Se trataba de un hombre joven con un tatuaje en su antebrazo de un simpático gato con lentes oscuros sujetando un revolver de un tamaño desproporcional, haciendo quizá homónimo a su apodo. Lo recuerdo perfectamente porque fue la mano que me despojo de todas las pertenencias que traía encima. Y cuando aquella mano llego a los bolsillos de mis pantalones, se percató de que los había ensuciado. Pues el estrés y el desconcertante momento en el que estaba me provocaron mucho dolor. Incapaz de hacer cualquier cosa, simplemente decidí quedar a merced de las decisiones que tomaran aquellas personas del hampa para conmigo. Sin embargo decidieron dejarme en donde estaba, una vez terminaron.

Después de un momento de quietud, que se hundía poco a poco en las luces mortecinas del recinto, Dan continua con un lamento:

Eh pasado ya por muchos momentos desagradables, prejuicio y degradación. Lo cierto es, para ser sincero, que me gustaría mucho de una vez por todas hacer lo que sea que tenga que hacer y luego dejar este lugar. Ser la nada del todo. Con gusto lo aceptaría. Si es obligatorio existir de alguna forma, me gustaría ser la nada. Y que todos los recuerdos que haya sobre mi se conviertan en un ser etéreo.

Después de haber escuchado la razón de Danilo, Hideo le pidió a este que se levantara y lo acompañara afuera junto al crepúsculo. -Yo soy totalmente opuesto a ti Dan. Y sin embargo es fascinante conocerte cada vez más. -Confiesa el anciano suspirando y preparándose para contar algo de su historia: -Yo forme parte de la Tríada. Una organización criminal que incluso está presente cerca de este lugar. Tuve una vida de excesos y cometí muchos delitos Dan. Incluso hoy en día no he recibido castigo alguno por parte de la justicia. Hace muchos años que espero por ella. Yo soy una prueba viviente de que la maldad no recibe su castigo a tiempo. Incluso es omitida. Es por eso que puedo presentir cuando este infausto espectro se expande. Mi alma tiene un vínculo con esa entidad vil, y te puedo asegurar Dan que en la guerra los más afectados son los que se encuentran en medio del fuego cruzado; los civiles y campesinos. Armas de fuego ya arribaron en estos paisajes, lo puedo sentir. El frio y mellado acero de sus cañones escupirán balas y reclamarán almas.

-¡¿Armas de fuego?! -Inquiere casi con un escalofrío nuestro joven amigo. Como respuesta Dan recibió un siseo con la cabeza por parte de Hideo.

Esa misma noche maestro y aprendiz celebraron una graduación en la cual Hideo le obsequio una bandana grisácea a Dan que sujetó en su frente con un nudo atrás casi en la nuca. El joven no demostró prejuicio alguno para con el anciano después de que este abriera su corazón. Su opinión hacia su maestro estaba intacta; y lo reflejaba con la mirada, pues a veces los ojos de ambos se encontraban y solo se manifestaba sinceridad. A la mañana siguiente, inesperadamente una vez mas la vida de todos daría un vuelco. Pues la puntualidad del señor Hideo falló. Algo insólito y que auguraba hechos aciagos. Presto el muchacho se dirigió al retiro encontrando un escenario fantasmal. Lo que obligó a Dan a buscar ayuda inmediatamente después de encontrar al anciano en un muy mal estado casi inconsciente. Lo primero que se le vino a la cabeza fue acudir a la señorita enfermera Ana en su consultorio ubicado en su hogar; un pequeño apartamento rustico. Al llegar y deslizar la puerta corrediza hecha de cristal Dan solicito audiencia con la señorita lo antes posible; así que vehementemente se dirigió a la habitación de primeros auxilios en la cual se encontraba ella atendiendo un paciente. La perlada en sudor frente de Dan instantáneamente empezó a adquirir tonalidades muy pálidas y desvanecidas. Las piernas y las rodillas le flaqueaban, su mirada quedo clavada en el suelo al ver una vez mas aquel tatuaje. Una atmosfera tétrica extermino todo rayo de luz y resplandor. Tres personas reunidas ya se conocían de antes. Petrificado el joven Dan sintió como de su pecho se escapaba el halito de su vida una vez más. Cuando Dan aventuró echar un vistazo para ver en donde andaba perdida la mirada de la señorita Ana, se percató de que la voluntad de ella también estaba sujeta a unos grilletes superiores; fríos, forjados y superiores fraguados para intimidar y atemorizar. Cuando por fin la enfermera termino de suturar y de desinfectar aquella herida hecha con arma blanca alojada en el costado de aquel hombre, El tatuado brazo solo se limitó a vestirse la camisa con movimientos escabrosos e invertebrados, cual parca acomodándose la capucha y apoyándose en su guadaña.

Después de que aquellas cuencas vacías (umbrales que daban acceso a unas grutas dantescas y profundas), se fijaran en la presencia de Dan, quedaron por un breve momento fijas en el joven. Sin embargo viendo lo petrificado que estaba su anterior victima, se limitó simplemente a retirarse del lugar desajustando gradualmente las cadenas en las cuales tenia sometida la voluntad de la joven para después acercarse más y más con pasos de un carroñero a su pasado despojo de ya hace muchos semestres.

Pasando por un lado del muchacho repentinamente se detiene a olisquear con sonoras fosas nasales su antigua presa cual carroñero descartando carne en avanzado estado de descomposición.

Después de un prolongado y ya incomodo momento de silencio el cual envolvía a los dos presentes en un manto similar, la joven interroga al tipo algo insolente que tiene en frente: -Deberías esperar tu turno amigo, y no irrumpir de esa manera en un lugar en donde se debe guardar silencio… Pero dime que sucede. -Inquiere la joven frunciendo el ceño y algo alterada por todo lo que esta sucediendo. -Es el señor Hideo creo que necesita ayuda urgente señorita… porfavor. -Dice con una entonación entrecortada el perturbado y lánguido muchacho.

Ese día el señor Hideo fue transportado al hospital de la ciudad. Mientras viajaban en la furgoneta blanca del señor Montoya, Danilo se enteró por parte de Anita que el octogenario es un paciente terminal. Noticia que lo dejo conmocionado. Y después de haber hecho todo lo humanamente posible con vana esperanza por parte de los facultados que lo atendieron, las personas que conocían a este anciano tuvieron que despedirse de él dos semanas después. En este lapso de tiempo la señorita Anita comenzó a empatizar con Danilo, incluso hasta se preocupaba por él. Sin embargo la súbita aparición del Profesor Jimmy fue contundente y decisiva pues él estaba mas que enterado de que ese tal joven llamado Danilo Padilla estaba bajo la tutela de Hideo por un tiempo ya muy prolongado después de este haber sido vulnerado por varios; y que se la pasaban todo el día practicando unos movimientos muy violentos y extraños junto con unos ejercicios de contorsión también muy extraños; Y que talvez, para el bienestar de todos, fuera sensato mantener las distancias con este personaje para evitar contrariedades; Pues el profesor Jimmy no solo conocía la imagen prolija que cuidaba Hideo en publico con esmero, sino que también tenia sospechas y especulaciones que no dejaban muy bien parado a este señor.

Viendo como Anita era persuadida, Dan decidió de forma voluntaria alejarse de todas aquellas personas que se alteraban de alguna forma con su presencia. Poco a poco de forma gradual su presencia desaparecía de todos aquellos lugares que frecuentaba. Una estela grisácea se desvanecía con el tiempo que transcurría penosamente en una espiral de recuerdos que eran suprimidos de forma voluntaria por parte de todos aquellos persuadidos que conocían a Dan para no sentir ese incomodo malestar de tener que degradar a una persona.

El tiempo pasó, y la situación se dilataba aún más con el pasar de los días. El sol se asomaba tímidamente por estos parajes ahora inhóspitos y llenos de incertidumbre.

Una mañana, más oscura y siniestra de lo normal, la señorita Ana y el profesor Jimmy se encontraban caminando afanosamente en la búsqueda de refugio pues se habían percatado de que estaban siendo acechados por escurridizas sombras. La pareja se hacia la pregunta cada vez más punzante en sus mentes del porque la luz del día no llegaba. Agazapados no tenían otra alternativa más que dejarse pastorear como si fueran ovejas por lobos hasta el punto de terminar rodeados.

-¡¿Qué desean?! ¡¿Que quieren de nosotros?! ¡¿Por qué están haciendo esto?! -Demandó saber el profesor Jimmy ya exasperado por la crítica situación en la que se encontraban.

-Necesitamos a la enfermera… uno de nosotros necesita atención inmediata. No puede moverse y comienza a respirar con dificultad. Creo que se esta ahogando en su propia sangre. Lo atacaron por la espalda con un filo. Necesitamos urgente la experiencia de la señorita.

Al escuchar semejante petición, inconcebible para cualquier oído, los hermosos ojos de Ana de repente reflejaron resignación. Y con sus respiraciones agitadas a causa de la asfixiante emboscada, las agallas del profesor no podían llegar a un acuerdo con la buena voluntad de la mujer.

-Déjame ir con ellos Jim. Me reuniré contigo mas adelante. Te lo prometo. No tardaré mucho, trataré a ese hombre y una vez mas me dejaran en paz.

-¡Te están extorsionando! -Responde Jim con un tono de voz elevado para que lo escuchasen todos. -De esta forma ellos te utilizan, y lo peor de todo es que si lo sigues haciendo, estos individuos van a empezar a exigir más.

La insolencia de Jim llevo a uno de los acechadores a tomar una decisión funesta: Haciendo presencia enfrente de la pareja se materializó desde las sombras una silueta humanoide algo desfigurada. Los halitos de todos se reflejaban en la fría y cruda atmosfera de la madrugada. Después de haber empujado hacia atrás a Ana para convertirse en un escudo humano, Jim de forma vehemente y con el corazón queriendo salírsele del pecho no permitiría esta vez que se consintiera más este tipo de insensateces.

Sin que nadie se lo esperara, la silueta con su invertebrada y macabra mano, desenfunda del interior de su chaqueta un arma de fuego que goteaba algún tipo de fluido desconocido y viscoso.

Los ojos de Jim no podían parpadear y con pupilas dilatadas no podía creer el momento en el que se encontraba cuando el cañón de este atroz artefacto apuntaba directo hacia él. Sus emociones le exigían que corriera, pero la razón suprimió todos estos sentimientos tomando valerosamente la decisión de quedarse en el lugar en el que estaba además de que tenía que proteger la integridad de su pareja.

Por un instante el viento dejó de soplar y se detuvo inesperadamente para después cambiar de dirección y llevar consigo el rocío de la desfallecida noche a lontananza.

Un remolino de viento comenzó a formarse por los caóticos ventarrones ininteligibles que voluntariamente no se decidían y que gradualmente hacían ganar a un gélido torbellino altura y fuerza. Enceguecidos y atrapados por esta manifestación todos los presentes se cubrieron su rostro lo mejor que pudieron con el antebrazo y con ojos entornados alcanzaban a distinguir como una polvareda se levantaba junto con la brisa húmeda a la altura de sus rostros para inevitablemente dibujar lagrimas grises en los parpados, pómulos y mejillas de cada uno. Esta espiral etérea demandaba obediencia, pues la persona que se comenzó a materializar en el centro de estas ráfagas era nada mas y nada menos que Danilo. Que como todos los presentes se encontraba con el rostro empapado de lagrimas grises, sudor y lágrimas verdaderas junto con un ceño fruncido y determinado. Sus ojos los cubría una densa sombra hecha quizá por su bandana. Y el lenguaje de su cuerpo ponía en claro el asunto de que estaba en guardia. El nuevo escudo de la joven pareja tenía intención de proteger a los que estaban siendo vulnerados por un gran número de sombras. Mientras los demás tiritaban ya sea por el frio o por pánico, Danilo permanecía inmune a la gélida atmosfera y a fuertes emociones cual esfinge inmóvil y sin vida. Después de unos inquietantes pocos segundos que se sincronizaban con los pálpitos de los corazones aún con vida, Danilo aguardaba el momento exacto para cargar sobre el agresor. Al decidir este volver a apuntar una vez más con el cañón de su arma a los que tenía enfrente, como una centella las piernas de Danilo comenzaron el embate acercándose en el lapso de un parpadeo a su objetivo. Después de que se escuchara una detonación a varios metros a la redonda, Dan sujetaba ahora el arma de fuego con sus manos después de haberla arrebatado de aquella lúgubre silueta que se encontraba ahora confundida y agazapada al percatarse de que los papeles se habían invertido.

Expectantes quedaron todos los presentes a la espera del siguiente movimiento. No obstante, no hubo movimiento alguno. Solo se sentía como los gélidos vientos se apartaban para dar paso a cálidos rayos solares que cada vez más cobraban fuerza y se expandían iluminando todo alrededor. Y así fue como todo terminó.

Después de haber alcanzado el punto más álgido del asunto, en donde se vislumbra un posible final; El desenlace resultaría sin embargo ser tan interesante como curioso: El proyectil entro y salió del hombro de Dan afortunadamente dejando una herida limpia que manchaba gradualmente su casaca con el cálido fluido escarlata. Con el arma de fuego ahora a su disposición el muchacho simplemente se limitó a retirarse de la escena en donde se desenvolvió con valor, dejando desconcertados a todos los presentes. La joven enfermera al comprender este desenlace instantáneamente se recompuso y despabiló optando, ahora con cierta sensación de seguridad, a atender las emergencias que veía como atención prioritaria. No obstante, su primer paciente, así como se manifestó de la misma forma desapareció. Y girando su cabeza hacia varias direcciones buscando con la mirada, nunca más en su vida lo volvería a ver. Así pues, decidió después de un rato a atender a su segundo paciente que la esperaba.

Los días continuaron y con ellos la ausencia de violencia. Una integral fuerza de comisaría arribo porfin erigiendo no solo una impresionante estructura como base de operaciones sino también un fuerte esquema de seguridad que se expandió a todos los rincones. Prosperidad era ahora lo que se veía pues arquitectos y obreros también arribaron para construir un complejo escolar y biblioteca. Magnificas y generosas donaciones para complementar el aprendizaje de los niños y jóvenes era lo que el profesor Jimmy recibía a toda hora. Un alma generosa permanecía en el anonimato lo cual despertó mucho la intriga del profesor, obligándolo a investigar.

Después de enterarse del autor de aquellas donaciones, Jim decide buscar ahora a aquel muchacho agrisado que desapareció y jamás se volvió a ver. Tras una larga búsqueda el profesor logró dar con un sujeto que conocía a Dan y que vivía en la ciudad, cuyo nombre era Giancarlo Mora. Enterándose el profesor Jim por medio de Gian de que Dan ya no vivía en este lugar, toma la decisión de escribirle una carta y encarecidamente solicita que porfavor le sea entregada a su destinatario contra todo pronóstico. Pues su contenido seguramente resultaría ser muy importante para Dan.

En la carta se leía lo siguiente:

Mi muy querido y apreciado amigo.

Escribo lo siguiente con una opinión totalmente diferente hacia ti. Con júbilo me encuentro en el momento que redacto esta carta, pues fue difícil localizar a alguien que te conociera y que me puede hacer el favor de entregarte esto que te quiero contar. Primero que todo quiero agradecerte por eso extraordinario que hiciste. Ana me encargo de que recibieras todos sus buenos deseos. ¡Que seas muy feliz! Como ahora lo somos nosotros.

Sin embargo Dan tienes que saber que mi opinión respecto al Señor Hideo no a cambiado mucho, pues yo estaba más que enterado de que él era un inversionista extranjero que vendió sus tierras a las constructoras para levantar viviendas, comercio y carreteras. Supongo que tú mismo atestiguaste como casi todo el valle fue arrasado por el asfalto desplazando toda la naturaleza. Después de su fallecimiento las condiciones de su testamento se pusieron en marcha pues el anciano tenía una considerable fortuna.

Desconozco como fue que obtuvo ese poder. Lo que si te puedo asegurar Dan es que el tipo, cuando celebrábamos las juntas de la comunidad, y se enteraba de las difíciles situaciones que cada uno estaba cargando en sus hombros, su deleite era tal que parecía estar tocando el cielo con lo que escuchaban sus oídos… un cielo infernal. No lo disimulaba bastante bien, y sabía que yo era el único que me daba de cuenta y lo cuestionaba. Es por eso que de forma irónica, descarada y cínica me atacaba aparentando preocuparse por los jóvenes. Ese señor estaba tan atiborrado en poder que parecía más un ventrílocuo y nosotros sus marionetas, poniendo palabras en nuestras bocas. Palabras que a él le encantaba escuchar. Un vinculo envilecido con la maldad era lo que yo pensaba en algunas ocasiones. Sin embargo Dan parece ser que este señor quería transmitir de alguna manera el lado bueno de su ser. Instruyéndote a ti para que sus conocimientos benignos no murieran, y declarando en su última voluntad, registrada en una notaria, que toda su fortuna se convirtiera en donaciones.

Que escalofriante me resulta descubrir la naturaleza de este señor. Pues al parecer, primero teníamos que entretenerlo para después vivir seguros y dignamente.

Dan, sentí mucho el deber de hacer esta carta para que supieras esto y de esta forma tu lograr entender mi proceder. Así como yo entendí y aprecio hasta el día de hoy el tuyo.

Te deseo mucha felicidad y prosperidad Dan. Allá a donde vayas que tengas salud y buena ventura. ¡Adiós!

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Epilogo.

No se sabe exactamente si Dan recibió la carta. Tampoco se volvió a saber nada de él. Talvez si se cumplió su voluntad y se convirtió en algo que con el tiempo se borraría. Pues su historia seria contada por los parroquianos de aquella zona rural por un largo tiempo. Sin embargo, cada versión reciente que se contaba era más ridícula que la anterior (como por ejemplo, que este hombre era capaz de detener balas con sus propias manos. O que las vibraciones de su presencia eran tan imponentes que hasta las armas de fuego tiritaban y se desajustaban), por lo que fácilmente empezó a caer en el olvido. Y así es como un acontecimiento se convierte en relato, y el relato en fábula. Para después tomar su lugar en los anaqueles de las historias abandonadas y en desuso.

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Dan.jpg

Editado por manucaos
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