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Memorias Olvidadas

EVENTO OFICIAL

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Las pezuñas del draenei sonaban a cada paso que daban, aunque el sonido apenas si llegaba a oírse en comparación con el chocar de las pesadas placas de su armadura. El cruzado caminaba con la mirada fija al frente, sin apenas reparar en las miradas curiosas o extrañadas de algunos miembros de la nobleza y otros guardias que se hallaban dentro del corredor principal del Castillo de Ventormenta. Tampoco necesitaba hacerlo; ya estaba acostumbrado a las miradas de asombro o temor, incluso a oír que le llamaran “monstruo” o peor aun, “demonio”, solo por su aspecto e incluso, en lo más profundo de su corazón, estaba agradecido de ser lo suficientemente disciplinado como para mantener su compostura y no dar importancia a semejantes nimiedades. Tan solo necesitaba de mantener la mirada al frente y, como mucho, dirigirla hacia los ojos del guardia real que le guiaba hacia el salón del trono, quien tan solo se detuvo una vez se adentraron en el mismo, a unos cuantos metros del gigantesco trono.

"Espere." – Le indico el guardia real, girándose hacia Nemassus y extendiendo la palma de su mano derecha.

El draenei simplemente asintió, para luego levantar su mirada y pasearla por la sala; diversos hombres y mujeres se hallaban a los pies de los escalones del trono, con un pequeño corredor improvisado por ellos mismos en medio de su formación, donde cada persona que deseara hablar se detenía en dicho sitio y comentaba sus asuntos de interés, para luego ser sometido a juicio del Rey y poder llegar a una elección. Nemassus había oído comentarios sobre el Rey Varian Wrynn, pero nunca había tenido la ocasión de verlo en persona a excepción de ese momento: el monarca se encontraba sentado en su trono, con un brazo apoyado en cada respaldo, flanqueado por dos leones dorados a cada extremo. La seriedad de su expresión se veía opacada por la cicatriz que cruzaba de manera horizontal su rostro, haciéndole lucir aun más severo de lo que parecía. No obstante, la cordialidad con la que se dirigía a sus súbditos contrastaba bastante con su expresión.

A un extremo izquierdo del trono, Nemassus vislumbro un rostro familiar; el Emisario Taluun, otro hermano en la Sagrada Luz de la Creación y quien le ayudaría en la tarea encargada por el Alto Señor Fordring, conjunto a Lady Jaina Proudmoore. Saludo con un ligero asentimiento al draenei, quien le correspondió su gesto casi al instante y luego, intento buscar inútilmente a la maga entre la multitud. Si se encontraba allí, no podía verla entre tantas personas.

Uno de los humanos que se encontraba en el espacio formado entre la multitud había terminado su discurso, recibiendo una pronta respuesta del Rey. Todo parecía indicar que la ceremonia estaba lejos de terminar, cuando una figura femenina y familiar se separo de la multitud y se paro frente al trono.

"Rey Varian" – Le saludo con una formal reverencia la humana, retirándose su capucha y descubriendo su dorada y larga cabellera.

"Lady Proudmoore" – Asintió a modo de saludo el Rey, con cierta frialdad en su tono de voz.

"Antes de comenzar, me gustaría solicitar la presencia de otra persona en esta reunión" – Dijo Jaina, de forma respetuosa, recibiendo un asentimiento por parte del Rey. – "Cruzado Nemassus, acercaros, por favor…"

La mirada del draenei se encontró con la de Lady Jaina, antes de que esta le dedicara una cordial sonrisa y el guardia ante él, le indicara que podía avanzar, adelantándose al instante para apoyar el gigantesco cristal violeta de su martillo en el suelo e inclinar su cabeza de forma respetuosa ante su majestad. Aunque curioso, Varian frunció el ceño y se inclino levemente hacia adelante, al reparar en la insignia del tabardo del Cruzado. Algo en su mente le hacia sospechar cuales podrían ser los intereses que persiguiera la líder de Theramore al solicitar la presencia del Cruzado, después de todo, ya había intentado que la Alianza apoyase a Dalaran tiempo atrás y no fue menos su sorpresa, al vislumbrar que la Horda también había sido convocada al encuentro… Solo esperaba que sus sospechas fueran equivocas.

"Saludos su majestad" – Dijo el draenei, levantando luego su mirada. – "Agradezco vuestra amabilidad y la de Lady Jaina, para recibirme en esta reunión"

"La Alianza siempre abrirá sus puertas a los campeones de la Luz. Sois vos quien nos honra hoy con su presencia, cruzado." – Contesto de forma respetuosa el Rey, sin variar en su expresión. – "Pero quisiera saber, ¿qué asuntos os han traído aquí?"

Jaina retrocedió un par de pasos, dejando que fuese Nemassus quien explicara el motivo de su visita, aunque pese a ello, cierto temor inundaba su corazón por el como el Rey se tomaría las siguientes palabras.

"La guerra, me temo, su majestad." – Respondió el Vindicador, volviendo a inclinar su cabeza en señal de humildad. – "Como habrá sido informado, la Cruzada Argenta ha logrado abrirse paso en el interior de Corona de Hielo, pero en el ultimo tiempo, las batallas han resultado ser más difíciles de lo esperado y la victoria luce cada vez más lejana…"

"Si lo que deseáis es el apoyo militar de la Alianza, con gusto combatiremos a vuestro lado." – Comento el Rey, interrumpiendo el discurso del draenei. Pero no menos fue su sorpresa cuando el Cruzado negó con la cabeza.

"Si queremos triunfar sobre la Oscuridad, necesitaremos el apoyo de la Horda, su majestad." – La seriedad del rostro de Varian se desvaneció al oír las palabras del draenei y la supuesta severidad de su rostro, aportada por la cicatriz, se convirtió en realidad e incluso, se acentuó debido a la herida. – "La guerra entre la Horda y la Alianza esta alcanzado limites inimaginables, y por cada baja que se origina por este conflicto, nuestro enemigo se fortalece. Incluso yo y mis propios hermanos hemos sido victimas del fuego cruzado entre ambos bandos, cuando hemos intentado ayudar a los heridos y evitar que la Plaga mancille sus cuerpos… El Alto Señor Fordring confía en su juicio y cree posible que atenderéis a estas palabras, permitiéndoos la libertad de buscar una tregua con…"

"NO buscare una tregua con el ENEMIGO" – La voz del Rey retumbo dentro del salón del trono, con una fuerza y rabia muy contraria a la cordialidad que había demostrado antes.

"Su majestad, nuestro único y verdadero enemigo en estos momentos es la Plaga." – Intercedió el Emisario Taluun a favor de su hermano Vindicador. – "La Horda ha transgredido la tregua, pero el Cruzado dice la verdad al señalar que nuestro conflicto con la Horda solo fortalece a nuestro enemigo."

Varian fulmino con la mirada al emisario, con la misma expresión severa. Jaina parpadeo, reconociendo de inmediato lo que estaba ocurriendo; Varian se había ido y en estos momentos, era Lo’gosh quien tomaba posesión del Rey. Como el emisario, intento interceder, mientras oía las palabras desmedidas y tajantes del monarca.

"He oído parte de vuestra historia, draenei. Tu pueblo ha sufrido a manos de los orcos tanto como el mío, y en vez de buscar justicia, ¿hablan de paz?" – El tono de Varian fue en aumento. – "¡Todos vosotros deberíais de estar en el norte, combatiendo junto a vuestros aliados, en vez de estar encerrados en vuestra isla y…"

"¡Varian!" – Le interrumpió Jaina, captando la intención inmediata del Rey.

Mientras ocurría la discusión, Nemassus hizo cuanto pudo con tal de mantener la compostura. Varian era el Rey de Ventormenta y como líder de su pueblo, merecía respeto. Sin embargo, no podía evitar preguntarse a sí mismo con que derecho una criatura tan joven como él, se atrevía a hablar del sufrimiento de su pueblo y a cuestionar el por qué de su postura, sin siquiera pensar en las razones que, seguramente, Taluun ya le habría señalado.

"Mi pueblo sufrió a manos de los orcos, es verdad, su majestad." – Nemassus alzo su mirada y la poso en los ojos del Rey, viéndole fijamente. El tono de su voz se asimilaba a la expresión seria de su rostro, aunque el dolor se escondía detrás de esa mascara… Lo ocurrido en Draenor era una herida difícil de sanar. – "Hermanos, hermanas, padres, madres e hijos. Familias enteras masacradas a manos de los orcos… Entiendo el dolor de muchos, al perder a sus seres queridos en la Puerta de Cólera. Pero si busca evitarle más sufrimiento a su pueblo, sabrá ver que es más sabio e inteligente enfrentar a un solo enemigo a la vez. Al único enemigo al que no le importan nuestros conflictos… la Plaga."

Jaina tan solo alcanzo a entreabrir su boca, pero apenas si logro decir alguna palabra. La severidad parecía seguir reinando sobre Varian, pero su expresión comenzaba a relajarse tras ser enfrentado por el Cruzado. Aparentemente, el magnánimo guerrero que los orcos y muchos otros conocieron en las arenas de Dire Maul, como Lo’gosh, se había apaciguado o al menos, había entendido parte de las palabras del Vindicador.

"Sabrás entender, Cruzado, que me exiges demasiado al querer que confié en esas bestias salvajes sin ninguna prueba de que no volverán a repetir lo ocurrido en Puerta de Cólera…” – Poco a poco, la expresión de Varian volvía a ser seria, pero no severa y su tono de voz, bordeaba el respeto y no la rabia. – “Lo lamento, pero ni Ventormenta, ni la Alianza, pueden corresponder a esta solicitud. Si es necesario que hagamos frente a la Plaga, solos, lo haremos. Pero bajo ninguna circunstancia pondré en riesgo la vida de miles de hombres y mujeres, para luego ser traicionados como Bolvar y otros valientes soldados de la Alianza… Nunca."

Nemassus asintió lentamente, reprimiendo cualquier expresión de decepción o malestar. En cierto modo, sentía que no había sido escuchado en lo más mínimo; desde lo ocurrido en Puerta de Cólera, el conflicto había cambiado y aunque la Cruzada se vio obligada a superar distintas pruebas, tan solo había logrado unir a voluntarios de la Horda y la Alianza, pero nunca a ambas facciones de manera oficial. No había podido asistir personalmente a su rescate, pero Nemassus aun recordaba lo ocurrido con el Cruzado Bridenbrad, acorde a comentarios de otros miembros de la Cruzada y, desgraciadamente, su muerte no había sido la única ocasionada por el conflicto entre ambas facciones… Y muchas más llegarían a ocurrir, de no poder cambiar la visión del Rey. ¿Pero qué podía hacer?. Tan solo una vaga idea se apareció en su mente, en esos instantes.

"Entiendo, pero… si su majestad me lo permite, gustaría de permanecer en vuestro reino y poder dirigirme a vuestro pueblo." – Nemassus volvió a inclinar su cabeza, de forma humilde y solemne ante su sugerencia.

"Como dije, la Alianza siempre tendrá las puertas abiertas para los campeones de la Luz" – Varian asintió al draenei, dándole su aprobación.

El draenei se limito a asentir y a realizar una respetuosa reverencia, o al menos, algo similar a una; tanto como su armadura le permitiera, para luego apoyar su gigantesco martillo sobre su hombro derecho, girarse y disponerse a marchar, seguido por la mirada de muchos. Marcho de la misma forma en que había entrado, con la vista fija al frente y no prestando atención al resto, deteniéndose nada más llegar a la entrada, al ver a Lady Jaina ante la puerta y dedicarle una ligera sonrisa de animo antes de acercársele.

"Lamento lo ocurrido con Varian, pero… quizá haya una forma de hacerlo entender la necesidad de esta tregua, Cruzado." – La maga se coloco su capucha, ensombreciendo parte de su rostro. – "Acompañadme, por favor. Quisiera poder explicaros mejor mi idea…"

Sin más que decir, Jaina se dispuso a caminar fuera del Castillo y aunque confuso por su aparición, Nemassus asintió y se dispuso a seguirla. Después de todo, era una de las pocas aliadas que tenia en la ciudad para poder lograr su cometido y no renunciaría a su tarea tan fácilmente. Si había otras formas de llegar a cumplir su cometido, estaba más que dispuesto a oír lo que la humana tuviera que decirle.


Offrol

Como algunos ya habran visto, por el Reino de Ventormenta se haya paseando cierto draenei paladín de la Cruzada Argenta. Estos sucesos se hallan en pleno desarrollo y se ira evolucionando mediante el paso de los acontecimientos, los cuales ya han dado inicio via ingame por medio de pequeños roles con algunos jugadores.

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A pesar del silbido del viento en las afueras de la Fortaleza Grito de Guerra, su interior era lo suficientemente tibio como para olvidar el sitio donde se encontraban. El calor de los distintos braceros y antorchas que yacían en su interior, se concentraba gracias al hierro con el que estaba construido la colosal estructura. La oscuridad ya inundaba los alrededores y tan altas horas de la madrugada, los únicos que se mantenían en pie, además de los guardias que mantenían su vigilia en lo alto de las defensas de la fortaleza, eran el Alto Señor Supremo Saurfang y el Jefe de Guerra; ambos sobre el gigantesco mapa bordado con cuero. Tras la urgente llamada que le había convocado a la desastrosa reunión en Dalaran, Thrall había decidido permanecer en el techo del mundo para poder vislumbrar con sus propios ojos el estado de la Horda durante su campaña bélica. No obstante, su mente se hallaba atribulada: desde Puerta de Cólera nada había vuelto a ser lo mismo y lo ocurrido en Dalaran, ciertamente no mejoraba las cosas. Tampoco lo hacia del todo el haber visto a Garrosh actuar de la manera adecuada, con respecto al desastroso y deshonorable asalto a las fuerzas de la Alianza en el ahora llamado Frente Roto… Distintas fichas yacían repartidas en el mapa, cada una de ellas representando las fuerzas de la Plaga, la Alianza y la Horda; todas concentradas en Corona de Hielo y aun así, con la victoria al alcance de la mano, la sentía tan lejana…

“Creía que querías hablar de guerra, pero no dices ninguna palabra” – Le indico Varok, con un rostro serio y cansado. Habría quienes pensarían que la guerra, finalmente, había logrado que el paso del tiempo comenzara a apoderarse de su viejo amigo, pero Thrall sabia que no era la vejez lo que se reflejaba en su rostro cansado, sino la pena de haber perdido a su hijo.

“Y eso quiero hacer…” – Respondió Thrall, volviendo su atención hacia el guerrero. – “Pero antes de decir nada, quisiera oír lo que tu tengas que decirme sobre la guerra, viejo amigo.”

Varok gruño, en señal de asentimiento y camino hacia donde se encontraba el territorio de Corona de Hielo.

“Nuestras patrullas aéreas han comenzado a explorar Corona de Hielo, buscando algun sitio donde poder levantar una fortaleza y comenzar nuestra ultima gran batalla en el territorio de nuestro enemigo, pero…” – La mirada de Saurfang se poso sobre las fichas que representaban a la Alianza. – “La Alianza ya intenta lo mismo y el Frente Roto es solo una de las tantas batallas a las que tendremos que hacer frente, en territorio enemigo.”

El corazón de Thrall se inundo de un profundo pesar, la guerra contra la Plaga estaba costándole demasiadas vidas a la Horda y el conflicto con la Alianza no mejoraba las cosas. ¿Cuántos más tendrían que morir, para que todo pudiera terminar de una vez por todas? Ni él era capaz de pensar en un numero exacto, el solo intentarlo ya le era imposible.

“Garrosh ha sabido dar valor a nuestros hombres, Thrall. Y se que de todos, es el más ansioso de combatir a los muertos vivientes y a la Alianza por igual…” – Comento Varok, al ver que el Jefe de Guerra solo contemplaba la situación, en silencio.

“Pero…” – Continuo el Jefe de Guerra, suponiendo que dicha palabra se encontraba implícita en las frases de Varok.

“… Pero con la Alianza a nuestras espaldas, ni toda la Horda seria capaz de derrotar a la Plaga. Lo ocurrido en el Frente Roto me es suficiente para saber que el enemigo tiene la ventaja en su propio territorio.” – Varok volvió su atención a Thrall, encontrándose con un asentimiento por parte de este.

Thrall era consciente de ello y aquel era su temor más grande. Nadie mejor que él, era consciente de los costos que podría tener una guerra, pero combatir a la Legión Ardiente o a la propia Alianza era una cosa, combatir a los muertos vivientes y a quienes fueran hijos de la Horda en el pasado, era otra muy diferente. La mera existencia de la Horda dependía del desenlace de la campaña de Corona de Hielo, pero hasta ese momento, nada parecía indicar que el conflicto pudiera terminar de una manera favorable… No sin poseer nada con lo que poder cambiar las tornas de la situación actual que afectaba a su facción.

* * * * *

El despacho personal del Señor Regente se hallaba ordenado, a excepción de su escritorio, como era de costumbre. Diversos papeles, cartas y otros informes se encontraban sobre él, tanto del norte como de la situación interna de su pueblo. Lor’themar se encontraba firmando los últimos papeles, mientras Halduron permanecía a un lado de la mesa, con las manos tras la espalda, aguardando pacientemente que este terminara sus labores al igual que Lady Liadrin, mientras que, por su parte, el Gran Magister Rommath se hallaba apoyado sobre su báculo, moviendo sus dedos una y otra vez. Solo cuando el líder de los Elfos de Sangre firmo la ultima de las cartas, este levanto su mirada y la poso sobre Liadrin, como indicándole que podía hablar.

“He seleccionado a quien se encargara de conseguirnos las pruebas necesarias.” – La mirada de Rommath y Halduron permanecieron fijas en la Matriarca de la Orden de los Caballeros de Sangre, aunque la única severa era la del Gran Magister. – “Intentare que aquellos hermanos que se encuentran en la Cruzada, puedan recibirle y ayudarnos en esta tarea. Nuestros intereses son mutuos, después de todo.”

Lor’themar asintió lentamente, ciertamente complacido por el inmediato esfuerzo de la Matriarca. Desde que los orcos recuperaron la ciudad de Entrañas y establecido un régimen en el mismo sitio, para asegurar su lealtad hacia la Horda, el Señor Regente podía respirar más tranquilo al no sentir el peso de las presiones ejercidas por Sylvanas, sobre sus hombros. Sin embargo, la intervención de los Kor’kron había llegado demasiado tarde para su gusto y por mucho que ella estuviese controlada en la actualidad, su gente ya se encontraba involucrada en un conflicto en el cual, a pesar de no jugar un papel fundamental, seguía formando parte.

“¿Realmente estais considerando sugerirle una tregua al Jefe de Guerra?” – Inquirió Rommath, con un tono de voz incrédulo, mientras que la expresión de su rostro reflejaba la consternación y severidad que le caracterizaba. – “Por una vez, finalmente, la sangre de la Alianza tiñe de rojo el norte. ¿Por qué hemos de detener a nuestros aliados en intentar destruir a aquellos que otrora consideramos aliados y terminaron traicionándonos?”

“Porque de lo contrario, la sangre de nuestro pueblo seguirá regando la nieve del techo del mundo.” – Contesto de forma tajante el Guardabosques-General, viendo fijamente a Rommath con una expresión molesta.

“¿Y acaso crees que no lo harán en un futuro?” – El tono de voz de Rommath se torno sardónico, mientras volvía su atención a Halduron. – “Una vez la Plaga sea derrotada, volveremos a combatirlos. Esos perros no se detendrán hasta vernos derrotados.”

Cansado de la corta discusión y decidido, Lor’themar se incorporo y apoyo ambas manos sobre la mesa, resonando el golpe de cada mano con la madera, silenciando al Guardabosques-General y al Gran Magister de Lunargenta, llamando su atención.

“Mi elección esta hecha, Rommath.” – La voz de Lor’themar era contundente, incapaz de dar lugar a contra respuestas. – “No me importa si tras derrotar al Rey Lich, volvemos a entrar en conflicto con la Alianza. Ya haremos frente a esa batalla cuando ocurra, pero mientras la Plaga no sea derrotada, no pienso permitir que este conflicto continúe destruyendo más vidas de los nuestros.”

Rommath guardo silencio, desviando su atención. Aunque testarudo en su forma de ver las cosas, no era un ser que careciera de inteligencia e incluso él entendía que Lor’themar tenia razón. No tenia argumento con el cual poder contradecirle, después de todo, lo hacia por el bien de los Sin’dorei. Aunque aun así, en lo más profundo de su corazón, seguía oponiéndose al plan propuesto por la Matriarca; ¿dialogar con la Cruzada Argenta y buscar pruebas para corroborar al resto de la Horda, que una tregua con la Alianza era posible y, sobretodo, necesaria, si es que deseaban triunfar sobre la Plaga?. Sin lugar a dudas, para él, parecía un objetivo de lo más loable, pero imposible de conseguir y aun así, el Señor Regente no había vacilado en oír el plan propuesto por Liadrin.

Fuera como fuera, Lor’themar había hecho su elección y ahora, para disgusto del Gran Magister, el éxito de tan imposible tarea estaba en manos de la Matriarca de la Orden de los Caballeros de Sangre y un simple miembro de su hermandad, escogido por ella misma. En su mente, tan solo un pensamiento rondaba sin cesar: Sol Eterno, guíanos en estos momentos de necesidad y enséñanos tu sabiduría para poder sobreponernos a la adversidad…

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Eitrigg caminaba con un paso pesado y lento, siempre cabizbajo, con su atención puesta en la criatura que cargaba entre sus brazos, ocupandose de que se encontrara lo suficientemente cobijada del frio, con la gigantesca piel que recubria su cuerpo, antes de esta caer victima del clima hostil de la zona. El viento soplaba con fuerza, arrastrando consigo la escarcha que ondulaba hasta impactar contra pelaje de la capa del avejentado orco, cuales rocas que impactan en un muro de piedra. Los cielos refulgian con ira, iluminando tanto el interior de sus nubes como la tierra bajo ellos, poco antes de hacer acto de presencia con un inmenso rugido que hacia eco a traves de las montañas. Aquella era la unica luz en semejante paramo helado y desolado, despojado de toda vida. Siquiera el Sol parecia brillar en Corona de Hielo, a pesar de que sus rayos combatian valientemente contra los tempestuosos cielos y en ocasiones, lograban reflejarse en los suelos del glaciar; aunque de una forma debil y tenue, casi como si reflejara una constante lucha entre la Luz y la Oscuridad. Otro trueno volvio a resonar mientras el orco caminaba en dirección al Pabellon Argenta, acallando el resoplido de la tauren que se encontraba entre sus brazos, ya un tanto palida, pero aferrandose a la vida como cualquier otro ser viviente lo haria en el Techo del Mundo.

Eitrigg apuro su paso, preguntandose si su aspecto se debia al frio o a la sangre que manaba de las graves heridas que tenia en su cuerpo.

"Tranquila" - Comenzo a hablar el orco mientras caminaba, tratando de mantenerla consciente. - "Son solo truenos. No nos haran nada."

"No... le temo a la tormenta..." - Respondio de forma testaruda la tauren. Eitrigg suponia que esa seria su respuesta, pero al menos su plan de mantenerla consciente, aunque fuera mediante su orgullo, funcionaba.

"No, no a la tormenta, guerrera." - Continuo Eitrigg, viendole de reojo, intercalando su atención entre ella y el Pabellon que se hallaba cada vez más cerca. - "Pero si al frio que puede impedirte volver a luchar otro día más."

La tauren volvio a resoplar, aunque su pecho podria haberse hinchado de orgullo por haber sido reconocida como lo que era: una guerrera, el siquiera poder caminar a causa de sus heridas le hacia sentirse inutil. Orgullosa, la guerrera desvio su mirada, mientras se recogia un poco más entre los brazos del fornido orco, buscando el calor de su cuerpo para no ser otra victima más del frio de esas tierras.

"¿Cual es tu nombre, tauren?" - Eitrigg continuo hablandole, mientras se disponia ya a subir los escalones de madera que llevaban, luego, hacia el interior del Pabellon Argenta.

"Aponi..." - Contesto nada más la tauren, con el ceño fruncido, observando desconfiada el interior de la estructura, especialmente al ver humanos en su interior. Orgullosa, intento poder separarse del orco, pero al más minimo movimiento, sintio como una onda de dolor, cual latigazo, sacudia todo su cuerpo.

"Aponi" - Eitrigg asintio y continuo caminando, sujetandola con fuerza hasta llegar a una de las camas y recostarla sobre ella. No era del todo apropiada para ella, pero era lo mejor que podria ofrecerle en dichas circunstancias. - "No temas, guerrera. Aquí estas entre amigos. La guerra entre la Horda y la Alianza no tiene lugar en este sitio, puedes descansar tranquila..."

Aponi volvio su mirada al orco, percatandose este de la desconfianza con que le observaba. Rebufo por sus fosas nasales y abrio su hocico, seguramente con el deseo de protestar, pero el cansancio y sus heridas eran más poderosas que su voluntad de hierro; sus parpados le pesaron y no tardaron en cerrarse, mientras una sacerdotisa se acercaba rapidamente a la tauren para tratar sus heridas al mismo tiempo que una voz familiar para el orco, sonaba tras su espalda.

* * * * *

"¿Tregua?" - La incredulidad de Garrosh era más que palpable y reconicible en su rostro incluso a la distancia. - "Somos orcos. Somos la Horda. Nosotros no hacemos treguas con el enemigo, los aplastamos o morimos en el campo de batalla, cubiertos de sangre, honor y gloria."

Garrosh se levanto del trono, apuntando a Eitrigg con un dedo y observandole con gran severidad y desaprobación en su mirada. El veterano guerrero orco, en cambio, se mantuvo en su sitio, indeferente ante el comportamiento del joven hijo de Grom Hellscream; cuando había arribado a la Fortaleza Grito de Guerra, fue recibido por Thrall y Varok, pero como este les había dicho a ambos, no acudia para volver a combatir junto a la Horda, aun no. Solo tras explicar las razones de su presencia en el colosal bastión de la Horda en la Tundra Boreal, Thrall insistio en que presentara su propuesta ante Garrosh, para así poder ser puesto a prueba su juicio y templar sus habilidades como líder. Por supuesto, Varok se mostro dubitativo y Eitrigg tampoco permancio indeferente ante el pedido, igualando al Alto Señor Supremo e incluso, compartiendo sus pensamientos y juicios sobre el joven Hellscream, pero era un pedido de su Jefe de Guerra y como tal, obedeceria, pese a ser consciente de lo que seguramente ocurriria una vez se dirigiera ante el orgulloso orco marron.

"La Horda ha destrozado los ejércitos de la Plaga y derrotado a la Alianza. No necesitamos de ninguna tregua para vencer a nuestros enemigos, anciano..." - Sentencio el Mag'har, recalcando la palabra anciano con un tono que, bajo el juicio de Eitrigg, era más que obvio que escondia otra serie de insultos que por alguna razón, había preferido guardarse para sí mismo.

"Esas son las palabras de un guerrero, hijo de Grom." - Indico Eitrigg, viendole fijamente a los ojos, sin siquiera dejarse amedrentar por el inmenso tamaño que le otorgaba la pesada armadura que llevaba encima. - "Pero no las de un líder. Son esas las que quiero oir."

El rostro de Garrosh se retorcio por la rabia, sintiendose insultado por quien creia que era un anciano ya cansado de la batalla y cuyo juicio comenzaba a verse nublado por la edad. El Señor Supremo se adelanto unos pocos pasos más, quedando su rostro frente al de Eitrigg, dejando escapar un agresivo gruñido mientras le enseñaba los colmillos.

"¿Te atreves a cuestionarme, ancia---

"¡Garrosh!" - La voz de Varok retumbo en toda la amplia sala de mando. El Alto Señor Supremo, en todo momento, guardo silencio mientras se hallaba a un lado del trono y como sospechaba, se había visto obligado a intervenir en la discusión antes que el cachorro orco cometiera un grave error.

Saurfang camino hacia ambos orcos, haciendo resoñar su armadura con cada paso que daba, cada cual más pesado que el otro, como si destacara que por sobre el joven Hellscream, se encontraba él al mando de la Ofensiva Grito de Guerra. Garrosh se giro levemente, para observar al otro guerrero, pero apenas si alcanzo a reaccionar cuando este le cogio de una hombrera y le giro bruscamente, para que quedaran frente a frente.

"... ¡Incluso tu te das cuenta de que es un cobarde!" - Se apresuro a explicarse el Señor Supremo, al encontrarse con la mirada desaprobadora de Saurfang.

"Ese orco ha visto más batallas que tu en toda esta guerra, Garrosh." - Varok señalo a Eitrigg antes de enseñarle sus colmillos a Garrosh y añadir, con un tono severo y amenazador. - "No vuelvas a cuestionar su honor o su valor. Ahora vete..."

El joven Mag'har fruncio severamente el ceño y gruño molesto, pero no dijo ninguna palabra. Tan solo desvio su mirada y asintio con un gesto hosco, haciendo caso de las palabras del Alto Señor Supremo, muy a su pesar. Varok le siguio con la mirada y solo al verlo marchar, volvio su atención a Eitrigg, dejando escapar un pesado suspiro de cansancio.

"Ambos sabiamos que esto terminaria así..." - Dijo Eitrigg, viendole y acercandosele, observandole con una expresión más gentil y amigable.

"Si, pero el chico tiene que templarse de alguna manera..." - Varok observo a su camarada en armas y no dudo en llevar una mano a su hombro derecho, de manera amistosa. - "Me apena que esto terminara así, viejo amigo. Pero no todo esta perdido. Thrall y yo estamos dispuestos a realizar una tregua con la Alianza, podemos asegurar que los Renegados estan bajo control y al absoluto servicio de la Horda, pero... el Rey de Ventormenta se iguala a Garrosh en su odio hacia la Alianza. ¿Crees que él vaya a ceder, también?"

"No lo se, amigo mio." - Eitrigg era sincero. No conocia a Varian en persona, pero si había oido de su personalidad y algunas de sus acciones. Debia de reconocer que tratar con Garrosh era más facil que con el Rey de Ventormenta, quien era no solo líder su pueblo, sino parte integra e importante dentro de la Alianza. - "Pero que la Horda de el primer paso, puede ser prueba suficiente de que sus ideas pueden estar equivocadas."

Ambos orcos asintieron. Eitrigg desconocia como serian los tratos con la Alianza, pero el que tanto el Jefe de Guerra como el Alto Señor Supremo aceptaran acordar una tregua, ciertamente era más que un alivio para él.

* * * * *

Tirion le había recibido en persona, luego de haberle visto adentrarse en el Pabellon Argenta con una tauren en sus brazos. Desde lo ocurrido en Zul'drak, el paladín había dejado a su compañero para comenzar lo que seria la campaña final y ahora, nuevamente, a visperas de lo que podrian ser las batallas más importantes para poner un fin a la guerra, volvian a encontrarse y aunque el orco habria preferido que su reencuentro fuera en mejores circunstancias, tampoco desaprobaba que fuera en ese momento. Después de todo, hace años atras ya había demostrado poseer gran valor y honor entre los suyos, algo que él valoraba. Ciertamente, de tener que combatir en cualquier momento, el orco no podria estar más agradecido de contar con semejante hermano de armas. Aun así, aunque afable, el rostro del paladín lucia cansado y no era de extrañar; si él, un solo orco, se encontraba cansado de solo viajar a la Fortaleza Grito de Guerra para parlamentar con la Ofensiva Grito de Guerra y regresar con una tauren herida, luego de encontrarla luchando por su vida en lo que fuera uno de los tantos campos de batalla que la Horda y la Alianza no se cansaban de originar en Corona de Hielo, no era de extrañar que el Alto Señor de la Cruzada Argenta lo estuviera más.

"Luces más cansado y viejo que la ultima vez, mi viejo amigo." - Bromeo el orco, dandole el lujo a Tirion de poder reir un poco.

"El paso de los años y el peso de nuestro deber nos afecta a todos, Eitrigg." - Contesto luego de reir, el Alto Señor. - "¿Has podido obtener una respuesta satisfactoria?"

Eitrigg asintio.

"Aunque... sospechan que Varian Wrynn, el Rey de Ventormenta, no se muestre muy colaborador..." - Agrego el orco. - "Y no los culpo."

Tirion suspiro con resignación y, nuevamente, el cansancio se hizo presente en su rostro. Eitrigg pudo percatarse de ello e incluso, suponer que las sospechas se habían hecho realidad.

"Aun así, es posible que haya esperanza." - Volvio a decir el Alto Señor. - "He recibido una carta de nuestro hermano, Nemassus. Vendra aquí con algunos miembros de la Iglesia de la Luz. Confio en su sabiduria y se que con la Luz mediante, podremos alcanzar nuestro objetivo. Pero ellos no son los unicos, también he recibido una misiva de Lunargenta: desean buscar una audiencia conmigo, con el proposito de poder dar lugar a una tregua."

El orco alzo ambas cejas, con sorpresa, aunque esta no tardo en borrarse. Ciertamente, de todas las razas de la Horda, los Elfos de Sangre eran quienes podian aportar una mayor y mejor diplomacia. Quizá, las cosas por fin estuvieran marchando de forma adecuada.

"¿Necesitas ayuda en esta tarea?" - Se apresuro a preguntar el orco.

Tirion asintio.

"Descansa aquí, Eitrigg y recomponte de tu viaje. Comparte con la tauren, si deseas. Estoy seguro que querra ver un rostro familiar cuando despierte." - Cierta duda se apodero de la mente del avejentado orco, preguntandose que tan amigable y familiar le consideraria, a juzgar por la mirada que le otorgo antes de desmayarse por sus heridas. - "Porque luego necesitare que acudas a buscar a la emisaria enviada por la Orden de los Caballeros de Sangre a Dalaran. Si la Luz desea que ambos grupos se encuentren, que así sea, pero no deseo tentar a la suerte, no aun."


Off-rol

El evento en sí, comenzara el jueves 5 de septiembre, a partir de las 20 : 30 hrs para los miembros de la Iglesia, principalmente. En el caso de la Caballero de Sangre enviada por la Orden, acordare personalmente una hora que se ajuste para el miercoles.

Ya por lo demás, se que algunos han consultado por la entrada al evento y para aclarar algunas dudas, destaco que por ahora, este evento, esta alineado especificamente hacia las organizaciones afines a la Luz por motivos más que obvios: la Cruzada confia en su juicio para poder alcanzar una tregua entre ambas facciones. Aun así, este no es el ultimo de los eventos relacionados con esta fase temporal, sino simplemente el inicio de una cadena mucho mayor de la cual todos podran disfrutar en poco tiempo. Del mismo modo, esto tampoco significa que no puedan interactuar con el cruzado draenei que se pasea de vez en cuando, por el Bosque de Elwyn para poder enterarse de su tarea, los sucesos que ocurren en el norte, etc.

Por lo pronto, agradesco el animo, la comprensión y la paciencia de la comunidad.

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