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  1. Prologo Una solitaria y rudimentaria nave, elaborada de gruesos troncos de madera, huesos y pellejo de dragón, se aproximó a la costa olvidada de Thal’dranath. A la sombra del edificio estéril que se alzaba sobre su pequeño territorio, varios botes más pequeños se acercaron a la costa trayendo consigo cuerdas que les unían al barco del que habían descendido, llegando a parecer tentáculos o garras que se dirigían hacia la playa. Posteriormente, los ocupantes de los botes, una selección de razas de lo más variopintas, desembarcaron y todos empezaron a tirar de las cuerdas para arrastrar su transporte principal hasta hacerlo encallar en la costa. Bajo los pálidos ojos de las dos lunas, y de las distantes elfas esculpidas sobre el templo dedicado a la falsa diosa, oscuras figuras envueltas en ropas desaliñadas empezaron a caminar hacia el interior del territorio. Algunas de ellas lo hacían con tal seguridad, que daba la impresión de ya habían estado allí en el pasado. Cuando finalmente todos quedaron frente a la entrada del antiguo suelo más sagrado de los elfos de la noche, la más grande y deforme de las figuras se despojo de su ruinosa capa con capucha, observando fijamente con los ojos de ambas cabezas lo que termino siendo no solo el fin de su maestro, sino también de la Horda durante la Segunda Guerra y el casi sitio de su muerte. “K’tanth.” – Pronuncio la cabeza que aun conservaba sus facciones de ogro, con un tono comedido. “Lugar de horrores y pesadillas. Muerte. Dolor. Y oscuridad. Sí, sí, muchísima oscuridad.” – Dijo la otra cabeza de aspecto más deforme y de un solo ojo, con un evidente tono de excitación. Un humano y un trol se adelantaron unos cuantos pasos, encaminándose hacia la entrada del templo, dispuestos a abrir sus puertas frente a los ojos del resto. Sin embargo, la voz de Cho’gall los hizo detenerse. “No hagan eso.” – Les alertó el ogro. – “Hay una razón de por qué este sitio esta sellado. No tenemos que entrar.” “El brujo entro… y murió. Demonios, demonios por montones.” – La otra cabeza del ogro asintió varias veces. – “Viviremos con el ritual fuera. Afuera será mejor.” Ambos cultistas se miraron entre si, pero no contradijeron la orden de su señor. Mientras ellos volvían con el resto del grupo, un orco de piel tan blanca que le daba un aspecto insano y hasta sobrenatural, avanzó hacia el ogro, tirando de una cadena donde varios esclavos se hallaban atrapados por grilletes. Todos de diversas razas, al igual que los cultistas. Y todos sentenciados al mismo propósito: ser sacrificados. Con gran detalle, Cho’gall empezó a dibujar sobre la tierra un enorme circulo, en cuyo centro elaboro una elipsis mucho más pequeña, con extraños símbolos en su interior. Luego, a los costados del circulo mayor, trazo unas curiosas líneas que parecían dar forma a una extraña criatura de enormes proporciones, con tentáculos por brazos, una cabeza que parecía el hocico cosido de una bestia cuyos colmillos sobresalían por los costados y diversos óvalos delgados que se podía pensar que eran ojos. Los prisioneros entraron al circulo tan pronto el ogro termino y para sorpresa de muchos, los cultistas aflojaron los grilletes, liberándolos. Algunos se miraron entre si, confundidos y asustados. Otros, en cambio, se apresuraron a escapar o al menos, intentarlo. El ogro concentró el vacío en su mano izquierda, para luego extender la derecha hacia los prisioneros, quienes sintieron un terrible escalofrió recorrer su espalda poco antes de escuchar una infinidad de voces en forma de gritos y susurros que depredaban sus temores, sus anhelos y sus ansias, pero aun peor, que de algún modo los inducían a rasgar las ropas a la altura de su pecho y con sus propias uñas, hurgar en su piel hasta arrancarse el corazón frente a sus propios ojos. Sucumbiendo entonces al helado abrazo de la muerte. Los esclavos se derrumbaron sobre el suelo de forma unánime, bañando de sangre el circulo. Cho’gall extendió sus brazos y ambas cabezas entonaron extrañas palabras al unisono, elevando su tono de voz tan pronto sus ojos se tornaron igual de oscuros que el vacío que empezó a envolver sus manos. Y entonces se hizo el silencio… Cho’gall observo pirámides en medio de un desierto. El viento soplaba y causaba que cayeran en el olvido. Luego, tras un parpadeo, observo el Monte Hyjal con sus bosques ardiendo en llamas y una enorme criatura aproximándose a Nordrassil, pero no era un demonio esta vez, sino el Señor Elemental del Fuego. El ogro volvió a parpadear y esta vez, observo una serie de obeliscos y pirámides ser construidos por incontables esclavos sobre un suelo gris, bajo la atenta mirada de los deformes n’raqi y sus cultistas, cuyas carcasas físicas se habían transformado para asemejarse mejor la forma de su maestro. Y todo frente a una enorme estructura de elementium, con forma de aguja, la cual volvía a expandirse en su cúspide para dar forma a una especie de arco que simulaba ser el sol que ya no se ponía, ni se alzaba, sobre ese mundo de eterna penumbra. Era glorioso, era único. Era todo y aun más de lo que había llegado a imaginar. Él no estaba ahí, pero estaba seguro de que, incluso habiendo muerto, él había sido el artífice de la Hora Crepuscular. De cumplir la profecía que por tantos años había trabajado en realizar. Ese era el futuro. Ese era el deseo. No, esas eran las ordenes de su maestro. El mundo estaba listo. El Martillo Crepuscular había propiciado el caos que ahora engullía el mundo, convirtiéndolo en un yunque sobre el cual debían dejar de caer toda su fuerza para moldear la nueva era. La visión concluyo abruptamente y los ojos de las cabezas del ogro volvieron a la normalidad. La sangre, los órganos, y hasta los cuerpos, de las victimas del sacrificio se habían secado por completo, como si hubieran pasado varios años desde que dio inicio al ritual. Pero sus cultistas seguían alrededor suyo, luciendo igual que como se veían al empezar. Apenas habían pasado unos minutos, así que todo lo que dio vida a sus victimas había sido reclamado por su maestro, en realidad. Un alimento para aquel que había sido acusado de ser el más débil, pero que estaba más cerca que ningún otro, de regresar Azeroth a su antigua gloria y más. “Preparen la nave. La hora ha llegado.” – Dijo nada más una de las cabezas del ogro, mientras la otra solo reía suavemente, de forma siniestra, consciente de lo que estaba por venir. Eventos y sucesos Los Secretos de la Reina (Kalimdor) El Gambito de Neltharion (Reinos del Este) El Día del Recuerdo (Reinos del Este) ¡Explosiones en Dun Morogh! (Reinos del Este) El Asalto a la Montaña Rocanegra (Reinos del Este)
  2. Uldum: El rentable negocio de los Dioses Las dunas se expandían más allá de donde podía alcanzar la vista de cualquiera. Parecían un mar de fina arena dorada. Una extensión de tierra codiciada para todo aquél que buscaba hallar sus secretos. Se habían oído muchas cosas sobre Uldum, y de entre todos los que se habían aventurado en sus desiertos y oasis, pocos eran los que regresaban con palabras vacías. Cada uno de aquellos atrevidos viajeros, volvían contando hazañas, mitos, leyendas, algunos incluso mentiras, pero la mayor verdad era lo rentable que podía llegar a ser establecerse allí. Especialmente desde que gran parte de sus nativos más peligrosos habían sido derrotados por expedicionarios, pioneros del lugar. Algunos de esos mitos, hablaban sobre valiosas reliquias, cofres de oro, piedras preciosas engarzadas por todas partes en templos abandonados, pero en especial una reliquia que otorgaría el poder de un Dios a quién la ostentara. Imaginar lo que uno podría conseguir con ello, hacia sucumbir de avaricia a cualquiera, especialmente al Barón Marin Tragonublo, de Gadgetzan, en cuanto supo de tal información. Cualquier inversión parecía rentable, especialmente si el objetivo era conseguir esa reliquia. Obviamente, de pensar que todo aquello solo eran palabras y fantasías, no se habría parado a apostar por una empresa así. Tenía certezas, certezas que no pensaba compartir con quienes pudieran rivalizar con su búsqueda, así que mientras conseguía recabar más información para completar la que ya tenía, debía abastecer un punto de partida en esa tierra de dorada, y para ello necesitaría colaborar con sus "compatriotas al otro lado del océano. Después de todo, no contar todos los detalles de una operación, no se considera mentir, ¿verdad? No para un Goblin.
  3. El Misterio de las Profundidades Bom-bom bom-bom bom-bom. Wilkins frunció el ceño y oprimió sus parpados, mientras que el molesto sonido ambiental de un corazón palpitante seguía resonando en su cabeza. Bom-bom bom-bom bom-bom. El humano resoplo y aunque agotado, se llevó una mano a su rostro, sintiendo al instante una tenue oleada de dolor en sus articulaciones, producto de la fatiga muscular. Sus captores los hacían trabajar hasta el límite de sus capacidades e incluso más allá de ellas. Condenadas bestias. Una vez despierto, apoyo sus manos sobre el suave y húmedo suelo en el que se encontraba durmiendo; lo único realmente cómodo en ese sitio y que podía recordarle a una cama, si no fuera por el extraño fluido viscoso que le cubría. Seguidamente, ya sentado sobre el suelo, observo al resto de sus compañeros, todos con aspecto igual de cansado que él, otros incluso lucían enfermos y no era para menos, pensó Wilkins, después de todo, su prisión era un sitio donde cualquiera podría perder la cordura y si tu mente era lo suficientemente capaz de soportar eso, el húmedo ambiente y el nulo cuidado de los captores eventualmente llevaría a uno a caer enfermo. Uno a uno el Cabo de las Fuerzas de Elite Acuaticas y Terrestres de Ventormenta fue paseando su mirada sobre los soldados, pasando por alto únicamente a los guerreros orcos que se encontraban entre ellos, los cuales se aferraban a su orgullo y nunca demostraban sentirse cansados, a pesar de que el temblor de sus brazos delatara lo contrario cuando estaban minando lo que fuera que estuvieran extrayendo de ese sitio. "¿Dónde está Thomas?" – Preguntó cuándo se percató que uno de sus hombres no estaba entre los prisioneros. "La rata intentó huir." – Respondió no uno de los marineros, sino uno de los orcos, con su tono de voz grave y despectivo. "¿Es eso verdad?" – Wilkins frunció el ceño y observo a uno de sus hombres, buscando confirmación a las palabras del orco. "Sí, lo hizo…" - Contesto uno de los marineros con voz débil. El cabo resopló con fuerza. Sin embargo, si Thomas había intentado huir, eso significaba que sus captores no siempre estaban vigilándolos. Habían ventanas que podía aprovechar para huir o tratar de hacer llegar un mensaje desesperado a Ventormenta. Solo tenia que ser astuto y cuidadoso. Wilkins se frotó la barbilla y observó su camisa. Al instante, la rompió y corto una parte. Posteriormente, y sin pensarlo dos veces, acercó la yema de uno de sus dedos a los bordes afilados de los grilletes de coral que tenía en torno a sus muñecas. La sangre broto de la herida y al instante se puso manos a la obra; aunque no era la tinta más idónea, era eso o nada. Aunque habría deseado que solo unas gotas de sangre hubieran bastado, pues más de un corte fue necesario para poder escribir las palabras adecuadas, hasta la repentina llegada de esas siniestras serpientes marinas que sin pudor alguno, arrojaron a un apaleado Thomas al suelo, frente al resto de prisioneros. El marino tenía algunas heridas en sus brazos y pecho, pero sobretodo unos horrendos moratones de todos los golpes que le habían dado. Aun tenia, incluso, una red enredada en sus piernas y entre ellas, no solo algas, sino una botella de vidrio. El siguiente que intente escapar, sufrirá un destino peor que morir ahogado. – Amenazo el capataz naga. Tan pronto la criatura se marchó, Wilkins se apresuró a coger la botella y a esconderla. Podría serle útil. Thomas apenas reaccionó, pero en cuanto lo hizo, sus captores lo forzaron a trabajar como al resto. El cabo había perdido ya no solo la cuenta de las horas, sino también de los días que llevaba ahí abajo, pero una vez volvieron a tener un momento para descansar, ocupo sus minutos para preguntar a Thomas lo que le habían hecho, hasta donde había llegado y que había visto. Pero el soldado hablaba cosas sin sentido, como si finalmente la prisión en la que estaban le hubiera consumido lo último que tenia de cordura. No obstante, tenia que darle el beneficio de la duda. Después de todo, nada de lo que estaba ocurriendo tenia sentido… Con los minutos en su contra, el Cabo solo atino a añadir la nueva información proporcionada por el marino al trozo de tela escrito con su propia sangre. Enrollo el improvisado escrito una vez termino y lo introdujo en la botella, tapeando la boquilla con otro jirón de tela. Inhalo hondo y consciente de lo que seria de él, corrió en la misma dirección que Thomas le había dicho, pudiendo oir el sonido reptante de los naga deslizándose tras de él. Apenas si sabia por donde iba, pero tan pronto noto un pozo de agua, se lanzó sobre el mismo y noto la tenue fuerza de succión de este. Intento nadar por dicho pasaje, sintiendo entonces cuando un tridente atravesó su torso y con sus últimas fuerzas, empujo la botella hacia el fondo, rogando a la Luz que pudiera llegar a la superficie y sus palabras no cayeran en el olvido. Pues de hacerlo, todo estaría perdido. * * * * * * * * * *
  4. Los días en que los grandes imperios trol se extendían por toda la antigua Kalimdor pertenecen a un pasado lejano. Milenios de guerra y conflictos internos han despojado a estas naciones de su poder, de sus tierras y de su gloria. Mientras Azeroth se recupera de la destrucción del Cataclismo, los pueblos de trols repartidos por el mundo se enfrentan a un futuro incierto. Estos tiempos oscuros han incitado a tomar medidas drásticas a los trols Zandalar, la tribu históricamente conocida por su sabiduría y sus conocimientos que dio origen a todos los demás trols. Se han embarcado en una audaz cruzada para salvar su raza intentando unificar a los trols en un único y poderoso imperio. Con la ayuda de los Zandalari, los pueblos Gurubashi y Amani se aprontan a reconstruir Zul'Gurub y Zul'Aman, sus capitales caídas, con el fin de reforzar sus ejércitos para lanzar una sangrienta campaña y expandir sus territorios. Sin embargo, Vol'jin y sus trols Lanza Negra no están del lado de los Zandalari. Han jurado lealtad a sus camaradas de la Horda e incluso han considerado buscar ayuda en la Alianza si los trols desataran una nueva guerra en Azeroth. Pronto, Vol'jin podría verse obligado a cumplir su promesa ya que, si dejan a los Gurubashi y a los Amani a sus anchas, el mundo volverá a conocer la fuerza y el salvajismo legendarios de los antiguos imperios trol... [Zuldazar] El Rey y el Profeta [Reinos del Este] La Voz del Comercio - Extrañas naves en la costa [Durotar] Grito de Guerra - Extrañas naves en la costa [Kalimdor] La Voz del Comercio - Extrañas naves en la costa [Tierras Fantasma] Visitas inesperadas [Islas del Eco] El Llamado [Durotar] El Jefe de Guerra Mensajero dirigido a Volrath [Reino de Quel'Thalas] El General-Forestal [Cabo de Tuercespina] Asaltos en la costa [Durotar - Islas del Eco] La Llamada de los Lanza Negra [Vega de Tuercespina] El Señor de Sangre Mandokir [Norte de la Vega de Tuercespina] El Castigo de los Sangrapellejo [Pantano de las Penas] El Dios de Sangre [Pantano de las Penas] Asalto a la Avanzada Marea Pantanosa [Norte de la Vega de Tuercespina] Una segunda oportunidad [Cabo de Tuercespina] El Vudú [Cabo de Tuercespina] Esclavitud [Cabo de Tuercespina] La amenaza de Grom'gol [Ciudad de Ventormenta] Despertando al León [Reino de Ventormenta] El Orgullo de Lothar - Disparos en la bahía [Reino de Ventormenta] El Orgullo de Lothar - Amenaza trol en el sur [Ciudad de Ventormenta] Las garras del león [Reino de Ventormenta] El Orgullo de Lothar - ¡Ventormenta te necesita! [Norte de la Vega de Tuercespina] La Guarida de Mai'Zoth [Norte de la Vega de Tuercespina] La Batalla del Valle Deforestado [Zul'Gurub] El Asalto a Zul'Gurub [Epilogo - Gloria] La derrota de los Gurubashi [Epilogo - Gloria] Consecuencias y Resoluciones [Bosque Canción Eterna] Eclipse - Luces y sombras [Tierras del Interior] Encrucijada - La Promesa de los Amani [Ciudad de Lunargenta] La Sombra de Kith'ix - Luces y sombras [Tierras del Interior] Encrucijada - Provocaciones [Tierras del Interior] Encrucijada - El Dios Aguila, Akil'zon [Reino de Forjaz] La Tribuna de Forjaz - Escaramuzas en Tierras del Interior [Reino de Ventormenta] El Orgullo de Lothar - Incursiones trol en Tierras del Interior [Tierras Fantasmas] La Sombra de Kith'ix - La Aguja Estrella del Alba [Ciudad de Lunargenta] La Sombra de Kith'ix - La Sangre de Kith'ix [Zul'Aman] La Sombra de Kith'ix - El Secreto de Zul'Aman [Bosque Canción Eterna] Invasión - La Invasión Amani Cartas entregadas a Redyan, Elawen y Alathen [Bosque Canción Eterna] Invasión - Los Colosos Zandalari [Dalaran] Los Hijos de Lunargenta Carta dirigida a Lady Lyriah Windriel Carta dirigida al Capitán-Caballero Kethrian Dawnblade Carta al Rey Varian Wrynn de Ventormenta [Reino de Ventormenta] El Asedio de Quel'Thalas [Bosque Canción Eterna] El Dios Lince, Halazzi [Tierras de la Peste del Este] La Vanguardia de Plata [Bosque Canción Eterna] El Asalto a Tor'Watha [Epilogo - Venganza] Un pueblo dividido [Epilogo] Dudosa lealtad [Epilogo] La Promesa del Rey del Trueno [Epilogo - Venganza] Consecuencias y resoluciones
  5. [Evento Lore] Corazones de Hierro Morgan observaba desde la entrada de su tienda como decenas de tropas llegadas de Petravista se acuartelaban tras su endeble empalizada. Jamás su Vigilia había visto tantos hombres reunidos. Viró la mirada a su segundo, aplicando un emplaste a la quemadura de uno de sus hombres mientras miraba, con cierto deje receloso, el constante goteo de tropas de Ventormenta. "Odia lo reluciente de sus armaduras" pensó Morgan, esbozando una media sonrisa antes de correr la cortina de la tienda. No lejos de allí, bajo las ruinas de la torre de la Vigilia, dos hombres entrados en edad y ataviados con armaduras oficiales del Ejército de Ventormenta, discutían sobre los mapas encima de una mesa improvisada, con un enano hierro negro de cabellos blancos y mirada torva. Las voces acaloradas de ambos tres integrantes de la discusión se dejaban oír desde la entrada a la Vigilia y, su posición alta, hacia inevitable que el origen de las mismas no se pudiese localizar. Era así pues, que varios soldados de los allí reunidos observaban con expectación el debate a tres bandas, habiendo detenido sus quehaceres. El calor era insoportable de cualquier modo. Cuando uno de los dos oficiales del Ejército se percató de esta situación, pidió silencio a los otros dos interlocutores y cabeceó hacia los soldados que los observaban. Ya eran más de tres pelotones en total. El hombre se ajustó la faja de la armadura y se adelantó unos pasos para hablar a sus efectivos. - ¡Caballeros! Vamos a crear una línea defensiva entre este lugar y el puesto de maese enano en Cincelada, en la zona central de la región. Aseguraremos el paso desde Crestagrana para la llegada del resto de fuerzas. Descansad bien, mañana comenzarán los trabajos. La noticia se recibió con bastante ánimo de forma generalizada. El grueso de soldados se comenzó a dispersar en pos de encontrar un buen rincón donde descansar sin sudar demasiado. No obstante uno de ellos se mantuvo observando a los tres reunidos, cuando retomaban la conversación, con gesto taciturno. - ¡Hearne! ¡Deje de perder el tiempo ahí parado! El grito de aquel sargento lo despertó y se puso en movimiento. Dos días después un orco de avanzada edad observaba con brazos cruzados y gesto preocupado la cumbre imperfecta de un monte en medio de la estepa. Su mirada bailaba también entre las llanuras cenizas, captando de vez en cuando el metal de las armaduras moviéndose en la distancia. El viento, incluso, traía hacia el a cada rato las órdenes vociferadas. Bajo su posición un orco más joven ascendía la roca que daba acceso al campamento y se acercaba al anciano. Su gesto, tan serio como el del otro era casi idéntico. - Padre, los humanos están asegurando la zona sur y controlan ya el paso en las montañas. No llegan más tropas, por el momento. El anciano descruzó sus brazos y se giró para ver a su hijo, mientras una sonrisa paternal rompía la seriedad de su cara. Dio una palmada en la oscura hombrera del orco y asintió levemente. - Avisa a dos de los nuestros. Que se preparen para viajar conmigo. - Yo iré contigo, padre. - el joven orco respondió con resignación - - No, no lo harás hijo. Solo a ti te confiaría este lugar, y ese será tu cometido. Antes de adentrarse en la cueva que había tras de ellos, el viejo orco se golpeó el pecho ante su hijo y así lo hizo el. Este siguió a su padre con la mirada hasta que lo perdió en la penumbra. El orco volvió la mirada a las estepas en la misma postura en la que su padre lo había hecho instante antes y dirigió la mirada allí donde creía estaba el puesto humano de la Vigilia de Morgan. Torció el gesto con desprecio mas, un segundo después su mirada se dirigió a la omnipresente Montaña Rocanegra, y un rugido metálico que de allí salió, sesgando el aire. Su gesto se deformó más aún en uno de odio y negó radicalmente, dirigiéndose también a la cueva. Las Estepas Ardientes bullían, el aire estaba viciado, y esta vez no era culpa de la lava. // Breve relato que da inicio a la línea de sucesos y eventos de Estepas Ardientes correspondiente a Cataclysm y que sigue la línea argumental dejada en el evento Enemigo a las Puertas de Crestagrana que será llevado entre @Stanei y mi persona. La trama, evidentemente, es de carácter militar y abre la ofensiva de Ventormenta por erradicar la siempre presente amenaza Rocanegra sobre el Reino y su revelada alianza con el Vuelo Negro. Participarán Ejército de Ventormenta e Iglesia de la Luz como organizaciones, a las que se enviará la misiva correspondiente en sus grupos. Al contrario que en el evento anterior de la línea y dado que esta vez tratamos con una trama de ofensiva y no de defensa, no se contará con la participación de voluntarios a la misma. La trama dará comienzo el día Viernes 27 sobre las 21:30 (Peninsular) y se espera que se alargue, como mínimo, una semana al completo. Esto puede variar, obviamente, según el desarrollo del propio evento. Los horarios de cada día se irán añadiendo en este mismos thread según nosotros nos organicemos. ¡No olviden sus sacrificio!
  6. El Secreto de las Profundidades Desde lo más profundo de Azeroth, Azil llevo su mirada hacia el colorido cielo del territorio en que se hallaba. Los daños del siervo de sus verdaderos maestros eran perceptibles incluso en esa nebulosa masa etérea repleta de los destellos ocasionados por las piedras preciosas que envolvían la gran mayoría de la roca a su alrededor, lo cual hasta llegaba a dar la sensación de que esas luces eran en realidad estrellas. Pero Azil no observaba las alturas por su maravillosa e intrigante vista, no, ella observaba porque aguardaba la llegada de los intrusos con su maquinaria de guerra, tal y como habían sido advertidos previamente. Alrededor de la humana, otros cuantos hombres y mujeres de diversas razas, vestidos con sencillas togas raídas y capuchas, o ataviados con armaduras de placa o malla, y hasta cuero, también miraban expectantes la entrada astral. Esta era la hora para la cual se habían preparado, el momento en que finalmente el Martillo Crepuscular se dejaría caer sobre Azeroth con tanta fuerza que todos escucharían su estruendo. Repentinamente, unas extrañas luces comenzaron a vislumbrarse en las coloridas nebulosas, mezclando colores marrones, azules, grises y rojizos. Los cultistas se estremecieron; algunos avanzaron un paso, mientras otros lo retrocedían. Otros chocaban sus armas y hasta vociferaban gritos de guerra, pero Azil guardo silencio y nada más se atrevió a entrecerrar sus ojos, dejando que la oscura voz de su retorcido mentor inundara su subconsciente. Allí vienen, a lomos de bestias de fuego, madera y hierro. Desesperados por aceptar la futilidad de este mundo. Aferrados al concepto de vida y orden que ellos vanamente les impusieron. Ah, allí vienen los bendecidos por nuestro regalo… Recíbelos. Haz que abran los ojos, pues todos moriremos al final… Las luces se expandieron hasta dar forma a dos inmensas naves de batalla: una con forma de un enorme navío de madera, cuyas velas habían sido reemplazadas por dos enormes turbinas que se encontraban a sus costados y varios rotores que le daban apoyo. Mientras que la otra también poseía la forma de una nave, aunque su mascaron con cabeza de lobo tenia en el centro un enorme cañón y en vez de motores, se mantenía en vuelo gracias a dos enormes globos sujetos con cadenas. La maquinaria de guerra de la Alianza y la Horda, y seguramente en ella también estarían los insulsos chamanes que seguían tratando de reprimir la verdadera esencia de los elementos. Hazlo… Libéralos. Se piadosa. Libéralos… Azil observo a un trol que se hallaba a su derecha y asintió lentamente, otorgándole la bendición de su maestro al desearle una dulce muerte. El trol sonrió con malicia, ansioso por la lucha y sin espera alguna, ordeno el ataque apuntando con uno de sus dedos a ambas naves. Cientos de rugidos pétreos inundaron el lugar y pronto el aire se vio envuelto con el aroma de fuego, sangre y polvora. * * * * * * * * * *
  7. [Evento Lore] Civilizaciones Ancestrales La expedición había desaparecido del mismo modo en que la arenilla del basto desierto se desplazaba al son del viento, como un oceano de dunas que cabalgaban hacia el infinito. La Liga de Expedicionarios y el Relicario, se habían encontrado de nuevo en aquel misterioso territorio, pero ninguna de las partidas enviadas por sendas organizaciones, regresaron. Ni una señal en semanas. ¿Estarían muertos? Un objetivo claro que hasta ahora no se pudo cumplir: llegar al desierto e inspeccionar mejor el territorio, tal vez descendiendo hacia el Sur de aquel rio que habían descubierto la primera vez, se hallaría algún lugar adecuado para emplazar y comenzar a asentar bases. Brann Barbabronce sabía que no podría evitar que el Relicario, tan competitivo como se le conocía, asomara por la región igual que su ya veterana Liga de Expedicionarios, por lo que, y a sabiendas de los anteriores descubrimientos entre ambas organizaciones, prefirió mantener una vía diplomática con estos, aunque obviamente, se guardaba para sí muchas cosas, con la esperanza de que los elfos no metieran la nariz en las mismas, ni se adelantaran a sus pasos. El Alto examinador Tae'thelan Mirasangre a su vez, convencido de que si en ese territorio se escondían sistemas titánicos, era más que probable que hallaran alguna cosa de valor, para ser analizada. Las relíquias mágicas eran su prioridad, además de salvaguardar la integridad de la maquinaria que se escondía allí y que era mejor que nadie pudiera activar. Era el momento de organizar un grupo más preparado y más numeroso, para descurbrir qué había sido de los desaparecidos y de una vez por todas, encontrar un emplazamiento que sirviera de nexo en el cual asentarse, y realizar expediciones por la región, de forma más segura. Bien esta es la 2da parte del Evento que implica la región de Uldum, el cual será llevado por mí y por @Halt. Al Evento serán llamados de forma "obligatoria" los personajes de las siguientes organizaciones: Liga de Expedicionarios, El Relicario, la Academia Magica de Ventormenta y la Academia Ocaso Marchito. De forma opcional y debido a la situación del On-Rol donde la expedición precisará de protección y ofensiva, si ocurre algún peligro, las siguientes organizaciones darían permisos a personajes de las mismas por si desean acudir a ayudar, quedando bajo mando de la Liga o el Relicario: Ejército de Forjaz y Los Errantes. Por último se habilitará On-Rol una reclutación de aventureros y mercenarios, donde cualquier personaje que pueda demostrar ser útil en una expedición a tierras sin descubrir, podrán sumarse, quedando bajo mando de la Liga y del Relicario también. El evento se llevará a cabo desde el Viernes 22 de Julio hasta el Domingo 31 de Julio. Dentro de esa semana que compende dos fines de semana, trataremos de abordar todo el rol que tenemos pensado
  8. LA BATALLA POR AZSHARA “El salario consiste en quince monedas de plata al completar la operación para todos los soldados activos que estén en buen estado. En caso de muerte, se suspenderá el salario. Se cobrará una cuota de veinte monedas de plata por cualquiera que caiga herido y requiera de atención medica en cumplimiento del deber.” Todos los nuevos reclutas del Batallón Pantoque se encontraban formados en fila, escuchando atentamente las palabras de su oficial y no era para menos, nadie quería terminar pagando esas cinco monedas de plata restantes que su paga no contemplaba. Sin embargo, a ojos del veterano de la Guerra contra el Rey Exánime, Nazgrim, esas pequeñas criaturas siquiera podrían llegar a levantar una espada antes de que las garras de un huargen, las cuchillas de una guja elfica o el martillo cristalino de un draenei pusieran fin a sus insignificantes vidas. Aunque al menos morirían en servicio de la Horda, eso era un honor, pero dudaba que ellos lo sintieran así. No veía en sus ojos el mismo fervor que sentían los brutos orcos cuando realizaban el juramento de sangre hacia el Jefe de Guerra y ya eso era un problema. El Comandante Molotov se movía de un extremo a otro, dando una serie de instrucciones relacionadas con algo que él llamaba ‘condiciones contractuales’ y los ojos de Nazgrim, quien se encontraba un paso detrás de él, lo seguían en todo momento. El antiguo sargento estaba haciendo lo mejor que podía para mantenerse firme, disciplinado y sobretodo, paciente, pero en cuanto el Comandante anuncio la décimo cuarta cláusula del contrato, el avezado guerrero se adelantó y adelanto una de sus enormes manos para coger por un hombro al Comandante, forzándolo a retroceder. Molotov así lo hizo y en cuanto abrió su boca para protestar, su mirada se encontró con los severos ojos de Nazgrim, cuya expresión lo hizo cerrar la boca tan rápido que sus dientes llegaron a chocar entre si al momento de hacerlo. El ahora Legionario de la Horda volvió su mirada hacia los reclutas del recientemente formado Batallón Pantoque, emitiendo un gruñido tan grave que dejaba entrever su disconformidad con esas pequeñas criaturillas de grandes orejas y piel verde, sobre cuyos hombros reposaban fusiles con una bayoneta fijada sobre la parte superior del cañón. “Todos ustedes son guerreros de la Horda y vivirán, y morirán, por la Horda.” – Rugió el Legionario, hinchando su pecho. – “Los ojos de Grito Infernal están sobre todos nosotros y su Jefe de Guerra espera no más que la victoria por vuestra parte.” Aunque los goblins trataron de mantenerse firmes, buscando demostrar la disciplina de un ejército profesional, y bien pagado como no, algunos de ellos se miraron de soslayo al oir las palabras del orco. Las mismas que habían llamado la atención de algunos brutos, quienes asentían o emitían gruñidos que dejaban claro su parecer con la opinión del legionario. “Allá fuera esta la Alianza, fresca y animada por sus victorias en Vallefresno y en los Baldíos del Sur. Ansiosa de hacer con Orgrimmar y vuestro Muelle Pantoque lo que hicieron con el Campamento Taurajo.” – Nazgrim señalo el despejado paraje de Azshara al otro lado de la Puerta Trasera de Orgrimmar. – “¡Y allá fuera también, está la victoria! ¡No solo monedas, pero también honor y gloria para todos nosotros! ¡¿Quieren recompensas?! ¡Protejan la Horda! ¡Traigan honor a la Horda! ¡Y el Jefe de Guerra sabrá recompensar a cada guerrero como ya lo hizo entregándoles esa tierra que ahora es vuestra, y que la Alianza intenta reclamar como suya!” Y fue entonces que los soldados del Batallón Pantoque realmente sintieron un ánimo de luchar, y no solo por las monedas, sino también por las promesas de grandeza y en algunos casos, por no perder un segundo hogar tras lo ocurrido en la Isla de Kezan. Solo bastó que Nazgrim levantara su puño derecho y rugiera ‘¡Por la Horda!’ para que los soldados sumaran sus voces. “¡Por la Horda!” – Alzo la voz en arenga el Comandante Molotov, levantando el mismo puño que Nazgrim para no ser menos y en cuanto las voces fueron descendiendo, el goblin se aproximó al orco. – “¿Cuáles son las ordenes del Jefe de Guerra, Legionario Nazgrim?” “Reparte a tus guerreros entre Valormok y la Cantera de la Ladera.” – Ordeno el orco al dirigir su atención a Molotov. – “Reforzaran a los brutos que ya hay en esos puestos antes de marchar a reclamar Vallefresno.” Molotov se cuadro y saludo con un gesto marcial al legionario, apenas siguiéndolo con la mirada unos momentos, percatándose de que tras este devolverle el saludo golpeándose su pecho reforzado con una armadura de placas, camino en dirección al sur del cañón, donde un orco vestido con una sencilla túnica de cuero y con sus hombros cubiertos por una especie de hombreras creadas a partir de rocas volcánicas muy similares a las del Monte Kajaro, aguardaba pacientemente al legionario. El Comandante supuso que se trataría de un chamán orco, pero no cualquiera, sino uno de los más cercanos al propio Jefe de Guerra a juzgar por los dos guardias kor’kron que le protegían a los costados. Molotov se encogió de hombros y volvió su vista al frente, comenzando a separar a los soldados en grupos para derivarlos a sus respectivos puestos antes de la segunda ofensiva de la Horda hacia Vallefresno.
  9. I LOS ALZADOS La terrorífica sombra alada dejó atrás la torre derruida en el extremo noreste de Andorhal, surcando las alturas mientras sus garras se extendían y encendían con un color verde amarillento, provocando que su cuerpo empezara a verse envuelto en la misma aura vil cuando una fisura en la realidad se abria ante sus ojos, engulléndolo. En nada más que un simple parpadeo, el temible Balnazzar ahora disfrazado con la forma del Gran Cruzado Saidan Dathrohan, se hallaba a las afueras de la Mano de Tyr. Afortunadamente para él, su forma humana lucia cansada y demacrada, mero reflejo de su estado: tras su primer encuentro con algunos miembros de la Iglesia de la Luz en el Monasterio Escarlata, en un supuesto intento de mejorar las relaciones entre la Iglesia y la Cruzada Escarla que en realidad no era más que una treta del Señor del Terror para poder infiltrarse al interior del culto sagrado, Balnazzar había quedado debilitado. Si bien había podido hacer frente a la comitiva de la Iglesia, ese maldito fuego sagrado que habían proyectado en él había hecho mella en su esencia demoniaca y el golpe que el entonces Sir Nostiag Beltore le había logrado propinar con su martillo solo había acentuado el abrasador dolor que le carcomía por dentro. El Señor del Terror había huido del Monasterio en ese momento, a vista y paciencia de otros cruzados. Sin embargo, sus planes solamente habían sido detenidos, más no deshechos. Eventualmente la Iglesia de la Luz caería bajo su influencia y Balnazzar disfrutaría corromper a cada insulsa criatura a través de un disfraz, pero por ahora, tenia que esperar y prepararse. Si no podía acceder a la Iglesia de la Luz, se aprovecharía de sus adversarios para beneficiar sus planes: en Andorhal, el Señor del Terror se había acercado a los remanentes de la Plaga, logrando acordar una alianza de mera conveniencia que requeriría de que estos le ayudaran a recuperar parte de sus fuerzas a través de los rituales que él les indicara, a cambio de que este les ayudara a mantener sus dominios frente a los embates de los incontables enemigos que acudirían a ellos ahora que el Rey Exánime había sido derrotado. Para satisfacción del Nathrezim, el Culto de los Malditos liderado por Gandling había aceptado y con ayuda del Señor del Terror creyeron haber podido asestar un golpe a la Cruzada Argenta, luego de lograr contaminar su alimento y consumir las almas de algunos de sus difuntos gracias a la ayuda de un patético taumaturgo que se había dejado llevar por el deseo de conocer a su enemigo con tal derrotarlo, terminando por aliarse a estos irremediablemente. No obstante, la realidad era mucho más retorcida: mientras que las almas robadas eran justamente para alimentar al demonio y ayudarle a recuperar sus fuerzas, los muertos vivientes descerebrados que había originado el grano jamás habían pertenecido a la Plaga en primer lugar, sino que delante de las narices de su supuesto aliado, Balnazzar había logrado amasar una pequeña fuerza que seria la precursora del siguiente paso de su plan. Frente a las puertas de Mano de Tyr, el taimado demonio escucho los gritos del vigia que alertaba su presencia y con el fin de añadir más dramatismo, se dejo caer de rodillas al suelo. En Andorhal había logrado recuperar gran parte de su fuerza habitual, pero no por completo. Como había esperado, la Alianza, la Cruzada Argenta y los Renegados habían logrado abrirse paso entre los muertos vivientes de la Plaga, descubriendo el ritual que estaban realizando para alimentar al demonio. Situación que él aprovechó para huir y dejar a la Plaga a su miserable destino; ya había obtenido lo que quería y ahora, frente a Mano de Tyr, se encontraba ante el nuevo paso de su plan. Lord Valdemar se apresuró a salir de las puertas de Mano de Tyr en compañía de Lynnia Abbendis, hija de la Alta General Abbendis, y otros cuatro guardias. Dos de ellos ayudaron a reincorporarse al Gran Cruzado, mientras que Lord Valdemar observaba consternado a Saidan. ¡Gracias a la Luz que habéis vuelto, mi señor! Temíamos que vuestro viaje al Monasterio Escarlata había terminado en tragedia… - Las palabras de Lord Valdemar inmediatamente captaron la atención del supuestamente débil Gran Cruzado. Casi… Esos malditos renegados me tendieron una emboscada, pero mis hombres se sacrificaron para que yo pudiera huir… - Saidan suspiro pesadamente y luego, tras guardar un silencio en honor a los imaginarios cruzados caídos, observo fijamente a Lord Valdemar. - ¿Qué nuevas han llegado del Monasterio? Lord Valdemar negó con la cabeza. Ninguna, mi señor. Era por eso que temiamos lo peor… - Admitió el señor de Mano de Tyr. Ya veo… - Saidan asintió lentamente y añadió casi al instante, con fuerzas renovadas. – Haz llamar inmediatamente a nuestros oficiales y campeones, que se reúnan conmigo en la sala de armas de la abadía. Discutiremos nuestros nuevos pasos si no queremos ser destruidos por nuestros enemigos. Lord Valdemar parpadeó con sorpresa, pero no se atrevio a contradecir al Gran Cruzado. Lynnia por otro lado, entreabrió sus labios para preguntar si es que no sería mejor que el Gran Cruzado descansara y luego se reunieran, pero se calló tan pronto vio que el Lord había ordenado a uno de los guardias a dar aviso a quienes Lord Dathrohan quería ver. Lynnia se adentró en la sala de armas de la abadía y tomo asiento frente a la mesa redonda ante ella, a sus costados y en torno a la mesa habían distintas figuras de renombre de la Cruzada Escarlata, y cada uno de ellos miraba con evidente preocupación al débil Gran Cruzado sentado frente a ellos. Todos excepto Mataus, cuya mirada penetrante y rostro carente de emoción permanecía neutro frente a la situación. No obstante, cuando Lynnia se percató de esto, no le dio gran importancia. El taumaturgo nunca le había inspirado confianza, especialmente por sus extrañas practicas con los prisioneros, las cuales había oído que eran de lo más extrañas, incluso para un simple mago. Si no fuera porque pertenecía a la Legión Escarlata, la elite que custodiaba el Bastión Escarlata en la Ciudad de Stratholme, Lynnia no habría dudado en investigar a Mataus con tal de descubrir que practicas eran esas y ejecutarlo personalmente si hubiera hecho falta. Lord Valdemar anuncio el motivo de la reunión urgente frente a todos los cruzados e inmediatamente cedió la palabra al Gran Cruzado, quien comenzó a hablar de como sus enemigos y adversarios estaban expandiéndose, mientras que la Cruzada Escarlata languidecía bajo las sombras que estos proyectaban: Vega del Amparo en manos de la Cruzada Argenta, Andorhal divida entre la Alianza y los Renegados, el Monasterio Escarlata aislado en los Claros de Tirisfal, seguramente amenazado por Sylvanas. El Gran Cruzado no tuvo ningún tapujo en mencionar que la Cruzada Escarlata estaba perdiendo terreno y permitiendo que sus enemigos se pasearan impunemente por Lordaeron, trayendo el caos de la guerra y la corrupción de la Plaga consigo. Finalmente, los cruzados comenzaron a debatir sobre como actuar frente a este nuevo cambio de poderes y varios consideraron atacar a la Plaga con fuerza, aprovechando que el Rey Exánime había caído. Así podrían reclamar nuevos asentamientos, como lo podría ser el Cruce de Corin, lugar donde un gran numero de muertos vivientes se había congregado últimamente. Lynnia estaba más que de acuerdo con tal estrategia, pues mientras sus adversarios se disputaban el oeste, ellos podrían dominar el este sin ninguna otra oposición más que algunos miembros de la Cruzada Argenta que, de no unírseles, seguramente serian pasados por la espada. Un castigo desmerecido a ojos de Lynnia, pues en primer lugar estos eran quienes permitían que la sombra de Acherus, la necrópolis de la Orden de los Caballeros de la Espada de Ébano, proyectara su sombra sobre un suelo sagrado como la Capilla de la Esperanza de la Luz. O podemos atraer a los Cruzados hacia nosotros y reclamar la Crematoria una vez más… - Comento el Gran Cruzado, haciéndose el silencio al instante. Siquiera Lynnia desconocía la leyenda de la Crematoria, aquella hoja sagrada que el difunto Alto Señor Alexandros Mograine había blandido años atrás, reduciendo las huestes no muertas a meras cenizas. Ciertamente el tener de regreso la espada en la Cruzada Escarlata facilitaría su tarea y demostraría que la Luz estaba de su lado, pero la pregunta era como obtenerla. ¿Y como podríamos hacer eso? – Pregunto la Comandante Escarlata Marjhan. – Dudo que el Alto Señor Vadin venga a nosotros sin un motivo de peso detrás… Lynnia comenzó a sentir un escalofrió que recorrió toda su espalda en ese mismo instante. Era de noche ya e inmediatamente miro hacia los candelabros para cerciorarse de que las velas no se habían consumido, y no lo estaban, ¿por qué ese frio entonces? Él vendrá a nosotros, pero primero, debemos darle un motivo… - Hablo Mataus por primera vez, con un tono de voz rasposo e igual de perturbador que él. Frente a los ojos de todos, Mataus retiro un cuchillo de una de sus mangas y degolló a uno de los cruzados a su derecha. Aunque incrédulos frente al estúpido acto de traición, el resto de cruzados trataron de levantarse y Lynnia también, pero todos se percataron de que sus cuerpos estaban entumecidos. No, no lo estaban. Lynnia entonces supo que en realidad se hallaban bajo alguna clase de hechizo… Temiendo lo peor, Lynnia miro a Mataus y luego, al Gran Cruzado, quien seguía enseñando un aspecto débil. Si todos morían allí, la llama de la Cruzada Escarlata se extinguiría por siempre. ¡Maldito Mataus, debió de haberlo investigado cuando comenzó a sospechar de él! ¡SABANDIJA TRAIDORA! – Las palabras escaparon por si solas de la boca de Lynnia, envueltas en la ira que sentía en esos momentos. Mataus tiene razón… - Dijo entonces el Gran Cruzado y todos volvieron su mirada hacia Saidan, quien se puso de pie para dejar entrever que él no se hallaba bajo el influjo. Lynnia observo incrédula al Gran Cruzado, ¿se había vuelto o es que estaba bajo el influjo de Mataus? No, eso no podría ser, él era un hombre de la Luz. Había sobrevivido a la marea de oscuridad por años, no podría haber caído bajo el influjo de un mago oscuro… ¿Qué estaba ocurriendo? Tirion Vadin y su Cruzada Argenta no vendrán a nosotros sin un motivo de peso, y en vuestro estado no sois nada… - Continuo hablando con un tono frio y carente de emoción, tan malicioso como la expresión que se había apoderado de su rostro. – Pero aun podeis servir a mi causa. Pues como lo habéis hecho en vida, lo haréis en muerte, mis insulsos mortales… Al mismo tiempo que el Gran Cruzado hablaba, Mataus iba moviéndose por los alrededores de la mesa, asesinando a cada uno de los cruzados. Cuando Lynnia sintió el cuchillo sobre su piel descubierta, murmuro una plegaria a la Luz para que cuidara de su alma y el ultimo de sus pensamientos se lo dedico a su madre, quien encontró la muerte en Rasganorte, tratando de acabar con la oscuridad. No temas, joven Lynnia. Como tu madre, tú también serviras a sus planes… - Susurró Mataus al oído de Lynnia antes de degollarla con un corte rápido. Rios de sangre manaban de los cuellos de los cruzados, manchando sus indumentarias y la mesa redonda ante ellos. Mataus observo al Gran Cruzado y asintió, proclamando que la tarea estaba hecha. Y sin embargo… No toda, Mataus… - Dijo Saidan con un tono carente de emoción y frente a la confusa mirada de Mataus, el Gran Cruzado esbozo una pérfida sonrisa al momento de extender su mano derecha hacia el brujo. La palma de la mano derecha de Saidan se envolvió en un pequeño vórtice de vacío que parecía engullir todo a su alrededor y repentinamente, tentáculos de materia oscura comenzaron a emanar de este, impactando al confuso brujo, quien sentía como la fuerza vital le era extirpada a la fuerza. Su cuerpo iba languideciendo y envejeciendo aceleradamente frente a sus ojos, hasta no dejar más que una cascara vacía de piel pálida cuyo pellejo estaba pegado a sus huesos. Una vez concluido el robo de esencia vital, Saidan deshizo el hechizo y dejo caer el cadáver de Mataus. Observo con frialdad los cadáveres que inundaban la sala y por un instante saboreo en su mente el suceso ante el que se hallaba: finalmente, tras tanto tiempo, podría dejar de actuar detrás de esa estúpida carcaza mortal y degustar la esencia vital de sus peones. Pero antes, tenia algo que hacer. Balnazzar comenzó a realizar un circulo en la mesa con la sangre de sus victimas, añadiendo distintos glifos para perfeccionar el sortilegio, así como otros símbolos que pudieran ayudarle a servir a su propósito. Una vez terminado el pentagrama, quien en apariencia fuera el Gran Cruzado Saidan Dathrohan comenzó a pronunciar las palabras necesarias en la lengua de los demonios. El dibujo en la mesa se encendió con una luz verde amarillenta, tan profana como vil, e inmediatamente agónicos gritos de dolor comenzaron a inundar la sala de armas de la abadía de Mano de Tyr. Los chillidos eran tan altos que hasta desde las afueras podían oírse, lo que sumado a la extraña luz que se reflejaba en las vidrieras, puso en alerta al resto de cruzados que se apresuraron a acudir confusos a los alrededores de la abadía. Lentamente los gritos agónicos cesaron y los cadáveres de los cruzados fueron reanimándose poco a poco, incluido Mataus. Levántense mis Alzados y preparen al resto de sus hermanos para recibir mi regalo, pues pronto estas tierras serán el bastión de oscuridad que siempre debieron de ser. – Ordeno Balnazzar, permitiéndose hablar con su propia voz en vez de la del Gran Cruzado. Al instante, los Alzados se levantaron y la noche en Mano de Tyr se inundó de incontables gritos de terror.
  10. ECOS DE LORDAERON LA BATALLA POR ANDORHAL No aguardaban rosas, ni gritos animados en su honor, siquiera alguna pequeña multitud le aguardaba en el muelle número cinco del Puerto de la Ciudad de Ventormenta, a excepción de una solitaria figura humana cuyo rostro ovalado se encontraba ensombrecido por la oscura capucha que llevaba encima, la cual hacía juego con su larga cabellera negra. Aun así, Thassarian no necesitaba ni una cosa más para poder rozar una extraña emoción que él interpretaba como alegría. Como Caballero de la Muerte y desde que su espada fuera puesta a disposición de la Alianza, se había hecho a la idea de que jamás sería visto como un héroe, siquiera como un mártir. Era consciente que a ojos de muchos continuaría siendo un monstruo, tal vez el recuerdo viviente de esos días oscuros donde nombrar el nombre del Rey Exánime bastaba para hacer sentir escalofríos al guerrero más valiente, pero de un modo u otro seria visto con malos ojos y el poder ver que a pesar de su tenebroso aspecto, Leryssa seguia viendolo como su hermano, era un bálsamo para su tortuosa existencia. La nave rompehielos finalmente se detuvo frente al muelle y Leryssa corrió a los brazos de su hermano, quien inmediatamente atinó a abrazarla como mero acto reflejo. Y sin embargo, algo en su moribundo interior le hacía sentir una curiosa sensación de incomodidad. Mientras ambos hermanos se separaban de su largo abrazo, un esqueleto envuelto en restos de una armadura se detuvo tras Thassarian. Como si el aspecto del caballero de la muerte no fuera suficiente, el de Lurid no hizo más que atraer el doble de miradas hacia el muelle donde se encontraban y todas llenas de repudio. “Temía que fueras a faltar a tu palabra…” – Dijo Leryssa viendo a Thassarian directamente a los ojos con una sonrisa de alivio. “Te prometí que volveríamos a vernos cuando todo terminara.” – La voz de Thassarian era igual de neutra e indolente que su expresión, a pesar de que sus palabras quisieran demostrar lo contrario. – “Solo lamento no haber podido regresar antes.” Leryssa sonrió al oír las palabras de su hermano, pero aun en su estado, el deje de amargura en su mirada no pasó desapercibido para Thassarian y él sabía por qué. “La guerra…” “Sí.” - Se limitó a asentir el caballero de la muerte. - “El Rey necesita de mi espada una vez más y la Plaga aún camina sobre nuestros campos.” Leryssa negó con la cabeza, con una expresión contrariada y oprimio sus puños. Eran demasiadas las emociones que sentía en ese momento, pasando por la rabia hasta la confusa comprensión. “¡Ya no nos queda nada en Lordaeron, Thassarian!” - Las palabras escaparon por si solas de la boca de su hermana. - “Nuestra vida está aquí, ahora…” Thassarian negó con la cabeza, incapaz de poder reflejar ninguna emoción en su estado por mucho que en su interior deseaba poder hacerlo. Empatizar con ella y lo que sentía, a pesar de creer que estaba haciéndolo en su interior, era una cualidad demasiado elusiva para él. “No, Leryssa.” - Respondió Thassarian con ese cacofónico tono de voz carente de sensibilidad. - “No hay nada para MI en Lordaeron, pero para ti sí. Puedes volver a nuestra granja cuando llegue el momento y vivir en paz.” Y entonces de los labios de su hermana brotaron las palabras que ya había oido venir de distintas personas, incluso de entre sus hermanos dentro de la Orden de los Caballeros de la Espada de Ébano. “... ¿Crees realmente que habrá paz con los Renegados tratando de reclamar Lordaeron para ellos, también?” - Hasta el propio Alto Señor Alexandros Mograine había expresado su preocupación por la postura expansionista de los muertos vivientes de Sylvanas y las palabras de Leryssa le recordaron a las que su líder había pronunciado en Acherus, antes de que Koltira marchara a Entrañas para averiguar aun más sobre esa facción de no muertos. - “Incluso aquí se han oído los rumores de lo que han hecho. He visto algunas naves venir de Costasur con gente asegurando que la vida es cada vez más difícil en Trabalomas.” * * * * * * * * * * Varian Wrynn se encontraba en el salon militar del Castillo de Ventormenta, completamente solo y en absoluto silencio. En el mesón frente a él reposaban diversos informes del Alguacil Rutagrana y el Comandante Ashlam, cada uno reportando cosas que no eran de su agrado: asaltos renegados cada vez más brutales en las Laderas de Trabalomas por un lado, y la incapacidad de los mercenarios contratados por Weldon Barov para siquiera poder llegar al Campamento del Orvallo en una sola pieza. El Rey de Ventormenta negó varias veces con la cabeza, con un gesto severo, sintiendo esa ira familiar crecer en su interior. Su puño se alzó sobre su cabeza y se dejó caer con fuerza sobre el mesón, haciendo dar un pequeño brinco a todo lo que se encontraba sobre su superficie. “No dejes que su furia te vuelva a dominar, Varian.” - Oyo decir su Majestad a Genn, quien había entrado en la sala justo cuando golpeó la mesa. Varian resoplo con fuerza y deslizó una mano sobre su rostro, frotandose la cicatriz horizontal sobre su nariz. “No es tan simple como parece, Genn.” Genn Cringris, Rey de Gilneas, se acercó al mesón para observar los informes y mapas de reojo. Nunca había sido puesto a un lado a la hora de decidir la estrategia y esta no era la ocasión. Desde su retorno a la Alianza, había sido fiel a su palabra de dar todo el apoyo que estuviera en su poder y al percatarse el territorio que describian los mapas, no pudo volver a sentir que sus errores pasados volvían para atormentarlo una vez más. Aunque Gilneas no había jugado ningún papel en la caída de Lordaeron, tampoco había hecho nada para evitarlo, siquiera cuando le pidieron ayuda. ¿Podía ser exonerado de culpa, entonces? “... Era solo un niño cuando el Rey Terenas me acogió en su castillo.” - Escuchó decir el Rey de Gilneas a Varian, con su poderosa voz ligeramente más suavizada de lo común. Supuso que, tal vez, por esos recuerdos del pasado. - “No más grande que Anduin y lo había perdido todo. Pero él me cuido. Él dio su apoyo a Anduin Lothar para formar la Alianza de Lordaeron y nunca titubeo hasta expulsar a la Horda de mi Reino y más allá.” - Los ojos de Varian se volvieron hacia un contemplativo Genn. - “Desde entonces he estado en deuda con Lordaeron y su pueblo.” Genn descendió una vez más su mirada hacia los mapas y posó una mano sobre estos. “No eres el único que tiene una deuda con Lordaeron y la Alianza, amigo mío.” - Los ojos grises del Señor de Gilneas fueron a parar sobre los informes de forma deliberada. - “Pero conozco a Sylvanas. Quiere entorpecer tus esfuerzos de recuperar Lordaeron para la Alianza y ahora que Ventormenta vuelve a estar segura en sus fronteras, creo que sería mejor dejar de apoyarte en nobles como Weldon Barov y enviar la verdadera fuerza de la Alianza para triunfar donde él no pudo.” Varian había considerado a alguien ya para tal tarea, pero quizá no enviar a un solo hombre, sino la verdadera fuerza de la Alianza bastaría para dejar claras sus intenciones para con Lordaeron y al mismo tiempo, demostrar a Sylvanas y sus Renegados que sin importar sus ataques a traición, no cederían en sus intenciones sin haber luchado hasta el final. El Rey de Ventormenta asintió con firmeza y entonces, la puerta de la sala de guerra volvió a abrirse, dejando entrever bajo su umbral una figura tenebrosa, pero más que familiar. Off-rol El evento tomara lugar este proximo sabado 5 de Diciembre a partir de las 19 hrs en adelante (horario peninsular). A lo largo de la semana se ira informando a los distintos personajes sobre donde acudir para así incluirlos dentro del evento. Por otro lado, afirmar que esta parte es exclusivamente para la Alianza. Aun así, miembros de la Horda, no se preocupen, pues pronto se viene algo para vosotros también.
  11. [Evento Lore] Enemigo a las Puertas El Magistrado rasgaba el papel a destajo. A cada trazo de su pluma un pedazo de la misma se desprendía sobre el montón de papeles sellados y firmados que, en apenas unas horas, abandonarían Villa del Lago. Todos los papeles tenían plasmada su firma ¿todos? No, pues uno de ellos descansaba solitario en la esquina superior derecha de la mesa de caoba. Un solitario papel desgastado, con mucho peor aspecto que aquellos en los que el respetado mandatario de Villa del Lago estampaba su firma y plegarias. Un papel amarillento con una escritura burda, torpe, que difería en todos los sentidos de la perfilada letra de Solomon. Una escritura plasmada por criaturas toscas, para que criaturas toscas lo leyeran. Los planes de invasión de los efectivos Rocanegra eran ese papel, que descansaba cual trofeo alejado del ir y venir de su pluma. Habían costado sangre, tiempo y dolor, pero ahí estaban ahora, augurando el sufrimiento venidero. Durante años su Villa había gozado de una relativa calma, expectante. El Cataclismo de Alamuerte removió tierras, montañas y mares. Sesgó el rostro de infinidad de lugares del mundo y aunque su tierra, Crestagrana, no sufrió más que el temblor de la tierra, la crisis de entonces parecía haber despertado el letargo de un viejo enemigo. Se vieron orcos de pieles grises cruzar las colinas, una vez más. Nunca se habían ido. Se tensaron los rostros y afilaron las espadas, temiendo lo peor. No obstante, la amenaza más inminente no fue esa. Las sarnosas bestias que habitaban los cañones del norte parecían haber procreado como conejos y eventualmente sus pasos comenzaron a ir un poco más allá, impulsados por un valor que nunca tuvieron antes. Hubo muertes, desapariciones, y el temor a un ataque inminente por parte de estos gnolls se hizo palpable. No hacía dos días que los pocos efectivos con los que aún contaba la Villa habían regresado de los cañones, arrastrando el cuerpo peludo y fibroso de Ululante, el que se hacía llamar líder de esas bestias. Los hombres, magullados y exhaustos dejaron paso al último de ellos, uno de los pocos reclutas que habían accedido a unirse a las filas de la comarca tras la guerra del Norte. Entregó lo que durante meses el Magistrado ya había augurado, entregó ese papel que ahora descansaba en la esquina de su mesa. Una escritura de orcos, para gnolls. Una escritura que había dado a esos perros respaldo, y que anunciaba la inminente marcha sobre Villa del Lago, Elwynn, Villadorada y la gloriosa Ventormenta. Y estampó la última de las firmas, su sello, y apiló cada una de las misivas que partirían ya mismo. Se asomó al balcón de la intendencia y observó las aguas calmadas del lago, ajenas a lo que estaba por venir. Luego se fijó en la calle de la Villa, en el evidente aumento de gente altruista, desinteresada, y gente que esperaba conseguir algo de lo que allí quedase. Y es que los rumores viajan mucho más rápido que las cartas. Villa del Lago se preparaba para la Guerra. //Muy bien. Este breve relato da entrada a la línea de sucesos y evento de las Montañas de Crestagrana correspondiente a Cataclysm que será llevado entre @Tyr y mi persona. La trama, evidentemente, es de carácter militar en su mayoría y que abre finalmente el frente más cercano de conflicto para con el Reino de Ventormenta. Participarán Ejército de Ventormenta e Iglesia de la Luz como organizaciones, a las que se enviará la misiva correspondiente en sus grupos. Por otro lado, como deja entrever el relato, sería algo de conocimiento general, los rumores son inevitables, y todo aquel personaje que crea pueda sentir interés en ayudar a la causa ya sea de manera desinteresada o esperando algo a cambio, estaría acudiendo en estos días a Villa del Lago. La trama dará comienzo el día Viernes 16 sobre las 21:30 (Peninsular) y se espera que se alargue, como mínimo, una semana al completo. Esto puede variar, obviamente, según el desarrollo del propio evento. Los horarios de cada día se irán añadiendo en este mismos thread según nosotros nos organicemos. Nada más que añadir. Nos vemos en Villa del Lago. ¡No olviden sus sacrificio!
  12. [Evento Lore] Vientos de Venganza - Cuchillos largos en la madrugada - El carro de madera se deslizaba sinuoso con un tenue traqueteo sobre el sendero de tierra y polvo, levantando una ligera estela que se adhería a los ropajes de los viajeros como un suave abrazo de los Páramos de Ponientes. Todavía no había amanecido y el sol, desafiando ya a un tímido manto de estrellas, despuntaba entre las colinas del color del oro, revelando a la tempranera pareja que emprendía el camino hacia el Bosque de Elwynn. La pobre mula de un pelaje blanco envejecido y curtido por la edad, avanzaba pesarosa mientras tiraba de las pocas pertenencia del matrimonio Cejade. La mujer, de manos laboriosas y mirada triste, caminaba junto a su esposo mientras su mente divagaba sobre las tierras que habían sido su hogar. Los Páramos se habían convertido en una tierra dura, difícil de hollar y de frutos escasos, sin embargo había sido su casa... No hacía muchos años que había tomado al hijo mayor de la familia Cejade, un joven muchacho de tez dorada por el sol y brazos robustos de laborar en el campo; de buena familia decía su madre, "de toda la vida de aquí" le repetía, granjeros de una de las mayores plantaciones de calabazas de la región. Habían sido felices, a pesar de ver como los cultivos disminuían y los bandidos acechar la que había sido su casa, ellos habían resistido, la Luz proveería y ellos se levantarían cada día al alba para arrancar un pedazo de riqueza a aquellos terruños maltratados por los vientos. Sin embargo, la situación se había tornado insostenible los últimos meses. Comenzaron con los animales enfermando y las malas cosechas sembradas por la inquina de esos gigantes de hojalata... Todo aquello ya lo habían enfrentado antes, sin embargo, no las amenazas, cada vez más osadas y aterradoras que hacían pasar a la pobre Verna Cejade las noches en vela, sospechando de la más tenue brisa o el traicionero crujir de la madera. Ojalá nunca, nunca, se hubiesen cruzado con aquella... - ¿Sucede algo, Verna? -Pregunto su esposo, sacándola de sus pensamientos mientras miraba a su mujer con una mezcla de preocupación, buenos ánimos y una tristeza velada. "Demasiado bueno como para permitir que yo sufra más" se dijo a sí misma. - No es nada, tan solo tenía la cabeza en otra parte -dijo brindándole una sonrisa afectuosa. Ella tampoco le ofrecería su rostro más triste. - No debes angustiarte, las tierras de Elwynn son fértiles y allí la Guardia mantiene un control severo en los caminos y villas. Encontraremos un lugar mejor donde criar a nuestro hijo. La sonrisa de la mujer se ensanchó un tanto más y no pudo evitar llevar una de sus manos al vientre. La vida latía en ella con fuerza renovada y su esposo tenía razón; por el bien de su futuro hijo, debía despedirse del viento y del polvo de los Páramos y dirigir su mirada como tantos otros hacia las extensiones de verde y suave brisa de Elwynn. Habría de olvidar el cálido beso plomizo del sol poniente, del sabor a sal en sus labios traído de las abruptas costas, del rico estofado de la buena Salma y el crujir de la hierba seca bajo sus botas ajadas. No, no habría de tener miedo, no ahora. El matrimonio dio su siguiente paso con seguridad renovada, comenzando a divisar las lindes del Bosque custodiadas por el serpenteante río y el puente de piedra: Su futuro. Ya casi podían saborear el nuevo hogar en sus secas gargantas, sin embargo, una figura oscura los aguardaba en frente del camino. La penumbra de media mañana impedía distinguir sus rasgos y no fueron conscientes de ella hasta que la pobre mula Blanchy comenzó a piafar nerviosa. El esposo de los Cejade frunció el ceño y tomo su espada herrumbrosa de la carreta, deteniendo el avance y poniéndose frente a su mujer, con el ceño demasiado fruncido para la poca seguridad que lucía en su porte. Sus brazos eran grandes si y su figura robusta, sin embargo sus manos estaban hechas a cuidar de la tierra y dirigir una granja, no a alzar el acero... En sus adentros, rezaba a la Luz Sagrada para que el individuo que les aguardaba impasible unos metros más hacia delante, no se hubiera percatado de ese detalle. - ¡Quien va? - enunció con una voz potente mientras escondía el miedo bajo su obstinación. La figura no dijo nada, sin embargo, parecía escrutarles desde la penumbra. Verna aferraba la camisa de su marido por detrás, tensa, manteniendo sus ojos sobre la figura mientras los negros presagios que más temía la acechaban en su cabeza; demonios nacidos de la inquietud. Pero no podían caer ahora, estaban tan cerca... Si corrían un poco con suerte llegarían al Cuartel de Arroyoeste, pero la maldita figura les cortaba el paso hacia su futuro. - ¡Quien sois? ¡Descubriros ahora mismo! ¿Qué queréis de nosotros?! -profirió de nuevo el granjero, mientras alzaba un farolillo cargado con una vela amarillenta. La luz fue su señal, y mientras la vela descubría una figura armada en cueros y capa oscura, los pasos del individuo se aproximaron ágiles hacia el matrimonio, mientras las sombras de su alrededor se movieron al unísono y las colinas revelaron su cara más afilada. Un par de golpes de acero y el quejido de un hombre tendido de bruces en el suelo, mientras que el sol, ya casi asomado por el horizonte, recibía el nuevo día bajo el grito de una mujer que teñía las doradas tierras de los Páramos con el carmesí de su sangre. - Justicia. -profirió la figura oscura rodeado por sus compañeros, mientras se alejaban del lugar. No muy lejos de allí, junto al camino, los mendigos que se apilaban en la desvencijada casa de madera no osaban hacer el más mínimo ruido. Pues presos de su miedo, no deseaban ser ellos los siguientes en recibir la verdadera Justicia de los Páramos de Poniente. //Bien, pues con este relato da comienzo el Evento Lore de los Páramos de Poniente que yo misma desarrollaré. En un principio la trama estará dedicada a aquellos personajes que formen parte del Ejército de Ventormenta, el IV:7 y voluntarios que decidan sumarse a las actividades de la Guardia en dicha zona. Sin embargo, debido a la variedad presente en esta trama aquellos interesados en participar que no se vean dentro de las organizaciones o características mencionadas, que se pongan en contacto conmigo vía MP y podremos ver como añadir (si procede) a su personaje en la trama. La Trama se enfocará desde el punto de vista de la Alianza y tendrá lugar el comienzo de los eventos el día Miércoles 12 a las 20:00 (Horario Peninsular) y se prevé que su duración vaya desde el día 12 hasta el día 23, siendo esto una estimación que no es condicionante, es decir, el evento podrá durar más o menos en función de qué desarrollo lleven a cabo vuestros personajes en la trama. Sin más, me despido esperando que podáis disfrutar de lo que aguarda preparado en páramos y que contéis con toda la suerte del mundo. ¡El día del Juicio se acerca! Att. Visenya, Maestra de Juego de Mundo Warcraft.
  13. [Evento Lore] Vallefresno es de los Kaldorei - Respuesta a la primera ofensiva de la Horda - Una figura de un kaldorei se hallaba en lo alto de una piedra, observando el río Falfarren. Concretamente miraba el lugar que se convirtió en el campo de batalla y sitio en que Garrosh había tenido que retirarse para no ser diezmado por los feroces huargen. El río ya no estaba coloreado del rojo carmesí de la sangre, su propio curso lo había limpiado pero alrededor aún se veían los destrozos que los magnatauros habían provocado. - ¿De qué más será capaz Garrosh con tal de arrebatarnos nuestro hogar? - una segunda figura, esta vez la de una mujer, se acercaba por detrás de la primera, quedando a su lado. Mantenía la mirada fija en los troncos tumbados del suelo que los magnatauros habían arrojado como si fueran de papel. - No lo podemos saber, el caso es que ya hemos comprobado que podemos ganar a la Horda. Esos magnatauros no fueron nada para los huargens. Y ya es hora de cambiar las tornas. - ¿Eres consciente de que los orcos jamás abandonaran sus puestos en Vallefresno sin más, no? Si algo han demostrado es que son bastante duros de mollera. - Pues habrá que hacerles salir de sus madrigueras. Es hora de que nosotros demos el siguiente paso y los expulsemos de Vallefresno. Si ha de ser al desgaste así se hará. - Vallefresno es de los kaldoreis - murmuró la elfa, acto seguido llevó la mirada hacia el elfo - Que Elune nos bendiga si queremos salir victoriosos. - Lo haremos, no tengas duda alguna. Los orcos seguramente estén esperando un ataque por nuestra parte pero ellos ya no disponen de sus trucos para ganar ventaja. Vámonos, hay cosas que hacer... // Bueno, con esto sigue la guerra en las tierras de Vallefresno. Involucrando principalmente al Ejército Centinela y al Ejército de Orgrimmar, aunque también se dará oportunidad de unirse a aquellos jugadores que así lo quieran y estén fuera de estas organizaciones. No hay una fecha concreta, pues antes se realizarán pequeños roles de preparación. En cuanto finalicen los mismos se posteará en este mismo hilo el día y la hora del evento. Espero que estén preparados para la batalla. Un saludo, Targray
  14. [Evento Lore] La Tierra de los Titanes Uldum... Brann Barbabronce había escuchado sobre esa tierra, otro más de los emplazamientos de los Titanes en Azeroth. La información obtenida en Uldaman, Bael Modan y la que logró recoger en Ulduar en sus días, daban veracidad a la existencia de una nueva ciudad Titánica en ese emplazamiento sureño de Tanaris.. Lo sospechó durante muchos años pero ahora estaba seguro, algo había allí, algo que durante milenios había logrado permanecer escondido bajo las cálidas dunas del desierto de Tanaris, pero el Cataclismo lo había cambiado todo. No fue hasta unos días atrás que una carta desde Gadgetzan llegó a manos de Brann Barbabronce con la noticia. El informe lo confirmaba, entre las dunas se habían podido ver alzarse estructuras, a lo lejos. Nadie se había atrevido a aventurarse hacia el lugar y era el momento oportuno para que la Liga de Expedicionarios no perdiera esa oportunidad de ser los primeros con tal información. Muchos eran los rumores que corrían acerca de esa posible ciudad Titánica y ahora, por primera vez, podría tratar de descubrir lo que se escondía detrás y si aún perduraría algo de lo que sospechaba. Según datos de las maquinarias que encontró en Ulduar y los antiguos documentos de Bael Modan, los Titantes habían experimentado respecto a la bioesfera de Azeroth en aquella región que llamaban Uldum. Uldum... ¿Qué iban a encontrar realmente allí? Lo desconocía. Sin embargo temía no ser el único que podría estar detrás de este descubrimiento, por ello no era prudente tardar en dar el paso. Brann Barbabronce sabía de la existencia del Relicario, la entidad de los Elfos de Sangre, liderada por el Alto Examinador Mirasangre, con el cual ya se había cruzado poco más de un mes y medio atrás, en el interior de Uldaman, cuando ambos parecían recabar información sobre la maquinaria que contenía los discos de Norgannon. ¿Estarían buscando lo mismo o era una mera coincidencia? Brann Barbabronce se puso prontamente en contacto con la Archimaga Gurisha. No era la primera vez que trabajaba con ella, ya habían estado en otras misiones juntos, una de ellas en Ulduar. Brann valoraba las habilidades y conocimientos de la Archimaga y sabía que la ayuda de los magos siempre podía ser útil a la hora de avanzar con rapidez en las ciudades Titánicas, así pues esta no sería una excepción. // Bien, este es el comienzo del Evento Lore que llevaremos yo y @Halt, el cual abrirá la primera visita a Uldum, dado que es un mapa en el cual por Lore se va avanzando con lentitud y suceden muchas cosas a lo largo de Cataclismo. Nosotros vamos a realizar el primer Evento que tocará a los usuarios Enanos de la Liga de Expedicionarios y militares, con la ayuda de los magos de la Academia de Ventormenta y por el lado Horda, los Elfos de Sangre del Relicario competirán por este descubrimiento, siendo apoyados por la Academia Ocaso Marchito y algunos Errantes que serán reclamados por el Alto Examinador Mirasangre, tal como el Lore indica que sucede una vez Lor'themar da dicho apoyo y favor al Relicario. Horarios: Pre-rol Magos Academia de Ventormenta: Viernes 24 de Julio sobre las 22:00h Pre-rol Liga de Expedicionarios: Sábado 25 de Julio sobre las 19:00h Pre-rol Relicario/Academia del Ocaso y Errantes: 26 de Julio sobre las 19:00h El Evento Lore durará a lo largo de la semana que viene, contando dichos pre-roles necesarios, el contenido del evento se llevará a cabo del 27 de Julio al 2 de Agosto. (Los horarios y cualquier cambio, se indicaría a los usuarios del evento o en este post).
  15. [Evento Lore] Los Exiliados de la Frontera El General Forestal Halduron Alasol había pasado algún tiempo en la Isla de Quel'Danas, trabajando por controlar la seguridad del Reino de Quel'Thalas, especialmente después de los sismos sufridos por el Catalismo y las torrenciales llúvias que cayeron en partes de las costas de la sagrada isla. Su labor era hallar la mejor forma de proteger tanto las fronteras de cada punto cardinal de la región como a quienes aguardaban en la misma Isla. La Isla de Quel'Danas, ahora santuario protegido por la Ofensiva del Sol Devastado, como la Orden de los Caballeros de Sangre, permitía la peregrinación de cualquier elfo, fuera Sin'dorei o Quel'dorei, más las asperezas y rencores del pasado todavía hacían mella contínua entre ellos. No tardaron en expandirse rumores sobre ciertas tensiones que se habían dado en la Isla de Quel'Danas, entre Sin'doreis y Quel'doreis, mientras las llúvias inhundaban una parte importante de la isla. Varios barcos, transportando a Sin'doreis, zarparon alejándose de la isla, pero dicha orden no había sido dada por el General Forestal, el propio Regente le había privado de mantener la seguridad de la isla como él mejor consideraba, con la ayuda de Quel'Doreis y Sin'doreis. El rumor del descontento de Halduron se expandió de distintas formas y bajo distintos contextos interpretativos, según las lenguas que lo pronunciaban, aunque en gran mayoría se decía que el General Forestal se había quedado para proteger a los Quel'dorei, obviando que con ello también a la misma Ofensiva del Sol Devastado y la Fuente del Sol. Un anhelo interior porque algún fuera reconciliado el pueblo elfico, podía verse en resquicios, ante las acciones y decisiones de Halduron Alasol, aunque no eran esos anhelos los que le movían, pues su coherencia y devoción por el Reino de Quel'thalas era indudable, realmente estaba convencido de que la situación de Quel'thalas era difícil, pues aunque no había sido destrozada por el Cataclismo, sí había sufrido de las inhundaciones y el Ejército se había visto diezmado tras la guerra de Rasganorte. No podían desperdiciar aliados y tal vez una relación menos tirante y áspera con los Quel'dorei, podrían ser el comienzo de una nueva fuerza que pudiera beneficiar en la protección del reino. Había hablado de ello con el Regente Lor'themar Theron, pero sin obtener ningún resultado propicio. Lor'themar tenía otros planes y otra visión, ofuscado en su apoyo al Alto examinador Tae'thelan Mirasangre en la búsqueda de nuevas reliquias que ayudasen al beneficio del Reino de Quel'thalas. No era una decisión desacertada del todo, pero Halduron no comprendía porqué el Regente diezmaba aun más sus hombres en la protección regional y se negaba también a estrechar lazos con los que alguna vez fueron sus hermanos. Por los últimos acontecimientos, el General Forestal Halduron Alasol, tenía claro que según qué movimientos debería realizarlos en un entorno más discreto. Las fronteras del Sur seguían siendo el paso más directo, desde la sierra que separaba el Reino de Quel'thalas de las tierras de la Peste del Este y el Paso Thalassiano. Aun así, no podía olvidarse de aquellos que custodiaban la frontera, exiliados de su patria que renegaron de abandonar por completo la defensa de Quel'thalas. La Avanzada de Quel'lithien había sido en el pasado y seguía siendo ahora el último puesto fronterizo que defendía la seguridad del Reino de Quel'thalas. El General Forestal había pensado mucho en ello y finalmente tomó la decisión. Para llevar a cabo su idea debía reunirse con hombres que hubieran luchado bien en el norte, los cuales ya hicieron gala de su entereza para no dejarse llevar por rencores pasados, ellos serían los adecuados para confiarles la tarea que tenía entre manos. Envió la siguiente carta a los Soldados y Errante: @Disso (Soldado Arthell Sunblade), @Garrakuda (Errante Gaelian Sunbird), @Natea (Soldado Athaner Steelrain). // Este es un pre-rol de unas circunstancias del Lore que se irán desencadenando en algo más y para otros personajes de la raza luego, obviamente, respecto al Lore de Cataclismo de los Elfos de Sangre y su Reino. En principio este rol lo coloco para este Viernes 24 de Abril, sobre las 21:00 (Hora Servidor). Si alguien de los tres participantes no le viene bien, que lo comunique y vemos de aplazar la hora a otra más conveniente o a otro día que puedan estar los tres. Si les va bien esta hora, ponerlo aquí también, para confirmar la asistencia. ¡Un saludin!
  16. CORAZÓN DE LOBO I LA OFENSIVA DE VALLEFRESNO Los gritos de animo y batalla inundaban los alrededores del Aserradero Grito de Guerra, donde diversas hogueras ardían en medio de la oscuridad de Vallefresno. Pequeñas volutas de fuego escapaban de los fogones de vez en cuando, chisporroteando frente a los chamanes que entonaban canticos hacia los elementos, buscando su bendición para el futuro que les aguardaba a todos. Al mismo tiempo, otros guerreros de los Grito de Guerra bebían, afilaban sus armas y hasta luchaban en un improvisado anillo de batalla que habían construido con estacas para marcar los limites, correspondiendo a los ritos del Mak’Rogahn. A los ojos de cualquiera, se podría decir que los orcos estaban realizando una celebración por alguna aparente victoria y en lo profundo del enorme cuartel, el Jefe de Guerra, Garrosh Grito Infernal, se hallaba sentado en su trono no solo por ser el líder de la Horda, sino también por ser el jefe del clan en cuyo dominio se encontraba, tal y como su padre lo había hecho en el pasado. El interior del gran salón era cálido y aun llevado su torso casi descubierto, cubierto únicamente por las correas que sujetaban sus hombreras de hueso, gotas de sudor corrían por sobre la piel marrón del orco. Pero eso no parecía molestarle tanto, ni tampoco a su más cercano consejero; Sauranok el Místico, uno de los chamanes que había decidido permanecer junto a la Horda en el momento en que Azeroth se volvía contra su propia naturaleza tras el despertar de ese enorme dragón negro. Garrosh se llevó su jarra a su boca y bebió de su grog como si no hubiera bebido nada en meses, poco antes de que los sonidos que venían fuera del edificio se acallaran por unos pocos segundos y luego, se transformaran en insultos y hasta retos de combate en la improvisada arena. “¿Qué ocurre ahí fuera?” – Pregunto con su voz grave el Jefe de Guerra, dejando su jarra de lado para coger el mango de Aullavisceras, la cual reposaba al costado derecho de su trono. “No lo se, Jefe de Guerra.” – Contesto Sauranok a su lado izquierdo, adelantándose unos pocos pasos hacia la salida del gran salón. – “Pero iré a ver, si ese es tu deseo.” Garrosh asintió y siguió con la mirada a Sauranok, quien no tardo más que cinco minutos en abandonar y luego, retornar al gran salón, escoltando a un grupo de cinco guerreros orcos en cuyo centro de su formación se encontraba una Elfa de la Noche de cuerpo esbelto y fibrado, apenas cubierto por una armadura que dejaba poco a la imaginación, como era costumbre en las Centinelas y cuyo cabello azulado se encontraba adornado con varias hojas verdes de los arboles. “Nazgrim y su partida de exploradores encontraron a esta elfa espiando el aserradero, Jefe de Guerra.” – Anuncio Sauranok, una vez se detuvo frente a Garrosh. – “¿Qué hacemos con ella?” Garrosh observo en silencio a la elfa por unos segundos y luego volvió su mirada hacia Nazgrim, uno de sus tantos suboficiales y guerreros que habían luchado por la Ofensiva Grito de Guerra en la Guerra contra el Rey Exánime, cuya expresión marcial siquiera variaba frente al Jefe de Guerra. Pero tampoco le impedía actuar como su honor demandaba y en cuanto noto los ojos de Grito Infernal sobre él, el inmenso orco se golpeo su pecho con orgullo. “Háblame, Nazgrim. ¿Dónde encontraste a esta espía?” – Pregunto Garrosh con su voz retumbando en el interior del gran salón, mientras este se reincorporaba. “Cerca de la empalizada noroeste, Jefe de Guerra.” – Contesto Nazgrim, observando fijamente a los ojos del joven líder de la Horda. – “Seguramente proviene del puesto de avanzada de los elfos no muy lejos de aquí; Canción del Bosque. Estaba sola y parecía estar observando los movimientos del aserradero y nuestros guerreros.” Garrosh asintió y con un simple movimiento hosco de su cabeza, hizo que los guerreros se apartaran, dejando a la elfa a merced del Jefe de Guerra. Los pasos de Grito Infernal hicieron eco sobre el suelo de piedra, pero la elfa no se amedrento y tan pronto observo sus pies frente a ella, levanto sus ojos cuyo brillo plateado era tan puro como la luz de la Luna, mirándole de un modo desafiante. El orco le sostuvo la mirada y en cuanto oyó a la elfa murmurar unas palabras en su lengua, una sonrisa curvo su rostro, enseñándole sus colmillos. Lentamente, Garrosh levanto a Aullavisceras y dejo reposar la cabeza del hacha bajo la barbilla de la elfa, sin borrar su gesto del rostro. “Rezas a tu diosa… a tu Elune, para que pueda otorgarte la salvación o cualquier otra esperanza antes de morir. Pero te equivocas si crees que voy a matarte aquí, elfa. No hay honor en acabar a un enemigo desarmado.” – La mirada desafiante de la elfa inmediatamente se volvió confusa, algo que provoco que Garrosh hinchara su peso de orgullo y le observase de forma altiva. – “Te liberare y llevaras un mensaje a tus hermanas: Vallefresno dejara de perteneceros muy pronto y quien se interponga en el destino de la Horda, pagara con sangre su estupidez.” Garrosh observo a Nazgrim y señalo a la elfa, luego de apartar Aullavisceras de la barbilla de la elfa, haciendo el hacha honor a su nombre tras producir un suave silbido al cortar el aire con tan simple movimiento. “Llévala donde la encontraste y libérala, Nazgrim. Luego regresa aquí.” – Nazgrim asintió a las palabras de Garrosh, sin rechistar o mostrar una señal de confusión. – “Hay una tarea que tengo para ti.” Grito Infernal se giro y volvió hacia su trono con completa naturalidad, mientras un confuso Sauranok seguía con la mirada a Nazgrim y sus guerreros, quienes se llevaban consigo a la espía elfa de la noche. El chamán no podía comprender el actuar del Jefe de Guerra, ¿como era posible que dejara a una enemiga libre? ¿sobretodo ahora que estaba tan cerca de comenzar su verdadera ofensiva?. Víctima de la confusión, el chamán se giró hacia Garrosh, encontrándose con la fiera mirada del mag’har sobre él, quien obviamente había notado la confusión reflejada en sus ojos y en su modo de actuar. “Deja que los elfos de la noche sepan lo que haremos. Deja que la Alianza sepa lo que haremos. Porque cuantos más soldados quieran enviar a detenernos, más fácil será para nosotros aplastarlos a todos y reclamar no solo Vallefresno, sino que todo Azeroth si es necesario, para que la Horda pueda demostrar que este Cataclismo ha abierto las puertas a un nuevo mundo.” – Sauranok parpadeo ante las palabras de Garrosh, pero no porque no estuviese de acuerdo con ellas. No, en realidad si lo estaba y se sentía inspirado a seguirlo, especialmente porque no solo beneficiaría a la Horda, sino también a otros igual de interesados en el futuro conflicto. – “Un mundo sin la Plaga y su Rey Exánime para hacer temer a nadie. Un mundo sin una Alianza a la que tener que temer o respetar por lo que nosotros hagamos… Un mundo dominado por la Horda.” Off-rol El evento dara comienzo para la Horda de Kalimdor este Sabado 2 de Mayo a las 19 hrs. (Horario Peninsular), enviandose las notificaciones onrol por los respectivos grupos de organizaciones oficiales y otros medios.
  17. PROLOGO La Invasión de Gilneas El mundo se había roto y cambiado para siempre, Azeroth jamás seria el mismo. Ni tampoco él. Garrosh Grito Infernal había cambiado mucho en los últimos meses; desde un simple guerrero a un Señor Supremo de la Horda en la Guerra contra el Rey Exánime y tras su victoria, promovido como Jefe de Guerra de la Horda. Sentado sobre su inmenso trono de hierro, a la sombra de la enorme calavera de Mannoroth que se hallaba tras su espalda, el nuevo líder de la Horda observaba al pequeño e insignificante goblin que estaba a los pies de los escalones donde él se encontraba, vivo reflejo de como consideraba que habían de estar todos aquellos seres inferiores al Jefe de Guerra de la Horda y su pueblo. El goblin tan solo vestía ropa cómoda y hecha a su justa medida, aunque no apropiada para su cargo: un chaleco de cuero basto, sin mangas y abierto, dejando su pecho verde al descubierto y pantalones del mismo material, ambos de un color marrón, aunque la ultima pieza era de una tonalidad más oscura. Enormes botas y guantes, también de cuero, aunque de un color tan oscuro como su pantalón y en el caso de sus guantes, reforzados a la altura de los antebrazos y del dorso de ambas manos. Sobre su cabeza traía puesto un casco del cual caían dos correas para sujetarse y sobre la altura de su frente se encontraban apoyadas unas antiparras. Cualquiera que no conociera a tal figura, la podría haber confundido con un piloto o un simple ingeniero goblin, en vez de relacionarlo con el puesto de Jefe de Ingenieros y líder de Trinquete. Aunque eso poco importaba para Garrosh, pues para él era más importante el valor de los hechos, que de las palabras o los títulos y Gazlowe, al menos, estaba demostrando con creces por qué Thrall se había acercado a él para reconstruir Orgrimmar. “… El Cataclismo produjo algunos daños que no esperábamos en la capital.” – Continúo informando el goblin, leyendo un informe entregado por el equipo de ingenieros encargados del proceso de reconstrucción de la ciudad. – “Un par de torres se vinieron abajo. Tres edificios que no requerían de reconstrucción se incendiaron luego de que un zeppelin se soltara de sus cuerdas, cuando la torre a la que estaba sujeta se viniera abajo, estrellándose contra uno de los cañones y cayendo sus restos en llamas sobre otros edificios. También han suf…” Garrosh emitió un gruñido de impaciencia. “Ve al grano, goblin.” – Le interrumpió el Jefe de Guerra con su imponente tono de voz. – “¿Han sido muchos los daños? ¿Esto retrasara la reconstrucción de la ciudad?” La impaciencia de Grito Infernal, así como su testarudez, eran de conocimiento para cualquiera que hubiera oído hablar aunque fuese un poco sobre él y Gazlowe no era la excepción. Desvió su mirada del informe, para llevar sus ojos al semblante severo del orco. “No tantos como se podría esperar. Los edificios que se dañaron principalmente son los que no estaban reforzados o aún estaban siendo reconstruidos.” – Informo de forma concisa el jefe de ingenieros. – “La reconstrucción total se retrasara, sí. Pero la ciudad ha resistido bastante con los nuevos materiales, manteniendo el ochenta y cinco por ciento intacto. El mismo porcentaje que ya teníamos reconstruido. Nada más la entrada y otros pocos edificios son los que tendremos que reemplazar el material que se halla dañado por el terremoto, antes de reforzarlo por completo con el hierro.” “¿Y cuánto nos costara esto…?” – Garrosh se inclinó hacia adelante, sin quitar sus ojos de encima a Gazlowe. Su mano derecha acaricio el mango de Aullavisceras, cuya hoja se hallaba a la altura de sus rodillas, como si ya su tono y mirada inquisitiva no fuesen suficiente advertencia de que las próximas palabras del goblin requerían de una muy cautelosa elección. “Oh bueno…” – Gazlowe trago un poco de saliva, siendo consciente de que los daños jamás fueron contemplados en el contrato que realizo con Thrall. Peor aún, ya había rebajado un par de veces el precio con su viejo amigo, y tener que hacer una nueva rebaja no aportaría ninguna ganancia al Cartel. – “Quizá… solo un… cuarto más de lo acordado. Pero si nos consigue el material por su propia cuenta, no tendrá que pagar nada.” En silencio, el Jefe de Guerra se reincorporo y descendió del trono con pasos pesados, sujetando a Aullavisceras con su mano derecha en todo momento, muy cerca de la cabeza del hacha, justo donde comenzaba el filo curvo del hacha. Cuando paso junto a Gazlowe, siquiera se dignó a mirarlo, mas los ojos del goblin se posaron sobre el arma, pudiendo vislumbrar el reflejo de su rostro en ella e inmediatamente sentir un escalofrió recorrerle la espalda. No era una imagen del todo grata. Tal y como en la Fortaleza Grito de Guerra en la Tundra Boreal, Garrosh había exigido que se elaborase un enorme mapa de cuero en el suelo del Fuerte Grommash, pero esta vez no con el continente de Rasganorte solamente, sino que todas las tierras conocidas. Sin embargo, con el reciente Cataclismo, era más que obvio que tendría que ordenar que modificaran el mapa para que se asimilara a la tierra justo como se veía en estos momentos, pero aun así, sus ojos se mantuvieron fijos sobre los continentes de Kalimdor, sopesando la idea de tomar los recursos de Vallefresno. Era obvio que los Elfos de la Noche no se sentarían a negociar y si ellos iban a dejar morir a los orcos, él tampoco tenía porque respetar la estúpida tregua que la Horda y la Alianza habían acordado. Sí, podría tomar Vallefresno, pero eso ocasionaría la guerra y aunque estaba seguro que podían ganarla, había una posición que no podía darse el lujo de perder y donde Varian y su Alianza tenían la mano ganadora. Los ojos del Jefe de Guerra se dirigieron hacia los Reinos del Este, posándose sobre el continente de Lordaeron, hogar de los Elfos de Sangre y los Renegados. El norte era suyo, pero su número siquiera podía compararse con el de sus enemigos al sur y ellos ya habían logrado adentrarse en Entrañas en una ocasión. No permitiría que su eslabón más débil quedase propenso a un ataque de la Alianza y entonces lo vio… Una enorme península al suroeste del extremo norte del continente, sin dominio de nadie. “Tú…” – Garrosh no dirigió su mirada hacia Gazlowe, pero su voz y su palabra basto para que él goblin se diera por aludido. “¿Sí, Jefe de Guerra?” – El goblin se giró hacia él de inmediato, un tanto tenso. Garrosh levanto a Aullavisceras y señalo la península. “¿Qué lugar es ese? Dímelo.” – Demando el orco marrón. Gazlowe se acercó al mapa, para observar mejor donde señalaba y abrió los ojos con sorpresa. “Ese es el Reino de Gilneas, Jefe de Guerra.” – Contesto el goblin volviendo su mirada hacia Garrosh. – “Lleva escondido detrás de su inmensa muralla por años. Nadie sabe que es de esa tierra.” “¿Ni la Alianza?” – Pregunto casi inmediatamente el orco. Gazlowe negó, comprendiendo entonces el interés y lo que pasaba por la mente de Garrosh: Guerra. Una invasión al territorio para hacerse con la península y sus recursos. “Conseguiré tus recursos para mi ciudad, goblin.” – Volvió a decir Garrosh con gran determinación en su tono de voz. – “Y también, un nuevo puerto para la Horda. Este… Reino de Gilneas pronto estará bañado de rojo.” Off-rol Como el titulo indica, se dara paso al primer suceso lore de la expansión y este sera la Invasión de Gilneas. Es el rol prometido para los Renegados, que esperamos que pueda ser de su agrado, al ser uno de los tantos episodios donde pueden brillar en la expansión. Pero también significara la apertura de la raza Huargen, sin embargo, antes de entrar de lleno, se daran algunas directrices para ambos lados: En lo que al esquema de rol se refiere, estara dividido en dos lados: uno para los Renegados y otro para los Huargens. No obstante, la tanda de rol se comenzara con los Renegados y a partir de allí, se comenzara con el resto. Quedando los roles estipulados de la siguiente forma: Comienzo del rol de la Invasión de Gilneas por parte de los Renegados: Sabado 7 de Febrero. Comienzo del rol Huargen: Viernes 13 de Febrero. Si bien hay una semana de diferencia entre el inicio de un rol y otro, esto se debe principalmente al hecho de inclusión de la raza. No obstante, ambos roles iran sucediendo de manera continua y no atemporal como parece a simple vista. No quiero adelantar nada, pero entre el inicio de un rol y otro, obviamente se iran sacando a la luz y roleando ciertos hechos para los Renegados, hasta el comienzo total del evento, que seria ya con la parte Huargen comenzada (Más información se añadira a los post y foros respectivos estos días). Los Huargen Se abrira la raza para los jugadores, no obstante, hay algunas directrices que los jugadores habran de seguir para poder tener uno de estos personajes: - Los perfiles se podran enviar tras la publicación de la Guía de los Huargen de Cringris. De este modo, tendran toda la información necesaria para escribir el perfil del personaje. - Los personajes se situaran tras la Caída de la Ciudad de Gilneas. - A raiz del punto espacio-temporal donde se situaran los personajes, estos también poseeran dos puntos de inicio: huargen capturado por los Gilneanos del Rey Genn Greymane, comenzando en Refugio del Ocaso. O uno de los tantos huargens ferales que los Elfos de la Noche y Darius Crowley capturaron, y llevaron hacia Tal'doren. - Todos los personajes comienzan siendo Huargen. - Por ahora, los unicos perfiles que se recibiran son de Huargen Gilneanos. Todo otro perfil que sea de tal raza, pero no sea Gilneano, no podra acceder a una plaza aun. La variabilidad de Huargens más allá del perfil Gilneano, así como también la posibilidad del cambio de raza, se permitira tras el Exodo Gilneano a Darnassus, que significara, obviamente, el final de este evento lore. - Mientras dure el evento, los personajes se mantendran dentro del mapa de Gilneas. Esto incluye también los momentos en que no haya rol GM, ni jugadores con los que rolear. Esperamos que todos puedan divertirse y entretenerse con el primero de tantos episodios que se daran, con respecto al avance lore de la expansión.
  18. Dsaille

    Devastación

    En el interior de su recamara personal dentro del Arca de las Luces se respiraba paz y armonía, incluso en tiempos tan atribulados como en los que se encontraba el Profeta. Incluso habría quienes dirían que siquiera los sismos parecían afectar a tal lugar, envuelto en muros de cristal amarillos con marquesinas onduladas sobre estos, dotando el lugar de un aspecto místico y armonioso. Como era habitual en Velen, el sabio draenei, lejos de regocijarse con la victoria sobre el Rey Exánime, nada más se limitó a aceptar que un esbirro de la oscuridad había sido derrotado, pero no por ello la guerra sagrada había llegado a su fin. Aun tenía mucho que meditar y sopesar, bastantes hilos que desentrañar en la madeja del destino. La victoria sobre aquel que llamaban Arthas era solo uno de los tantos resultados que había visto en el futuro y como todo hecho, este tendría repercusiones en el tiempo que le sucediera, cual aleteo de una mariposa que paulatinamente va dando lugar a grandes olas de mar al otro lado del mundo. Velen levitaba a escasos centímetros del suelo, con ambas manos reposadas sobre su regazo y sobrevolando a su alrededor, varios cristales de arkonita pequeños y de color violeta. Su expresión era serena y respiraba con una sorprendente calma, mientras su mente vislumbraba más allá del presente… Uno tras de otro, los distintos caminos del futuro fueron desvelándose ante él, cada cual igual o más sorprendente, y aterrador a la vez. Vio el fin de una era y el inicio de otra. La vida y la muerte jugando un interminable juego que sacudiría los propios cimientos del mundo. Y la Oscuridad cerniéndose sobre Azeroth, corriéndose por la ira de males tan ancestrales que ya habían sido olvidados. Solo entonces, la parsimoniosa expresión de Velen vario a una de preocupación. ¿Cuál era el camino correcto para alcanzar la victoria y no perder la esperanza? El draenei inspiro hondo y apaciguo su expresión. Buscando en el manto del futuro era el único modo en que obtendría respuestas ante un inevitable y devastador destino... Off-rol Concluidos ya los eventos de Gnomeregan y las Islas Eco, no queda ningun preambulo más, pues todo llevaba a esto: el pre-cataclismo. A lo largo de estas semanas se van a ir roleando distintos sucesos, algunos de los cuales ya se han podido ver en el juego, como fuera el incremento de la presencia del Culto del Día del Juicio Final en Ventormenta, el regreso de Maiev a los Kaldorei, el asesinato de Maltrake, el sirviente de Rommath, en Lunargenta. Entre otros hechos que van a continuar ocurriendo. A diferencia de otros eventos, estos seran roles esporadicos, que se realizaran de manera improvisada a lo largo de estos días hasta llevar al final que todos sabemos, a excepción de ciertos hechos particulares y masivos, los cuales si se acordarían previamente. Por esta razón, estad atentos al juego y a lo que vaya ocurriendo. Hay libertad de rol, por lo cual se puede participar de los distintos hechos. Ya sea porque se esten roleando via ingame o previo acuerdo via MP. Espero que todos puedan divertirse y además, despedirse del ya viejo Azeroth. Puesto que se acerca la Hora Crepuscular.
  19. Operación: Gnomeregan El repentino sismo que volvió a remecer su pequeña recamara en la Ciudad Manitas le despertó de súbito, forzándole a levantarse y dejarla con celeridad para acudir con el pequeño grupo de estudios sismológicos que había coordinado. Mientras corría, el Manitas Mayor siquiera se percato que se había dejado sus gafas junto a su pequeña cama y para cuando lo hizo, ya estaba demasiado lejos pues sus pies le habían llevado a la sala de estudio sismológico donde se hallaba alojado el Sismocalculador V.1, una inmensa maquina con forma de pilar, la cual estaba sujeta tanto al suelo, como al techo metalico, con tal de poder medir mejor las intensidades de los movimientos en forma de cálculos, los cuales se transcribían a hojas de papel que escapaban de sus costados, mientras unas largas agujas metálicas se sacudían de un lado a otro según la fuerza del movimiento telúrico. “¿Cuan intenso ha sido este nuevo sismo?” – Pregunto Gelbin al instante, olvidándose de los saludos y también, del llamar la atención de sus hermanos dada su figura. Todos los ingenieros volvieron sus miradas hacia el Manitas Mayor y le saludaron con un ligero cabeceo, antes de que uno de ellos, vestido con una toga blanca y un casco amarillo sobre su cabeza, con una pequeña linterna, todo en caso de que si la electricidad se perdiese pudiera iluminar la cámara o de algo caer producto de los sismos, su cabeza estuviese protegida. El gnomo le tendió las nuevas lecturas a Gelbin, quien le dedico una amistosa sonrisa de agradecimiento antes de volver su mirada hacia el nuevo registro. “¿Por qué van en aumento?” – Pregunto el Manitas Mayor, volviendo su mirada hacia el ingeniero que estaba frente a él y luego, al resto. – “Con el pasar de los días, aumentan en regularidad e intensidad… ¿alguna idea?” Algunos ingenieros se miraron entre si, buscando una respuesta. Ciertamente esa pregunta se la habían hecho muchos, pero a pesar de los incontables estudios, ninguno aun había dado con la respuesta exacta. El gnomo frente a Gelbin carraspeo y levanto su mano, llamando la atención del Manitas Mayor. “Algunos suponemos que estamos ante un cambio, Manitas Mayor.” – La confusa expresión, así como la curiosidad en los ojos de Gelbin, hizo que el ingeniero hubiese de ahondar en su teoría, - “Creemos que la tierra esta moviéndose y reacomodándose, adoptando nuevas formas. Un proceso más que natural, considerando la desestabilización que nuestros tecnomagos indicaron que existía en el manto de las Líneas Ley.” Gelbin volvió a revisar las lecturas y se meso la barbilla; la teoría de su ingeniero tenia sentido, pero la extrañeza seguía embargándole y las preguntas no dejaban de llegar a su mente. Incluso fuera como algunos de los suyos creían, ¿por qué los movimientos iban, como dijo antes, en aumento tanto en regularidad como intensidad? No podía entenderlo, mucho menos encontrarle la conexión con la idea del ingeniero. “Necesitamos más información.” – Comento el Manitas Mayor, volviendo a ver a los ingenieros. – “¿Han calibrado la maquina y ajustado los cálculos del Catastrometro?” Otro ingeniero asintió y respondio. “Sí, Manitas Mayor.” – Contesto de manera afirmativa. – “La posibilidad de que un cataclismo de proporciones es menor a un doce por ciento con diecisiete decimas de probabilidad. No hay de que temer.” Aun estando por debajo de un 12,7% de probabilidad, Gelbin no quería confiarse. Lo había hecho ya una vez y los resultados para Gnomeregan fueron desastrosos. Sin embargo, el Manitas Mayor apenas si alcanzo a dar un par de nuevas ordenes, cuando la compuerta de entrada a la sala se abrió tras de él, apareciéndose el Capitán Tread Sparknozzle, quien se acerco a Gelbin, se cuadro tras él y le saludo con un gesto marcial. “¡Manitas Mayor!” – El gnomo dio un taconazo en el suelo. “Capitán Sparknozzle.” – Gelbin se giro y le tendio su mano, forzando al disciplinado militar a saludarle con un gesto informal muy contrario al suyo. “Manitas Mayor, los delegados de las naciones están listos. También están aquí todos los periódicos de la Alianza. Todos aguardan vuestra presencia en el centro de la Ciudad Manitas.” – Dijo el Capitán, volviendo a adoptar su postura marcial. – “¿Desea que le escolte o indique al resto de esperar un poco más?” Gelbin negó con la cabeza un par de veces. “Ire de inmediato, capitán. Aunque… si me gustaría pedirle un favor.” El capitán volvió a dar un taconazo en el suelo. “¿Manitas Mayor?” – Aguardo gallardo sus ordenes el oficial. “Vaya a mi recamara y traiga mis gafas, por favor.” – Gelbin le sonrió con complicidad, consciente de que tal tarea no molestaría al capitán, pero si le haría abandonar su marcialidad nuevamente, algo que, en ocasiones, confundía a Sparknozzle, pues Gelbin trataba a todos como camaradas y no parecía distinguir rangos, a no ser que fuese en extremo necesario. – “La Operación: Gnomeregan es inminente, pero no puedo presentarme ante el resto sin ellas.” El capitán asintió con firmeza y marcho, seguido por el Manitas Mayor, quien dispuso su marcha hacia el ala central de la Ciudad Manitas para, finalmente, desvelar al resto de la Alianza el plan que llevaba elaborando desde hacia meses para poder recuperar el hogar de su pueblo exiliado. Hace siete años que Gelbin había perdido Gnomeregan, pero no a manos de los troggs, sino de quien considero un amigo. Siete años tuvo que esperar para que su pueblo pudiera tomar tal desición, pero Gelbin era más que consciente que la hora era la indicada; no había amenazas para la Alianza, por lo que la ayuda podría llegar y no les forzarían a desviar su atención de asuntos más o igual de importantes que su operación. Pero más importante, el fervor de su pueblo había excedido sus expectativas y la experiencia que habían adquirido al luchar junto a la Alianza en distintos sitios de Azeroth e incluso, más allá del Portal Oscuro, habían dotado a sus hermanos de conocimientos y capacidades que les llevaron a olvidar esa vieja costumbre de evitar y esconderse de los problemas. Ese día él haría la diferencia por los Exiliados de Gnomeregan, él, como su líder electo, daría el primer paso demostrando al mundo que los gnomos, a pesar de su tamaño, podían enfrentar lo que fuera y que eran los dueños de su destino. Hoy ellos tomarían la ofensiva. Hoy la Operación: Gnomeregan daría comienzo. * * * * * * * * * * ¡El ataque de los exiliados! Fase Alpha: Fase Beta: Fase Omega: Off-rol Continuando con lo ya avisado sobre las distintas tramas pre-cataclysm que se realizarian, se añade el post de la Operación: Gnomeregan. Como se ve en el "índice" titulado ¡El ataque de los exiliados!, el evento se divide en tres etapas: La primera comprende la recolección de suministros, los cuales se pueden entregar de forma voluntaria o bien, llegar a un trato comercial entre las tiendas de los jugadores con la Villa Sen'jin y los Lanza Negra. Los materiales que busquen, entre otras cosas, se citaran en un nuevo post, añadiendo a este el enlace a dicho listado. En el se indicara con más detalle las condiciones para dar un aporte, las ventajas que puede tener para la campaña y los puestos donde se pueden dejar. La segunda etapa comenzara poco después de concluida la primera, la cual significara las levas correspondientes y la movilidad de tropas. En esta también se dara aviso de cuando tomara lugar el evento. La tercera y ultima etapa comprendera la ofensiva contra Gnomeregan.
  20. La Caída de Zalazane Las ascuas de la hoguera se alzaron en forma de remolino hacia las alturas, cuando algunos maderos se resquebrajaron para luego dejarse caer sobre las llamas, avivándolas aún más. La noche era oscura y solo su hoguera, en medio de la nada y en la costa sur de Durotar, era el único punto luminoso a tales horas. Siquiera la Villa Sen’jin rebosaba de vida a tales horas, pero Vol’jin sabía que ese ritual era más que necesario. El jefe de los Lanza Negra observo atento a Vanira, la chaman de su tribu quien sacudía sus brazos hacia las estrellas con sus manos extendidas hacia el fuego, aumentando el humo que escapaba de la hoguera hasta convertirse en un oscuro manto negro. A pesar de todas sus preocupaciones y obligaciones para con la Horda, como consejero personal de Thrall y jefe táctico del mismo, Vol’jin siempre había estado atento a los distintos intentos por recuperar las Islas Eco. El hogar del que su pueblo había sido forzado a dejar atrás no por la Alianza, sino por quien fuera su amigo y el medico brujo de su pueblo, Zalazane… En su mente aun estaban frescos los recuerdos de la amistad y la juventud de ambos, tras internarse en lo profundo de la jungla del Primer Hogar y pasar ante los ojos de los Loa, quienes los sometieron a pruebas que ningún otro podría haber soportado. Resistir, auténticos y fieros, eran las pocas nociones que rememoraba de aquello y solo en esos momentos, podía comprender parte de esas enseñanzas. Sen’jin, su padre, había sido un líder sabio y él más que nadie, tenia la gran responsabilidad de mantener su legado. Su sacrificio había sido el que los salvo de la perdición, señalándoles un destino junto a la Horda de Thrall y con gran honor, Vol’jin había seguido sus pasos lo mejor que pudo, pero solo Zalazane había demostrado ser un adversario elusivo e incluso, molesto. El cabecilla de los Lanza Negra había olvidado ya cuantas veces había recibido piedras en sacos de tela, en vez de su supuesta cabeza. En una ocasión incluso recibió la cabeza de otro trol, impregnando su espíritu del sentimiento de culpa. ¿Cuánto más tendría que esperar? Resistir. Auténticos. Fieros. Cuando las llamas comenzaron a bailar de manera errática, Vol’jin entrecerró sus ojos aguardando una luz o una señal, aunque fuera. Cualquier cosa que indicase una respuesta de Bwonsamdi, pero solo fuego, olor a madera quemada y el escozor de sus ojos era lo único que tuvo como respuesta. Vol’jin resoplo. “Pue’o segui’ intentando, Vol’jin.” – Comento Vanira al bajar sus brazos y notar la decepción del Cazador de Sombras. “Pue’e segui’ intentando cuanto quiera, Vanira.” – Sentencio Vol’jin. – “Pero e’ claro como e’ agua que Bwonsamdi no no’ va a re’ponde’.” El Cazador de Sombras se giro hacia la Villa Sen’jin, observando el silencio que le inundaba. Era lo más similar al hogar al que su pueblo podía aspirar y para él, eso no era suficiente. ¿Pero como asaltar las islas y recuperar su hogar, sin la bendición de los Loa? La tribu lo era todo y Vol’jin debía de darlo todo por la tribu, pero el retar su voluntad, si es que esta era que jamás recuperaran su hogar, era un riesgo que muy pocos trols se atreverían a realizarlo. La mirada del trol descendió hacia las azuladas palmas de sus manos y las observo por largos minutos, sopesando en su mente: el destino jamás esta escrito, si fuese así, este habría sido morir ahogados bajo la amenaza de la Bruja de Mar o bajo los cañones de Daelin Proudmoore, o peor aun, como esclavos sin mente de Zalazane. Pero en todas y cada una de las ocasiones, siempre resistieron, siempre fueron auténticos y siempre fueron fieros bajo su liderazgo. ¿Y si esto era una prueba más, entonces? ¿Otra prueba del destino? … Y entonces, Vol’jin se giró de vuelta hacia la costa y observo en dirección hacia las Islas Eco. “¿Tú cree’ que Bwonsamdi no’ abandono’, Vanira?” – Pregunto Vol’jin con cierto tono sombrio. “Nue’to’ tambore’ dejaron de sona’ hace mucho, Vol’jin. Lo’ sacrificio en su hono’ ya no exi’ten.” – Respondió con cierta vergüenza la chaman. Vol’jin extendió su brazo derecho hacia las islas, señalándolas. “Eso e’ po’que él no’ agua’da en la iila eco.” – Comento el Cazador de Sombras. – “Nue’to tambore’ e’tan ahí y lo’ sacrificio también.” Vanira frunció levemente el ceño. “¿Ta’ seguro, Cazador de las Sombras?” Vol’jin bajo su brazo y observo con una mirada decidida a Vanira, irguiéndose. “Zalazane será su sacrificio, Vanira. Su sangre será e’ inicio.” – Vol’jin volvió su mirada hacia las islas. – “Pero, si me equivoco, que sea mi sangre la que también si’va pa’ gana’no su bendicio’ otra e’ y recupera’ nue’to hogar. La’ iila eco volverán a se’ nue’ta, Vanira. Cue’te lo que cue’te” Resistir. Auténticos. Fieros… Vol’jin pondría en practica esas palabras y se sometería al juicio de los Loa, que ellos decidieran su destino, pero sería él quien decidiría el destino de su tribu. Incluso fuese su sangre el precio a pagar por recuperar su hogar, el Cazador de las Sombras estaba más que dispuesto a hacerlo, pues la tribu lo era todo y la tribu, la tribu era él y nadie más que él tenía su destino en sus manos. * * * * * * * * * * ¡Por la gloria de los Lanza Negra! Etapa 1: Suministros Etapa 2: Reclutamiento. Etapa 3: Ofensiva. Off-rol Continuando con lo ya avisado sobre las distintas tramas pre-cataclysm que se realizarian, se añade el post de la Caída de Zalazane. Como se ve en el "índice" titulado ¡Por la gloria de los Lanza Negra!, el evento se divide en dos etapas: La primera comprende la recolección de suministros, los cuales se pueden entregar de forma voluntaria o bien, llegar a un trato comercial entre las tiendas de los jugadores con la Villa Sen'jin y los Lanza Negra. Los materiales que busquen, entre otras cosas, se citaran en un nuevo post, añadiendo a este el enlace a dicho listado. En el se indicara con más detalle las condiciones para dar un aporte, las ventajas que puede tener para la campaña y los puestos donde se pueden dejar. La segunda etapa comenzara poco después de concluida la primera, la cual significara las levas correspondientes y la movilidad de tropas. En esta también se dara aviso de cuando tomara lugar el evento. La tercera y ultima etapa comprendera la ofensiva contra las Islas Eco.
  21. La Rebelión Escarlata El Comandante Michael Goodchilde se encontraba de pie al frente de la fila derecha, atendiendo a las palabras de la Alta Inquisidora Whitemane, quien se hallaba auspiciando su ultima misa previa a su marcha a la Mano de Tyr y luego, al Bastión Escarlata en Stratholme. Todo con tal de poder llevar fe y esperanza hacia el resto de sus hermanos, ahora más que nunca y aunque Michael hubiera deseado que tales motivos se hubieran debido a las noticias de la derrota del Rey Exánime en el norte, pero para su desgracia, era por otras razones aun más catastroficas... "Que la Luz nos guarde en esta, nuestra hora más oscura. Y nos permita alzarnos con la victoria ante la oscuridad y todos aquellos infieles a su gracia." - Pronuncio en voz alta la Alta Inquisidora Whitemane, levantando su bastón al tiempo que este comenzaba a brillar con un halo dorado que luego envolvio con su luz a todos los asistentes a la misa. Infieles... La mera palabra resono dentro de su cabeza mientras sentia el calor de la Luz Sagrada recorrer su cuerpo, reconfortandole e incluso, disipando parte de sus preocupaciones, pero no sus pensamientos. Ni mucho menos, el sentimiento de culpa que desde hacia meses le corroia en su interior desde aquel incidente fuera del Monasterío Escarlata. Desde entonces, Michael había comenzado a cuestionarse en secreto el fin verdadero de la Cruzada y con el tiempo, incluso había llegado a encontrar a otros hermanos que pensaban como él, pero que por temor a ser tildados de traidores y ser ejecutados se lo habían guardado para si mismos. Con la misa concluida, Michael dirigio su mirada hacia la Alta Inquisidora, cuyo palido rostro siempre era tan frio e inexpresivo como el hielo, pero que en aquella ocasión se permitio el dedicarle una pequeña sonrisa llena de afabilidad. La misma que él le regreso antes de inclinarse de manera respetuosa ante ella y seguirle con la mirada, hasta perderla de vista una vez cruzara la gran puerta de madera la cual fue cerrandose tras de ella y el sequito de cruzados que actuaban como su guardia personal. Un suspiro de alivio escapo de entre sus labios, aliviando la tensión que se volvio a apoderar de su cuerpo tras disiparse el efecto de la Luz Sagrada sobre él. Paseo su mirada por entre sus demas hermanos; los clerigos volvian a sus labores, así como los guardias, inscriptores y otros tantos más para luego retirarse hacia sus recamaras personales sopesando en su mente distintos pensamientos y reflexiones que le habían llevado a tomar una elección que para algunos, podria ser considerado un acto de traición. Se dejo caer sobre el asiento ante su escritorio, con el más reciente de los informes sobre este. Paseo su mirada rapidamente sobre el, dejando caer con fuerza su mano izquierda convertida en puño sobre la madera al leer la referencia a la caída de Hearthglen. Todo se estaba desmoronando desde la aparición de Darion Mograine y el espiritu de Alexandros en el interior de la catedral del Monasterio Escarlata para dar muerte al antiguo Alto Señor y Comandante de la Cruzada Escarlata, Renault. Quien seria sucedido por Taelan Fordring y ejecutado por traición por el Gran Inquisidor Isilien, para que luego el resto de la cadena de mando se marchara al frio norte luego de la caída de Nuevo Avalon... Dos golpes a la puerta de su recamara le apartaron de su ofuscación. "Adelante." - Levanto la voz luego de carraspear un poco, recomponiendo su postura. La puerta fue abierta y del otro lado, un sacerdote de nombre Crowley se adentro en su recamara y detuvo ante su escritorio. No había mucho que decir, pues ambos ya habían hablado entre sí. Nada más basto que el Comandante Goodchilde abriera uno de sus cajones y le tendiera una carta al emisario, quien se inclino de manera respetuosa tras cogerla y se retiro seguido por la mirada de Michael, quien esperaba con ansiedad de que el amanecer pudiera traer la tan ansiada redención para todos y sobretodo, para él. Pues de lo contrario, no seria la Luz lo que resguardaria sus almas al momento de su muerte, sino solamente la Oscuridad. La interminable Oscuridad... Off-rol La primera de las distintas tramas que se desarrollaran con respecto al pre-cataclismo y cataclismo. En esta ocasión el evento esta orientado hacia la Iglesia de la Luz y sus miembros, pero esto no implica que otras organizaciones y jugadores no vayan a poder formar parte de futuras (y muy proximas) tramas y eventos de lore a desarrollarse pronto. El evento tomara lugar desde este viernes 17 de octubre a partir de las 19 hrs y se estima que dure, a lo sumo, hasta este domingo 19 de octubre.
  22. Capitulo I : Una marea de fuego, hierro y escarcha Capítulo II : El vuelo del águila Interludio : La Justicia de la Luz Capitulo III: La Mujer Brillante Capitulo IV: La Dama Oscura Capitulo V: Juramento de Honor Capitulo VI: Las pruebas del Rey Exánime Capitulo VII: Invencible Epilogo: Redención
  23. La Llamada de la Cruzada [Evento Lore] El viento soplaba con fuerza, arrastrando escarcha consigo y haciendo ondear las decenas de banderas blancas que contrastaban con los oscuros y tormentosos cielos de Corona de Hielo. Como de costumbre, otra ventisca más azotaba los dominios del Torneo Argenta, forzando a los distintos cruzados a refugiarse en las distintas tiendas o el propio interior del coliseo. Sin embargo, Eitrigg no había tenido suficiente suerte. Poco antes de que comenzara la ventisca, cuando los nubarrones comenzaban a acumularse en las alturas, el viejo orco se hallaba patrullando los alrededores del edificio principal acompañado nada más de un draenei y un humano. Dos cruzados que, al vislumbrarlos, Eitrigg no pudo evitar pensar en lo irónico de su compañía; ambas razas habían combatido a su pueblo y como cualquier otra, habían sufrido bajo el filo de sus hachas. Aun así, dichos conflictos ya eran cosa del pasado. Viejos odios no tenían lugar dentro de la Cruzada Argenta, nada más el honor y el deber guiaban sus valores, algo que había regido la vida de Eitrigg por largos años y lo cual le llevo a descubrir que sin importar el color de piel o la raza, dichos conceptos existían dentro de otros pueblos, incluso el enemigo. Los tres cruzados se vieron cercanos a la liza mayor para cuando la ventisca comenzó, alejados de cualquier techo que pudiera cobijarles. Anteponiendo su brazo izquierdo, Eitrigg se adelanto con pasos lentos y pesados, seguido de sus hermanos. Sus ojos entrecerrados apenas si lograban vislumbrar algo entre la humareda blanca que se alzaba frente a sus ojos por el viento y el silbido para nada facilitaba su ya de por si disminuida audición, incapaz de oír las voces de los otros dos cruzados si estos decían algo o bien, alguien a sus alrededores intentaba darles indicaciones. Avanzo y avanzo, un paso tras de otro, cuando de pronto creyó oír un grito de alguien tras de él. Confuso, Eitrigg se giro y antes de que pudiera reaccionar, pudo sentir como la tierra bajo sus pies se sacudía a un ritmo inusual, como si tratara de seguir el ritmo de un tambor de guerra. "¡¿QUÉ?!" - Rugió confuso Eitrigg a sus compañeros. El draenei se giro hacia él y alzo su voz, pero solo pudo oír el silbido del viento. Sin embargo, su sorpresa no fue menor cuando vislumbro una gran silueta oscura alzarse próximo a ellos. "¡Gol'Kosh!" De pronto, una gigantesca mano azulada aplasto al humano y por primera vez, creyó escuchar un ruido distinto al del silbido del viento: un rugido, fiero y estruendoso. No pudo evitar sentir como los pelillos de su espalda se erizaban de tan solo oír el aterrador sonido. Tan rápido como pudo, Eitrigg llevo su mano izquierda hacia el mango de su hacha, sujetándola con ambas manos y se acerco rápidamente a su compañero draenei, indicándole de buscar a los cazadores taunka para poder controlar a la bestia mientras el trataba de distraer al gigantesco wendigo. Creyó vislumbrar al draenei asentir, especialmente porque retrocedió y no tardo en perderle de vista, poco antes de volver su mirada hacia el frente y saltar a un lado, al ver como un gigantesco puño se abalanzaba sobre él. El suelo retumbo y como si el tiempo se detuviera, sintió un fuerte azote de dolor en su espalda. Agitado, el orco resoplo y vislumbro su cálido aliento antes de incorporarse tan rápido como pudo, volviendo a coger su hacha. Podría haber intentado correr, pero ir en dirección contraria al viento nada más le ralentizaría e ir en la misma dirección le llevaría contra la misma bestia. Solo le quedaba una opción: permanecer de frente y combatirle tentando a la muerte. No importaba. Aquel era el modo de vida de un orco y tenia suficientes años, como batallas sobre su espalda, como para temer a la muerte. Eitrigg levanto su hacha, rugió con fuerza e intento cargar contra el gigantesco animal. El wendigo volvió a rugir y levanto su mano derecha, lo suficiente como para dejarla caer y aplastar a Eitrigg cual insecto. El orco cerro sus ojos y respiro su ultimo aliento, pero de pronto, volvió a oír otro rugido y luego, sintió como el suelo bajo sus pies se sacudía con fuerza. Como si todo el coliseo se hubiera derrumbado en un solo instante. Eitrigg abrió sus ojos y se detuvo en su carrera, observando con sorpresa a las figuras oscuras entre la ventisca, las cuales sujetaban con una especie de oscuras extensiones de sus propios brazos a la criatura. "¡El Alto Señor les prohibió..." - Fueron las primeras palabras que llegaron a su mente, al vislumbrar a los Caballeros de la Espada de Ébano retener a la criatura con sus oscuros poderes poco antes de ser interrumpido por su propio líder. "Fordring nos prohibió utilizar nuestros poderes, es cierto. Pero de haberle hecho caso, estarías muerto. Su coliseo destruido y sus planes, arruinados." - Contesto alzando su voz fría y cavernosa, para hacerse oir en medio de la poderosa ventisca. Eitrigg le enseño los colmillos. Dichas figuras no eran de su agrado, pero tenia que admitir que le habían salvado la vida. Aun así, nada más se limito a asentir. "¡Ahora dime, orco!" - Continuo Darion, viéndole fijamente. - "¡¿Donde esta Tirion?!" No importaba cuantos meses hubieran pasado desde aquel infame suceso o que tan puras fueran las llamas de la Reina de los Dragones y Aspecto de la Vida, algunos esbirros descerebrados de la Plaga seguían vagando por los alrededores y hasta intentaban recuperar la silenciosa Puerta de Cólera. Aun así, pese a todo lo ocurrido, la mera forma de la colosal puerta de saronita le recordaba al propio Yelmo de la Dominación, oscuro e intimidante ante cualquiera, incluso ante el portador del corazón más valiente. El suyo no era la excepción, pero al menos tenía a la Luz de su lado y con ella como su guía, podía mantenerse en pie ante la Oscuridad. Su ultimo encuentro con Arthas en las oscuras cámaras de la Catedral de las Sombras junto a los valientes voluntarios de la Iglesia de la Luz era la prueba; todos juntos habían enfrentado al propio Príncipe de las Tinieblas cara a cara y aun viéndose superados en poder, habían sobrevivido. Mirador relincho y sacudió un poco su cabeza, perturbado por el sitio en que se hallaban. Angrathar se hallaba directamente frente a ellos y nada más Tirion se encontraba allí. Eitrigg y otros habían intentado acompañarle, incluso destinarle a una guardia personal, pero él la había declinado. Era un viaje que necesitaba realizar él solo, pues sobre sus hombros no solo se hallaba el peso de llevar la justicia de la Luz a Arthas, sino también la de evitar que los valientes hombres y mujeres de la Horda y la Alianza arrojaran sus vidas contra tan oscuro adversario, encontrando el infame destino que otros ya habían encontrado antes que ellos. Tirion acaricio el cuello de su caballo y le desmonto con tranquilidad, para luego llevar una mano a un costado de su cabeza y mirarle a los ojos, murmurando unas pocas palabras. "Tranquilo chico, solo estamos tu y yo en esto, y no pienso dejar que te hagan daño." - Su tono de voz era cálido y amigable. El caballo resoplo por sus fosas nasales y volvio a sacudirse un poco; su cuello esta vez, pero se mantuvo en su lugar. Aunque atento, con las orejas erguidas como era de esperar. Tirion asintió y se giro hacia la Puerta de Cólera, observándola desde el primero hasta el ultimo de sus escalones. Inhalo hondo y se adelanto, llevando su mano derecha hacia el mango de la Ashbringer, desenvainándola lentamente con un movimiento tan suave y ligero como el propio corte que desato contra un esqueleto renqueante que emergió desde un costado de la primera grada e intento abalanzarse sobre él, antes de transformarse en cenizas. Sentía el calor de la Luz dentro de su cuerpo, combatiendo y contrarrestando el frio intenso del paramo helado y desolado que era el Cementerio de Dragones. De pronto, mientras seguía ascendiendo a un paso tranquilo, otro esqueleto más se intento lanzar sobre él y en un corto instante que pareció interminable para él, creyó oír una voz provenir de la nada mientras su adversario se convertía en cenizas ante sus ojos, por el corte en diagonal proferido por su espada. "¡Seguid luchando, hermanos!" Tirion se giro y sujetando la espada con ambas manos, observo cauto a sus alrededores, vislumbrando nada más las tenebrosas formas del suelo de saronita con los distintos pinchos que decoraban sus bordes. El viejo Lord Paladín frunció el ceño y observo de soslayo el disco dorado de su espada, que levitaba sobre un espacio curvo de la hoja y brillaba con la misma pureza e intensidad que el sol mismo. La voz le resultaba de lo más familiar, sin embargo, le era imposible oírla. Él había muerto y hacia mucho. Nada más su escudo había quedado atrás y devuelto al Rey Varian. El humano sacudió su cabeza y se giro, sopesando al mismo tiempo la posibilidad de que la Luz Sagrada se encontrara reanimando algunas de las almas o el suceso allí ocurrido, liberando de la oscuridad que amedrentaba el infame sitio. Tirion continuo subiendo y a medida que sus pasos hacían eco en los alrededores, al encontrarse la saronita con el metal de sus botas, creyó oír a la misma voz en medio del eco decir algo más. "¡Arthas! ¡La sangre de tu padre! ¡De tu pueblo! ¡Clama justicia! ¡Sal cobarde y responde por tus crímenes!" Finalmente, el paladín se detuvo ante la puerta dentada de Angrathar una vez las palabras se silenciaron y solo el silbido del viento se oía en los alrededores. Tirion mantuvo el ceño fruncido y observo a sus alrededores, tratando de poder hallar una simple respuesta a una acuciante interrogante: ¿qué ocurrió realmente en la Puerta de Cólera?. Desde que la Cruzada Argenta se hallara combatiendo sola a la Plaga, él y sus cruzados habían acogido a distintos heridos de ambas facciones, oyendo diversas versiones de la historia; algunas más exageradas que otras, pero unas pocas habían llamado su atención, aquellas que indicaban que solo una raza se había atrevido a traicionar a ambas facciones, a pesar de vestir los colores de una. No obstante, nunca había dado con una respuesta clara y era dicho tipo de respuesta lo que él necesitaba, para así poder poner fin a los conflictos entre la Horda y la Alianza, y así poderse dedicar a combatir a Arthas y su Plaga en la batalla final. Aquella necesidad era el motivo de su visita a la Puerta de Cólera. Confiaba en el apoyo de la Iglesia de la Luz y aquellos que pudieran hacer entrar en razón a los miembros de ambas facciones, pero mientras no hubieran pruebas, bien sabia que las palabras seguirían siendo palabras, mero aire que no calmaría las incomodidades e inquietudes de los distintos lideres y soldados por igual. Tirion inspiro hondo, llenando sus pulmones del helado aire del desierto congelado del Cementerio de Dragones, irguiendo su espalda para luego levantar la hoja de forma vertical, reflejando su rostro en un extremo de la hoja. Cerro sus ojos e inclino su cabeza, en señal de respeto, para luego murmurar. "Luz, escucha mi plegaría y concédeme esta bendición..." - Murmuro Tirion, con los ojos cerrados mientras el disco dorado comenzaba a resplandecer suavemente. - "Otórgame la fortaleza para combatir a la oscuridad y otórgame la sabiduría, para poder hallar la respuesta que necesito para despejar las dudas que nos impiden combatir a nuestro enemigo." El silbido del viento fue su única respuesta. Sin embargo, el podía sentir su calor recorrer su cuerpo, al mismo tiempo que la espada resplandecía y el contorno de su armadura desprendía un aura dorada. Lentamente el Lord Paladín abrió sus ojos y levanto su mirada, vislumbrando como de las cenizas que teñían de negro la nieve y roca alrededor de las gradas de la Puerta de Cólera, emergían almas de lo más variopintas: orcos, trols, humanos, enanos, taurens, enanos, entre otras. Todas las razas que hoy se encontraban enfrentadas. Todos apareciéndose ante los ojos del Alto Señor, con una expresión serena, como si lejos de haberlos despertado del sueño de la muerte, les hubiera liberado de las cadenas que le retenían a esa tierra marchita. Lejos de sentir temor o alguna clase de miedo, Tirion bajo la Ashbringer y observo el rostro de cada uno de los presentes; todos eran soldados de una u otra manera y eran tantos, que no podía contarlos a todos, pero solo una clase de figura faltaba allí y aunque por logica era imposible que apareciera, también lo creía como una señal de estar tras la pista correcta. Ningún Renegado se hallaba por entre los distintos espíritus. "Mucho tiempo habéis vivido en el olvido de las sombras, hermanos." - Dijo Tirion, viendo a cada uno de los presentes a los ojos, fijamente. - "Pero ya no más. Pueden marchar en paz, sabiendo que vuestro sacrificio no ha sido, ni será en vano." Los distintos espíritus se miraron entre si, entendiendo las palabras del Alto Señor pese a no emitir sonido alguno como respuesta. Aun así, lejos de marcharse, todos permanecieron en su sitio y con la mirada fija en él. Tirion asintió, creyendo comprender sus intenciones. "Necesito de vuestra ayuda, hermanos y hermanas." - Continúo el Lord Paladín, aclarando su tono de voz. - "La sombra de la duda aun reina sobre este lugar. Vuestros lideres aun intentan hallar culpables y el verdadero motivo del porque vinisteis aquí, continua en lo alto de su trono, regocijándose al ver como sus enemigos reabren viejas heridas sin él tener que hacer nada... Si queremos triunfar, necesito saber lo que ocurrió en este sitio. ¿Quien es el verdadero culpable de esta atrocidad?" Tirion paseo su mirada por entre los presentes, quienes permanecían en sus sitios impertérritos, cuales estatuas traslucidas e inmutables. El silencio reino por apenas unos quince segundos, antes de que el alma de un orco avejentado, con varias cicatrices en su rostro, se adelantara por entre los suyos y saludara de forma respetuosa al Alto Señor. Sin dudarlo, Tirion correspondió a su saludo de la misma forma. "Los Orcos hemos nacido para la guerra y hemos crecido con el ansia de morir en batalla. Pero esa gloria nos fue arrebatada tanto como al resto de tu clase, humano." - Dijo con una voz poderosa y fantasmagórica a la vez, el orco. - "Los culpables que buscas quizá aun llenen las filas de la Horda: los Renegados. Ellos nos traicionaron a todos, cuando la victoria parecía cercana." El Lord Paladín solamente asintió, sintiendo como el peso de sus hombros se aligeraba al recibir una respuesta clara. A lo largo de su estancia en el norte, había oído de las transgresiones de los Renegados hacia la tregua con la Alianza, incluso desde antes que diera inicio la Puerta de Cólera. Para la desgracia de ellos, era casi imposible llegar a dudar que fuesen capaces de realizar semejante traición, aun más al ser guiados por la venganza como alguna vez le había indicado Leonid, antes de marchar al norte y este permanecer en la Capilla de la Esperanza de la Luz. Aun así, solo la Horda podría creer en dicho relato, más no la Alianza, no el Rey Varian, no sin pruebas. Tirion suspiro, pero intento mantener su compostura y se mantuvo en su sitio, aguardando cualquier otra respuesta y para su alegría, esta llegaría, pero en la forma de un joven muchacho apenas entrado en su adultez, de cabello castaño y largo. No pudo evitar sentir cierto desazón en su corazón, pensando en cuantos más jóvenes como él habrían perdido la vida en el conflicto y cuantos padres, hermanos, hijos y esposas llorarían la muerte de sus seres queridos. Pero en lo más profundo de su corazón, tampoco pudo evitar recordar a su amado y difunto hijo, Taelan. El rostro de Tirion se relajo y no pudo evitar dedicarle una sonrisa paternal al joven que se le acercaba. "Las palabras del orco son ciertas, mi señor." - Dijo con una voz carente de emoción e igual de espectral que la del orco. - "Yo combatí junto al Alto Señor Bolvar Fordragon e intente retroceder a su orden, cuando los Renegados nos arrojaron encima esa niebla verde. Todo fue un caos, mi señor. Pero aunque os cueste creerlo, la Horda no jugo ningún papel en todo esto..." "Tranquilo, muchacho." - Tirion apoyo su mano derecha sobre el hombro traslucido del joven. - "No dudo de tu palabra. Ni en la de ninguno de los que aquí están junto a nosotros. Pero tu Rey no será tan fácil de convencer..." "Mi hermano quizá pueda, mi señor. Jonathan McGrady" - Contesto sin inmutarse por el gesto amistoso y la voz paternal del Alto Señor. - "Él estuvo aquí. Logre verlo huir antes de yo caer aquí. Él y cualquier otro superviviente podrán decir lo que aquí ocurrió." El Lord Paladín descendió su mirada, murmurando el nombre para si mismo y así poderlo grabar en su memoria antes de volver a ver al muchacho y asentir agradecido. Creía tener lo suficiente, así como que no era del todo necesario seguir reteniendo sus almas mucho más en aquel plano terrenal. Como cualquier otra criatura, todos ellos merecían el descanso eterno y nadie, siquiera alguien en su posición, era quien para impedírselos. "Marchad en paz, hermanos y que la Luz os guarde en su gracia." - Se despidió el paladín y mientras los cielos tormentosos que se alzaban sobre la Puerta de Cólera se despejaban, los distintos espíritus fueron desvaneciéndose uno a uno en completa paz. El destrero de Lord Irulon Trueblade ya se hallaba cansado tras cabalgar por horas a través del blanco y desolado paramo helado del Cementerio de Dragones. Incluso su propio jinete ya había perdido la cuenta de las horas que llevaban tratando de alcanzar al Alto Señor y velar por su vida. Al contrario de otros paladines, él había formado parte de la Orden de los Caballeros de la Mano de Plata y se había encargado de cuidar de la identidad del Alto Señor, cuando este arribo a Valgarde y puso un pie por primera vez en el techo del mundo, y aunque respetaba su deseo de ser capaz de enfrentar sus propias batallas y no dejar que fuesen peleadas por otros, derramando su sangre en vez de la suya, Irulon se veía incapaz de permitirle correr graves riesgos como el que se había atrevido a correr ahora, al dirigirse por si solo a la Puerta de Cólera. Bien sabia que todas las esperanzas estaban depositadas sobre él y su figura; si caía, solo la Luz sabría si la victoria y la justicia lograrían predominar sobre la ira y la oscuridad. Irulon volvió a agitar las riendas, para hacer galopar aun más rápido a su cansado destrero y nada más clavo sus talones en su costado, tirando de las riendas al mismo tiempo, cuando vislumbro a Mirador a los pies de los escalones que llevaban hacia la infame muralla. Con expresión severa, el paladín se acerco al caballo y desmonto, llevando una mano al martillo que colgaba de su espalda para no ser victima de ninguna sorpresa. Observo a sus alrededores, quedando de espaldas a la puerta y se giro de pronto, tan rápido como pudo, al oír el sonido de unos pasos tras de si. Su alivio no fue menor al vislumbrar al Alto Señor Fordring descender las escaleras y dedicarle una ligera sonrisa amistosa, pero cansada. "Creía haberos dicho que no me acompañarais ninguno, Irulon." - Tirion se detuvo ante él. "Sabéis que no podemos perderos, mi señor." - Contesto el paladín, frunciendo el ceño. - "Sabéis que la Orden no podría aguantar semejante golpe." Tirion suspiro con resignación. Tenia razón. Sin agregar más, se acerco a su caballo y se dispuso a montarlo, seguido por la atenta mirada del paladín. "Aun no entiendo, mi señor..." - Comento Irulon mientras se acercaba a ayudarle a montar el caballo, viéndole de soslayo para luego alternar con la tenebrosa estructura que se hallaba frente a ellos. - "¿Por qué habéis venido a este sitio alejado de la Luz?" Tirion se sentó sobre el ensillar de Mirador, cogió sus riendas y dirigió una tranquila mirada a Irulon, llena de determinación. "Porque si queremos triunfar, hermano, de nosotros depende despejar la sombra de la duda que ciega al resto de nuestros aliados." - Contesto y luego, añadió. - "Porque si es justicia lo que realmente queremos hacer, debemos comenzar por honrar el sacrificio de todos los buenos hombres y mujeres que murieron aquí, confiando en que no seria en vano." Irulon asintió levemente y se acerco a su caballo. Juntos comenzaron a avanzar a un paso suave, muy menor al trote habitual de sus caballos y a medida que se alejaban de Angrathar, Irulon volvió a verle y pregunto. "¿Cree que el torneo vaya a resultar, mi señor?" - La mirada de Irulon se encontró con la de Tirion en cosa de pocos segundos, tratando de poder vislumbrar una respuesta en ellos. Una que no tardo en encontrar. "Lo hará, Irulon." - Asintió con determinación el Lord Paladín. - "Lo hará, ahora que ya sabemos toda la verdad. La hora de la llamada de la cruzada ha llegado..." Off-Rol El Torneo Argenta está al caer. En sí, el evento dará comienzo el próximo VIERNES 7 DE FEBRERO, pero en los próximos días comenzará a darse cierta ambientación de cara al futuro evento lore, donde se realizarán las respectivas admisión a los juegos para los que vayan a participar como luchadores, como también, formas de enterarse del suceso para el resto, espectadores, asistentes, comerciantes u oportunistas. En lo que ya respecta a la participación global del evento, se señala lo siguiente: Se permitirá llevar SOLAMENTE 2 PERSONAJES POR JUGADOR SIN IMPORTAR LA FACCIÓN. (pueden ser dos alianzas, dos hordas y lo más óptimo un Alianza y un Horda). Esta medida se toma para evitar que haya un exceso de personajes de relleno en el Evento y que los jugadores piensen bien qué personajes poseen que realmente cunda o estén más afines u interesados en el tipo de trama y al mismo tiempo permitimos que se lleven más de uno para garantizar que aquellos que deseen participar con un Horda y Alianza no se vean limitados, especialmente para los interesados participantes de la Horda. Pueden asistir tanto combatientes que deseen participar en los juegos del Torneo, como también espectadores, asistentes, comerciantes u oportunistas. Habrá distintos roles y tramas, a parte de la lucha así que esperamos que los que van solo de público u otros motivos más gañanes, tengan también rol que pueda interesarles en el lugar. El caso de aquellos que quieran participar como combatientes, habrán de hacerlo formando parte de la correspondiente delegación de su reino o capital, representando la misma, (Esto incluye tanto a miembros de organizaciones formales, como a mercenarios o pueblo libre, teniendo estos ultimos que sujetarse a las normas de su correspondiente nación, facción o de la propia Cruzada, para poder participar en los juegos). Quienes deseen participar, habrán de rellenar un Censo On-Rol que pronto abriremos en los sub-foros de las Capitales que se encargarán de transportar a las gentes a la zona del Torneo. (Pronto abriremos los posts, cuando On-Rol se haga eco del acontecimiento) Dejo este Tema cerrado pues en los próximos días vamos a seguir publicando información en el mismo y para apuntarse se hará en los posts de Censos On-Rol, que ya colocaremos en su debido momento Have fun & enjoy!
  24. Memorias Olvidadas EVENTO OFICIAL Las pezuñas del draenei sonaban a cada paso que daban, aunque el sonido apenas si llegaba a oírse en comparación con el chocar de las pesadas placas de su armadura. El cruzado caminaba con la mirada fija al frente, sin apenas reparar en las miradas curiosas o extrañadas de algunos miembros de la nobleza y otros guardias que se hallaban dentro del corredor principal del Castillo de Ventormenta. Tampoco necesitaba hacerlo; ya estaba acostumbrado a las miradas de asombro o temor, incluso a oír que le llamaran “monstruo” o peor aun, “demonio”, solo por su aspecto e incluso, en lo más profundo de su corazón, estaba agradecido de ser lo suficientemente disciplinado como para mantener su compostura y no dar importancia a semejantes nimiedades. Tan solo necesitaba de mantener la mirada al frente y, como mucho, dirigirla hacia los ojos del guardia real que le guiaba hacia el salón del trono, quien tan solo se detuvo una vez se adentraron en el mismo, a unos cuantos metros del gigantesco trono. "Espere." – Le indico el guardia real, girándose hacia Nemassus y extendiendo la palma de su mano derecha. El draenei simplemente asintió, para luego levantar su mirada y pasearla por la sala; diversos hombres y mujeres se hallaban a los pies de los escalones del trono, con un pequeño corredor improvisado por ellos mismos en medio de su formación, donde cada persona que deseara hablar se detenía en dicho sitio y comentaba sus asuntos de interés, para luego ser sometido a juicio del Rey y poder llegar a una elección. Nemassus había oído comentarios sobre el Rey Varian Wrynn, pero nunca había tenido la ocasión de verlo en persona a excepción de ese momento: el monarca se encontraba sentado en su trono, con un brazo apoyado en cada respaldo, flanqueado por dos leones dorados a cada extremo. La seriedad de su expresión se veía opacada por la cicatriz que cruzaba de manera horizontal su rostro, haciéndole lucir aun más severo de lo que parecía. No obstante, la cordialidad con la que se dirigía a sus súbditos contrastaba bastante con su expresión. A un extremo izquierdo del trono, Nemassus vislumbro un rostro familiar; el Emisario Taluun, otro hermano en la Sagrada Luz de la Creación y quien le ayudaría en la tarea encargada por el Alto Señor Fordring, conjunto a Lady Jaina Proudmoore. Saludo con un ligero asentimiento al draenei, quien le correspondió su gesto casi al instante y luego, intento buscar inútilmente a la maga entre la multitud. Si se encontraba allí, no podía verla entre tantas personas. Uno de los humanos que se encontraba en el espacio formado entre la multitud había terminado su discurso, recibiendo una pronta respuesta del Rey. Todo parecía indicar que la ceremonia estaba lejos de terminar, cuando una figura femenina y familiar se separo de la multitud y se paro frente al trono. "Rey Varian" – Le saludo con una formal reverencia la humana, retirándose su capucha y descubriendo su dorada y larga cabellera. "Lady Proudmoore" – Asintió a modo de saludo el Rey, con cierta frialdad en su tono de voz. "Antes de comenzar, me gustaría solicitar la presencia de otra persona en esta reunión" – Dijo Jaina, de forma respetuosa, recibiendo un asentimiento por parte del Rey. – "Cruzado Nemassus, acercaros, por favor…" La mirada del draenei se encontró con la de Lady Jaina, antes de que esta le dedicara una cordial sonrisa y el guardia ante él, le indicara que podía avanzar, adelantándose al instante para apoyar el gigantesco cristal violeta de su martillo en el suelo e inclinar su cabeza de forma respetuosa ante su majestad. Aunque curioso, Varian frunció el ceño y se inclino levemente hacia adelante, al reparar en la insignia del tabardo del Cruzado. Algo en su mente le hacia sospechar cuales podrían ser los intereses que persiguiera la líder de Theramore al solicitar la presencia del Cruzado, después de todo, ya había intentado que la Alianza apoyase a Dalaran tiempo atrás y no fue menos su sorpresa, al vislumbrar que la Horda también había sido convocada al encuentro… Solo esperaba que sus sospechas fueran equivocas. "Saludos su majestad" – Dijo el draenei, levantando luego su mirada. – "Agradezco vuestra amabilidad y la de Lady Jaina, para recibirme en esta reunión" "La Alianza siempre abrirá sus puertas a los campeones de la Luz. Sois vos quien nos honra hoy con su presencia, cruzado." – Contesto de forma respetuosa el Rey, sin variar en su expresión. – "Pero quisiera saber, ¿qué asuntos os han traído aquí?" Jaina retrocedió un par de pasos, dejando que fuese Nemassus quien explicara el motivo de su visita, aunque pese a ello, cierto temor inundaba su corazón por el como el Rey se tomaría las siguientes palabras. "La guerra, me temo, su majestad." – Respondió el Vindicador, volviendo a inclinar su cabeza en señal de humildad. – "Como habrá sido informado, la Cruzada Argenta ha logrado abrirse paso en el interior de Corona de Hielo, pero en el ultimo tiempo, las batallas han resultado ser más difíciles de lo esperado y la victoria luce cada vez más lejana…" "Si lo que deseáis es el apoyo militar de la Alianza, con gusto combatiremos a vuestro lado." – Comento el Rey, interrumpiendo el discurso del draenei. Pero no menos fue su sorpresa cuando el Cruzado negó con la cabeza. "Si queremos triunfar sobre la Oscuridad, necesitaremos el apoyo de la Horda, su majestad." – La seriedad del rostro de Varian se desvaneció al oír las palabras del draenei y la supuesta severidad de su rostro, aportada por la cicatriz, se convirtió en realidad e incluso, se acentuó debido a la herida. – "La guerra entre la Horda y la Alianza esta alcanzado limites inimaginables, y por cada baja que se origina por este conflicto, nuestro enemigo se fortalece. Incluso yo y mis propios hermanos hemos sido victimas del fuego cruzado entre ambos bandos, cuando hemos intentado ayudar a los heridos y evitar que la Plaga mancille sus cuerpos… El Alto Señor Fordring confía en su juicio y cree posible que atenderéis a estas palabras, permitiéndoos la libertad de buscar una tregua con…" "NO buscare una tregua con el ENEMIGO" – La voz del Rey retumbo dentro del salón del trono, con una fuerza y rabia muy contraria a la cordialidad que había demostrado antes. "Su majestad, nuestro único y verdadero enemigo en estos momentos es la Plaga." – Intercedió el Emisario Taluun a favor de su hermano Vindicador. – "La Horda ha transgredido la tregua, pero el Cruzado dice la verdad al señalar que nuestro conflicto con la Horda solo fortalece a nuestro enemigo." Varian fulmino con la mirada al emisario, con la misma expresión severa. Jaina parpadeo, reconociendo de inmediato lo que estaba ocurriendo; Varian se había ido y en estos momentos, era Lo’gosh quien tomaba posesión del Rey. Como el emisario, intento interceder, mientras oía las palabras desmedidas y tajantes del monarca. "He oído parte de vuestra historia, draenei. Tu pueblo ha sufrido a manos de los orcos tanto como el mío, y en vez de buscar justicia, ¿hablan de paz?" – El tono de Varian fue en aumento. – "¡Todos vosotros deberíais de estar en el norte, combatiendo junto a vuestros aliados, en vez de estar encerrados en vuestra isla y…" "¡Varian!" – Le interrumpió Jaina, captando la intención inmediata del Rey. Mientras ocurría la discusión, Nemassus hizo cuanto pudo con tal de mantener la compostura. Varian era el Rey de Ventormenta y como líder de su pueblo, merecía respeto. Sin embargo, no podía evitar preguntarse a sí mismo con que derecho una criatura tan joven como él, se atrevía a hablar del sufrimiento de su pueblo y a cuestionar el por qué de su postura, sin siquiera pensar en las razones que, seguramente, Taluun ya le habría señalado. "Mi pueblo sufrió a manos de los orcos, es verdad, su majestad." – Nemassus alzo su mirada y la poso en los ojos del Rey, viéndole fijamente. El tono de su voz se asimilaba a la expresión seria de su rostro, aunque el dolor se escondía detrás de esa mascara… Lo ocurrido en Draenor era una herida difícil de sanar. – "Hermanos, hermanas, padres, madres e hijos. Familias enteras masacradas a manos de los orcos… Entiendo el dolor de muchos, al perder a sus seres queridos en la Puerta de Cólera. Pero si busca evitarle más sufrimiento a su pueblo, sabrá ver que es más sabio e inteligente enfrentar a un solo enemigo a la vez. Al único enemigo al que no le importan nuestros conflictos… la Plaga." Jaina tan solo alcanzo a entreabrir su boca, pero apenas si logro decir alguna palabra. La severidad parecía seguir reinando sobre Varian, pero su expresión comenzaba a relajarse tras ser enfrentado por el Cruzado. Aparentemente, el magnánimo guerrero que los orcos y muchos otros conocieron en las arenas de Dire Maul, como Lo’gosh, se había apaciguado o al menos, había entendido parte de las palabras del Vindicador. "Sabrás entender, Cruzado, que me exiges demasiado al querer que confié en esas bestias salvajes sin ninguna prueba de que no volverán a repetir lo ocurrido en Puerta de Cólera…” – Poco a poco, la expresión de Varian volvía a ser seria, pero no severa y su tono de voz, bordeaba el respeto y no la rabia. – “Lo lamento, pero ni Ventormenta, ni la Alianza, pueden corresponder a esta solicitud. Si es necesario que hagamos frente a la Plaga, solos, lo haremos. Pero bajo ninguna circunstancia pondré en riesgo la vida de miles de hombres y mujeres, para luego ser traicionados como Bolvar y otros valientes soldados de la Alianza… Nunca." Nemassus asintió lentamente, reprimiendo cualquier expresión de decepción o malestar. En cierto modo, sentía que no había sido escuchado en lo más mínimo; desde lo ocurrido en Puerta de Cólera, el conflicto había cambiado y aunque la Cruzada se vio obligada a superar distintas pruebas, tan solo había logrado unir a voluntarios de la Horda y la Alianza, pero nunca a ambas facciones de manera oficial. No había podido asistir personalmente a su rescate, pero Nemassus aun recordaba lo ocurrido con el Cruzado Bridenbrad, acorde a comentarios de otros miembros de la Cruzada y, desgraciadamente, su muerte no había sido la única ocasionada por el conflicto entre ambas facciones… Y muchas más llegarían a ocurrir, de no poder cambiar la visión del Rey. ¿Pero qué podía hacer?. Tan solo una vaga idea se apareció en su mente, en esos instantes. "Entiendo, pero… si su majestad me lo permite, gustaría de permanecer en vuestro reino y poder dirigirme a vuestro pueblo." – Nemassus volvió a inclinar su cabeza, de forma humilde y solemne ante su sugerencia. "Como dije, la Alianza siempre tendrá las puertas abiertas para los campeones de la Luz" – Varian asintió al draenei, dándole su aprobación. El draenei se limito a asentir y a realizar una respetuosa reverencia, o al menos, algo similar a una; tanto como su armadura le permitiera, para luego apoyar su gigantesco martillo sobre su hombro derecho, girarse y disponerse a marchar, seguido por la mirada de muchos. Marcho de la misma forma en que había entrado, con la vista fija al frente y no prestando atención al resto, deteniéndose nada más llegar a la entrada, al ver a Lady Jaina ante la puerta y dedicarle una ligera sonrisa de animo antes de acercársele. "Lamento lo ocurrido con Varian, pero… quizá haya una forma de hacerlo entender la necesidad de esta tregua, Cruzado." – La maga se coloco su capucha, ensombreciendo parte de su rostro. – "Acompañadme, por favor. Quisiera poder explicaros mejor mi idea…" Sin más que decir, Jaina se dispuso a caminar fuera del Castillo y aunque confuso por su aparición, Nemassus asintió y se dispuso a seguirla. Después de todo, era una de las pocas aliadas que tenia en la ciudad para poder lograr su cometido y no renunciaría a su tarea tan fácilmente. Si había otras formas de llegar a cumplir su cometido, estaba más que dispuesto a oír lo que la humana tuviera que decirle. Offrol Como algunos ya habran visto, por el Reino de Ventormenta se haya paseando cierto draenei paladín de la Cruzada Argenta. Estos sucesos se hallan en pleno desarrollo y se ira evolucionando mediante el paso de los acontecimientos, los cuales ya han dado inicio via ingame por medio de pequeños roles con algunos jugadores.

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