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Dsaille

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  1. Acto III : Un Ciclo de Odio Resoluciones Conocimiento olvidado Asalto a la Avanzada de Zoram'gar En su camino al Bastión Plumaluna, la flota de la general Shandris lanzó un asalto en medio de la noche contra la Avanzada de Zoram'gar, en la costa oeste de Vallefresno. De este puesto de la Horda ahora no quedan más que los cadaveres de los guerreros caídos en combate y las estructuras abandonadas. Aku'mai el Devorador El garad'kra enviado por Garrosh a las cavernas brazanegra logró hacerse con la ultima tablilla de un antiguo hechizo altonato. Sin embargo, dentro del antiguo templo de Elune no solo hallaron a un pequeño grupo del Martillo Crepuscular que hizo del sitio su nueva guarida. Sino también a Aku'mai el Devorador, una temible criatura invocada por los cultistas y la cual ha quedado suelta. Asalto a la Bahía Garrafilada Una defensa desesperada Aunque superado ampliamente en numero, Garrosh Grito Infernal ha logrado defender la Bahía Garrafilada del asalto naval de la Alianza, valiendose de un antiguo hechizo altonato con el cual conjurar terribles criaturas submarinas, las cuales terminaron decantando la batalla a su favor. Retirada de la Alianza La derrota era una posibilidad y gracias a Jaina, y a algunos de los magos del Kirin Tor, parte del ejército que acudió a la Bahía Garrafilada logró regresar sano y salvo a la ciudad de Ventormenta, permitiendole conservar parte de sus fuerzas antes que llorar la perdida de otro ejército. Batalla del Bastión Plumaluna El asedio de Nueva Thalanaar El Clan Tótem Siniestro ha sido testigo de los enfrentamientos entre la Horda y la Alianza, llegando incluso a participar a favor de esta ultima facción con tal de sacar beneficios del conflicto. Sin embargo, tras Theramore, y sabiendo que la Horda podría intentar extinguirlos como hicieron con los que se encontraban en esa ciudad, algunos tauren tótem siniestro han lanzado ataques de manera continua contra Nueva Thalanaar, la cual ha permanecido incomunicada con el Bastión Plumaluna desde entonces. La defensa de Plumaluna A pesar de lo costosa que fue la batalla, la general Shandris y los refuerzos provenientes de Darnassus han logrado ser determinantes en la defensa del Bastión Plumaluna, el cual ha logrado resistir el embate de la Horda. Los invasores vuelven a casa El capitán Gharga y sus fuerzas invasoras no han podido tomar el Bastión Plumaluna en nombre de la Horda. Los sobrevivientes de la batalla no han tenido otra opción más que batirse en retirada. Horda Desconfianza El Jefe de Guerra de la Horda ha admitido sus errores frente al resto de líderes de la Horda. Sin embargo, aunque por ahora permanecen unidos, la desconfianza entre estos y Garrosh Grito Infernal perdura. Solo el tiempo dirá sus palabras eran ciertas o no... Un consejo de guerra Consciente de que necesitara de sus aliados para triunfar en la guerra, Garrosh Grito Infernal ha decidido formar un consejo de guerra con los distintos embajadores de las naciones aliadas de la Horda. Retorno de los Kor'kron Tanto como recompensa por su lealtad tras los hechos de Theramore, como también como prueba de que esta dispuesto a confiar en sus aliados, el Jefe de Guerra de la Horda ha ordenado el retiro parcial del regimiento kor'kron destinado en Entrañas. Solo un selecto grupo de estos, al mando del Capitán Bragor, permanecen en la ciudad renegada. Alianza Ventormenta debilitada La Guerra contra el Rey Exánime y los conflictos posteriores durante el Cataclismo no han dado respiro alguno a Ventormenta, y Theramore no ha hecho más que acentuar esta situación. La nación es incapaz de continuar sirviendo como la punta de lanza de la Alianza y cualquier futura participación en el conflicto sera a costa de la defensa de su propio territorio. ¡Recuerden Theramore! La destrucción de Theramore, lejos de desmoralizar a la Alianza, ha unido a sus miembros bajo la noción de que la Horda ha roto todos los limites en el conflicto, pues Grito Infernal ha demostrado que no se detendrá ante nada para conseguir la victoria. Theramore es el ejemplo de lo que podria ocurrirle al resto de naciones, si la Horda no es detenida. Dalaran Una nueva líder El Consejo de los Seis ha elegido a Jaina Proudmoore como la nueva líder del Kirin Tor. Esperanza A pesar de la elección de su nueva líder, el Kirin Tor ha optado por continuar como una nación neutral en el conflicto. Hay quienes creen que son la ultima esperanza de lograr una tregua u armisticio entre la Horda y la Alianza, al ser el puente entre ambas facciones. Sin embargo, solo el tiempo dirá si esta esperanza es en vano o no...
  2. Epilogo Los restos de la flota de la Alianza todavía flotaban sobre la bahía Garrafilada, cuyo solitario muelle se encontraba excesivamente reforzado producto de la batalla que había ocurrido en ese lugar. Todo a su alrededor estaba en silencio, pero para él, eso solo era la falta que venia antes y después de una tormenta que volvería a golpearlos una vez más. La Alianza había sido derrotada, pero su ataque hizo algo más que solo romper la ilusión de que Grito Infernal era invencible después de Theramore, sino que tampoco iban a dejarse amedrentar por su enemigo. La derrota los había unido con un propósito que iba más allá de vengar lo ocurrido y que harían lo que estuviera a su alcance para poner fin a la guerra, incluso si eso significaba ir a por el corazón de sus enemigos. “Aún se pue’e rehpira’ la magia que usaron.” – Dijo Rokhan, quien se hallaba a la izquierda del jefe lanza negra. “Eh cie’to.” – concordó Vol’jin para luego desviar su mirada de la bahía y volver a montar su raptor. Tras la batalla, los heraldos kor’kron volvieron a dejar Orgrimmar con un destino claro: las capitales de sus aliados. Uno de ellos había llegado a las Islas del Eco, exigiendo reunirse con el jefe de la tribu, para luego informarle de que nuevamente el jefe de guerra quería reunirse con los lideres de la Horda. Vol’jin había recibido el mensaje, más no fue concluyente con su respuesta al orco antes de dejarlo marchar. Sin embargo, ahí estaba, a solo pasos de la ciudad orca, preguntándose para sus adentros si habría sido el único en responder y si fuera así, si es que no estaba caminando hacia una trampa. Después de todo, había oído ya lo que ocurría con quienes disentían con su jefe de guerra y tiempo atrás, él lo había amenazado de dispararle una flecha al corazón. Rokhan y tres siame-quashi avanzaban en torno a su jefe, a lomos de un raptor al igual que él, atentos a los alrededores. Sobretodo ante algunos orcos cuyas miradas aceradas reflejaban el resentimiento que tenían contra ellos, seguramente por ser quienes estaban más cerca para ayudar a Orgrimmar y en vez de eso, prefirieron permanecer en las Islas del Eco, protegiendo su hogar en caso de que la Alianza intentara reclamarlas como cierto almirante humano había hecho en el pasado. Los trols cruzaron la puerta de la ciudad y avanzaron por el Valle de la Fuerza, hasta detenerse unos pocos metros por delante del Fuerte Grommash. Un orco se aproximo a ellos para poder llevarse sus monturas, mientras Vol’jin y los suyos continuaron su camino a pie, adentrándose en el edificio, siempre seguidos bajo la atenta mirada de los kor’kron. El jefe de los lanza negra dio un paso tras de otro, observando a cada uno de los guardias, atento especialmente a sus manos y a sus pies, expectante de cualquier movimiento sospechoso. Aunque sus temores aminoraron cuando llegó a la amplia sala del fuerte y pudo notar que el resto de lideres también estaban allí. Vol’jin asintió con la cabeza, a modo de saludo silencioso, a Baine y a Lor’themar, cuando su mirada se cruzo con la de estos y sin más, camino hacia su asiento, mientras podía sentir la mirada inquisitiva de Garrosh Grito Infernal encima de él, observándolo desde su trono de metal, cuero y hueso. “Bien… Ya todos están aquí.” – Dijo Garrosh con un tono de voz grave, una vez Vol’jin se sentó. – “Muchos estarán preguntándose por qué les he pedido venir y la razón es simple: la Horda les necesita. YO los necesito.” Vol’jin levanto una ceja al oír esas palabras y el resto de lideres reaccionó de la misma manera. Baine frunció muy ligeramente el ceño y se inclinó un poco hacia adelante, mientras se acariciaba su crin, ciertamente intrigado por las palabras de Garrosh. Lor’themar, cuyo semblante solía ser neutral, esta vez entrecerró sus ojos y ladeo la cabeza, viendo directamente al jefe de guerra. Sylvanas simplemente esbozo una suave y velada sonrisa, seguramente deleitándose con la situación. Gallywix se frotaba las manos, como quien estuviera a punto de hacerse con una oportunidad de oro. Ronauk, líder de los taunka, en tanto, se limito a reacomodarse en su silla y Zaela de los faucedraco tan solo desvió su mirada unos instantes, como si estuviera en desacuerdo con esas palabras y se sintiera decepcionada del jefe de guerra al tener que decirlas. Nazgrel de los Lobo Gélido, en cambio, tan solo gruño al oír tales palabras, ciertamente desconfiado de su veracidad. “Theramore fue una victoria, pero fue una victoria más costosa de lo que pensé.” – Continúo diciendo el mag’har. – “Escondí algunos detalles de mis planes por temor a la deslealtad. Tome el manto de jefe de guerra, mientras la Horda estaba tratando de resolver las consecuencias de la Puerta de Cólera y esa consecuencia de un supuesto ataque contra los elfos de la noche en Vallefresno. Soy un guerrero, no un chamán y Thrall lo sabía, cuando me nombró como el nuevo líder de la Horda, pero ahora veo que liderar a la Horda es algo más que pura fuerza.” “Admito que no debí esconder los detalles la batalla de Theramore y aunque, por un momento, creí que podría continuar con el plan que les dije en esta misma sala, las cosas fueron cambiando y el ultimo ataque demostró que no puedo hacer esto solo.” – Agregó Garrosh a su discurso. – “Orgrimmar esta en pie, gracias a la fuerza y esfuerzo de muchos, pero si la Alianza intenta otro ataque. Uno más fuerte que este, especialmente ahora que el Bastión Plumaluna sigue en pie, no puedo estar seguro de que podamos resistir.” El silencio se apodero de la sala poco después de esas ultimas palabras y se prolongo por unos cuantos segundos más, los cuales parecían volverse una eternidad. “Estoy seguro que decir estas palabras no ha sido fácil para ti, Garrosh.” – Baine rompió el silencio entonces, dirigiendo su mirada al orco. – “Se requiere valor para admitir nuestros propios errores y eso has hecho hoy. Esta es la valentía que la Horda necesita, no solo la que se prueba en batalla.” “Sin embargo…” – Le interrumpió Lor’themar. – “el daño ya esta hecho: las grietas no sanaran tan rápido, como algunos aquí querrían. Cuando mi pueblo y yo nos unimos a la Horda, Thrall promulgaba valores como la unidad y esta ha ido desapareciendo desde que esta guerra comenzó. Incluso he sido informado de que teníais a un espía sin’dorei apoyándoos todo este tiempo, algo de lo que no supe hasta que uno de mis oficiales regreso de la batalla de Theramore. Unas palabras así no servirán para restaurar la confianza de los sin’dorei tan fácilmente, por sentidas que sean.” “Tu has probado tus palabras a través de acciones, jefe de guerra.” – Dijo Sylvanas, una vez Lor’themar termino de hablar. – “Tal vez, podrías hacer lo mismo ahora. Dices que el temor a la deslealtad motivo tus decisiones y a pesar de eso, y de nuestro desacuerdo con ese ataque, todos aquí aceptamos seguirte a la batalla en Theramore. Ahora estamos aquí, de nuevo, así que como puedes ver, la lealtad sigue presente…” Garrosh suspiró con resignación, algo que llego a parecer más un resoplido solapado por sus colmillos, cuando escuchó las palabras de Sylvanas. Vol’jin entrecerró sus ojos, viendo unos instantes a la Reina Alma en Pena, consciente de que estaba buscando conseguir algo. De todos sus aliados, los renegados eran los únicos que realmente se encontraban bajo el ojo atento del jefe de guerra como consecuencia de la Puerta de Cólera. Aunque eso no había sido la decisión de Garrosh, él tan solo había heredado ese desenlace y el trol estaba seguro que, si por él hubiera sido, seguramente todos los no muertos habrían sido purgados de la Horda. ¿Acaso la llamada Dama Oscura de los renegados buscaba transformar Entrañas en alguna clase de ejemplo?. “Tienes razón. Palabras son palabras y tengo que probar lo que digo.” – Respondió Garrosh. – “En recompensa por tu lealtad, Sylvanas, retirare a la mayoría de mis kor’kron de Entrañas. Solo dejare al capitán Bragor y un pequeño grupo de sus guerreros, para asegurarnos de que el añublo no vuelva a ser utilizado de ahora en adelante.” Los ojos de Garrosh acudieron entonces al puesto de Nazgrel. “Las fuerzas que Cromush dejó en el Valle de Alterac seguirán allí, pero quedarán a las ordenes de los Lobo Gélido.” – Agrego el jefe de guerra. – “Cromush regresara a Molino Tarren, para continuar a cargo de la defensa de ese territorio junto a los renegados.” “Bien.” – Fue lo único que obtuvo como respuesta por parte de Nazgrel. “Aún e’ta el asunto de la guerra…” – Indicó Vol’jin desde su asiento, volviendo a hacerse el silencio. – “De’truimoh Theramore, pero la Alianza se ha unido cont’a nosot’oh. Su ataque a O’grimma’ falló, pero podrían volve’ a intenta’lo con ot’oh de nosot’oh.” Garrosh asintió un par de veces. “Es por eso que necesitamos permanecer unidos.” – Contesto Garrosh. – “La Alianza no aceptara la paz hasta que estemos muertos en el suelo o encadenados en sus prisiones, como hicieron en el pasado. Kalimdor es casi nuestro, pero eso no los detuvo para atacar Orgrimmar y no los va a detener para atacar a cualquiera de vosotros.” “Esta guerra terminara con una victoria de la Horda, pero necesito su ayuda para hacerlo. Permitire que vuestros embajadores no solo sean representantes de su pueblo, sino también consejeros en lo que a esta guerra se refiere.” – Agrego el jefe de guerra. – “Cada movimiento o campaña que hagamos, será decidido a conveniencia de toda la Horda.” La desconfianza, a pesar de las concesiones que Garrosh había hecho, seguía presente en varios de los ahí reunidos y cuando Vol’jin miro al orco, estaba seguro de que él también seguía desconfiando de ellos. Lamentablemente, él había desatado la guerra entre la Horda y la Alianza, y Theramore había marcado un antes y un después en el conflicto. Garrosh había cruzado una línea que ningún otro, salvo la Legión Ardiente en su afán de conquista y destrucción, había cruzado antes y eso había empujado a la Alianza a actuar de acuerdo con un enemigo así. Irónicamente, el jefe de guerra había conseguido su guerra y aunque no tenia los resultados que él esperaba, había obtenido lo que buscaba y el resto iba a seguirlo, aunque fuera solo por poder defenderse de futuras ofensivas, mientras se buscaba la manera de alcanzar la paz antes de que el baño de sangre acabara con todos… Los guardias reales de Ventormenta se encontraban patrullando las murallas en torno al castillo de su Majestad, cuando uno de ellos noto a la solitaria figura femenina que caminaba hacia el foso que dividía la capital humana con el hogar del Alto Rey de la Alianza. Una capucha cubría su cabeza, pero en los costados se podían ver varios mechones de cabello blanco caer por encima de sus hombros y a juzgar por el báculo que portaba, era evidente que era una maga, aunque no cualquiera. “¿Quién va ahí?” – Alzó la voz uno de los guardias, por encima de una de las almenas. La mujer se detuvo frente al foso y llevo su mirada al guardia. “Lady Jaina Proudmoore de Th…” – El nombre de su antiguo hogar desapareció de sus labios tan pronto se percato del inconsciente desliz y por un instante, un nudo se hizo en su garganta. Nada más basto el nombre para el guardia, para este asentir y señalar a los guardias de la entrada que alzaran el rastrillo y bajaran el puente levadizo. Paralelamente, otro de ellos marchó apresuradamente hacia el castillo con la misión de notificar al rey de la presencia de la dama, quien seguramente buscaría una audiencia con él. Jaina cruzo el puente levadizo en silencio y así continúo caminando por el patio de armas del castillo, hasta finalmente llegar a la entrada de este, donde un guardia le esperaba para conducirla a la sala del trono. La maga se limito a asentir como saludo y el soldado se giro poco después de su gesto, para escoltarla al encuentro del rey. Varian se encontraba sentado sobre su trono, aunque en vez de llevar su característica armadura azul, llevaba un chaleco de tela del mismo color con bordados de hilo dorado y una camisa blanca de lino por debajo. No obstante, sus piernas seguian cubiertas por las grebas y sus pies aún portaban las botas típicas de su indumentaria de batalla. Genn se encontraba a la izquierda del trono, cruzado de brazos, siguiendo cada paso de la antigua señora de Theramore y a la derecha del Rey, algo más alejado que el rey de Gilneas, se encontraba el maestro de espías Mathias Shaw. “Rey Varian.” – Jaina se inclino de forma reverente. – “Espero que vuestra herida haya sanado. La Alianza necesitara a su Alto Rey ahora, más que nunca, en el campo de batalla.” “La herida esta sanando, aunque no creo que hayas venido para solo saber como estoy, Jaina.” – Contesto Varian. Jaina asintió a las palabras del rey de Ventormenta y, seguidamente, se retiro la capucha con su mano izquierda e inhalo profundamente por la nariz. “El Kirin Tor me ha elegido como su líder.” – Dijo la maga finalmente, mirando fijamente a Varian, cuya expresión templada cambio radicalmente a una de sorpresa. Genn levanto una ceja y por un solo instante, miro de reojo a Mathias Shaw, quien al notar su mirada simplemente se encogió de hombros. El gilneano suspiro con resignación y volvió su atención a Jaina. “Supongo que eso significa que Dalaran finalmente volverá a la Alianza.” – Dijo Genn con su mirada puesta en la maga. “Me temo que no es tan simple…” – Respondió con cierta renuencia la humana. Varian frunció el ceño y se reacomodo en su trono. “¿A qué te refieres con que no es tan simple?” – Preguntó el Alto Rey de la Alianza. – “Dalaran perdió a Rhonin gracias a la Horda y tu misma viste de lo que Garrosh es capaz, ¿acaso eso no es suficiente para el Kirin Tor?” Inconscientemente, la voz de Varian fue alzándose y tomando un matiz un tanto más severo, mientras hablaba. “Soy la nueva líder del Kirin Tor, pero eso no me transforma en su reina.” – Señaló la maga con un tono relativamente tranquilo. – “Hay otros archimagos quienes tienen voz en la ciudad y a pesar de todo lo que ha ocurrido, los magocratas siguen divididos en que hacer de ahora en adelante. Algunos incluso consideran que podríamos aprovechar nuestro vinculo con Quel’thalas, para lograr un armisticio o al menos, una tregua, entre la Horda y la Alianza.” El silencio se apodero del salón del trono. Genn negó severamente con la cabeza, sin quitarle los ojos de encima a Jaina, quien a su vez tan solo aguardaba los comentarios de Varian. El rey de Ventormenta, por su parte, se llevo la mano derecha a su rostro y se froto suavemente la cuenca de sus ojos, tratando de comprender el por qué el Kirin Tor optaba por mantener su neutralidad a pesar de todo lo que había ocurrido. “¿Y tu qué crees?” – Varian miro fijamente a Jaina. – “¿Realmente crees que hay una posibilidad de que puedan lograr eso o estas con aquellos que creen que deberían de volver a la Alianza?” Jaina suspiro largamente. “Aunque una parte de mi sabe que no hay posibilidad de alcanzar la paz con la Horda, no mientras Garrosh este liderándola…” – Comenzó a responder la maga. – “Quiero creer que hay una posibilidad de lograr algo. Fueron los Atracasol quienes dieron el voto decisivo para que el Kirin Tor fuera en ayuda de Theramore y su archimago representa a Lunargenta, eso dice bastante.” “Lo hicieron porque servía a sus propios intereses, Jaina.” – Contesto secamente el rey de Gilneas. – “No porque realmente les importara el destino de Theramore.” “Tal vez, pero eso prueba que no todos están de acuerdo con seguir las ordenes de Garrosh.” – Contrargumento la ahora líder del Kirin Tor. – “Y puedo aseguraros que ellos no son los únicos que se que se oponen a sus planes.” “Puede que tengas razón, pero eso no bastó para impedir que Garrosh volviera a reiniciar esta guerra.” – Sentención el Rey Varian con un tono contundente. – “No puedo creer que después de todo lo que ha pasado, Dalaran decida permanecer neutral, pero tampoco puedo forzar vuestra mano. Sin embargo, si la Horda decide moverse en vuestra contra, pueden contar con nuestro apoyo para defenderos de ellos.” Jaina frunció un poco el ceño al oír las palabras de Varian, sintiendo el deseo de retribuir ese apoyo que no había solicitado. Sin embargo, eso era algo que ella no podía decidir por si misma y aunque podía comprender el por qué lo decía, tampoco podía negar los argumentos de sus pares en el Consejo de los Seis, al señalar que aún podían dar con una forma de alcanzar una paz, aunque fuera momentánea. Irónicamente, Dalaran se había convertido en un faro de esperanza, tal y como lo había sido Theramore en su día, pero aunque ella no quería admitirlo, el temor a que su llama también fuera extinguida estaba ahí, acechando en los más oscuros rincones de su corazón. “Agradezco tu apoyo, Alto Rey.” – Respondió la maga tras una elegante reverencia. La reunión no tardo en concluir poco después de ese intercambio de palabras. No había espacio para más y tras realizar las debidas despedidas, Jaina opto por pasear por las calles de la ciudad antes de regresar a Dalaran. Habían miradas condescendientes con ella, pero parte de su espíritu halló paz al ser reconocida por algunos sobrevivientes de Theramore, ahora refugiados en Ventormenta. Sin embargo, como Varian y Genn, ellos también ansiaban que la Horda respondiera por su crimen y en más de una ocasión, Jaina se encontró sin palabras o meramente se limitó a responder que la Alianza haría todo lo necesario para que así fuera. No podía decir más, pues ahora lideraba una nación realmente neutral y que, como ella en el pasado, estaba depositando sus esperanzas en la paz. Jaina se detuvo en el mirador del puerto de Ventormenta, observando los muelles por un instante, para después mirar los astilleros con las naves de la séptima flota que aún seguían siendo reparados. Garrosh había desatado la guerra y en vez de forzar a la Alianza a capitular frente a la Horda, solo había conseguido darle un motivo de peso para seguir luchando. Theramore había sido la chispa de un fuego que incluso ella creía imposible poder apagar a esas alturas, pero si de algo estaba segura, era que independientemente de lo que trajera el futuro consigo, no permitiría que Grito Infernal volviera a arrebatar las vidas de aquellos que habían depositado su fe en ella. No sin antes luchar.
  3. La Batalla del Bastión Plumaluna Horda Ficha de combate Fuerza 3 Agilidad 2 Resistencia 3 Voluntad 2 Hacha de dos manos 6 (+3) Combate sin armas 5 (+3) Defensa fisica 6 (+3 / +2) Voluntad mental 4 (+2) Ficha de combate Fuerza 3 Agilidad 2 Resistencia 3 Voluntad 2 Arma de filo de dos manos 6 (+3) Combate sin armas 5 (+3) Defensa fisica 6 (+3 / +2) Voluntad mental 4 (+2) Ficha de combate Fuerza 5 Agilidad 1 Resistencia 4 Maza de dos manos 5 (+5) Combate sin armas 2 (+5) Defensa fisica 5 (+4 / +1) Ficha de combate Conocimiento 5 Agilidad 1 Voluntad 4 Hechizos ofensivos 5 (+5) Hechizos defensivos 4 (+4) Defensa fisica 2 (+1) Ficha de combate Fuerza 4 Agilidad 3 Resistencia 3 Hacha de dos manos 5 (+3) Combate sin armas 2 (+3) Defensa fisica 5 (+3 / +2)
  4. El Asalto a la Bahía Garrafilada Horda Ficha de combate Fuerza 3 Agilidad 2 Resistencia 3 Voluntad 2 Hacha de dos manos 15 (+3) Combate sin armas 8 (+3) Defensa fisica 12 (+3 / +2) Voluntad mental 10 (+2) Ficha de combate Fuerza 3 Agilidad 2 Resistencia 3 Voluntad 2 Hacha de dos manos 8 (+3) Combate sin armas 8 (+3) Defensa fisica 8 (+3 / +2) Voluntad mental 8 (+2) Ficha de combate Fuerza 3 Agilidad 2 Resistencia 3 Voluntad 2 Hacha de dos manos 6 (+3) Combate sin armas 5 (+3) Defensa fisica 6 (+3 / +2) Voluntad mental 4 (+2) Ficha de combate Fuerza 4 Agilidad 3 Resistencia 3 Hacha de dos manos 5 (+3) Combate sin armas 2 (+3) Defensa fisica 5 (+3 / +2) Alianza Ficha de combate Fuerza 3 Destreza 2 Agilidad 1 Resistencia 2 Voluntad 2 Armas de filo de dos manos 8 (+3) Armas de filo de una mano 8 (+2) Resistencia fisica 6 (+2) Percepción sensorial 5 (+3) Voluntad mental 4 (+2) Ficha de combate Destreza 3 Fuerza 3 Voluntad 2 Resistencia 2 Maza de una mano 10 (+3) Hacha de una mano 8 (+3) Resistencia fisica 6 (+2) Voluntad 7 (+2) Ficha de combate Conocimiento 3 Voluntad 3 Agilidad 2 Percepción 2 Hechizos ofensivos 10 (+3) Hechizos defensivos 10 (+3) Hechizos con efecto 10 (+3) Percepción extrasensorial 10 (+2) Defensa fisica 5 (+2) Ficha de combate Destreza 3 Percepción 3 Agilidad 2 Resistencia 2 Armas de tiro 10 (+3) Armas de filo de una mano 8 (+3) Resistencia fisica 6 (+2) Percepción sensorial 7 (+3) Ficha de combate Destreza 4 Percepción 2 Agilidad 1 Resistencia 3 Armas de Filo de una mano: 5 (+4) Percepción sensorial: 3 (+2 ) Defensa fisica: 4 (+1 / +3 )
  5. La Batalla del Bastión Plumaluna La flota de Shandris Plumaluna finalmente había llegado al bastión que llevaba su nombre y poco después de que las tropas kaldorei, draenei e incluso algunos huargen, habían desembarcado, los barcos se habían repartido por la costa para defender el puesto militar desde el mar. La general se encontraba en lo alto del árbol que funcionaba como cuartel principal del bastión, observando el mapa de Feralas que tenia en mesa frente a ella con pluma en mano, marcando las posiciones de las cuales sabia su estado de acuerdo a los informes que había solicitado. Los ojos plateados de la elfa de la noche se pasearon desde el Bastión Plumaluna, hacia la Torre de Estulan, para luego continuar hacia Nueva Thalanaar y marcar este lugar con una equis. En silencio, Shandris murmuro una maldición para quien fuera que se hubiera atrevido a atacar o sitiar el asentamiento, pues eran sus ojos hacia el mar que eran ahora las Mil Agujas. En su mente cavilo la posibilidad de que fuera la Horda la culpable, pero ella conocía Feralas, y en su interior era consciente de que también podrían haber sido los Gordunni o los Tótem Siniestro, los cuales también acechaban en los alrededores. Resignada, la kaldorei volvió a repasar el mapa, escuchando entonces unos pocos pasos detrás de ella, los cuales se detuvieron para dar pie a un simple taconazo. “General.” – Escucho decir a una centinela. Shandris se aparto de la mesa y se giro para ver a la elfa de la noche. “Las patrullas que envió a explorar el perímetro han vuelto.” – Anunció la centinela. – “No hallaron presencia enemiga en los alrededores, salvo unas pisadas de ogro que pudieron haber hecho durante el día.” La general frunció el ceño al oír aquello. Como elfos de la noche, sus costumbres eran nocturnas y por ende, toda su vida ocurría con la Diosa observándoles en todo momento. Sin embargo, como sus aliados, la Horda estaba compuesta por razas diurnas y gracias a sus oficiales, había averiguado que Garrosh Grito Infernal había aprovechado ese horario para avanzar por Vallefresno. Algo que, sin lugar a dudas, volverían a utilizar contra el bastión, incluso de manera inconsciente. “Avisa al resto de oficiales, y a la sacerdotisa Estrellaclara, de que modificaremos nuestra costumbre.” – Ordeno la general. – “Quiero a todos durmiendo dentro de las próximas dos horas. Nuestro enemigo es diurno, así que tendremos que adaptarnos a ellos si queremos resistir su ataque.” “Como ordene, general.” – Asintió la centinela, quien, si tenía algún atisbo de duda, al menos sabia esconderlo detrás de una expresión de mármol. Shandris se acerco al mapa y lo enrollo, para luego volver a acercarse a la elfa. “Lleva tu informe a la sacerdotisa Estrellaclara, también.” – Señalo Shandris. – “Y entrégale este mapa.” La centinela cogió el mapa, se cuadro y marchó bajo la atenta mirada de su oficial. Shandris suspiro, llevando su mirada hacia el horizonte nocturno y por ultimo, a la Madre Luna. No tenia ni un solo deseo de adoptar una costumbre diurna, alejada de su brillo, pero como cualquier cazador, ella debía conocer y adaptarse a su presa. No tenía otra alternativa y como si se tratara de una despedida, la kaldorei musito una plegaria a Elune antes de caminar hacia su cama.
  6. El Asalto a la Bahía Garrafilada Los barcos a vapor comenzaron a amarrar en el puerto de Ventormenta, mientras que las naves más dañadas de la séptima flota continuaban siendo reparadas en los astilleros de la ciudad humana. Muradin subió los escalones hasta finalmente llegar al castillo de proa con el fin de supervisar la llegada de la flota proveniente de Forjaz y una vez el motor a vapor de su propio barco fue apagado, el enano dirigió su mirada hacia la cubierta, donde diversos tripulantes enanos se hallaban manipulando los distintos aparejos, mientras que los soldados comenzaban a formar. Había enanos de los tres grandes clanes, pero por un instante, el consejero Barbabronce sintió un nudo en la garganta al ahogar un insulto en lo más profundo de su ser, al ver a algunos enanos hierro negro armados no solo con la armadura de la capital enana, sino también el tabardo propio de la nación. Eran aliados, pero para alguien que por años había combatido contra ellos, era difícil pensar en ellos como en algo más que enemigos. “¡Soldados de Forjaz, prepárense para desembarcar!” – Alzó la voz el consejero Barbabronce. – “¡Primero y segundo pelotón, vosotros lo haréis primero! ¡El resto os seguirá!” Los enanos golpearon sus hachas contra sus escudos, señal de que acatarían la orden y Muradin bajó del castillo de proa, notando por el rabillo del ojo a una figura humana y familiar, envuelta en una armadura de color azul, con hombreras con la forma de un águila por un lado y de un león en la otra. Su rostro tenia dos cicatrices que formaban una cruz y su cabello largo estaba tomado con una coleta. A ojos de cualquiera, ese hombre proyectaba la imagen de un guerrero, más que la de un Rey, pues contrario a otros monarcas humanos, como el viejo Terenas Menethil II, Varian Wrynn se negaba incluso a portar una corona. Antes llevaría un yelmo en vez de una corona sobre esa cabeza pensó divertido el enano, mientras desembarcaba antes que el resto de sus tropas. Tan pronto estuvo en el muelle, el enano dio un par de pasos más hasta quedar frente al alto rey de la Alianza y líder de Ventormenta. Con respeto, Muradin se inclino frente a este y Varian meramente asintió como saludo al mismo. “Bienvenido a Ventormenta, Muradin.” – Le saludo el Rey. “Me alegra estar aquí, Rey Varian.” – Dijo el enano una vez se reincorporó. – “¿Cómo están las cosas en la ciudad? ¿Esta la séptima flota lista?” “Estamos tratando de dar abasto con los refugiados de Theramore, pero no es una tarea sencilla.” – Contesto Varian con honestidad. – “Y en cuanto a la séptima flota… Más de la mitad sigue en los astilleros. Solo podré sumar un cuarto de ella.” Muradin se encogió de hombros. “Afortunadamente para ti, tengo naves a vapor de sobra.” – El enano esbozo una sonrisa debajo de su espesa barba cobriza. – “Y nuestros soldados están ansiosos de vengar a los brigadieres que perdimos en Theramore.” Varian asintió y se hizo a un lado, invitando al enano a caminar junto a él. Muradin instantáneamente comenzó a caminar, siguiendo el paso del monarca humano. Tal y como el Alto Rey le había señalado, la ciudad estaba repleta de refugiados: el puerto de la ciudad tenia a más población civil de lo que cualquier soldado podría haber imaginado y para el enano era difícil suponer si era porque no tenían donde llegar, porque estaban acostumbrados a vivir en un sitio así y el puerto les recordaba a su hogar perdido, o porque creían que aún llegarían barcos con la intención de trasladarlos a Theramore. Pobres almas… era lo único que podía pensar el enano cada vez que los veía tanto en el puerto, como también en las calles de la ciudad, una vez lo dejaron atrás. Ambas figuras se adentraron en el castillo de Ventormenta sin cruzar una sola palabra, al menos, hasta llegar a la sala de guerra. Junto al mesón ya se encontraban la gran almirante Jes-tereth y el maestro de espías, Mathias Shaw, quienes no tardaron en saludar con los debidos respetos al rey y al consejero. Muradin asintió a ambos y se aproximo a la mesa, notando los relieves de los tres continentes tallados sobre la madera, notando que diversas piezas referidas a la Horda y la Alianza se encontraban repartidas por encima de esta. No obstante, la más llamativa de todas, era la de un barco con la cresta del león sobre su vela, frente a la costa de Durotar. “¿Es ese el objetivo?” – El enano cogió la figura y busco la mirada de Varian. Su expresión delataba la sorpresa que le produjo ver esa nave allí. Varian asintió. “Tenemos información de que la flota de la Horda ha zarpado al sur de Kalimdor.” – Señalo Mathias Shaw. – “La costa de Durotar esta desprotegida.” “Un ataque rápido y certero…” – Asintió lentamente Muradin, volviendo a dejar la figura en su sitio. – “Pero atrevido.” “Atrevido, sobretodo.” – Concordó el Rey de Ventormenta. – “Pero sin su cabeza, la serpiente morirá y probablemente lo que quede de la Horda se abrirá a la paz.” “¿Y si no?” – Pregunto el enano, tanteando la posibilidad de que, como con Theramore, la Horda buscara represalias por lo ocurrido con Orgrimmar. “Acabaremos con ellos.” – Sentenció Varian Wrynn.
  7. Conocimiento olvidado Thalen Songweaver abandonó el Fuerte Grommash poco después del resto, cruzándose en la salida con el general Nazgrim, quien había sido llamado por el jefe de guerra para organizar la defensa de Orgrimmar. Las calles del Valle de la Fuerza seguían repletas de orcos borrachos, algunos de los cuales ocasionalmente se peleaban entre si, aunque quienes se llevaban la peor parte eran los esclavos humanos que habían sido tomados como prisioneros de guerra tras la victoria de la Horda en el Fuerte Triunfo. Mientras que los más afortunados aún tenían que empujar los carros con toneles de grogs, los más desafortunados eran forzados a combatir entre ellos solo para entretener a sus captores. Por un instante, el elfo de sangre sintió lastima por el maltrato que sufrían, aunque poco podía hacer por ellos y sin darse cuenta, sus pasos se volvieron más acelerados cuando comenzó a dirigirse hacia sus aposentos. El sin’dorei camino por las calles de Orgrimmar, abriéndose paso entre las multitudes de guerreros y otros tantos habitantes que celebraban la victoria en Orgrimmar. Sus pasos lo llevaron hacia la muralla que dividía el Valle del Honor con el resto de la ciudad, pero mientras se aproximaba al umbral de la entrada, una mano más grande que su cabeza lo sujeto de su brazo izquierdo y tiro de él contra la pared. Su espalda se resintió producto del fuerte golpe contra el metal y solo tras recomponerse, elevo su mirada para encontrarse con Eitrigg, cuya mirada severa reflejaba el fuego que aún ardía en el corazón guerrero del anciano. “¿Qué demonios es esto?” – Demandó saber el elfo de sangre, disimulando su sorpresa y temor. “Quiero respuestas.” – Contesto el orco con su reconocible voz rasposa. – “Tu ayudaste a Garrosh a hacerse con esa bomba que destruyó Theramore y ahora, vuelves a susurrar en su oído… ¿qué es ese hechizo del que hablaban?” Thalen esbozo una sonrisa divertida. “Podría tratar de explicarte, anciano, pero dudo que semejante conocimiento este a tu altura.” – Intento burlarse el elfo de sangre. Eitrigg emitió un gruñido y con su otra mano, tomo al elfo de sangre por el cuello y lo oprimió un poco. Lo suficiente para que un orco entendiera la amenaza, pero que para un cuello tan delgado como el de un sin’dorei, era como si fueran a pulverizarlo. Desesperado, Thalen dio varias palmadas a la firme muñeca del anciano, quien instantáneamente aflojo la presión. “¡¿Estas loco?! ¡¿Sabes lo que Garrosh te haría si me matas?!” – Le espetó el sin’dorei al orco tras recuperar el aire, pero el simple tacto de los dedos del anciano sobre su cuello dejó claro lo que pensaba sobre el riesgo que supuestamente correría. “Habla.” – Ordeno Eitrigg. “Es un hechizo de conjuración antiguo.” – Desveló el elfo de sangre. – “Uno que sospecho que podría ayudarnos a invocar criaturas marinas y someterlas al control del jefe de guerra.” “¿Criaturas marinas?” – El anciano gruño severamente entre dientes. – “¿Piensan seguir el juego de los chamanes oscuros?” Thalen hizo una mueca de desagrado. “¿Chamanes oscuros? ¡Por favor, esto es más complicado que eso!” – El sin’dorei sintió un escalofrío en su espalda, cuando noto que Eitrigg lo observaba de manera inquisitiva. Aparentemente, tampoco estaba de animo para soportar su altanería. – “… Es similar, pero no involucra elementales. No te preocupes, no corremos el riesgo de ocasionar un segundo cataclismo.” Volviendo a enseñarle sus colmillos, Eitrigg tiro de Thalen una vez más y lo empujo de vuelta las multitudes. El elfo de sangre trastabillo y quedando en medio de varios orcos que transitaban hacia el Valle del Honor, se vio forzado a caminar, perdiendo vista al anciano, quien aprovecho ese instante para perderse entre las calles de la ciudad.
  8. Retribución El luto por lo ocurrido en Theramore no solo se había apoderado de las capitales en los Reinos del Este, sino que también se había establecido en Darnassus y seguramente, según Rell Nightwhisper, el Exodar tampoco seria la excepción. A simple vista, la vida nocturna en la ciudad construida sobre las ramas de Teldrassil continuaba siendo la misma de siempre, pero para los ojos inquisitivos del elfo de la noche, era más que evidente que la preocupación por lo ocurrido con la ciudad blanca había afectado a sus congéneres. Había algo en las expresiones y la forma en que los kaldorei actuaban, incluso para realizar sus tareas más cotidianas, que indicaba que se encontraban tan alerta como la cazadora que estaba escoltándolo hacia el interior del templo de Elune. Como el resto de los habitantes, las sacerdotisas también se encontraban ocupadas con sus tareas afines a lo ocurrido; varias de ellas, independientemente de su rango dentro de la hermandad, habían colocado lirios violeta de pistilos plateados sobre las aguas de la fuente sobre la que se alzaba la estatua dedicada a Haidene, la primera de las sacerdotisas dedicada a la adoración de la Diosa. Junto a las ofrendas, las hermanas también entonaban dulces cantos con la esperanza de que Elune pudiera guiar a los caídos en Theramore a un eterno descanso en las estrellas, acompañados del resto de sus ancestros y por un solo momento, Rell sintió el deseo de aproximarse a las aguas, realizar una ofrenda y sumarse a las suplicas. No obstante, el tiempo apremiaba y Grito Infernal había dejado claro que no iba a esperar a que su enemigo reaccionada, no esta vez. El kaldorei camino detrás de la cazadora en todo momento, quien le escoltó hasta los niveles superiores del templo, a las dependencias privadas de la suma sacerdotisa Susurravientos, cuya voz ya podía escucharse desde el umbral de la puerta. La roca no le facilito a Rell el saber que estaba diciendo, pero si pudo percatarse de que no se encontraba sola, pues luego escuchó una voz masculina y templada, la cual solo pudo suponer que seria la del archidruida Tempestira. No obstante, para cuando finalmente llegaron a la entrada y la cazadora anunció su llegada, esta delato la presencia de una tercera persona en la cámara: la general Shandris Plumaluna. Rell entró en la habitación tan pronto lo anunciaron y se inclino de manera reverente ante las tres figuras, cortesía que luego fue retribuida por las mismas antes de que la suma sacerdotisa despachara a su escolta con un sencillo asentimiento. “¿Qué noticias traes de Ventormenta, Rell Nightwind?” – Preguntó la suma sacerdotisa con un tono de voz suave, pero demandante. “La inteligencia de la Alianza ha identificado a la flota de la Horda.” – Contesto el kaldorei, cuadrándose instantáneamente. – “Varias naves orcas, seguramente las que sobrevivieron a la batalla en Theramore, están navegando en dirección al sur.” “Que extraño… El único puerto y flota que hay al sur de Kalimdor, es Gadgetzan y esos goblins dicen ser neutrales.” – Señalo un confundido Malfurion, dando voz a los primeros pensamientos que surgieron en su cabeza al escuchar las palabras de Nightwind. “Tal vez se atrevan a repostar en Gadgetzan, pero sospechó que ese no es su destino final…” – Mencionó Rell antes de ser interrumpido por la general Plumaluna. “Su objetivo es el Fuerte Plumaluna.” – Señaló la elfa de la noche sin el más mínimo atisbo de duda. – “Después de Theramore, esa es la única fortaleza que nos queda al sur de Vallefresno.” Rell asintió a las palabras de Shandris, confirmando su versión. “¿Hay centinelas suficientes como para defender el fuerte?” – Preguntó instantáneamente la suma sacerdotisa, quien dirigió su atención a Shandris. Shandris resopló y tras un leve silencio, contestó: “No.” – La general negó con la cabeza. – “Antes de tomar un regimiento de centinelas y llevarlas conmigo a Theramore, descubrimos a una patrulla de ogros. No eran gordunni y por entonces solo supuse que la Horda estaba tratando de medir nuestra fuerza, y capacidad de respuesta. Ahora creo entender por qué lo hicieron… Nos van a atacar con todo lo que tienen.” “El Alto Rey Wrynn esta planeando lanzar un ataque contra la Horda pronto, pero esta dispuesto a enviaros ayuda.” – Señaló Rell al notar las miradas preocupadas del resto de elfos. Tyrande negó con la cabeza. “Incluso si solicitáramos ayuda, lo haríamos a expensas de su seguridad. No deseo convertir Ventormenta en la nueva Theramore…” – Replicó la suma sacerdotisa viendo a Rell, para luego volver su atención a Shandris. Cual madre con su hija, Tyrande se acercó a ella y reposo una mano sobre su mejilla, a la cual dio una suave caricia acompañado de una sonrisa que buscaba brindarle valor. – “Malfurion y yo protegeremos Vallefresno. Tu lleva nuestra flota a Feralas; no dudo del valor de las centinelas que has dejado allí, pero lucharan mejor con su líder a la cabeza y necesitaran toda la ayuda que necesiten.” Shandris esbozó una sonrisa y asintió a Tyrande, apoyando una de sus manos sobre aquella que aún estaba sobre su mejilla. “Así lo hare, pero si me lo permites, utilizare la flota para arrancarnos una espina que ha estado en nuestro costado por mucho tiempo.” – Shandris observó de forma determinada a su madre adoptiva, quien asintió de acuerdo con sus intenciones, casi como si las supusiera. – “No cambiara lo ocurrido en Theramore, pero tengo que vengar a Dolida y al resto de mis hermanas.”
  9. Regocijo Carros repletos de jabalíes y toneles de grog se encontraban cruzando la puerta de Orgrimmar, solo para luego ser escoltados por los brutos hacia distintos rincones del Valle de la Fuerza. Garrosh Grito Infernal seguía con la mirada a cada uno de los peones que tiraba de dichos carros, esbozando una sonrisa orgullosa al pensar en la inminente celebración de su victoria sobre Theramore. Sus seguidores y sus guerreros se embriagarían con el fruto de su triunfo sobre la Alianza, y los haría ansiar más, pues esto solo era el principio de todo. Azeroth pronto pertenecería a la Horda, a su Horda y con ese pensamiento en mente, él se giro y volvió a adentrarse en el Fuerte Grommash. El orco caminó tranquilamente por el interior del edificio, notando desinteresadamente como la sala del trono se hallaba vacía, incluso con los kor’kron vigilando cada esquina. Garrosh siguió caminando, pero una voz familiar lo forzó a detenerse cuando estaba pasando a un costado de su trono. “Jefe de guerra, ¿un momento?” – La voz rasposa de Eitrigg resonó dentro del salón. Garrosh oprimió sus colmillos, pensando en diversas maneras de quitarse al anciano de encima. Sin embargo, no podía hacerlo a un lado. Era un orco, después de todo, y un guerrero con gran experiencia y sabiduría, a pesar de no siempre estar de acuerdo con sus miradas. El orco aflojo la tensión de su mandíbula y suspiro con resignación, maldiciendo su astucia al buscar el momento en que podría acercarse a él sin que Malkorok o sus kor’kron pudieran impedirle acercarse. “¿Qué ocurre, anciano?” – Garrosh se giro para ver a Eitrigg. Eitrigg extendió sus brazos, como si quisiera abarcar toda la sala. “Esto ocurre, jefe de guerra.” – Señaló el anciano. – “Tu salón esta vacío. Donde debería de haber ruido, ahora solo hay silencio.” “Yo puedo escuchar tu voz haciendo ruido.” – Respondió con sarcasmo el jefe de guerra. “Mi voz no es el único ruido que deberías de poder escuchar en esta sala.” – Señaló el anciano, ignorando la burla del jefe de guerra. El mag’har oprimió sus colmillos y emitió un gruñido severo, dejando entrever a su consejero que su paciencia estaba agotándose. “Estamos en guerra, jefe de guerra.” – Agrego Eitrigg sin amedrentarse lo más mínimo y siempre hablando con un tono de voz templado. – “Tu has conocido la victoria en Rasganorte y ahora, la has vuelto a probar como líder de la Horda, pero estas olvidando algo: esas victorias no fueron solo tuyas. Varios guerreros dieron la vida para que eso ocurriera y no eran solo orcos, habían renegados, elfos de sangre, tauren y trols. El ruido que deberías poder oír en este lugar no es mi voz, sino la de tus aliados y ninguno de ellos están aquí.” “Ve al punto, anciano.” – Le espetó tajante el jefe de guerra. “Utiliza esta ocasión no solo para celebrar, sino también para saber con que aliados cuentas aún, jefe de guerra.” – Sugirió su consejero. – “Ambos sabemos que la victoria en Theramore es solo el primer paso para un plan más grande, pero después de lo ocurrido allí, tienes que saber si cuentas con la misma fuerza y si no lo haces, crear puentes para que así sea. Incluso tus predecesores supieron ver la necesidad de contar con aliados para poder llevar a cabo sus planes.” Los ojos fieros e inquisitivos de Grito Infernal miraron fijamente a los del anciano rocanegra, para luego observar una vez más la sala donde se encontraba su trono de hueso, cuero y hierro. El lugar era una fortaleza, del mismo modo que la ciudad de Orgrimmar lo era también, pero Eitrigg tenia un punto. Incluso si no creía necesitar aliados, necesitaba a sus guerreros y para saber eso, tendría que moverse cuidadosamente. Sin otra alternativa, el jefe de guerra volvió a ver su consejero y asintió, aceptando utilizar la celebración no solo para conmemorar y honrar la victoria en Theramore, sino también averiguar que tan ciertas fueron las palabras dichas en el Poblado Murohelecho poco después de haber destruido la ciudad humana.
  10. Acto III Un ciclo de odio La puerta del despacho del archimago Aethas se abrió sin previo aviso y desde el umbral, el sin’dorei pudo ver al señor regente de Quel’thalas caminar directamente hacia él, con una expresión severa y su mano derecha enroscada en torno al mango de su espada, como si estuviera listo para desenvainarla en cualquier momento. Detrás de él, uno de los criados de la aguja atracasol caminaba apresuradamente con la vana esperanza de adelantar a Lor’themar y anunciar su llegada. No obstante, era evidente que no lograría hacerlo y Aethas agitó su mano izquierda, obligándolo a marchar poco antes de volver a ver al elfo de sangre, quien ya se encontraba de pie frente a su escritorio en ese mismo momento. “Lord Theron, no sabía que vos…” – Empezó a hablar el archimago con un tono de voz templado. “Ahórrate la palabrería, Aethas.” – Le interrumpió Lor’themar con un tono tajante. – “Estoy aquí por respuestas y para demandar la entrega de Thalen.” El líder de los Atracasol parpadeó con evidente sorpresa ante el tono del señor regente, así como también las razones del por qué de su visita. Aun sentado, intento sopesar las palabras de Lor’themar, mientras ocasionalmente alternaba su mirada entre la madera de su escritorio y la cada vez más amenazante figura del sin’dorei, cuya postura parecía más la del líder militar que era antes de poseer su titulo actual, a que la de un político enfurecido. “Me temo que no se donde se encuentra el archimago Songweaver en estos momentos, mi señor.” – Respondió con un tono cauteloso el mago. – “Pero si pudierais explicarme el por qué de vuestras demandas, quizá podría entender y ayudaros mejor…” “Mis fuerzas han vuelto de Kalimdor y me han informado que vuestro archimago estuvo haciendo de espía para Garrosh todo este tiempo.” – Acusó el señor regente con la mirada acerada sobre Aethas. – “Él saboteó la defensa de Theramore y ambos sabemos como terminaron las cosas allí. Él no estaba a mis ordenes, sino a las vuestras…” Aethas frunció marcadamente el ceño y negó efusivamente. “Lo que decís es grave, mi señor.” – El archimago se puso de pie, manteniendo la mirada del señor regente. – “¿Tenéis pruebas de estas acusaciones?” “Eso depende…” – Contesto el señor regente, flexionando los dedos sobre el mango de su espada. – “¿Dónde está Thalen?” “No se donde esta. Después de regresar, se ausento de sus labores y considerando por lo que paso en Theramore, y como están las cosas aquí, no quise…” – Aethas se detuvo y se llevo una mano al rostro. Se froto la cuenca de sus ojos con los dedos de la mano derecha, pensando entonces en las acusaciones de Lord Theron y como los hechos no hacían nada por jugar a favor del archimago Thalen. “Lo dejaste escapar.” – Gruño furibundo el señor regente de Quel’thalas, cuya mirada inquisitiva se mantuvo fija en el mago. “Os lo juro, mi señor, si hubiera tenido la más mínima sospecha de que Thalen era un espía, nada de esto habría ocurrido.” – Se apresuro en señalar el archimago, percatándose del matiz en el único ojo de Lor’themar. “… Eso espero.” – Contesto Lor’themar con un tono severo tras permanecer unos segundos en silencio. – “Y ahora que sabes la verdad, espero que esta vez si seas lo suficientemente capaz como para tener los ojos abiertos, en caso de que aparezca. Como también espero que sepas tener la boca cerrada sobre este asunto para con el Kirin Tor.” Aethas parpadeó con obvia confusión, aunque no por lo que Lor’themar señalaba, sino porque tales ordenes iban en contra de lo que su deber con el Consejo de los Seis significaba. Si Thalen realmente era un traidor, significaba que él había jugado un papel en la caída de Theramore y la muerte de Rhonin. Peor aún, él podría haber sabido todo este tiempo sobre la bomba de maná… El archimago se hallaba ante una encrucijada; informar al Kirin Tor daría argumentos para aquellos que aún protestaban por la presencia de los sin’dorei en el Consejo, incluso podría sumar adherentes. Esconder algo así, por otro lado, implicaría faltar a su deber y si la verdad llegaba a oídos de alguien ajeno a los Atracasol, surgirían los cuestionamientos hacia él y su gente. ¿Cómo has podido hacer esto, Thalen…? “¿He sido claro, archimago?” – Preguntó con tono demandante el señor regente. “… Sí, mi señor.” – Contesto finalmente el sin’dorei. Thalen Songweaver se apareció frente a las puertas de hierro de la ciudad de Orgrimmar e instantáneamente dejo escapar un suspiro de resignación, consciente de que, le gustara o no, ese lugar poco decoroso para los estándares de vida a los cuales él estaba acostumbrado seria su refugio mientras las aguas por lo ocurrido en Theramore se calmaban. Sin otra opción, se adentró en la ciudad, cruzando su muralla para ser recibido por el sofocante calor del cañón en el cual se encontraba construida la capital de la Horda y sin ninguna otra opción, camino por el Valle de la Fuerza hasta quedar a los pies del Fuerte Grommash. “Deseo hablar con el jefe de guerra.” – Dijo el sin’dorei, dirigiendo su mirada a uno de los kor’kron. El orco no emitió respuesta alguna, mucho menos profirió alguna reacción, tan solo escuchó y entro al fuerte para volver solo unos minutos después, acompañado de la figura de un siniestro orco rocanegra bastante familiar. “Tenia que verlo con mis propios ojos.” – Comento Malkorok, viendo al elfo de pies a cabeza antes de hacer un gesto indicándole que podía entrar. – “El jefe de guerra te recibirá.” El sin’dorei levanto una ceja ante las palabras de Malkorok, pero se limito a asentir y camino detrás del rocanegra hacia el interior del fuerte. Lo primero que llamó la atención del elfo de sangre era lo vacío que estaba; con la excepción de sus kor’kron y un par de consejeros orcos, la sala donde yacía el trono del jefe de guerra de la Horda no tenia el numero de ocupantes que él había visto en sus visitas anteriores, aunque a Garrosh, quien se encontraba sentado con una sonrisa orgullosa sobre su trono, no parecía importarle. “Thalen Songweaver.” – Pronunció su nombre el mag’har. – “Es bueno ver que has sobrevivido a la bomba.” “Para seros honesto: jamás pensé que tendría que sobrevivir a mi propia creación.” – El elfo de sangre hizo una mueca. “Sugerí sacarte de ahí al resto de oficiales en mi ejército, pero tu pueblo decidió que era mejor dejarte a tu suerte.” – Garrosh se encogió de hombros y se puso de pie, para luego caminar hacia el sin’dorei. – “Pero yo no olvido a quienes han ayudado a la Horda.” El orco apoyó su mano izquierda sobre el hombro de Thalen y asintió varias veces frente a él, en un gesto que el elfo de sangre considero innecesariamente paternalista; como si un padre quisiera decirle a un niño lo orgulloso que estaba de él. Aunque lo que realmente le molestaba, era la noción de que, si los oficiales sin’dorei habían decidido dejarlo a su suerte, era porque no estaban de acuerdo con lo ocurrido y probablemente, eso significaría que sus acciones llegarían a oídos de Lor’themar y luego, Aethas. El segundo estaría en una posición complicada y seguramente cedería ante la presión, pero él no podía prever que haría el señor regente de Quel’thalas y si la postura de sus oficiales era un augurio, era evidente que buscarían detenerlo. “Y es por eso que estoy aquí, jefe de guerra.” – Dijo el elfo de sangre con un tono templado, disimulando su orgullo herido. – “Dalaran ha perdido a su líder y pensé que podría quedarme en Orgrimmar, mientras las cosas se calmaban. Aunque por lo que decís, parece ser que mi estadía tendrá que ser más prolongada de lo que esperaba…” “Como dije: yo no olvido a quienes han ayudado a la Horda.” – Repitió un orgulloso Garrosh. – “Puedes quedarte en Orgrimmar cuanto tiempo quieras. Tendrás el trato que un verdadero héroe merece.” “Sois demasiado amable, jefe de guerra, gracias.” – Respondió Thalen con una modesta sonrisa, mientras que en su cabeza pensaba despectivamente en lo que para un orco seria tratar a alguien de acuerdo con su estatus. “Y llegas en buen momento, también.” – Agrego el orco. – “Justo para celebrar nuestra victoria en Theramore, pero primero, comamos y bebamos en tu honor. Quiero saber todo lo relacionado a nuestra victoria.” “Sera un placer, jefe de guerra.” – Contesto de manera condescendiente el sin’dorei. Mientras Garrosh rugió sus ordenes para tratar a su invitado con el llamado honor que debían de darle a un héroe, Eitrigg observaba con una expresión de decepción al fondo de la sala. En su mano sostenía un pellejo enrollado sobre el cual había escrito algunas palabras dirigidas a Thrall. El anciano había consultado a Garrosh por lo ocurrido, en especial por todas las cosas que había oído y consciente de lo que eso significaba, en especial cuando él corroboro algunas de las acusaciones, este sugirió informar personalmente a Thrall en pos de que la noticia no le tomara por sorpresa y no sufriera una nueva emboscada, como la que había sufrido en el pasado. “Haz lo que quieras, anciano.” Era lo que había contestado el joven guerrero y Eitrigg había acatado, pues con ese permiso, nadie cuestionaría, ni se atrevería a leer un mensaje con el sello del jefe de guerra. Nadie, ni siquiera sus kor’kron, sabrían que entre las palabras ahí escritas, el viejo guerrero rocanegra informaba a Thrall del camino al que Garrosh estaba llevando a la Horda y le solicitaba interceder para aportar algo de razón al mag’har antes de que todo aquello por lo que habían luchado tanto, quedara hecho añicos igual que Theramore.
  11. Acto II : Cubiertos de Gloria Resoluciones Es solo un buen negocio Aguas de la Horda Con el Fuerte del Norte destruido, Garrosh Grito Infernal, jefe de guerra de la Horda, ha reconocido la neutralidad del Cartel Bonvapor. Sin embargo, ha dejado claro a Gazlowe, barón de Trinquete, que su puerto se halla próximo a las aguas de la Horda y no tolerara que la Alianza se atreva a utilizar su neutralidad para amenazar sus dominios. Calmando al león. El Alto Rey Varian Wrynn de Ventormenta ha puesto en entredicho la neutralidad del Cartel Bonvapor y despachó una pequeña flota a la Bahía del Botín, exigiendo una compensación por lo ocurrido en Kalimdor. Tras una inicialmente tensa negociación, el Cartel Bonvapor accedió a entregarle suministros para el ejército que iria en ayuda de Theramore, además de ofrecerle cartas maritimas con sus rutas comerciales para facilitar la evacuación de civiles. La gloria del sol eterno El voto decisivo. A pedido del señor regente, el gran magister Rommath organizo una delegación de nobles para presionar diplomaticamente al archimago Aethas Sunreaver con la intención de que el Kirin Tor intercediera en el inminente conflicto a favor de Theramore. Producto de ello, el archimago sin'dorei votó, para sorpresa de varios en el Consejo de los Seis, a favor de ayudar a la ciudad blanca. Rehenes políticos. Suponiendo las razones detras del voto de Aethas, el archimago Rhonin extendión una "invitación" a la delegación sin'dorei para apoyar al Kirin Tor en su tarea de ayudar en la defensa de Theramore. Sus intenciones eran evidentes y sus miembros aceptaron acudir en compañia del archimago Thalen Songweaver, quien fue sugerido por el propio archimago Sunreaver. Camino al oeste Evacuación de civiles. Poco después de la llegada de la 7ma flota a Theramore, el alto mando decidió evacuar a los civiles de Theramore. Habiendo confiado la operación a la maestra Merúliel Giovanni, la travesía no estuvo excenta de peligros. No obstante, los civiles llegaron a salvo a las costas del Reino de Ventormenta. Piratería en la ruta Bonvapor. Un grupo de piratas intento hacer de las suyas contra la flotilla que evacuaba a los civiles a Ventormenta. Gracias a un trato, los ciudadanos de Theramore lograron llegar sanos y salvos, mientras que la ruta que el Cartel Bonvapor facilito a la Alianza para la debida evacuación es ahora conocida por los piratas que transitan los mares del sur. Una flota a espera de ordenes. Con más dudas que certezas sobre el por qué la Horda mantenía su flota en los limites maritimos de Theramore, el alto mando confió una tarea de infiltración a Eileen Reveck. La quel'dorei logro infiltrarse en la nave insignia y descubrir que la flota había recibido ordenes de permanecer allí hasta que se les indicara lo contrario. El Poblado Pezuñanegra. No dejando nada al azar, el alto mando de la Alianza en Theramore decidió ofrecer un salvoconducto para que los tauren tótem siniestro del Poblado Pezuñanegra dejaran el Marjal Revolcafango con tal de no darles oportunidad de unirse a la Horda. Durante las negociaciones, el capitán Kethrian Dawnblade, el sargento Máximo Hate y el cabo Nathaniel Riley no solo descubrieron una vieja alianza entre sus aliados y los tótem siniestro, sino también que estos tenian algunos prisioneros de Theramore, a quienes mataron a sangre fría. Sin otra alternativa, la Alianza y los tótem siniestro chocaron a las afueras del poblado, el cual quedo abandonado tras la derrota de sus antiguos ocupantes. El Asalto al Fuerte Triunfo Devueltos a Orgrimmar. Para sorpresa de varios, el jefe de guerra ordeno a Xorenth dejar a un par de sus chamanes oscuros en el Fuerte del Norte, como parte de la guarnición del nuevo puesto de la Horda, y regresar con el resto a Orgrimmar, impidiendoles acompañarles durante el resto de la campaña. Un dragón azul en Kalimdor. Durante su marcha al Fuerte Triunfo, el ejército de la Horda avisto a un dragón azul sobrevolando los cielos de Kalimdor por razones desconocidas para ellos, despertando preguntas tales como el qué estaría haciendo una criatura así tan lejos de su guarida. Refuerzos del Bastión de la Desolación. Por orden del jefe de guerra, el Bastión de la Desolación sumo sus mejores guerreros al ejército de la Horda en visperas del ataque contra el Fuerte Triunfo y el eventual asedio a Theramore. Retirada. La Horda ha sorprendido a las fuerzas del Fuerte Triunfo en plena retirada, razón por la cual su numero era menor y al verse rapidamente superados, no dudaron en rendirse. Los sobrevivientes fueron tomados como prisioneros y trasladados a Orgrimmar. Un espía en filas enemigas. El jefe de guerra compartió sus planes de batalla con el resto de lideres y oficiales de su ejército, desvelando no solo que el Kirin Tor opto por sumarse a la defensa de Theramore, sino que también contaban con un espia sin'dorei dentro de sus filas, el cual sabotearía sus esfuerzos desde dentro. Garrosh dejo la decisión de rescatarlo, una vez cumpliera su labor, en manos de los oficiales sin'dorei, quienes optaron por dejarlo a su suerte. Elección que fue apoyada por el resto de lideres. La Caída de Theramore Theramore destruida. Para la sorpresa y horror de muchos, la batalla de Theramore culmino con la absoluta destrucción de la ciudad. El iris de enfoque, el artefacto que había sido robado a los dragones azules, fue utilizado como parte de un explosivo para aniquilar toda resistencia que se hallara en la ciudad, la cual yace en ruinas. Anomalías arcanas. El manto de la realidad en las ruinas de Theramore es debil, gracias a la bomba de maná, razón por la cual en el espacio aereo de la antigua ciudad pueden verse luces similares a las auroras boreales de Rasganorte. Paralelamente, ocasionales descargas de energía arcana, en forma de relampagos de diversos colores, brotan de la nada. Por ahora, las ruinas son un lugar magicamente inestable y solo con el tiempo pasaran sus efectos. Un ejército diezmado. Las fuerzas de la Alianza han sufrido bajas significativas en la defensa de Theramore, producto de la bomba de maná. Algunos de sus mejores oficiales han muerto en la ciudad, junto a cientos de soldados. Nada más un puñado de personas han logrado sobrevivir a la catástrofe. La confesión del Gran jefe. Cuando Garrosh habló de la victoria en Theramore y fue cuestionado por haber escondido detalles de sus planes a sus mandos, el jefe de guerra fue enfático al señalar que sus motivos se debían a la presencia de traidores entre sus filas. El orco acuso a Baine de haber informado a Theramore de sus planes y el gran jefe admitió haberlo hecho, pues tenia una deuda de honor con Lady Jaina. A pesar de ello, el jefe de guerra decidió perdonar la vida del gran jefe. Una Horda dividida. Lejos de celebrar la victoria, varios miembros de la Horda han mostrado su descontento con la forma en que el jefe de guerra opto por llevar a cabo su campaña contra Theramore. Mientras los orcos se disponen a celebrar en Orgrimmar - salvo los Lobo Gélido y otros pocos que han desaprobado lo ocurrido -, los lideres restantes han optado por regresar a sus hogares al considerar que no hay nada para conmemorar. El Consejo de los Cinco. Rhonin, archimago y líder del Kirin Tor, sacrifico su vida para garantizar que algunos magos y miembros del grupo de los Atracasol pudieran escapar de la explosión, además de atraer la bomba hacia la torre central de Theramore con la esperanza de poder contener parte de la explosión y sus catastróficos efectos. Dalaran llora no solo la perdida de algunos de sus más renombrados magos, sino también la perdida de quien los lidero en sus horas más oscuras tras la Tercera Guerra. El Iris en Manos del Kirin Tor. Habiendo sobrevivido a la detonación de la bomba de maná, el Iris de Enfoque ha sido trasladado a Dalaran por Jaina y Vereesa Brisaveloz, confiando que el artefacto estará seguro en las bovedas del Kirin Tor.
  12. La Caída de Theramore “Temed, temed, a la hija del mar. Al hombre oí decir. La voz viajó, con la espuma y la sal. Y en el mar, halló su fin.” Las lagrimas continuaban surcando sus mejillas como una marea incontrolable, siquiera sus manos eran capaces de contener el llanto desesperado que se había apoderado de ella. Allí, recogida sobre si misma en una cama de la seda más exquisita, la ahora antigua dama de Theramore se encontraba completamente destrozada. Siquiera el saber que los civiles de la ciudad habían escapado al horrendo destino de los soldados era suficiente calmar su espíritu, el cual estaba hecho añicos. Dos veces. En dos ocasiones la guerra había llegado a Theramore y en ambas situaciones sus adoquines se habían manchado con la sangre de los valientes, solo que esta vez siquiera quedaban los cimientos de la ciudad que con tanto esfuerzo había ayudado a construir. Por años, Theramore había sido un faro de luz y esperanza que se alzaba sobre un mar de guerra incesante. Una y otra vez, el ancla dorada había sido el símbolo de la resilencia de Jaina Proudmoore, señora de Theramore, aquella que buscaba la paz entre la Horda y la Alianza. Aquella dama inocente que, en pos de sus convicciones, había permitido que la Horda entrara en su ciudad y diera muerte a su padre. Sin embargo, el solo pensar en ello no había más que arrojarla en un ya de por si interminable abismo de dolor y culpa; todos esos años, todos esos insultos que tuvo que soportar, los sacrificios que tuvo que hacer, para que al final acabaran en nada. Marcus Jonathan, Tiras’alan, Rhonin, Tervosh, Dolida, Kinndy… No solo los nombres, sino también sus rostros, en especial el de aquellos más cercanos a ella, ahora eran solo recuerdos que temía olvidar a pesar de lo doloroso que fuera el pensar en ellos. Todos ellos y muchos más habían dado todo lo que tenían por defender su ciudad. Ella les había pedido estar allí y por ella, ahora eran solo fantasmas. Aunque en medio del dolor, un nombre surgió: Thrall o Go’el, como se hacia llamar ahora. Él fue quien había decidido nombrar a Garrosh como nuevo jefe de guerra de la Horda y como a muchos otros, ella le había pedido su ayuda para mediar con el nuevo líder de la Horda, para evitar una catástrofe, pues como ella – o eso creía -, el chamán también creía que la paz era el camino indicado tras años de conflicto entre la Horda y la Alianza. Lamentablemente, el chamán del mundo, quien fuera su amigo, solo se había hecho a un lado y en un modo, ella consideraba que él también era responsable de lo ocurrido. En medio del dolor y la rabia, con las lagrimas aún enjuagando sus ojos, Jaina Proudmoore solo fue capaz de llegar a una conclusión: no tenia sentido seguir buscando la paz, cuando bestias como Garrosh Grito Infernal solo ansiaban un baño de sangre y en tanto él siguiera respirando, ella le haría pagar por cada vida que había arrebatado en su ciudad, pues los fantasmas de Theramore clamaban por venganza y ya fuera por un extraño sentido del deber, o el simple sentimiento de culpa, ella sentía que debía de retribuirles, pues si nadie se atrevía a detenerlo, su ciudad solo seria la primera de tantas en sufrir el mismo destino.
  13. La Batalla de Theramore Horda Ficha de combate Fuerza 3 Agilidad 2 Resistencia 3 Voluntad 2 Hacha de dos manos 15 (+3) Combate sin armas 8 (+3) Defensa fisica 12 (+3 / +2) Voluntad mental 10 (+2) Ficha de combate Fuerza 3 Agilidad 2 Resistencia 3 Voluntad 2 Hacha de dos manos 8 (+3) Combate sin armas 8 (+3) Defensa fisica 8 (+3 / +2) Voluntad mental 8 (+2) Ficha de combate Fuerza 3 Agilidad 2 Resistencia 3 Voluntad 2 Hacha de dos manos 6 (+3) Combate sin armas 5 (+3) Defensa fisica 6 (+3 / +2) Voluntad mental 4 (+2) Ficha de combate Fuerza 4 Agilidad 3 Resistencia 3 Hacha de dos manos 5 (+3) Combate sin armas 2 (+3) Defensa fisica 5 (+3 / +2) Ficha de combate Destreza 3 Agilidad 2 Percepción 3 Voluntad 2 Armas de filo de una mano 12 (+3) Armas de tiro 10 (+3) Defensa fisica 10 (+2) Percepción sensorial 5 (+3) Percepción extrasensorial 5 (+3) Voluntad mental 3 (+2) Ficha de combate Fuerza 2 Destreza 3 Agilidad 2 Percepción 3 Hacha de una mano 4 (+2 / +3) Defensa fisica 4 (+2) Percepción sensorial 4 (+3) Ficha de combate Fuerza 3 Agilidad 2 Percepción 3 Resistencia 2 Mazas de dos manos 15 (+3) Combate sin armas 10 (+3) Defensa fisica 10 (+2) Percepción sensorial 10 (+3) Ficha de combate Fuerza 4 Agilidad 2 Resistencia 4 Hachas de dos manos 6 (+4) Defensa fisica 6 (+2 / +4) Ficha de combate Destreza 2 Percepción 3 Agilidad 3 Resistencia 2 Armas de tiro 4 (+3) Armas de filo de una mano 4 (+2) Defensa fisica 4 (+3 / +2) Ficha de combate Destreza 2 Percepción 3 Conocimiento 3 Resistencia 2 Armas de filo de una mano 4 (+2) Defensa fisica 3 (+2) Percepción extrasensorial 2 (+3) Hechizos ofensivos 3 (+3) Ficha de combate Destreza 2 Voluntad 3 Agilidad 3 Resistencia 2 Armas de filo de una mano (+2) Defensa fisica (+3 / +2) Voluntad (+3) Ficha de combate Destreza 2 Percepción 3 Agilidad 3 Resistencia 2 Armas de tiro 4 (+3) Armas de filo de una mano 4 (+2) Defensa fisica 4 (+3 / +2) Alianza Ficha de combate Conocimiento 3 Voluntad 3 Agilidad 2 Percepción 2 Hechizos ofensivos 10 (+3) Hechizos defensivos 10 (+3) Hechizos con efecto 10 (+3) Percepción extrasensorial 10 (+2) Defensa fisica 5 (+2) Ficha de combate Fuerza 3 Resistencia 2 Voluntad 3 Percepción 2 Mazas de dos manos 8 (+3) Defensa fisica 8 (+2) Hechizos defensivos 8 (+3) Percepción extrasensorial 8 (+2) Ficha de combate Fuerza 3 Resistencia 3 Voluntad 2 Percepción 2 Maza de una mano 10 (+3) Defensa fisica 10 (+3) Voluntad mental 6 (+2) Percepción sensorial 5 (+2) Ficha de combate Destreza 3 Percepción 3 Agilidad 2 Resistencia 2 Armas de tiro 10 (+3) Armas de filo de una mano 8 (+3) Resistencia fisica 6 (+2) Percepción sensorial 7 (+3) Ficha de combate Destreza 4 Percepción 2 Agilidad 1 Resistencia 3 Armas de Filo de una mano: 5 (+4) Percepción sensorial: 3 (+2 ) Defensa fisica: 4 (+1 / +3 ) Ficha de combate Destreza 2 Percepción 3 Agilidad 3 Resistencia 2 Armas de tiro 4 (+3) Armas de filo de una mano 4 (+2) Defensa fisica 4 (+3 / +2) Ficha de combate Fuerza 4 Resistencia 3 Agilidad 3 Maza de una mano 6 (+4) Defensa fisica 6 (+3) Ficha de combate Destreza 2 Percepción 4 Agilidad 3 Resistencia 1 Armas de Filo de una mano: 3 (+2) Armas de Fuego: 4 (+4) Percepción sensorial: 3 (+4 ) Defensa fisica: 2 (+3 / +1) Ficha de combate Fuerza 3 Destreza 2 Percepción 2 Resistencia 3 Hachas de una mano 3 (+3) Combates sin armas 3 (+2) Defensa física 3 (+3) Percepción sensorial 3 (+2) Dalaran Ficha de combate Conocimiento 3 Voluntad 3 Agilidad 2 Percepción 2 Hechizos ofensivos 10 (+3) Hechizos defensivos 10 (+3) Hechizos con efecto 10 (+3) Percepción extrasensorial 10 (+2) Defensa fisica 5 (+2) Vuelo Azul
  14. Poblado Pezuña Negra Ficha de Combate Fuerza 3 Agilidad 2 Percepción 2 Resistencia 3 Hacha de dos manos 7 (+3) Combate sin armas 6 (+3) Lanzar 3 (+2) Defensa fisica 5 (+3 / +2) Ficha de Combate Fuerza 4 Agilidad 2 Resistencia 4 Martillo de dos manos 5 (+4) Combate sin armas 3 (+3) Defensa fisica 4 (+4 / +2)
  15. La amenaza de Pezuñanegra Las hogueras de la aldea Pezuñanegra estaban apagadas esa noche, algo que se había vuelto habitual en los últimos días. Los avizores tótem siniestro se paseaban por el interior del asentamiento y al mismo tiempo, los vigías a las afueras de este observaban atentos sus alrededores, siendo ellos los únicos que portaban antorchas. Hace tiempo que habían oído ya sobre los movimientos de la Horda más allá del Marjal Revolcafango y aunque el corazón de Baine Pezuña de Sangre no era vengativo, el de Garrosh Grito Infernal era todo lo contrario. Había sido su líder quien le había manipulado para acabar con la vida de Cairne de la forma más cobarde y deshonrosa posible, algo que ningún orco, en especial el jefe de guerra, olvidaría con facilidad. Era evidente que la Horda tenia sus ojos puestos sobre la Alianza, pero para Grundig Nubeoscura, ellos también podrían convertirse en un objetivo si no permanecían escondidos. El cielo se oscurecio y las nubes escondieron a Mu’sha detrás de un manto gris. Pequeñas gotas comenzaron a caer del cielo, al principio de forma gentil, pero luego de forma más pronunciada y por ultimo, todos los alrededores se iluminaron. En esa fracción de segundo, los ojos marrones de Nubeoscura notaron las tres figuras de sus exploradores, quienes escoltaban a cuatro siluetas más pequeñas y delgadas que ellos. Grundig camino al encuentro de sus tótem siniestro. “¿Quiénes son ellos?” – Pregunto el tauren de manera inquisitiva, poco antes de que un trueno inminente ensordeciera los alrededores con su estruendo. “Humanos.” – Contesto el líder de la partida de exploradores. – “Los encontramos rondando por el pantano, muy cerca del campamento.” El cielo se ilumino una vez más y luego, este rugió furioso. Nubeoscura noto la mirada nerviosa de uno de los humanos sobre él. “Tú.” – El tauren señalo al humano nervioso. – “¿Qué hacían por este lado del pantano?” “Solo explorábamos…” – Respondió apresuradamente el prisionero. – “Lo juro. Solo estábamos explorando… Queríamos estar seguros de que la Horda no había enviado exploradores.” “¿Y bien?” – Preguntó de inmediato Nubeoscura. El soldado miro con expresión confusa a Grundig, seguramente habiendo esperado otro tipo de palabras por parte del tauren. Nuevamente, el silencio se vio interrumpido por un trueno y Nubeoscura camino hacia el humano, cogiéndolo por los brazos y lo levanto, para enfrentarlo con la mirada. “Te he hecho una pregunta, humano.” – Bramo Nubeoscura. – “¿Hallaron algo?” “N-no…” – Contesto asustado el humano, notando como el tauren lo oprimía con más fuerza. – “¡No, no encontramos nada!” Grundig asintió y dejo caer al humano al suelo, quien cayo sobre el barro a los pies de su captor. El soldado se limpio el rostro y levanto la mirada, notando los ojos inquisitivos de Nubeoscura, quien parecía estar sopesando que hacer con él y el resto de su patrulla. “Llevenselos.” – Ordeno el tauren al resto de sus guerreros. – “Pero redoblen la guardia. La Alianza vendrá a por estos y quizá podamos hacer un trato, como lo hicimos en la Sierra Espolón.”

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