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Becka

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1.335 Fuera de Serie

Sobre Becka

  • Rango
    Usuario Comprometido
  • Cumpleaños 04/09/1990

Información Personal

  • Género
    Mujer
  • Nacionalidad
  • Ocupación
    Patata (Y erizo a tiempo parcial)

Redes Sociales y Contacto

  • Steam ID
    heilencris
  • Twitter
    @BeckAgori

Primer Personaje

  • Nombre
    Rebecca Lockless
  • División
    Plata
  • Raza
    Humano
  • Clase
    Brujo

Otros Personajes

  • 2do Personaje
    Gwenhwyvar / Humana / Plata
  • 3er Personaje
    Lar'then / Sin'dorei / Bronce
  • 4to Personaje
    El maravilloso Illien / Quel'dorei / Bronce
  • 5to Personaje
    Nada/Nada

Visitantes recientes en el perfil

13.307 visitas al perfil
  1. Becka

    ¡Feliz Cumpleaños Zyan!

    ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!
  2. Becka

    [Primer borrador] Samaín

    FICHA TÉCNICA Texto Inspirado en el romance medieval de El enamorado y la muerte Imágenes Las imágenes usadas en la narración pertenecen a la artista Abigail Larson Twitter Web Evento Segundo acto de la trama personal de Illien. "Samaín" corresponde a la obra de teatro de dicho acto, al igual que "El baile de los seres fantásticos" se llevó a cabo como cierre del primer acto. Acto II - Tres promesas por un deseo Off - rol El evento de Halloween donde se representará la obra "Samaín" tendrá lugar el 27 de octubre. La hora será especificada en un post aparte, añadiendo el correspondiente cartel informativo para que todo el que quiera pueda acudir. La organización no corre solo a mi cargo, si no que será una colaboración entre varios jugadores, por lo que si a alguien le apetece unirse ya sea con su personaje o un ST para hacer algún papel (actores) o simplemente aportar ideas, será más que bien recibido. Además, gracias al permiso por parte del staff, el evento contará con decoración personalizada ese día, por lo que los jugadores no solo estamos colaborando a nivel argumental y de interpretación, si no también visual. Colaboradores/Amorsitos de la vida y mi corasón latino @Reapgrawr @Tali_Zorah_N7 @Sorin @Añil @Ethan @Zyan @Nedil
  3. Becka

    [Primer borrador] Samaín

    Sombrías quedan las calles, cierran ya las cantinas, y al fondo del bosque alumbra la luz tras una ajada cortina. Las velas mantiene encendidas una harapienta adivina, y su voz una plegaria teje que pronto la muerte respondía. - Oh muerte, incomprendida amiga. Un beso imploro a tus labios, un beso que arranque esta pena mía. - ¿Cuál es la pena que guardas? Cuéntame todo, mi niña. - De un joven quedé prendada, allá al norte de la villa. Apuesto y cortés paseaba, y a su caballo engalanado traía. Mas pobre de mi, en mi estado, que no más de un vestido tengo hoy día... Cómo a sus ojos, muerte, me vería... - No sé de amores, mi niña, ni vestidos llevo en mis días. Pero sobre penas en algo la experiencia me guía. Si tu corazón es de llanto que se ahoga, mi mano y no mi beso te puedo ofrecer. Tres velas por tres vidas, en dos años vendré a recoger. La tuya y la que me ofrezcas, y una más que yo misma reclamaré. - Tres vidas por tu mano, ¿y qué es lo que de tu mano obtendría? - Si por amor es tu pena y llanto, por mi mano amor tendrías. Vestidos pondré en tu armario, alhajas de oro y perlas entre filigranas tejidas. También te daré un caballo, uno de crin como plata bruñida. Mi hechizo haré por dos años, promesa de mi mano cumplida, más al pasar ese tiempo, como tu alma la dote te exija. - Mi corazón junto al de mi amado, de noche en sus brazos dormida... Dos años desde esta cita y tu pago en almas tendrás junto a la mía. Y así enciende las velas, cerrando puertas y celosías. Tres luces que se consumen al alba, en joyas el humo convertían. De gala viste la adivina, con trajes de seda fina. Rubíes y esmeraldas, y en su cabello un clavel. Al norte cabalga, en orgullo y plata cedida, rápido llega a la calle en la que su amor vivía. Allí encuentra al joven, tan apuesto como en su recuerdo seguía... pero a su lado otras sedas mecían el viento y la envidia. De sonrisa grácil y encanto, una doncella a él va cogida, y el corazón ahora enjoyado en piedra se convertía. Al fondo sus ojos la encuentran, amantes en los sueños de la adivina, y la muerte cumple su pacto, aquel que un corazón le prometía. De su brazo separa a la doncella, que con pena en la lejanía le mira, y en voz del amor el amante, a la adivina del caballo descendía. - ¿Por dónde has llegado, amor? ¿Quién eres y dónde te escondías? - Yo soy de tu amor causante, y a tus brazos el amor me envía. He venido a buscarte, la cura que mi corazón pedía. Muy deprisa a su casa la arrastra, más deprisa la desvestía, y ya por fin siendo amantes, la doncella, atrás dejada, de pena adolecía. Así pasan de largo las noches y varios días, pero el joven guarda en secreto el recuerdo de otra dama y otra vida. A oscuras se escapa en las noches, a espaldas de la adivina, pero la muerte le observa y tras sus huellas camina, hasta llegar a una ventana tras la que la doncella yacía. - Perdóname, amada mía, perdón te imploro mi vida. Hay un hechizo en sus labios, un mal que tu imagen olvida. Su doncella no responde, en la cama sigue tendida. En el pecho suave respira, su piel de lejos parece fría, y al cuarto entra una dama que de la mano la cogía. - ¿Cuál es la pena que guardas? Cuéntame todo mi niña. - De un joven quedé prendada, su promesa en mi dedo tenía, y al no yacer como amantes con otra se fue enfrente mía. - No sé de amores, mi niña, ni anillos llevo en mis días. Pero sobre penas en algo la experiencia me guía... Te dejaré cordel de seda, atado en el cuarto de arriba, y al tiempo de estar al balcón atado tus penas desaparecerían. - Gracias, oh, dama mía, que en mi dolencia acudes. Dime, ¿fue siempre tu mano tan nívea? - Descanso encontraras arriba, no pierdas tiempo mi niña. Sube y dejaré en tu balcón la seda que a tu mal hará de guía. Y lejos de la imagen de la doncella el joven amante se marcha, y al marchar, de nuevo, su imagen olvida. Al tiempo pasan dos años, todos los meses y sus días. La doncella aún adolece pero su promesa mantenía. Arriba duerme en las noches junto al balcón que la dama indica, ahí borda con hilos de oro mientras su mente a él le olvida. Llegan a su puerta noticias de un enlace allá en la villa. Su amor se casa con otra, y en su pecho el dolor reaviva. Incrédula corre a encontrarlo, a la casa donde vivía, y al llamar a la puerta la adivina la recibía. - Se bien quién eres niña, y a quién buscas y visitas. - ¿Es cierto lo que se cuenta? ¿Que contigo pronto al altar camina? Déjeme verlo señora, la noticia de su boca he de oírla... Promesa me hizo en su día, promesa que con esa verdad queda incumplida. Si de su boca escuchase al fin mi corazón qui´za curar podría... - Pasa, mi dulce niña, pasa y hazme compañía. En la ciudad se encuentra a quien buscas, esperemos juntas al calor de una bebida. Con una sonrisa la engaña, con dos más a beber la invita... Y al terminar el brebaje, solo restan dos velas encendidas. A la espalda carga a la doncella y al cementerio la guía, y a los cuervos la ofrece, un cuerpo ahora sin vida. En el camposanto despierta, asustada y confundida, y la muerte la recibe y el pacto de la adivina le explica. - Oh, triste muerte mía, ¡déjame vivir un día! - Un día no puedo darte, una noche tienes de vida... Regresa a tu casa, mi niña, pasa el umbral y respira. Da paz primero a tus padres, y a tu amante a tu puerta traería. Sale veloz la doncella, a la casa donde vivía, y la muerte cumple su parte, el aliento le vuelve y respira. En su cuarto le esta esperando, a su amado y su despedida. Deja el anillo en su dedo, la promesa que le hizo en su día. En sueños la muerte al joven visita, hermosa y de piel fría. Con la doncella confunde y al verla su imagen volvía. - ¿Por dónde has entrado, amor? ¿Cómo has entrado, mi vida? Cómo pude olvidarte... a ti a quien más quería... - No soy el amor, amante. Soy la muerte que el destino envía. De tu prometida vino el pacto por el que reclamo tu vida. Por mi conjuro olvidaste a aquella a quién más querías. Corre a sus brazos, amante, ahora que su imagen no es mía, y en tu final puedes llevarte el consuelo de su despedida. - Oh, muerte tan generosa, ¡déjame vivir un día! - Un día no puedo darte, una hora tienes de vida. Rápido es que se levanta, y cuando a la adivina mira, no hay vestidos ni hay alhajas, solo polvo y mentiras. Airado del sueño la despierta, del brazo a la calle la envía. Sobre la nieve suplica, de nuevo en la pena hundida. - Tú que has vendido mi alma, ahora yo te quitaré la vida. Ahogados quedan los gritos mientras del cuello la cogía, y al dejar ya de moverse, el viento otra vela extinguía. El joven ya se va a la calle, allá donde su amor vivía... - Ábreme, Samaín, deprisa, ¡abre la puerta, mi niña! - La puerta no puedo abrir, mi amor, pues no es la hora convenida. Mis padres no están durmiendo, ahora no soy tu prometida... pero si no te abro esta noche ya nunca más te abriría... Vete bajo el balcón, donde en oro bordaba y cosía, te echaré cordel de seda para que subas arriba. Ya sube por el cordel, ya toca la barandilla... La cuerda de seda se rompe... Y él desde el balcón caía. La muerte le esta esperando, abajo en la tierra fría. Vamos, enamorado, la hora ya esta cumplida.
  4. Becka

    Antología

    SIETE CANDADOS Siete candados guarda la viuda Farley en sus enaguas, y siete llaves, siete caballeros guardan. Una, por decoro, de un banquero no escapa, entre piezas de oro, brillantes y otras faldas. Otra permanece oculta en una mano enguantada, que esconde secretos a su esposa, y a las amantes de los puertos que le aguardan. Tres tiene el viejo Anders, afortunado ladrón de virtudes, que a sus setenta años el vigor no se le hunde. La sexta oculta bajo la almohada un pescador, que con tino supo sacarle más de un sentido al salmón. Y la séptima espera junto a la tumba de su esposo, junto a flores de las viudas que en vida consoló como buen devoto.
  5. Becka

    Antología

    A LA LUJURIA ACUDE EL FUEGO Una noche más, eterna se va en el tiempo, oyes al entrar los sueños que abandonaste. Una moneda más, sonrisas en otro cuerpo, ahogan la pasión deseando volver mañana. Mira al horizonte y lo verás arder, gritos en la noche, la lujuria hizo prender. Acogidos por igual inocentes y culpables, en el juicio de llamas ingobernables Una frágil sombra acecha a la hermandad, mientras el cielo se cubre de ceniza. Es el icono, muestra de agresividad, de blanco recortada contra la marea rojiza. Mira al horizonte y lo verás arder, gritos en la noche, la lujuria hizo prender. Acogidos por igual inocentes y culpables, en el juicio de llamas ingobernables Lo que antes fuera pesadilla y sueño, se esconde ahora en negra madera, entre escombros, humo y ascuas. De justicia la visión de una dama, fantasma de ruegos al viento lanzados, una noche más, eterna te traen de regreso.
  6. Becka

    Antología

    WORKEADO IN PROGRESING
  7. Becka

    Antología

    LITERATURA PROYECTO "Tiempo de guerra" - Campaña en Tierras Altas Crepusculares - Año 28 PROYECTO "Leyendas" PROYECTO "Usos y costumbres" CANCIONES CREACIÓN PARA EVENTOS - A la lujuria acude el fuego [Eileen Reveck] CREACIÓN PARA PERSONAJES - De sal y espuma [Antón Highlight] CREACIÓN A PARTIR DE RELATOS - Los amantes [Eileen Reveck] CREACIÓN DE TRAMA Y LIBRE - El fuego de Parso - Siete candados - El velo de Savien TEATRO ESTILO - CLÁSICO - El baile de los seres fantásticos ESTILO - MUSICAL ESTILO - LIBRE - Samaín
  8. Becka

    Hey buenas!

    ¡ W E L C O M I D O S E A S !
  9. Becka

    Gotta get back, back, back to the...

    O-M-F-G ¡Bienvenido de vuelta!
  10. Becka

    Vuelvo, por que tengo tiempo

    Como ya dejaron un re-bienvenido, un re-buenas y un educado bienvenido de vuelta... Acá dejo mi re-welcomido (Que suena tan mal como parece, pero es chido) xD ¡Bienvenido al vicio again!
  11. Becka

    ¡Feliz cumpleaños, Ethan!

    ¡ F E L I C I D A D E S E T H A N ! ¡SIÉMBRALO, PAPU! Hoy cumple años el señor de los trols y los sensuales enanos negros, poblador de las islas africanas del sur y amo y señor de los elfos amorfos... ÉL ES.... @Ethan (Procedan a dejar sus sensuales imágenes y felisitasiones, pero con lenguaje sencillo, por favor, que es canario)
  12. El baile de los seres fantásticos Cuentan las historias que en los tiempos del Rey del Mediodía se construyó el colosal Palacio de Cristal sobre la cumbre nevada de las montañas del norte. En él, rodeados de lujos y maravillas, se daban cita las criaturas de leyenda para celebrar un baile de máscaras cada veintiocho días, coincidiendo con las noches de plenilunio. El Rey del Mediodía daba la bienvenida a sus invitados y los hacía entrar en el gran salón, donde las charlas, el vino y la música se entretejían con la magia, el sueño y el mito. Entre los invitados se movía, con una gracia natural, el hermano del Rey del Mediodía. Hermanos de sangre y de carne, tan distintos como la noche y el día, y a la vez tan iguales. El Príncipe de la Medianoche saltaba de una conversación a otra, danzaba y bebía, y la música encendía cada uno de sus movimientos, los acompañaba y los mecía, como si el baile estuviera hecho para él. En el Palacio de Cristal, si el Rey era el protector, el Príncipe era sin duda el cazador, y cualquier invitado era su presa. Sin embargo, y durante varias noches, había una que siempre huía. Aquella que llegaba al salón envuelta en sedas y llevaba el cabello trenzado con flores y hojas de azahar y hierbabuena: la noble Dama de la Primavera. Y es que ella era, muy para desgracia del Príncipe, quien, entre sombras y fronteras, nunca baila pero todo observa, siempre lejos de su vista, y dejando tras de sí cuando la busca solo un manto de secretos y estrellas. En ello pierde las horas, las notas y otras presas, en seguirla por el salón sin descanso, siempre detrás de una estela difusa que se desvanece al llegar el amanecer. Infame sol que con su luz la magia del palacio arranca, se lleva con él la Primavera y el consuelo del Príncipe hasta la próxima Luna Llena. Al Rey en audiencia le habla siempre de ella. Bien porque la odia, bien porque la anhela. Bien porque le evita o bien porque le tienta. Más todas sus razones en el vacío siempre quedan, pues ella no habla y el Rey sus secretos le guarda, que mejor que él nadie los conoce, pues de su cuello pende la llave que con celo los apresa. “¡Déjame ir a buscarla!” le ruega, “que por conjuro o maleficio mi sueño altera y con mi mente juega, entre sus flores y sus sedas. Y no hay ya consuelo para aquel que sueña, pues hasta en sueños la busco y al no hallarla el alma se me enciende y me quema.” Más el Rey le niega, día tras día, su petición en la audiencia. “Si te dejo ir tras ella no la hallarás si así lo desea, pues no tiene hogar ni propiedad para quien, de querer encontrarla, así lo hiciera. Es mi llamada la que escucha y por la que al Palacio entra, pero solo para un baile, solo entonces se descubre.” Ya derrotado, el Príncipe se recluye en el palacio. Ronda los pasillos como una bestia enjaulada, hambrienta y desesperada, esperando el regreso de la Primavera a sus salones. Y cuando la Luna se alza y el baile comienza, a ella la busca pero, de nuevo, no la encuentra. Así en un ciclo constante lo atormenta, tanto que de maldad y sortilegios la engalana, a modo de odiarla para que de su mente desaparezca y dé descanso a su alma. Pero testigo de tal sufrimiento es su hermano quien lo observa, y por aquel sentimiento que la fraternidad conlleva a la Dama implora su clemencia. “Un baile. Un baile en la próxima Luna Llena. Si soledad buscas a los cielos juro por que de mi mano la obtengas, si tú tu palabra dieses, y mi deseo así cumplieras, de que bailarás con él y lo liberarás de tan injusta condena.” Sucede que al fin sus palabras la encuentran, en los jardines del Palacio que ella misma engalana con esquirlas de hielo y aroma de tormentas. Tan lejos y tan cerca, que de haberlo sabido el Príncipe mismo la habría ido a buscar. Apenas da unos pasos hasta llegar al salón donde el Rey la aguarda, sentado sobre el trono que las manos de la Dama habían tallado para él tiempo atrás. “¿De qué adolece tu hermano que con tanta urgencia me llamas? ¿Quién lo atormenta de esa forma que incluso mi propio refugio se me ofrece sin recelo a mi capricho?” El Rey se incorpora, más no se acerca, pues bien sabe que no es ella quien es, en otro tiempo Primavera, ahora secretos, solo humo y estrellas. En su mano sostiene la llave que siempre al cuello lleva, y se la tiende, pero tampoco ella se adelanta. “Es tuya si lo deseas, tuya es y siempre lo ha sido, que por honor a nuestro pacto la he guardado. Más ahora ya no la merezco, pues mejor que nadie entiendo el valor de lo que te pido, el ponerte en peligro solo por el necio deseo de un ser querido. Tú eres su deseo, su tormento y dolencia, que tras verte en el baile, noche tras noche, vela tu imagen en el recuerdo, y se pierde a sí mismo entre inventivas, entre odio y amor y sueños, de si eres demonio, mujer, diosa o engendro.” A tal forma, que de verlo tan abatido, la Dama se acerca, más no lo roza, dando solo el consuelo de la cercanía. Con recelo la llave observa y no la toma. “Déjala para mí en el Salón de las Bestias, que es más recogido, difícil su acceso, y haz acudir allí al Príncipe que, según veo, por voluntad es ya mi prisionero.” Y tras despedirse el Rey a toda su corte informa de que no habrá baile en el siguiente ciclo, no lo ha de haber para nadie más que para el Príncipe y su delirio. Dispone órdenes aquí y allá, hace limpiar el Salón elegido, y lo hace adornar. Allí despliega la música y deja que lo inunde el olor de la magia, para que todo comulgue en el cercano atardecer que el sol anuncia y sus invitados aguardan. “Ven, hermano. Que por descontado tus lamentos he oído y al fin les tengo remedio. Acudirá a ti la Primavera y será la única, pues quedarse a solas contigo en este Salón de las Bestias desea.” “¡Cuan valioso regalo, que de mi propia sangre de esperarlo no obtuviera! Más aquí esta, al fin, mi Primavera... sin huida, escapatoria ni frontera ¿Y sin excusa ha accedido? De seguro en mi busca también su descanso perezca, noche tras noche. Que ya sabía que tanta dulzura no podía ser condena...” Devuelto a la vida, el Príncipe ordena a sus sirvientes que traigan sus mejores galas, mientras el Rey cumple su promesa, y en el centro del Salón deposita la llave que con tanto dolor deja. Aún con ella a sus pies observa la puerta y reza al destino porque el delirio no convierta la brisa en tormenta. Entre sus pertenencias busca la Dama y encuentra, las flores, las sedas, y la máscara de oro y perlas. Y que aún vestida de gala y enjoyada, insista en cubrir sus ropas con una capa, su naturaleza demuestra. Allí acude, obligada por su promesa, y entra al Salón de las Bestias antes de tiempo, donde ni un alma la observa. Y ahí esta la llave, sin su custodio, abandonada y hueca, pues ese fue el trato con su dueño aunque ambos supiesen las consecuencias. Miró a un lado y al contrario, y viéndose o creyéndose sola avanzó hasta la llave, la recogió y se la colgó al cuello. Casi con la misma ligereza se giró de nuevo hacia la puerta sintiendo la urgencia de una huida a tiempo, una huida que protegiese los secretos del corazón tanto tiempo sellado. “ No intentéis escapar, dulce Primavera mía. Ahora se porqué aquí os encontráis, ladrona traviesa, que en mis salones irrumpís para robar lo que mío es y a vos no sé porqué razón interesa.” En un jadeo la Dama, en su capa aún envuelta, esconde la llave y con ella la afrenta, maldiciendo la suerte que el destino a su existencia otorga. “Desconozco el crimen que con tanta ligereza a acusarme os lleva, más si este es el trato que recibo tras atender tan desgarradora petición, ¿cómo he de atenderla? Temprana es la hora en la que bajáis del trono, al Salón que a la noche os entrega, y es esa línea lo que vuestro juicio enturbia y falsos crímenes revela.” A pasos seguros y firmes el Príncipe se acerca, y a su costado reposa, envolviéndola, pero sin tocarla ni retenerla. En un descuido, cuando la máscara de oro se vuelve hacia él, en su reflejo delata la cadena que la llave sujeta, oculta tras la capa. Con malicia en la sonrisa y en la mano que tiende hacia ella, la capa retira y el crimen desvela, retira de su cuello la llave y de triunfo el Salón llena. “Ahora veo con claridad porqué la Primavera huye, dejándome solo su estela. Pues es demonio y engendro, no diosa o doncella, solo una ladrona que a los hombres enreda en sus conjuros y a la locura los lleva... Y sin embargo hermosa sois, ataviada con vuestras flores y sedas, oculta tras el oro y las perlas, que no habría hombre capaz de atribuir crimen alguno a semejante belleza. ¡Ay de mí! Que al fin al alcance os tengo, y aún así siento que hay algo que no veo, que incluso tras una máscara lo he de notar, por mis bienes vuestros males, que tan real os siento y aún así nos cubren en este, nuestro primer encuentro, a vos en pena, a mi en gloria.” “No vengo pidiendo al cielo clemencia o a vos la admiración de mi belleza, tan falsa como errática y traicionera, que por igual a todos embauca y envenena... A otros confunde y a la locura lleva. Y he de aborrecer a la bestia que frente a mí hoy se presenta, vestida con ceremonias y emblemas, que no por ventura ha sido este escogido como Salón de las Bestias, pues aquí es donde todo concuerda y las verdades se ahogan, cercadas por el animal que las puertas guarda del llanto, el temor y la pena.” “Mayor gloria me daréis cuanto mayor sea la pena, pues cuanto más me aborrezcáis tengo de quereros más. Y si es en este salón donde como bestias venimos a ser lo que somos, así, entre el placer y el pesar, aprended a amar o enseñadme a aborrecer. Enseñadme vuestros rigores, yo os enseñaré finezas; enseñadme vuestras asperezas, yo os enseñaré favores; vos desprecios y yo amores. ¡Quién pudiera disimular el afecto! ¡Quién pusiera límite al pensamiento, freno a la voz y ley al sentimiento! Que ante mí se presentasen las pruebas y yo de buena gana las viera, de que siendo bestia u hombre, amaros no pudiera solo porque así vuestra voluntad lo quisiera.” “Y ese amor que tanto predicáis y al que tanto apego le tenéis, no es más que dolor y desdicha, pues si solo mi presencia os consuela y mi ausencia os mortifica, ¿qué hay de bondad en el amor? No... ni siquiera amor podría llamarse a aquello que de mentiras se alimenta, de engaños y conjuros se crece, y entre fronteras se protege de ser descubierto. Aquello que robé y que jurasteis os pertenece, una llave que guardáis sin saber lo que contiene, solo la celáis porque yo quise tenerla. Y aún digo más, pues quizá que esté en vuestras manos es el destino que el Rey y yo hemos temido en los tiempo del verano. Castigo y ruina que a mi viniesen, a vos, olvido y dicha, si el hechizo esa llave rompiese.” Con el cuidado y la delicadeza merecidos de semejante revelación, el Príncipe observa la llave y, casi sin demorarse, implora. “¿Y si aquello que guarda fuese mi deseo conocerlo? ¿Qué mal habría, pues, si la llave es mía, en saber yo lo que guarda y tantas penas arrastra? Mencionáis a mi hermano y las dudas me asaltan, ¿qué sabe él de la Primavera que con tanto esfuerzo se me oculta? ¿O qué le confía la Primavera a él que a mi entendimiento escapa?” Pero la noche se cierra y la música conquista los ecos del Salón, inundando el pecho de los dos moradores que en la distancia se reclaman, que se tientan al baile. Y las preguntas quedan en el aire, entregados los dos a la danza provistos de máscaras. Jura al cielo quien los viese, que, si de ensayo habrían de haberse servido para aquella noche, mejor espectáculo no habrían ofrecido. Dos que se movían como uno, y no había compás en el que sus pasos muriesen, fluidos y nobles, imbuidos en la noche y la magia del pueblo de los seres fantásticos a quienes los mortales solo envidiar pueden. Comprendieron entonces que habían nacido para aquel momento, para ese baile, para esa noche. Ambos cedieron a sonrisas, a miradas y a caricias que solo rozaron el aire. Y cuando la música se hizo suave, de la mano tomó gentil la Medianoche a la Primavera y la llevó al jardín, al camino de rosales en flor que junto a la fuente lleva, a fin de encontrarla más pura y más bella, bajo el filtro de la luz que toda magia renueva; la luna en su plenilunio. “Negarlo sería jugar con aquella que de la mano esta luna me contempla. Mi Primavera... solo algo me inquieta. Si con esta llave liberarte pudiera, de tu máscara y tu manto de estrellas, así el infierno me espere tras semejante afrenta, debo, debo hacerlo y ver tu pena.” Respondió la Dama sin palabras, que sin detenerlo dejó que la máscara cayera. Y ahí la llave firmó su verdad, pues la Dama es y siempre fue Invierno y no Primavera, que las flores no eran flores y las sedas no eran sedas. Y el jardín, de rosas cubierto, que al pasar ellos mismo vieran, enjauladas ahora en el hielo quedan. Hasta la fuente ante la verdad hiela. “Esta es mi verdad, aquella que el Rey de buena gana oculta de ti y de buen gesto no desvela. Pues yo soy Dama, si, pero no de flores cubierta. De flores me disfrazo y viene a mí la Primavera, que si en otro tiempo me viera huiría sin pensarlo. De ella hago mi máscara y el sol la llena y el hielo aleja, más solo en las noches del baile, solo ante la Luna Llena. Y si de ti he huido no es historia nueva, pues yo levanté este Palacio para servir de morada al Rey y sus vasallos. Y a esto que apareces, en manto real oculto y resguardado, que vienes a perseguirme sin respetar aquello que guardo. Pues piensa que si guardado está una buena razón ha de haber, y es que, por una noche, Primavera junto a él me deje ser. Falsedad o miedo, ambas. Si por la primera de ellas esta hecho el agravio, tuyo imploro el perdón y acepto mi castigo. Más si por la segunda llegase a ser, te pido: ayuda, amabilidad y olvido.” Y así acaba el cuento pues de todos es sabido que ningún final es querido. Si el olvido eligió el Príncipe imposible sería de saber. Más una verdad esta clara, el baile sigue y el Palacio de Cristal se mantiene en pie, luego ni una verdad tan amarga al corazón logra vencer. Primer borrador del argumento de la obra "El baile de los seres fantásticos" Autor: Belaen Dawnveil "Illien" - Evento relacionado -
  13. Becka

    ¿Hola?

    Ásdis me suena a Astrid, por lo que para mi eres una rubia vikinga que monta dragones * -* ... pero lo dejaré en lenguaje neutral, ¡[email protected]! Por lo de no poder estar presente en los eventos no te preocupes. Una vez dentro, apúntate a los que quieras o te vengan bien con tus horarios, y si por cualquier cosa tienes que fallar un día a un evento al que te hayas comprometido a ir o incluso si una vez dentro tienes que irte antes de que acabe o llegas a la mitad, no te preocupes que nadie te va a morder. Pero si te mola el rol de enfermera... conozco una médico super maja
  14. Becka

    ¡Hola, mundo!

    ¡Bienvenido! Si ya tienes un humano rondando por ahí no tardaremos en cruzarnos ^.^ Espero que lo pases bien, y para cualquier duda ya sabes, a tu disposición
  15. Becka

    Vamos a recomendarnos cosas.

    11 años... lleva 11 años si contamos desde la publicación del primer libro... y 7 desde el segundo x'D Y lo peor es que lo que se sabe es que ya esta escrito y lleva como 3 o 4 años en revisión... Moriremos todos y envejecerán nuestros hijos y Las Puertas de Piedra aún no estarán publicadas. Buenísima recomendación.

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